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Las Grayas y el engaño de Perseo


Las Grayas y el engaño de Perseo.

El viaje de los héroes está lleno de prodigios. Algunos de ellos entran y salen de la historia como eventualidades inciertas, difíciles de retener, y otros, de hecho, la mayoría, quedan aplastados por el final contundente de la jornada heroica.

Tal es el caso de las Grayas, o Greas, tres damas ancestrales que entran y salen del mito de Perseo sin perdurar en la memoria del lector.

Las Grayas (Γραῖαι), cuyo nombre proviene del griego antiguo graĩai, "viejas", fueron antiquísimas diosas preolímpicas. En algunos mitos son apenas dos hermanas, pero rápidamente adoptaron un triunvirato más afín a la concepción clásica del mito helénico. Eran hijas de Forcis y Ceto, ascendencia que las ubica entre las misteriosas fórcides, es decir, personificaciones de la espuma marina.

Las Grayas nacieron prolijamente ancianas, de cabellos grises y piel ajada, cuestión que estimuló la osadía de los antiguos poetas, que a menudo las llamaban "jóvenes" y "hermosas" acaso para aplacar la furia proverbial con la que reprimían los epítetos innobles. Sus verdaderos nombres eran Dino (temor), Enio (Horror) y Pefredo (alarma). Para mayor infortunio, las Grayas poseían un único diente y un solo ojo para las tres, que intercambiaban y compartían por turnos, ya sea para alimentarse como para ver. Cuando una Graya estaba en posesión del ojo y el diente, las otras dos dormían.

A pesar de las posibilidades narrativas de estas curiosas ancianas, las Grayas solo aparecen en un mito, el de Perseo, el matador de Medusa.

Se dice que cuando el héroe se hallaba en camino para cortar la cabeza de la Gorgona, encontró a las Grayas de casualidad, ya que éstas custodiaban el acceso a la lúgubre morada de Medusa. Aprovechando un momento en el que tanto el ojo como el diente pasaban de mano en mano, Perseo ensartó el desproporcionado globo ocular y lo arrojó al lago Tritonis.

Posteriores versiones más elaboradas del mito señalan que las Grayas tenían un oráculo, y que conocían el secreto para matar a la Gorgona, cuya sola mirada petrificaba a los audaces. El secreto, por cierto, difícil de elucidar sin ayuda, consistía en conseguir unas sandalias aladas de un grupo de ninfas, una alforja llamada kibisis para guardar la cabeza de Medusa, y el casco de Hermes, ampliamente conocido en la antigüedad por sus propiedades mágicas.

Instruido por la sabia Atenea de que las Grayas conocían el secreto, Perseo las enfrentó con su espada, les robó tanto el ojo como el diente en un descuido fatal, y las extorsionó para que le confíen la ubicación aquellos tesoros. Las ancianas, desfavorecidas por la ceguera, no solo denunciaron la procedencia de las ninfas, sino que educaron al héroe en el arte de masacrar Gorgonas, hecho que no impidió que Perseo, ya en posesión de la verdad, destruyera el ojo y el diente con su espada.

El final de las Grayas sigue siendo un misterio, ya que ningún otro mito volvió a reparar en ellas. Se dice que tras la victoria de Perseo las hermanas perdieron mucho de su poder, y que su reputación cayó notablemente entre los dioses. Incluso Tanatos, la muerte en persona, solía divertirse con ellas escondiendo sus ropas y vituallas, riendo al verlas tropezar y golpearse mutuamente al intentar recuperarlas. Algunos señalan que al perder aquel ojo perdieron también la inmortalidad. Otros juzgan que siguieron siendo inmortales, pero que la pena y la vergüenza les impiden reclamar su lugar entre los dioses, ya que en el Olimpo no hay lugar para los vencidos.

Aún hoy pasan sus días en perfecta ceguera y casi absoluta inanición, balbuceando historias sobre un matador de monstruos que faltó a su palabra.




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