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«Smith: Un episodio en una pensión»: Algernon Blackwood; relato y análisis.


«Smith: Un episodio en una pensión»: Algernon Blackwood; relato y análisis.




Smith: Un episodio en una pensión (Smith: An Episode in a Lodging-House) es un relato de terror del escritor inglés Algernon Blackwood (1869-1951), publicado en la antología de 1906: La casa vacía y otros relatos de fantasmas (The Empty House and Other Ghost Stories).

Smith: Un episodio en una pensión, uno de los cuentos de Algernon Blackwood menos conocidos, transcurre en dos planos narrativos. Primero, un narrador anónimo [que acaso es Marriott, narrador de Manteniendo su promesa (Keeping his Promise)] cuenta la historia que ha oído de un médico sobre un hombre, Smith, quien vivía en la misma pensión cuando era un estudiante. El médico afirma que siempre hubo algo extraño en Smith. Una noche lo oye en su habitación, hablando con otra persona, con un timbre de miedo en su voz. El médico llama a su puerta y le ofrece ayuda. Smith responde que nadie podría ayudarlo, y que el médico estaría más seguro en su propio cuarto.

En otra ocasión, Smith se presenta en la habitación del médico y le dice que si este llega a experimentar que algo lo molesta por la noche, se lo haga saber. Después de que Smith se retira, el médico se da cuenta de que hay otra presencia en la habitación, observándolo, casi tocándolo. Comienza a sentir que su «vitalidad» está siendo drenada de su cuerpo. Smith aparece de nuevo diciendo algo en un tono autoritario y la presencia abandona la habitación. El médico ve salir una sombra oscura de sus aposentos, quizás con una cabeza humana.

Al día siguiente, Smith vuelve a aparecer en la habitación del médico y le dice que su «asombrosa vitalidad» lo convierte en el objetivo de estas energías. Un par de semanas después, cuando el médico sube las escaleras a altas horas de la noche, escucha un grito [«¡Ayuda! ¡Ayuda!»] y siente una extraña fuerza sujetando su brazo. El médico abre la puerta de la habitación de Smith y descubre que el lugar está lleno de un «vapor asfixiante», con enormes sombras entrando y saliendo de la niebla. En el medio de la habitación hay un círculo hecho con algún tipo de material negro. El médico siente que la habitación está llena de... personas, pero no de humanos.

Estos «seres» vibran y agotan la vitalidad del médico. Smith lo insta a que entre en el círculo, lo cual hace, y acto seguido «su voz comenzó a vibrar», demostrando sus conocimientos sobre la «manipulación oculta del sonido», logrando que la habitación vuelva a la normalidad.

Para el estándar de Algernon Blackwood, Smith: Un episodio en una pensión no es un gran relato, pero de todos modos tiene algunos elementos interesantes. ¿Quienes son estos seres extradimensionales que agotan la vitalidad de los seres humanos? Parecen tener predilección por ciertos individuos, lo cual no prueba que sean necesariamente inteligentes, sino más bien que saben detectar a las mejores víctimas, personas con una extraordinaria «vitalidad», como el médico y el propio Smith [ver: Tulpas, Seres Interdimensionales y una teoría sobre el Horror]

Más que vampiros energéticos, estos seres parecen ser parásitos astrales de algún tipo [ver: Entidades, larvas, gusanos y parásitos del bajo astral]. Smith, evidentemente, posee amplios conocimientos ocultos que le permiten identificarlos e incluso repelerlos.

No es caprichoso que Algernon Blackwood haya elegido al médico como objetivo de estos seres, es decir, alguien «en el pesado e incuestionable estado de materialismo que es común en los estudiantes de medicina». En el acto final, el estudiante admite que la situación está más allá de su comprensión. Tampoco es la primera vez que Algernon Blackwood coloca a un materialista en una situación que lo hace sentir «tan indefenso como un niño».

La idea central en Smith: Un episodio en una pensión es que existen fuerzas sobrenaturales, quizás provenientes de otros planos o dimensiones, que se sienten atraídas por la energía o vitalidad de determinadas personas, y se alimentan de ellas. Por supuesto, no hay defensa para el profano ante esta invasión psíquica. Las paredes de tu casa no te brindarán protección. Ni siquiera tu cuerpo, tu mente, son una barrera eficaz para estos invasores astrales.

Algernon Blackwood poseía algunos conocimientos sobre ocultismo y parapsicología. De hecho, se unió a la Orden Hermética del Alba Dorada [Golden Dawn] así como a la Sociedad para la Investigación Psíquica [Society for Psychical Research]. Asistió a numerosas sesiones de espiritismo y hasta realizó algunas investigaciones paranormales en casas [presuntamente] embrujadas. Sin embargo, ninguna de esas experiencias lo desviarían de su verdadera fuente de inspiración: la naturaleza. En efecto, para Algernon Blackwood la naturaleza es una fuente de maravillas y misticismo; no solo la naturaleza visible, sino sus fuerzas ocultas, como estos extraños parásitos astrales.

A diferencia de muchos investigadores y expertos en lo sobrenatural en la ficción, con sus largas y a menudo insoportables explicaciones al lector [aún cuando este pueda sumar 1 + 1 por su cuenta], Smith es reservado. Este es un detalle refrescante, incluso cuando la ausencia de información termine generando una sensación de vaguedad. No sabemos exactamente qué está pasando, qué son estas entidades, ni qué extrañas operaciones está realizando Smith. Hay una línea muy delgada entre explicar demasiado y explicar demasiado poco. Smith: Un episodio en una pensión se inclina por lo segundo.

Hay algunas similitudes entre los parásitos astrales de Algernon Blackwood y el Horla de Maupassant. De hecho, solo falta la leche y el agua para que pertenezcan a la misma especie [ver: Gente Sombra, el Horla, y el portal interdimensional de Maupassant]. En cualquier caso, Smith utiliza las vibraciones del sonido para repeler a estos seres, algo que tiene antecedentes en la magia tradicional. Quizás Algernon Blackwood estudió esta técnica en sus años en la Golden Dawn, aunque no era un miembro particularmente avanzado [ver: Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación]. De todos modos, las entidades que Smith invoca o conjura reaparecen de diversas formas en la ficción posterior de Algernon Blackwood.

Volvemos a agradecer a Ariel Palomo, quien nos ha permitido gentilmente compartir con los lectores de El Espejo Gótico su traducción al español de Smith: Un episodio en una pensión.




Smith: Un episodio en una pensión.
Smith: An Episode in a Lodging-House, Algernon Blackwood (1869-1951)

(Traducido al español por Ariel Palomo)


“Cuando era estudiante de medicina”, comenzó a decir el doctor, girándose a medias hacia su círculo de oyentes a la luz del fuego, “me crucé con uno o dos seres humanos bastante curiosos, pero hubo un tipo al que recuerdo particularmente porque me provocó las emociones más vívidas, y creo que las más incómodas, que conocí jamás.

”Por varios meses solo conocí a Smith por su nombre como el ocupante del piso de arriba. Obviamente que su nombre no significaba nada para mí. Además, yo estaba ocupado con clases, libros, clínicas y esas cosas, y tenía poco tiempo de hacer planes para trabar amistad con cualquier otro inquilino de la casa. Luego, el azar curiosamente nos juntó, y este tipo Smith me dejó una profunda impresión como resultado de nuestro primer encuentro. En ese momento, la fuerza de esta primera impresión me pareció bastante inexplicable, pero mirando en retrospectiva el episodio desde una posición de mayor conocimiento, considero que el hecho fue que él incitó mi curiosidad hasta un grado inusual y que, al mismo tiempo, despertó mi sentido del horror (sea lo que eso sea en un estudiante de medicina) tan profunda y permanentemente como estas dos emociones fueron capaces de incitar en el particular sistema y conjunto de nervios llamado YO.

”Cómo supo que yo estaba interesado en el estudio de las lenguas, fue algo que nunca pude explicar; pero un día, sin previo aviso, entró silenciosamente en mi habitación por la noche y me preguntó sin rodeos si sabía el suficiente hebreo para ayudarlo en la pronunciación de ciertas palabras.

”Tocó mi punto débil y me sentí más que halagado de poder darle la información deseada, pero solo fue cuando me dio las gracias y se fue que me di cuenta de que estuve en presencia de una personalidad inusual. Por más que lo intenté, no pude entender ni nombrar del todo las peculiaridades de lo que sentí que era una personalidad muy impresionante, aunque caí en la cuenta de que era un hombre distinto de sus compañeros, una mente que seguía un camino que se apartaba de la interacción humana ordinaria y de los intereses humanos, adentrándose en regiones que dejaban en su atmósfera algo remoto, enrarecido, escalofriante.

”Ni bien se marchó, fui consciente de dos cosas: una intensa curiosidad por saber más sobre este hombre y sobre cuáles eran sus verdaderos intereses, y segundo, el hecho de que se me puso la piel de gallina y de que mi cabello tendía a erizarse.”

El doctor se detuvo aquí un momento para dar una fuerte pitada a su pipa, la cual, sin embargo, se había apagado indefectiblemente sin el auxilio de un fósforo, y en el profundo silencio, que daba cuenta del genuino interés de sus oyentes, alguien avivó la llama del fuego, y uno o dos miraron sobre sus hombros en las oscuras distancias del gran salón.

“Mirando en retrospectiva”, continuó, observando momentáneamente las llamas dentro del hogar, “veo a un hombre bajo, grueso, de quizás cuarenta y cinco años, con hombros inmensos y manos pequeñas, delgadas. El contraste era notable, pues recuerdo pensar que esa gigantesca estructura y esos delgados huesos de los dedos apenas encajaban entre sí. Su cabeza, además, era muy grande y muy larga, la cabeza de un idealista sin duda alguna, pero con un desarrollo inusualmente fuerte en la mandíbula y la barbilla. Aquí había, nuevamente, una singular contradicción, aunque ahora estoy en mejores condiciones de apreciar todo su significado con una mayor experiencia en juzgar los significados de la fisionomía. Porque esto significaba, por su puesto, un idealismo entusiasta, equilibrado y controlado por la voluntad y el juicio (elementos usualmente deficientes en soñadores y visionarios).

”En cualquier caso, aquí había un ser con, probablemente, un rango muy amplio de posibilidades, una máquina con un péndulo que, seguramente, tenía una longitud inusual de oscilación.

”El cabello del hombre era excesivamente rubio, y las líneas de su nariz y boca parecían talladas en cera con un delicado instrumento de acero. A sus ojos los dejé para el final. Eran grandes y bastante cambiantes, no solo en color, sino en carácter, tamaño y forma. Ocasionalmente, parecían los ojos de alguien más, si pueden entender lo que quiero decir, y al mismo tiempo, en sus sombras cambiantes de azul, verde y una especie indescriptible de gris oscuro, había una luz siniestra que daba a todo el rostro un aspecto casi alarmante. Es más, fueron las ópticas más luminosas que creo que nunca vi en ningún ser humano.

”Ahí, entonces, al riesgo de una descripción aburrida, está Smith como lo vi por primera vez esa noche de invierno en mis andrajosas habitaciones de estudiante en Edimburgo. Pero a su parte verdadera, por supuesto, no la mencioné porque es indescriptible e inaprensible. Ya he hablado de una atmósfera de peligro y distanciamiento que arrastraba consigo. Es imposible continuar analizando la serie de pequeñas conmociones que su presencia comunicaba siempre a mi ser, pero había algo a su alrededor que me ponía instantáneamente en estado de alerta en su presencia. No quiero decir que deliberadamente sugiriera peligro, sino más bien que atraía fuerzas a su paso que automáticamente advertían a los centros nerviosos de mi sistema que estuvieran en guardia y alerta.

”Desde los días de mi primer encuentro con este hombre, he vivido otras experiencias y he visto mucho que no puedo pretender explicar o entender, pero hasta ahora, solo una vez me encontré con un hombre que sugiera una desagradable familiaridad con cosas impías y que me hizo sentir raro y asustado en su presencia, y ese innegable individuo fue el señor Smith.

”Cuál era su ocupación durante el día, nunca lo supe. Creo que dormía hasta la puesta del sol. Nunca nadie lo vio en las escaleras o lo escuchó moverse en su habitación durante el día. Era una criatura de las sombras, que aparentemente prefería la oscuridad a la luz. Nuestra casera tampoco sabía nada o no quería decir nada. En cualquier caso, no encontraba ninguna falta en ello, y desde entonces me he preguntado con qué clase de magia pudo este tipo convertir a una ordinaria casera de una ordinaria pensión en una persona discreta y callada. Esto solo era la marca de alguna clase de genio.

”—Ha estado aquí conmigo durante años, mucho antes de que usted llegara, y no interfiero ni hago preguntas sobre lo que no me concierne, en tanto la gente pague su alquiler —fue el único comentario sobre el asunto que logré obtener de aquella fuente, y ciertamente no me dijo nada ni me dio ningún ánimo para pedir más información.

”Los exámenes, sin embargo, y la excitación general de la vida de un estudiante de medicina, me sacaron completamente de la cabeza al señor Smith por un tiempo. Por un largo período, no me volvió a buscar, y por mi parte, no sentí ganas de devolverle su visita inesperada.

”Justo entonces, sin embargo, hubo un cambio en la fortuna de aquellos que controlaban mis muy limitados ingresos, y me vi obligado a dejar la planta baja y mudarme a aposentos más modestos en la planta alta de la casa. Allí estaba directamente arriba de Smith y tenía que pasar por su puerta para llegar a la mía.

”Así que sucedió que, por aquella época, debía salir frecuentemente por la noche por casos de maternidad, que un estudiante de cuarto año toma en cierto período de sus estudios, y al regresar de una de esas visitas a eso de las dos de la madrugada, me sorprendió escuchar el sonido de voces mientras pasaba por su puerta. Un peculiar aroma dulce, además, no muy distinto del olor del incienso, se colaba en el pasillo.

”Subí las escaleras muy silenciosamente, preguntándome qué estaba pasando ahí a estas horas de la madrugada. Que yo sepa, Smith jamás tuvo visitas. Por un momento, dudé fuera de la puerta con un pie en las escaleras. Todo mi interés en este extraño hombre revivió y mi curiosidad creció hasta un punto no muy lejano de la acción. Por fin, quizás, sabría algo de los hábitos de este amante de la noche y la oscuridad.

”El sonido de voces era plenamente audible, y la de Smith predominaba tanto que nunca pude escuchar más que indicios de sonido de la otra colándose ocasionalmente en el continuo flujo de su voz. No me llegó ni una sola palabra, al menos ni una palabra que pudiera entender, aunque la voz era fuerte y distintiva, y no fue hasta más tarde que me di cuenta de que debía estar hablando en un idioma extranjero.

”El sonido de pasos también era igualmente distintivo. Dos personas se estaban moviendo por la habitación, pasando y volviendo a pasar por la puerta, una de ellos era una persona liviana y ágil; y la otra, pesada y algo extraña. La voz de Smith continuó incesantemente con su extraño y monótono rumor, ahora fuerte, ahora suave, mientras cruzaba y volvía a cruzar el piso. La otra persona también se movía, pero de una manera diferente y menos regular, porque escuché pasos rápidos que parecían terminar a veces en tropiezos, y movimientos súbitos y rápidos que terminaban con una violenta sacudida contra la pared o los muebles.

”Mientras escuchaba la voz de Smith, además, comencé a sentir miedo. Había algo en el sonido que me hizo sentir intuitivamente que él estaba en apuros, y un impulso se removió vagamente en mi interior (muy vagamente, lo admito) de golpear la puerta y preguntar si necesitaba ayuda.

”Pero mucho antes de que el impulso pudiese traducirse en un acto, o incluso antes de que hubiese sido propiamente sopesado y considerado por la mente, escuché una voz muy cerca de mí en el aire, una especie de susurro apagado que estoy seguro de que era Smith hablando, aunque el sonido no parecía haberme llegado a través de la puerta. Estaba junto a mi mismísima oreja, como si estuviese parado a mi lado, y me dio tal susto que me aferré de la barandilla para salvarme de dar un paso atrás y causar un alboroto en las escaleras.

”—No hay nada que puedas hacer para ayudarme —dijo claramente— y estarás mucho más a salvo en tu habitación.

”Me avergüenzo hasta el día de hoy del ritmo con el que cubrí el tramo de la escalera en la oscuridad hasta la planta alta y de la mano temblorosa con la que encendí mis velas y trabé la puerta. Pero ahí tienen justo como sucedió.

”Este episodio nocturno, en sí tan raro pero tan trivial, me encendió con más curiosidad que nunca sobre mi compañero de pensión. También me hizo asociarlo en mi mente con una sensación de miedo y desconfianza. Nunca lo veía, aunque usualmente, e incómodamente, era consciente de su presencia en las regiones superiores de esa sombría pensión. Smith, su secreto modo de vida y sus misteriosas actividades, de algún modo, lograron despertar en mí una línea de reflexión que perturbó mi cómoda condición de ignorancia. Nunca lo veía, como he dicho, ni tenía ninguna clase de comunicación con él, aunque me parecía que su mente estaba en contacto con la mía, y alguna de las fuerzas extrañas de su atmósfera se colaban en mi interior y perturbaban mi equilibrio. Esos pisos de arriba se me hacían embrujados al caer la noche, y aunque por fuera nuestras vidas nunca entraban en contacto, me vi involuntariamente involucrado en ciertas actividades en las que su mente estaba enfocada. Sentía que, de algún modo, me estaba usando en contra de mi voluntad, y con métodos que sobrepasaban mi comprensión.

”En ese momento, además, me encontraba inmerso en el estricto e incuestionable estado del materialismo, que es común en los estudiantes de medicina cuando comienzan a entender algo de la anatomía humana y del sistema nervioso, y saltan inmediatamente a la conclusión de que controlan el universo y de que sostienen en sus fórceps la última palabra sobre la vida y la muerte. ‘Me las sabía todas’ y consideraba cualquier creencia ajena a la materia como las divagaciones de mentes débiles o, en el mejor de los casos, inexpertas. Y esta condición de la mente, por supuesto, sumada a la fuerza de este miedo terrible que emanaba del piso de abajo, comenzó lentamente a apoderarse de mí.

”Aunque no tomé nota de los eventos subsecuentes en este asunto, me causaron una impresión demasiado profunda como para que olvide la secuencia en que ocurrieron. Sin dificultad puedo recordar el siguiente paso en la aventura con Smith, porque rápidamente se volvió una aventura.”

El doctor se detuvo un momento y apoyó su pipa en la mesa que tenía detrás antes de continuar. El fuego se había apagado y nadie se movió para avivarlo. El silencio en el gran salón era tan profundo que, cuando la pipa del orador tocó la mesa, el sonido despertó ecos audibles a lo lejos entre las sombras.

“Una noche, mientras leía, la puerta de mi habitación se abrió y entró Smith. No cumplió con ninguna formalidad. Eran más de las diez y yo estaba cansado, pero la presencia del hombre inmediatamente me galvanizó a la acción. A mis intentos de usual cortesía las arrojó inmediatamente a un lado, y comenzó a pedirme que vocalizara, y que luego pronunciara para él, ciertas palabras hebreas; y cuando eso estuvo hecho, abruptamente me preguntó si no era el afortunado poseedor de un rarísimo tratado rabínico, el cual nombró.

”Cómo supo que estaba en posesión de este libro, me desconcertó excesivamente, pero más aún me sorprendió verlo cruzar la habitación y tomarlo de mi estantería casi antes de que hubiese tenido tiempo de responderle afirmativamente. Evidentemente, sabía con exactitud dónde lo tenía. Esto excitó mi curiosidad más allá de los límites, e inmediatamente comencé a hacerle preguntas; y aunque, por puro respeto por el hombre, se las hice muy delicadamente, y casi a modo de una sencilla conversación, solo tuvo una respuesta para el conjunto. Levantó la mirada de las páginas del libro con una expresión de completa compresión en sus extraordinarios rasgos, inclinó un poco su cabeza y dijo muy gravemente:

”—Esa, por supuesto, es una pregunta perfectamente apropiada —fue absolutamente todo lo que alguna vez pude sonsacarle.

”En esa ocasión en particular, se quedó conmigo, quizás, diez o quince minutos. Luego, bajó rápidamente las escaleras hasta su habitación con mi tratado hebreo en su mano y lo escuché cerrar con llave su puerta.

”Pero, unos momentos después, antes de que hubiese tenido tiempo de volver a mi libro o de recuperarme de la sorpresa que su visita me había causado, escuché que la puerta se abrió, y allí estaba Smith nuevamente junto a mi silla. No se disculpó por su segunda interrupción, sino que inclinó su cabeza hasta el nivel de mi velador y me miró directamente a los ojos a través de la llama.

”—Espero —susurró—, espero que nunca te molesten de noche.

”—¿Eh? —tartamudeé—. ¿Molestado de noche? Oh, no, gracias, no que yo sepa al menos...

”—Me alegro —respondió gravemente, pareciendo no notar mi confusión y sorpresa por su pregunta—. Pero, recuerda, si alguna vez sucediese, házmelo saber inmediatamente.

”Y se fue por las escaleras nuevamente a su habitación.

”Por algunos minutos, me quedé reflexionando sobre su extraño comportamiento. No estaba loco, razoné, pero era víctima de algún delirio inofensivo que había madurado gradualmente en él como resultado de su modo de vida solitario, y por los libros que frecuentaba, juzgué que tenía algo que ver con magia medieval o algún sistema de antiguo misticismo hebreo. Las palabras que me pidió pronunciarle eran, probablemente, palabras mágicas, las cuales, pronunciadas con la vehemencia de una voluntad poderosa, producían supuestamente resultados físicos o creaban vibraciones en el propio ser interior que tenían el efecto de correr parcialmente el velo.

”Me quedé pensando en el hombre, en su modo de vida y en los probables efectos en el largo plazo de sus peligrosos experimentos, y puedo recordar perfectamente bien la sensación de decepción que se apoderó de mí cuando me di cuenta de que había etiquetado su particular forma de aberración y de que, de ahora en más, ya no incitaría mi curiosidad.

”Durante algún tiempo estuve sentado a solas con estos pensamientos (puede que hayan sido diez minutos como que haya sido media hora) hasta que me despertó de mi ensoñación la certeza de que alguien estaba nuevamente en la habitación parado cerca de mi silla. Mi primer pensamiento fue que, nuevamente, Smith había regresado en su raudo e incomprensible estilo; pero, casi en ese mismo instante, me di cuenta de que ese no podía ser el caso. Porque la puerta estaba frente a mí y ciertamente no había sido abierta de nuevo.

”Sin embargo, alguien estaba en la habitación, moviéndose cuidadosamente de un lado al otro, mirándome, casi tocándome. Estaba tan seguro de ello como de que yo existía, y, aunque no creo que en ese momento estaba realmente asustado, debo admitir que me invadió una cierta debilidad y que sentí esa extraña aversión por la acción que es, probablemente, el comienzo de la horrible parálisis del verdadero terror. Me habría encantado esconderme si eso hubiera sido posible, acurrucarme en una esquina o detrás de una puerta o en cualquier lugar, de modo que no fuera visto ni observado.

”Pero, venciendo mi nerviosismo por pura fuerza de voluntad, me levanté rápidamente de mi silla y sostuve el velador en lo alto, de modo que iluminó todas las esquinas como un reflector.

”¡La habitación estaba completamente vacía! Estaba completamente vacía, al menos, para el ojo; pero, para los nervios, y especialmente para esa combinación de percepción sensorial que está compuesta por todos los sentidos actuando en conjunto y por ninguno en particular, allí había una persona parada a mi lado.

”Digo ‘persona’ porque no puedo pensar una palabra apropiada. Porque, si era humano, solo puedo afirmar que tuve la abrumadora convicción de que no lo era, sino alguna forma de vida completamente desconocida para mí tanto en su esencia como en su naturaleza. Una sensación de fuerza y poder gigantescos lo acompañaban, y recuerdo vívidamente hasta el día de hoy mi terror al darme cuenta de que estaba cerca de un ser invisible que podía aplastarme tan fácilmente como yo podía aplastar una mosca y que podía ver todos mis movimientos mientras permanecía invisible.

”A este terror se sumó el certero conocimiento de que el ‘ser’ permanecía cerca de mí con un propósito definido. Y de que este propósito tenía alguna relación directa con mi bienestar, con mi vida de hecho, yo estaba igualmente convencido. Porque fui consciente de una sensación de creciente desfallecimiento, como si la vitalidad fuese incesantemente drenada de mi cuerpo. Mi corazón comenzó a latir irregularmente al principio; luego, débilmente. Fui consciente, incluso a los pocos minutos, de un decaimiento generalizado de los poderes de la vida en todo el sistema, de un repliegue del autocontrol y de una clara llegada del adormecimiento y del letargo.

”La capacidad de movimiento o de pensar algún modo de resistencia estaba abandonándome rápidamente cuando se produjo, como en la distancia, un tremendo estruendo. Una puerta se abrió con estrépito, y escuché los tonos autoritarios y dominantes de una voz humana gritando en un lenguaje que no pude comprender. Era Smith, mi compañero de pensión, gritando desde las escaleras, y su voz no había sonado por más de unos segundos cuando sentí que algo se retiraba de mi presencia, de mi persona, de mi propia piel de hecho. Fue como si una ráfaga de aire o alguna criatura enorme pasase a mi lado a la altura de mis hombros. Instantáneamente, se alivió la presión sobre mi corazón, y la atmósfera pareció retomar su condición normal.

”La puerta de Smith se cerró silenciosamente escaleras abajo mientras yo bajaba la lámpara con manos temblorosas. Qué había sucedido, no lo sé; únicamente, que estaba solo de nuevo y que mi fuerza estaba regresando tan rápidamente como me había abandonado.

”Atravesé la habitación y mi miré en el espejo. La piel estaba muy pálida; y los ojos, apagados. Mi temperatura, descubrí, estaba un poco por debajo de lo normal; y mi pulso, débil e irregular. Pero estos síntomas menores de perturbación no eran nada comparado con el sentimiento que tuve (aunque ningún síntoma exterior daba testimonio del hecho) de que había escapado por los pelos de una catástrofe real y espantosa. Me sentía sacudido, de algún modo, sacudido hasta las mismísimas raíces de mi ser.”

El doctor se levantó de su silla y se acercó al fuego menguante, de modo que nadie pudo ver su rostro mientras permanecía de espaldas al hogar, y continuó con su extraño relato.

“Sería cansador”, continuó en voz más baja, mirando por encima de nuestras cabezas como si aún viese la deslucida planta alta de aquella pensión embrujada de Edimburgo, “sería tedioso para mí a estas alturas analizar mis sentimientos o intentar reproducir para ustedes la completa examinación a la que entonces intenté someter todo mi ser, intelectual, emocional y físicamente. Solo necesito mencionar la emoción dominante con la que este curioso episodio me dejó (la indignada ira conmigo mismo por haber perdido lo suficiente mi autocontrol como para caer bajo el poder de un delirio tan burdo y absurdo). Esta protesta, sin embargo, recuerdo hacerla con todo el énfasis posible. Y también recuerdo notar que me trajo poca satisfacción, porque era la protesta de mi razón únicamente, mientras que todo el resto de mi ser estaba alzado en armas en contra de sus conclusiones.

”Mis tratos con el ‘delirio’, sin embargo, no habían terminado aún esa noche, porque bien temprano en la madrugada, a eso de las tres, me despertó un sonido curiosamente sigiloso en la habitación, y al minuto siguiente le siguió un estrépito, como si todos mis libros hubiesen sido arrojados físicamente de sus estantes al piso.

”Pero, esta vez, no estaba asustado. Maldiciendo el alboroto con todas las resonantes e inofensivas palabras que pude acumular, salté de la cama y encendí la vela en un segundo; y en el primer resplandor del fósforo encendido (pero antes de que la mecha tuviera tiempo de prenderse), estuve seguro de que vi una sombra gris oscuro de aspecto distorsionado, y con algo medianamente parecido a una cabeza humana, pasar corriendo junto al lado de la pared más alejado de mí y desaparecer en la oscuridad por el ángulo de la puerta.

”Esperé solo un segundo para estar seguro de que la vela estuviera encendida, y luego corrí tras ella; pero, antes de que hubiese dado dos pasos, mi pie tropezó contra algo pesadamente apilado sobre la alfombra, y me salvé por los pelos de golpearme la cabeza. Me levanté y encontré que todos los libros de lo que llamaba mi ‘estantería lingüística’ estaban desparramados por el piso. La habitación, mientras tanto, como reveló una rápida búsqueda, estaba totalmente vacía. Miré en cada esquina y detrás de cada mueble, y la habitación de un estudiante en una planta alta que costaba doce chelines la semana no tenía muchos escondites disponibles, como pueden imaginarse.

”El estrépito, sin embargo, tenía explicación. Alguna fuerza física y bastante mundana había arrojado los libros de su estantería. Eso, al menos, estaba fuera de toda duda. Y mientras los volvía a colocar en la estantería y notaba que no faltaba ninguno, me ocupé mentalmente con el irritante problema de cómo el agente de esta broma de mal gusto había logrado ingresar a mi habitación y logrado escapar. Porque mi puerta estaba cerrada con llave.

”La extraña pregunta de Smith sobre si era molestado por la noche y su admonición de hacerle saber inmediatamente si tal fuera el caso, ahora obviamente regresaban para afectarme mientras estaba allí parado en la madrugada, con frío y temblando sobre la alfombra; pero me di cuenta, en ese mismo momento, cuán imposible sería para mí admitir que una pesadilla más vívida de lo usual pudiera tener una conexión con él. Soportaría un millar de estas misteriosas visitaciones que consultar a un hombre semejante sobre su posible causa.

”Un golpe en la puerta interrumpió mis reflexiones y tuve un sobresalto que lanzó por los aires la cera derretida de la vela.

”—Déjame entrar —ingresó la voz de Smith.

”Abrí la puerta. Entró totalmente vestido. Su rostro tenía una curiosa palidez. Me parecía que estaba debajo de la piel y que brillaba a través de ella y que casi la hacía luminosa. Sus ojos estaban excesivamente brillantes.

”Me preguntaba qué diantres decirle o cómo explicaría él su visita a tales horas cuando cerró la puerta al pasar y se puso cerca de mí (incómodamente cerca).

”—Deberías haberme avisado inmediatamente —dijo con su voz susurrante, mirándome a la cara con sus grandes ojos.

”Tartamudeé algo sobre un sueño desagradable, pero ignoró completamente mi comentario, y descubrí que su mirada se desviaba a continuación (si es que cualquier movimiento de esas ópticas puede describirse así) hacia la estantería. Yo lo miraba, incapaz de apartar mi mirada de su persona. Este hombre me fascinaba terriblemente por algún motivo. ¿Por qué, por el amor de Dios, estaba despierto y vestido a las tres de la madrugada? ¿Cómo sabía que había pasado algo inusual en mi habitación? Luego, su susurro volvió a comenzar.

”—Es tu asombrosa vitalidad lo que te provoca esta molestia —dijo, volviendo a clavar sus ojos en los míos.

”Me quedé sin aliento. Algo en su voz o su actitud me heló la sangre.

”—Esa es la verdadera atracción —continuó—. Pero, si esto continúa, uno de los dos deberá marcharse, ¿sabes?

”Verdaderamente no pude articular ni una palabra en respuesta. Los canales del habla se secaron en mi interior. Simplemente lo miraba y me preguntaba qué diría a continuación. Lo miraba como en una especie de sueño, y, que yo recuerde, me pidió que prometiera que lo llamaría más pronto en otra ocasión, y luego comenzó a caminar por la habitación, pronunciando extraños sonidos y haciendo signos con sus brazos y manos hasta que alcanzó la puerta. Entonces, se había ido en menos de un segundo, y yo había cerrado con llave la puerta a continuación.

”Luego de esto, la aventura con Smith se acercó rápidamente a un clímax. Ocurrió una semana o dos después, y yo estaba volviendo a casa entre las dos y las tres de la madrugada de un caso de maternidad, ciertos aspectos del cual, por el momento, habían tomado enormemente posesión de mi mente, a tal punto, de hecho, que pasé por la puerta de Smith sin prestarle la más mínima atención.

”La llama del mechero del rellano aún ardía, pero tan baja que apenas dejaba marcas en el profundo mar de sombras que se extendía por la escalera. En lo alto, el brillo más tenue posible de gris mostraba que la mañana no estaba muy lejos. Unas pocas estrellas brillaban a través de la claraboya. La casa estaba tan silenciosa como una tumba y el único sonido que rompía el silencio era la ráfaga del viento alrededor de las paredes y sobre el techo. Pero este era un sonido irregular, súbitamente se levantaba e igual de súbitamente volvía a parar, y solo servía para intensificar el silencio.

”Ya había llegado a mi propio rellano cuando tuve un violento sobresalto. Fue automático, casi un acto reflejo de hecho, porque solo fue cuando me descubrí titubeando ante el picaporte y pensando dónde podría esconderme más rápidamente que me di cuenta de que una voz sonó a mi lado en el aire. Fue la misma voz que había escuchado antes y me pareció que pedía ayuda. Y, sin embargo, en ese mismo instante, me interné en la habitación, determinado a ignorarla y buscando persuadirme de que fue el crujido de las tablas bajo mi peso o el aullido del viento lo que me había engañado.

”Pero apenas había alcanzado la mesa donde estaban las velas cuando el sonido se repitió inconfundiblemente: ‘¡Ayuda! ¡Ayuda!’. Y, esta vez, estuvo acompañado por lo que solo puedo describir como una vívida alucinación táctil. Fui tocado: la piel de mi brazo fue aferrada por unos dedos.

”Alguna fuerza imperiosa me hizo bajar precipitadamente la escalera como si las fuerzas malignas del mundo entero me pisaran los talones. Me detuve en la puerta de Smith. La fuerza de su admonición previa de buscar su ayuda sin demora funcionó súbitamente, y arrojé todo mi peso sobre los paneles. Ni en sueños hubiese imaginado que me llamarían para prestar ayuda en lugar de recibirla.

”La puerta cedió inmediatamente e irrumpí en una habitación que estaba tan llena de un vapor asfixiante que se movía en nubes lentas que, al principio, no pude distinguir absolutamente nada más que un conjunto de lo que parecían ser unas sombras enormes que entraban y salían de la neblina. Luego, gradualmente, percibí que una lámpara roja en la repisa daba toda la luz que había, y que la habitación, a la que ahora entraba por primera vez, estaba casi vacía de muebles.

”La alfombra estaba enrollada y apilada en la esquina, y sobre las tablas blancas del piso noté un gran círculo pintado de negro con algún material que emitía un tenue resplandor, y que, aparentemente, largaba humo. Dentro del círculo, como así también en los espacios regulares fuera de este, había diseños de aspecto curioso. Estos también parecían emitir una tenue luz por sí mismos.

”Mi primera impresión al entrar en la habitación había sido que estaba llena de... personas, iba a decir, pero eso apenas expresa a lo que me refiero. Seres, ciertamente eran, pero me di cuenta, más allá de toda duda, de que no eran seres humanos. De que había obtenido un vistazo momentáneo de entidades vivas e inteligentes, no lo dudo nunca; pero estoy igualmente convencido, aunque no puedo probarlo, de que estas entidades pertenecían por completo a algún otro esquema de la evolución y que nada tenían que ver con la vida humana ordinaria, sea corpórea o incorpórea.

”Pero, lo que sea que fuesen, su apariencia visible era excesivamente efímera. Ya no veía nada, aunque aún me sentía seguro de su presencia cercana. Pertenecían, además, al mismo orden de vida que el visitante de mi habitación de unas noches atrás, y su proximidad a mi atmósfera en grupo, en lugar de individualmente como antes, transmitía a mi mente algo que era bastante terrible y sobrecogedor. Comencé a temblar violentamente y la transpiración chorreaba por mi cara.

”Estaban en constante movimiento a mi alrededor. Se mantenían cerca de mí, se movían detrás de mí, rozaban mi hombro al pasar, movían el cabello de mi frente y daban vueltas en círculo a mi alrededor sin tocarme realmente, pero siempre presionando por acercarse más y más. Especialmente en el aire justo sobre mi cabeza, parecía haber un movimiento incesante, y estaba acompañado de un confuso sonido de susurros y suspiros que amenazaban a cada momento con articularse en palabras. Para mi gran alivio, sin embargo, no escuché palabras distintivas, y el sonido continuó más como el ascenso y el descenso del viento que como cualquier otra cosa que puedo imaginar.

”Pero la característica de estos ‘Seres’ que más fuertemente me impresionó en aquel momento, y de la cual conservo el recuerdo más permanente, fue que cada uno de ellos poseía lo que parecía ser un centro vibrante que lo impulsaba con una fuerza tremenda y que causaba un veloz arremolinamiento de la atmósfera al pasar a mi lado. El aire estaba lleno de estos pequeños vórtices de fuerza zumbante y rotante; y, cuando uno de ellos se acercaba demasiado, sentía como si los nervios de esa porción particular de mi cuerpo hubiesen sido literalmente extraídos, absolutamente vaciados de vitalidad; y, luego, inmediatamente vueltos a colocar (pero vueltos a colocar muertos, flácidos, inútiles).

”Entonces, súbitamente, por primera vez, mis ojos cayeron sobre Smith. Estaba acurrucado contra la pared a mi derecha, en una actitud que era obviamente defensiva, y estaba claro que estaba en las últimas. El terror de su rostro era lamentable, pero, al mismo tiempo, había otra expresión en sus dientes y boca firmemente apretados que mostraban que no había perdido todo el control sobre sí mismo. Tenía la expresión más decidida que he visto jamás en un semblante humano, y, aunque por el momento en una terrible desventaja, lucía como un hombre que tenía confianza en sí mismo y que, a pesar del accionar del miedo, estaba esperando su oportunidad.

”Por mi parte, estaba cara a cara con una situación que superaban tanto mi conocimiento y comprensión que me sentía igual de indefenso que un niño, e igual de inútil.

”Ayúdame... rápido... a volver al círculo —lo escuché medio exclamar, medio susurrar a través los vapores en movimiento.

”Mi único valor parece que fue que no tenía miedo de actuar. Al no saber nada sobre las fuerzas con las que me estaba metiendo, no tenía idea del peligro mortal al que me exponía, y salté adelante y lo tomé de los brazos. Él arrojó todo su peso en mi dirección, y por nuestro esfuerzo combinado, su cuerpo abandonó la pared y se movió dando tumbos por el piso en dirección al círculo.

”Al instante, descendió sobre nosotros, desde el aire vacío de esa habitación repleta de humo, una fuerza que solo puedo comparar con la presión, el impulso de un poderoso viento confinado en un espacio estrecho. Era casi explosivo en su efecto y parecía operar sobre todas las partes de mi cuerpo por igual. Cayó sobre nosotros con un sonido ululante que llenó mis oídos, y me hizo pensar por un momento que las mismísimas paredes y el techo de la construcción se habían hecho pedazos. Bajo su primer golpe, retrocedimos a los tumbos nuevamente contra la pared, y yo entendí claramente que su propósito era evitar que volviésemos al círculo en el medio del piso.

”Chorreados de transpiración y sin aliento, con cada músculo agotados hasta el límite, finalmente logramos alcanzar el borde del círculo, y en ese momento era tan grande la fuerza opositora que verdaderamente me sentí separado de los brazos de Smith, flotando en el aire y dando vueltas en dirección a las ventanas, como si la rueda de una gran maquinaria hubiese atrapado mis ropas y estuviera destrozándome hasta matarme en sus revoluciones.

”Pero, incluso cuando caí, lastimado y sin aliento contra la pared, vi a Smith firmemente sobre sus pies en el círculo e irguiéndose lentamente de nuevo. Mis ojos nunca abandonaron ni una vez su figura en los pocos minutos siguientes.

”Se irguió en toda su estatura. Sus grandes hombres se cuadraron. Su cabeza estaba ligeramente tirada hacia atrás, y, mientras lo miraba, vi que la expresión de su rostro cambió rápidamente del miedo a una de absoluto dominio. Miró firmemente alrededor de la habitación y, entonces, su voz comenzó a vibrar. En un tono bajo al comienzo, gradualmente subió hasta asumir el mismo volumen e intensidad que había escuchado esa noche cuando gritó desde las escaleras en dirección a mi habitación.

”Fue un curioso sonido creciente, más parecido a la fricción de un instrumento que a una voz humana, y mientras crecía en poder y llenaba la habitación, fui consciente de que un gran cambio se estaba produciendo lenta y seguramente. La confusión sonora y las ráfagas de viento decayeron al redoble de vibraciones largas y estables, no distintas de aquellas causadas por los pedales más graves de un órgano. Los movimientos en el aire se hicieron menos violentos, luego se volvieron decididamente más débiles y, finalmente, cesaron por completo. Los susurros y suspiros se hicieron más y más tenues, hasta que, al final, no pude escucharlos en lo más mínimo; y lo más extraño de todo fue que la luz emitida por el círculo, así como también por los diseños a su alrededor, adquirió un brillo estable, arrojando su resplandor hacia arriba con el efecto más extraño posible sobre sus rasgos. Lentamente, por el poder de su voz, detrás de la que indudablemente había un genuino conocimiento de la oculta manipulación del sonido, este hombre dominaba las fuerzas que habían escapado de su esfera correspondiente, hasta que, al final, la habitación fue reducida al silencio y al perfecto orden nuevamente.

”A juzgar por el inmenso alivio que también se comunicaba a mis nervios, sentí entonces que la crisis había terminado y que Smith era nuevamente dueño de la situación.

”Pero recién había empezado a felicitarme por este resultado y a reunir mis sentidos dispersos a mi alrededor cuando, pronunciando un fuerte grito, lo vi saltar del círculo y arrojarse al aire (al aire vacío, como me parecía). Entonces, incluso mientras contenía el aliento por miedo al golpe que forzosamente iba darse contra el suelo, lo vi chocar con un golpe seco contra un cuerpo sólido en medio del aire, y, al siguiente instante, estaba luchando con una cosa pesada que era absolutamente invisible para mí, y la habitación tembló con la lucha.

”De un lado al otro se inclinaban, a veces tambaleándose en una dirección, a veces en otra, y siempre a una distancia horriblemente cercana a mí mientras temblaba apoyado contra la pared y miraba la refriega.

”Duró, como mucho, solo un breve minuto o dos y terminó tan súbitamente como había empezado. Smith, con un movimiento inesperado, levantó sus brazos con una exclamación de alivio. En ese mismo instante, hubo un aullido salvaje, desgarrador en el aire a mi lado, y algo pasó corriendo entre nosotros con un sonido similar al paso de una bandada de enormes pájaros. Ambas ventanas temblaron como si fueran a salirse de sus marcos. Entonces, una sensación de vacío y paz invadió súbitamente la habitación, y supe que todo había terminado.

”Smith, con su cara excesivamente blanca, pero, por lo demás, extrañamente sereno, se giró hacia mí al instante.

”—¡Dios! Si no hubieras venido... Desviaste la corriente, la dispersaste... —susurró—. Me salvaste.”

El doctor hizo una larga pausa. Entonces, buscó a tientas su pipa en la oscuridad, tanteando la mesa detrás de nosotros con ambas manos. Nadie habló por un rato, pero todos temían el súbito resplandor que habría cuando encendiera el fósforo. El fuego casi se había apagado y el enorme salón estaba completamente a oscuras.

Pero el relator no encendió ese fósforo. Solamente estaba ganando tiempo por algún motivo oculto. Y, entonces, continuó con su relato con una voz más apagada.

“No recuerdo bien”, dijo, “cómo volví a mi propia habitación. Solo sé que estuve acostado a la luz de dos velas por el resto de la noche y que la primera cosa que hice en la mañana fue hacerle saber a la casera que me iba de la casa al final de la semana.

”Smith aún tiene mi tratado rabínico. Al menos, no me lo devolvió en aquel momento, y nunca lo volví a ver desde entonces como para pedírselo.”

Algernon Blackwood (1869-1951)

(Traducido al español por Ariel Palomo)




Relatos góticos. I Relatos de Algernon Blackwood.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Algernon Blackwood: Smith: Un episodio en una pensión (Smith: An Episode in a Lodging-House), fueron realizados por Ariel Palomo. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Hay algo ahí afuera, y no es humano: análisis de «La Cosa Maldita» de Bierce.


Hay algo ahí afuera, y no es humano: análisis de «La Cosa Maldita» de Bierce.




En El Espejo Gótico hoy analizaremos el relato de Ambrose Bierce: La Cosa Maldita (The Damned Thing), publicado originalmente en la edición del 7 de diciembre de 1893 de la revista Town Topics, y luego reeditado en la antología de 1910: ¿Pueden estas cosas existir? (Can Such Things Be?).

En una cabaña apartada se han reunido nueve hombres. Siete de ellos, granjeros y leñadores, están sentados contra la pared. Uno lee un desgastado libro, entrecerrando los ojos a la luz de una sola vela. El noveno yace sobre una mesa. Nadie habla, pero desde afuera llega un coro de animales nocturnos: coyotes, pájaros e insectos. Llega un décimo hombre, William Harker. Su ropa, aunque polvorienta por el viaje, lo distingue como un sujeto urbano. El forense [que se ha metido el libro en el bolsillo] informa al recién llegado que el asunto debe completarse esa noche. Le pregunta a Harker sobre Hugh Morgan, cuyo cadáver yace en la mesa.

Harker responde que vino a cazar y pescar con su amigo, también para estudiar el carácter de Morgan, ya que Harker es periodista y escritor de historias. Ha escrito una sobre la muerte de Morgan, de la que fue testigo, pero debe publicarla como ficción, no como noticia, porque es increíble.

Harker lee la historia en voz alta.

Él y Morgan están cazando codornices al amanecer. Llegan a un campo de avena. A poca distancia, un animal se revuelve en la maleza. ¿Un ciervo? Lástima que no hayan traído rifles, solo escopetas para codornices. Aun así, Morgan levanta su arma. ¿Podría ser un oso? Pero Morgan, temblando, declara que es esa «Cosa Maldita».

La bestia, aún invisible, se mueve directamente hacia ellos. Morgan dispara. La bestia gruñe. Morgan deja caer su arma y huye. En ese momento, Harker es derribado por algo «suave y pesado», y aún invisible. Oye a Morgan gritar de agonía; mezclándose con su voz hay «sonidos roncos y salvajes como los que se escuchan en los perros de pelea». Harker se pone de pie y observa a su amigo luchar con... nada.

Y, sin embargo, partes del cuerpo de Morgan aparecen y desaparecen, como si fueran borradas por el cuerpo de su antagonista.

Antes de que Harker pueda alcanzarlo, Morgan está muerto y la maleza vuelve a moverse en línea recta hacia los bosques vecinos.

El forense se levanta y retira la sábana que cubre el cadáver, revelando un cuerpo mutilado, con el cuello destrozado. Luego muestra la ropa andrajosa y endurecida por la sangre de Morgan. No hay más pruebas.

¿Qué opinan los demás?

El capataz quiere saber de qué manicomio escapó el señor Harker. Harker se sonroja, pero se queda el tiempo suficiente para pedirle el libro al forense: es el Diario de Morgan. El forense dice que no es pertinente, y lo retiene. Los otros deliberan brevemente y luego emiten su veredicto: Morgan evidentemente fue atacado por un león de montaña.

El Diario de Morgan puede arrojar algo de luz sobre su muerte.

Morgan primero escribe sobre el extraño comportamiento de su perro, que parece oler algo invisible y luego sale corriendo a toda velocidad. Una noche observa cómo las estrellas sobre una cresta desaparecen una a una, como si algo invisible las ocultara a su paso. Morgan está alerta toda la noche, arma en mano, pero no ve nada.

A la mañana siguiente descubre huellas frescas. Si sus experiencias son reales, se volverá loco. El suspenso es intolerable, pero Morgan no será expulsado de su propia tierra. En cambio, invitará a su sensato amigo, Harker, a visitarlo. Una entrada posterior describe la epifanía repentina de Morgan de que así como hay sonidos más allá del oído humano, debe haber colores más allá de la vista, como los rayos «actínicos» que los químicos han descubierto en el extremo del espectro solar. Así que no está loco, simplemente hay colores que no puede ver y, Dios lo ayude, la Cosa Maldita es de ese color.


La Cosa Maldita de Ambrose Bierce es un relato sobre «algo invisible»; y establece un elemento que llegaría a convertirse en un recurso común en el género: los horrores invisibles al ojo humano siempre son depredadores [ver: Invisibilidad en la literatura]

Uno podría suponer que la invisibilidad también podría ser desarrollada por una presa. ¿Por qué no hay simpáticos conejos invisibles? Aparentemente, si eres invisible, eres un depredador. Pero esto no es necesariamente cierto. De hecho, ¿cómo notaríamos que hay conejos invisibles? Es el comportamiento predatorio lo que eventualmente haría perceptible a una criatura invisible. Las depredaciones de los que están más abajo en la cadena alimenticia, como los conejos [si acaso hubiese una especie invisible] serían atribuídas a babosas o al peso deficiente de la cosecha de zanahorias.

En cuando a las presas invisibles, dudo que la invisibilidad tenga mucho sentido cuando tantos depredadores dependen principalmente del olfato y el oído. Incluso si la invisibilidad resultara metabólicamente económica, esta prescinde del elemento disuasivo. La mayoría de las «armas» que utilizan los animales para disuadir a sus depredadores [pensemos en las serpientes de cascabel o en los zorrillos] no dependen del elemento sorpresa, sino todo lo contrario: en anunciar que son peligrosos. Ser invisible, y, por lo tanto, difícil de detectar, socava todos los beneficios de este principio.

Pero, quizás, la distorsión perceptiva puede ser una amenaza estratégica: estar en el Valle Inquietante es una señal clara: «no puedes saber qué amenaza ofrezco, así que ni siquiera intentes atacarme». El anuncio, el despliegue del arma defensiva, en el caso de la Cosa Maldita, es la distorsión de la luz, con la consecuente reacción emocional e instintiva en quien observa ese fenómeno, algo así como la forma en que el sonido del cascabel de una serpiente puede paralizar a un depredador incluso si este nunca lo ha escuchado antes.

La influencia de La Cosa Maldita en H.P. Lovecraft es evidente, de hecho, el final del cuento de Ambrose Bierce es la premisa de varias historias del flaco de Providence: hay cosas extrañas y amenazantes más allá de los límites de la percepción humana. El Color [que cayó del espacio], los parásitos astrales de Desde el más allá (From Beyond), los monstruos invocados por Randolph Carter, incluso los Perros de Tíndalos de Frank Belknap Long, todos tienen su ascendencia en La Cosa Maldita de Ambrose Bierce [ver: Los Perros de Tindalos y los ángulos del tiempo]. Lovecraft, sin embargo, lleva esta idea mucho más allá. Para Ambrose Bierce, el mero hecho de haya cosas más allá de la percepción humana es suficiente revelación.

Las explicaciones de Morgan se refieren directamente a partes del espectro electromagnético insensibles a la visión humana. Son, de hecho, la revelación dramática al final de La Cosa Maldita. Quizás Ambrose Bierce estaba pensando en descubrimientos científicos recientes en su época [estamos en 1893]; pero no, el infrarrojo y el ultravioleta fueron descubiertos en 1800 y 1801 respectivamente. Ambrose Bierce simplemente se basó en estos elementos para darle un contexto científico a su monstruo invisible. En este punto, los investigadores presumiblemente ya eran conscientes de que tales cosas [si existieran] son visibles, solo que se perciben de manera inadecuada. Esto hace que el remate de la historia sea menos que impresionante para el lector moderno. El efecto descrito [algo ocluye los objetos detrás de él, pero no puedes ver la oclusión, algo así como en la película Depredador (Predator)] es paradójico; y la explicación no ayuda en nada.

Me pregunto cuánto del efecto de La Cosa Maldita fue eficaz en su tiempo, y cuánto se pierde para el lector moderno, que puede comprar una luz ultravioleta y un par de anteojos infrarrojos en cualquier tienda especializada. El mundo invisible que plantea Ambrose Bierce es accesible para nosotros, y sin demasiado esfuerzo.

Parte del genio de Lovecraft radica en su capacidad de hacer que el horror fuera más intenso con el conocimiento, en lugar de menos. El Color que Cayó del Espacio, tal vez el más desarrollado de las entidades imperceptibles del flaco de Providence, sufre un poco cuando los instrumentos de la Universidad de Miskatonic muestran que es incomprensiblemente inhumana. Pero los efectos de esa incomprensibilidad, las formas en que se insinúan en las plantas y en las mentes, superan esa barrera. Esos efectos, y no la explicación pseudocientífica, llevan el peso de la historia.

Otro punto en común entre La Cosa Maldita de Ambrose Bierce y Lovecraft es la forma en que se cuenta la historia. Aunque no tenemos al típico narrador de Lovecraft, sí tenemos una historia presenciada de segunda y tercera mano: el Diario de Morgan, el testimonio de Harker, todos los textos encontrados y las declaraciones oficiales. Luego está el forense, un tipo extraño que proporciona una perspectiva directa. Él es quien oculta el Diario, con su terrible revelación ultravioleta, a testigos y jurados por igual. Él sabe, por supuesto, que hay cosas que el ser humano no debería saber.

Estamos rodeados de criaturas invisibles para nosotros por la sencilla razón de que son demasiado pequeñas para que podamos verlas. Sabemos que existen, sabemos que hay bacterias, tardígrados y ácaros del polvo que acechan en nuestras sábanas; sin embargo, estas cosas invisibles debido a su tamaño diminuto no nos producen miedo, incluso cuando sus efectos sobre nuestra salud pueden ser devastadores. Nos preocupan más las dimensiones de vida que quizás pululan más allá del espacio que ocupamos. Pero, como sus [posibles] habitantes permanecen invisibles, solo nos resultan intelectualmente aterradores.

Son las cosas que deberíamos poder ver, porque son lo suficientemente grandes, que vagan por nuestro propio plano de existencia, las que nos aterrorizan.

Por supuesto, los seres humanos podemos oler y oír y saborear y tocar, pero es la vista nuestro sentido dominante, y a menudo nuestra primera línea de defensa ante una amenaza. Los seres invisibles no juegan limpio, porque, para nosotros, ver es creer. Ambrose Bierce seguramente pensaba algo parecido, porque en esta historia Morgan se pregunta si los perros pueden «ver con la nariz», es decir, se pregunta si sus cerebros pueden traducir olores en imágenes. Es un razonamiento interesante, pero inexacto. Un perro no tendría que traducir un olor a una imagen para detectar una amenaza, ya que el olfato es el sentido canino dominante. En la versión perruna de La Cosa Maldita, el monstruo no tendría que ser invisible, sino carecer de olor [ver: Lo olfativo, lo visual, lo auditivo y lo táctil en el Horror Cósmico]

La Cosa Maldita bien puede ser invisible, pero posee fisicalidad. Es lo suficientemente sólida como para destrozar un cuerpo humano. Ocupa espacio, borrando cosas con su masa, desplazando la vegetación, dejando huellas. En otras palabras, es invisible a la vista, pero visible en su interacción con el entorno. Además, huele, como puede atestiguarlo el perro de Morgan. Emite gruñidos, por lo que se lo puede oír. Se puede sentir, como descubre Harker cuando lo derriba. Y supongo que tendría sabor, si fueras tan temerario como para darle un mordisco [ver: La biología de los Monstruos]

Morgan intenta explicar la Cosa Maldita a través de la ciencia, no de la superstición, lo cual termina siendo más supersticioso todavía. Bien, los científicos dicen que hay colores más allá del alcance de la visión humana. Digamos que la Cosa Maldita tiene una hermosa tonalidad en el rango del infrarrojo, o del ultravioleta; eso significaría que refleja longitudes de ondas de luz que no podemos ver. Por lo tanto, es invisible. No puede estar reflejando las longitudes de onda intermedias del rojo, amarillo, verde, naranja, azul y violeta, en cualquier combinación, o en ese caso lo veríamos. Pero si refleja solo colores invisibles, y absorbe el arco visible, ¿no la veríamos como algo completamente negro, algo similar a la Gente Sombra? [ver: 5 tipos de Gente Sombra] También hay que tener en cuenta el efecto de refracción, como intenta hacer H.G. Wells en El hombre invisible (The Invisible Man), pero no nos conviene entrar en este territorio, al menos para mí, incierto.

Ambrose Bierce siente la misma aversión por las explicaciones sobrenaturales. Hacer caso omiso de las leyes de la física [conocida] es una decisión más sencilla para un autor, pero Ambrose Bierce no va allí. Si tomara ese camino, la Cosa Maldita podría ser un simple fantasma o un demonio capaz de interactuar con nuestro mundo físico. En el marco de la pseudociencia lovecraftiana, la Cosa Maldita podría ser una entidad extradimensional, donde las leyes físicas son diferentes, como los engendros invisibles de Yog-Sothoth en El Horror de Dunwich (Dunwich Horror) o los seres imperceptibles que devoran al pobre Abdul Alhazred, autor del Necronomicón, ante un grupo de espectadores horrorizados [ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu]

Al final, la Cosa Maldita debe sobrellevar el peso de todos los descubrimientos científicos realizados desde que la historia fue escrita. Podemos aceptar que una criatura de una dimensión superior sea multicromática en su plano, pero que esos mismos colores, en nuestra dimensión, actúen en una frecuencia invisible para los humanos. Podría suceder, pero las decisiones que toman las personas en la historia son mucho más cuestionables. El forense tiene un par de momentos de gran sarcasmo, perfectamente sincronizados, con los que derriba los argumentos de Harker, el soberbio periodista urbano. El forense es brillante, según su lógica. Me pregunto qué hizo con el Diario de Morgan. También podría ser un «adepto» [Ambrose Bierce nunca lo insinúa], alguien que protege a la Cosa Maldita a través de una incredulidad fingida.

Hay dos antecedentes inmediatos de La Cosa Maldita de Ambrose Bierce: ¿Qué fue eso? (What Was It?) de Fitz-James O'Brien, y El Horla (Le Horla) de Guy de Maupassant. Pero la invisibilidad en la literatura es tan antigua como la historia misma. Algunas de las primeras referencias provienen de la mitología griega, como el Anillo de Gyges del que habla Platón. En esta reveladora historia, un pastor descubre un anillo de invisibilidad que utiliza para seducir a una reina y asesinar al rey. Es una historia básica, pero insinúa ambos lados del problema de la invisibilidad:

a- La invisibilidad podría convertir a un pastor en rey.

b- Incluso un rey no tiene defensa contra un hombre invisible.

En la Edad Media podemos encontrar una gran cantidad de cuentos de hadas sobre anillos, zapatos, gorras y capas de invisibilidad, muchos de los cuales encontraron su camino hacia la ficción moderna. Los hermanos Grimm recogieron la historia de las Doce Princesas, que relata cómo estas mujeres lograban escabullirse de su castillo todas las noches para bailar en el bosque. Preocupado, su padre promete recompensar a cualquier hombre que pueda descubrir el secreto de las muchachas. El misterio lo resuelve un viejo andrajoso, a quien una hechicera le da una capa mágica; usando este artilugio, el viejo espía a las princesas mientras es invisible y descubre la salida secreta que utilizan para evadir a los guardias.

Este tipo de historias se abrieron paso hacia la ficción moderna, generalmente con un aura de horror. Antes mencionamos a Fitz-James O'Brien y ¿Qué fue eso?, en el que un hombre se está quedando dormido cuando una criatura cae pesadamente sobre él en la cama. Ambos luchan ferozmente en la oscuridad, sus amigos lo ayudan, y cuando logran reducir al atacante y encender una luz, no ven nada; sin embargo, sienten físicamente que hay algo ahí. Horrorizados, atan a la criatura invisible a la cama y esperan... tal vez demasiado, porque esta finalmente muere de hambre. Entonces deciden hacer un molde de yeso del cadáver, que revela el rostro de un monstruo sobrenatural.

Veinte años después, Guy de Maupassant escribió El Horla, una historia sobre una entidad alienígena invisible que se adhiere a un hombre desventurado, absorbiendo su fuerza y energía vital, de un modo similar al concepto actual de parásitos astrales. Curiosamente, el Horla solo da señales de existir bebiendo agua estancada y arrodillándose sobre el pecho de sus víctimas mientras duerme; algo parecido a las escalofriantes experiencias de parálisis del sueño. Por supuesto, el hombre está al borde de la locura, y provoca un incendio en un intento desesperado por liberarse de un enemigo que no puede ver. Al final se insinúa que el Horla podría ser apenas un individuo de una raza extradimensional que, por motivos desconocidos, a veces logran llegar a nuestro plano para alimentarse de los seres humanos [ver: Gente Sombra, el Horla, y el portal interdimensional de Maupassant]

Al igual que O'Brien y de Maupassant, Ambrose Bierce presenta a un depredador de otro mundo que invade nuestro plano físico sin ninguna explicación. Los tres relatos son eficaces porque no necesitan proporcionar una historia de fondo elaborada. Los tres seres invisibles llegan y desaparecen sin que sepamos qué son realmente. No conocemos sus motivos, sus intenciones, ni siquiera tenemos una idea clara de cómo funcionan como entidades invisibles. Lo que hace distinta a la Cosa Maldita es la disciplina literaria de Ambrose Bierce: el lector nunca se encuentra directamente con la criatura, sino más bien con los restos destrozados de lo ha atacado.

Ambrose Bierce establece un contexto intrigante mucho antes de que sepamos algo sobre la Cosa Maldita: la investigación post mortem en el interior de la cabaña en lo profundo del bosque, con la asistencia de ocho hombres [el forense, un testigo, y un pequeño jurado conformado por leñadores locales], todos alrededor del difunto Hugh Morgan, que yace amortajado en una mesa, y el testimonio de William Harker, abren la historia maravillosamente:


[«A una distancia de menos de treinta yardas estaba mi amigo, arrodillado, con la cabeza echada hacia atrás en un ángulo espantoso, sin sombrero, con su larga cabellera desordenada y todo el cuerpo dando violentas sacudidas de un lado a otro, hacia adelante y hacia atrás. Su brazo derecho estaba levantado y parecía carecer de mano, al menos, no pude ver ninguna. El otro brazo era invisible. Creo que solo podía distinguir una parte de su cuerpo; era como si hubiera sido borrada en parte, no puedo expresarlo de otra manera, entonces un cambio de posición lo traía de nuevo a la vista.»]


Algo invisible está inmovilizando y desgarrando el cuerpo de Morgan, algo que también tiene masa y densidad, porque en su andar dobla la maleza y ocluye parte de su víctima cuando se interpone entre esta y la mirada de Harker. Cuando este llega hasta Morgan, su amigo está muerto. Las evidencias examinadas por el forense parecen indicar que el atacante sabía exactamente como lidiar con un organismo terrestre:


[«El forense se movió hasta el final de la mesa y desabrochó un pañuelo de seda, que había sido colocado debajo de la barbilla y anudado en la parte superior de la cabeza. Cuando se retiró el pañuelo, quedó al descubierto lo que había sido la garganta. Algunos de los los miembros del jurado que se habían levantado para tener una mejor vista se arrepintieron de su curiosidad y apartaron la cara.»]


Hasta aquí, la evidencia solo muestra lo que bien podría ser el ataque de un oso o un puma. Sin embargo, Harker [el testigo] reconoce que el cuaderno que ha estado leyendo el forense es el Diario de Morgan [la víctima]. Exige verlo, pero el forense se niega, diciendo que el diario es irrelevante para el caso. Recién cuando Ambrose Bierce nos permite echar un vistazo al Diario de Morgan, lleno de entradas con experiencias extrañas, llegamos a la conclusión de que ha sido atacado por una entidad invisible.

En el Diario, Morgan anota que su perro ha estado olfateando algo en el bosque [¡esa Cosa Maldita!]. Poco después observa que las estrellas se borran como si algo enorme caminara entre él y el cielo. A la mañana siguiente encuentra las huellas de lo que parece ser un animal enorme. Después de rastrear a la Cosa Maldita durante un mes, Morgan comienza a perder la cordura, no tanto por la presencia de la criatura, sino por falta de sueño. En este punto, cuando Morgan ya ha perdido la confianza en sus sentidos, invita a Harker, a quien considera sensato y racional, a pasar una temporada con él en su cabaña. En este estado, Morgan reflexiona sobre los misterios del universo y el pobre aparato sensorial humano; y finalmente desarrolla una tesis:


[«En cada extremo del espectro solar, el químico puede detectar la presencia de lo que se conoce como rayos actínicos. Representan colores, colores integrales en la composición de la luz, que no podemos discernir. El ojo humano es un instrumento imperfecto; su rango solo detecta unas pocas octavas de la escala cromática real. No estoy loco; hay colores que no podemos ver. ¡Y, Dios me ayude! ¡La Cosa Maldita es de tal color!»]


Como en muchos de sus relatos, Ambrose Bierce vuelve a utilizar aquí la arrogancia del intelecto humano como factor decisivo en su derrota ante seres que responden a una física diferente. Los miembros del jurado encuentran ridícula la sugerencia de un atacante invisible, pero el forense parece estar tan perturbado por esta sugerencia que decide ocultar el Diario de Morgan, tal vez para sofocar el pánico que provocaría tal posibilidad entre una comunidad poco instruída.

Ambrose Bierce estaba fascinado por la idea de que los seres humanos son ciegos a la realidad, que nuestros «instrumentos imperfectos» son incapaces de procesar esa realidad, y que nuestra ignorancia es la que nos salva al final del día, permitiéndonos funcionar con relativa normalidad y preocuparnos por trivialidades. En este contexto, Ambrose Bierce establece que la humanidad sería arrastrada por una marea de terror si alguna vez supiera que hay cosas que desafían las leyes naturales conocidas.

Las únicas personas que se toman en serio la extraña muerte de Morgan son Harker, que la contempla con asombro juvenil, y el forense, que la reprime con prudente temor por las consecuencias sociales que podría despertar. La humanidad, que Ambrose Bierce satiriza en el jurado de leñadores mezquinos y vulgares, no está dispuesta a creer en estas cosas.

El método de razonamiento del personaje más parecido a un científico en la historia [el forense] es quizás el menos científico de todos. Al parecer, nunca sospecha que Harker tal vez asesinó a Morgan en el bosque y luego escribió él mismo el Diario como una especie de coartada. Esto nos permite preguntarnos: ¿el forense realmente creyó algo de la historia de Harker? ¿Creyó que el Diario de Morgan era legítimo? Evidentemente, sí; de otro modo no habría liberado a Harker. Pero, si realmente creyó en todo esto, ¿por qué aceptó el veredicto del jurado de que Morgan fue asesinado por un puma? ¿Acaso los leñadores nunca vieron el cadáver de alguien asesinado por un puma? El forense bien podría haber querido evitar el pánico al esconder sus creencias, pero los leñadores son gente de la zona que probablemente sabe qué tipos de heridas puede inflingir un puma, y cuáles exceden las posibilidades de este depredador.

Si bien la Cosa Maldita se teoriza vagamente, nunca se explica en la historia, y esa fue una buena decisión. Ambrose Bierce no estaba interesado en la protociencia ficción, que requiere cierto grado de posibilidad científica y explicaciones más o menos plausibles. Más bien, su objetivo es perturbarnos con lo que no sabemos, dejándonos como el médico forense: preocupados por nuestra ignorancia, aturdidos por nuestra propia estupidez, y horrorizados por nuestra insignificancia en un universo repleto de aterradoras maravillas.

En El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature), Lovecraft hace algunas observaciones sobre la obra de Ambrose Bierce, al que admira por su «rara variedad de comedia sardónica» y la «maestría de sus oscuras insinuaciones». Sin embargo, Lovecraft también es crítico con sus historias, a las que se refiere como «obviamente mecánicas y estropeadas por un estilo jovial y comúnmente artificial derivado de modelos periodísticos» [ver: Ambrose Bierce por Lovecraft]. El flaco de Providence siente que Ambrose Bierce «rara vez se da cuenta de las posibilidades atmosféricas de sus temas tan vívidamente como Poe; y gran parte de su trabajo contiene un cierto toque de ingenuidad, angulosidad prosaica o primitivo provincianismo estadounidense». Es una declaración dura, pero Lovecraft juzga a Ambrose Bierce mirando hacia atrás, hacia Edgar Allan Poe, mientras que el propio Ambrose Bierce estaba mirando hacia el futuro; es decir, hacia una versión más realista de lo fantástico.

No es mi intención ponerme quisquilloso con algo que no tiene demasiado impacto en la historia, pero la luz no funciona como sugiere Ambrose Bierce, o mejor dicho, como se registra en el Diario de Morgan. Cuando la Cosa Maldita «oscurece» las espigas a su paso, o las extremidades de Morgan al ser atacado, la luz se está comportando de un modo imposible. Si la mano está «oscurecida», ¿qué pasa con el paisaje detrás de ella? Si la hierba está oscurecida, ¿qué pasa con los tallos que hay detrás? ¿Qué ves cuando miras las espigas «oscurecidas»? ¿Ves el paisaje detrás? Si la imagen del paisaje pasa a través de la Cosa Maldita, ¿por qué no lo hace también la imagen de la mano o de las espigas? Si ninguna imagen pasa a través de la Cosa Maldita, ¿qué estámos viendo? ¿Un punto negro? Si es así, ¿por qué no vemos a toda la criatura como una mancha negra? Porque eso básicamente es ser visible.

Dejando de lado al sujeto quisquilloso que hay en toda persona que ha leido demasiadas historias, tomemos una dirección opuesta: la Cosa Maldita es una excepción. No es que sea visible únicamente en la franja ultravioleta, sino que es una abominación, algo tan extraño que el cerebro humano simplemente se niega a interpretarlo; o no puede interpretarlo.

Después de todo, nuestro cerebro ignora lo que no puede procesar [ergo, la Cosa se percibe como invisible]. En otras palabras, no es que la Cosa Maldita sea invisible [o que la luz pueda pasar a través de ella en frecuencias selectivas], sino que está creando un vacío en nuestro campo visual. Ante esto, es lógico que el centro de procesamiento visual de nuestro cerebro nos envíe señales más bien desesperadas. Las personas que se han encontrado con la Cosa Maldita la recuerdan como invisible porque no tienen información visual que puedan recordar.

Las conclusiones a las que llegan los personajes de Ambrose Bierce no son calificadas, y están lejos del análisis espectral realizado por expertos en El Color que cayó del espacio. Todo lo que sabemos sobre la Cosa Maldita son apenas especulaciones de alguien que no es un profesional, realizadas a partir de observaciones limitadas.

Sospecho que Ambrose Bierce estaba imaginando que la Cosa Maldita era transparente en las longitudes de onda visibles, algo así como una lámina de vidrio o de cristal. Si hubiera escrito esto unos años más tarde, probablemente la habría hecho visible en longitudes de onda de rayos X. Los seres invisibles de Lovecraft tienen mejores explicaciones, es cierto, pero el flaco de Providence tuvo un par de décadas más de ciencia con las que trabajar. La falla conceptual se resume a que Ambrose Bierce emplea con ligereza lo que significa «borrar». No podemos ver al sujeto cuando está detrás de la Cosa Maldita, y no podemos ver las estrellas, pero aún podemos ver el suelo detrás del sujeto.

Por supuesto, todo esto es secundario. Lo que importa es la prosa y la atmósfera, la sensación de un horror opresivo. En cierto modo, La Cosa Maldita de Ambrose Bierce es profundamente antilovecraftiana. No hay un ejército de estas criaturas acechando y esperando para destruir el mundo, solo hay una Cosa, que vive en medio de la nada, haciendo más o menos lo que haría un puma o un oso invisibles. De hecho, creo que Ambrose Bierce se sale con la suya al vincular la premisa de la invisibilidad [no muy bien explicada] con una experiencia del mundo real con la que el lector puede identificarse:


[«Recuerdo que una vez, al mirar descuidadamente por una ventana abierta, momentáneamente confundí un pequeño árbol cercano con un grupo de árboles más grandes a poca distancia. Parecía del mismo tamaño que los demás, pero al ser más nítidamente definido en masa y detalle, parecía estar fuera de armonía con los demás. Fue una mera falsificación de la ley de la perspectiva, pero me sobresaltó, casi me aterrorizó. Me ha vuelto a pasar más o menos lo mismo. Solo un breve error en la percepción, ni siquiera una ilusión óptica en realidad, pero es extraño darse cuenta de que podrías estar tan equivocado sobre lo que estabas viendo, y deja una especie de paranoia persistente sobre las escenas de aspecto normal.»]


La descripción de «visión ocluida» parece extraña y difícil de justificar científicamente, pero una falla en el procesamiento de imágenes es plausible. Muchos de estos fallos existen y pueden crear extrañas ilusiones ópticas. Mi impresión es que la Cosa Maldita provoca algún tipo de refracción u otra distorsión de la luz visible, y que el cerebro del observador construye una imagen incorrecta a partir de esa señal extraña.

En definitiva, no es una bestia sobrenatural, sino un organismo físico y material. Deja huellas, gruñe de dolor cuando recibe un balazo, y los perros pueden detectar su olor. No se conoce su apariencia, excepto por el hecho de que posee garras afiladas [o algún tipo de apéndice] que pueden matar fácilmente a un humano. Se desconoce el mecanismo detrás de su invisibilidad, pero ciertamente no es transparente. En cambio, se comporta como un objeto opaco que de alguna manera distorsiona la luz a su alrededor, como lo demuestra el hecho de que algunos objetos desaparecen de la vista cuando la Cosa Maldita se interpone entre ellos y el observador.

La Cosa Maldita de Ambrose Bierce toca una fibra evolutiva muy profunda: lo más aterrador es lo que no podemos ver. Eso es algo espeluznante por sí mismo, pero más aún cuando es desarrollado por alguien que realmente desapareció y nunca más se supo de él. Hasta el día de hoy, nadie sabe qué pasó con Ambrose Bierce [ver: La extraña desaparición de Ambrose Bierce].




Ambrose Bierce. I Taller gótico.


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El artículo: Hay algo ahí afuera, y no es humano: análisis de «La Cosa Maldita» de Bierce fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Gente Sombra, el Horla, y el portal interdimensional de Maupassant


Gente Sombra, el Horla, y el portal interdimensional de Maupassant.




Hace poco hablamos acerca de la Gente Sombra (ver: Figuras humanas que caminan por tu casa de noche) y de la relación entre estas entidades y algunos fenómenos inquietantes, como la Parálisis del Sueño. En este sentido, las experiencias con Gente Sombra fueron haciéndose más y más comunes, pero esto no siempre fue así. De hecho, las experiencias con Gente Sombra son un fenómeno relativamente nuevo, así como lo fueron los avistamientos de ovnis a partir de la década del '50 del siglo pasado [ver: 5 tipos de Gente Sombra]

Partamos desde una hipótesis de trabajo un tanto audaz, pero probable. Aceptemos por un momento que la Gente Sombra existe, ya sean fantasmas, seres interdimensionales o entidades del plano astral; que existen y que están aquí, entre nosotros, pero que no estuvieron desde siempre, ya que no hay reportes de experiencias de este tipo antes del siglo XX. Y si existen, y están aquí, pero antes no, entonces es lícito suponer que hubo un momento y un lugar específicos que marcan el ingreso de estos seres en nuestro plano o nivel de realidad.

Pero, ¿dónde? ¿Cómo?

Quizás fue Guy de Maupassant, el gran escritor francés, quien le abrió las puertas de nuestra dimensión a la Gente Sombra.

Ese portal intedimensional es El Horla (Le Horla), un relato de terror publicado en 1887 sobre una versión más moderada, llamada Carta de un loco (Lettre d'un fou), publicada en la edición de octubre de 1886 de la revista Gil Blas. Allí, Guy de Maupassant relata la escalofriante experiencia de un hombre con una entidad sobrenatural, el Horla, la cual es idéntica a los actuales reportes de personas que aseguran recibir la indeseable visita de Gente Sombra.

En síntesis: el relato de Maupassant describe una serie de experiencias que no tienen antecedentes en su época, pero que cien años después de su publicación comienza a suceder de forma frecuente a miles de personas en todo el mundo.

El Horla, a través de un diario íntimo, relata el descenso de un joven aristócrata a los abismos de la locura, el cual comienza de forma muy sutil. En efecto, el narrador tiene miedo de dormir porque teme la aparición de una presencia oscura que lo atormenta, percibida casi siempre en la periferia de su visión, una presencia que va creciendo, que se va volviendo más y más densa, como si de algún modo adquiriera mayor poder a medida que sus las fuerzas del narrador se debilitan.


Anoche sentí que alguien se inclinaba sobre mí, poniendo su boca sobre la mía, bebiendo mi vida a través de mis labios. Sí, realmente sentí que me estaba chupando la vida, como lo haría una sanguijuela.

(Cette nuit, j’ai senti quelqu’un accroupi sur moi, et qui, sa bouche sur la mienne, buvait ma vie entre mes lèvres. Oui, il la puisait dans ma gorge, comme aurait fait une sangsue)


Esa primera fase que experimenta el narrador coincide con los informes sobre Gente Sombra, que siempre inician con algún tipo de Experiencia Aparicional, es decir, con sentirse observado y sentir presencias estando solo, y que éstas comienzan a aumentar su densidad mientras las fuerzas del sujeto disminuyen (ver: Espíritus que se pegan a las personas).

También la forma en la cual el Horla acecha al narrador al comienzo, inclinándose sobre él en la cama, es algo que repiten todas las personas que han tenido experiencias con la Gente Sombra y la Parálisis del Sueño (ver: Cuando algo invisible te respira en la cara antes de dormir).

El Horla (Gente Sombra) comienza presionando sobre la tendencia a la depresión del narrador. Este se despierta en medio de la noche, completamente sobresaltado, con sudores fríos, después de soñar que la criatura ha entrado en la habitación. Siente que lo están observando, pero no todo ocurre en el plano de lo subjetivo, sino que también ocurren fenómenos físicos que lo desconciertan. Por ejemplo, el vaso de agua que el narrador dejó en la meza de luz está vacío, a pesar de no haberlo bebido él mismo.

La palabra Horla es sugestiva respecto de la naturaleza de la criatura. No es una palabra francesa, sino un neologismo acuñado por Maupassant. Se ha sugerido que está formada por las palabras hors, «exterior»; y , «allí». En este contexto, Horla podría interpretarse transliteralmente como «el que está afuera». Claramente esto determina un factor externo, no un producto de la supuesta locura del narrador.

Las cosas se ponen cada vez peores para el narrador. A su estado de depresión general se añaden tormentos físicos, como la fiebre y el insomnio. Constantemente despierta en medio de la noche, paralizado, sin aliento, con la sensación de que alguien lo está mirando, y en ocasiones de que esa presencia invisible está sentada o apoyada sobre su pecho, quitándole el aire.

Al inicio, el narrador no cuestiona su cordura. Recién cuando el Horla comienza a dominar progresivamente sus pensamientos se pregunta si de hecho no está loco. El episodio del vaso vacío lo convence de que no lo está, ya que durante los episodios de parálisis del sueño es consciente de todo lo que sucede a su alrededor, y que hasta es capaz de analizar la situación con absoluta lucidez.

La presencia del Horla se vuelve cada vez más intolerable a medida que éste adquiere mayor densidad. En general es una criatura invisible, al menos a simple vista; no obstante, posee una consistencia material, ya que puede mover objetos físicos, como una rosa o las páginas de un libro, y también beber agua, leche, y empañar los espejos. También parece ser capaz de comunicarse a través del habla. El propio narrador asegura que el Horla fue quien le susurró al oído ese nombre.

Hay otras similitudes entre el Horla y la Gente Sombra, por ejemplo el hecho de no tratarse de una entidad única. En efecto, hay muchos Horlas. Maupassant comenta al inicio del relato que existe una especie de éxodo desde San Pablo, Brasil, de personas que aseguran estar siendo perseguidas por criaturas invisibles que tratan de controlar sus pensamientos.

El propio narrador tuvo la mala fortuna de estar cerca de una embarcación proveniente del Brasil, momento en el cual el Horla se habría pegado a él.


Las personas angustiadas abandonan sus hogares, abandonan sus aldeas, abandonan sus cultivos, alegando ser perseguidos, poseídos, gobernados como ganado humano por seres invisibles pero tangibles, vampiros que se alimentan de sus vidas mientras duermen.

(Les habitants éperdus quittent leurs maisons, désertent leurs villages, abandonnent leurs cultures, se disant poursuivis, possédés, gouvernés comme un bétail humain par des êtres invisibles bien que tangibles, des sortes de vampires qui se nourrissent de leur vie, pendant leur sommeil)


Ahora bien, resulta difícil explicar qué quiere la Gente Sombra, pero podemos tener alguna certeza en relación a las intenciones del Horla: convertir a la humanidad en alimento. Así lo concluye H.P. Lovecraft en el ensayo: El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature), donde alaba a Maupassant y El Horla:


Un ser invisible que influye en las mentes de los demás y parece ser la vanguardia de una horda de organismos extraterrestres que llegaron a la tierra para subyugar a la humanidad.


Vencido, el narrador entiende que es incapaz de vencer al Horla. Prende fuego su  casa y se suicida.

Maupassant es brillante en El Horla. Constantemente juega con símbolos y contrastes. Por ejemplo, al inicio, la prosa del narrador está llena de descripciones de luz y de belleza. Pero cuando el Horla comienza a acecharlo la narrativa pega un giro repentino. Las descripciones se tornan más oscuras mientras se genera una especie de relación de causa y efecto: la depresión es la representación psicológica del Horla, mientras que los sudores fríos, la parálisis del sueño, la fiebre, son sus manifestaciones físicas.

En este punto Maupassant emplea un recurso notable. Cuando el Horla finalmente logra dominar parte de la psique del narrador, éste comienza a cuestionar su cordura, algo razonable, por otro lado, pero que juega a favor de la intenciones de la entidad. Es decir, si uno es un ser interdimensional que se alimenta de la energía de alguien, es deseable que éste crea que está loco, y no en la verosimilitud del fenómeno.

Aquí es justo decir que Maupassant atravesaba un período particularmente depresivo de su vida cuando escribió este relato. De hecho, padecía de sífilis, y se encontraba al borde de la muerte. En este contexto, el deterioro mental y físico del protagonista es análogo al del propio Maupassant, cuya salud y cordura declinaban irreversiblemente. Es fácil caer en la tentación de afirmar que el Horla, en definitiva, es una representación simbólica de la sífilis misma, pero no lo haremos.

Ya entrando en el resbaladizo terreno de la imaginación, es interesante considerar la posibilidad de que el Horla no solo haya vencido al narrador, sino que además se apropió de la voluntad de su creador, Guy de Maupassant, con el objetivo de existir en nuestro plano físico.

Quizás lo consiguió, y desde entonces ha estado reuniendo fuerzas para manifestarse de manera cada vez más grosera entre nosotros, pero siempre produciendo la misma sintomatología entre sus víctimas: parálisis del sueño, terrores nocturnos, sudores fríos, y la sensación de que alguien más nos observa desde un rincón oscuro de la habitación.




Parapsicología. I Fenómenos paranormales.


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