Con William Blake, Algernon Swinburne o Dante Rossetti, la poesía adquiere para mi casi todas las formas de la imaginación, pero con Edgar Allan Poe su dimensión es rigurosamente inabarcable.
El siguiente poema se llama Para Annie (for Annie), y junto con Annabel Lee son los pilares de la poesía romántica en Edgar Allan Poe. Muchos creen que el poema fue dedicado a la trágica Virginia, pero en realidad es una caricia para Nancy Richmond, a quien Poe llamaba Annie.
La relación entre ambos fue platónica y literaria; ya que el poema fue completado en la vida real por Nancy, quien se cambió el nombre por el de Annie en 1873, cerrando un círculo acaso imaginado por otros.
Ustedes sabrán disculpar la digresión, pero hay historias de amor que nos dignifican a todos, y que merecen ser mencionadas.
¡A Dios gracias! La crisis, el peligro ha pasado, y la pena interminable al fin concluyó, y esa fiebre llamada vivir fue vencida al final.
Tristemente, se que fui despojado de mi fuerza, y sin mover un músculo permanezco tendido. Más nada importa, yo siento que al fin me encuentro mejor.
Y tan quieto yazgo en mi lecho que cualquiera que me viese podría imaginar que estoy muerto, podría estremecerse al mirarme creyéndome muerto.
El lamentarse y gemir, los llantos y los suspiros, fueron aplacados; y con ellos el horrible palpitar del corazón. ¡Ah , ese horrible, horrible palpitar!
Los mareos, las náuseas, el dolor implacable, cesaron con la fiebre que laceraba mi cerebro, con la fiebre llamada vivir que quemaba mi cerebro.
Se calmó también la tortura, de todas la peor: esa horrible tortura de la sed por las aguas mortales del río maldito de la Pasión; pues para ello he bebido de un agua que apaga toda sed.
De un agua que fluye con un murmullo de canción de cuna; una fuente que yace pocos metros bajo la tierra; de una cueva que se halla muy cerca del suelo.
Que no se diga neciamente que mi morada es oscura y angosto mi lecho; pues jamás hombre alguno durmió en lecho distinto, y todos ustedes, para dormir, dormirán en un lecho idéntico.
Mi espíritu atormentado descansa blandamente, olvidando, jamás añorando sus rosas; sus viejos anhelos de mirtos y rosas.
Pues ahora, mientras yace apaciblemente, se imagina alrededor un aroma más sagrado; un aroma de pensamientos, un aroma de romero mezclado con pensamientos, con las hojas de ruda y los hermosos y humildes pensamientos.
Y así yace en paz, sumido en el sueño sin fin de la verdad y la belleza de Annie, anegado entre las trenzas de Annie.
Ella me besó delicadamente, ella me acarició con ternura, y yo me dormí suavemente sobre su seno, profundamente dormido en el cielo de su seno.
Cuando la luz se extinguió, ella me tapó cuidadosamente, y rogó a los ángeles que me protegiesen de todo mal: a la reina de los ángeles que me guardara de todo mal.
Y tan quieto permanezco tendido en mi lecho (sabiendo el amor de ella), que ustedes imaginan que estoy muerto; y tan apaciblemente reposo en mi lecho (con el amor de ella en mi seno), que imaginan que estoy muerto, se estremecen al mirarme creyéndome muerto.
¡Pero mi corazón es más brillante que las estrellas que salpican en miríadas el cielo, pues brilla con Annie, resplandece con el amor de mi Annie, con el pensamiento de la luz de los ojos de mi Annie!
Más poemas de amor. I Poemas de Edgar Allan Poe. I Poemas malditos. I Poemas de la muerte. I Poemas de dolor. I Poemas norteamericanos.
El siguiente poema se llama Para Annie (for Annie), y junto con Annabel Lee son los pilares de la poesía romántica en Edgar Allan Poe. Muchos creen que el poema fue dedicado a la trágica Virginia, pero en realidad es una caricia para Nancy Richmond, a quien Poe llamaba Annie.
La relación entre ambos fue platónica y literaria; ya que el poema fue completado en la vida real por Nancy, quien se cambió el nombre por el de Annie en 1873, cerrando un círculo acaso imaginado por otros.
Ustedes sabrán disculpar la digresión, pero hay historias de amor que nos dignifican a todos, y que merecen ser mencionadas.
Para Annie.
For Annie; Edgar Allan Poe (1809-1849)
For Annie; Edgar Allan Poe (1809-1849)
¡A Dios gracias! La crisis, el peligro ha pasado, y la pena interminable al fin concluyó, y esa fiebre llamada vivir fue vencida al final.
Tristemente, se que fui despojado de mi fuerza, y sin mover un músculo permanezco tendido. Más nada importa, yo siento que al fin me encuentro mejor.
Y tan quieto yazgo en mi lecho que cualquiera que me viese podría imaginar que estoy muerto, podría estremecerse al mirarme creyéndome muerto.
El lamentarse y gemir, los llantos y los suspiros, fueron aplacados; y con ellos el horrible palpitar del corazón. ¡Ah , ese horrible, horrible palpitar!
Los mareos, las náuseas, el dolor implacable, cesaron con la fiebre que laceraba mi cerebro, con la fiebre llamada vivir que quemaba mi cerebro.
Se calmó también la tortura, de todas la peor: esa horrible tortura de la sed por las aguas mortales del río maldito de la Pasión; pues para ello he bebido de un agua que apaga toda sed.
De un agua que fluye con un murmullo de canción de cuna; una fuente que yace pocos metros bajo la tierra; de una cueva que se halla muy cerca del suelo.
Que no se diga neciamente que mi morada es oscura y angosto mi lecho; pues jamás hombre alguno durmió en lecho distinto, y todos ustedes, para dormir, dormirán en un lecho idéntico.
Mi espíritu atormentado descansa blandamente, olvidando, jamás añorando sus rosas; sus viejos anhelos de mirtos y rosas.
Pues ahora, mientras yace apaciblemente, se imagina alrededor un aroma más sagrado; un aroma de pensamientos, un aroma de romero mezclado con pensamientos, con las hojas de ruda y los hermosos y humildes pensamientos.
Y así yace en paz, sumido en el sueño sin fin de la verdad y la belleza de Annie, anegado entre las trenzas de Annie.
Ella me besó delicadamente, ella me acarició con ternura, y yo me dormí suavemente sobre su seno, profundamente dormido en el cielo de su seno.
Cuando la luz se extinguió, ella me tapó cuidadosamente, y rogó a los ángeles que me protegiesen de todo mal: a la reina de los ángeles que me guardara de todo mal.
Y tan quieto permanezco tendido en mi lecho (sabiendo el amor de ella), que ustedes imaginan que estoy muerto; y tan apaciblemente reposo en mi lecho (con el amor de ella en mi seno), que imaginan que estoy muerto, se estremecen al mirarme creyéndome muerto.
¡Pero mi corazón es más brillante que las estrellas que salpican en miríadas el cielo, pues brilla con Annie, resplandece con el amor de mi Annie, con el pensamiento de la luz de los ojos de mi Annie!
Edgar Allan Poe (1809-1849)
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El poema de Edgar Allan Poe: For Annie; fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la utilización de nuestra versión escríbenos a elespejogotico@gmail.com









2 comentarios:
Bellísimo... me ha conmovido, tanto q buscando algo más me encontré con algunas de las cartas q Poe le escribió. Esos amores q unos pocos se atreven a vivir
es un hermoso relato que denota el calido y tierno amor de una bellisima mujer
me fascino tanto que me da envidia de no poder sentirme aliviado y calmo por un amor, de mis angustias y desesperaciones que me calcome por dentro,
es algo que añoro sentir y espero algun dia
el blog es unico y genial
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