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«Terminus»: Edith Wharton; poema y análisis


«Terminus»: Edith Wharton; poema y análisis.




Terminus (Terminus) es un poema de amor de la escritora nortemericana Edith Wharton (1862-1937), escrito en 1909 y publicado de manera póstuma.

Terminus, uno de los mejores poemas de Edith Wharton, nos induce una pregunta: ¿Cuál es la relación entre un lugar [por ejemplo, una habitación barata en un hotel de mala muerte] y la memoria?

En Terminus, Edith Wharton habla de sus recuerdos del tiempo que pasó con su amante en una de estas exquisitas pocilgas. El Lugar y el Tiempo [al menos en la memoria] tienen una relación porque estos encuentros clandestinos están ocurriendo en el pasado, en un lugar específico. Digo «están ocurriendo» porque la lectura de Terminus es como una reproducción de esos momentos.

La memoria aquí se basa en sus encuentros sexuales en la habitación del hotel, y la autora utiliza imágenes vívidas para establecer el tono a lo largo del poema. La habitación y la estación de tren funcionan como los mismos universos para Edith Wharton, que confluyen en el placer que comparte con su amante. Esta experiencia parece haberla cambiado de manera significativa, y también a nosotros.

Edith Wharton nació en una familia de clase alta, aristocrática, podríamos decir. Su infancia fue miserable, y algunos deducen que posiblemente fue abusada [el poema The Beatrice Palmato es el crudo relato de una relación incestuosa entre padre e hija]. Apenas sobrevivió a la juventud, solo para contraer un matrimonio por conveniencia que desembocó en doce años de fatiga crónica, ataques de asma y colapsos nerviosos. Eventualmente descubrió que su marido, un sujeto superficial, y su rígida vida social, parecían ser la causa de sus padecimientos. Sin embargo, contra todo pronóstico, esta chica inhibida comenzó a escribir y dejó de sentirse una víctima.

Edith Wharton tomó el control de su vida, mudó a su esposo a otro dormitorio y se distanció de su madre y de sus entornos sociales tóxicos. Se enamoró de Europa, de la libertad y el estímulo intelectual que encontró allí. Aunque aparentemente era una eduardiana convencional [sus fotografías revelan a una mujer encorsetada y envuelta en perlas y pieles], Edith Wharton se rebeló silenciosamente contra su familia, su país, la alta sociedad estadounidense y las horas vacías con su marido. Leyó, escribió, viajó, conoció gente interesante, hizo amigos. Y finalmente conoció a un hombre, el periodista, bisexual y mujeriego: Morton Fullerton.

Edith Wharton lo adoraba, pero él, de repente, desaparecía de su vida, solo para regresar inesperadamente. Aunque estaba bastante enamorado de ella, Fullerton tenía un carácter desenfadado y la monogamia no era una de sus virtudes [si es que es una virtud en primer lugar]. Meses de apasionados encuentros amorosos dejaron a Edith Wharton eufórica y, sin embargo, temerosa: el costo del romance podía ser alto. Le preocupaba la posibilidad de que se desatara un escándalo público, de ser chantajeada; en fin, los miedos típicos de una mujer de la época cuando contradecía los mandatos sociales.

En 1909, Edith Wharton encontró un lugar secreto para encontrarse con su amante: un hotel de mala muerte. Este es el Lugar. El Tiempo se encuentra entre los intersticios de su vida, mientras estaba en tránsito, de viaje, sin indiscretos sirvientes cerca. La cita era en una victoriana estación de tren, en las afueras de Londres. El Charing Cross Hotel estaba muy cerca, y si bien su función era dar cobijo a viajeros que habían perdido su tren, también era reconocido por su hospitalidad con los amantes clandestinos. En la lúgubre habitación 91 sucedió algo bastante extraordinario. Edith Wharton, de cuarenta y cinco años, se convirtió en una diosa sexual. Allí, quizás por primera vez, hizo el amor apasionadamente.

Mientras yacía en los brazos de su amante, Edith Wharton se sintió profundamente conectada con la humanidad, con los viajeros que también habían amado en esa pocilga. Allí, sobre el colchón sucio, envuelta en sábanas baratas, escribió Terminus:


[Y yaciendo allí, en silencio, en tus brazos, mientras las olas del éxtasis retrocedían,
muy por debajo del margen del ser oímos el latido del alma,
me alegré al pensar en esos otros, los sin nombre, los muchos,
que tal vez así habían estado acostados, amando durante una hora al borde del mundo.
]


Fullerton demostró ser un infiel irrecuperable, y Edith Wharton rompió la relación; sin embargo, se enriqueció con la experiencia, y nunca la olvidó. «Por fin he bebido el vino de la vida —confió en su diario íntimo—. He conocido lo que vale la pena conocer.» A partir de entonces, Edith Wharton se ganó el derecho a escribir sobre el amor por experiencia propia, y cambió su vida radicalmente. Se divorció de su apático marido, se mudó a Francia de forma permanente, escribió más novelas [la mayoría, excelentes] y cultivó hermosos jardines. Eventualmente sería condecorada por el gobierno francés por sus iniciativas filantrópicas durante la Primera Guerra Mundial.

Aunque Edith Wharton vivió mucho y bien, algunos hábitos, como la discresión, persistieron. Escribió una autobiografía sumamente inocua. Luego, desafortunadamente, sus exégetas la malinterpretaron, y a menudo fue retratada como una mujer insípida, poco afín a las experiencias fuertes. Esta imagen deplorable se derrumbó cuando se encontró su Diario de amor (Love Diary), en el que registró sus encuentros románticos con Fullerton. Desde entonces, toda clase de documentos personales salieron a la luz, entre ellos, más de veinte cartas que Edith Wharton le escribió a Fullerton [y que en vano exigió su devolución] Estos hallazgos desafiaron la imagen que el mundo tenía de ella.

La vida de Edith Wharton [la real, sin censuras, la que a menudo transcurre en pocilgas] demostró ser una vida extraordinariamente rica. Fue una sobreviviente, una mujer que se atrevió a abrazar la vida, a elegir, a disfrutar de su cuerpo. En este sentido, Terminus es una obra maestra que abandona los escenarios luminosos para situarnos en un hotel de mala muerte, en una habitación miserable, donde una mujer y un hombre dejan atrás todo lo que hay de superfluo en la vida, y quedan solos, desnudos, vulnerables.




Terminus.
Terminus, Edith Wharton (1862-1937)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Maravillosas fueron las largas noches secretas que me diste, mi Amante,
palma con palma, pecho con pecho, en la penumbra. La tenue lámpara
que enrojecía con mágicas sombras la habitación de la posada
con sus apagados muebles impersonales, encendía una llama mística
en el corazón del espejo oscilante, el cristal que ha visto
los rostros innumerables y vagos de interminables viajeros autómatas,
girando por los caminos del mundo como remolinos de polvo barridos en la calle,
rostros indiferentes o cansados, ceños fruncidos de impaciencia o dolor,
sonrisas (si las hubo alguna vez) como la tuya y la mía cuando se encontraron aquí,
en este mismo espejo, mientras me ayudaste a aflojar mi vestido,
y las bocas de sombras se fundieron en una, como aves marinas que se encuentran en una ola.
Esas sonrisas, sí, esas sonrisas que tal vez ha reflejado el espejo;
y la cama baja y ancha, surcada y gastada como una carretera,
la cama con su zaraza empapada de hollín, la mugre de sus latones,
que ha soportado el peso de cuerpos destrozados, manchados de polvo, alejados del sueño,
los urgentes, los inquietos, los sin rumbo, acaso también se ha emocionado
con la presión de cuerpos extasiados, cuerpos como los nuestros,
que se buscan el alma en el fondo de caricias insondables,
a través de los largos caminos de la pasión emergiendo de nuevo a las estrellas.
Sí, todo esto a través de la habitación, la pasiva e indistinta habitación
debió fluir con el ascenso y la caída de la incesante corriente humana;
y yaciendo allí, en silencio, en tus brazos, mientras las olas del éxtasis retrocedían,
y muy por debajo del margen del ser oímos el latido del alma,
me alegré al pensar en esos otros, los sin nombre, los muchos,
que tal vez así habían estado acostados, amando durante una hora al borde del mundo,
secreto y rápido en el corazón del torbellino del viaje,
el temblor y el chirrido de los trenes, el estremecimiento nocturno del tráfico,
así, como nosotros, se han acostado y sentido, pecho con pecho en la oscuridad,
la lluvia ardiente de la posesión descendiendo sobre sus miembros mientras afuera
la lluvia negra de la medianoche chapoteaba sobre el techo de la estación;
y así una mujer como yo, despertando sola antes del amanecer,
mientras su amante dormía, oyendo sereno ritmo de tu respiración,
alguna mujer ha escuchado, como yo escuché, el vapor de los trenes
llorando su adiós a la ciudad, tambaleándose hacia las tinieblas,
y con el corazón conmovido ha pensado: «Así debemos salir a la oscuridad,
apresurándonos por la vía fija del hábito, de la mano del destino implacable.
Así saldremos a la vida, a la lluvia, al opaco y oscuro amanecer;
tú al amplio resplandor de las ciudades, con guirnaldas de viento y gritos,
llevando a lugares populosos la carga de multitudes festivas;
yo, por terrenos baldíos y pantanos de cielo bajo
hasta una costa sin puerto y azotada por el viento,
donde una ciudad aburrida se desmorona y se encoge,
y sus tejados se derrumban, y los pies perezosos de las horas
se imprimen en la hierba de sus calles; y entre las casas indistintas,
la gente del pueblo delizándose lánguidamente para mirar el tren que llega,
el tren del que nadie desciende; hasta que una pálida tarde de invierno,
cuando se detenga a las afueras de la ciudad, nota que las casas se han convertido en lápidas,
que las calles son senderos cubiertos de hierba entre los techos bajos de los muertos;
y mientras el tren se desliza entre fantasmas, párate junto a las puertas de los vagones;
y entenderás entonces cómo es la vida a la que regreso.»
Así puede haber pensado otra; así, como me volví pudo ella haberse vuelto
hacia los labios dormidos a su lado, para beber, mientras bebía allí, el olvido.


Wonderful were the long secret nights you gave me, my Lover,
Palm to palm breast to breast in the gloom. The faint red lamp,
Flushing with magical shadows the common-place room of the inn
With its dull impersonal furniture, kindled a mystic flame
In the heart of the swinging mirror, the glass that has seen
Faces innumerous and vague of the endless travelling automata,
Whirled down the ways of the world like dust-eddies swept through a street,
Faces indifferent or weary, frowns of impatience or pain,
Smiles (if such there were ever) like your smile ad mine when they met
Here, in this self-same glass, while you helped me to loosen my dress,
And the shadow-mouths melted to one, like sea-birds that meet in a wave–
Such smiles, yes, such smiles the mirror perhaps has reflected;
And the low wide bed, as rutted and worn as a high-road,
The bed with its soot-sodden chintz, the grime of its brasses,
That has borne the weight of fagged bodies, dust-stained, averted in sleep,
The hurried, the restless, the aimless–perchance it has also thrilled
With the pressure of bodies ecstatic, bodies like ours,
Seeking each other's souls in the depths of unfathomed caresses,
And through the long windings of passion emerging again to the stars...
Yes, all this through the room, the passive and featureless room,
Must have flowed with the rise and fall of the human unceasing current;
And lying there hushed in your arms, as the waves of rapture receded,
And far down the margin of being we heard the low beat of the soul,
I was glad as I thought of those others, the nameless, the many,
Who perhaps thus had lain and loved for an hour on the brink of the world,
Secret and fast in the heart of the whirlwind of travel,
The shaking and shrieking of trains, the night-long shudder of traffic,
Thus, like us they have lain and felt, breast to breast in the dark,
The fiery rain of possession descend on their limbs while outside
The black rain of midnight pelted the roof of the station;
And thus some woman like me, waking alone before dawn,
While her lover slept, as I woke and heard the calm stir of your breathing,
Some woman has heard as I heard the farewell shriek of the trains
Crying good-bye to the city and staggering out into darkness,
And shaken at heart has thought: "So must we forth in the darkness,
Sped down the fixed rail of habit by the hand of implacable fate–
So shall we issue to life, and the rain, and the dull dark dawning;
You to the wide flare of cities, with windy garlands and shouting,
Carrying to populous places the freight of holiday throngs;
I, by waste lands, and stretches of low-skied marsh
To a harbourless wind-bitten shore, where a dull town moulders & shrinks,
And its roofs fall in, and the sluggish feet of the hours
Are printed in grass in its streets; and between the featureless houses
Languid the town-folk glide to stare at the entering train,
The train from which no one descends; till one pale evening of winter,
When it halts on the edge of the town, see, the houses have turned into grave-stones,
The streets are the grassy paths between the low roofs of the dead;
And as the train glides in ghosts stand by the doors of the carriages;
And scarcely the difference is felt–yea, such is the life I return to . . ."
Thus may another have thought; thus, as I turned may have turned
To the sleeping lips at her side, to drink, as I drank there, oblivion...


Edith Wharton
(1862-1937)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Edith Wharton.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Edith Wharton: Terminus (Terminus), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Ven lentamente, Edén»: Emily Dickinson; poema y análisis


«Ven lentamente, Edén»: Emily Dickinson; poema y análisis.




Ven lentamente, Edén (Come Slowly—Eden) es un poema de amor de la escritora norteamericana Emily Dickinson (1830-1886), escrito en 1860 y publicado de manera póstuma en la antología de 1890: Poemas (Poems).

Ven lentamente, Edén, tal vez uno de los poemas de Emily Dickinson más cargados de erotismo, no trata sobre el Edén bíblico, sino de otro tipo de paraíso, en este caso, una persona.

Aquí, Emily Dickinson parece estar diciéndole a un hombre que avance, que la tome, que ella está esperando su amor, pero él es tímido y sin experiencia. El tono de Ven lentamente, Edén es solemne, pausado, e insinúa que la entrada al paraíso metafórico de Emily Dickinson puede sobrecoger los sentidos. Ansiar, desear intensamente a alguien, tal vez durante años, y de repente recibir todo aquello que hemos anhelado, puede sentirse como los «labios no acostumbrados» a la riqueza del Edén, puede hacernos sentir abrumados, intoxicados, como la «desfallecida abeja» que llega tarde a la flor.

El erotismo de Ven lentamente, Edén es tan palpable como evasivo. En primer lugar, Emily Dickinson vincula la visión del paraíso religioso con la sexualidad femenina, y lo hace de forma subrepticia, muy sutil. La «desfallecida abeja», lejos de representar algún tipo de disfunción viril producto del desborde pasional [como algunos han elucubrado], parece ser en realidad un cuerpo fálico femenino. Aquí, Emily Dickinson engaña hábilmente al lector [y a todo aquel dispuesto a quemar sus poemas en la hoguera puritana], porque a pesar de la presencia de pronombres masculinos, la «timidez» y el «desfallecimiento» [representaciones de una naturaleza vacilante], eran atribuidos en aquel entonces a la feminidad.

Hay un matiz exquisitamente sádico [para la época] en Ven lentamente, Edén de Emily Dickinson, donde la descripción de la abeja penetrando el jazmín, perdiéndose en sus «bálsamos», representa una práctica sexual lésbica. Sin embargo, incluso con una lectura heterosexual del poema, Ven lentamente, Edén sigue funcionando dentro del patrón de la poesía de Dickinson de sexualizar escenas del paraíso tradicionalmente religiosas.

Aquí, Emily Dickinson parece equiparar el propio Edén con los «néctares», la fuente femenina de placer para la abeja. Por otro lado, cuestiona la idea de la caída, reconfigurando el «pecado» de Eva, el cual resulta en la conversión religiosa de la abeja.

Ven lentamente, Edén es un poema muy visual. Vemos a una mujer [o mejor dicho, la imaginamos, a pesar de los pronombres masculinos] a las puertas del trance extático de la pasión [al borde del Edén]. La visión del cuerpo del otro [o de la otra] es tan intensa que ella sólo sorbe tímidamente el fragante «néctar» [celestial o terrenal]. ¿Es de extrañar que el Edén, el cuerpo intensamente deseado del otro, sea abrumador? Vemos entonces a la abeja, débil, desfallecida, quebrándose en una estrofa que sirve para posponer el placer. En la segunda estrofa, y a pesar de ese deseo aparentemente incontenible, la abeja no se zambulle de lleno; en cambio, zumba alrededor de la flor, asimilando sus néctares antes de penetrarla.

Sería ocioso insistir en cuán femeninas y sexualizadas son las imágenes de Ven lentamente, Edén de Emily Dickinson. La última línea, en particular, donde la abeja «entra y se pierde en bálsamos», es hermosa, y fácilmente podemos concebir alguna imagen paralela para ese descanso silencioso cuando la abeja entra en las cámaras del jazmín para perderse en el néctar nutritivo que tanto necesita y desea.

En Ven lentamente, Edén, Emily Dickinson yuxtapone imágenes para acentuar sutilmente el flujo y reflujo de lo masculino y lo femenino, el deseo y la satisfacción, la sed y la saciedad gozosa. En lo personal, el Edén de Dickinson me parece mucho más seductor que el de las religiones y sus deidades celosas. Es un Edén profundamente femenino, donde la bienaventuranza espiritual se presenta como una entrada, una abertura, que al cruzarla nos permite beber el bálsamo, el néctar de la divinidad.




Ven lentamente, Edén.
Come Slowly—Eden, Emily Dickinson (1830-1886)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


¡Ven lentamente, Edén!
Labios no acostumbrados a ti,
tímidos, sorben tus jazmines
como la desfallecida abeja

Que al llegar tardíamente a su flor,
zumba a su alrededor,
cuenta sus propios néctares,
entra, y se pierde en bálsamos.


Come slowly — Eden!
Lips unused to Thee—
Bashful —sip thy Jessamines—
As the fainting Bee—

Reaching late his flower,
Round her chamber hums—
Count his nectars—
Enters —and is lost in Balms.


Emily Dickinson
(1830-1886)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Emily Dickinson.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Emily Dickinson: Ven lentamente, Edén (Come Slowly—Eden), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El intruso»: Margaret Stavely; poema y análisis


«El intruso»: Margaret Stavely; poema y análisis.




El intruso (The Intruder) es un poema de vampiros de la escritora norteamericana Margaret Stavely (¿?), publicado en la edición de verano de 1945 de la revista The Acolyte.

El intruso, uno de los pocos poemas de Margaret Stavely relativamente conocidos, versifica un momento íntimo y aterrador: una escritora —probablemente la propia Margaret Stavely— está sola, escribiendo, cuando de repente siente una presencia extraña detrás suyo; alguien, o algo, que lee sus palabras por encima de su hombro.

¿Quién es este intruso? No podemos saberlo con exactitud, precisamente porque la narradora no se voltea a ver. Pero hay indicios: el temor que incita su presencia, los pensamientos macabros que despierta, y una lengua que busca su cuello. ¿Se trata de un vampiro? ¿O acaso somos nosotros, los lectores, quienes acechamos en las sombras?

Eventualmente, la narradora pierde todo vínculo con la realidad, que en este caso es el dominio de las palabras. El intruso se acerca, cada vez más, mientras ella entiende que solo debe volverse para perderse para siempre en él. Pero de algún modo ella resiste, al menos durante unos instantes más. Tarde o temprano, lo sabe, se volverá y se fundirá con este misterioso visitante.

El intruso de Margaret Stavely es un exquisito poema de una autora prácticamente desconocida. Gran parte de su producción literaria apareció en revistas, como The Acolyte y Southern Literary Messenger, y en una excelente antología titulada: Puertas a una casa estrecha (Doors to a Narrow House).




El intruso.
The Intruder, Margaret Stavely.

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Pienso, mientras me siento aquí y escribo,
que algo se ha deslizado detrás de mi espalda
para leer mis palabras, algo negro,
malvado, una parte de la noche.
No me volveré, porque podría ver su rostro,
y, sabiendo lo que es,
parte de mí sería suya.
Tal vez sea mi destino
perder el control de las palabras y las cosas,
y descender por una lenta escalera
y pisar los cadáveres arrojados allí,
cuerpos que caminaron como reyes,
clérigos o nobles o santos,
aquellos que miraron hacia atrás y vieron el brillo
debajo de sus párpados, uniéndose
a los elegidos que él besa, mancha,
despoja, dejando que cada caparazón tiemble,
se ría y caiga de repente
donde no hay nada de Cielo,
un todo de infierno.

No me he vuelto, aunque ahora su lengua
busca mi cuello. Su aliento es cálido,
sugerente de una tormenta interna,
sin la fuerza del trueno colgando
de cada nube para retumbar:
"¡Refúgiate bajo un techo fuerte!"
No me he vuelto. Soy indiferente.
No me he vuelto... todavía.


I think, as I sit here and write,
That something has sneaked behind my back
To read my words, something black,
Evil, and a part of the night.
I will not turn, for I might see
His face, and knowing what he is
At last trade part of me for what is his.
Perhaps it is my destiny
To loose my grip on words and things,
And travel down an easy stair,
And step on carcasses thrown there
That once walked by as kings
Or clerygman or peers or saints,
Who looked behind and caught the gleam
Beneath his lids, and joined the team
Of Goodness that he kisses, taints,
Divests each one, and lets each shell
Tremble, giggle, and suddenly fall,
When there is nothing there at all
Of Heaven, an everything of hell.

I have not turned, although his tongue
Now seeks my neck. His breath is warm,
Suggestive of internal storm
Without the strenght of thunder hung
On every cloud to rumble: "Get
Inside a house, under a strong roof!"
I have not turned. I am aloof.
I have not turned... as yet.


Margaret Stavely
(¿?)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de mujeres.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Margaret Stavely: El intruso (The Intruder), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Elegías romanas»: Goethe; poemas y análisis


«Elegías romanas»: Goethe; poemas y análisis.




Elegías romanas (Römische Elegien) —publicado originalmente en Alemania bajo el título: Erotica Romana— es una colección de poemas del romanticismo del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), publicada en 1790.

La antología incluye algunos de los poemas de Goethe más famosos, como Pensamientos nocturnos (Nachtgedanken) y Amor inquieto (Rastlose Liebe), apenas dos de los veinticuatro poemas que conforman el ciclo.

Elegías romanas refleja en buena parte los viajes de Goethe por Italia, entre 1786 y 1788, donde quedó cautivado por la sensualidad de aquella cultura. La obra cuenta con algunos poemas prohibidos durante su tiempo; de hecho, al menos cuatro poemas de la versión original, compuesta poco antes de su regreso a Weimar, fueron censurados. Estos poemas malditos recién aparecerían en 1914, casi un siglo después de la muerte del autor.




Elegías romanas.
Römische Elegien, Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)

Copia y pega el link en tu navegador para leer online o descargar en PDF: Elegías romanas, de Goethe:
  • http://www.biblioteca.org.ar/libros/130721.pdf




Libros de poemas. I Poemas de Goethe.


El análisis y resumen del libro de Goethe: Elegías romanas (Römische Elegien), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Algernon Swinburne: poemas destacados


Algernon Swinburne: poemas destacados.




Algernon Swinburne (1837-1909) fue uno de los más destacados poetas ingleses de su tiempo. De hecho, los poemas de Algernon Swinburne —sobre todo sus poemas prerrafaelitas y su aporte al decadentismo— se encuentran entre los más notables de aquel estilo que cautivó a la era victoriana.

En esta sección daremos cuenta de algunos de los más destacados poemas de Algernon Swinburne.




Poemas de Algernon Swinburne:




Más autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Algernon Swinburne: poemas destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Delmira Agustini: poemas de amor destacados


Delmira Agustini: poemas de amor destacados.




Delmira Agustini (1886-1914) fue una notable poetisa latinoamericana, y probablemente la figura más destacada de la poesía erótica en el continente. Su estilo, asociado al modernismo, se vuelca sobre el amor, el deseo, la pasión, como temas principales.

Si hablamos de poemas de amor destacados de Delmira Agustini debemos entender primero que, para la poetisa, el amor y el deseo van de la mano, y que a menudo las cosas más sencillas pueden sublimarse por el erotismo, que muchas veces contrasta con la sutil dulzura de sus versos.

En esta sección daremos cuenta de algunos poemas de amor destacados de Delmira Agustini.




Delmira Agustini: poemas de amor destacados:
  • Amor.
  • Boca a boca.
  • Cantos de la mañana.
  • Desde lejos.
  • El intruso.
  • El libro blanco.
  • El rosario de Eros.
  • El vampiro.
  • Fue al pasar.
  • Inextinguible.
  • Íntima.
  • La cita.
  • La ruptura.
  • Lo inefable.
  • Los cálices vacíos.
  • Mi musa triste.
  • Mis amores.
  • Nocturno.
  • Sádica: análisis de «El Vampiro» de Delmira Agustini.
  • Serpentina.
  • Soneto de amor.
  • Supremo idilio.
  • Tu amor.
  • Amor, la noche estaba trágica y sollozante.
  • Añoranza.
  • Cantos de La Mañana.
  • Ceguera.
  • Como un gran sol naciente iluminó mi vida.
  • Cuando derrama en los hombros puros.
  • El anillo.
  • El arroyo.
  • Elegías dulces.
  • El Libro Blanco.
  • El nudo.
  • El rosario de eros.
  • El surtidor de oro.
  • En el regazo de la tarde triste.
  • En el silencio siento pasar hora tras hora.
  • Engarzado en la noche el lago de tu alma.
  • En mis suenos de amor yo soy serpiente.
  • En tu alcoba techada de ensueños.
  • Eros, yo quiero guiarte.
  • Explosión.
  • Florecimiento.
  • Hace tiempo, algún alma ya borrada fue mía.
  • Hoy desde el gran camino.
  • Hoy han vuelto.
  • Íbamos en la tarde que caía.
  • La barca milagrosa.
  • La estatua.
  • La noche entró en la sal adormecida.
  • Las alas.
  • La sed.
  • Los astros del abismo.
  • Los cálices vacíos.
  • Lo soñé impetuoso.
  • Los relicarios dulces.
  • Luz púrpura con tu retrato.
  • Me abismo en una rara ceguera luminosa.
  • Mi aurora.
  • Mi musa tomó un día la placentera ruta.
  • No me mata la vida.
  • Ofrendando el libro.
  • ¡Oh tú que duermes tan hondo que no despiertas!
  • Otra estirpe.
  • Pasó humeante el tropel de los potros salvajes.
  • Por campos de ensueño.
  • Porque haces tu can de la leona.
  • Por tu musa.
  • Raro anillo que clarea.
  • Si la vida es amor, bendita sea.
  • Su idilio fue una larga sonrisa a cuatro labios.
  • Tarde sucia de invierno.
  • ¿Te acuerdas?
  • Tengo sed.
  • Toque de oración.
  • Tu amor, esclavo.
  • Tu dormías.
  • Una viñeta.
  • Un pedazo de luna que no brilla.
  • Vibre, mi musa, el surtidor de oro.
  • Yo creí que tus ojos anegaban el mundo.
  • Yo hacía una divina labor sobre la roca.
  • Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja.
  • Yo muero extrañamente.
  • Yo no sé si mis ojos o mis manos.
  • Yo te diré los sueños de mi vida.
  • Yo tenía dos alas.




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Delmira Agustini: poemas de amor destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Elefantis y el arte del erotismo


Elefantis y el arte del erotismo.




Es un error común asociar el erotismo con una época reciente, relegando sus variantes antiguas a un orden prácticamente lúdico. El erotismo siempre estuvo allí, activo y ampliamente presente en las mentes refinadas de cualquier era.

Uno de estos intelectos prodigiosos fue el de Elefantis, una poetisa griega del siglo I d.C., autora del manual sexual más impresionante de la antigüedad, y que, al igual que el resto de sus obras, no ha sobrevivido a la opresión y el paso del tiempo.

Todo lo que sabemos sobre esta mujer maravillosa es por boca de terceros. Como la Suetonio, que en su obra De vita Caesarum (Vida de los Césares) menciona que el abominable emperador Tiberio se llevó las obras completas de Elefantis a su retiro en Capri, acaso para experimentar de primera mano las acrobacias y voluptuosidades sugeridas por la poetisa.

Otra mención, acaso más directa, proviene de un libro misterioso: La Priapeia, obra en honor del fálico Príapo; un conjunto de nueve poemas sobre los que nadie ha logrado determinar su autor, o sus autores, y en donde se menciona a la enigmática Elefantis:


Obscenas rigido deo tabellas
dicans ex Elephantidos libellis
dat donum Lalage rogatque, temptes,
si pictas opus edat ad figuras.

[«Obscenidades dedicadas al dios erecto
traídas de los cuadros desvergonzados de los libros de Elefantis,
rogándole que intente imitar, junto a ella,
la variedad de cópulas en las ilustraciones.»]


Nada sabemos sobre la vida de Elefantis. Su nombre aparece y desaparece en menciones superficiales, fantasmales; como si se tratase de un raro espectro infeccioso. Por Suetonio sabemos que escribió un tratado sobre cosmética y un manual que se explaya sobre los beneficios del aborto en mujeres de escasos recursos económicos y sociales. El resto se conserva en un meticuloso silencio.

La última cita digna sobre Elefantis proviene del poeta romano Marco Valerio Marcial, quien escribió, refiriéndose a lo novedoso de la Priapeia:


Quales nec Didymi sciunt puellae,
Nec molles Elephantidos libelli,
Sunt illic Veneris novae figurae.

[«Tales versos, que ni siquiera las hijas de Didymus conciben,
ni los libros libertinos de Elefantis,
en los cuales se disponen las nuevas formas del sexo.»]


Algunos eruditos conjeturan un detalle curioso en el último verso. Allí donde dice novae figurae, es decir, «nuevas formas», se trataría en realidad del error de un copista. Lo que realmente debería leerse es novem figurae, «nueve formas»; de hecho, las Nueve formas del sexo o nueve posiciones sexuales propuestas por Elefantis para explorar algo que las mujeres de aquella época, y acaso de todas las épocas, raramente experimentan: el orgasmo.




El lado oscuro del amor. I Feminología.


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Poemas afrodisíacos


Poemas afrodisíacos.








Poemas afrodisíacos:

¿Existen los poemas afrodisíacos? O mejor, ¿existen poemas capaces de despertar el deseo y la pasión? ¡No!, anota nuestro exaltado especialista en afrodisíacos y filtros amorosos, y agrega: La poesía se basa en el recuerdo, mientras que el erotismo trascurre en un riguroso presente. Impresionados por esta lógica, hemos decidido reunir una colección de poemas afrodisíacos, a saber: poemas que hayan funcionado como afrodisíacos para el poeta, y que hoy, francamente, apenas tienen un valor testimonial.


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«Supremo idilio»: Delmira Agustini; poema y análisis


«Supremo idilio»: Delmira Agustini; poema y análisis.




Supremo idilio (Supremo idilio) es un poema de amor de la escritora uruguaya Delmira Agustini (1886-1914), publicado en la antología de 1913: Los cálices vacíos.

Supremo idilio, uno de los grandes poemas de Delmira Agustini, se construye a partir del Modernismo, y donde una joven conversa animadamente con un hombre que personifica a Rubén Darío. En este sentido, Supremo idilio toma como punto de referencia al poema Sonatina del poeta nicaragüense; de manera tal que el diálogo se entabla en dos niveles.

En resumen: Supremo idilio de Delmira Agustini manifiesta un sentimiento de rechazo, de aversión, pero también de admiración por aquel poema de Rubén Darío.

También hay que decir que algunos sitúan a Supremo idilio entre los grandes poemas de vampiros de la época, y no sin razones. Más allá de la mención al pasar que la autora hace sobre los vampiros, Supremo idilio encarna toda una estética de vanguardia, muy cercana a la simbología detrás de estos seres sobrenaturales.




Supremo idilio.
Supremo idilio, Delmira Agustini (1886-1914)

(Boceto de un poema)

En el balcón romántico de un castillo adormido
que los ojos suspensos de la noche adiamantan,
una figura blanca hasta la luz… Erguido
bajo el balcón romántico del castillo adormido,
un cuerpo tenebroso… Alternándose cantan.

—¡Oh tú, flor augural de una estirpe suprema
que doblará los pétalos sensitivos del alma,
nata de azules sangres, aurisolar diadema
florecida en las sienes de la Raza!… Suprema-
Mente pulso en la noche tu corazón en calma!

—¡Oh tú que surges pálido de un gran fondo de enigma
como el retrato incógnito de una tela remota!…
Tu sello puede ser un blasón ó un estigma;
en las aguas cambiantes de tus ojos de enigma
un corazón herido -y acaso muerto- flota!

—Los ojos son la Carne y son el Alma: mira!
Yo soy la Aristocracia lívida del Dolor
que forja los puñales, las cruces y las liras,
que en las llagas sonríe y en los labios suspira…
Satán pudiera ser mi semilla ó mi flor!

Soy fruto de aspereza y maldición: yo amargo
y mancho mortalmente el labio que me toca;
mi beso es flor sombría de un Otoño muy largo…
Exprimido en tus labios dará un sabor amargo,
y todo el Mal del Mundo florecerá en tu boca!

Bajo la aurora fúlgida de tu ilusión, mi vida
extenderá las ruinas de un apagado Averno;
vengo como el vampiro de una noche aterida
a embriagarme en tu sangre nueva: llego á tu vida
derramada en capullos, como un ceñudo Invierno!

—¡Cómo en pétalos flojos yo desmayo á tu hechizo!…
Traga siniestro buitre mi pobre corazón!
En tus manos mi espíritu es dúctil como un rizo…
El corazón me lleva á tu siniestro hechizo
como el barco inconsciente el ala del timón!

Comulga con mi cuerpo devoradora sima!
Mi alma clavo en tu alma como una estrella de oro;
florecerá tu frente como una tierra opima,
cuando en tu almohada trágica y honda como una sima,
mis rizos se derramen como una fuente de oro!

—Mi alma es negra tumba, fría como la Nieve…
-Buscaré una rendija para filtrarme en luz!
—Albo lirio!… A tocarte ni mi sombra se atreve…
—Te abro; ¡oh mancha de lodo! mi gran cáliz de nieve
y tiendo á ti eucarísticos mis brazos, negra cruz!

Enróscate; ¡oh serpiente caída de mi Estrella
sombría! a mi ardoroso tronco primaveral…
Yo apagaré tu Noche ó me incrustaré en ella:
seré en tus cielos negros el fanal de una estrella
seré en tus mares turbios la estrella de un fanal!

Sé mi bien ó mi mal, yo viviré en tu vida!
Yo enlazo á tus espinas mi hiedra de Ilusión…
Seré en ti una paloma que en una ruina anida;
soy blanca, y dulce, y leve; llévame por la Vida
prendida como un lirio sobre tu corazón!

—Oh dulce, dulce lirio!… Llave de las alburas!
Tú has abierto la sala blanca en mi alma sombría,
la sala en que silentes las Ilusiones puras
en dorados sitiales, tejen mallas de alburas!…
—Tu alma se vuelve blanca porque va siendo mía!

—Oh leyes de Milagro!… yo, hijo de la sombra
Morder tu carne rubia: oh fruto de los soles!
—Soy tuya fatalmente: mi silencio te nombra,
y si la tocas tiembla como un alma mi sombra!…
Oh maga flor del Oro brotada en mis crisoles!

—Los surcos azurados del Ensueño sembremos
de alguna palpitante simiente inconcebida
que arda en florecimientos imprevistos y extremos;
y al amparo inefable de los cielos sembremos
de besos extrahumanos las cumbres de la Vida!

Amor es milagroso, invencible y eterno;
la vida formidable florece entre sus labios…
Raiz nutrida en la entraña del Cielo y del Averno,
viene á dar á la tierra el fuerte fruto eterno
cuyo sangriento zumo se bebe á cuatro labios!

Amor es todo el Bien y todo el Mal, el Cielo
todo es la arcada ardiente de sus alas cernidas…
Bajar de un plinto vano es remontar el vuelo…
Y Él te impulsa á mis brazos abiertos como el Cielo,
oh suma flor con alma, á deshojar en vidas!…

En el balcón romántico de un castillo adormido
que los ojos suspensos en la Noche adiamantan,
el Silencio y la Sombra se acarician sin ruido…
Bajo el balcón romántico del castillo adormido
un fuerte claro-oscuro y dos voces que cantan…

Delmira Agustini (1886-1914)




Poemas góticos. I Poemas de Delmira Agustini.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del poema de Delmira Agustini: Supremo idilio (Supremo idilio), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El infierno musical»: Alejandra Pizarnik; poema y análisis


«El infierno musical»: Alejandra Pizarnik; poema y análisis.




El infierno musical (El infierno musical) es un poema de la escritora argentina Alejandra Pizarnik, (1936-1972), publicado en la antología de 1971: El infierno musical.

El infierno musical, uno de los mejores poemas de Alejandra Pizarnik, es un inmejorable punto de partida para empezar a recorrer la obra de esta autora. Aquí, Alejandra Pizarnik vuelve a estremecernos, a despertar los sentidos del lector con la misma voluptuosidad que sobrevuela sus mejores versos.




El infierno musical.
El infierno musical, Alejandra Pizarnik (1936-1972)

Golpean con soles

Nada se acopla con nada aquí

Y de tanto animal muerto en el cementerio de
huesos filosos de mi memoria

Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar
entre mis piernas

La cantidad de fragmentos me desgarra

Impuro diálogo

Un proyectarse desesperado de la materia verbal

Liberada a sí misma

Naufragando en sí misma.

Alejandra Pizarnik (1936-1972)




Poemas góticos. I Poemas de Alejandra Pizarnik.


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«Canto a mí mismo»: Walt Whitman; poema y análisis.


«Canto a mí mismo»: Walt Whitman; poema y análisis.




Canto a mí mismo (Song of Myself) es un poema del escritor norteamericano Walt Whitman (1819-1892), publicado en la antología de 1855: Hojas de hierba (Leaves of Grass).

Canto a mí mismo, uno de los mejores poemas de Walt Whitman, rápidamente atrajo la atención del público y la crítica, y no siempre de manera positiva. De hecho, el autor fue acusado de obscenidad en el distrito de Boston, y obligado a retirar ciertos pasajes del poema. Por otro lado, poetas como Emerson lo elogiaron públicamente, e incluso anticiparon que Canto a mí mismo se convertiría en un clásico de la poesía norteamericana.

El protagonista de este notable poema de Walt Whitman es el Yo, que no debe confundirse con el yo particular del autor. En definitiva, el narrador ha trascendido las fronteras convencionales del ser, participando de un Yo mucho más universal.

Debido a su extensión, solo compartiremos un fragmento de Canto a mí mismo, subjetivamente, el mejor.




Canto a mí mismo.
Song of Myself, Walt Whitman (1819-1892)

A través de mí brotan voces prohibidas,
voces de sexos y lujuria,
voces veladas y yo aparto el velo
voces indecentes, clarificadas,
transfiguradas por mí.
Cubro mis labios con la mano,
Me conservo tan puro en las entrañas
como en la cabeza y el corazón,
La cópula no es para mí más vergonzosa que la muerte.
Yo creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros,
y cada parte de mí es un milagro.


Through me forbidden voices,
Voices of sexes and lusts,
voices veil'd and I remove the veil,
Voices indecent by me clarified and transfigur'd.
I do not press my fingers across my mouth,
I keep as delicate around the bowels as around the head and heart,
Copulation is no more rank to me than death is.
I believe in the flesh and the appetites,
Seeing, hearing, feeling, are miracles,
and each part and tag of me is a miracle.


Walt Whitman (1819-1892)




Poemas góticos. I Poemas del romanticismo.


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El análisis, traducción al español y resumen del poema de Walt Whitman: Canto a mí mismo (Song of Myself), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Tu amor»: Delmira Agustini; poema y análisis


«Tu amor»: Delmira Agustini; poema y análisis.




Tu amor (Tu amor) es un poema erótico de la escritora uruguaya Delmira Agustini (1887-1914), publicado en la antología de 1924: El rosario de Eros.

Tu amor, uno de los mejores poemas de amor de Delmira Agustini, ridiculiza la idea de que es posible definir este sentimiento en términos generales. A lo sumo, deducen sus versos, podemos describir nuestras propias reacciones ante el amor del otro.

En el caso de este magnífico poema de Delmira Agustini, el alma se representa como un jardín donde el amor aparece bajo múltiples formas —sol, oro, fuego, cuervos, rosa—; contradicciones exquisitas, pero que también pueden volverse una obsesión.




Tu amor.
Tu amor, Delmira Agustini (1887-1914)

Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte:
jardinero de oro de la vida,
jardinero de fuego de la muerte,
en el carmen fecundo de mi vida.

Pico de cuervo con olor de rosas,
aguijón enmelado de delicias
tu lengua es. Tus manos misteriosas
son garras enguantadas de caricias.

Tus ojos son mis medias noches crueles,
panales negros de malditas mieles
que se desangran en mi acerbidad;

crisálida de un vuelo del futuro
es tu abrazo magnífico y oscuro
torre embrujada de mi soledad.

Delmira Agustini (1887-1914)




Poemas góticos. I Poemas de Delmira Agustini.


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«Serpentina»: Delmira Agustini; poema y análisis


«Serpentina»: Delmira Agustini; poema y análisis.




Serpentina (Serpentina) es un poema erótico de la escritora uruguaya Delmira Agustini (1886-1914), publicado de manera póstuma en la antología de 1924: El rosario de Eros.

En la superficie, los versos de Serpentina, uno de los mejores poemas de amor de Delmira Agustini, parecen crecer a medida que aumenta la excitación de la narradora; por debajo, sin embargo, se agitan otros impulsos primarios que revelan la naturaleza de la feminidad en términos arquetípicos.

¿Por qué Delmira Agustini recurre a lo serpentino?

Precisamente porque la serpiente representa a la sexualidad femenina en estado salvaje. Así como su equivalente masculino suele reflejarse a través de los impulsos de un animal depredador, como el lobo, por ejemplo, la sexualidad femenina se identifica con las cualidades serpentinas.

Esto se observa, por ejemplo, en el mito griego de Lamia y la vagina dentada, o de Medusa, donde la hembra adquiere propiedades hipnóticas que paralizan a su presa. En Serpentina, Delmira Agustini, incorpora estos rasgos de la feminidad en estado salvaje. Sus ojos, como los de la gorgona, hechizan; son como «dos píldoras de insomnio».

Ya al final de Serpentina, la imagen de la mujer-serpiente trasmuta el simulacro de la seducción en un movimiento de ataque. Se transforma en una figura amenazadora, precisamente porque se apropia de la serpiente como símbolo fálico y lo utiliza como arma contra su presa, el hombre, el amante.




Serpentina.
Serpentina, Delmira Agustini (1886-1914)

En mis sueños de amor ¡yo soy serpiente!
gliso y ondulo como una corriente;
dos píldoras de insomnio y de hipnotismo
son mis ojos; la punta del encanto
es mi lengua...¡y atraigo como el llanto!
soy un pomo de abismo.

Mi cuerpo es una cinta de delicia,
glisa y ondula como una caricia...

Y en mis sueños de odio ¡soy serpiente!
mi lengua es una venenosa fuente;
mi testa es la luzbélica diadema,
haz de la muerte en un fatal soslayo
con mis pupilas; y mi cuerpo en gema
¡es la vaina del rayo!

Si así sueño mi carne, así es mi mente:
un cuerpo largo, largo, de serpiente,
vibrando eterna, ¡voluptuosamente!

Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte:
jardinero de oro de la vida,
jardinero de fuego de la muerte
en el carmen fecundo de mi vida.

Pico de cuervo con olor de rosas,
aguijón enmelado de delicias
tu lengua es. Tus manos misteriosas
son garras enguantadas de caricias.

Tus ojos son mis medianoches crueles,
panales negros de malditas mieles
que se desangran en la acerbidad;

crisálida de un vuelo del futuro,
es tu brazo magnífico y oscuro,
torre embrujada de mi soledad.

Delmira Agustini (1886-1914)




Poemas góticos. I Poemas de Delmira Agustini.


Más literatura gótica:
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«El lecho de lirios»: Isabella Valancy Crawford; poema y análisis


«El lecho de lirios»: Isabella Valancy Crawford; poema y análisis.




El lecho de lirios (The Lily Bed) es un poema de amor de la escritora canadiense Isabella Valancy Crawford (1846-1887), publicado originalmente en el el periódico The Evening Telegram a finales de 1884, y luego en la antología de 1905: Poemas selectos de Isabella Valancy Crawford (The Collected Poems of Isabella Valancy Crawford).

El lecho de lirios es uno de los mejores poemas de Isabella Valancy Crawford, cuyo tratamiento de los lirios como metáfora de la sexualidad femenina se repite una y otra vez a lo largo de su obra, casi como una obsesión, sin perder nunca su eficacia.



El lecho de lirios.
The Lily Bed, Isabella Valancy Crawford (1850-1887)

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
Fluyó hacia abajo en un lecho de lirios;

Envuelto en una pausa de oro yacía,
Entre los brazos de una apacible bahía.

Temblaba solo en su barca de corteza,
Mientras los lirios rompían con certeza

El inmóvil cristal de la marea,
Hiriendo la frágil proa de madera.

O cuando cerca de los delgadas plantas
Levanta sus afiladas escamas de plata;

O cuando en el viento frío y sonoro
Cae la libélula envuelta en oro

Y todas las joyas y las amplias aguas,
En anillos cantan en sus alas;

O cómo el alma ardiente y alada,
Que de la oscuridad desciende en llamas

Sobre la fría ola, como el bálsamo
Que por un gran espíritu es derramado,

El alma vuela en libertad, y el silencio se aferra
A las horas inmóviles, como cuelga la Tierra,

Cortando la oscuridad, en los árboles,
A medias enterrados hasta las rodillas.

Se sentó en su quietud de plácidas hojas,
Aferrado a sus sombras, doradas y rojas,

Y sobre el suelo cóncavo, como una espiga,
Cayó el rostro entre luces ambarinas.

Orgullosa y valiente espuma de madera,
Perla brillante, una doncella frente a la marea.

Y él hubo de cantar de su alma el amor,
Con la voz del águila y el dolor.

En lo alto, fuertes pinos fueron hechos de su lengua,
Sus labios florecieron suaves en la sombra de la tormenta,

Besando los femeninos pétalos, plateados despojos,
Como lirios blancos en un íntimo arroyo.

Hasta hoy él permanece allí, en reposo,
Su imagen pintada en ella, descanso glorioso.

Una isla entre dos azules no se derrite,
Una gota de rocío en la costa

Se alza como un crepúsculo púrpura,
Sobre la vasta arena durmiendo bajo el cielo.

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
Fluyó hacia arriba desde un lecho de lirios;

Todas las flores, todos los lirios,
En la luz de la tarde la corteza agitaron.

Sus labios frescos rodearon la aguda proa,
Sus caricias suaves treparon por los flancos,

Con labios y senos tejieron su bóveda,
Robando a sus ojos la noche estrellada;

Con mano dorada ella tomó el cabello
De una nube roja, hasta su planicie de azur.

Furtivo, el dorado atardecer fluyó,
Un viento frío de su cuerpo huyó.

Aceptaron lo alto, los árboles oscuros,
Y los bajos lirios que cubrían todo.

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
Escapó lejos de su lecho de lirios.


His cedar paddle, scented, red,
He thrust down through the lily bed;

Cloaked in a golden pause he lay,
Locked in the arms of the placid bay.

Trembled alone his bark canoe
As shocks of bursting lilies flew

Thro' the still crystal of the tide,
And smote the frail boat's birchen side;

Or, when beside the sedges thin
Rose the sharp silver of a fin;

Or when, a wizard swift and cold,
A dragon-fly beat out in gold

And jewels all the widening rings
Of waters singing to his wings;

Or, like a winged and burning soul,
Dropped from the gloom an oriole

On the cool wave, as to the balm
Of the Great Spirit's open palm

The freed soul flies. And silence clung
To the still hours, as tendrils hung,

In darkness carven, from the trees,
Sedge-buried to their burly knees.

Stillness sat in his lodge of leaves;
Clung golden shadows to its eaves,

And on its cone-spiced floor, like maize,
Red-ripe, fell sheaves of knotted rays.

The wood, a proud and crested brave;
Bead-bright, a maiden, stood the wave.

And he had spoke his soul of love
With voice of eagle and of dove.

Of loud, strong pines his tongue was made;
His lips, soft blossoms in the shade,

That kissed her silver lips--her's cool
As lilies on his inmost pool--

Till now he stood, in triumph's rest,
His image painted in her breast.

One isle 'tween blue and blue did melt,--
A bead of wampum from the belt

Of Manitou--a purple rise
On the far shore heaved to the skies.

His cedar paddle, scented, red,
He drew up from the lily bed;

All lily-locked, all lily-locked,
His light bark in the blossoms rocked.

Their cool lips round the sharp prow sang,
Their soft clasp to the frail sides sprang,

With breast and lip they wove a bar.
Stole from her lodge the Evening Star;

With golden hand she grasped the mane
Of a red cloud on her azure plain.

It by the peaked, red sunset flew;
Cool winds from its bright nostrils blew.

They swayed the high, dark trees, and low
Swept the locked lilies to and fro.

With cedar paddle, scented, red,
He pushed out from the lily bed.


Isabella Valancy Crawford (1850-1887)




Poemas góticos. I Poemas de Isabella Valancy Crawford.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Isabella Valancy Crawford: El lecho de lirios (The Lily Bed), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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