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Poemas de amor para una carta


Poemas de amor para una carta.








El artículo: Poemas de amor para una carta fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«¡Mis cartas! Papel muerto»: Elizabeth Barrett Browning; poema y análisis


«¡Mis cartas! Papel muerto»: Elizabeth Barrett Browning; poema y análisis.




¡Mis cartas! Papel muerto (¡My Letters! all dead paper) es un poema de amor de la escritora inglesa Elizabeth Barrett Browning (1806-1861), publicado en la antología de 1850: Sonetos del portugués (Sonnets from the Portuguese).

¡Mis cartas! Papel muerto, uno de los grandes poemas de Elizabeth Barrett Browning de aquella colección, versifica sobre ciertos aspectos epistolares con quien luego se convertiría en su esposo, el poeta Robert Browning.




¡Mis cartas! Papel muerto.
¡My Letters! all dead paper, Elizabeth Barrett Browning (1806-1861)

XXVIII.

¡Mis cartas! papel muerto, mudo y blanco.
Y no obstante palpitan esta noche
en mis manos trémulas cuando desato
la cinta y caen sobre mis falda.
Ésta decía: Dame tu amistad,
Ésta fijaba un día de primavera
para acariciar mi mano, casi nada,
¡pero cuánto lloré! Ésta, un papel,
decía: Te amo, y yo me estremecí
como si Dios rasgase mi pasado.
Ésta, soy tuyo; la tinta aún pálida
por estrecharse en mi pecho tumultuoso.
Y esta última, ¡oh, amor!, no sería digna
de lo que dices si lo repitiera.


My letters! all dead paper, mute and white!
And yet they seem alive and quivering
Against my tremulous hands which loose the string
And let them drop down on my knee tonight.
This said—he wished to have me in his sight
Once, as a friend: this fixed a day in spring
To come and touch my hand. . . a simple thing,
Yes I wept for it—this . . . the paper's light. . .
Said, Dear, I love thee; and I sank and quailed
As if God's future thundered on my past.
This said, I am thine—and so its ink has paled
With lying at my heart that beat too fast.
And this . . . 0 Love, thy words have ill availed
If, what this said, I dared repeat at last!


Elizabeth Barrett Browning
(1806-1861)




Poemas góticos. I Poemas de Elizabeth Barrett Browning.


Más literatura gótica:
El análisis, resumen y traducción al español del poema de Elizabeth Barrett Browning: ¡Mis cartas! papel muerto (¡My Letters! all dead paper), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Cartas prohibidas del conde de Lautréamont


Cartas prohibidas del conde de Lautréamont.





El conde de Lautréamont (1846-1870) —cuyo verdadero nombre era Isidore Lucien Ducasse— fue uno de los grandes poetas malditos del romanticismo; y probablemente el autor de la obra más importante del decadentismo de su tiempo: Los cantos de Maldoror (Les Chants de Maldoror)

La vida del conde de Lautréamont fue breve y agitada, al igual que su obra. Buena parte de su filosofía se vislumbra en la exquisita y oscura sintaxis de sus cartas:


Los hombres que se han resuelto a detestar a sus semejantes ignoran que es preciso empezar por detestarse a sí mismo.


En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de las cartas prohibidas del conde de Lautréamont, las cuales, además de presagiar los principios del surrealismo, nos permiten conocer algo más de la filosofía estética que sostiene a Los cantos de Maldoror:


Aquello que sufre, que diseca los misterios que nos rodean, no espera. La poesía que discute las verdades necesarias es menos bella que la que no las cuestiona. Indecisiones acérrimas, talento mal empleado, pérdida de tiempo: nada será más fácil de verificar




Cartas del conde de Lautréamont.
Copia y pega el link en tu navegador para leer o descargar las cartas del conde de Lautréamont:
  • http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/L/Lautreamont%20-%20Poesias%20y%20cartas.pdf




Poemas del conde de Lautréamont. I Autores con historia.


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«Carta lírica a otra mujer»: Alfonsina Storni; poema y análisis


«Carta lírica a otra mujer»: Alfonsina Storni; poema y análisis.




Carta lírica a otra mujer (Carta lírica a otra mujer) es un poema de amor de la escritora argentina Alfonsina Storni (1892-1938), publicado en la antología de 1920: Languidez.

En Carta lírica a otra mujer, uno de los mejores poemas de amor de Alfonsina Storni, la autora desnuda sus sentimientos de humillación. A pesar de sentirse vencida, atormentada, Alfonsina Storni aún se expresa como una mujer con deseos de vivir un gran amor.

El argumento de Carta lírica a otra mujer presenta a una mujer que no ha logrado conquistar al hombre que ama, y que intenta expresar, sin envidia ni rencor, la suerte de ser la otra, de ser la mujer elegida, y no ella.




Carta lírica a otra mujer.
Carta lírica a otra mujer, Alfonsina Storni (1892-1938)

Vuestro nombre no sé, ni vuestro rostro
conozco yo, y os imagino blanca,
débil como los brotes iniciales,
pequeña, dulce... Ya ni sé... Divina,
en vuestros ojos, placidez de lago
que se abandona al sol y dulcemente
le absorbe su oro mientras todo calla.

Y vuestras manos, finas, como aqueste
dolor, el mío, que se alarga, se alarga,
y luego se me muere y se concluye
así, como lo veis, en algún verso.

Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca
tenéis un rumoroso colmenero,
si las orejas vuestras son a modo
de pétalos de rosa ahuecados...

Decidme si lloráis, humildemente,
mirando las estrellas tan lejanas
y si en las manos tibias se os duermen
palomas blancas y canarios de oro.

Porque todo eso y más, vos sois, sin duda
vos, que tenéis el hombre que adoraba
entre las manos dulces, vos la bella
que habéis matado, sin saberlo acaso,
toda esperanza en mí... Vos, su criatura.

Porque él es todo vuestro: cuerpo y alma
estáis gustando del amor secreto
que guardé silencioso... Dios lo sabe
por qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.

Os lo confieso que una vez estuvo
tan cerca de mi brazo, que a extenderlo
acaso mía aquella dicha vuestra
me fuera ahora... Sí, acaso mía...

Mas ved, estaba el alma tan gastada
que el brazo mío no alcanzó a extenderse:
la sed divina, contenida entonces,
me pulió el alma....Y él ha sido vuestro!

¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos
él se estremece y le decís palabras
pequeñas y menudas que semejan
pétalos volanderos y muy blancos.

¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!
Arrancaban tan firmes los cabellos
a grandes ondas, que a tenerla cerca,
no hiciera yo otra cosa que ceñirla!

Luego dejad que en vuestras manos vaguen
los labios suyos; él me dijo un día
que nada era tan dulce al alma suya
como besar las femeninas manos...

Y acaso, alguna vez, yo, la que anduve
vagando por afuera de la vida,
—como aquellos filósofos mendigos
que van a las ventanas señoriales
a mirar sin envidia toda fiesta—

me allegue alguna vez a vuestro lado
y con palabras quedas, susurrantes,
os pida vuestras manos un momento,
para besarlas, yo, cómo él las besa...

Y al recubrirlas, lenta, lentamente,
vaya pensando: aquí se aposentaron
¿cuánto tiempo, sus labios, cuánto tiempo
en las divinas manos que son suyas?

Oh, qué amargo deleite, este deleite
de buscar huellas suyas y seguirlas
sobre las manos vuestras tan sedosas,
tan finas, con las venas tan azules!

Oh, que nada podría, ni ser suya,
ni dominarle el alma, ni tenerlo
rendido aquí a mis pies, recompensarme
este horrible deleite de ser mío
un inefable, apasionado rastro...

Y allí en vos misma, sí, pues sois barrera,
barrera ardiente, viva, que al tocarla
ya me remueve este cansancio amargo,
este silencio de alma en que me escudo,

este dolor mortal en que me abismo
esta inmovilidad del sentimiento,
que sólo salta bruscamente cuando
nada es posible!

Alfonsina Storni (1892-1938)




Poemas góticos. I Poemas de Alfonsina Storni.


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«Esta mano viviente»: John Keats; poema y análisis


«Esta mano viviente»: John Keats; poema y análisis.




Esta mano viviente (This Living Hand) —a veces titulado como Versos a Fanny Brawne— es un poema de amor del escritor inglés John Keats (1795-1821), compuesto alrededor de 1818.

Esta mano viviente, uno de los grandes poemas de amor de John Keats, fue escrito para Fanny Brawne, probablemente el gran amor de su vida.




Esta mano viviente.
This Living Hand, John Keats (1795-1821)

Esta mano viviente, ahora tibia y capaz
De aferrar firmemente, si estuviera fría
Y en el silencio helado de la tumba,
De tal modo hechizaría tus días y congelaría tus sueños
Que desearías tu propio corazón secar de sangre
Para que en mis venas roja vida otra vez corriera,
Y asi calmar tu conciencia —aquí está, mira—
Hacia ti la tiendo.


This living hand, now warm and capable
Of earnest grasping, would, if it were cold
And in the icy silence of the tomb,
So haunt thy days and chill thy dreaming nights
That thou would wish thine own heart dry of blood
So in my veins red life might stream again,
And thou be conscience-calm’d–see here it is–
I hold it towards you.

John Keats (1795-1821)




Poemas góticos. I Poemas de John Keats.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de John Keats: Esta mano viviente (This Living Hand), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«A Helen»: Edgar Allan Poe; poema a Sarah Helen Whitman


«A Helen»: Edgar Allan Poe; poema a Sarah Helen Whitman.




A Helen (To Helen) —a veces publicado en español como: A Elena— es un poema de amor del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), publicado en la edición de noviembre de 1848 de la revista Union Magazine, y luego reeditado en la antología de 1850: Poemas (Poems).

¿Quién es la misteriosa Helen a la cual E.A. Poe le dedicó este poema?

La mayoría de los especialistas en la obra de Edgar Allan Poe coinciden en que se trata de Sarah Helen Whitman, uno de sus amores secretos.

Para emplear un término contemporáneo, Sarah Helen Whitman era una groupie. Admiraba a Edgar Allan Poe como escritor, y cada vez que le era posible asistía a sus conferencias y charlas. En una de ellas logró que una amiga en común los presentara.

El lugar de encuentro fue el jardín de rosales de una vieja casona.

A partir de entonces entre ambos se gestó una historia de amor llena de claroscuros, y no precisamente por desinterés. Edgar Allan Poe era perfectamente capaz de amar, pero no de enamorarse; al menos no después de la pérdida de su adorada esposa, Virginia Clemm.

De todos los poemas de Edgar Allan Poe, A Helen es el menos espontáneo. Su historia comienza en una fiesta de San Valentín organizada en 1848 por Annie Lynch. En aquella ocasión, la anfitriona le pidió a Sarah Helen Whitman que escribiera un poema para recitar en público. La muchacha escribiría: A Edgar Allan Poe (To Edgar Allan Poe), y lo leyó durante la fiesta. Desafortunadamente, él no se hallaba presente.

A pesar de este desencuentro, Edgar Allan Poe se enteró de la fiesta y del sugerente poema que Sarah Helen Whitman le había dedicado. A modo de retribución, el poeta le envió a la joven una carta anónima que incluía el poema: A Helen (To Helen).

Este gesto de sutil caballerosidad no fue del todo eficaz.

La carta era anónima, y Sarah Helen Whitman jamás sospechó que el autor era nada menos que Edgar Allan Poe.

Al no recibir respuesta, Edgar Allan Poe volvió a escribirle tres meses después, esta vez firmando tanto la carta como el poema.

La relación entre Edgar Allan Poe y Sarah Helen Whitman fue, en el mejor de los casos, apasionada y enigmática. Recordemos que el poeta se dirigía a la casa de la joven cuando supuestamente resolvió suicidarse, aunque la muerte de Edgar Allan Poe aún continúa siendo tema de debate.

A Helen retrata el momento en el que E.A. Poe vio por primera vez a Sarah Helen Whitman en aquel jardín de rosas.



A Elena.
To Helen, Edgar Allan Poe (1809-1849)

Te ví una vez, sólo una vez, hace años:
no debo decir cuantos, pero no muchos.
Era una medianoche de julio,
y de luna llena que, como tu alma,
cerníase también en el firmamento,
y buscaba con afán un sendero a través de él.
Caía un plateado velo de luz, con la quietud,
la pena y el sopor sobre los rostros vueltos
a la bóveda de mil rosas que crecen en aquel jardín encantado,
donde el viento sólo deambula sigiloso, en puntas de pie.
Caía sobre los rostros vueltos hacia el cielo
de estas rosas que exhalaban,
a cambio de la tierna luz recibida,
sus ardorosas almas en el morir extático.
Caía sobre los rostros vueltos hacia la noche
de estas rosas que sonreían y morían,
hechizadas por ti,
y por la poesía de tu presencia.

Vestida de blanco, sobre un campo de violetas, te vi medio reclinada,
mientras la luna se derramaba sobre los rostros vueltos
hacia el firmamento de las rosas, y sobre tu rostro,
también vuelto hacia el vacío, ¡Ah! por la Tristeza.

¿No fue el Destino el que esta noche de julio,
no fue el Destino, cuyo nombre es también Dolor,
el que me detuvo ante la puerta de aquel jardín
a respirar el aroma de aquellas rosas dormidas?
No se oía pisada alguna;
el odiado mundo entero dormía,
salvo tú y yo (¡Oh, Cielos, cómo arde mi corazón
al reunir estas dos palabras!).
Salvo tú y yo únicamente.
Yo me detuve, miré... y en un instante
todo desapareció de mi vista
(Era de hecho, un Jardín encantado).

El resplandor de la luna desapareció,
también las blandas hierbas y las veredas sinuosas,
desaparecieron los árboles lozanos y las flores venturosas;
el mismo perfume de las rosas en el aire expiró.
Todo, todo murió, salvo tú;
salvo la divina luz en tus ojos,
el alma de tus ojos alzados hacia el cielo.
Ellos fueron lo único que vi;
ellos fueron el mundo entero para mí:
ellos fueron lo único que vi durante horas,
lo único que vi hasta que la luna se puso.
¡Qué extrañas historias parecen yacer
escritas en esas cristalinas, celestiales esferas!
¡Qué sereno mar vacío de orgullo!
¡Qué osadía de ambición!
Más ¡qué profunda, qué insondable capacidad de amor!

Pero al fin, Diana descendió hacia occidente
envuelta en nubes tempestuosas; y tú,
espectro entre los árboles sepulcrales, te desvaneciste.
Sólo tus ojos quedaron.
Ellos no quisieron irse
(todavía no se han ido).
Alumbraron mi senda solitaria de regreso al hogar.
Ellos no me han abandonado un instante
(como hicieron mis esperanzas) desde entonces.
Me siguen, me conducen a través de los años;
son mis Amos, y yo su esclavo.
Su oficio es iluminar y enardecer;
mi deber, ser salvado por su luz resplandeciente,
y ser purificado en su eléctrico fuego,
santificado en su elisíaco fuego.
Ellos colman mi alma de Belleza
(que es esperanza), y resplandecen en lo alto,
estrellas ante las cuales me arrodillo
en las tristes y silenciosas vigilias de la noche.
Aun en medio de fulgor meridiano del día los veo:
dos planetas claros,
centelleantes como Venus,
cuyo dulce brillo no extingue el sol.


I saw thee once—once only—years ago:
I most not say how many—but not many.
It was a July midnight; and from out
A full-orbed moon, that, like thine own soul, soaring,
Sought a precipitate pathway up through heaven.
There fell a silvery-silken veil of light,
With quietude, and sultriness, and slumber,
Upon the upturn'd faces of a thousand
Roses that grew in an enchanted garden,
Where no wind dared to stir, unless on tiptoe—
Fell on the upturn'd faces of these roses
That gave out, in return for the love-light,
Their odorous souls in an ecstatic death—
Fell on the upturn'd faces of these roses
That smiled and died in this parterre, enchanted
By thee, and by the poetry of thy presence.

Clad all in white, upon a violet bank
I saw thee half reclining; while the moon
Fell on the upturn'd faces of the roses,
And on thine own, upturn'd—alas, in sorrow!

Was it not Fate, that, on this July midnight—
Was it not Fate, (whose name is also Sorrow)
That bade me pause before that garden-gate,
To breathe the incense of those slumbering roses!
No footstep stirred: the hated world all slept,
Save only thee and me. (Oh, Heaven!—oh, God!
How my heart beats in coupling those two words!)
Save only thee and me. I paused—I looked—
And in an instant all things disappeared.
(Ah, bear in mind this garden was enchanted!)

The pearly lustre of the moon went out:
The mossy banks and the meandering paths,
The happy flowers and the repining trees,
Were seen no more: the very roses' odors
Died in the arms of the adoring airs.
All—all expired save thee—save less than thou:
Save only the divine light in thine eyes—
Save but the soul in thine uplifted eyes.
I saw but them—they were the world to me.
I saw but them—saw only them for hours—
Saw only them until the moon went down.
What wild heart-histories seemed to lie enwritten
Upon those crystalline, celestial spheres!
How dark a wo! yet how sublime a hope!
How silently serene a sea of pride!
How daring an ambition! yet how deep—
How fathomless a capacity for love!

But now, at length, dear Dian sank from sight,
Into a western couch of thunder-cloud;
And thou, a ghost, amid the entombing trees
Didst glide way. Only thine eyes remained.
They would not go—they never yet have gone.
Lighting my lonely pathway home that night,
They have not left me (as my hopes have) since.
They follow me—they lead me through the years.
They are my ministers—yet I their slave.
Their office is to illumine and enkindle—
My duty, to be saved by their bright light,
And purified in their electric fire,
And sanctified in their elysian fire.
They fill my soul with Beauty (which is Hope,)
And are far up in Heaven—the stars I kneel to
In the sad, silent watches of my night;
While even in the meridian glare of day
I see them still—two sweetly scintillant
Venuses, unextinguished by the sun!


Edgar Allan Poe (1809-1849)




Más poemas góticos. I Poemas de Edgar Allan Poe.


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«¿Es verdad que de estar muerta?»: Elizabeth Barrett Browning; poema y análisis


«¿Es verdad que de estar muerta?»: Elizabeth Barrett Browning; poema y análisis.




¿Es verdad que de estar muerta? (Is It Indeed So? If I Lay Here Dead) es un poema de amor de la escritora inglesa Elizabeth Barrett Browning (1806-1861), publicado en la antología de 1850: Sonetos del portugués (Sonnets from the Portuguese), dedicado exclusivamente a su esposo, el poeta Robert Browning.

Elizabeth Barrett Browning insinúa aquí que existe un bien aún más preciado que la vida. Imagina que, tras su muerte, el dolor de su esposo, Robert Browning, será tan intenso que ningún placer mundano logrará distraerlo.

Entonces formula un deseo impetuoso: tener el poder de darle la espalda al cielo, de rechazar todas las ofrendas de felicidad y alegría solo para convertirse en la sombra fiel de su amado.

No es que Elizabeth Barrett Browning no elija la vida, sino que rechaza la muerte.

Prefiere una oscura y nostálgica habitación en compañía de su amado sobre las rosadas nubes habitadas por ángeles. Elije la enfermedad, la traición, la infamia del mundo y sus sufrimientos, sobre la posibilidad de permanecer siquiera un instante en ese reino espléndido donde la dicha está garantizada.

Detrás de este laborioso concierto de resignaciones subyace toda una filosofía. El cielo solo puede ser perfecto en compañía de nuestros amigos y seres queridos. La ausencia de uno solo de ellos lo convierte en un infierno.



¿Es verdad que de estar muerta?
Is It Indeed So? If I Lay Here Dead, Elizabeth Barret Browning (1806-1861)

¿Es verdad que de estar muerta sentirías
menguar tu vida sin la mía?
¿Qué el sol no brillaría igual que antes
sabiendo que mi noche es el sepulcro?
¡Qué asombro, amor mío, cuando vi
en tu carta todo eso! Yo soy tuya,
Pero... ¿tanto te importo? ¿Cómo puedo
servir tu copa con mi mano trémula?
Renunciaré a los sueños de la muerte
volviendo a las miserias del vivir.
¡Ámame, amor, tu soplo resucita!
Otras cambiaron por amor su rango,
y yo por ti el sepulcro, la dulzura
celestial por la tierra aquí contigo.


Is it indeed so? If I lay here dead,
Wouldst thou miss any life in losing mine?
And would the sun for thee more coldly shine
Because of grave-damps falling round my head?
I marvelled, my Beloved, when I read
Thy thought so in the letter. I am thine-
But... so much to thee? Can I pour thy wine
While my hands tremble? Then my soul, instead
Of dreams of death, resumes life's lower range.
Then, love me, Love! look on me--breathe on me!
As brighter ladies do not count it strange,
For love, to give up acres and degree,
I yield the grave for thy sake, and exchange
My near sweet view of heaven, for earth with thee!


Elizabeth Barret Browning (1806-1861)




Poemas de Elizabeth Barrett Browning. I Poemas góticos.


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