Lloigor: parásitos del bajo astral que se alimentan de tu energía


Lloigor: parásitos del bajo astral que se alimentan de tu energía.




De todas las criaturas no humanas del plano astral, los Lloigor son, quizá, las que más frecuentemente pueden afectar al ser humano; de hecho, es muy probable que todos, al menos una vez en la vida, hayamos entrado en contacto con alguna de estas criaturas durante los sueños.

Indicios de que realmente hemos sido atacados por los Lloigor durante los sueños en el plano astral se ocultan en esa sensación de cansancio, incluso de agotamiento físico y mental, a pesar de haber dormido durante toda la noche, generando a su vez una jornada llena de automatismos, como si nunca nos hubiésemos despertado del todo.

Antes de continuar con el análisis de estos parásitos del bajo astral es importante hacer algunas aclaraciones.

Buena parte de la información que actualmente disponemos acerca de los Lloigor proviene del investigador C.W. Leadbeater; sin embargo, en ninguna de sus obras les asigna este nombre; o por tal caso, ningún nombre específico, de forma tal que para no referirnos a ellos de manera abstracta hemos elegido el término Lloigor, el cual, así lo creemos, resulta oportuno.

Estas entidades del bajo astral que C.W. Leadbeater examina con macabra minuciosidad, aunque sin asignarles un nombre propio, son prácticamente idénticas a los Lloigor, criaturas de los Mitos de Cthulhu, creadas por August Derleth en el relato: La guarida del engendro estelar (The Lair of the Star Spawn); y luego desarrolladas por Colin Wilson en: El regreso de los Lloigor (The Return of the Lloigor) y Los parásitos de la mente (The Mind Parasites).

Hechas las aclaraciones pertinentes respecto del origen de la palabra Lloigor, y por qué hemos resuelto aplicarla sobre los seres del bajo astral descritos por C.W. Leadbeater, regresemos al tema que nos interesa.

Los Lloigor se caracterizan por absorber la energía psíquica de los seres humanos dormidos. Primero, la criatura debe establecer un contacto parasitario con una persona dormida que, desde luego, además se encuentre soñando en el plano astral.

En este punto es importante aclarar que los Lloigor son similares, aunque no exactamente iguales, a los Tulpas o formas del pensamiento; debido a que ambos son esencialmente entidades no humanas.

Al parecer, los Lloigor pueden detectar fácilmente la presencia de un soñador en el plano astral, y luego adaptar su morfología para ajustarse a las formas de ese sueño en particular. En otras palabras, el Lloigor se convierte en un personaje más del sueño, que se percibe como algo hostil, un intruso, que induce al soñador a una frecuencia vibracional que le permite alimentarse de su energía psíquica y emocional.

Las consecuencias de haber sido atacado por una entidad del bajo astral durante los sueños son, en principio, fácilmente confundibles con un estado de cansancio general. El sujeto sentirá que no ha descansado en absoluto durante la noche, e incluso puede sentirse un tanto enfermo, falto de fuerza, como si su energía hubiese sido vaciada en vez de recargada al dormir.

Para muchos, estos extraños habitantes del plano astral también pueden generar un vínculo parasitario con sus víctimas por fuera del sueño, es decir, alimentándose de su energía mental estando despiertas.

La sensación que el sujeto experimenta en estos casos suele ser descrita como si pequeños insectos de ojos rojos, similares a arañas, reptaran por su piel, generando además una gran repulsión.

Por otro lado, el sujeto acaso podría sentir algo parecido a la cefalea, es decir, el dolor de cabeza, pero no exactamente como aquellos que suelen experimentarse debido a motivos banales.

En estos casos, la sensación es la de estar siendo vaciado, literalmente, de energía, como si una corriente de energía psíquica fluyera desde el centro de la frente hacia el abdomen o la boca del estómago; lugar físico en el que se establece el enlace parasitario.

Según algunos reportes de dudosa procedencia, los Lloigor alguna vez fueron criaturas del plano físico; algo que también coincide con la descripción que realizan los Mitos de Cthulhu respecto del origen de estos seres.

En cualquier caso, y debido al origen físico de los Lloigor, insistimos, actualmente recluidos al bajo astral, estos seres también serían capaces de manifestarse en nuestro plano a través de pequeños vórtices de energía psíquica, siempre y cuando primero logren establecer un contacto parasitario con un soñador.

Ahora bien, cuando los Lloigor consiguen de algún modo un flujo constante de energía para manifestarse en el plano físico, muchas veces adoptan una forma que se asemeja a la de los reptiles. No son completamente reptilianos, al menos no en términos formales, aunque sí comparten muchas características con estos seres.

Por ejemplo, tanto C.W. Leadbeater como el canon de los Mitos de Cthulhu sostienen que los Lloigor están vinculados con una antigua raza de dragones, metáfora un tanto exigua para una raza de humanoides reptilianos. Según los Mitos, estas criaturas proceden de la Galaxia de Andrómeda, y se establecieron en nuestro plano en un pasado remoto, más concretamente en el continente de Mu, donde emplearon a los humanos como fuerza de trabajo esclava.

En algún punto los Lloigor fueron derrotados por los seres humanos. En su retirada del plano físico, primero ocuparon antiguas estancias subterráneas, hasta que por fin evacuaron nuestro mundo y se establecieron, no sin sobresaltos, en el bajo astral.

Al parecer, actualmente los Lloigor no suponen una verdadera amenaza para la humanidad, aunque sí pueden llegar a alimentarse de la energía psíquica de ciertos humanos durante sus sueños; causando a su vez terrores nocturnos, sensación de cansancio al despertar, debilidad, pensamientos obsesivos, e incluso enfermedades de distinta índole.

La víctima de los Lloigor, cuya energía física y mental se encuentra desequilibrada, lentamente va recuperándose a lo largo del día, sintiéndose mucho mejor al atardecer, solo para volver a entrar en el ciclo parasitario cuando por fin logra conciliar el sueño, normalmente intranquilo.

Por lo general, el cuerpo astral del ser humano es lo suficientemente fuerte como para resistir el ataque de los Lloigor, pero cuando el vínculo parasitario logra establecerse, pueden ocurrir varias cosas:

La primera fase se resume a lo que hemos descrito anteriormente: cansancio físico, agotamiento mental, cuya mayor intensidad coincide con las primeras horas tras el despertar.

Adicionalmente, el sujeto puede experimentar la sensación estar siendo observado, e incluso sentir presencias cuando está solo, frecuentemente de noche, ya acostado en la cama.

Del mismo modo, la segunda fase consiste en la sensación de que la energía psíquica fluye de algún modo desde la frente hacia la boca del estómago.

La tercera fase, sin dudas, es la más inquietante.

Esa energía que, al parecer, los Lloigor logran extraer de la psique de sus víctimas, haciéndolas fluir hacia el estómago, persigue el propósito macabro de gestar una especie de embrión, por cierto, microscópico, de sí mismo, el cual a su vez funciona de enlace entre cuerpo físico de la víctima y la propia consciencia del Lloigor, situada en el plano astral, garantizándose así un flujo continuo de energía.

Extraño, ciertamente, e inquietante, desde todo punto vista, pero en especial si tomamos en cuenta que este tipo de seres son descritos exactamente del mismo modo tanto por los que se han dedicado a investigar a las criaturas del plano astral como por aquellos que, como H.P. Lovecraft, han profundizado en esas realidades desde la ficción.




Fenómenos paranormales. I Parapsicología.


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