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El flebotomista: análisis de «El Vampiro» de John Stagg.


El flebotomista: análisis de «El Vampiro» de John Stagg.




«Cuando esté muerto, yo también buscaré tu vida,
tu sangre.»



Hoy en El Espejo Gótico analizaremos el poema de vampiros de John Stagg: El Vampiro (The Vampyre), publicado en la antología de 1810: El trovador del norte (The Minstrel of the North).

El Vampiro es el primer poema de la literatura inglesa dedicado exclusivamente al tema del vampirismo, e introduce una buena cantidad de temas que se convertirían en tropos comunes del géenero; entre ellos, el tema de la sexualidad, en particular, de la homosexualidad, una característica importante del vampiro literario posterior.

El poema desarrolla la historia de Herman, quien, una noche, mientras yace en cama, enfermo, pronostica su propia muerte a su esposa, Gertrude. La causa, afirma él, es su «querido amigo» Sigismund:


El fantasma de Segismundo vaga
y acecha terriblemente en mi cama.
Allí, revestido de un aspecto infernal,
(por medios que no entiendo),
a mi lado yace el duende
y bebe mi sangre vital.
¡Succiona de mis venas la vida que fluye
y drena la fuente de mi corazón!


Herman describe a su visitante e insiste en no hay forma de escapar. Él mismo está destinado a convertirse en vampiro y regresar de la tumba para alimentarse de la sangre de Gertrude [el consumo de sangre en el poema está claramente sexualizado]. Sin embargo, Gertrude logra escapar de esta profecía, motivada por la voluntad de matar a Herman; mejor dicho, de volver a matarlo después de que se convirtiera en vampiro.


Su rostro estaba ensangrentado,
roja su terrible mirada,
no quedaba ningún signo de vida anterior,
en absoluta inmovilidad yacía.
Se las ingenian para llevarse el cadáver de Herman
al mismo sepulcro y, atravesando ambos cadáveres
profundamente en la tierra, clavan la afilada estaca.


Gertrude es un personaje asombroso teniendo en cuenta que las mujeres en la literatura vampírica del siglo XIX son [casi exclusivamente] víctimas o victimarias. Pensemos en Carmilla [victimaria] y Laura [víctima], en las novias de Drácula [victimarias] y Mina Harker/Lucy Westenra [víctimas]. Es cierto, a menudo estas mujeres revierten la situación y al final se enfrentan con sus respectivos chupasangres, pero en general comienzan como víctimas. Gertrude es diferente, se niega a convertirse en víctima desde que se entera de la situación. No sucumbe a la seducción del vampiro, más bien lo contrario: se siente decepcionada de que su amado, Herman, haya sido feminizado por Segismundo, y resuelve matarlo de la manera más eficaz posible.

Si Mina hubiese tenido algo de Gertrude, habría ensartado a Jonathan Harker con una estaca en el convento de St. Mary; nunca se hubiese casado con él. En el lore del poema de John Stagg, ser víctima de un vampiro implica haber sido feminizado. Gertrude ataca el corazón [literalmente] de esta actividad moralmente contagiosa. Es importante señalar que la homosexualidad subyacente en la figura del Vampiro, o al menos su ambigüedad sexual, no era celebrada ni representada positivamente en la literatura gótica temprana.

El poema está enmarcado como un diálogo entre Herbert y Gertrude, en el que el primero asegura estar siendo atormentado por el espectro de su amigo fallecido, Segismundo, que viene a él por la noche y bebe su sangre. No se trata de un delirio de Herbert: en el momento de su muerte, Gertrude llega a ver por sí misma al Vampiro. A la mañana siguiente, los habitantes del pueblo colocan el cuerpo de Herbert sobre el de Segismundo en su tumba y clavan una estaca a través de ambos, evitándoles la condena de los no-muertos pero, al mismo tiempo, condenándolos a permanecer juntos en la muerte [ver: «No-Muertos» en el folklore y la psicología]

El contexto de El Vampiro parece vagamente aristocrático. No estoy seguro, pero los personajes pueden permitirse el lujo de tener «tumbas» en lugar de entierros comunes. Además, se percibe una diferencia entre los tres protagonistas y los aldeanos, quienes al final terminan obedeciendo las órdenes de Gertrude.

La luz del sol [en realidad, la luz] parece ahuyentar a los no muertos y una estaca en el corazón los anula de forma permanente. Cuando no andan por ahí chupando la sangre de los vivos, los vampiros de John Stagg se esconden en tumbas, hinchados y satisfechos.

Los nombres alemanes de los personajes quizás ofrecen tributo a la poesía vampírica que ya se estaba desarrollando en la literatura alemana. De todos modos, es curioso que John Stagg entregue un drama germano en una colección de poemas que exploran un conjunto de leyendas específicamente cumbrianas. El Vampiro no tiene ninguna conexión obvia con Inglaterra, y menos de Cumbria; de hecho, en el párrafo preliminar del poema se asocia su historia con el folclore húngaro y alemán.

En esta versión del mito de los vampiros, John Stagg emplea un lenguaje médico [resulta que los vampiros «drenan» a sus víctimas «por succión»] pero luego concluye que estas criaturas podrían andar por ahí en la forma de «caballos, vacas, ovejas, asnos, perros, gatos, etc.». Se trata de una estratagema ingeniosa para incluir este motivo foráneo [el vampiro] como algo meramente incidental: ¿usted vive en Cumbria y nunca ha visto a un vampiro? Eso es porque estos seres pueden esconderse en cualquier granja. Más aún, usted podría estar ordeñando a un vampiro sin notarlo.

Suena descabellado. ¿Por qué John Stagg cree que los vampiros pueden convertirse en ovejas? Si incluimos el párrafo preliminar del poema, titulado Argumento (Argument), los vampiros pueden convertirse en animales [¡o cordones umbilicales!]. A la parafernalia médica se le añaden conceptos como «fuerzas vitales» residuales, post-mortem, como causa de las actividades vampíricas. Otra explicación proporcionada por la introducción es la posesión: si no encuentra un cuerpo humano, el vampiro pasará el tiempo fingiendo ser un animal de granja.

No queda claro cuál es la posición del Vampiro del poema, y cuán en serio se supone que debemos tomar un Argumento en el que se ofrecen tanto explicaciones médicas, seculares, como clericales. Creo que John Stagg se esfuerza por emitir un discurso integral, incluyendo una terminología médica bastante inusual [como phlebotomised («flebotomizado»)], y, al mismo tiempo, respaldar un contexto espiritual para el vampirismo. Estas observaciones bien podrían formar parte del discurso de Van Helsing, que en la novela de Bram Stoker, Drácula, combina el conocimiento adquirido a través del folklore con concluisiones de orden médico.

A continuación compartimos el Argumento de John Stagg:


«La historia del vampiro se basa en una opinión o rumor que prevaleció en Hungría y varias partes de Alemania a principios del siglo pasado: se afirmaba entonces que los muertos abandonaban sus tumbas y, por la noche, volvían a las casas de sus amigos; a quienes, mediante la succión, les drenaban la sangre mientras dormían. La persona así flebotomizada seguramente se convertiría en vampiro a su vez; y de no haber sido por una afortunada idea del clero, que ingeniosamente recomendó clavarlos en sus tumbas, tendríamos una mayor multitud de chupasangres de la que tenemos actualmente. Muchas e ingeniosas fueron las críticas, tanto del profesorado como del clero, para adoptar razones probables para la causa física de un fenómeno tan inusual. Se afirmaba que una parte de los espíritus animales, al no escapar del cuerpo al morir, conservaba la capacidad de voluntad; y, al investirse con alguna parte del cuerpo que no se había corrompido inmediatamente, podían realizar esas prodigiosas salidas de la tumba y regresar a placer, sin aparente inconveniente. Otros opinaban que se trataba de una clase de demonios, supuestamente muy numerosos, que, al apoderarse de cualquier excrecencia humana, se volvían parcialmente corpóreos y perfectamente visibles a placer. Según algunos de nuestros viajeros modernos, la noción de la existencia de vampiros era muy conocida y aceptada entre los holandeses y algunos otros asentamientos de América. No creo que ni la milésima parte del mundo conozca la razón por la que la secundina, inmediatamente después del nacimiento del feto, es desprestigiada con tanto cuidado por la obstetra y otros que presiden el parto. Esto se basaba en la opinión de que esos numerosos demonios domésticos, en quienes tenían una fe tan profunda, eran tenaces al aprovechar cualquier oportunidad que les brindara un medio para obtener cualquier porción de humanidad, que ciertamente preferían a cualquier otra sustancia animal. Podemos suponer que el umbelicum sería un jubón muy deseable para uno de estos señores. De ahí que, dado su deseo de hacerse parcialmente corpóreos y visibles, a su antojo, cuando las excrecencias humanas no eran fáciles de obtener, se vieran obligados a acudir a los mataderos para ataviarse con los atuendos que la casualidad les ofrecía. De lo cual podemos inferir la razón por la que tantas de nuestras apariciones comunes se han visto obligadas, por fuerza, a aparecer en forma de caballos, vacas, ovejas, asnos, perros, gatos, etc., en fin, todo tipo de animales; de modo que muchos de ellos, de hecho, podría decirse que son los fantasmas de los animales que representan, más que de alguna persona en particular.»


La noción de que el Vampiro es, en realidad, un cadáver animado por fuerzas demoníacas, es muy antigua. Sobre estos cimientos folklóricos, John Stagg añade otros elementos que pasarían a formar parte del canon vampírico, como la idea de que los chupasangres pueden ser derrotados, o al menos debilitados, por la luz. En este caso, ni siquiera es necesaria la luz solar. Gertrude es capaz de ahuyentar al vampiro utilizándo una simple lámpara.

La forma en que los vampiros en el poema [Sigismund, y luego su víctima, Herman] son eliminados, los hace parecer una simple molestia, no una amenaza física y psicológica real. Un «consejo» decreta que una «plaga como esta» debe ser controlada de inmediato. En consecuencia, los dos vampiros son empalados [al parecer, juntos] para que «sus amigos no tengan nada que temer». El tono resulta casi patético; de hecho, ni siquiera queda claro si los vampiros han sido destruidos o controlados. La sugerencia es que Sigismund [no se menciona cómo se convirtió en vampiro] y Herman ya no podrán salir, no que están físicamente muertos. En cierto modo, ambos perpetúan un vínculo [¿homosexual?] en la [no] muerte, y finalmente son ensartados juntos en la misma tumba.

Más aún, John Stagg establece en el Argumento que los demonios se alojan [cuando pueden] en el cuerpo humano para interactuar con el mundo físico. No queda claro si son capaces de animar cadáveres, pero definitivamente necesitan materia orgánica que no se haya «corrompido». En este contexto, El Vampiro de John Stagg es fiel a las leyendas medievales. Sigismund y Herman han sido ensartados juntos, fijados a la tierra para que retornen al ciclo natural de putrefacción [ya no tendrán sangre fresca a mano] y las entidades que los ocupan se vean obligadas a desalojarlos. El poeta emplea un lenguaje burocrático al referirse a todo esto, pero la idea de permanecer vivo [o no-muerto] en la tumba hasta que tu cuerpo se pudra, es particularmente cruel.

Imagino que el procedimiento del fuego y la decapitación, muy común en las novelas de vampiros posteriores, responden a esta crueldad innecesaria.

Algunos años después encontraremos en Inglaterra a El Vampiro (The Vampyre) de Polidori y El Giaour (The Giaour) y El entierro (The Burial) de Lord Byron, entre otros poemas, donde los chupasangres adquieren características más humanas, y por lo tanto demandan métodos más humanos para aniquilarlos [ver: La marca de Lord Ruthven]. En cambio, el poema de John Stagg aborda la naturaleza animal del vampiro, básicamente una clase de demonios que desean «volverse corpóreos y visibles»; siendo esta densidad material obtenida gracias al consumo de sangre.

Es interesante notar que Herman se refiere a su visitante vampírico como goblin, que en tiempos recientes se asocia a los duendes y las hadas, pero que originalmente refería a una especie de Íncubo que [en la crónica de Ordericus Vitalis] rondaba la región de Evreux.

¿Quién fue John Stagg? Nadie lo sabe realmente. Sólo tenemos elementos biográficos aislados: perdió la vista [no completamente] en un accidente infantil no especificado, se ganaba la vida como violinista y bibliotecario, y formaba parte de una compañía teatral. Su carrera como poeta parece haber sido patrocinada por sus amigos, incluido el duque de Norfolk, a quien está dedicado El trovador del norte. Además de El Vampiro, su obra no recibe ningún comentario sustancial, con excepción de un puñado de poemas escritos en el dialecto de Cumberland.




Vampiros. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: El flebotomista: análisis de «El Vampiro» de John Stagg. fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El juglar del norte»: John Stagg; relatos y análisis


«El juglar del norte»: John Stagg; relatos y análisis.




El juglar del norte (The Minstrel of the North) —cuyo título completo es: El juglar del norte o Leyendas de Cumberland (Minstrel of the North; or, Cumbrian Legends)— es una colección de leyendas oscuras y relatos de terror del escritor inglés John Stagg (1770-1823), publicada en 1810.

La antología incluye algunos de los mejores poemas de John Stagg —muchos de los cuales ya habían aparecido en: Poemas misceláneos (Miscellaneous Poems)—, así también como una buena cantidad de leyendas de la región de Cumberland.

A pesar de haber sido prácticamente olvidado, El juglar del norte tuvo una gran influencia en la novela gótica, y sobre todo en el relato de vampiros, a través de una pieza que con el tiempo se convertiría en un clásico del género: El vampiro (The Vampyre). También es importante destacar la leyenda de la caja Johanna Southcott como una de las más importantes del libro.

Los siguientes versos abren El juglar del norte, acaso como advertencia de que la belleza bien puede hallarse en la naturaleza salvaje, pero también en los rincones más oscuros del alma.


En la cima de la colina,
en las orillas del lago,
por las curvas del arroyo,
la salvaje fantasía suele pasear.
O en medio de las ruinas una vez famosas,
en el claustro, en la lúgubre celda,
la comida del genio se puede encontrar,
porque ahí es donde las musas quieren estar.

Upon the summit of the hill,
Along the margin of the lake,
Or by the windings of the rill,
Wild Fancy may her rambles take;
Or 'midst the ruins once renowned,
The cloister, or the dreary cell,
The food of Genius may be found,
For there the Muses love to dwell.




El juglar del norte.
The Minstrel of the North, John Stagg (1770-1823)
  • El mensajero de la muerte (The Messenger of Death)
  • El vampiro (The Vampyre)
  • El flebotomista: análisis de «El Vampiro» de John Stagg.
  • Allen y Ellen (Allen and Ellen)
  • El arpista (The Harper)
  • Elegía a Johanna Southcott (Elegy on Johanna Southcott)
  • El ermitaño de Rockliffe (The Hermit of Rockcliffe)
  • El espectro de Weigh Hill (Spectre of Weigh Hill)
  • El espíritu de las aguas (The Water Spirit)
  • El fratricida (The Fratricide)
  • El maníaco de la montaña (The Mountain Maniac)
  • El peregrino (The Pilgrim)
  • El rey de la tierra (The Earth King)
  • El vagabundo desafortunado (The Unfortunate Wanderer)
  • Jessica, Joe y el soldado (Jessica, Joe, and the Soldier)
  • Johnny Brown y la abuela Bell (Johnny Brown and Granny Bell)
  • La cueva de Arturo (Arthur's Care)
  • La espada (The Sword)
  • La espantosa belleza (The Frightful Beauty)
  • La fundación (The Founding)
  • La muerte de Orfin (The Death of Orfin)
  • La mujer blanca (The White Woman)
  • La rosa de Corby (The Rose of Corby)
  • Lord Baldwin (Lord Baldwin)
  • Marion Mackye (Marion Mackye)
  • Mary, la doncella del páramo (Mary the Maid of the Moor)
  • Ned Staunton (Ned Staunton)
  • Odo el orgulloso (Odo the Proud)
  • Presagios fatales (Fatal Omens)
  • Sir Adam de Crook (Sir Adam of Crook)
  • Un cuento de hadas (A Fairy Tale)




Relatos góticos. I Relatos de John Stagg.


El análisis y resumen del libro de John Stagg: El juglar del norte (The Minstrel of the North), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Poemas misceláneos»: John Stagg; poemas y análisis


«Poemas misceláneos»: John Stagg; poemas y análisis.




Poemas misceláneos (Miscellaneous Poems) es una colección de poemas del romanticismo del escritor inglés John Stagg (1770-1823), publicado en 1790.

La antología contiene algunos de los poemas de John Stagg más brillantes; un autor casi olvidado en nuestra época, salvo por un clásico de la poesía gótica: El vampiro (The Vampyre), probablemente uno de los poemas de vampiros más interesantes de aquel período, y al cual también le debe mucho la literatura gótica en general.

A continuación compartimos algunas piezas incluidas en Poemas misceláneos que se encuentran en nuestra biblioteca.


Poemas misceláneos.
Miscellaneous Poems, John Stagg (1770-1823)
  • El mensajero de la muerte (The Messenger of Death)
  • El vampiro (The Vampyre)
  • A una joven (To a young Lady)
  • Cupido convertido en Paiater (Cupid turn'd Paiater)
  • El placer de la persecusión (The Pleasure of the Chase)
  • El último día (The Last Day)
  • Henrietta R. (Henrietta R.)
  • Imitación de Horacio (Imitation of Horace)
  • La historia de Cadmo (The Story of Cadmus)
  • La mujer ermitaña (The Female Hermit)
  • La primera égloga de Virgilio (The First Eclogue of Virgil)
  • La queja de Alexis (Alexis's Complaint)
  • La opresión de la poesía (The Oppression of Poetry)
  • La partida (The Departure)
  • Los placeres de la contemplación (The Pleasures of Contemplation)
  • Para Lavinia (To Lavinia)
  • Sobre el origen de la crítica (On the Origin of Criticism)
  • Sobre la creación (On the Creation)
  • Sobre la esperanza (On Hope)
  • Sobre la fortaleza (On Fortitude)
  • Sobre un escándalo (On Scandal)
  • Soliloquio sobre la muerte (A Soliloquy on Death)
  • Soliloquio sobre la vida (A Soliloquy on Life)
  • Un acróstico (An Acrostic)
  • Una elegía sobre un amigo (An Elegy on a Friend)
  • Una epístola a Dorinda (An Epistle to Dorinda)
  • Una oda (An Ode)
  • Una sonrisa sobre los encantos de Celia (A Simile on the Charms of Celia)
  • Un cumplido (A Compliment)
  • Un epigrama (An Epigram)
  • Un himno a la deidad (An Hymn to the Deity)
  • Versos a Clarinda (Verses to Clarinda)




Libros de poemas. I Poemas de John Stagg.


El análisis y resumen del libro de John Stagg: Poemas misceláneos (Miscellaneous Poems), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

John Stagg: poemas destacados


John Stagg: poemas destacados.




John Stagg (1770-1823) fue un destacado poeta inglés, el cual integró en su producción literaria los aspectos más profundos de la poesía del romanticismo, así también como algunos elementos clásicos de la literatura gótica. De hecho, es justo clasificar a los poemas de John Stagg entre estas dos importantes corrientes estéticas.

En esta sección daremos cuenta de los más destacados poemas de John Stagg, un autor que se ha convertido en un ícono de la poesía gótica.




Poemas de John Stagg:




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: John Stagg: poemas destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Posesión vampírica: otra forma de convertirse en vampiro


Posesión vampírica: otra forma de convertirse en vampiro.




La literatura y las leyendas populares mencionan decenas de maneras de convertirse en vampiro. Casi todas involucran la presencia de otro vampiro que transfiere o infecta a sus víctimas a través de una mordida u ofrenda de sangre. Sin embargo, existen otras formas de transformarse en vampiro.

Hoy daremos cuenta de una curiosa visión sobre el vampirismo, con muy pocos antecedentes documentados: la posesión vampírica.

La idea de que los vampiros son, en esencia, entidades incorpóreas, proviene de la Edad Media. Se extendió con notable aceptación a lo largo de todo el período, sustentándose en la Inquisición y consiguiendo un fuerte arraigo en las tradiciones populares del Renacimiento. El Malleus Maleficarum, el Martillo de las brujas, por ejemplo, sostiene que los vampiros son en realidad criaturas inmateriales que se «visten» con los cuerpos de ciertos cadáveres para acechar a los mortales en el mundo material.

El Malleus Maleficarum aclara que, en cualquier caso, los vampiros no son demonios, es decir, entidades espirituales que nunca han sido humanas. No obstante, para ingresar en el plano material y alimentarse necesitan un vehículo físico, generalmente un cadáver al que animan como si fuese un muñeco.

Veamos cómo funciona este mecanismo de posesión vampírica según el Malleus Maleficarum.

Según este libro prohibido, los vampiros son larvas o parásitos astrales que rondan por los cementerios en búsqueda de un vehículo propicio para satisfacer sus deseos materiales. Desde luego, no pueden resucitar realmente a un cadáver sino que se adhieren a personas vivas, psicológicamente débiles, y las atormentan con la fijación de un pensamiento obsesivo.

Indicios de esta tradición pueden hallarse en los postulados teosóficos acerca de vampiros en el plano astral.

Poco a poco estas personas se vuelven taciturnas, aisladas; viven en una perpetua reclusión, descuidan su higiene personal hasta extremos escandalosos y huyen de la luz y los sonidos estridentes. Finalmente el vampiro logra instalar en ellos un pensamiento que los atormenta día y noche: el suicidio.

Ya reducidos a una masa orgánica sin voluntad, los instintos de las personas poseídas por el espíritu de un vampiro se comprimen en una serie de necesidades básicas. El razonamiento crítico se anestesia, pero emergen otros: una lógica inhumana, desquiciada, nocturna, donde lo único que logra despertar el deseo es la idea de beber sangre.

Estas son las condiciones mentales y físicas que los vampiros insertan en sus víctimas, conduciéndolos inevitablemente al suicidio. Claro que esta decisión radical nunca es vista con antipatía o dolor por sus ejecutantes, sino más bien como una liberación. Las ideas obsesivas deforman la realidad a tal extremo que la muerte es vista como un estado deseable de liberación.

Una vez consumado el suicidio, el vampiro no necesita mucho más para adueñarse por completo del cuerpo, al cual articulan de forma errática. No es inusual que estos revinientes sean hoscos, de pocas palabras y movimientos más bien mecánicos. El cadáver se ha convertido en un templo sacrílego del vampiro, el hogar donde anida esa voluntad inmaterial capaz de expresar un solo deseo.

El Malleus Maleficarum describe minuciosamente el trabajo colosal que los vampiros deben hacer para reanimar los músculos corruptos, las articulaciones rígidas y la gelatinosa sustancia a la que se ve reducido el cerebro luego de varios días bajo tierra, lo cual explica el comportamiento errante, protohumano, que muestran los vampiros en las leyendas medievales.

El Pseudomonarchia Daemonum, por otro lado, precisa que a los vampiros les toma tres días y tres noches reanimar un cadáver, y varias horas más para emerger del sepulcro. Pero esta leyenda sobre la posesión vampírica también posee algunos antecedentes narrativos.

Por ejemplo, John Stagg (1770-1823), autor de El vampiro (The Vampyr) y El mensajero de la muerte (The Messenger of Death), explica que los vampiros son... una clase de demonios, que se suponen son numerosos, que se apropiaban de cualquier resto humano volviéndose parcialmente corporales y perfectamente visibles.

Y luego añade: Cuando los vampiros no obtienen fácilmente restos humanos se ven forzados a buscar en mataderos, montones de carroña, etc., para vestirse con lo que encontraban en su camino.

Mucho más cerca en el tiempo, el escritor inglés E.F. Benson (1867-1940) escribió uno de los mejores relatos de posesión vampírica: Señora Amworth (Mrs. Amworth); donde se narra la historia de una mujer muerta poseída por el espíritu de un vampiro, el cual la lleva a cometer toda clase de tropelías.




Leyendas de vampiros. I Libros de vampiros.


Más literatura gótica:
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John Stagg: poemas, libros, biografía


John Stagg: poemas, libros, biografía.




John Stagg (1770-1823) fue uno de los poetas ingleses menos reconocidos de su tiempo.

Heredero del romanticismo y la literatura gótica, forjó algunos poemas memorables, entre ellos, su celebrado retrato de los vampiros.

Esta sección de nuestra biblioteca gótica, breve pero decisiva para entender las características posteriores del género gótico, daremos cuenta de los mejores poemas de John Stagg.



John Stagg: poemas:




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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«El mensajero de la muerte»: John Stagg; poema y análisis


«El mensajero de la muerte»: John Stagg; poema y análisis.




El mensajero de la muerte (The Messenger of Death) es un poema gótico del escritor inglés John Stagg (1770-1823), publicado en la antología: Poemas misceláneos (Miscellaneous Poems).

Uno de los tópicos principales de la literatura gótica es el amor que sobrevive a la muerte, o mejor dicho, el amor de ultratumba: desdichado y antinatural, que finalmente desencadena la catástrofe sobre aquel que tiene la osadía de permanecer con vida.

El mensajero de la muerte, uno de los más importantes poemas de John Stagg, versifica sobre uno de estos trágicos romances, en este caso, entre lady Jane y lord Walter.

La pobre lady Jane aguarda noticias de su Señor, que combate en las lejanas fronteras de Hesperia. Cierta noche, cuando la esperanza de reencontrarse con su amor aún no se había apagado del todo, un extraño mensajero aparece en su alcoba.

Juntos, la dama y el sombrío mensajero, llegarán hasta las costas del arroyo Derwent. Allí, envueltos en la gélida noche, lady Jane y su Señor finalmente volverán a verse bajo la luna, aunque en medio de circunstancias fatídicas.



El mensajero de la muerte.
The Messenger of Death, John Stagg (1770-1823)

Levántate de tu lecho, bella Lady Jane,
y remueve de tus ojos el sueño,
levántate de tu lecho, bella Lady Jane,
pues vengo noticias que traigo para ti.

Pero rara vez duerme Lady Jane,
casi nunca el sueño visita sus ojos;
desvelada y rendida por su pena,
aún así pregunta: ¿Qué noticias traes para mí?

Alto y soberbio aulla el gélido vendaval,
¡Escucha cómo corren los cercanos torrentes!
Temo que sea la caprichosa penumbra
que se ríe de mí en la medianoche.

Despójate del sueño, Lady Jane,
levántate de tu lecho, y vete;
quita de ti el sueño, Lady Jane,
pues tengo prisa y no debemos quedarnos.

Di, extraño, ¿cuál puede ser tu prisa
o cuál puede ser tu recado?
¿Quién y de dónde te envían,
o di qué noticias me traes?

Lord Walter, mi querido marido,
ahora vence en las llanuras de Hesperia,
donde con ondean con orgullo los estandartes de Bretaña,
donde la muerte y la devastación reinan.

Tres meses apenas han pasado,
aunque tres largos y penosos meses para mí,
desde que el valiente Lord abandonó estas armas,
y con sus valientes se hizo a la mar.

Aunque parezca largo y tedioso el tiempo,
todavía es poco lo que añoro
pensar en noticias de mi lord
o en noticias de la lamentable guerra.

Levántate de tu lecho, bella Lady Jane,
deja la solitaria alcoba y sígueme;
es de parte de Lord Walter que vengo,
yo soy su mensajero para ti.

Pero dime, extraño, dime dónde
Lord Walter vence, y como le está;
pues, aunque de buena gana oiría sobre él,
mi pecho espera por cuidarte.

¿Lo hará la esposa de Lord Walter,
lo hará su lady Jane,
a medianoche abandonar su lecho
y con un extraño por la llanura caminar?

Levántate de tu lecho, Lady Jane,
levántate, y no demores más;
la noche ha casi culmina, y tengo prisa,
y aquí no puede permanecer más.

Cerca de donde el espumoso Derwent corre,
sus corrientes hacia el oeste van al mar,
allí en la playa, del lado de Solway,
Lord Walter os espera ansioso.

Rápido a la llamada de su bien conocido amo,
por el bosque aparece el halcón,
y a los silbidos acude volando,
de forma rápida, con las alas extendidas.

Y así de su lecho Lady Jane salta,
en realidad, no es perezosa ni lenta,
ni teme por una vez la lluvia torrencial,
ni por los gélidos vientos que puedan soplar.

Se coloca su sobrefalda verde,
su bufanda y su capa azul,
se cierra todo con mucha rapidez
para comenzar su viaje de medianoche.

Ya está fuera de la puerta de entrada
y se aventura entre el viento y la lluvia
con una urgente y extraña rapidez,
por la triste pradera azotada por la tormenta.

Más allá de la colina y el valle, por el pantano y el arroyo
y por muchos páramos ellos se apresuran.
No hablan ni una vez, no paran a descansar
hasta alcanzar el lado del Solway.

La noche es oscura, el turbulento océano
golpea impetuoso contra la costa,
y fuera del agua se escucha un duende
gritando con terrible estruendo.

¿Dónde está mi amado?" (dijo Lady Jane)
Traedme pronto a Lord Walter.
Veo el mar, veo la costa
pero no puedo ver a mi Señor.

Oh Lady Jane (el extraño gritó)
Dulce dama, siempre amable y fiel;
¿Porqué te encoges con inocente pavor?
¡El espíritu de tu Señor quien te habla!

En la famosa y tormentosa bahía de Biscay,
nuestro navío se hundió para no navegar más.
Allí, enterrados en una tumba salada,
tu amado marido yace inerte.

Fiel y amable conmigo en vida
tuviste dominio sobre mi alma.
Nuestro amor era mutuo, por eso
¿nuestro será quebrado por la muerte?

Un horror frío sacudió a Lady Jane.
Sus huesos temblaron de horror.
Un frío terrible heló su sangre
y el pulso la abandonó.

Con mirada silenciosa e insensible,
observó y observó al espectro.
Era tan terrible y horrorosa visión
como sus ojos jamás habían visto.

La voracidad oscurecía su cara oscura,
Voracidad de carne arrancada por monstruos insensibles.
Burbujas del mar llenaban sus ojos vacíos,
y de su ropa el agua brotaba.

Sus sienes, una vez gentilmente rubias
se acompasaban ahora con las algas marinas;
y una maraña inmunda de sucias cuerdas
unían las partes de su hermoso cuerpo.

Luego así, con sepulcral voz, una vez más,
el fantasma dijo: ‘Sea como sea
tú debes, mi bella dama,
compartir mi lecho en la muerte.

Ella tembló, y sin vida, sobre la orilla,
Ella cayó; y una gran ola, rápidamente
sobre ella rodó, y con su retroceso
la arrastró hacia una tumba marina.

Nada más se oyó de Lady Jane;
Lord Walter no fue visto más.
Sin embargo los viajeros suelen ver
dos luces vagando por la costa.

Y entre las ráfagas de la tormenta,
se escucha un grito estremecedor,
y dos extrañas figuras a menudo se deslizan
a lo largo de la orilla del arroyo Derwent.


"Rise from your couch, fair Lady Jane,
And drive the slumbers from your ee',
Rise from your couch, fair Lady Jane,
For I have tidings brought for thee."

But seldom slumbers Lady Jane,
But seldom visits sleep her ee';
O'er-wakeful render'd by her woe,
Yet, say, what tidings bring'st thou me?

Loud blust'ring howls the wint'ry gale,
Hark! how the neighb'ring torrents pour!
I fear 'tis but some wanton night,
That mocks me at this midnight hour.

"Shake off thy slumbers, Lady Jane,
Rise from thy couch, and come away;
Shake off thy slumbers, Lady Jane,
For I'm in haste, and must not stay."

"Say, stranger, what can be thy haste,
Or what may this thine errand be?
From whom, and wherefore art thou sent;
Or say, what tidings bring'st thou me?

"Lord Walter, he my wedded Lord,
Now wins on fair Hesperia's plains,
Where proud Britannia's banners fly,
Where death and devastation reigns!

"Three months are scarcely pass'd and gone;
Tho' three long tedious months to me,
Since brave Lord Walter left these arms,
And with his squadrons put to sea.

"Tho' long and tedious seems the time,
Yet well I ween too short by far,
To think of news from him my Lord,
Or tidings from the woeful war."

"Rise from thy couch, fair Lady Jane,
Rise from thy couch, and follow me;
'Tis from Lord Walter's self I come,
I am his messenger to thee."

"Bleak o'er the heath the whirlwind blows,
Fast falls the rain, as fast can be;
Yet, since thou bear'st my Lord's behest,
I'll leave my couch, and come to thee.

"But tell me, stranger, tell me where
Lord Walter wins, and how he fares;
For tho' from him I fain would hear,
My bosom labours with its cares.

"Would it become Lord Walter's wife,
Would it become his Lady Jane,
At midnight hour to leave her couch,
And with a stranger walk the plain?"

"Rise from thy couch, thou Lady Jane,
Arise, and make no more delay;
The night's far spent, and I'm in haste,
And here I must no longer stay.

"Near where the foaming Derwent rolls,
Its currents westward to the sea,
There on the beach, by Solway's side,
Lord Walter anxious waits for thee."

Swift to her well-known master's call,
Up from the brake the falcon springs,
And to the whistling summons hies,
In eager speed, on outstreatch'd wings.

So from her couch sprang Lady Jane;
In sooth, she was not slack or slow,
Nor fear'd she once the drenching rain,
Nor car'd she how the winds might blow.

And she's put on her kertle green,
Her scarf and mantle made of blue;
And donn'd her up with mickle haste,
Her midnight journey to pursue.

And she's unbarr'd the outer door,
And ventur'd 'midst the wind and rain,
And with the urgent stranger sped,
All storm-struck o'er the dreary plain.

O'er hill and dale, thro' bog and burn,
And many a glen they swiftly hied;
Nor spoke they once, nor stopp'd, not stay'd,
Until they reach'd the Solway side.

The night was dark, the boist'rous main
Impetuous dash'd against the shore;
And oft the water sprite was heard
To shriek with loud terrific roar!

"Where is my love? (said Lady Jane,)
O bring Lord Walter quick to me;
I see the sea, I see the shore,
But no Lord Walter can I see.

"O Lady Jane, (the stranger cried)
Fair Lady, ever kind and true;
Why shrink you thus with foolish fear?
Lord Walter's spirit speaks to you!

"In Biscay's well-known stormy bay,
Our vessel sank, no more to rise;
There, buried in a wat'ry grave,
All cold, thy long-lov'd husband lies.

"Constant and kind to me in life,
Thou held'st dominion o'er my heart;
Our love was mutual; then, shall death,
Our love, so well establish'd, part?"

Cold horror seiz'd fair Lady Jane,
Her frame with deadly terror shook;
An icy coldness chill'd her blood,
And motion ev'ry pulse forsook.

With silent and insensate stare,
She view'd the spectre o'er and o'er,
But such and awful hideous sight
Her eyes had never seen before.

All deadly meagre gloom'd his face,
Of flesh by mideous monsters stripp'd;
Sea-bubbles fill'd his vacant eyes,
And from his clothes the waters dripp'd.

His temples, once so comely fair,
Were now with sea-weed compass'd round;
And filthy coils of tangle foul
The parts of his fair body bound.

When thus, with hollow voice, once more,
The phantom said--"Howe'er it be,
You must to-night, fair Lady Jane,
Expect to sleep in death with me!"

She shriek'd, and lifeless on the shore
She fell; when swift a swelling wave
Roll'd over her, and, with its recoil,
Entomb'd her in a wat'ry grave!

No more was heard of Lady Jane;
Lord Walter he was seen no more,
Save that the neighbours sometimes see
Their spirits wander by the shore;

And oft amidst the whirlwind's blast
Is heard full many a hideous scream,
And two strange figures often glide
Along the side of Derwent stream!


John Stagg (1770-1823)




Más poemas góticos. I Poemas de John Stagg.


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El análisis, resumen y traducción al español del poema de John Stagg: El mensajero de la muerte (The Messenger of Death) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El vampiro»: John Stagg; poema y análisis


«El vampiro»: John Stagg; poema y análisis.




El vampiro (The Vampyre) es un poema de vampiros del escritor inglés John Stagg (1770-1823), publicado en la antología de 1810: El juglar del norte (The Minstrel of the North), y posteriormente en: Poemas misceláneos (Miscellaneous Poems).

El vampiro es un poema en prosa, tal vez el primer poema dedicado a los vampiros tal como los conocemos.

Se dice que John Stagg se inspiró en las crónicas de viajeros que regresaban de Europa del Este trayendo misteriosas historias sobre vampiros y otras criaturas sobrenaturales.

El vampiro, uno de los grandes poemas de John Stagg, relata la historia de Herman, el joven esposo de Gertrude, quien es atacado por un vampiro, nada menos que su mejor amigo, Sigismund, recientemente fallecido.

El poema presenta todos los tópicos que luego se convertirían en lugares comunes de la literatura vampírica: Sigismund, el vampiro, solo busca beber sangre. Su cuerpo sin vida duerme dentro de un ataúd, y se conserva fresco y rozagante mientras logra alimentarse periódicamente.

Ya en el ocaso del poema, se describe uno de los métodos más populares para matar a un vampiro: clavarle una estaca en el corazón.

El el siguiente artículo puede leerse un análisis más completo del poema: El flebotomista: análisis de «El Vampiro» de John Stagg.


El vampiro.
The Vampyre, John Stagg (1770-1823)

La historia del Vampiro está fundada en una opinión o relato que estaba de moda en Hungría y en varias zonas de Alemania hacia comienzos del siglo pasado. Se aseguraba por entonces que en varios lugares se sabía de muertos que habían dejado sus tumbas y por la noche visitaban las habitaciones de sus amigos, a quienes, por succión, chupaban su sangre mientras dormían.

Esa persona entonces se convertía en un vampiro; y si no hubiera sido por la afortunada idea de un clérigo quien ingeniosamente recomendó estacarlos en sus tumbas, en estos momentos tendríamos un enjambre más grande de engendros del que tenemos ahora. Muchas e ingeniosas observaciones por parte de profesores y clérigos intentaron explicar las causas físicas de tal fenómeno. Se aseguraba que una porción del espíritu del animal, que no había escapado a la defunción del cuerpo, retenía el poder de la voluntad; e investidos con parte del cuerpo que todavía no había entrado en proceso de putrefacción, eran capaces de hacer esas prodigiosas excursiones desde la tumba y volver a su placer sin ningún inconveniente aparente. Otros opinaban que eran una clase de demonios, que se suponen son numerosos, que se apropiaban de cualquier resto humano volviéndose parcialmente corporales y perfectamente visibles. Para algunos de nuestros viajeros modernos parece que la noción de la existencia de los vampiros era muy conocida y creída por los holandeses y otras poblaciones de América. Yo no creo que una milésima parte del mundo sepa la razón del porqué el cordón umbilical era cuidadosamente quemado después del nacimiento por los que atienden el parto.

Se basa en la opinión de que esos numerosos demonios domésticos, en quienes creen perfectamente, eran tenaces cuando tenían la oportunidad de obtener cualquier porción de humanidad, que ellos preferían a cualquier otra sustancia animal. Suponemos que el cordón umbilical sería un muy deseable jubón para esta pequeña "nobleza". De aquí que, dada sus ganas de hacerse corpóreos y visibles, cuando no obtenían fácilmente restos humanos, estaban forzados a buscar en mataderos, montones de carroña, etc., para "vestirse" con lo que encontraban en su camino. De lo que deducimos que muchos de ellos aparecieran en forma de caballos, vacas, asnos, etc., o sea, en toda clase de animales, por lo que se dice que estos son los fantasmas de los animales que representan más que de cualquier otra persona.

¿Por qué está tan mortalmente pálido, mi señor?
¿Por qué se desvanece el rubor de su mejilla?
¿Qué puede a mi querido marido afligir?
¡Sus cuidados sentidos, oh Herman, habla!

¿Por qué a la silenciosa hora del descanso
tú te lamentas tan tristemente mientras duermes?
¿Estás oprimido por la aflicción más pesada,
aflicciones demasiado dolorosas para ser guardadas?

¿Por qué palpita tu pecho? ¿Por qué se estremece tu corazón?
¡Oh, habla! Y si hay algún alivio
Tu consuelo Gertrudis te lo dará,
Si no, al menos comparte tu aflicción.

Pálida está esa mejilla que una vez la floración
de la reluciente belleza varonil enseñó;
apagados están esos ojos, en pensativa penumbra
que antiguamente con entusiasta lustre brillaban.

Di, ¿por qué también a medianoche,
tú tristemente jadeas y te estiras para respirar
como si algún poder sobrenatural
estuviera arrastrándote hacia la muerte?

Inquieto, aunque durmiendo, aún te quejas,
y con un horror convulsivo te sobresaltas.
¡Oh, Herman! Haz saber a tu esposa
ese pesar que atormenta tu corazón.

¡Oh, Gertrudis! ¿Cómo podré relatarte
la extraña angustia que siento?;
extraña y severa como es este mi destino;
un destino que yo no puedo esconder más tiempo.

A pesar de toda mi fuerza acostumbrada
el destino severo ha sellado mi suerte
esta espantosa enfermedad a la larga
me arrastrará a la silenciosa tumba.

Pero di, Herman, ¿cuál es la causa
de esta aflicción y de todo lo que te preocupa
que, como un buitre tus vitales roe
y mortifica tu pecho con desesperación?

¿Seguro que esto no puede ser una aflicción común?
¿Seguro que esto no puede ser un dolor común?
Habla, si este mundo contiene alivio
Que pronto tu Gertrudis lo obtendrá.

¡Oh, Gertrudis! Es una causa horrenda.
¡Oh, Gertrudis! Es una inquietud inusual
que, como un buitre, mis vitales roe
y mortifica mi pecho con desesperación.

El joven Segismundo, mi una vez querido amigo,
pero quien últimamente renunció a respirar,
con otros lo acompañé
a la silenciosa casa de la muerte.

Por él lloré, por él llevé luto,
pagué todo lo que debía por amistad
pero tristemente la amistad ha vuelto
y tu Herman tiene que seguirlo también.

Debo seguirlo a la tenebrosa tumba
a pesar de las artes o las habilidades humanas;
ningún poder en la tierra puede salvar mi vida,
es la voluntad inalterable del destino.

El joven Segismundo, mi una vez querido amigo
pero ahora mi vil perseguidor
extiende su malevolencia
incluso para torturar mi alma.

Por la noche, cuando, envueltos en profundo sueño
todos los mortales compartimos un suave reposo,
mi alma mantiene espantosas vigilancias
más intensas de lo que el infierno apenas sabe.

Desde la tenebrosa mansión de la tumba
desde las profundas regiones de los muertos
el fantasma de Segismundo vaga
y me persigue horriblemente en mi cama.

Allí, vestido de forma infernal,
(de una manera que yo no entiendo)
el duende yace cerca de mí
y bebe mi sangre vital.

Chupa de mis venas la vida que fluye
y drena la fuente de mi corazón.
¡Oh Gertrudis, Gertrudis! ¡Mi querida esposa!
Indecible es mi dolor.

Cuando está saciado, el horrendo duende
con el banquete de la sangre amamantada
se retira a su sepulcro
hasta que la noche lo invita a venir una vez más.

Luego él terriblemente volverá
y de mis venas los jugos de la vida drenará;
mientras que yo, inerte, lloro con angustia
y me sacudo con dolor agonizante.

Pronto estoy exhausto, gastado,
su carnaval está casi acabado;
mi alma está hendida con agonía.
mañana no estaré más.

Pero, oh Gertrudis, mi querida esposa.
Las más penetrantes punzadas al fin permanecerán
pues muerto, yo también buscaré tu vida;
tu sangre por Herman será drenada.

Pero para evitar este horrible destino,
en cuanto muera y yazca en tierra
cruza mi cuerpo con una jabalina;
esto prevendrá mi regreso.

Oh mira conmigo esta última y triste noche,
miremos en tu habitación aquí solos
pero cuidadosamente esconde la luz
hasta que escuches mi quejido de despedida.

Entonces a la hora en que la campana de vísperas
de aquel convento repique
ese repique llamará a mi despedida
y el cuerpo de Herman estará frío.

"Entonces, y sólo entonces, tu lámpara descubre,
el rayo primero, la luz radiante
harán asustar al duende a mi lado
y lo hará visible a la vista."

Toda la noche la pobre Gertrudis
estuvo sentada vigilando a su moribundo marido;
toda la noche ella lloró el destino
del objeto que su alma adoraba.

Entonces, a la hora en que la campana de vísperas
de aquel convento tristemente sonó
su despedida fue entonces repicada
y el desventurado Herman estaba frío.

Justo en ese momento Gertrudis descubrió
de debajo de su capa la escondida luz,
cuando, ¡horrible!, ella tuvo a la vista
la sombra de Segismundo. ¡Triste visión!

El indigno puso sus coléricos ojos en blanco
Que brillaban con mirada salvaje y terrorífica,
Y con sorpresa contempló por un momento
Pasmado la esclarecedora iluminación.

Sus cadavéricas mandíbulas estaban embadurnada
con coagulada matanza
y todo este horror parecía distante
y lleno con sangre humana.

Con horrible ceño el espectro huyó.
Ella chilló muy alto, luego se desvaneció.
El desventurado Herman en su cama
Todo pálido, un cuerpo sin vida yacía.

Al día siguiente en consejo fue decretado
(impulsado a petición del estado)
que la naturaleza escalofriante debería ser liberada
de pestes como esta antes de que fuera demasiado tarde.

El coro entonces llenó la cúpula del funeral
Donde Segismundo estaba enterrado,
Y lo encontró, aunque dentro de su tumba
Aún templado como la vida y sin deterioro.

Su cara no estaba manchada de sangre.
Ensangrentados estaban sus temerosos ojos.
Cada signo de vida pasada permanecía
aunque allí sin movilidad yacía.

Ellos llevaron al mismo sepulcro
el cuerpo de Herman
y a través de los dos cadáveres introdujeron
profunda en la tierra, una afilada estaca.

Así acaba su carrera,
con esto no podrán vagar más.
De ellos no tendrán que temer más sus amigos.
Los dos guardan silenciosos la inactiva tumba.

John Stagg (1770-1823)





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