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Y la Muerte no tendrá dominio.


Y la Muerte no tendrá dominio.




«Aunque se pierdan los amantes, el amor no,
y la muerte no tendrá dominio.»



Hoy en El Espejo Gótico analizaremos el poema de Dylan Thomas (1914–1953): Y la Muerte no tendrá dominio (And Death Shall Have No Dominion), publicado originalmente en la edición de mayo de 1933 de la revista New English Weekly.

Intentaremos, como siempre, responder las preguntas: ¿de qué trata el poema?, ¿qué significa?, aunque las respuestas puedan considerarse incompatibles entre sí.


Y la Muerte no tendrá dominio.
Los hombres desnudos han de ser uno
con el hombre en el viento y la luna de occidente;
cuando sus huesos queden limpios y limpios se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, el amor no;
y la Muerte no tendrá dominio.

Y la Muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando cedan los nervios,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no quebrarán.
Y la Muerte no tendrá dominio.

Y la Muerte no tendrá dominio.
Y las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
sus cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la Muerte no tendrá dominio.


Dylan Thomas escribió Y la Muerte no tendrá dominio a los diecinueve años. A comienzos de 1933, entabló amistad con Bert Trick [dieciséis años mayor], un poeta aficionado que publicó varios poemas en periódicos. En la primavera de ese año, Trick sugirió que escribieran un par de poemas sobre la inmortalidad. Los versos de Trick, que se publicaron al año siguiente, incluían la línea: «Porque la Muerte no es el fin» [For death is not the end]. En abril, Dylan Thomas escribió Y la Muerte no tendrá dominio. Trick lo convenció de buscar un editor y el poema se imprimió en mayo.

Si bien se lo considera un clásico del Modernismo, Y la Muerte no tendrá dominio se aproxima mucho más a la poesía metafísica de John Donne, particularmente a su poema: Muerte no te enorgullezcas (Death Be Not Proud). También podemos hallar vestigios del poema de Dylan Thomas en el verso pareado de H. P. Lovecraft: Y con eones extraños incluso la Muerte puede morir. En los tres casos, la Muerte, tras un inconcebible período de tiempo, ya no tendrá dominio sobre la vida.

Y la Muerte no tendrá dominio no es un poema que pueda leerse de forma pasiva. Exige, como sugiere Roland Barthes, que el lector no sea simplemente un «consumidor» del texto, sino una fuerza creativa adicional, alguien capaz de descifrar las referencias y, a partir de ese conocimiento, construir un universo propio, personal.

El poema parece aludir directa e implícitamente al discurso bíblico. La referencia al Nuevo Testamento es evidente en el título. Este tiene su fuente en las Epístolas de San Pablo a los Romanos. Allí, Pablo manifiesta que aquellos que opten por la salvación [convirtiéndose a la nueva fe] resucitarían en el Día del Juicio, y se les otorgarán nuevos cuerpos espirituales en lugar de experimentar la condenación eterna [«Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte ya no tiene dominio sobre él»]. La línea: «Tendrán estrellas en los codos y pies» implica que los muertos resucitarán para morar en el cielo. En este contexto, la palabra «estrellas» es una metonimia del cielo.

«Aunque se vuelvan locos serán cuerdos» refiere a la Primera Epístola a los Corintios, donde San Pablo sostiene que, en el Día del Juicio, lo deshonroso se volverá glorioso, lo débil se volverá poderoso, lo natural se volverá espiritual, etc. Aquí, el Orador insinúa que, después de la muerte, pasaremos de un estado incompleto [locura] a uno completo [codura]. Esta idea de transformación continúa más adelante, donde el Orador dice que aquellos que se hundan en el mar «surgirán», una imagen que hace pensar en el Sacramento del Bautismo. Luego, Dylan Thomas describe cuerpos [¿de mártires?] torturados en máquinas, «atados a una rueda», sugiriendo que, aunque el cuerpo físico puede ser desmembrado, el espíritu no puede romperse. La imagen de las cabezas que «martillean entre margaritas» parece referir a la idea de que los cadáveres proporcionan alimento a las plantas que crecen sobre ellos. Esto también resuena en las enseñanzas de San Pablo en la Primera Epístola a los Corintios, donde habla de la transformación del cadáver en un cuerpo diferente al que tenía en la tierra. Todas estas alusiones apuntan a la indestructibilidad espiritual.

La repetición del título [al principio y final de cada estrofa] establece que ése es el tema central del poema. Suena como una especie de mantra, una reafirmación de que la Muerte no dominará la vida. Dylan Thomas emplea la retórica de la fe, pero la sustancia, más que el estilo, apela a algo más.

El poema se abstiene de brindar una visión reconfortante del más allá; sólo menciona que nuestro cadáver se reincorporará al ciclo natural. En este punto podemos plantear algunas preguntas: ¿Y la Muerte no tendrá dominio es realmente un poema sobre la resurrección y la inmortalidad, o acaso versifica sobre los procesos naturales relacionados con la muerte? Y, en caso de ser así, ¿la decadencia corporal post-mortem funciona como una especie de procedimiento de «limpieza» previo al renacimiento?

Esta idea del retorno a la naturaleza tras la muerte posee otra cara, menos romántica, relacionada con la eliminación de la experiencia personal, de la individualidad, del Ser, a medida que el cuerpo físico se descompone. Si la Muerte es una plataforma hacia otra forma de vida, hacia una especie de renacimiento, la descomposición del cadáver es una instancia intermedia bastante incómoda.

La palabra «dominio» [dominion] le da impulso sonoro al poema. Sugiere la idea abstracta de «control» [o «poder», «autoridad», «jurisdicción»], pero también el concepto más tangible de «territorio» [o «reino», «país», «señorío»]. En el primer ejemplo, Dylan Thomas podría estar argumentando que, debido a que todos vamos a morir, al cruzar ese umbral la Muerte ya no tendrá «dominio» [o «poder», «autoridad», «jurisdicción»] sobre nosotros. En el segundo ejemplo, la Muerte simplemente no tiene «territorio». Toca a todos los seres vivos por igual, sin restricciones; su presencia y función son universales. No tiene «dominio» porque no necesita reinar sobre un aspecto u otro de la realidad física. Esta última es la raíz etimológica del inglés dominion; corresponde al latín medieval dominium, que significa «propiedad», «posesión». Incluso podríamos pensar que Dylan Thomas está diciéndonos que la Muerte no tendrá amo, habida cuenta que dominium proviene del latín dominus, «señor».

Entonces, ¿sobre qué la Muerte no tendrá dominio?

Es importante recordar que el tema de la versión original de 1933 era la «inmortalidad». En 1936, Dylan Thomas decidió realizar cambios importantes, y el poema que hoy conocemos es bastante diferente del original. Este tenía cuatro estrofas de diez versos cada una, en contraste con la versión final que comprende sólo tres estrofas de nueve. En el original queda claro que la idea central del poema era hablar sobre la resurrección, o al menos sobre una existencia post-mortem garantizada. El hecho de que Dylan Thomas decidiera abrir y cerrar cada estrofa con una [cuasi] cita de la epístola de San Pablo parece certificarlo. Independientemente de las controversias que aparecen dentro del poema, cada estrofa cierra aclarando que la Muerte no tendrá ningún «dominio», ya sea en términos de «control» como de dimensión «territorial».

Pero Dylan Thomas era un buen poeta, y todo buen poeta escribe en varios niveles, a veces deliberadamente contradictorios. Si Y la Muerte no tendrá dominio fuese simplemente una hermosa exposición de conceptos bíbicos, ¿dónde está la «revelación» sobre la realidad posterior a la muerte? Es decir, la creencia en una existencia espiritual. De hecho, la segunda estrofa parece negar cualquier renacimiento; y la tercera directamente habla de la transformación de un cadáver enterrado y su relación reproductiva con el mundo natural. Si hay un Dios en Y la Muerte no tendrá dominio, es la Naturaleza.

Dylan Thomas es astuto, porque cada una de las tres estrofas se centra en la Muerte desde una perspectiva diferente. Al principio, parece hablar de la resurrección del cuerpo después de la muerte, con un futuro «en el viento y la luna occidental», que puede ser en cualquier parte, incluído el Cielo [en términos de parodia de la creencia generalizada del cielo cristiano]. Tal renacimiento parece transformador: la locura será reemplazada por la cordura; los ahogados surgirán de las aguas; el amor será perpetuo, etc. En esta estrofa inicial, la vida eterna está predeterminada, y la Muerte no tendrá dominio sobre ella.

La segunda estrofa exhibe un punto de vista diferente, quizás una imagen del infierno donde no hay ninguna referencia [reconocible] a la resurrección. La tercera estrofa sí parece hablar de la vida eterna, pero en la Tierra. Se llora a los muertos y se lamenta la pérdida de placeres sencillos, como oír el canto de las gaviotas y el sonido de las «olas romper con fuerza en las orillas del mar». Las siguientes líneas no aluden a inmortalidad, a ningún ascenso al cielo, sino una forma de renacimiento natural. A medida que los cuerpos se descomponen, fertilizan el suelo donde crecen las margaritas. Este es el tipo de existencia sobre el cual la Muerte no tendrá dominio.

Dylan Thomas nunca se caracterizó por romantizar a la Muerte. De hecho, uno de sus poemas más conocidos: No entres dócil en esa buena noche (Do Not Go Gentle Into That Good Night), propone que uno no debe aceptar la muerte, y menos tranquilamente, sino que debe «rabiar contra la muerte de la luz». Da ejemplos de hombres sabios, salvajes, graves, buenos, y sugiere que no importa cómo hayan vivido sus vidas, o lo que sientan en el momento de su muerte, no deben darse por vencidos y entregarse. Esto no tiene mucho que ver con el mensaje religioso, donde la muerte debe ser bienvenida porque es una puerta de entrada a una existencia superior, más pura y cercana al Creador. Dylan Thomas desprecia las agonías pacíficas, las muertes plácidas durante el sueño, y vindica al ser humano que lucha desesperadamente por seguir respirando.

Y la Muerte no tendrá dominio intenta derribar la mortalidad mediante una serie de argumentos que no son cristianos. Dylan Thomas desarrolla la transformación de los muertos a través de imágenes estelares. Mientras que la luna en la primera estrofa implica una fase anterior en la transformación humana, la imagen del sol, que representa la fuerza dadora de vida, sugiere otra instancia en la que los muertos se oponen violentamente. Al final del escenario planteado en el poema se enfatiza cuán resilientes y decididos son los muertos una vez que se han convertido en parte del ciclo de la vida:


Y aunque ellos estén locos y muertos
sus cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la Muerte no tendrá dominio.


Por supuesto, la Muerte no se niega del todo: existe, pero nunca podrá vencer la fuerza vital de la naturaleza. Los muertos vuelven a la vida como margaritas que brotan del suelo. Tan poderoso es este impulso de resucitar que los muertos pueden capturar el sol antes de que se ponga [para ellos]. Y al asumir el poder del sol, los muertos se elevan por encima de él. De este modo, el sol, dador de vida, es menos poderoso en comparación con el impulso regenerativo de los muertos.

En apariencia, incluso en su ritmo sonoro, Y la Muerte no tendrá dominio parece un poema sobre la resurrección bíblica, pero en realidad es panteísmo puro, al menos en términos de tensión entre lo físico y lo espiritual. Dylan Thomas cree que hay vida en la muerte, así como muerte en la vida. Después de todo, el propósito de la vida no es preservar el cuerpo orgánico, sino darle forma a la energía que lo constituye, que a su vez proviene de una vida anterior. La muerte destruye el cuerpo, pero la energía que libera permanece constante.

Dylan Thomas parece estar escribiendo sobre una verdad científica. La Muerte no tiene dominio porque la energía no se destruye, cambia. No existe ninguna fuerza destructiva en el universo, sólo la mutación de la energía. En términos metafísicos, afines a John Donne, aquello que llamamos Muerte no es sino la devolución de la energía que el ser humano lleva dentro de sí al universo del que la recibió en primer lugar. No hay muerte excepto la del cuerpo, y poco después del final de la vida ya no hay cuerpo. Nuestra consciencia, quizás, no es más que una de las formas que asume esa energía. Todo lo que es verdaderamente vital permanece activo en el universo.

Por supuesto, la muerte es una realidad para nosotros, y una muy dolorosa, porque no podemos conceptualizar que las fuerzas que nos hacen vivir son indestructibles. No resulta particularmente reconfortante considerar que nuestra consciencia, tal como la conocemos, mutará en algo más. Por eso, la muerte es trascendental para nosotros.


Donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
sus cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la Muerte no tendrá dominio.


La energía que surge de los cuerpos enterrados hace que crezcan flores sobre sus tumbas. Las margaritas y los hombres son manifestaciones del mismo espíritu. Es decir que el «dominio» de la Muerte ni siquiera es la tumba.

Dylan Thomas era un talento inusual. Escribió Y la Muerte no tendrá dominio a los diecinueve años, una hazaña que inspira envidia en aquellos que, a esa edad, pasábamos el tiempo con amigos y bebiendo cerveza. Dylan Thomas también hizo esas cosas, pero escribió este poema, mientras que yo sólo recuerdo la cerveza y los amigos. Sin embargo, a pesar de toda su madurez, el sentimiento es el de un hombre joven. De algún modo, ese desafío a la Muerte tiene una cualidad ingenua, prepotente, típica de la juventud, que se permite deleitarse en el hecho de que la Muerte puede tomar el cuerpo cuando quiera, pero no puede quebrar el espíritu.

Un par de décadas después, en 1951, Dylan Thomas escribió No entres dócil en esa buena noche. Su padre estaba agonizando y, afectado por la mortalidad de una manera muy cercana, su desafío aquí es algo diferente. En este poema, la Muerte sí tiene dominio. La única respuesta humana ante esta realidad es la rabia, la ira. Frente a la Muerte ya no queda rastro de heroísmo romántico. Sólo un grito impotente de rabia contra la silenciosa oscuridad que se avecina.

Finalmente, cuando el propio Dylan Thomas fue alcanzado por la muerte, uno de los poemas [inconclusos] que dejó fue Elegía (Elegy), una lúgubre reflexión sobre la muerte de su padre que comienza con estas líneas:


Demasiado orgulloso para morir, destrozado y ciego murió
de la manera más oscura, y no regresó,
amable aunque frío en su mezquino orgullo.


No hay aquí ningún vestigio de desafío, de rabia, de triunfo; sólo un sentimiento de resignación. La actitud de Dylan Thomas ante la Muerte había cambiado; y ese cambio se debe no sólo a su madurez como poeta, sino como hombre. El desafío planteado en Y la Muerte no tendrá dominio reside en su fuerza retórica, pero para alguien que ha perdido a un ser querido, esa retórica resulta vacía. La Muerte sí tiene dominio, al menos en este plano de existencia.

Podemos guardar recuerdos felices de nuestros muertos, pero están sobreescritos en una especie de palimpsesto donde, eventualmente, hasta los recuerdos más brillantes se van opacando. Sólo cuando logremos pensar en nuestros seres queridos que han fallecido sin sentir una punzada de dolor por su ausencia, entonces sí, tal vez, podremos decir que la Muerte no tiene dominio. Pero, ¿no dejaríamos entonces de ser verdaderamente humanos?

Dylan Thomas cerró Elegía con una línea conmovedora sobre su padre fallecido:


«Hasta que yo muera, él no se apartará de mi lado».


Esto fue, quizás, lo último que escribió. Desde aquí compartimos esa opinión. Uno no acepta la muerte de un padre, simplemente se aprende a vivir con su ausencia.




Dylan Thomas. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Y la Muerte no tendrá dominio fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»


«Y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»




Hoy en El Espejo Gótico analizaremos las raíces filosóficas, mitológicas y poéticas de la célebre cita del Necronomicón de H. P. Lovecraft:


«Que no está muerto lo que yace eternamente,
y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»

[That is not dead which can eternal lie.
And with strange aeons even death may die
]


Este verso pareado aparece por primera vez en el relato de 1921: La Ciudad sin Nombre (The Nameless City), y regresa siete años después, con una ligera corrección, en La Llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu), donde se le atribuye al «árabe loco», Abdul Alhazred. En la primera versión publicada [The Wolverine, noviembre de 1921] se omite la palabra even [«incluso»], pero esta aparece en el manuscrito original y en las posteriores versiones publicadas.

Lo primero que surge al leer esta cita del Necronomicón es asociarla a la filosofía del Horror Cósmico, a esta idea de que existen fuerzas primordiales más allá de la comprensión humana, y que incluso el concepto de Muerte está subordinado a ellas [ver: Horror Cósmico: la vida no tiene sentido, la muerte tampoco]. Tengamos en cuenta que el narrador de La Ciudad sin Nombre se encuentra en una ciudad... bueno, «sin nombre», sin historia, un lugar tan antiguo que «no existe ninguna leyenda que le dé un nombre o que recuerde que alguna vez estuvo viva». Este es el lugar «con el que soñó Abdul Alhazred, el poeta loco, la noche antes de cantar su inexplicable copla».

¿Cómo algo «que yace eternamente» puede no estar muerto? Si la muerte se define como un estado irreversible de no-existencia, lo «que yace eternamente» puede revertir su condición porque «no está muerto», pero evidentemente no dentro del tiempo. ¿Cuál sería entonces la diferencia entre este estado [¿autodeterminado?] y perpetuo de no-movimiento y la muerte? Esto sólo podría ser entendido por un loco, alguien que ha trascendido verdadera y completamente las categorías de la comprensión por el alcance del concepto en su totalidad. Fuera del Tiempo, quizás, incluso la Muerte misma podría dejar de ser una función de la realidad [ver: Einstein, la Relatividad y los Antiguos]

En el contexto de los Mitos de Cthulhu, el pareado sugiere que los Primigenios, que alguna vez fueron las fuerzas dominantes del mundo, han entrado en un estado de letargo que, desde nuestra perspectiva, resulta parecido a la muerte; aunque eventualmenente [fuera o más allá del concepto de «eternidad»] se levantarán y reinarán de nuevo. Es un motivo que atraviesa gran parte de la ficción de Lovecraft.

El verso es incoherente si se lo toma literalmente. La eternidad, por definición, no tiene fin; por lo que un ser que yace «eternamente» no podría hacer otra cosa que «yacer». Es un absurdo lógico, como la idea de dibujar un círculo cuadrado. Uno puede escribirlo, pero resulta imposible ejecutar y concebir en su totalidad... al menos en nuestra dimensión [ver: Borges, Lovecraft y el Feng Shui de la cuarta dimensión]. Tales absurdos lógicos son la forma en que Lovecraft nos invita a una realidad más amplia y ajena a la experiencia humana. El verso no sólo insinúa que los Primigenios trascienden el concepto de «inmortalidad», es decir, que pueden «yacer eternamente» y, al mismo tiempo, no estar muertos; sino que si permanecen en este estado el [no]tiempo suficiente, tal vez incluso la Muerte llegue a morir [ver: Y la Muerte no tendrá dominio]

El Flaco de Providence siempre estuvo interesado en los límites de la comprensión humana en relación a la escala cósmica. En El Espejo Gótico hemos examinado muchas historias donde el narrador, o el protagonista, se enfrentan a una situación que los enloquece. No es que estos personajes pierdan la cordura en términos psiquiátricos convencionales. Lovecraft los sitúa ante algo tan colosal, tan fuera de la escala humana, que simplemente no pueden procesarlo. Es como si la locura fuera la única reacción posible ante la verdadera naturaleza de la realidad. Más aún, la locura parece ser la única posición sensata ante algo que está más allá de toda definición. En este contexto, el verso pareado del Necronomicón es un eslabón fundamental de su cosmología


«Que no está muerto lo que yace eternamente,
y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»


El Tiempo siempre es un problema cuando abordamos estas cuestiones, sobre todo porque lo único imposible en cualquier estructura o sistema es la permanencia. Tomemos cualquier cosa en el universo, grande o subatómica: si esperas lo suficiente, cambiará. La materia orgánica morirá, y la materia inorgánica cobrará vida. Nada permanece quieto. En este contexto, parece lógico que nada pueda «yacer eternamente»; sólo deberíamos esperar eternamente para que cambie, «eones» para que eso suceda. Si un «eón» es una medida de tiempo de mil millones de años, sólo podemos especular a qué refiere la cualidad de «extraños». Los físicos tienen una teoría para esto, llamada Big Freeze: el universo se expandirá tanto que todo estará infinitamente lejos de todo. Filosóficamente hablando, en ese momento la Muerte estará muerta. Pero el universo podría eventualmente estirarse demasiado y desgarrarse, o colapsar gravitacionalmente. Realmente tomaría «extraños eones» llegar a un universo donde incluso los agujeros negros más grandes se evaporen.

Lovecraft escribe en un estilo anticuado para su época, sobre todo en la primera parte del verso, particularmente opaca debido al orden inusual de las palabras, pero eso le permite impartir una vaga idea de cuán antiguos son estos seres. Existen fuera del tiempo, pueden «yacer eternamente» y aún así no estar muertos. Esta noción de que la muerte es un concepto obsoleto es brillante. Los Primigenios no son de este universo; ni siquiera son vida tal como la conocemos. Sobrevivirán porque, para empezar, no se puede matar lo que nunca estuvo vivo. La muerte morirá en esos «extraños eones» cuando el universo expire, pero aquellos que nunca vivieron existirán para siempre.

La palabra «eón» proviene del griego, y significa «época». Lovecraft la utiliza como una unidad de tiempo, pero el término también tiene conotaciones gnósticas a las cuales el Flaco de Providence no era ajeno dado la educación que recibió de su abuelo materno, Whipple Van Buren Phillips, que fue masón y fundador de la Logia Iónica No. 28. En este contexto, los aiones [«eones»] son las emanaciones del Creador en el sistema gnóstico. No quiero decir que los cultistas de Cthulhu sean gnósticos, pero tengamos en cuenta que el dístico que estamos analizando fue pronunciado por Abdul Alhazred en el contexto de una tradición. Como afirma Robert M. Price, el verso en sí es como «una promesa de vida eterna» para quienes adoren y presten servicio a estos seres [ver: Lovecraft y el culto de los Antiguos]

Si este pareado fuese, digamos, parte de una tradición, ciertamente refleja la idea de que algunas entidades o fuerzas persisten más allá de las nociones convencionales de tiempo y mortalidad, o al menos que hay aspectos de la existencia que trascienden la muerte física. El gnosticismo también propone la existencia de seres que permanecen latentes o inactivos pero que poseen una esencia que se encuentra más allá de las limitaciones de la muerte. Esto podría explicar porqué alguien en su sano juicio adoraría a Cthulhu y a los de su raza: ellos desafían la comprensión de la muerte como fin último, e incluso insinúan que la propia muerte, aparentemente absoluta y final en la narrativa cósmica, está condenada a su eventual disolución [ver: Tentáculos «por default»]

Aleister Crowley coincide con Lovecraft sobre el concepto de «eón», al cual concibe como una medida extraordinaria de tiempo, y también con la idea de que la contemplación de los seres que pudieran haber evolucionado en estos períodos llevaría a cualquier persona a la locura. Lovecraft propone que, al cabo de «eones extraños, incluso la muerte puede morir». Aleister Crowley, en la misma sintonía, propuso «la destrucción del principio de la muerte». Ambos escribieron sobre lo mismo, pero las reacciones entre ambos hombres es opuesta. La noción de que la muerte pueda morir representaba esperanza para Crowley, pero horror absoluto para Lovecraft.

En los Mitos, los Primigenios son seres inimaginablemente poderosos que dominan la tecnología a tal punto que, como sugiere Arthur C. Clarke, esta parece «magia» a nuestros ojos [ver: La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media]. Parecen divinos, pero todavía están sujetos a ciertas leyes. Sus apariencias físicas y habilidades pueden variar, pero comparten algunas características como la telepatía, un gran tamaño y un área limitada a la que están confinados. Hace millones de años, los Primigenios «descendieron de las estrellas» y se establecieron en la Tierra [también en otros mundos]. Fue durante este tiempo que Cthulhu, el más poderoso de los Primigenios, ordenó a sus engendros construir la ciudad de R'lyeh [ver: Cthulhu: anatomía de un Primigenio]. Después un lapso indeterminado [miles o millones de años], todo cambió, y aunque la causa de esta alteración sigue siendo un misterio, se han desarrollado dos hipótesis:

La primera sostiene que los Primigenios [Cthulhu, Tsathoggua, Ithaqua, entre otros] fueron, en algún momento, sirvientes de seres todavía más poderosos, los Dioses Mayores. En este contexto, los Primigenios habrían cometido algún tipo de crimen contra estos seres. Cualquiera sea la razón, los Dioses Mayores expulsaron a los Primigenios y los encarcelaron en varios sitios de la Tierra, en las estrellas e incluso en otras dimensiones. Sin embargo, llegará un momento en que los Primigenios se liberarán de las restricciones impuestas por los Dioses Mayores y desafiarán a sus captores una vez más.

La segunda hipótesis afirma que las restricciones de los Primigenios fueron impuestas por ellos mismos con algún propósito desconocido. Si esto es cierto, ¿por qué harían tal cosa como grupo? Así como ciertos animales hibernan durante el invierno, los Primigenios, sujetos a un ciclo de existencia inconcebible, tal vez han caído en un letargo parecido a la muerte. Durante milenios han soñado en sus tumbas, esperando el momento del despertar para reconquistar el mundo.

En cualquiera de estos dos escenarios, el dístico del árabe loco tiene sentido:


«Que no está muerto lo que yace eternamente,
y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»


Los sueños de los Primigenios llegaron a muchas personas sensibles. Aunque algunos de estos mensajes telepáticos fueron distorsionados, creando las leyendas de titanes encarcelados [como Cronos] en muchas mitologías, otros llegaron con mayor grado de fidelidad. Estos «elegidos» iniciaron los cultos dedicados a los Primigenios. Esperan facilitar las cosas para que sus amos despierten, vuelvan a gobernar, y ellos mismos puedan convertirse en sacerdotes o regentes menores. Sin embargo, los iniciados que no participan del culto creen que la Tierra será completamente inhabitable si los Primigenios consiguen despertar [ver: ¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!]

En el relato de 1920: La poesía y los dioses (Poetry and the Gods), escrito en colaboración con Anna Helen Crofts, Lovecraft presenta a Hermes relatando una versión griega de la fórmula emblemática: «Que no está muerto lo que yace eternamente / y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»:


«En tu anhelo has adivinado lo que ningún mortal, salvo sólo unos pocos a quienes el mundo rechaza, recordaba: que los Dioses nunca estuvieron muertos, sino sólo durmiendo y soñando el sueño de dioses en jardines hesperianos llenos de lotos más allá del dorado atardecer. Y ahora se acerca el momento de su despertar, cuando la frialdad y la fealdad perezcan, y Zeus se siente una vez más en el Olimpo.»


La descripción que hacen Lovecraft y Anna Helen Crofts del proceso de despertar de los dioses, durante el cual «el mar alrededor de Pafos tiembla hasta convertirse en una espuma que sólo los cielos antiguos han visto antes», prefigura el posterior levantamiento de Cthulhu en La Llamada, el cual es precedido por «un poderoso remolino y espuma en las olas malolientes». No hay acólitos en La poesía y los dioses, pero sí hay ninfas y sátiros que «todavía braman, hacen cabriolas y matan alrededor de monolitos coronados de ídolos en lugares solitarios».

La Teosofía es otra fuente de inspiración para el verso: «Que no está muerto lo que yace eternamente, / y con eones extraños incluso la muerte puede morir», particularmente los conceptos de H. P. Blavatsky vertidos en Las Estancias de Dzyan. En La Llamada de Cthulhu leemos:


«Los teósofos han adivinado la asombrosa grandeza del ciclo cósmico en el que nuestro mundo y la raza humana forman incidentes transitorios. Han insinuado extrañas supervivencias en términos que congelarían la sangre si no estuvieran enmascarados por un suave optimismo.»


Estas «extrañas supervivencias» se desarrollan más detalladamente en La sombra fuera del tiempo (The Shadow Out of Time), donde Lovecraft nos lleva a recorrer los distintos ciclos de la humanidad, los cuales se parecen mucho al cambio de las Edades que describe Blavatsky. La [presunta] traducción de Blavatsky del Libro de Dzyan habla de una forma de existencia primigenia, base de toda la vida, pero desconocida e irreconocible para los sentidos humanos:


«Entonces —dice Blavatsky—, la única forma de existencia se extendía sin límites, infinita, sin causa, en un sueño sin sueños; y la vida pulsaba inconscientemente en el espacio universal.»


El universo, según el Libro de Dzyan [supuestamente traducido por Blavatsky], surge de un «vacío» tras la muerte de un ciclo anterior desconocido. La interpretación que hace Blavatsky de este mito [presuntamente antiquísimo] indica un patrón cíclico donde las causas de la existencia, ahora dormidas, regresarán de nuevo; y donde todo lo que existe retornará a un estado anterior de inexistencia. De manera similar, Lovecraft imbuye a sus creaciones en una especie de atemporalidad cíclica.

Más allá de los aspectos gnósticos, teosóficos y mitológicos, el dístico de Lovecraft también hunde sus raíces en la poesía. Una fuente evidente es uno de los sonetos [número X] del poeta inglés John Donne (1572-1631), titulado: Muerte, no te enorgullezcas (Death, Be Not Proud):


Muerte, no seas orgullosa, aunque algunos te hayan llamado
poderosa y terrible, no lo eres;
porque aquellos a quienes crees poder derribar no mueren
(...)

¿Por qué te muestras tan engreída, entonces?
Después de un breve sueño, despertaremos eternamente
y la Muerte ya no será. ¡Muerte, morirás!


Si bien John Donne rebaja a la Muerte debido a sus propias inclinaciones religiosas, el mensaje: «muerte, morirás», es análogo al del pareado de Lovecraft. John Donne, dueño de un pensamiento metafísico privilegiado, comienza dirigiéndose a la Muerte misma, diciéndole que no sea «orgullosa», aunque muchos la llamen «poderosa y terrible»; y al final cae en el terreno de la paradoja. La noción de la muerte de la Muerte implica que ella misma será la causa de su aniquilación. Pero, ¿cómo podría morir algo que está muerto? Si la muerte es simplemente un cambio de estado [de la existencia a la no-existencia], la Muerte, para morir, debe vivir.

En este nudo de contradicciones se desarrolla Muerte, no te enorgullezcas; pero también el árabe loco al conjeturar que «incluso la muerte puede morir», sugiriendo que todo llega a un fin, incluso el fin mismo.

Al final, aunque uno pueda criticar sus puntos de vista sociales, sus antipatías raciales, el Cosmicismo de Lovecraft es más importante que sus opiniones personales. Su obra interpela a los outsiders y estimula la sospecha de que estamos al margen de la corriente de la humanidad, de la «normalidad». El universo, para Lovecraft, no tiene respuestas. Nos gusta reorganizar la realidad, buscar patrones que de algún modo hagan más manejable el caos en el que existimos; sin embargo, hay demonios a nuestro alrededor, monstruos que no mueren. Se encuentran en el paisaje del universo, escondiéndose, merodeando, durmiendo en algún lugar. Algunos de ellos seguirán allí mucho después de que la Muerte ya no exista. Pero, ¿cómo puede morir la Muerte?

Cuando ya no haya vida.




H. P. Lovecraft. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
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«Ningún hombre es una isla»: John Donne; poema y análisis


«Ningún hombre es una isla»: John Donne; poema y análisis.




Ningún hombre es una isla (No Man Is an Island) —también conocido como: Por quién doblan las campanas— es un poema metafísico del escritor inglés John Donne (1572-1631). Se trata de la Meditación XVII de su obra: Meditaciones (Meditations), a su vez, parte de la obra: Devociones sobre ocasiones emergentes (Devotions upon Emergent Occasions). El poema luego sería reeditado en la antología de 1633: Poemas (Poems).

Ningún hombre es una isla, tal vez uno de los poemas de John Donne más notables, integra dos de las frases más conocidas del autor: «Ningún hombre es una isla» y «Nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti». El poema rechaza la idea de que cada uno puede seguir su propio camino, alejado de los demás. Todos estamos conectados.

El significado de Ningún hombre es una isla de John Donne es claro: no somos seres individuales, sino que pertenecemos a una gran familia, a una raza, la humanidad, y que la muerte de cualquier persona debería ser motivo de sufrimiento y pesar para todos nosotros, precisamente porque el Todo ha perdido una parte de sí.

Es decir que las campanas fúnebres que tocan la muerte de otra persona, también tocan para nosotros, no solo porque la muerte es una parte más de la vida, sino como un recordatorio de que nosotros mismos moriremos algún día.

Cuando John Donne escribió Ningún hombre es una isla se encontraba gravemente enfermo, y su propia muerte, así como el concepto de mortalidad, seguramente estaban presentes en su mente; de ahí que el poema resulte tan vívido, tan sincero.

La fuerza arrasadora de Ningún hombre es una isla no está en su significado, sino en el lenguaje que John Donne decidió utilizar. Habitualmente, sus poemas metafísicos elaboraban una sola idea, la exprimían en una serie de metáforas, y luego la llevaban hacia una conclusión, muchas veces deliberadamente absurda. En Ningún hombre es una isla, John Donne logra un desarrollo de la metáfora más contundente todavía: nadie vive o existe solo, y todos somos parte de algo más grande que nosotros mismos (ver: John Donne y el peligro del amor recíproco).




Ningún hombre es una isla.
No Man Is an Island, John Donne (1572-1631)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Ningún hombre es una isla
por sí mismo.
Cada hombre es una pieza de un continente,
una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra,
toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio,
o la casa de uno de tus amigos,
o la tuya propia.
La muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas;
doblan por ti.


No man is an island,
Entire all by itself,
Every man is a piece of a continent,
A part of the main.
If a clod (stupid person) were washed away by the sea
It would be Europe's loss
Just as much as if a promontory were
Or if your friend's house were.
Or if your home were.
Any man's death diminishes me,
Because I am involved in mankind.
And therefore, never ask who the bell tolls for;
It tolls for you.


John Donne
(1572-1631)




Poemas góticos. I Poemas de John Donne.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de John Donne: Ningún hombre es una isla (No Man Is an Island), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Adiós al amor»: John Donne; poema y análisis


«Adiós al amor»: John Donne; poema y análisis.




Adios al amor (Farewell to Love) es un poema de amor del escritor inglés John Donne (1572-1631), publicado de manera póstuma en la antología de 1633: Poemas (Poems).

Adiós al amor, uno de los mejores poemas de John Donne, versifica sobre uno de los aspectos menos... poéticos, digamos, del amor: la fatiga del deseo cuando finaliza el encuentro entre dos amantes, contrario a las urgencias de los instantes previos.

En este sentido, Adiós al amor de John Donne analiza esa sensación de tristeza, de agotamiento, tanto físico como emocional, a través de la metafísica, y se lamenta amargamente de que la pasión pueda atemperarse de un modo tan abrupto.




Adiós al amor.
Farewell to Love, John Donne (1572-1631)

Aunque no me fundaba en prueba alguna,
pensé que había un dios del amor,
por eso le rendía honores y tributos;
como hacen los ateos en el último trance
invocando un poder desconocido
cuyo nombre no saben,
con la misma ignorancia yo imploraba:
así, cuando los hombres apetecen
algo que no conocen todavía,
sus deseos se encargan de fraguarlo,
y según sean éstos, aquel aumenta o mengua.

Del mismo modo que ya no le atrae el niño
la figura de yeso ganada en la feria
—su alteza serenísima en un trono de oro—
y al tercer día lo sume en el tedio,
tampoco el amante admira aquello
que durante el cortejo, rendido, idolatraba.
Una vez que lo alcanza, su deleite declina
y lo que arrebataba todos sus sentidos,
ahora nada más que a uno embelesa;
placer efímero que deja por estela
un triste embotamiento del espíritu.

¿Por qué no se encuentra a nuestro alcance
seguir plenos como el león y los gallos
después de esos deleites? Excepto que la Naturaleza
sabia así lo haya decretado (pues se dice
que tal acto la vida nos reduce en un día),
como si así buscase que el hombre desdeñara
el juego del amor, pues otra maldición,
la de ser breve (dura nada más un instante),
estimula el deseo de tener descendencia.

Y siendo así las cosas,
no pretendo lograr nada inhumano:
¡basta de devaneos, de carreras en pos
de eso que, ya en las manos, me habría lastimado!
Y cuando vaya allá donde están las bellezas,
haré lo que los hombres hacen
cuando el sol del verano nos abrasa:
admirar su estallido, pero evitar su lumbre.
Todo rincón su sombra dispensa. Si algo falla,
no queda más que untarse ortiga en el culo.


Whilst yet to prove
I thought there was some deity in love,
So did I reverence, and gave
Worship; as atheists at their dying hour
Call, what they cannot name, an unknown power,
As ignorantly did I crave.
Thus when
Things not yet known are coveted by men,
Our desires give them fashion, and so
As they wax lesser, fall, as they size, grow.

But, from late fair,
His highness sitting in a golden chair,
Is not less cared for after three days
By children, than the thing which lovers so
Blindly admire, and with such worship woo;
Being had, enjoying it decays;
And thence,
What before pleased them all, takes but one sense,
And that so lamely, as it leaves behind
A kind of sorrowing dulness to the mind.

Ah cannot we,
As well as cocks and lions, jocund be
After such pleasures, unless wise
Nature decreed—since each such act, they say,
Diminisheth the length of life a day—
This; as she would man should despise
The sport,
Because that other curse of being short,
And only for a minute made to be
Eager, desires to raise posterity.

Since so, my mind
Shall not desire what no man else can find;
I'll no more dote and run
To pursue things which had endamaged me;
And when I come where moving beauties be,
As men do when the summer's sun
Grows great,
Though I admire their greatness, shun their heat.
Each place can afford shadows; if all fail,
'Tis but applying worm-seed to the tail.


John Donne
(1572-1631)




Poemas góticos. I Poemas de John Donne.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de John Donne: Adiós al amor (Farewell to Love), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Ve y atrapa una estrella fugaz»: John Donne; poema y análisis


«Ve y atrapa una estrella fugaz»: John Donne; poema y análisis.




Ve y atrapa una estrella fugaz (Go and Catch a Falling Star) —también conocido simplemente como: Canción (Song)— es un poema de desamor del escritor inglés John Donne (1572-1631), publicado en la antología de 1633: Poemas (Poems).

Ve y atrapa una estrella fugaz, probablemente uno de los mejores poemas de John Donne de aquella colección, refleja con magnífica originalidad —y de un modo que va más allá de lo políticamente incorrecto— por qué se lo considera como el padre de la poesía metafísica. En este caso, a través de la voz de un hombre lleno de resentimiento por la mujer.

Algunos suscriben a la idea de que Ve y atrapa una estrella fugaz evidencia el fuerte rechazo de John Donne por las mujeres, afirmación difícil de sostener teniendo en cuenta su juventud licenciosa. Sin embargo, es cierto que el poema describe a la mujer como un ser desleal, incluso deshonesto, pero estas declaraciones no pertenecen a la filosofía del autor, sino más bien al narrador, sumido en un estado de profundo desánimo, quizás, como consecuencia de un desengaño amoroso.

Se trata, entonces, de una pieza inusual entre los poemas de John Donne. Aquí, el autor deja de lado las complejas metáforas que abundan en su obra y, en cambio, recurre a un estilo más simple, más ligero, incluso más frívolo, encomendándole al lector una serie de tareas imposibles, entre ellas, atrapar una estrella fugaz. Para el resentido y acaso misógino narrador, esto es incluso más probable que hallar a una mujer digna de sus sentimientos.




Ve y atrapa una estrella fugaz.
Go and Catch a Falling Star, John Donne (1572-1631)

Ve y atrapa una estrella fugaz;
fecunda la raíz de la mandrágora;
dime dónde están los años pasados,
o quién herró las pezuñas del diablo;
enséñame a oír el canto de las sirenas,
a rechazar el aguijón de la envidia,
y a descubrir
el viento
que nutre los pensamientos.

Si has nacido para ver estos extraños eventos,
cosas invisibles para el ojo,
cabalga diez mil días y noches
hasta que la edad cubra de nieve tus cabellos.
Cuando regreses, me contarás
aquellos sucesos maravillosos e incesantes,
y jurarás
que en ningún lugar
vive una mujer justa y constante.

Y si la encuentras, dímelo,
dulce peregrinación sería.
Pero no, porque tampoco iría,
aunque estuviese a la vuelta de la esquina;
aunque fuese leal a primera vista,
sin que tu carta lo sugiera,
pero al final
ella infiel sería,
con dos, o tres, o cualquiera.


Go and catch a falling star,
Get with child a mandrake root,
Tell me where all past years are,
Or who cleft the devil's foot,
Teach me to hear mermaids singing,
Or to keep off envy's stinging,
And find
What wind
Serves to advance an honest mind.

If thou be'st born to strange sights,
Things invisible to see,
Ride ten thousand days and nights,
Till age snow white hairs on thee,
Thou, when thou return'st, wilt tell me,
All strange wonders that befell thee,
And swear,
No where
Lives a woman true and fair.

If thou find'st one, let me know,
Such a pilgrimage were sweet;
Yet do not, I would not go,
Though at next door we might meet,
Though she were true, when you met her,
And last, till you write your letter,
Yet she
Will be
False, ere I come, to two, or three.


John Donne
(1572-1631)




Poemas góticos. I Poemas de John Donne.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de John Donne: Ve y atrapa una estrella fugaz (Go and Catch a Falling Star), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

John Donne: poemas destacados


John Donne: poemas destacados.




John Donne (1572-1631) fue uno de los poetas ingleses más importantes de todos los tiempos, el cual influyó poderosamente en la poesía metafísica, estilo que cultivó con inigualable originalidad. No en vano los poemas de amor de John Donne ocupan un lugar privilegiado como precursores del romanticismo.

En esta sección de El Espejo Gótico iremos reuniendo algunos de los más destacados poemas de John Donne, un autor que sin lugar a dudas vale la pena disfrutar.




Poemas de John Donne.
  • Adiós al amor (Farewell to Love)
  • Aire y ángeles (Air and Angels)
  • Alquimia del amor (Love's Alchemy)
  • Amor negativo (Negative Love)
  • Constancia de mujer (Woman’s Constancy)
  • Corazón roto (The Broken Heart)
  • El dios del amor (Love's Deity)
  • El mensaje (The Message)
  • El sueño (The Dream)
  • La aparición (The Apparition)
  • Muerte (Death)
  • Muerte no te enorgullezcas (Death Be Not Proud)
  • Ningún hombre es una isla (No Man Is an Island)
  • Poemas (Poems, John Donne)
  • Tres veces tonto (The Triple Fool)
  • Una conferencia sobre la sombra (A Lecture Upon the Shadow)
  • Ve y atrapa una estrella fugaz (Go and Catch a Falling Star)
  • A la condesa de Huntindon (To the Countesse of Huntingdon)
  • Al romper el día (Break of Day)
  • Al señor T.W. (To Mr. T. W.)
  • Amablemente, envidio la perfección de tus canciones (Kindly I Envy Thy Songs Perfection)
  • Amor confinado (Confined Love)
  • Amor propio (Self-Love)
  • Anticuario (Antiquary)
  • Apresúrate, verso duro (Haste Thee Harsh Verse)
  • A Sir Henry Goodyere (To Sir Henry Goodyere)
  • A Sir Henry Wotton (To Sir Henry Wotton)
  • A su amante al irse a la cama (To His Mistress Going to Bed)
  • Brujería por una pintura (Witchcraft by a Picture)
  • Caida de un muro (Fall of a Wall)
  • Cales y Guyana (Cales and Guyana)
  • Cambio (Change)
  • Canción: dulce amor, yo no iré (Song: Sweetest love, I do not go)
  • Canciones de matrimonio (Marriage Songs)
  • Canción matrimonial de lady Elizabeth (Marriage Song on the Lady Elizabeth)
  • Cartas en verso para diferentes personajes (Verse Letters to Several Personages)
  • Celosamente mi musa (Zealously my Muse)
  • Celos (Jealousy)
  • Comunidad (Community)
  • Crecimiento del amor (Love's Growth)
  • Desheredado (Disinherited)
  • De una vez, desde ahí (At Once, From Hence)
  • Duelo de la muerte (Death's Duell)
  • El anagrama (The Anagram)
  • El anillo azabache enviado (A Jet Ring Sent)
  • El aniversario (The Anniversary)
  • El brazalete (The Bracelet)
  • El buen mañana (The Good Morrow)
  • El cálculo (The Computation)
  • El cuento de un ciudadano y su esposa (A Tale of a Citizen and His Wife)
  • Elegía (Elegy)
  • Elegía de un funeral (A Funeral Elegy)
  • Elegías y aniversarios (Elegies and Anniverseries)
  • El éxtasis (The Ecstasy)
  • El florecimiento (The Blossom)
  • El funeral (The Funeral)
  • El heraldo al progreso (The Harbinger to the Progress)
  • El honor es sublime perfección (Honor is so sublime perfection)
  • El indiferente (The Indifferent)
  • El legado (The Legacy)
  • El mentiroso (The Liar)
  • El perfume (The Perfume)
  • El progreso del amor (Love's Progress)
  • El sol se levanta (The Sun Rising)
  • El testamento (The Will)
  • En alabanza a los muertos, y la anatomía (To the Praise of the Dead, and the Anatomy)
  • En los rincones imaginados de la tierra redonda (At the Round Earth’s Imagined Corners)
  • Ensayos (Essays)
  • Epigramas (Epigrams)
  • Epitafios (Epitaphs)
  • Epitafios sobre sí mismo (Epitaphs on Himself)
  • Epístola heróica (Heroic Epistle)
  • Esta es la última escena de mi obra (This is My Play’s Last Scene)
  • Este crepúsculo de dos años (This twilight of two years)
  • Fiebre (A Fever)
  • Guerra del amor (Love's War)
  • Héroe y líder (Hero and Leader)
  • Himno a Dios el Padre (Hymn to God the Father)
  • In Eundem Macaronicon (In Eundem Macaronicon)
  • Infinitati Sacrum (Infinitati Sacrum)
  • Infinitud de los amantes (Lovers' Infiniteness)
  • Intercambio del amor (Love's Exchange)
  • Jardín de Twicknam (Twicknam Garden)
  • Julia (Julia)
  • Klockius (Klockius)
  • La calma (The Calm)
  • La canonización (The Canonization)
  • La carnada (The Bait)
  • La comparación (The Comparison)
  • La cruz (The Cross)
  • La dieta del amor (Love's Diet)
  • La disolución (The Dissolution)
  • La empresa (The Undertaking)
  • La expiración (The Expiration)
  • La letanía (The Litany)
  • La maldición (The Curse)
  • La paradoja (The Paradox)
  • La prenda (The Token)
  • La primavera (The Primrose)
  • La prohibición (The Prohibition)
  • La pulga (The Flea)
  • La reliquia (The Relic)
  • La tormenta (The Storm)
  • Llorando (Of Weeping)
  • Lo húmedo (The Damp)
  • Lo otoñal (The Autumnal)
  • Meditación (Meditation)
  • Mercurius Gallo-Belgicus (Mercurius Gallo-Belgicus)
  • Niobe (Niobe)
  • No es tu sagrada hambre de ciencia (Is not thy sacred hunger of science)
  • Oh, de mi nombre en la ventana (Of My Name, in the Window)
  • Oh, mi alma negra (O my Black Soul!)
  • Oh, no me dejes servir (O, let me not serve so)
  • Phryne (Phryne)
  • Píramo y Tisbe (Pyramus and Thisbe)
  • Poemas divinos (Divine Poems)
  • Raderus (Raderus)
  • Ralphius (Ralphius)
  • Resurrección imperfecta (Resurrection, Imperfect)
  • Sátira (Satire)
  • Sátiras (Satires)
  • Sermones (Sermons)
  • Si los minerales venenosos (If Poisonous Minerals)
  • Sir John Wingefield (Sir John Wingefield)
  • Sobre el progreso del alma (Of the Progress of the Soul)
  • Sobre las crudezas del señor Thomas Coryat (Upon Mr. Thomas Coryat's Crudities)
  • Sobre su amante (On His Mistress)
  • Sonetos sagrados (Holy Sonnets)
  • Su pintura (His Picture)
  • Su separación de ella (His Parting from Her)
  • Tu amigo, a quien tus desiertos (Thy Friend, Whom Thy Deserts)
  • Una anatomía del mundo (An Anatomy of the World)
  • Una persona licenciosa (A Licentious Person)
  • Un autoacusador (A Self Accuser)
  • Una valedicción: luto prohibido (A Valediction Forbidding Mourning)
  • Un barco quemado (A Burnt Ship)
  • Un escritor oscuro (An Obscure Writer)
  • Un himno a los santos (An Hymn to the Saints)
  • Un mendigo cojo (A Lame Beggar)
  • Usura del amor (Love's Usury)
  • Variedad (Variety)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: John Donne: poemas destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Poemas»: John Donne; libro y análisis


«Poemas»: John Donne; libro y análisis.




Poemas (Poems) es una colección de poemas metafísicos del escritor inglés John Donne (1572-1631), publicado en 1633. En posteriores ediciones se le añadirían las piezas incluídas en: Canciones y sonetos (Songs and Sonnets).

La antología incluye algunos de los mejores poemas de John Donne, cuyos temas a menudo oscilan entre la devoción y la pasión, entre el cinismo y el deseo, entre la elegía y la sátira. No en vano sus poemas de amor fueron censurados durante mucho tiempo, e incluso considerados poemas prohibidos aún entre sus admiradores más liberales.

Poemas es, sin dudas, una colección admirable desde todo punto de vista, y sin dudas una de las mejores de la poesía inglesa de aquellos años. John Donne fue un verdadero artífice de la sensualidad dentro de lo cotidiano, tema exiguo y acaso peligroso para su época, pero muy significativo para la nuestra.




Poemas.
Poems, John Donne (1572-1631)
  • Adiós al amor (Farewell to Love)
  • Aire y ángeles (Air and Angels)
  • Alquimia del amor (Love's Alchemy)
  • Amor negativo (Negative Love)
  • Constancia de mujer (Woman’s Constancy)
  • Corazón roto (The Broken Heart)
  • El dios del amor (Love's Deity)
  • El mensaje (The Message)
  • El sueño (The Dream)
  • La aparición (The Apparition)
  • Muerte (Death)
  • Muerte no te enorgullezcas (Death Be Not Proud)
  • Ningún hombre es una isla (No Man Is an Island)
  • Poemas destacados de John Donne.
  • Tres veces tonto (The Triple Fool)
  • Una conferencia sobre la sombra (A Lecture Upon the Shadow)
  • Ve y atrapa una estrella fugaz (Go and Catch a Falling Star)
  • Adiós al amor (Farewell to Love)
  • Al romper el día (Break of Day)
  • Amor confinado (Confined Love)
  • Amor propio (Self-Love)
  • Brujería por una pintura (Witchcraft by a Picture)
  • Canción: dulce amor, yo no iré (Song: Sweetest love, I do not go)
  • Comunidad (Community)
  • Crecimiento del amor (Love's Growth)
  • El anillo azabache enviado (A Jet Ring Sent)
  • El aniversario (The Anniversary)
  • El buen mañana (The Good Morrow)
  • El cálculo (The Computation)
  • El éxtasis (The Ecstasy)
  • El florecimiento (The Blossom)
  • El funeral (The Funeral)
  • El indiferente (The Indifferent)
  • El legado (The Legacy)
  • El sol se levanta (The Sun Rising)
  • El testamento (The Will)
  • En los rincones imaginados de la tierra redonda (At the Round Earth’s Imagined Corners)
  • Esta es la última escena de mi obra (This is My Play’s Last Scene)
  • Fiebre (A Fever)
  • Infinitud de los amantes (Lovers' Infiniteness)
  • Intercambio del amor (Love's Exchange)
  • Jardín de Twicknam (Twicknam Garden)
  • La canonización (The Canonization)
  • La carnada (The Bait)
  • La dieta del amor (Love's Diet)
  • La disolución (The Dissolution)
  • La empresa (The Undertaking)
  • La expiración (The Expiration)
  • La maldición (The Curse)
  • La paradoja (The Paradox)
  • La prenda (The Token)
  • La primavera (The Primrose)
  • La prohibición (The Prohibition)
  • La pulga (The Flea)
  • La reliquia (The Relic)
  • Llorando (Of Weeping)
  • Lo húmedo (The Damp)
  • Oh, de mi nombre en la ventana (Of My Name, in the Window)
  • Oh, mi alma negra (O my Black Soul!)
  • Si los minerales venenosos (If Poisonous Minerals)
  • Una valedicción: luto prohibido (A Valediction Forbidding Mourning)
  • Usura del amor (Love's Usury)




Libros de poemas. I Libros de John Donne.


El análisis y resumen del libro de John Donne: Poemas (Poems), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Hay algo peor que amar sin ser amado: John Donne y el peligro del amor recíproco


Hay algo peor que amar sin ser amado: John Donne y el peligro del amor recíproco.




Desde los mitos griegos, Eros (o Cupido), el dios del amor, viene ensartando a los seres humanos con sus flechas sin que podamos hacer mucho al respecto. El mito carece de dramatismo: uno se enamora y punto.

Pero aunque el amor sea producto del azar, de un flechazo al bulto, eso no invalida que podamos formular —o mejor dicho, analizar— una aguda crítica sobre el perspicaz arquero griego.

El poeta inglés John Donne (1572-1631), uno de los grandes maestros de la poesía metafísica, aventura una posibilidad inquietante: antes de la llegada de Eros (o Cupido); es decir, del amor entendido como algo divino que desciende sobre nosotros y nos atraviesa, literalmente, ningún hombre o mujer se rebajaba a sentir amor por alguien que no cultivara el mismo sentimiento:


Desearía hablar con el espíritu de algún antiguo amante,
antes de que el dios del amor naciera;
imposible creer que quien amara entonces
se rebajara a amar a quien lo despreciaba.


En este contexto, con la conspicua invención de Eros (o Cupido) el ser humano se ha visto atrapado en la paradoja del destino; es decir, de la idea de que el enamorado es presa de su amor, y que nada puede hacer al respecto más que seguir amando incluso cuando se lo rechaza en términos más o menos enérgicos.


Pero desde aquella época, el dios ha inventado un destino,
y esa doble naturaleza, la costumbre, lo permite:
que yo deba amar a quien no me ama.


Estas profundas reflexiones proceden del poema metafísico: El dios del amor (Love's Deity), compuesto en 1633. Ahí, John Donne conjetura que el oficio inicial de Eros (o Cupido) no era disparar indiscriminadamente sus flechas, inflamando amores condenados al fracaso o, lo que es todavía peor, destinados a la indiferencia, sino reunir a dos personas que ya se amaban mutuamente.


Es evidente que quienes lo hicieron dios no tenían esa intención,
ni él en su juventud la habrá practicado.
Cuando una llama similar inflamaba dos corazones,
su oficio era reunir, piadosamente, dos razones.


El poeta no habla de dos corazones que se unen por azar, sino de dos razones; es decir, de dos personas que se eligen.

Pero las cosas cambiaron, en algún momento que ningún erudito ha logrado precisar, y el dios del amor se excedió en su jurisdicción. Ya no se contentaba con reunir a dos personas que se amaban mutuamente y bendecir esa unión, sino que ambicionó ser el gestor del amor, ensartando incautos a diestra y siniestra.

El efecto colateral de esa repartija de saetas es el desengaño:


Pero todos los dioses modernos buscan extender sus vastas pretensiones y compararse con Júpiter.
Furias, licencias, epístolas, elogios, aquel es el séquito del dios del amor.
Oh, si esta tiranía nos despertara y priváramos a este niño de su divinidad,
ya no tendría que amar a quien no me ama.


Lo peor de todo es que Eros (o Cupido) sabe que su tasa de aciertos es deplorable, y que podría hacer mucho para evitar amores desgraciados. En definitiva, si las flechas del dios del amor son la causa de que nos enamoremos de alguien, la ausencia de flechazos también debería indicar la ausencia del amor.

Pero John Donne va aún más lejos, y especula que la palabra amor es inadecuada para definir un sentimiento que no es recíproco:


Ya no es amor cuando no amo a quien me ama.


Para Eros (o Cupido) el amor puede existir en el deseo y la pasión que no encuentran eco en la persona amada. Para John Donne, el amor solo es posible cuando son dos los que aman.

Ya al final de El dios del amor, probablemente el mejor poema de amor de John Donne, el poeta concibe un artificio peregrino, pero notable en términos filosóficos: el que ama sin ser amado puede caer en un destino todavía peor: el amor recíproco:


Él podría condenarme a no amar, o ensayar un castigo peor; que ella, a su vez, me amara.




El lado oscuro del amor. I Poemas de John Donne.


Más literatura gótica:
El artículo: Hay algo peor que amar sin ser amado: John Donne y el peligro del amor recíproco fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de Fitz-James O'Brien.
Relato de Arthur Machen.
Relato de Edmond Hamilton.


Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.