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«Abajo dormía la fría tierra»: Percy Shelley; poema y análisis.


«Abajo dormía la fría tierra»: Percy Shelley; poema y análisis.




Abajo dormía la fría tierra (The Cold Earth Slept Below) es un poema del romanticismo del escritor inglés Percy Shelley (1792-1822), publicado originalmente con el título: Noviembre 1815 (November 1815) en la colección de 1823: Hunt's Literary Pocket-Book. Fue reimpreso por la viuda de Percy Shelley, Mary Shelley [autora de Frankenstein], en la antología de 1824: Poemas póstumos (Posthumous Poems).

Abajo dormía la fría tierra es uno de los poemas de Percy Shelley más polémicos. Algunos han propuesto la teoría de que Mary Shelley alteró la fecha del manuscrito original al 5 de noviembre de 1815 para que pareciera escrito antes de la muerte de Harriet Westbrook, exesposa del autor [quien se quitó la vida], y de ese modo no pueda haber sido sobre ella. A favor de este argumento se encuentran numerosos episodios públicamente inaceptables de la vida de su esposo que Mary Shelley eliminó de cuajo de la primera edición de Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley (Selected Poems of Percy Bysshe Shelley), de 1839. Por lo tanto, no es inconcebible que Mary modificara algunos aspectos incómodos de Abajo dormía la fría tierra.

Harriet Westbrook fue la primera esposa de Percy Shelley. Se suicidó [estando embarazada] arrojándose a las aguas del Serpentine, un lago londinense; su cuerpo fue recuperado el 10 de diciembre de 1816. Abajo dormía la fría tierra, que versifica el descubrimiento del cadáver congelado de una mujer, podría hacer referencia a la muerte de Harriet. El poema se publicó después de la muerte de Percy Shelley, de modo que la controversia alrededor de la fecha en la que fue escrito está lejos de resolverse. Si, como afirma Mary Shelley, fue escrito en «noviembre de 1815», no puede tratar sobre Harriet, pero algunos opinan que la autora de Frankenstein modificó esa fecha para que no coincidiera con la de su suicidio.

El macabro hallazgo del cuerpo sin vida de Harriet fue publicado en la edición del 12 de diciembre de 1816 del London Times:


«Una mujer respetable, en avanzado estado de gestación, fue sacada del río Serpentine y llevada a su residencia en Queen Street, Brompton, tras estar desaparecida durante casi seis semanas. Llevaba un valioso anillo en el dedo. Se supone que una falta de honor en su propia conducta ha llevado a esta catástrofe fatal, ya que su marido está en el extranjero.»


Sólo podemos especular sobre los motivos que llevaron a Harriet a tomar esa decisión. A los dieciséis años se fugó con Percy Shelley y se casaron en secreto en Edimburgo [agosto de 1811]. Percy era un defensor del amor libre, y en una ocasión se propuso «compartir» a su esposa con un camarada, pero Harriet se negó. En 1814, todavía casado, Percy huyó con Mary [Godwin entonces], dejando a Harriet en una situación comprometida mientras daba a luz a su segundo hijo, Charles.

Harriet regresó con su padre, pero eventualmente abandonó el hogar familiar y se instaló en una pensión. La razón [probablemente] es que había quedado embarazada de un amante. Sola y abandonada, caminó hasta Hyde Park y se lanzó al lago Serpentine. Su cuerpo apareció flotando al día siguiente.

El cuerpo de Harriet fue examinado por un forense, quien no encontró signos de violencia. El suicidio parecía obvio, pero las autoridades fueron compasivas. Se determinó que simplemente se había ahogado, lo cual permitió que fuera enterrada en el cementerio de Saint Mary, beneficio con el que no contaban los suicidas. Tiempo después trascendió la última carta desgarradora de Harriet a Percy Shelley:


«No seré más una habitante de este mundo miserable. No te arrepientas de la pérdida de alguien que nunca podría ser otra cosa que una fuente de aflicción y miseria para todos (...) Mi querido Bysshe [segundo nombre de Percy] si nunca me hubieras dejado, podría haber vivido, pero así es, te perdono libremente para que puedas disfrutar de esa felicidad de la que me has privado.»


Abajo dormía la fría tierra trata sobre una mujer amada por el Orador del poema, quien ha estado expuesta al frío en una noche de invierno y murió, tal vez, ahogada:


Abajo dormía la fría tierra;
arriba brillaba el frío cielo;
y alrededor,
con un sonido escalofriante,
desde cuevas de hielo y campos de nieve,
como la muerte fluía el aliento de la noche
bajo la luna que se hundía.

El seto invernal estaba negro;
la verde hierba no se veía;
los pájaros descansaban
en el pecho desnudo del espino,
cuyas raíces, junto al sendero,
se cerraban sobre las muchas grietas
que la escarcha había abierto.


Más adelante, el Orador sugiere que ella se ahogó, quizás atraída por un fenómeno inexplicable, posiblemente sobrenatural: luces que «resplandecen tenuemente» en las aguas de un pantano. Esta podría ser una alusión a fuegos fatuos y otras incandescencias asociadas a criaturas fantásticas que atraen a los incautos para llevarlos a su muerte.

El tono de Abajo dormía la fría tierra es nétamente gótico. La primera estrofa se enfoca en el frío extremo: tenemos «cuevas de hielo», «campos de nieve como la muerte», incluso el sonido es «escalofriante». La segunda estrofa expande la descripción de este paisaje desolador: es de noche, el seto es negro y, como es invierno, está despojado de follaje; los pájaros descansan en las ramas desnudas de un espino, cuyas raíces rasgan las grietas que la escarcha ha abierto en el camino, otra imagen de la vida hundiéndose en el suelo.

La tercera estrofa pasa de la descripción del paisaje a los ojos de una mujer que brillan «a la luz moribunda de la luna»:


Tus ojos brillaban
a la luz moribunda de la luna;
como las luces del pantano
resplandecen tenuemente sobre el arroyo perezoso;
así brillaba allí la luna,
y amarilleaba las hebras de tu enredado cabello
que se agitaba con el viento nocturno.


Percy Shelley aventura una metáfora de los ojos brillantes que se asemejan a los fuegos fatuos: luces espectrales que los viajeros, por lo general, ven de noche flotando sobre ciénagas y pantanos; a menudo asociadas en las leyendas a las almas de personas ahogadas que atraen a los viajeros a una muerte segura. Es como si Percy Shelley estuviera quitando la responsabilidad de Harriet por su muerte, y redirigiéndola hacia una fuerza maligna exterior. ¿Es esto un indicio de la renuencia de Percy Shelley a aceptar alguna forma de responsabilidad por la muerte de su exesposa? Si dejamos de lado el tono lúgubre del poema, el verdadero alcance de la angustia del autor es discutible

La cuarta estrofa deja en claro que los ojos que brillan pertenecen a una mujer muerta, con los labios pálidos, el pecho frío, tendida en el suelo bajo un cielo gélido. Es evidente que no se trata de una descripción impersonal: la voz se dirige a la difunta como «amada», el único ejemplo de ternura en el poema:


La luna empalideció tus labios, amada;
el viento enfrió tu pecho;
la noche derramó sobre tu querida cabeza
su rocío helado, y tú sólo yacías allí,
donde el amargo aliento
del cielo pudiera visitarte cuando quisiera.


La Muerte es omnipresente en Abajo dormía la fría tierra, no en términos filosóficos, sino de acuerdo al estado emocional del Orador. La elección de palabras de Percy Shelley insinúa que, una vez que la muerte nos toca, empezamos a verla en todas partes. Incluso la naturaleza, que en la filosofía del romanticismo trasciende la fragilidad humana, es propensa a morir en este poema: la mujer, la tierra, los árboles, la luna, las aguas donde hierven los espíritus de los ahogados, todo parece ausente de vida.

Evidentemente, Abajo dormía la fría tierra tenía un profundo significado personal para Percy Shelley, y no estaba destinado a ser publicado. El contexto es clave para comprender y analizar este poema, pero no está claro si el Orador siente remordimiento o si sólo está recordando el pasado [considerando la conmovedora carta de Harriet, en la que señala a Shelley como el autor de su desgracia]. Lo único cierto es que a lo largo del poema se establecen vínculos tangibles con su suicidio.

Toda la escena transcurre bajo «la luz moribunda de la luna», cuyo brillo mortecino empalidece los labios de la mujer muerta. Esta única fuente de luz sugiere el advenimiento de la oscuridad. Además, la luna se asocia comúnmente con la locura, la fertilidad y la feminidad, elementos que convergen en la muerte de la embarazada Harriet. Alternativamente evoca la pérdida de una vida no nacida y el oscuro estado mental en el que se encontraba la joven al tomar aquella decisión desesperada.

Cuando se escribió este poema, Percy Shelley tuvo otra experiencia significativa con la muerte. Fanny Imlay, la media hermana de Mary, se suicidó como resultado de sentirse abandonada. Percy y Mary huyeron juntos. y eventualmente debieron soportar el peso de dos muertes relacionadas con su unión. No es sorprendente entonces ver que la muerte se presenta aquí como una entidad onmipresente, pero siempre es descrita desde la perspectiva de los sobrevivientes. Aunque los muertos reciben cierto grado de paz, Percy Shelley parece lamentar más la miseria de aquellos que han quedado en el plano físico soportando el peso de sus decisiones.




Abajo dormía la fría tierra.
The Cold Earth Slept Below, Percy Shelley (1792-1822)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Abajo dormía la fría tierra;
arriba brillaba el frío cielo;
y alrededor,
con un sonido escalofriante,
desde cuevas de hielo y campos de nieve,
como la muerte fluía el aliento de la noche
bajo la luna que se hundía.

El seto invernal estaba negro;
la verde hierba no se veía;
los pájaros descansaban
en el pecho desnudo del espino,
cuyas raíces, junto al sendero,
se cerraban sobre las muchas grietas
que la escarcha había abierto.

Tus ojos brillaban
a la luz moribunda de la luna;
como las luces del pantano
resplandecen tenuemente sobre el arroyo perezoso;
así brillaba allí la luna,
y amarilleaba las hebras de tu enredado cabello
que se agitaba con el viento nocturno.

La luna empalideció tus labios, amada;
el viento enfrió tu pecho;
la noche derramó sobre tu querida cabeza
su rocío helado, y tú sólo yacías allí,
donde el amargo aliento
del cielo pudiera visitarte cuando quisiera.


The cold earth slept below;
Above the cold sky shone;
And all around,
With a chilling sound,
From caves of ice and fields of snow
The breath of night like death did flow
Beneath the sinking moon.

The wintry hedge was black;
The green grass was not seen;
The birds did rest
On the bare thorn’s breast,
Whose roots, beside the pathway track,
Had bound their folds o’er many a crack
Which the frost had made between.

Thine eyes glow’d in the glare
Of the moon’s dying light;
As a fen-fire’s beam
On a sluggish stream
Gleams dimly—so the moon shone there,
And it yellow’d the strings of thy tangled hair,
That shook in the wind of night.

The moon made thy lips pale, beloved;
The wind made thy bosom chill;
The night did shed
On thy dear head
Its frozen dew, and thou didst lie
Where the bitter breath of the naked sky
Might visit thee at will.


Percy Shelley (1792-1822)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Percy Shelley.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Percy Shelley: Abajo dormía la fría tierra (The Cold Earth Slept Below), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Ozymandias»: Percy Bysshe Shelley; poema y análisis.


«Ozymandias»: Percy Bysshe Shelley; poema y análisis.




Ozymandias (Ozymandias) es un poema del romanticismo del escritor inglés Percy Bysshe Shelley (1792-1822), publicado originalmente en la edición del 11 de julio de 1818 del periódico semanal The Examiner con el seudónimo Glirastes [del latín glīs, «lirón»; y el sufijo griego erastēs, «amante»], en referencia a la esposa del autor, Mary Shelley, apodada cariñosamente «lirón». El poema sería reeditado en la antología de 1823: Rosalind y Helen, Una égloga moderna; con otros poemas (Rosalind and Helen, A Modern Eclogue; with Other Poems), y en la colección póstuma: Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley (Selected Poems of Percy Bysshe Shelley)

Ozymandias, uno de los mejores poemas de Percy Bysshe Shelley, nos brinda una mirada inquietante sobre el horror existencial de la impermanencia. Incluso los hombres más renombrados, y los poderosos imperios que han forjado, están destinados a ser barridos hacia el olvido.

Ozymandias era el nombre que le dieron los griegos al faraón Ramsés II [1303–1213 a. C.], derivado de su nombre de trono, Usermaatre. En 1817, Percy Byshee Shelley comenzó a escribir el soneto después de que el Museo Británico adquiriera un fragmento de cabeza y torso de una estatua de Ramsés II, que data del siglo XIII a. C. El poema parafrasea la inscripción en la base de la estatua, dado por Diodoro Sículo en su Bibliotheca Historica: «Yo soy el rey de reyes, Ozymandias. Si alguien quiere saber cuán grande soy y dónde yazgo, que supere alguna de mis obras». En el soneto de Percy Byshee Shelley, Diodoro Sículo se convierte en «un viajero de una tierra antigua».

Tal vez lo más emocionante de este poema es la capacidad de Percy Bysshe Shelley para crear una imagen tan evocadora sin haber visto la estatua sobre la que escribió. La inspiración que recibió de la estatua de Ramsés II surgió de lo que pudo leer y escuchar sobre ella.

En apariencia, Ozymandias es un soneto muy sencillo; sin embargo, presenta varias capas que resuenan como ecos del pasado. El poema comienza con el narrador en primera persona, anónimo [probablemente el propio Percy Shelley], quien nos dice que conoció a «un viajero de una tierra antigua» [Diodoro Sículo], el cual le contó la historia del rey Ozymandias. De repente, el soneto cambia a la tercera persona, al viajero. También hay una tercera voz, la del propio Ozymandias, ya que sus propias palabras están escritas en el pedestal: «Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes; ¡Contempla mis obras, poderoso, y desespera!». Esta pluralidad de voces y tiempos sutilmente entrelazados en un soneto es realmente extraordinaria.

El epíteto de Ozymandias [«Rey de Reyes»] parece arrogante desde una perspectiva occidental moderna, tal vez porque es uno de los epítetos de Cristo en los mitos bíblicos; no obstante, este era un título común otorgado a los faraones. Los lectores de Percy Bysshe Shelley probablemente entendieron el término en un contexto más bíblico que histórico, quizás como un rasgo de narcicismo, incluso de blasfema arrogancia; sin embargo, Ozymandias solo está diciendo que él es quien manda en Egipto.

Percy Bysshe Shelley era un poeta romántico, y en calidad de tal sus poemas a menudo tratan el tema de la naturaleza como una poderosa fuerza que, en comparación, nos hace ver insignificantes. En este sentido, es lícito suponer que las «solitarias arenas» del desierto que devoran el imperio de Ozymandias son una afirmación de que la naturaleza prevalece al final, y que el esfuerzo humano, por colosal que sea, siempre es efímero.

El Viajero describe la estatua desmoronada de Ozymandias, abandonada para ser tragada por las arenas, enfatizando su tamaño, refiriéndose a ella como «colosal» y «enorme». Al principio esta descripción crea una sensación de grandeza, pero más adelante sirve para establecer que los logros mas notables se perderán en el tiempo. Si bien el cabeza de la estatua todavía transmite algo de la naturaleza de Ozymandias al conservar la «mueca de frío mando» del faraón, en última instancia refuerza la impermanencia de las obras humanas. Al describir la habilidad del escultor, el Narrador comienza a construir la «desesperación» central del poema. Ni el poder de un Rey de Reyes [Ozymandias] ni la habilidad de un artista [el escultor] permiten que el monumento sobreviva la prueba del tiempo.

Percy Bysshe Shelley es inteligente al distanciar al lector de Ozymandias. No describe al rey, sino que presenta al Narrador que escucha a un Viajero hablar de una estatua que vio en el desierto. Esta separación es fundamental para el sentido de impermanencia en Ozymandias. Si el soneto expusiera al lector a la grandeza de Ozymandias, podría darle un sentido de significado a las obras del rey. En cambio, el poema revela la naturaleza efímera del poder y el arte al separar al lector tanto del rey como de su estatua. A pesar de que Ozymandias era lo suficientemente poderoso como referirse a sí mismo como un Rey de Reyes, el Narrador solo escucha de él por casualidad. Si el Narrador no hubiera conocido al Viajero, y este no hubiera encontrado la estatua, es posible que el primero nunca hubiera oído hablar de Ozymandias, y mucho menos experimentado los vestigios de su antiguo poder.

No creo que el final de Ozymandias tenga la intención de dejarnos una gran lección moral. La lección está ahí, implícita, pero lo que se destaca es una sensación general de vacío, incluso de inutilidad. Si incluso un gran faraón como Ozymandias termina siendo insignificante con el transcurso del tiempo, ¿qué puede esperar el lector de su propia impermanencia? Percy Bysshe Shelley parece aceptar este hecho sombrío: aunque su poema pueda sobrevivir durante los siglos venideros, él no lo hará.

A pesar de esta mirada sombría, Ozymandias también trata la supervivencia de la creatividad en contraste con la fugacidad de la tiranía. Gracias al arte, sólo ha sobrevivido la arrogancia de Ozymandias. De hecho, la jactanciosa declaración: «¡Contempla mis obras, poderoso, y desespera!» se cumple en toda regla, pero no de la manera que hubiese querido el faraón: su estatua nos produce desesperación, pero no por sus logros incomparables, sino porque nos recuerda que compartirmos su inevitable destino de olvido.




Ozymandias.
Ozymandias, Percy Bysshe Shelley (1792-1822)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Conocí a un viajero de una tierra antigua
quien dijo: «dos enormes piernas pétreas, sin su tronco,
se yerguen en el desierto... A su lado, en la arena,
semihundido, yace una cabeza hecha pedazos, cuyo ceño,
labio arrugado, y desdeñosa mueca de frío mando,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó...
Y en el pedestal se leen estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contempla mis obras, poderoso, y desespera!"
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas,
a lo lejos se extienden las niveladas y solitarias arenas.»


I met a traveller from an antique land
Who said: "Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert... Near them, on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,
And wrinkled lip, and sneer of cold command,
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them, and the heart that fed:
And on the pedestal these words appear:
'My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye Mighty, and despair!'
Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare
The lone and level sands stretch far away.


Percy Bysshe Shelley
(1792-1822)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Percy Bysshe Shelley.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Percy Bysshe Shelley: Ozymandias (Ozymandias), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Niñas-vampiro



El siguiente artículo fue escrito por un amigo de la casa, Daniel Milano, quien amablemente nos ha permitido compartirlo en El Espejo Gótico. Aquellos que deseen seguir de cerca el excelente trabajo de Daniel pueden hacerlo en el blog: La pluma en la sangre.



Niñas-vampiro.


Por Daniel Milano.

La fuerza de su mirada (The Stress of Her Regard, 1989), es quizá la obra cumbre del escritor norteamericano Tim Powers, uno de los principales exponentes del subgénero fantástico conocido como steampunk (punk a vapor). La graciosa expresión rotula un movimiento literario que se opone al eufónico cyberpunk liderado en su momento por William Gibson, el notable autor de Neuromante (Neuromancer, 1984), caracterizado por sus escenarios hiperdigitales.

Bajo el sol californiano, entre cervezas, risas y apasionada charla literaria, Powers, William Blaylock y K. W. Jeter, buenos amigos, escritores en ciernes y, paradójicamente (les tocó vivir en una tierra preñada de luz), anglófilos impenitentes, crearon un mundo signado por la niebla, las artes oscuras y la tecnología a vapor como rasgo científico preeminente.

Corresponde a K. W. Jeter el ocurrente bautismo. En una carta a la famosa revista Locus, especializada en ciencia ficción, Jeter plantea la necesidad de dar un nombre a la flamante contracorriente y propone la hoy famosa contracción steampunk.

Dentro de la frondosa producción de Powers, podría decirse que La fuerza de su mirada es su novela menos steam, una fantasía histórica con fuertes visos románticos ambientada antes de la revolución industrial. Por lo cual debemos decir que nuestra breve introducción resulta estéril. Pero ya fue escrita y tal vez sirva al lector para ubicar a Powers dentro del actual panorama del fantasy.

La fuerza de su mirada es una construcción barroca donde concurren elementos románticos, aventureros y terroríficos. La protagonizan encumbrados poetas de la primera mitad del siglo XIX (Shelley, Byron, Keats, cada uno con su cruz a cuestas) y otros nombres menos importantes, satélites de los citados. Con menor peso presencial, asoma también la extraña figura de François Villon cuando la acción se traslada a Francia.

La lógica de la novela responde a una premisa clara que pronto deriva en un tembladeral de ideas y conceptos apenas sostenidos con alfileres, por la perversa propensión de Powers a complejizar lo que en manos de una mente no tan retorcida resultaría menos accidentado. Pero ahí reside el encanto de Powers: en su barroquismo mental.

Los poetas nombrados, en su búsqueda del verso perfecto, aceptan tener trato carnal con sus musas a cambio de la inspiración que necesitan. Dichas musas son en realidad lamiae (vampiros retorcidamente vinculados a los nefelim bíblicos) que se comportan como ménades sangrientas cuando sus poetas no cumplen con su pacto de fidelidad. En pleno ataque de furia, destruyen o vampirizan a quienes se encuentran en el radio de afecto de sus amantes, sean esposos, parientes, amigos... o hijos. La invitación a través de la sangre es el vehículo (¿conoce el lector uno más poético?) para concretar los oscuros esponsales. La novela está escrita sobre lecturas rigurosas (diarios, biografías, ensayos y una ingente cantidad de poemas) y los elementos fantásticos, incrustados como piedras preciosas en los puntos ciegos, en los vacíos históricos, resultan en extremo convincentes a pesar de su complejidad.

Son muchos los detalles y momentos sublimes de la obra, pero hay dos escenas que concentran todo el talento y la oscuridad discursiva de Powers. La primera transcurre en Venecia y gira alrededor de la figura de Clara, la hija de Percy Shelley. La niña, de apenas un año, está gravemente enferma y su padre sospecha que está siendo martirizada por su musa, incapaz de soportar que el poeta desvíe la atención afectiva que le debe exclusivamente a ella. Para evitar su muerte, Shelley llega con ella a la ciudad de los canales buscando el auxilio de lord Byron con quien, tras un enrevesado razonamiento planteado por Powers, resuelve llevar adelante una suerte de complicado exorcismo en Piazza San Marco. Allí, según explica Byron, hay un área alrededor de las columnas que rematan el león alado y San Teodoro, en la cual es posible que todo ocurra, incluso una cura mágica y hasta una resurrección. Sólo es posible devolver la normalidad a la zona, su “statu quo” según palabras de Byron, vertiendo una cantidad adecuada de sangre. No por capricho, en época de los grandes dogos, las ejecuciones públicas se llevaban a cabo entre las dos columnas. (La explicación de por qué ese espacio tiene virtudes milagrosas, que incluye a las Grayas griegas y a su único Ojo, es una prueba más del laberinto cretense que Powers tiene en su cabeza).

Clara muere repentinamente y las marcas en su cuello bastan para que Shelley confirme su sospecha. Es necesario proceder antes del amanecer. Los poetas discurren en góndola bajo la tarde moribunda, evitando a los soldados austríacos que patrullan calles y canales venecianos (recordemos que Venecia estaba bajo el dominio de Austria en aquellos días de 1818). Para burlarlos, a Byron (¡no!, no nos confundamos: a Powers) se le ocurre una idea macabra: interrumpir un spectaculo di marionette, comprar un títere siciliano y vestir a Clara con la armadura del muñeco para disimular su condición de cadáver y así poder acercarse a la zona de resurrección. Shelley viste el cuerpo de Clara (Powers se regodea describiendo el maltrato al que debe someter el poeta a la niña para encasquetar el pequeño yelmo dorado) y avanza con Byron, que tiene a su hija Allegra con él, hacia las columnas de la plaza.

Y llegamos a la escena que nos estruja el corazón: los austríacos, al ver que Shelley carga una marioneta en sus brazos, le exigen una pequeña función a modo de peaje. ¡Con los ojos llenos de lágrimas, el padre manipula los hilos de su hija muerta haciéndola bailar sobre el pavimento! El lector estará de acuerdo en que no se trata de una escena digitada por un escritor, sino lisa y llanamente de la visión de un psicópata...

Lo que sigue es el entierro cristiano de Clara, no sin antes de que su padre clave una estaca en su pecho para evitar que vuelva rediviva.

La segunda escena, menos alambicada pero igual de siniestra, la protagoniza Allegra, la hija de Byron, y tiene lugar en una villa que el lord alquila cerca de Montenero.

Tras la cena, la sobremesa transcurre tranquilamente aunque sin la presencia de Shelley, como hubiera querido el anfitrión. La conversación gira sobre las precauciones tomadas por Byron para proteger el lugar (y con ello a su última amante, la condesa Teresa Guiccioli) del asedio de su musa-vampiro. Está pintada "de un color entre marrón y un rosa particularmente cálido". La pintura contiene "polvo de hierro" y la madera ha sido "sumergida en aceite de ajo durante varios días". Los "marcos de las ventanas están protegidos con espino silvestre y caléndulas", etc. Mientras bebe, Byron también habla de las municiones de sus pistolas, hechas de plata con incrustaciones de madera en el centro. De pronto, un gemido agudo rompe la serenidad de la reunión. Es un trémolo casi felino en el que Byron cree reconocer el vocablo italiano Papà y, enseguida, la voz de su hija diciendo:

Papà, Papà, mi permetti entrare, fa freddo qui fuorí, ed è buio! (¡Papá, papá, déjame entrar, aquí fuera hace mucho frío y está oscuro!).

Allegra flota en el aire, del otro lado del ventanal que da al jardín, con sus manitas apoyadas en el vidrio. Sus ojos "arden con luz propia" y la sangre de su última víctima embadurna sus labios. Temblando de pies a cabeza pero empuñando con firmeza la pistola cargada, el lord responde:

Sí, tesora, ti piglio dal freddo (Sí, cariño, te guardo del frío).

Se oye un disparo de plata y astillas de estaca y todo acaba para Allegra. Byron no ha podido evitar, como Shelley, que su hija sea una reviniente hambrienta de sangre pero le ha dado la paz...

Powers, loco sin límites, ¿qué hubieras hecho en circunstancias parecidas con una hija tuya enfrente? Queda flotando la pregunta, como la imagen de Allegra del otro lado del cristal en las retinas de su padre...

Harina de otro costal pero tamizada de manera parecida, es el memorable ataque de maldad de Anne Rice en Entrevista con el vampiro quien, una década antes de las elucubraciones de Powers, condena a una niña de cinco años no sólo a una insaciable sed de sangre sino también a que en su cuerpo, cuyo desarrollo ha detenido su condición de monstruo, florezca una mujer con todas sus necesidades orgánicas y morales...

¿Hasta dónde llegará la literatura con sus excesos y delirios?

Felizmente para nosotros, lectores de lo oscuro, nadie puede decirlo.

Daniel Milano.




Novelas góticas. I Novelas de vampiros.


El artículo: Niñas-vampiro fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley»; libro y análisis


«Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley»; libro y análisis.




Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley (Selected Poems or Percy Bysshe Shelley) es una colección de poemas del romanticismo del escritor inglés Percy Bysshe Shelley (1792-1822) —esposo de la escritora Mary Shelley—, publicado de manera póstuma en 1866 .

En Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley, sin dudas una magnífica antología, podemos encontrar casi todos los mejores poemas de Percy Bysshe Shelley, un autor que utilizó de forma exquisita todos los recursos de la filosofía del romanticismo para forjar una obra vital y sumamente original. Buena parte de ese corpus se encuentra entre lo más destacado de la poesía inglesa de todos los tiempos.





Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley.
Selected Poems or Percy Bysshe Shelley, Percy Shelley (1792-1822)
  • Abajo dormía la fría tierra (The Cold Earth Slept Below)
  • Alastor, o el espíritu de la soledad (Alastor: or, The Spirit of Solitude)
  • Cuando las suaves voces mueren (When Soft Voices Die)
  • El pasado (The Past)
  • Filosofía del amor (Love's Philosophy)
  • Himno a la belleza intelectual (Hymn to Intellectual Beauty)
  • Himno de Pan (Hymn of Pan)
  • La dama magnética a su paciente (The Magnetic Lady to Her Patient)
  • Ozymandias (Ozymandias)
  • Temo tus besos (I Fear Thy Kisses)
  • Vino de las hadas (Wine of the Fairies)
  • Adonais (Adonaïs)
  • A una alondra (To a Skylark)
  • El demonio del mundo (The Daemon of the World)
  • El triunfo de la vida (The Triumph of Life)
  • Ensayo poético sobre el estado actual de las cosas (Poetical Essay on the Existing State of Things)
  • Epipsychidion (Epipsychidion)
  • Fragmentos póstumos de Margaret Nicholson (Posthumous Fragments of Margaret Nicholson)
  • La bruja de Atlas (The Witch of Atlas)
  • La caminata del diablo: una balada (The Devil's Walk: A Ballad)
  • La nube (The Cloud)
  • Laon y Cythna (Laon and Cythna)
  • La reina Mab (Queen Mab)
  • Mont Blanc (Mont Blanc)
  • Oda al viento del oeste (Ode to the West Wind)
  • Poesía original de Victor y Cazire (Original Poetry by Victor and Cazire)
  • Rosalinda y Helena (Rosalind and Helen)
  • Sobre la muerte (On Death)
  • Una defensa de la poesía (A Defence of Poetry)




Libros de poemas. I Libros de Percy Shelley.


El análisis y resumen del libro de Percy Bysshe Shelley: Poemas escogidos de Percy Bysshe Shelley (Selected Poems or Percy Bysshe Shelley), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Debo olvidar tus ojos oscuros»: Mary Shelley; poema y análisis


«Debo olvidar tus ojos oscuros»: Mary Shelley; poema y análisis.




Debo olvidar tus ojos oscuros (I Must Forget Thy Dark Eyes) es un poema de amor de la escritora inglesa Mary Shelley (1797-1851), publicado de forma anónima en 1832, en la revista The Keepsake, y luego incluido en numerosas antologías.

Debo olvidar tus ojos oscuros, uno de los más destacados poemas de Mary Shelley, nos introduce en los pensamientos de una mujer que trata de convencerse a sí misma de que debe olvidar al hombre que ama. No obstante, a medida que el poema avanza, empieza a darse cuenta de que prefiere la muerte antes que el olvido.

El hombre que inspiró este exquisito poema de Mary Shelley fue su esposo, Percy Bysshe Shelley, quien falleció en circunstancias trágicas diez años antes de su composición.




Debo olvidar tus ojos oscuros.
I Must Forget Thy Dark Eyes, Mary Shelley (1797-1851)

Debo olvidar tus ojos oscuros, esa mirada cargada de amor;
Tu voz, que me llenó de emoción,
Tus votos, que me perdieron en este salvaje laberinto,
La presión emocionante de tu suave mano;
Y, aún más querido, ese intercambio de pensamientos,
Que nos acercaba aún más el uno al otro,
Hasta que en dos corazones una sola idea forjó,
Y ya no esperó ni sintió miedo sino por el otro.

Debo olvidar esos adornos de flores:
¿Acaso no fueron los mismos que te di?
Debo olvidar el conteo de las horas brillantes del día,
Su sol ya se ha puesto, y tú no regresarás.
Debo olvidar tu amor, y entonces cerrar
Los ojos llorosos en un día inoportuno,
Y dejar que mis pensamientos torturados busquen el reposo
que los cadáveres encuentran en la tumba.

Oh, por el destino de aquella que, transformada en hojas*,
Ya no puede llorar ni emitir gemidos;
O la reina enferma, quien, temblando mientras sufría,
Encontró que su cálido corazón en piedra se convertía.
Oh, por la corriente de las olas del Leteo**,
Igualmente mortal para la alegría y el arrepentimiento;
Acaso nada de todo esto se pueda salvar;
Pero el amor, la esperanza, y tú, son cosas que no puedo olvidar.


I must forget thy dark eyes' love-fraught gaze,
Thy voice, that fill'd me with emotion bland,
Thy vows, which lost me in this wild'ring maze,
The thrilling pressure of thy gentle hand;
And, dearer yet, that interchange of thought,
That drews us nearer still to one another,
Till in two hearts one sole idea wrought,
And neither hoped nor fear'd but for the other.

I must forget to deck myself with flowers:
Are not those wither'd which I gave to thee?
I must forget to count the day-bright hours,
Their sun is set —thou com'st no more to me!
I must forget thy love! —Then let me close
My tearful eyes upon unwelcome day,
And let my tortured thoughts seek that repose
Which corpses find within the tomb alway.

Oh! for the fate of her who, changed to leaves,
No more can weep, nor any longer moan;
Or the lorn queen, who, chilling as she grieves,
Finds her warm beating heart grow calm in stone.
Oh! for a draught of that Lethean wave,
Mortal alike to joy and to regret!
It may not be! not even that would save!
Love, hope, and thee, I never can forget!


Mary Shelley
(1797-1851)


*Dafne, ninfa de los mitos griegos que se transformó en laurel para escapar del dios Apolo.

**Leteo: uno de los ríos del Hades, que al beber de sus aguas, o al cruzarlas, producía el olvido.




Poemas góticos. I Poemas de Mary Shelley.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Mary Shelley: Debo olvidar tus ojos oscuros (I Must Forget Thy Dark Eyes), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Ausencia»: Mary Shelley; poema y análisis


«Ausencia»: Mary Shelley; poema y análisis.




Ausencia (Absence) es un poema del romanticismo de la escritora inglesa Mary Shelley (1797-1851), publicado originalmente en la revista The Keepsake en 1830, y luego reeditado de manera póstuma en la antología: Poemas de Mary Wollstonecraft Shelley (Poems by Mary Wollstonecraft Shelley).

Ausencia, acaso el mejor poema de Mary Shelley, fue escrito en el octavo aniversario de la muerte de su esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley. Este dato merece un breve desarrollo, ya que Ausencia, paradójicamente, tal vez fue compuesto en presencia de la única parte de aquel cadáver que no fue reducida a cenizas.

En 1822, poco antes de cumplir los 30 años, Percy Shelley se ahogó tras el naufragio de su velero, el Don Juan, nombre que a su vez homenajeaba al clásico de Lord Byron. De hecho, cuando el cuerpo fue recuperado, el propio Lord Byron ordenó su cremación en la playa, no sin antes extraer su corazón para ser entregado a Mary Shelley.

Las cenizas del poeta luego fueron trasladadas y enterradas en un cementerio de Roma, pero su corazón fue guardado celosamente por Mary Shelley durante el resto de su vida. No es ilógico pensar que Ausencia haya sido escrito en presencia de aquel misterioso cofre que guardaba el corazón de su esposo.




Ausencia.
Absence, Mary Shelley (1797-1851)

Ah, él se ha ido, y yo estoy sola;
¡Qué oscuro y lúgubre parece el momento!
Así es, cuando el alegre sol flota en el viento,
la noche se precipita sobre el clima oriental.

¿No hay una estrella que alumbre la noche,
un suave crepúsculo que acaso calme mi pecho?
Sí, la memoria arroja su mágica luz,
agradable como el occidente dorado del cielo.

Y la esperanza del amanecer —¡Oh! más brillante
que las nubes que arden en el Este;
más bienvenido que la estrella de la mañana,
es el querido pensamiento—: ¡él regresará!


Ah! he is gone — and I alone;
How dark and dreary seems the time!
‘Tis Thus, when the glad sun is flown,
Night rushes o’er the Indian clime.

Is there no star to cheer this night
No soothing twilight for the breast?
Yes, Memory sheds her fairy light,
Pleasing as sunset’s golden west.

And hope of dawn — Oh! brighter far
Than clouds that in the orient burn;
More welcome than the morning star
Is the dear thought — he will return!


Mary Shelley
(1797-1851)




Poemas góticos. I Poemas de Mary Shelley.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Mary Shelley: Ausencia (Absence), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Mary Shelley: poemas destacados


Mary Shelley: poemas destacados.




La escritora inglesa Mary Shelley, para muchos, la madre de la ciencia ficción, es ampliamente reconocida por su aporte a la novela gótica, sin embargo, su producción literaria también posee otras facetas realmente interesantes. De hecho, los poemas de Mary Shelley se encuentran entre los mejores del romanticismo, a pesar de haber sido un tanto opacados por la figura de su esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley.

En esta sección de El Espejo Gótico nos alejaremos un poco de los relatos de Mary Shelley para introducirnos en el ámbito de la poesía. A continuación compartimos algunos de los más destacados poemas de Mary Shelley en nuestra biblioteca.




Poemas de Mary Shelley.
  • Amar en la soledad y el misterio (To Love in Solitude and Mystery)
  • Ausencia (Absence)
  • Cuando ya no esté (When I'm No More)
  • Debo olvidar tus ojos oscuros (I Must Forget Thy Dark Eyes)
  • Ven a mí en sueños (O, Come to me in Dreams)
  • A la muerte (To the Death)
  • ¡Bella Italia! (Fair Italy!)
  • Canción (Song)
  • Como una estrella te levantaste en mi vida (How Like a Star You Rose upon My Life)
  • Cuando ya no exista (When I'm no More)
  • Fama (Fame)
  • Fragmento (Fragment)
  • La elección (The Choice)
  • La marea del tiempo estaba a mis pies (The Tide of Time was at my Feet')
  • La muerte del amor (The Death of Love)
  • La vida es sueño (La Vida es sueño)
  • Oda a la ignorancia (Ode to Ignorance)
  • Oh, escucha mientras canto para tí (Oh Listen While I sing to Thee)
  • Tiempo de morir (Tempo e' piu di Morire)
  • Una escena nocturna (A Night Scene)
  • Un canto fúnebre (A Dirge)




Libros de poemas. I Libros de Mary Shelley.


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«Amar en la soledad y el misterio»: Mary Shelley; poema y análisis


«Amar en la soledad y el misterio»: Mary Shelley; poema y análisis.




Amar en la soledad y el misterio (To Love in Solitude and Mystery) es un poema de amor de la escritora inglesa Mary Shelley (1797-1851), publicado de manera anónima en la edición de 1832 de la revista literaria The Keepsake. Más de cien años después se determinó su autoría y se lo reeditó en la antología: Cartas y poemas inéditos de Mary Wollstonecraft Shelley (Newly Uncovered Letters and Poems by Mary Wollstonecraft Shelley).

Amar en la soledad y el misterio, uno de los más exquisitos poemas de Mary Shelley, refleja los pensamientos de una mujer enamorada que, literalmente, ama en silencio, es decir, que vive en el misterio de un amor imposible.

La narradora del poema, sin embargo, se pregunta por qué sus sentimientos persisten a pesar de que ese amor seguirá siendo imposible. Su conclusión contradice a la idea de amor de acuerdo a las características del romanticismo, que veía en él una fuerza irresistible, implacable, contra la cual uno puede abandonarse por completo o bien romperse en mil pedazos.

Una tercer opción emerge de la desesperanza: el amor merece ser vivido, merece adoración por el amor mismo, aún cuando éste no sea recíproco.

Amar en la soledad y el misterio seguramente fue dedicado al gran amor de Mary Shelley, nos referimos al poeta inglés Percy Bysshe Shelley.




Amar en la soledad y el misterio.
To Love in Solitude and Mystery, Mary Shelley (1797-1851)

Amar en la soledad y el misterio;
conseguir eso que nunca podrá ser mío;
contemplar el terrible bostezo de un abismo
entre mi ser y mi elegido santuario,
derrochar —ser yo misma mi esclava—
¿Cuál será la cosecha de la semilla que dí?

El amor responde con una querida y sutil astucia;
porque él, encarnado, viene con tan dulce disfraz,
que usando el arma de una sonrisa,
y mirándome con ojos de ardiente calma,
no puedo resistir el más intenso deseo:
a su adoración dedicarle mi alma.


To Love in Solitude and Mystery;
To prize one only who can ne´er be mine;
To see a dark gulf yawn fearfully
Between myself and my selected shrine,
And prodigal to one —myself a slave—
What harvest reap I from the seed I gave?

Love answers with a dear and subtle wile;
For he incarnate comes in such sweet guise,
That, using but the weapon of a smile,
And gazing on me with love-kindling eyes,
I can no more resist the strong control,
But to his worship dedicate my soul.


Mary Shelley
(1797-1851)




Poemas góticos. I Poemas de Mary Shelley.


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Percy Bysshe Shelley: poemas de amor destacados


Percy Bysshe Shelley: poemas de amor destacados.




Percy Bysshe Shelley (1792-1822) fue, sin dudas, uno de los más importantes poetas ingleses del romanticismo. De hecho, los poemas de amor de Percy Bysshe Shelley poseen un fuerte componente revolucionario, erótico, sensual, bastante alejado de las convenciones y dispuesto a retratar los aspectos más oscuros y, a la vez, los más humanos, del amor.

De más está insistir acerca de la influencia que tuvieron los poemas de amor de Percy Shelley para definir en cierto modo las características del romanticismo. Baste decir que sus obras lograron resumir la complejidad de toda una era de manera brillante.

En esta sección de El Espejo Gótico iremos repasando algunos de los más destacados poemas de amor de Percy Bysshe Shelley.




Poemas de amor de Percy Bysshe Shelley:




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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«Cuando las suaves voces mueren»: Percy Bysshe Shelley; poema y análisis


«Cuando las suaves voces mueren»: Percy Bysshe Shelley; poema y análisis.




Cuando las suaves voces mueren (When Soft Voices Die) —cuyo título completo es: Música: cuando las suaves voces mueren (Music, When Soft Voices Die)— es un poema del romanticismo del escritor inglés Percy Bysshe Shelley (1792-1822), compuesto en 1821 y publicado en la antología de 1824: Poemas póstumos de Percy Bysshe Shelley (Posthumous Poems of Percy Bysshe Shelley), con prefacio de su esposa, la escritora Mary Shelley.

Cuando las suaves voces mueren, uno de los mejores poemas de amor de Percy Shelley, y sin dudas uno de los más representativos del romanticismo, expresa cómo algunos hechos y sensaciones, a pesar del paso del tiempo, perduran intactos en la memoria.




Cuando las suaves voces mueren.
When Soft Voices Die, Percy Shelley (1792-1822)

Cuando las suaves voces mueren,
su música aún vibra en la memoria;
cuando las dulces violetas enferman,
su fragancia se prolonga en los sentidos.

Las hojas del rosal, cuando la rosa muere,
se apilan para el lecho del amante;
y así en tus pensamientos, cuando te hayas ido,
el amor mismo dormirá.


Music, when soft voices die,
Vibrates in the memory;
Odours, when sweet violets sicken,
Live within the sense they quicken.

Rose leaves, when the rose is dead,
Are heap'd for the belovèd's bed;
And so thy thoughts, when thou art gone,
Love itself shall slumber on.


Percy Shelley
(1792-1822)




Poemas góticos. I Poemas de Percy Bysshe Shelley.


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«Ven a mí en sueños»: Mary Shelley; poema y análisis


«Ven a mí en sueños»: Mary Shelley; poema y análisis.




Ven a mí en sueños (O, Come to me in Dreams) —a veces publicado como: Oh, ven a mí en sueños, mi amor (O, Come to me in Dreams, My Love)— es un poema del romanticismo de la escritora inglesa Mary Shelley (1797 -1851), compuesto en 1834 y publicado en la revista The Keepsake en 1839.

Ven a mí en sueños, uno de los grandes poemas de Mary Shelley, describe la congoja, el dolor, pero también la esperanza de una mujer que ha perdido a su pareja y ansía encontrarla de nuevo en sus sueños; del mismo modo en que la autora seguramente deseaba soñar con su esposo, el poeta Percy Shelley, quien falleció prematuramente en 1822.

Lejos de situarnos en medio de la atmósfera tétrica que subyace en los relatos de terror de Mary Shelley, Ven a mí en sueños revela otro costado de esta estupenda autora; más íntimo, quizá, aunque igualmente inquietante.




Ven a mí en sueños.
O, Come to me in Dreams, Mary Shelley (1797-1851)

Oh, ven a mí en sueños, mi amor;
no pediré una dicha más ansiada;
ven con haces estrellados, mi amor,
y con tu beso acaricia mis párpados.

Y así fue, como las antiguas fábulas dicen,
que el amor visitó a una doncella griega,
hasta que ella perturbó el hechizo sagrado,
y despertó para encontrar sus esperanzas traicionadas.

Pero el apacible sueño velará mi vista,
y la lámpara de Psique se oscurecerá,
cuando en las visiones de la noche
renueves tus votos para mí.

Entonces ven a mí en sueños, mi amor,
no pediré una dicha más ansiada;
ven con haces estrellados, mi amor.
y con tu beso acaricia mis párpados cerrados.


Oh, come to me in dreams, my love!
I will not ask a dearer bliss;
Come with the starry beams, my love,
And press mine eyelids with thy kiss.

’Twas thus, as ancient fables tell,
Love visited a Grecian maid,
Till she disturbed the sacred spell,
And woke to find her hopes betrayed.

But gentle sleep shall veil my sight,
And Psyche’s lamp shall darkling be,
When, in the visions of the night,
Thou dost renew thy vows to me.

Then come to me in dreams, my love,
I will not ask a dearer bliss;
Come with the starry beams, my love,
And press mine eyelids with thy kiss.


Mary Shelley (1797-1851)




Poemas góticos. I Poemas de Mary Shelley.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Mary Shelley: Ven a mí en sueños (Come To me in Dreams), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

10 grandes autores adictos a las drogas


10 grandes autores adictos a las drogas.




Las drogas y la literatura no necesariamente están vinculadas, aunque de hecho existan varios casos de notable asimilación.

Si bien el consumo de drogas no es un requisito indispensable para que un autor pueda acceder a los sótanos de su conciencia y enfrentar a los miedos primordiales que lo pueblan, tampoco una vida frugal, libre de colesterol y sobresaltos hepáticos, nos aseguran ese grado de indiscreción.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de 10 grandes autores adictos a las drogas. Naturalmente, podríamos citar docenas más de ellos, quizás cientos, pero difícilmente con el mismo nivel de compromiso con la adicción, la autodestrucción y el arte de escribir para socavar el infierno personal, la esclavitud que supone cualquier atadura física y emocional a las drogas.

En esta lista evitaremos la adicción al alcohol, la cual merece un capítulo aparte.


10- John Keats.


John Keats fue un notable poeta del siglo XIX. A pesar de su enorme genio, sus progresos eran muy lentos, a tal punto que publicó su primer poema apenas cuatro años antes de su muerte, que de hecho se produjo de forma prematura, a los 25 años de edad, debido a la tuberculosis.

De una lentitud pasmosa John Keats pasó a la productividad más impresionante. A comienzos de 1819, se volvió adicto al opio, lo cual le trajo aparejado un sinfín de malestares físicos pero también un ritmo de composición asombroso. En pocos meses creó sus poemas más conocidos: Oda a un ruiseñor (Ode to a Nightingale) y Oda a la indolencia (Ode to Indolence); los cuales parecen evidenciar un corte abrupto, un quiebre, con sus primeras obras.

Como a muchos niños de aquella época, a John Keats también se le administró láudano desde muy temprana edad para tratar los efectos letales de la diarrea.



9- Charles Baudelaire.


El autor francés Charles Baudelaire, creador de Las flores del mal (Les fleurs du mal), fue un miembro activo del Club de Hachichins (Hashish Club), donde entabló amistad con otros artistas de la época, como Alejandro Dumas y el pintor Eugène Delacroix.

Charles Baudelaire no solo se volvió un consumidor frecuente del hashish, sino que también escribió sobre sus virtudes terapéuticas —totalmente desacreditadas en nuestros días— y la facilidad con la que esta sustancia podía inducir estados vecinos de la inspiración.
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8- Samuel Taylor Coleridge.


Samuel Taylor Coleridge obtuvo la inmortalidad a través de dos poemas impresionantes: La balada del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner) y Kubla Khan (Kubla Khan). De hecho, toda su obra poética posee un aura etérea, anhelante, como si hubiese sido construida dentro de un sueño.

Samuel Taylor Coleridge no se enorgullecía de su adicción; de hecho, la ocultaba como un secreto bastante incómodo. Por ejemplo, aseguraba que Kubla Khan había sido compuesto durante el sueño, sin aclarar que ese sueño era en realidad una ensoñación inducida por el consumo de opio, en este caso, para tratar los síntomas de la disentería.

Samuel Taylor Coleridge comenzó su adicción cuando era un estudiante, y durante cuarenta años construyó una resistencia admirable contra sus efectos, a tal punto que podía llegar a consumir dos cuartos de botella de láudano (derivado del opio) en una semana.

Para poner en perspectiva esa dosis descomunal hay que calcular que, en el siglo XVIII, las concentraciones de láudano contenían 10 mg. de morfina por mililitro; lo cual se traduce en unos 18.9 gramos de morfina por semana para la dieta de Coleridge. Solo se necesita 1.2 gramos de esta sustancia para matar a un caballo.



7- Percy Shelley.


En una época difícil para ejercer la libertad personal, Percy Shelley se volcó al opio para alterar su conciencia y ejecutar acciones consideradas totalmente inadecuadas para la sociedad.

Tanto él como su futura esposa, Mary Shelley —autora de Frankenstein (Frankenstein)—, se entregaron al abrazo devastador del dragón verde. Años después, esas experiencias se transformaron en frecuentes episodios de confusión, pesadillas, espasmos, convulsiones, y al menos un intento de suicidio.

Según sus propias observaciones, el opio era una especie de catalizador de la creatividad de Percy Shelley; sin embargo, lo esclavizaba en el resto de las áreas de su vida cotidiana, perjudicando con particular énfasis su salud mental y estabilidad emocional, al punto de conducirlo a verdaderos arrebatos de locura.



6- Elizabeth Barrett Browning.


Elizabeth Barrett Browning fue una de las más reconocidas poetisas victorianas. A su increíble productividad hay que sumarle otras ocupaciones, por ejemplo, sus campañas contra la esclavitud y varias reformas legislativas vinculadas al trabajo infantil y los derechos de la mujer.

Por prescripción médica, Elizabeth Barrett Browning empezó a consumir láudano (más precisamente, tintura de opio) a los 14 años de edad para suavizar los terribles dolores que sufría en la columna y el cuello.

Los dolores la acompañaron durante el resto de su vida, así como el láudano y la morfina. A los 20 años de edad, la adicción era una parte esencial de su rutina diaria. Elizabeth Barrett Browning consumió su última dosis el 29 de junio de 1861, cuando contaba con apenas 37 años. Horas después, su cuerpo sin vida fue hallado en la cama, según los dichos de su esposo, el poeta Robert Browning, con una sonrisa rígida tallada en el rostro.



5- Aleister Crowley.


Aleister Crowley, más conocido por sus aportes al ocultismo y el esoterismo, también fue un excelente poeta; y quizás habría llegado a ser uno realmente genial si hubiese evitado frecuentar ciertas adicciones particularmente desagradables.

Después de haber consumido heroína para tratar su asma, Aleister Crowley se convirtió en adicto. En su obra: Confesiones (Confessions), el mago realiza un minucioso repaso por sus sustancias predilectas: peyote, marihuana, morfina, mescal, ether, opio. Murió en 1947 de una complicación respiratoria producida por su primer gran amor: la heroína.



4- Robert Louis Stevenson.


Robert Louis Stevenson fue un consumidor frecuente de cocaína, por aquel entonces, una sustancia legal. Estaba enfermo de tuberculosis y las drogas servían para paliar las terribles dolencias y malestares que padecía prácticamente todo el tiempo. No obstante, el consumo trajo aparejadas otras prestaciones.

Casi inválido, incapaz de realizar las tareas más elementales, Robert Louis Stevenson llegó a escribir más de 60.000 palabras en cinco días. No cualquier tipo de palabras, como fácilmente podríamos atribuirle a un adicto fuera de control, sino las que conforman la totalidad de la novela: El extraño caso del doctor Jeckyll y mr. Hyde (The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde); la cual menciona un polvo blanco capaz de transformar a alguien correcto y agradable en un detestable criminal.



3- William S. Burroughs.


William S. Burroughs escribió más de 18 novelas y una cifra incalculable de relatos. Su obra más famosa, sin embargo, no tiene nada que ver con la ficción: Junkie, autobiografía despiadada, relata precisamente su experiencia como adicto a las drogas, de todo tipo, clase y frecuencia.

Burroughs manifiesta un punto de vista negativo acerca del uso de drogas como forma de aumentar la creatividad. Por el contrario, opina que las drogas solo aumentan la productividad del escritor mediocre:

Ya sea si la aspiras, la fumas, la comes, o si te la metes por el culo: el resultado es el mismo.

(Whether you sniff, it smoke it, eat it, or shove it up your ass, the result is the same)



2- Philip K. Dick.


Philip K. Dick, que dicho de paso también sufría de esquizofrenia, fue un verdadero maestro de la ciencia ficción. Publicó 44 novelas y 121 relatos fantásticos, muchos de los cuales fueron escritos bajo el abuso de anfetaminas.

Buena parte de sus novelas se basan en personajes incapaces de diferenciar la realidad de la psicosis; de hecho, el propio Philip K. Dick solía tener alucinaciones frecuentes acerca de un gigantesco rostro metálico que lo observaba desde el cielo, y hasta llegó a considerar la posibilidad de que su cuerpo estuviese poseído por el espíritu del profeta Elías.

Las drogas lo convirtieron en un sujeto paranoico; lo cual se refleja en un episodio ocurrido en 1971, donde un ladrón común ingresó a su domicilio. Durante los siguientes 11 años, Philip K. Dick escribió docenas de miles de páginas acerca de una conspiración mundial. La hipótesis más interesante deduce que él mismo fue aquel ladrón, y que su cerebro habría sido lavado por una agencia gubernamental desconocida.

En 1982, a la edad de 54 años, Philip K. Dick sufrió dos derrames cerebrales y murió pocos días después. Dentro de su interminable lista de genialidades podemos mencionar: El hombre en el castillo (The Man in the High Castle), Ubik (Ubik), SIVAINVI (VALIS), Podemos recordarlo por usted (We Can Remember It for You Wholesale) y Una mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly).



1- Thomas De Quincey.


Thomas De Quincey escribió el primer libro sobre adicciones a las drogas de occidente: Confesiones de un inglés comedor de opio (Confessions of an English Opium-Eater).

Si bien Thomas De Quincey cayó en las garras del opio al utilizar esta sustancia como tratamiento para la neuralgia, rápidamente se convirtió en un adicto. Para 1813 se encontraba totalmente obsesionado con el consumo, el cual se acentuaba durante breves pero horrorosos períodos de abstinencia.

De Quincey, en parte gracias a la traducción de Charles Baudelaire, titulada Los paraísos artificiales (Les paradis artificiels), se convirtió en un referente de la literatura más oscura del período, y en uno de los ejemplos más perturbadores de lo que la adicción a las drogas puede hacer con la integridad del hombre.




Autores con historia. I Autores en El Espejo Gótico.


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