Eros y Psique: una historia de amor


Eros y Psique: una historia de amor.


¿Qué sucede cuando el Deseo y el Espíritu se aman? Se transforman en mito.

Pero hay mitos cuya naturaleza no es estática: se mueven, crecen, se identifican con nuevas fases del arte, y finalmente renacen. Tal es el caso de esta historia de amor entre Eros y Psique.


Psique era la hija más hermosa de un ignoto rey de Anatolia. Su belleza era tal que incluso despertó los celos de Afrodita, la diosa del amor, quien envió a su propio hijo, Eros, para que la perforase con una flecha envenenada que la condenaría a enamorarse del hombre más terrible y cruel que encontrase.

No obstante, cuando Eros advirtió la belleza de Psique, arrojó la flecha al mar y raptó a la joven mientras dormía, llevándola a las doradas estancias del Olimpo.

La situación estaba lejos de ser ideal. Para no levantar sospechas -la ira de los dioses no conoce límites- Eros se presentaba ante la joven únicamente de noche, y le prohibió que lo interrogue sobre su verdadera identidad. Con cada ocaso los jóvenes se amaban en la oscuridad, dilatando sus caricias hasta el preludio del alba, momento en el que Eros huía junto a las sombras fugitivas.

Cierta noche Psique le confesó a su amado que extrañaba profundamente a sus hermanas. Eros, con la visión sobrenatural de los dioses, le concedió el deseo de verlas pero le advirtió que serían ellas las causantes de su ruina. Las hermanas fueron trasportadas al Olimpo durante ese breve e incierto pasaje entre el sueño y la vigilia. Asombradas por la majestuosidad del palacio, interrogaron rápidamente a Psique sobre la identidad de su marido. Incapaz de explicarles quién era, o cómo era, Psique terminó confesando la verdad.

Las hermanas le sugirieron una estratagema: encender una lámpara en medio de la noche para contemplar el rostro de su marido, y evitar así la posibilidad de estar compartiendo el lecho con un monstruo o un hechicero. Psique llevó a cabo el plan con perfecta astucia. Cuando las sombras eran más espesas, y los besos y caricias se había diluído como una tormenta que poco a poco se repliega hacia el horizonte, la joven encendió la lámpara.

Eros dormía. Su rostro era como si la perfección de las esferas celestiales hubiesen encontrado la forma de adoptar una forma humana. Maravillada por la belleza del joven, Psique tropezó y una gota de aceite cayó sobre el rostro de Eros.

El Hijo del Amor despertó indignado. La furia de los Inmortales resplandeció en sus ojos; una ira primordial, implacable, que no conoce paralelos en el corazón humano. Con en peso colosal de la decepción sobre los hombros, Eros le recordó su promesa, y luego abandonó el palacio, asegurándole que ya no volverá a verlo jamás.

Cuando Psique tomó plena conciencia de su traición, cayó de rodillas y le rogó a Afrodita por un milagro; pero la diosa, dueña de un rencor que sólo el amor traicionado puede albergar, le ofrece una única posibilidad para recuperar a su amante, un trabajo imposible para cualquier mortal: descender al Hades.

Impulsada por un error sincero, Psique se encaminó hacia el inframundo para rogar a Perséfone, la Reina del Submundo, que la honre con un cabello de su exhuberante corona. Un pedido osado, y acaso fatal, que sólo se justifica por la audacia propia de los amantes abandonados, en definitiva, capaces de cualquier cosa con tal de recuperar aquello que han perdido.

Afrodita, que siempre supo como sacar provecho aún de las situaciones más peligrosas, sabía que en cada cabello de Perséfone se hallaba el gérmen de una belleza poco convencional. Para hacerse de ella le entregó a Psique un cofre negro como las alas de la noche, en donde debía depositarlo con sumo cuidado, pues la hermosura del inframundo es letal para el tacto humano.

Pero existe un sólo camino hacia el Hades: la muerte.

Psique estaba a punto de arrojarse desde lo alto de una torre cuando una voz extraña le indicó un pasaje alternativo, una suerte de umbral sobre el que poco se sabe. La joven ingresó a las Estancias de la Muerte y con dulces de cebada apaciguó la furia de Cerbero, el perro de los infiernos. Luego se encontró con Caronte, a quien pagó con un óbolo para que la llevase directamente ante Perséfone.

La Reina del Hades se conmovió con su historia, y le cedió uno de sus cabellos negros.

Psique abandonó el Hades, pero en un descuido el cofre se abrió, y de él emergió un vapor narcótico que los griegos llamaban el Sueño Estigio, es decir, el olvido inevitable que cae sobre todos los muertos.

Eros, que había seguido desde el Olimpo los viajes y aventuras de Psique, se presentó ante Zeus para que éste interceda por la joven. El anciano Rey de Reyes, conocedor de las debilidades del amor, convirtió a Psique en inmortal y la trasladó a los palacios de Eros.


En griego Psiqué significa "soplar", pero en un sentido espiritual, es decir, Psiqué es el aliento que se exhala antes de morir, el hálito que sirve de vehículo para el espíritu ya desencarnado. Para los griegos la Psiqué llevaba una vida errante luego de abandonar el cuerpo humano, aunque generalmente terminaba en el Hades, donde residía como un espectro nebuloso, una fantasmagoría que no recordaba su pasado en la tierra. Con gran astucia, Homero nos recuerda que Psiqué suele aparecer ante los humanos como una mariposa, cuyo nombre, Psiché, terminarían fundiéndose en un mismo concepto.

Eros, por su parte, significa "deseo". Es el amor en movimiento, es decir, el amor que desea, que se arroja sobre el mundo. No el amor como sentimiento estático, rígido en el corazón, sino el amor en acción.

No es extraño que cuando Eros y Psique (El deseo y el alma) se unen en las Estancias Imperecederas, el resultado es un vástago que los griegos nombraban poco, pero que en Roma fue adorado como un dios perfecto del amor, ya que en él se fundían las dos facetas más importantes del hombre. Allí se lo llamó Voluptas, es decir, Placer.


Hay otro detalle subjetivo que me gustaría mencionar. El pintor francés William-Adolphe Bouguereau (ver la imagen de arriba) imaginó el rapto de Psique no como un acto violento, sino todo lo contrario. Basta contemplar el rostro extasiado de Psique para advertir que el Espíritu, a menudo prisionero de las convenciones sociales, se lanza gozosamente a los brazos del Deseo cuando este emerge imprevistamente de la noche.

Lord Aelfwine.



El artículo: Eros y Psique, una historia de amor fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

4 comentarios:

la_ultima_rosa dijo...

Me encanto la historia, muchas gracias por compartirla, hace muchos años lei de niña un libro sobre esta historia en la biblioteca y quede prendada. Siempre soy feliz de poder volver a leerla.

KITTYBIRDECOLOGICA dijo...

HOLA HACER RATO QUE ESTOY SUSCRITA A ESTA PAGINA Y ME PARECE FANTASTICA EL CONOCIMIENTO Y EL CRITERIO PROPIO DE QUIENES ESCRIBEN ..SIEMPRE ME HA FASCINADO ESTA HISTORIA ES IMPOSIBLE DESCRIBIRLA BELLA ES POCO....GRACIAS POR PUBLICARLA,POR CIERTO TAMBIEN NOS MUESTRA ALGO EL AMOR TIENE CAMINOS EXTRAÑOS A VECES PERO SABIOS....

MarinaRR dijo...

Me encanta la histotia, gracias por publicarla y analizarla de forma tan acertada.
Me gustaría compartir las conclusiones a las que yo llegué, de forma breve:
El amor, el verdadero amor, se siente atraído por la belleza del alma. Sin más.

En ciertos momentos, el amor puede ''limpiar'' nuestro espíritu, hacernos resurgir, salvarnos.

Saludos.

arturo dijo...

gracias por el articulo, amor,deseo y alma, placer, simplemente la redacción te atrapa.. de nuevo, gracias