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La verdadera Entidad que se esconde Hill House


La verdadera Entidad que se esconde Hill House.




Era una casa carente de bondad, que no había sido pensada para ser habitada, un lugar inapropiado para la gente o para el amor o para la esperanza. Un exorcismo es incapaz de alterar el semblante de una casa; Hill House seguiría siendo igual hasta que fuera destruida.


Con la aparición de la serie muchos han descubierto a Shirley Jackson y La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House), una de las grandes novelas de fantasmas del siglo XX y, sin dudas, la mejor historia de casas embrujadas de todos los tiempos.

No obstante, y a pesar de las diferencias entre el libro y la serie, Hill House todavía esconde un secreto inquietante: la verdadera Entidad que habita entre sus muros.

Para desentrañar la identidad de este fantasma nos basaremos específicamente en la novela, aunque el mismo razonamiento podría llevarnos a concluir lo mismo acerca de la serie.

Primero, un breve pero necesario resumen del argumento.

En La maldición de Hill House somos testigos de cómo Eleanor Vance, una joven introspectiva, que hasta entonces vivía como una reclusa al cuidado de su madre, lentamente va siendo absorbida por Hill House: una mansión impresionante construida por Hugh Crain. Junto a ella también aparece el doctor John Montague, un investigador paranormal; Theodora, una artista joven y extravagante; y Luke Sanderson, el reciente heredero de Hill House. [ver: «Y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo»]

En la novela, Shirley Jackson apunta constantemente a Hugh Crain, diseñador y constructor de la casa, como la fuente inicial de los fenómenos paranormales que allí ocurren, pero estas conjeturas son apenas la punta del iceberg, ya que la verdadera Entidad de Hill House es la casa misma.

Así describe a Hill House el profesor Montague:


Cada ángulo —y el doctor hizo un gesto hacia la puerta— está ligeramente mal. Hugh Crain debió detestar a las personas y sus casas sensibles y cuadradas, porque hizo que la suya se adaptara a su mente. Los ángulos que usted asume como rectos, y con todo el derecho a esperar que así sea, en realidad están mal en una fracción de grado. Por supuesto, el resultado de todas estas pequeñas aberraciones de medición se suma a una distorsión bastante grande en la casa en su conjunto.


Es decir que, en apariencia, todo parece perfectamente normal con la arquitectura de Hill House, sin embargo, en cada ángulo de la casa hay una ligera alteración, una desviación, que tuerce por completo la geometría del lugar para reflejar el intrincado y perverso estado mental de su creador.

Esa alteración en la geometría de Hill House es percibida por los personajes a nivel subconsciente, y actúa sobre ellos sacando a la superficie sus propios traumas y miedos.

Más adelante en la novela, Eleanor y Theodora empiezan a describir ciertas alteraciones en la perspectiva de Hill House, algunas de las cuales les inducen la sensación de estar caminando por las paredes.

En este contexto, es mucho lo que La maldición de Hill House le debe a H.P. Lovecraft (de hecho, ¿Hill House podría pertenecer a los Mitos de Cthulhu?), donde la arquitectura a menudo asume formas impredecibles. Por ejemplo, en las cámaras subterráneas de R’lyeh, en La llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu), presenciamos la misma sensación de perplejidad que experimentan Eleanor y Theodora en relación a la arquitectura, digamos, antinatural, de ciertos espacios.

La demencial aunque sutil arquitectura de Hill House también resuena en la casona de Keziah Mason —Los sueños en la casa de la bruja (The Dreams on the Witch House)—; de hecho, la descripción que realiza Walter Gilman sobre esta anomalía edilicia se aplica a la perfección a Hill House:


La habitación de Gilman era de buen tamaño pero de forma irregular; la pared del norte se inclinaba perceptiblemente hacia el interior mientras que el techo, de poca altura, bajaba suavemente en igual dirección. No había ninguna entrada, ni señales de que la hubiera habido, al espacio que debía de existir entre la pared inclinada y la recta pared exterior de la parte norte de la casa. El desván situado encima del techo, que debía haber tenido inclinado el suelo, era asimismo inaccesible.


En Lovecraft encontramos indicios, ninguna certeza, sobre la naturaleza de aquella arquitectura invertida, pero en La maldición de Hill House resulta claro desde el inicio de la novela: es la estructura en sí misma una manifestación física de la Entidad que reside en su interior.


Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo en condiciones de realidad absoluta; incluso las alondras y las chicharras, suponen algunos, sueñan. Hill House, nada cuerda, se alzaba en soledad frente a las colinas, acumulando oscuridad en su interior; llevaba así ochenta años y así podría haber seguido otros ochenta años más. En su interior, las paredes mantenían su verticalidad, los ladrillos se entrelazaban limpiamente, los suelos aguantaban firmes y las puertas permanecían cuidadosamente cerradas; el silencio empujaba incansable contra la madera y la piedra de Hill House, y lo que fuera que caminase allí dentro, caminaba solo.


En este punto todo parece indicar que el perturbado Hugh Crain construyó una casa a la medida de su degradación mental y espiritual, pero Shirley Jackson va todavía más lejos.


(Hill House) de algún modo parecía haberse levantado a sí misma, dando forma a su poderosa configuración bajo las manos de sus constructores, ajustándose a su edificación de líneas y ángulos.


Esta es la clave para entender a Hill House: no fue Hugh Crain el realizador en el plano físico de sus propios pensamientos retorcidos, sino simplemente una herramienta, un vehículo, un canalizador de fuerzas mucho más oscuras que él mismo.

El motivo es analizado por Jorge Luis Borges al referirse al poema Kubla Khan, que versifica la construcción de un formidable palacio, el cual le habría sido revelado en un sueño a Samuel Taylor Coleridge. Veinte años después se descubrieron ciertos documentos que prueban que, ya en el siglo XIII, un emperador mongol, llamado Kubla Khan, soñó con un palacio y lo mandó a construir.


Un emperador sueña un palacio y lo edifica —dice Borges—; en el siglo XVIII, un poeta inglés, que no pudo conocer el dato, sueña un poema sobre el palacio. Acaso un arquetipo no revelado aún a los hombres, un objeto eterno, esté ingresando paulatinamente en el mundo; su primera manifestación fue el palacio; la segunda el poema. Quien los hubiera comparado habría visto que eran esencialmente iguales.


Borges estima que existen ciertos arquetipos, como los de Carl Jung, los cuales son interpretados por los mortales de diversas formas, llevándolos desde lo eterno a lo físico. Shirley Jackson le añade a esa hipótesis la posibilidad de traducir un Mal infinitamente superior, y acaso inclasificable, en formas y ángulos que lo representen en nuestro plano.


No hará falta que les recuerde —dice el profesor Montague— que el concepto de que ciertas casas son impuras, o quizá sagradas, es tan antiguo como la mente humana. Ciertamente existen lugares a los que inevitablemente se les atribuye una atmósfera de santidad y bondad; no sería por tanto demasiado fantasioso afirmar que algunas casas son malas de nacimiento. Hill House, sea cual sea la causa, ha resultado ser inapropiada para los seres humanos durante los últimos veinte años. Cómo era antes, si su personalidad quedó moldeada por la gente que vivió aquí o las cosas que hicieron, o si fue malvada desde el primer momento, son preguntas que no puedo responder.


Es decir que la Entidad o fantasma de Hill House anhelaba existir en nuestro plano, y para eso buscó a un hombre lo suficientemente perverso para construirla.

¿Y para qué una Entidad de estas características querría existir en nuestro plano?

Para alimentarse, naturalmente. En La maldición de Hill House la casa ya había consumido a cinco personas antes de que Eleanor llegara.

La trama de La maldición de Hill House estableció un modelo que encontraríamos una y otra vez en el género: un experto en lo paranormal y una colección de personalidades dispares se disponen, por azar o inexplicables circunstancias, a pasar una o varias noches en una casa embrujada. La razón y la ciencia se hacen presentes en la figura del investigador, pero su racionalidad (o su arrogancia) no son rivales para las fuerzas malignas que habitan allí.

Los personajes de Shirley Jackson en La maldición de Hill House, especialmente Eleanor, son víctimas de la nefasta influencia de la casa, a veces adoptando las actitudes de sus viejos ocupantes, confundiendo sus propios recuerdos con los de otros, recitando fragmentos de conversaciones y letras de canciones nunca oídas, o reiterando líneas de pensamiento que no son propias pero que están en resonancia con sus estructuras mentales.

No es casualidad que haya elementos de las vidas de los protagonistas de la novela que sean casi idénticos a los de los anteriores ocupantes de Hill House. La casa, como cualquier entidad consciente de este o cualquier otro plano, tiene sus gustos personales, sus apetitos, sus preferencias.

Lo que diferencia a La maldición de Hill House de Shirley Jackson de otros relatos de fantasmas es su forma de entender la naturaleza de las apariciones. No estamos aquí frente a una entidad que intenta comunicar algún tipo de trauma o de injusticia sufrida, menos aún advertir a los incautos, o bien frente a un fantasma vengativo que persiste en hacer daño desde el más allá.

Hill House quiere existir en el plano físico, y para eso buscó a Hugh Crain, capaz de construirla. Ya establecida, la casa vibra en una frecuencia en la cual ciertos patrones se repiten, y cuya fuerza depende de la presencia de personas con características específicas para alimentarse.

De este modo, Hill House y sus habitantes forman una relación simbiótica, no parasitaria: la casa obtiene el alimento o la energía que necesita, y sus ocupantes la posibilidad de revivir sus traumas, ya sin sentimientos de culpa o de remordimiento, aunque esto los conduzca eventualmente a la muerte.

En resumen, podemos pensar que la Entidad de Hill House es básicamente Egregore, algo así como un tipo de energía que toma forma de a partir de los pensamientos y miedos de personas lo suficientemente sensibles como para detectar su presencia, interactuar con ella, y quizás adorarla, o invocarla, como en el caso de Hugh Crain, o de temerle, como Eleanor.

Es así que Eleanor desciende lentamente al nivel emocional y psicológico en el cual Hill House puede alimentarse de ella. La mente de Eleanor está obsesionada, pero no por una sola Entidad, como un fantasma, sino más bien por un patrón: una secuencia de eventos y relaciones problemáticas. Ella y sus compañeros son parte de una representación, mucho más poderosa y persuasiva porque no se corresponde con este plano. Sus personalidades, sus historias individuales, los conectan con lo que sucedió antes en Hill House, y así son condenados a recrear esos mismos hechos, para que la casa se alimente.

Este es el aspecto más inquietante que proclama La maldición de Hill House: estrictamente hablando, no somos individuos con libre albedrío, sino más bien engranajes de un patrón mucho más grande, vulnerables al reciclaje generacional de eventos sufridos por otros.

En este contexto, no hay diferencia alguna entre los ocupantes de Hill House y la casa propiamente dicha: ninguno se corresponde con el concepto de individuos. A lo sumo, somos meros soportes pasajeros de una idea, de un arquetipo, que se reitera a través del tiempo, que se manifiesta en ciertos lugares, para alimentarse de sí mismo.




Fenómenos paranormales. I Taller literario.


Más literatura gótica:
El artículo: La verdadera Entidad que se esconde Hill House fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El ABC de las historias de fantasmas del que ningún cuento o película puede escapar


El ABC de las historias de fantasmas del que ningún cuento o película puede escapar.




Las recetas no solo proliferan en la gastronomía, sino también en la literatura y el cine, y con especial abundancia en las historias de fantasmas.

Ya sea si hablamos de relatos, novelas o películas, las historias de fantasmas —salvo honrosas y muy escasas excepciones— tienen un ABC sumamente rígido, casi canónico, como si se tratara de un mandamiento divino que muy pocos se atreven a transgredir.

El admirador del cine de terror y las novelas de fantasmas conoce esa receta casi tan bien como el que la prepara, solo que rara vez se detiene en la secuencia en la que sus ingredientes le son suministrados. En todo caso, queda la sensación de algo conocido, de detalles, escenas, de argumentos enteros que parecen haber sido vistos o leídos en alguna otra parte.

En este artículo nos proponemos revelar del modo más descarado la receta básica subyacente en todas las historias de fantasmas.



REALIDAD.

Toda historia de fantasmas —incluso todo relato de terror— comienza del mismo modo: con una dosis de insoportable REALIDAD.

En efecto, el género abre con el anclaje a la REALIDAD cotidiana del protagonista, con la que el lector o el espectador puede relacionarse y luego contrastar con las características sobrenaturales que se irán introduciendo.

Dentro de esa apertura se describe con macabra precisión un hecho de la realidad objetiva, que generalmente gravita sobre variantes de tres motivos principales: una mudanza, un viaje o una muerte.

Es decir que el protagonista, al comienzo de una historia de fantasmas, se nos presenta como una persona común dentro de una realidad más bien prosaica, pero que CAMBIA repentinamente como consecuencia de alguno de los tres sucesos que mencionamos anteriormente: mudanza, viaje o muerte.

Podemos resumir esta cuestión del siguiente modo:

El protagonista se encuentra en una etapa de transición entre una REALIDAD normal y otra; o mejor dicho, de una REALIDAD que se expande. Esa transición es consecuencia de un CAMBIO, a veces traumático, que lo coloca en una dimensión espiritual más elevada y, por lo tanto, en mayor sincronía con lo sobrenatural.



ESCEPTICISMO.

Él o la protagonista de la historia de fantasmas siempre es una PERSONA ESCÉPTICA al principio.

Por ESCÉPTICO nos referimos a una persona común y corriente, envuelta en asuntos mundanos; básicamente alguien a quien jamás esperaríamos encontrar en una sesión espiritista o jugando al tablero Ouija en su tiempo libre.

A menudo es la recalcitrante descripción de su REALIDAD, al inicio de la historia, la que pone de manifiesto su anclaje a un mundo perfectamente lógico y racional. De hecho, hasta puede parecer una persona cínica en relación a estos fenómenos, o al menos una persona para la cual lo sobrenatural supone un desafío a sus creencias.

El escepticismo inicial del protagonista es casi inevitable, y ocurre incluso en aquellas historias protagonizadas por investigadores paranormales. Más aún, los detectives paranormales en la literatura en general se muestran muy escépticos cuando toman un caso y evalúan sus primeras evidencias, a pesar de que la experiencia personal les indica que tales sucesos son perfectamente posibles.



ELEMENTO PERTURBADOR.

Sobre esta base —REALIDAD del entorno cotidiano, CAMBIO, y una personalidad ESCÉPTICA— las historias de fantasmas introducen un ELEMENTO PERTURBADOR.

Este ELEMENTO PERTURBADOR no es necesariamente de orden sobrenatural, sino más bien un suceso sugestivo, ambiguo, que el protagonista puede interpretar de dos formas: algo sin dudas extraño pero que puede explicarse racionalmente, o bien un hecho donde interviene lo fantástico.

Por regla general, el protagonista, todavía ESCÉPTICO, no le asigna a ese ELEMENTO PERTURBADOR una valoración sobrenatural y lo descarta rápidamente. Nosotros, en cambio —lectores o espectadores—, sí sabemos que se trata de un preludio de sucesos aún más inquietantes que se producirán en el futuro.

El protagonista, decíamos, interpreta de manera lógica el ELEMENTO PERTURBADOR, que puede ser un ruido extraño, sin origen aparente, así también como el movimiento inexplicable de objetos, voces, sombras que desaparecen por el rabillo del ojo, o el comportamiento errático de otros personajes. En fin, el catálogo rarezas cognitivas es amplio, pero se resume en un mismo principio.

En general, este primer ELEMENTO PERTURBADOR se explica como una alucinación o un sueño, a menudo producto de la etapa de transición que atraviesa el protagonista: una nueva casa, un sitio desconocido, una nueva vida sin aquel ser querido que ha fallecido, etc.

A veces, cuando el protagonista de la historia de fantasmas percibe por primera vez el ELEMENTO PERTURBADOR, otros personajes ya están en la etapa siguiente del proceso narrativo: el CONVENCIMIENTO. Esto generalmente se presenta a través del comportamiento extraño, cuando no directamente perturbador, de los niños o de los animales de la casa.

Después de todo, el protagonista es una persona sensata, según la descripción de su REALIDAD; pero tras el primer descarte del ELEMENTO PERTURBADOR se producen otros sucesos que por fin lo convencen de que la razón no es la mejor herramienta para explicar lo que ocurre a su alrededor.



ACEPTACIÓN Y CONVENCIMIENTO.

Uno de esos sucesos es tan horroroso, tan imposible de explicar en términos racionales, que el protagonista por fin acepta que está viviendo una situación sobrenatural.

Esa ACEPTACIÓN Y CONVENCIMIENTO traen consigo la necesidad de entender la naturaleza del fenómeno.

Acto seguido, el protagonista incorpora información, a veces a través de libros o directamente de otros personajes más versados en estos asuntos: espiritistas, médiums, psíquicos, investigadores paranormales; básicamente, un GUÍA.



EL GUÍA.

El GUÍA puede ser un anciano, un vecino, alguien que ronda por el perímetro de la casa y que al principio suele aparecer como una figura posiblemente maliciosa, pero que en realidad es alguien que intenta alertar o ayudar al protagonista antes de que el ELEMENTO PERTURBADOR se produzca.

El GUÍA también puede ser el niño de la casa, cuya sensibilidad, es decir, su nivel más bajo de anclaje a la REALIDAD, lo ha llevado a percibir cosas extrañas mucho antes que el protagonista.

No es infrecuente que sea el GUÍA el verdadero objetivo del fantasma, y no el protagonista.

De repente, las pesadillas del niño, sus dibujos extraños, sus historias acerca de que hay algo en la casa, su comportamiento, su amigo imaginario, encajan a la perfección con aquello que el protagonista acaba de aceptar como real, aunque inexplicable, de acuerdo a su formación intelectual.



DESCENSO A LAS TINIEBLAS.

En términos mitológicos, aquí se produce el DESCENSO A LAS TINIEBLAS.

Este motivo está presente en todas las mitologías. Básicamente es el instante en el que el héroe acepta lo que está ocurriendo y deja de ser una víctima pasiva. En los mitos, el héroe desciende al inframundo, a las tinieblas del Hades, del Hel, del Annwn, el Sheol, que dentro de la historia de fantasmas se traduce en un descenso hacia lo inexplicable.

Aquí, el fantasma —que bien puede ser una entidad mucho más poderosa, como un demonio— deja de lado las sutilezas y se manifiesta de forma mucho más concreta. Desata su poder y revela parte de sus intenciones.



CONFLICTO.

Este aspecto no merece mayor análisis. El protagonista se enfrenta al fantasma en los dos terrenos: el espiritual y el físico, y triunfa únicamente cuando encuentra su fortaleza interior; que casualmente coincide con el punto débil del espíritu.

Su viaje hacia ese punto en la historia, todo lo que le ha ocurrido en el pasado, incluso el hecho traumático que lo movilizó al principio, se manifiesta como algo inevitable para triunfar en el CONFLICTO.



FINAL ABIERTO.

La resolución de la historia de fantasmas siempre es AMBIGUA, aunque parezca no serlo. Y lo es aún cuando hablamos de historias en las cuales, al final, se encuentra una explicación perfectamente racional para lo que ha ocurrido.

En estos casos, el trastorno mental del protagonista —resultado del trauma inicial, casi siempre, una pérdida— facilita la posibilidad de que todo haya sido una alucinación, es decir, el producto de una mente desequilibrada.

No obstante, aún cuando al final se presente todo lo ocurrido como real —en términos sobrenaturales—, o bien como una alucinación, en el último párrafo, o en la última escena, las historias de fantasmas siempre dejan una puerta abierta en sentido contrario.

Si se nos dijo que todo fue real, quedan indicios que parecen evidenciar la locura del protagonista. Después de todo, durante la mayor parte de la historia los otros personajes tratan de convencerlo de que así es. Incluso él mismo puede dudar de la veracidad de los hechos que ha experimentado.

Pero si, en cambio, se nos explicó que todo fue una alucinación, todavía quedan algunas cuestiones que no pueden explicarse racionalmente: un grito postrero, una sombra, un algo que permanece en el terreno de lo inexplicable.




Taller literario. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El artículo: El ABC de las historias de fantasmas: el bucle del que ningún cuento o película puede escapar. fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

La monja fantasma del Theatre Royal


La monja fantasma del Theatre Royal.




Las monjas fantasma son apariciones bastante habituales en los conventos.

La mayoría de ellas proceden de mujeres fallecidas prematuramente a causa de una tragedia, en ciertos casos, víctimas de la persecución religiosa o bien debido a un castigo desproporcionado por algún tipo de transgresión.

Si bien en casi todos los conventos del mundo se rumorean historias sobre monjas fantasma, es en Inglaterra donde más han proliferado.

La iglesia de Holy Trinity en Micklegate, York, es habitada por el fantasma de una abadesa con antiguas y licenciosas vinculaciones con los monjes benedictinos que antiguamente controlaban el edificio. Al parecer, esta noble mujer murió durante la Reforma, tras desafiar a los saqueadores diciendo que solo sobre su cadáver entrarían en ese edificio sagrado.

Baste decir que los intrusos entraron y saquearon prolijamente el templo.

Pero el fantasma de la abadesa continuó manifestando su fuerte carácter aún después de la muerte. Se dice que entró en conflicto con otro fantasma, también mujer, que realizaba apariciones más bien modestas cerca del órgano, y a quien se le atribuía la facultad de propagar la peste.

Entre ambas se produjo una áspera disputa territorial que aún continúa en nuestros días. Se cree que cualquier admirador de Martín Lutero que ingrese en el templo se llevará de allí una católica y virginal gripe.

Una práctica común durante la Edad Media consistía en que las monjas de reclusión viviesen en celdas tapiadas, con una pequeña abertura para recibir comida y agua. En ciertos casos, cuando la monja cometía alguna transgresión imperdonable, se tapiaba incluso esa abertura y se la dejaba morir de hambre.

Elizabeth Bathory, por ejemplo, fue encarcelada siguiendo esa tradición. Aunque no fuese monja, las autoridades no la eximieron de sufrir un castigo acorde a su género.

Los fantasmas de estas monjas encerradas son los más terribles de todos.

Una de ellas es la llamada Dama Gris (Grey Lady) del Theatre Royal.

La actual estructura georgiana del Theatre Royal, ubicado en el Reino Unido, ha incorporado partes del viejo hospital de St. Leonard, activo entre los siglos XII y XVIII y dirigido por una estricta orden de monjas.

Una de estas monjas se enamoró perdidamente de un joven y apuesto noble. La relación entre ambos continuó durante algún tiempo, por supuesto, de forma clandestina, hasta que finalmente fueron descubiertos.

Desde luego, la posición acomodada del joven noble le ahorró incluso la más ínfima reprimenda. Pero la monja, como castigo por romper sus votos de castidad, fue encerrada durante una semana en su estrecha habitación. Se obturó la ventana, se tapió la puerta, y se le dejó un cuenco con agua y algo de pan duro.

Si bien el encierro no era algo a lo que ninguna monja estuviese desacostumbrada, en este caso las perpetradoras del castigo omitieron un detalle esencial: el oxígeno.

Aquella pobre monja hubiese podido sobrevivir a su semana de reclusión, pero lamentablemente los albañiles obturaron demasiado bien la ventana, impidiendo de ese modo la circulación de aire.

La muerte de la monja fue horrible, solitaria, y horrorosamente lenta.

Siglos después, cuando el Theatre Royal expandió su arquitectura, aquella macabra habitación fue utilizada como parte de los camarines. Durante la reforma edilicia se halló una frase tallada los muros interiores, como si la monja enamorada hubiese querido dejar un testimonio que sobreviva las adversidades del claustro:

"Tus besos no me despertarán como en el cuento pero quizás me hagan soñar..."


Se dice que aún hoy los camarines del Theatre Royal presentan una atmósfera viciada, sofocante, que nunca llega a ventilarse correctamente.

Incluso el fantasma de la monja suele aparecer de vez en cuando: soñolienta, aturdida, vistiendo las ropas grises de su castigo: signo inequívoco de su amor pecaminoso.




Fenómenos paranormales. I Historias de fantasmas.


Más literatura gótica:
El artículo: La monja fantasma del Theatre Royal fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Enciclopedia de espíritus»: Judika Illes.


«Enciclopedia de espíritus»: Judika Illes.




Enciclopedia de espíritus: guía de la magia de hadas, genios, demonios, fantasmas, dioses y diosas (Encyclopedia of Spirits: Guide to the Magic of Fairies, Genies, Demons, Ghosts, Gods and Goddesses) es un libro de mitología de la investigadora Judika Illes —autora de: Enciclopedia de 5000 hechizos (Encyclopedia of 5,000 Spells) y Pura magia (Pure Magic)—, publicado en 2009.

Enciclopedia de espíritus de Judika Illes agrupa una cifra impresionante de criaturas mitológicas y sus respectivas biografías, desde las diosas y demonios de antaño a los más habituales vampiros, fantasmas, hadas y hombres lobo.

Adicionalmente, la Enciclopedia de espíritus de Judika Illes se propone revelar la verdadera identidad de cada una de estas criaturas sobrenaturales, cómo comunicarse específicamente con cada uno de ellos, cómo reconocer a un espíritu cuando éste se manifiesta, sus hábitos, colores, días y números.

Enciclopedia de espíritus realiza un notable estudio sobre la historia de la comunicación con los espíritus, desde luego, anterior al espiritismo del siglo XIX.




Enciclopedia de espíritus.
Encyclopedia of Spirits, Judika Illes.

Material relacionado:




Libros de Judika Illes. I Libros de mitología.


El análisis y resumen del libro de Judika Illes: Enciclopedia de espíritus (Encyclopedia of Spirits) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Historias de fantasmas de Navidad


Historias de fantasmas de Navidad.




Espíritus de Navidad (Christmas Spirits) es una colección de historias de fantasmas publicada en 1983.

Todos los cuentos de fantasmas que integran la antología se relacionan con las mejores historias de fantasmas de Navidad, de la mano de autores verdaderamente notables.






Historias de fantasmas de Navidad.
Christmas Spirits.
  • El banquete de Navidad (The Christmas Banquet, Nathaniel Hawthorne)
  • El ceremonial (The Festival, H.P. Lovecraft)
  • El maletín (The Kit-Bag, Algernon Blackwood)
  • Historia de duendes (The Story of the Goblins who stole a Sexton, Charles Dickens)
  • Historia de una desaparición y una aparición (The Story Of a Disappearance and an Appearance, M.R. James)
  • Markheim (Markheim, Robert Louis Stevenson)
  • Su pequeño y querido fantasma (Their Dear Little Ghost, Elia W. Peattie)
  • Transición (Transition, Algernon Blackwood)
  • Un árbol de Navidad (A Christmas Tree, Charles Dickens)
  • Un nuevo cuento de Navidad (A New Christmas Carol, Arthur Machen)
  • El fantasma del Grimm (Grimm's Ghost, Eden Phillpotts)
  • El fantasma de Navidad (The Christmas Ghost, Stephen Leacock)
  • El fantasma de Nochebuena (The Ghost Of Christmas Eve, J.M. Barrie)
  • El regalo de Navidad (The Christmas Present, Ramsey Campbell)
  • Encuentro de Navidad (Christmas Meeting, Rosemary Timperley)
  • Entretenimiento de Navidad (Christmas Entertainment, Daphne Froome)
  • La historia de Navidad de Thurlow (Thurlow's Christmas Story, John Kendrick Bangs)
  • Noche de Navidad (Christmas Night, Elizabeth Walter)
  • Nuestra fiesta de fantasmas (Our Ghost Party, Jerome K. Jerome)
  • Reunión navideña (Christmas Reunion, Andrew Caldecott)
  • Un extraño juego de Navidad (A Strange Christmas Game, J.H. Riddell)
  • Un fantasma de Navidad (A Christmas Ghost, A.N.L. Munby)
  • Un juego de Navidad (A Christmas Game, A.N.L. Munby)




Antologías. I Relatos de terror.


El análisis y resumen del libro: Espíritus de Navidad (Christmas Spirits) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El libro de los fantasmas»: Cynthia Asquith.


«El libro de los fantasmas»: Cynthia Asquith.




El libro de los fantasmas (The Ghost Book) es una colección de relatos de fantasmas recopilados por la escritora inglesa Cynthia Asquith (1887-1960), publicado en 1927. Le sucedieron dos antologías más: El segundo libro de los fantasmas (The Second Ghost Book) y El tercer libro de los fantasmas (The Third Ghost Book).

Cynthia Asquith fue una autora popular. Se especializó en el cuento de fantasmas y el relato infantil, casi todos dedicados a la realeza británica. También cabe mencionar que fue íntima amiga del poeta D.H. Lawrence, y secretaria personal de J. M. Barrie, creador de Peter Pan.




El libro de los fantasmas.
The Ghost Book, recopilado por Cynthia Asquith (1887-1960)



El segundo libro de los fantasmas.
The Second Ghost Book, Cynthia Asquith.
  • El guardián (The Guardian, Walter de la Mare)
  • La amante del demonio (The Demon Lover, Elizabeth Bowen)
  • Solo entre inmortales (Alone Between Inmortals, Lord Dunsany)
  • Danza macabra (Danse Macabre, L.A.G. Strong)
  • De vuelta al principio (Back To the Beginning, John Connell)
  • El desconcierto de Serpiente McKoy (The Bewilderment of Snake McKoy, Nancy Spain)
  • El gato de Chelsea (The Chelsea Cat, C.H.B. Kitchin)
  • El retorno del capitán Dalgety (Captain Dalgety Returns, Laurence Whistler)
  • Encuento de navidad (Christmas Meeting, Rosemary Timperley)
  • La cruz de amatista (The Amethyst Cross, Mary Fitt)
  • Memorias de un fantasma (The Memoirs of a Ghost, G.W. Stonier)
  • Una historia de Don Juan (A Story of Don Juan, V.S. Pritchett)
  • Una tumba es poco (One Grave Too Few, Cynthia Asquith)



El tercer libro de los fantasmas.
The Third Ghost Book, Cynthia Asquith.
  • El fantasma del valle (The Ghost Of The Valley, Lord Dunsany)
  • Alguien llama (Somebody Calls, James Laver)
  • El día del funeral (The Day of th Funeral, Margaret Lane)
  • El doctor (The Doctor, Mary Fitt)
  • El rey de España (The King of Spain, Nancy Spain)
  • El sombrero de Napoleón (Napoleon's Hat, Evelyn Fabyon)
  • El teléfono (The Telephone, Mary Treagold)
  • El toro (The Bull, Rachel Hartfield)
  • Harry (Harry, Rosemary Timperley)
  • La casa que no se quedaba quieta (The House That Wouldn’t Keep Still, L.A.G. Strong)
  • La mujer de negro (The Woman in Black, Daniel George)
  • Las siluetas del sueño (The Shades of Sleepe, Ursula Codrington)
  • La torre (The Tower, Marghanita Laski)
  • Pobre chica (Poor Girl, Elizabeth Taylor)
  • ¿Quién es Sylvia? (Who is Sylvia? Cynthia Asquith)
  • Señora Smiff (Mrs. Smiff, Collin Brooks)
  • Tomen a sus parejas (Take Your Partners, Ronald Blythe)




Antologías. I Relatos de Cynthia Asquith.


El resumen de la antología de Cynthia Asquith: El libro de los fantasmas (The Ghost Book) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Cuentos escoceses de fantasmas


Cuentos escoceses de fantasmas.




Más asociado con Inglaterra e Irlanda, el relato de fantasmas también ha florecido en Escocia, donde alcanzó méritos propios a causa de la sobria inclinación de aquella tierra por los prodigios.

Esta antología nos presenta los mejores cuentos escoceses de fantasmas, reunión que ha decidido enfocarse en autores poco conocidos.




Cuentos escoceses de fantasmas.
Scottish Ghost Stories.
  • Beliah (Beliah, George MacKay Brown)
  • El curador (The Curator, Dorothy K. Haynes)
  • El equilibrio (The Foothold, Elspeth Davie)
  • La chimenea embrujada (The Haunted Chimney, Clifford Hanley)
  • La maldición de Mathair Nan Uisgeachan (The Curse of Mathair Nan Uisgeachan, Angus Wolfe Murray)
  • La posada de la herradura (The Horseshoe Inn, Gordon Williams)
  • Los hermanos (The Brothers, Iain Crichton Smith)
  • Orgullosa dama en una jaula (Proud Lady in a Cage, Fred Urquhart)
  • Quién se sentó en mi auto (Who's Been Sitting in my Car, Antonia Fraser)
  • Randal (Randal, Robert Nye)
  • Una especie de posesión (A Kind of Possession, James Allan Ford)
  • Vacaciones (Holiday, Forbes Bramble)




Antologías. I Relatos góticos.


El artículo: Cuentos escoceses de fantasmas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Historias de fantasmas de un anticuario»: M.R. James; libro y relatos.


«Historias de fantasmas de un anticuario»: M.R. James; libro y relatos.




Historias de fantasmas de un anticuario (Ghost Stories of an Antiquary) es la primera colección relatos de fantasmas del escritor inglés M.R. James (1862-1936), publicada en 1904.

Historias de fantasmas de un anticuario es una de las antologías más extraordinarias que se hayan escrito. M.R. James, hombre de fuertes bases académicas, adoraba el cuento de fantasmas pues éste funciona como disparador de terrores atávicos, a menudo disimulados por el celo victoriano bajo una máscara [o sábana] más bien banal [ver: El cuento de fantasmas de M.R. James]





Historias de fantasmas de un anticuario.
Ghost Stories of an Antiquary, M.R. James (1862-1936)




Relatos de M.R. James. I Antologías.


El análisis y resumen del libro de M.R. James: Historias de fantasmas de un anticuario (Ghost Stories of an Antiquary) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Clara Reeve: ¿el mejor cuento de fantasmas de la historia fue devorado por su autora?


Clara Reeve: ¿el mejor cuento de fantasmas de la historia fue devorado por su autora?




La leyenda no sólo abarca lo imposible o lo que podría ser. En ocasiones repara en hechos reales y concretos, y los prolonga en el tiempo con una cualidad casi invariable.

Tal es el caso de un legendario cuento de fantasmas de Clara Reeve (1729-1809), según se dice, el mejor de la historia, y cuya excelencia lo condenó primero al olvido y luego a su prolija destrucción.

En 1778 Clara Reeve entraba en el olimpo de la novela gótica con su historia El viejo barón inglés (The Old English Baron). Esta novela, por cierto, notable, fue escrita como una especie de manifiesto del horror, contradiciendo todo lo que hasta ese momento era considerado digno de un escalofrío.

La primera víctima del horror de Clara Reeve fue nada menos que El castillo de Otranto (The Castle of Otranto), de Horace Walpole, el cual fue demolido por esta nueva concepción del género. La revolución planteada por Clara Reeve, esto es, dejar de lado los viejos tópicos del horror por considerarlos pueriles, la obsesionó de tal modo que para probar su teoría se propuso escribir el mejor relato de fantasmas jamás concebido, una historia que liberase los pensamientos más siniestros en la mente del lector a partir de una secuencia ordenada de espantos.

En 1779, Clara Reeve se recluyó en su casa de campo y comenzó a escribir su relato.

Sola, acosada por espectros que surgían de los muros, Clara Reeve fue dando forma a una historia que no se parecía a ninguna otra, un relato crudo, bestial, donde la muerte y la sangre eran elementos menores, y la locura y la obsesión se presentaban como los verdaderos encargados de inquietar al lector.

Con los nervios destrozados por el agotamiento mental y físico, Clara Reeve bautizó su obra con un nombre bastante sencillo: El castillo Connor, una historia irlandesa (Castle Connor, an Irish Story).

La leyenda sostiene que el relato fue leído por tres amigos de la autora en aquella casona rural. Uno de ellos, el primero en posar sus ojos sobre las páginas amarillentas, se suicidó presa de extravagantes alucinaciones. El segundo, menos intrépido, huyó a Londres en medio de la noche. Finalmente, el tercer lector, una mujer llamada Anne, sobre la que poco se sabe, amaneció con la necesidad de masticar sus propias extremidades, hábito que se prolongó por el resto de su vida.

Una semana después, extenuada por el trabajo incansable de corrección, Clara Reeve guardó el borrador de su cuento y montó en una carreta que la llevaría de vuelta a la ciudad. Su acompañante, un caballero encargado de administrar los campos que rodeaban la casona, le preguntó sobre la naturaleza del manuscrito. Clara Reeve declaró que, hasta entonces, no lo había leído de un tirón, sino que había trabajado en él de forma fragmentaria, secuencial, ocupándose de los episodios sin preocuparse por el hilo narrativo. Acto seguido, se propuso leerlo...

Nadie sabe a ciencia cierta cual era la historia del Castillo Connor, ni cuales eran los horrores que allí se convocaban. Sólo sabemos que al terminar de leerlo, Clara Reeve lo destruyó. Algunos dicen que incluso devoró algunas de sus páginas, y que jamás mencionó una sola palabra sobre lo que había escrito. El testimonio de aquel administrador da cuenta de otra cosa, mientras, absorto, observaba a esta educada y elegante mujer masticando con avidez las páginas de su propio manuscrito.

Desde aquí, lejos en el tiempo y el espacio, nos arriesgamos a una conjetura simple: hay horrores que pertenecen a un orden inclasificable y que despiertan en nosotros zonas completamente desconocidas, aturdidas, anestesiadas, capaces de enloquecer al más cuerdo y racional de los hombres al exponerlo frente a sus fantasmas secretos, atávicos, y perfectamente perceptibles en alguna pesadilla mal recordada o en las páginas amarillentas de un libro destinado al olvido.




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


Más literatura gótica:
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«El secreto de la muerta»: Lafcadio Hearn.


«El secreto de la muerta»: Lafcadio Hearn.




El secreto de la muerta (A Dead Secret) es un relato de terror del escritor grecoirlandés Lafcadio Hearn (1850-1904), publicado originalmente en la antología de 1904: Kwaidan: historias y estudios de cosas extrañas (Kwaidan: Stories and Studies of Strange).

El secreto de la muerta es considerado como uno de los grandes cuentos de Lafcadio Hearn.





El secreto de la muerta.
A Dead Secret, Lafcadio Hearn (1850-1904)

Hace mucho tiempo, en la provincia de Tamba, vivía un rico mercader llamado Inamuraya Gensuké. Tenía una hija llamada O-Sono. Como ésta era muy bonita y sagaz, el mercader juzgó inoportuno brindarle sólo la exigua educación que podían ofrecerle los maestros rurales; la confió, pues, a unos servidores fieles y la envió a Kyõto, para que allí adquiriera las gráciles virtudes que suelen exhibir las damas de la capital. En cuanto la muchacha completó su educación, fue cedida en matrimonio a un amigo de la familia paterna, un mercader llamado Nagaraya, y con él compartió una dicha que duró casi cuatro años. Sólo tuvieron un hijo, un varón, pues O-Sono cayó enferma y murió después del cuarto año de matrimonio.

En la noche siguiente al funeral de O-Sono, su hijito dijo que la madre había vuelto y que estaba en el cuarto de arriba. Le había sonreído, pero sin dirigirle la palabra: el niño se había asustado y había emprendido la fuga. Algunos miembros de la familia subieron al cuarto que había pertenecido a O-Sono, y no poco se asombraron al ver, a la luz de una pequeña lámpara que ardía ante un altar en el cuarto, la imagen de la muerta. Parecía estar de pie ante un tansu, o cómoda, que aún contenía sus joyas y atuendos. La cabeza y los hombros eran nítidamente visibles, pero de la cintura para abajo la imagen se esfumaba hasta tornarse invisible; semejaba un imperfecto reflejo, transparente como una sombra en el agua.

Todos se asustaron y abandonaron la habitación. Abajo se consultaron entre sí; y la madre del esposo de O-Sono declaró:

-Toda mujer siente predilección por sus pequeñas cosas, y O-Sono le tenía gran afecto a sus pertenencias. Acaso haya vuelto para contemplarlas. Muchos muertos suelen hacerlo... a menos que las cosas se donen al templo de la zona. Si le regalamos al templo las ropas y adornos de O-Sono, es probable que su espíritu guarde sosiego.

Todos estuvieron de acuerdo en hacerlo tan pronto como fuera posible. A la mañana siguiente, por tanto, vaciaron los cajones y llevaron al templo las ropas y los adornos. Pero O-Sono regresó la próxima noche y contempló el tansu tal como la vez anterior. Y también volvió la noche siguiente, y todas las noches se repitió su visita, que transformó esa casa en una morada del temor.

La madre del esposo de O-Sono acudió entonces al templo y le contó al sumo sacerdote lo que había sucedido, pidiéndole que la aconsejara al respecto. El templo pertenecía a la secta Zen, y el sumo sacerdote era un docto anciano, conocido como Daigen Oshõ.

Dijo el sacerdote:

-Debe haber algo que le causa ansiedad, dentro o cerca del tansu.
-Pero vaciamos todos los cajones -replicó la anciana-; no hay nada en el tansu.
-Bien -dijo Daigen Oshõ-, esta noche iré a la casa y montaré guardia en el cuarto para ver qué puede hacerse. Den órdenes de que nadie entre a la habitación mientras monto guardia, a menos que yo lo requiera.

Después del crepúsculo, Daigen Oshõ fue a la casa y comprobó que el cuarto estaba listo para él. Permaneció allí a solas, leyendo los sûtras; y nada apareció hasta la Hora de la Rata. Entonces la imagen de O-Sono surgió súbitamente ante el tansu. Su rostro denotaba ansiedad, y permaneció con los ojos fijos en el tansu.

El sacerdote pronunció la fórmula sagrada prescrita para tales casos, y luego, dirigiéndose a la imagen por el kaimyõ de O-Sono le dijo:

-Vine aquí para ayudarte. Quizá haya en ese tansu algo que despierta tu ansiedad. ¿Quieres que te ayude a buscarlo?

La sombra pareció asentir mediante un leve movimiento de cabeza; el sacerdote se incorporó y abrió el cajón de arriba. Estaba vacío. A continuación, abrió el segundo, el tercero y el cuarto cajón; hurgó detrás y encima de cada uno de ellos; examinó con cuidado el interior de la cómoda. No halló nada. Pero la imagen permanecía erguida, con tanta ansiedad como antes. “¿Qué querrá?”, pensó el sacerdote. De pronto se le ocurrió que acaso hubiera algo oculto debajo del papel que revestía los cajones. Levantó el forro del primer cajón: ¡nada! Pero debajo del forro del cajón inferior halló algo: una carta.

-¿Era esto lo que te inquietaba? -preguntó.

La sombra de la mujer se volvió hacia él, con su lánguida mirada en la cara.

-¿Quieres que la queme? -preguntó Daigen Oshõ.

Ella se inclinó ante él.

-Esta misma mañana será quemada en el templo -prometió el sacerdote-, y nadie la leerá salvo yo.

La imagen sonrió y se disipó.

Rompía el alba cuando el sacerdote bajó las escaleras, a cuyo pie la familia lo aguardaba expectante.

-Cálmense -les dijo-, no volverá a aparecer.

Y la sombra, en efecto, jamás regresó.

La carta fue quemada. Era una carta de amor redactada por O-Sono en la época de sus estudios en Kyõto. Pero sólo el sacerdote se enteró de su contenido, y el secreto murió con él.

Lafcadio Hearn (1850-1904)




Relatos de Lafcadio Hearn. I Relatos góticos.


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Bernard Capes: novelas y relatos


Bernard Capes: novelas y relatos.




Bernard Capes (1854-1918) fue un escritor inglés especialmente interesado en el relato de fantasmas. En este sentido, las novelas y relatos de Bernard Capes que mejor han sobrevivido al tiempo son aquellos que se inscriben en el romance histórico, sin embargo, son los aparecidos lo más interesante de su producción literaria.

A continuación iremos descubriendo todos los relatos y novelas de Bernard Capes.




Bernard Capes: obras completas.
  • La cosa en el bosque (The Thing In The Forest)
  • Las manos de mármol (The Marble Hands)
  • Amaranthus: el libro de las pequeñas canciones (Amaranthus: The Book of Little Songs)
  • Amar como un gitano (Love like a Gypsy)
  • A prueba de ballas (Bullet-Proof)
  • Bembo: un cuento de Italia (Bembo: a Tale of Italy)
  • De puerta en puerta (From Door to Door)
  • Donde Inglaterra puso sus pies (Where England Set Her Feet)
  • El botón de jade (The Jade Button))
  • El cantante misterioso (The Misterious Singer)
  • El compartimiento oscuro (The Dark Compartment)
  • El dragón azul (The Blue Dragon))
  • El escritor y el príncipe (The Writer and the Prince)
  • El esparcimiento y el aureliano (The Scatterling and the Aurelian)
  • El hombre perdido (The Missing Man)
  • El lago del vino (The Lake of Wine)
  • El loro verde (The Green Parrot)
  • El mamut de Dinah (Dinah's Mammoth)
  • El misterio del gran puñal (The Great Skene Mystery)
  • El molino del silencio (The Mill of Silence)
  • El niño fantasma (A Ghost-Child)
  • El pie del tiempo (The Foot of Time)
  • El reloj de la viuda (The Widow's Clock)
  • El retorno de John Field (John Field's Return)
  • El romance de Lonhegrin (The Romance of Lonhegrin)
  • El rostro en la sábana (The Face on the Sheet)
  • El secreto en la colina (A Secret in the Hill)
  • El segador negro (The Black Reaper)
  • El sello de Salomón (Soloman's Seal)
  • El tambor de Tony (Tony's Drum)
  • El zapatero maldito (The Accursed Cordonnier)
  • Frente al fuego invernal (At Winter's Fire)
  • Gilead Balm (Gilead Balm)
  • Jack y Jill (Jack and Jill)
  • Jemmy Abercraw (Jemmy Abercraw)
  • Jemmy Jessama, el corredor (Jemmy Jessama, the Runner)
  • La bola de cristal (The Glass Ball)
  • La botella de veneno (The Poison Bottle)
  • La botella verde (The Green Bottle)
  • La campana de la maldición (The Cursing-Bell)
  • La casa de la esquina (The Corner House)
  • La casa de las muchas voces (The House of Many Voices)
  • La casa desvanecida (The Vanishing House)
  • La espada del cabo Lacoste (The Sword of Corporal Lacoste)
  • La fantasía del diablo (The Devil's Fantasia)
  • La fuerza de la cuerda (The Strength of the Rope)
  • La hamadríada (The Hamadryad)
  • La historia de amor de San Bel (The Love Story of St. Bel)
  • La historia de Fifine (The Story of Fifine)
  • La liebre blanca (The White Hare)
  • La llave esqueleto (The Skeleton Key)
  • La luna azotada (The Moon Stricken)
  • La máscara (The Mask)
  • La olla de albahaca (The Pot of Basil)
  • La pasión de un tonto (The Fool's Passion)
  • La perdición del capítulo (The Chapter's Doom)
  • La puerta cerrada (The Closed Door)
  • La sanguijuela fantasma (The Ghost-Leech)
  • Las aventuras del conde de Muette (Adventures of the comte de Muette)
  • Las extraordinarias confesiones de Diana Please (The Extraordinary Confessions of Diana Please)
  • Las huellas (The Footsteps)
  • La torre embrujada (The Haunted Tower)
  • La trama de la cabeza temible (The Plot of the Fearful Head)
  • La venganza del boticario (The Apothecary's Revenge)
  • La voluntad y el camino (The Will and the Way)
  • La voz (The Voice)
  • Los fabulistas (The Fabulists)
  • Los mansos heredarán la tierra (The Meek Shall Inherit the Earth)
  • Moll Davis (Moll Davis)
  • Nuestra señora de la oscuridad (Our Lady of Darkness)
  • Panes y pescados (Loaves and Fishes)
  • Pobre Lucy Rivers (Poor Lucy Rivers)
  • Por encima de la evidencia (Above Proof)
  • ¿Por qué lo hizo? (Why Did He Do It?)
  • Si la vejez pudiera (If Age Could)
  • Subespecie (Sub Specie)
  • Tramas (Plots)
  • Una danza macabra (A Danse-Macabre)
  • Una muñeca y una moral (A Doll and a Moral)
  • Un arrendajo de Italia (A Jay of Italy)
  • Una verdedera princesa (A True Princess)
  • Una voz desde el abismo (A Voice from the Pit)
  • Un castillo en España (A Castle in Spain)
  • Un cliente feo (An Ugly Customer)
  • Un cobarde (A Coward)
  • Un Eddy en el piso (An Eddy on the Floor)
  • Un niño fantasma (A Ghost-Child)
  • Un romance perezoso (A Lazy Romance)
  • Valija y equipaje (Bag and Baggage)
  • Viñetas históricas (Historical Vignettes)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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«Et in Sempiternum Pereant»: Charles Williams; relato y análisis.


«Et in Sempiternum Pereant»: Charles Williams; relato y análisis.




Et in Sempiternum Pereant (Et in Sempiternum Pereant) es un relato de fantasmas del escritor inglés Charles Williams, publicado originalmente en la edición de diciembre de 1935 del periódico The London Mercury.

Et in Sempiternum Pereant, uno de los mejores cuentos de Charles Williams, difiere de otros ejemplos del género, tanto en estilo como en su desarrollo. Narra la historia de un hombre en camino hacia el infierno, cuyo trazado puede ser ordinario. Recordemos que Charles Williams fue un hombre profundamente interesado en el ocultismo, pasión que queda registrada a fuego en el desarrollo de este relato.

Et in Sempiternum Pereant es una frase en latín que en español significa: «Y tal vez sean condenados eternamente».




Et in Sempiternum Pereant.
Et in Sempiternum Pereant, Charles Williams (1886-1945)

Lord Arglay llegó fácilmente. La primavera era tan bella como la geografía inglesa. Un par de millas hasta el último pueblo, detrás y frente a él. Andaba por una carretera buscando un autobús que lo llevase cerca de su destino. Una conversación ocasional en el club, unos meses antes, le había revelado que en una casa de campo de Inglaterra encontraría las opiniones jurídicas aún inéditas del Canciller Bacon. Lord Arglay, presidente del tribunal, y habiendo publicado su Historia del Derecho, había concebido la idea de editar estas opiniones y proporcionar una variante al estudio de los pasajes más complejos de Christian Schoolmen. Había aprovechado el fin de semana para visitar el lugar, y tal vez pasar allí unos días, aprovechando los problemas financieros del propietario.

Esta era una de las regiones más desiertas del país. Había procurado seguir diligentemente las direcciones recibidas. De hecho, sólo había dos sitios donde podría haber errado el camino, y en ambos Lord Arglay estaba seguro de que no haberse equivocado. Pero el tiempo transcurrió, aún más del que había esperado. Miró su reloj. Se reprochó en silencio. Lo había mirado hacía apenas seis minutos. Frunció el ceño. Por lo general era un buen caminante, y durante aquella mañana no sintió ningún tipo de cansancio. Su anfitrión había ofrecido enviarle un coche, pero él se rehusó. Ahora lo lamentaba. Un coche habría recorrido el trecho en apenas un rato. "Ganar tiempo es ganar oro", murmuró. Luego razonó que cada camino en el espacio tenía una correspondencia en el tiempo; y que esto tiende a apresurar o retrasar los destinos según el espíritu del peregrino. La naturaleza de algunos caminos, dejando de lado su trazado, puede apresurar a algunos hombres y a retrasar a otros. Cuestión de velocidades, pensó, y de intenciones. Bien podrían los tribunales utilizar este método para acelerar sus procesos.

Lord Arglay volvió a mirar su reloj. Era imposible que hayan pasado sólo cinco minutos desde que lo miró por última vez. Atisbó el camino recorrido y sintió algo inconcebible. El camino se había torcido. Justo detrás de él se alzaba una nube de árboles inmensos, pero sabía que los había atravesado hacía media hora. Pensó que estaba envejeciendo de un modo más rápido, e imperceptible, del que había calculado. No le importaba la rapidez, por el contrario. Los cambios, hasta entonces, le provocaban placer, y la vejez había derribado ese placer, primera derrota en la escaramuza con la muerte. Siempre observó con interés las curiosidades de la creación. Envejecer era una fantasía, al igual que crecer, dulzor inefable, y hórrido, de la existencia humana. Soportó como pudo el mirar hacia atrás a través de las ondulaciones del camino. En un espasmo inesperado de irritación volvió a mirar su reloj. Hubiese jurado que, por lo menos, habían pasado quince minutos, aunque sospechaba que las manecillas revelarían menos.

Revelaron apenas dos.

Lord Arglay hizo un pequeño esfuerzo mental, y casi inmediatamente reconoció que el esfuerzo era excesivo. Se dijo: 'El final está cerca. He perdido el sentido del tiempo.'

En medio de secretos reproches, avanzó. El tiempo es un ladrón, pensaba, de modo que lo único que se puede esperar es devolverle la cortesía, y robarle lo único que puede darnos. Esto reflexionaba en los campos abiertos. Había en él una especie de vacío, una opresión y distorsión de las cosas que lo rodeaban. En su juventud había protestado contra la rapidez del mundo, pero ahora sentía que, incluso un paseo tan rutinario como aquel, podía convertirse en algo eterno. La única medida en la que confiaba era su respiración.

Entre exhalaciones advirtió una sencilla y perfecta desesperación.

En aquel momento vio la casa. El camino se curvó bruscamente, un semicírculo amplio que volvía sobre el camino que había transitado. Cruzó un seto estrecho, el paso se achicó notablemente, como si hubiese sido recorrido por innumerables pies, lentos y pesados. Ningún coche o carro hubiese podido pasar. Ahora su atención estaba sobre la puerta. Arriba humeaba una chimenea con eficiencia rural. Por las ventanas se reflejaba el sol, destellando como si un elfo enloquecido enviase señales a sus camaradas. En sí mismo el edificio era apenas otra casa de campo. Una sólida puerta, un par de ventanas, el ojo de un ático. No había signos de estar habitada, salvo por el humo. Al acercarse, su entorno se ensombreció bajo la presencia de dos enormes árboles.

Lord Arglay miró fijamente el camino, la puerta cerrada, el fumar de la chimenea, y echó un vistazo por una ventana. La suciedad le impidió ver. Por un momento, creyó que una cara le devolvía el gesto, como una máscara cerúlea del otro lado del cristal. Juzgó a la aparición como el producto de una ilusión óptica, un capricho del sol contra los cristales.

Golpeó la puerta con los nudillos. No hubo respuesta. Volvió a golpear. Pronto se sintió irritado, incluso furioso, tanto como cuando se enfrentaba a cierta clase de familiares. Pensó en su cuñado, por el que había sentido la más viva repulsión. No pudo explicarse porqué ahora hubiese deseado tenerlo cerca con el único propósito de odiarle aún más. Golpeó de nuevo. Recordó momentos de cólera, avaricia, pereza y, por que no, de perversidad. Escuchó atentamente. Nadie respodió. Lord Arglay estiró la mano hacia el picaporte y abrió la puerta, al tiempo que, con la otra mano, se sacaba el sombrero. Examinó el cuarto. Su volumen y aspecto eran los típicos de las casas de campo. Había efectivamente una chimenea, o un lugar para el fuego, cuya estructura descendía. Hizo quejar el piso de madera al avanzar hacia la derecha. Un gozne se quejó al abrirse. Era la puerta que daba al sótano. Nunca habría supuesto que una casa tan pequeña tuviese sótano, y menos uno tan profundo, como se desprendía de la espesa oscuridad que se hundía allí.

Descendió, desovillando una escalera de tinieblas. Abajo no había muebles, de hecho, no había signos de vida, ni lámparas, ni papeles, ni cajas. Estaba completamente vacío.

La chimenea seguía fumando, pero sin atisbos de fuego. "No hay humo sin fuego" -dijo en voz alta. El humo se arremolinaba en el techo. El aire, húmedo y opresivo, parecía haberse congelado. La frase reberveró en el cuarto. Un eco, un cambio en la atmósfera. El frío se retrajo. Apareció un calor, húmedo y mortal, que rasgaba sus fosas nasales. Algo hostil habitaba aquel aire, alguna vida ignota y sin sentimientos, algo corrupto, pútrido, una cáscara de existencia.

El calor lo había hecho retroceder, pero no para evitarlo. Ya tenía un par de pasos sobre la escalera cuando notó un suave acercamiento. Pies ligeros subían el camino de la casa. Otro viajero, pensó Arglay. Lo esperó ansiosamente.

Era, o pareció ser, un hombre de altura ordinaria, llevando una especie de sobretodo oscuro. Llevaba la cabeza descubierta. Sus piernas era asombrosamente largas. Arglay vaciló en hablar. Entonces el forastero levantó su cara y Arglay ahogó un grito. Las facciones estaban demacradas más allá de la imaginación. Arglay descendió enloquecidamente por la escalera; tal era el horror que ese rostro le provocó. Cuando llegó abajo se encontró con los mismos ojos profundos y ardientes, incrustados en un rostro óseo. No lo vieron, y si lo vieron, lo ignoraron. Una sola vez había visto ojos como aquellos, cuando había logrado la pena de muerte de un desgraciado que tuvo la mala suerte de caer bajo sus talentos legales. Aquellos ojos eran análogos a éstos: vacíos, extraviados, de muerte inminente. Pero aquel desgraciado lo había mirado, estos ojos no lo hicieron. El forastero no se movió, caminaba alrededor de la habitación como un animal enjaulado, loco de hambre y encierro.

Arglay vio una muñeca marcada de cicatrices. Eran mordeduras. Una boca había rohído la piel y las articulaciones. Gritó y saltó hacia adelante, cogiendo el brazo implacable, tratando de hacer presión con la otra mano. Nada consiguió. Imposible controlarlo. El otro clavaba sus dientes sobre el brazo, descarrando carne y músculos. El calor se intensificó. El brazo había sido arrancado de cuajo, y voló hacia la esquina del cuarto. Los ojos, pozos negros e insondables, se clavaron en él.

Arglay lo vio, como un soñador puede advertir el ladrido de los perros o el crujir del fuego. La cosa que había cruzado el umbral, unos segundos o algunos años antes, émitía abyectas oleadas de odio. El humo quemó sus ojos y ahogó su boca. Se agarró a sus recuerdos, a sus amores ávidos y furias intensas. El humo lo cegaba, lo sofocaba, pero sin arrancar las voluptuosas imágenes de lujuria que lo acechaban. Él era la privación de comida en el humo, y toda la choza estaba anegada de humo, el mundo era humo, fluyendo encima y alrededor. Se balanceó. Sus miembros se quejaron por la lucha.

La enfermedad y el tiempo, sobre todo el tiempo, se prologaron infinitamente.

Antes de que su voz yazga definitivamente la prisión de humo cedió. Un gris pálido abría una bifurcación. Dos caminos, pendiente y subida. Dos puertas se alzaban en sus extremos. Supo entonces que cada entrada al infierno posee un acceso al cielo.

Aún así, vaciló. El otro desapareció de su vista. Deploró los estímulos de la vida, el aplazamiento y las ironías, las personalidades eternas que nacen y mueren como las hojas en el viento. No vio nada. No sintió nada. Sus ojos vibraban sobre la puerta imaginada. Recordó el camino. Estuvo a punto de retomarlo, cuando el calor lo golpeó con renovada furia ciega. Un oscurecimiento se hizo hueco en los muros. Se sintió como un insecto escalando una flor. Oyó el gemido débil de las multitudes olvidadas, el murmullo de esa casa que había recibido incontables pisadas.

Pensó en otra cara mirando desde afuera, similar a la suya.

Huyó con alguna paz en el corazón. Entró en el camino que se tuerce. Los árboles lo rodeaban. Corrió, vio más allá de ellos. Intuyó una primavera. A poco de andar escuchó el rugido de un motor. El conductor lo vio, se detuvo, y lo dejó subir. Lord Arglay, instintivamente, trazó un signo en el aire. Se sentó en el fondo del autobus, sin aliento y estremecido.

-A riveder le stelle. -dijo.
(adiós a las estrellas)

Charles Williams (1886-1945)




Relatos de Charles Williams. I Relatos góticos.


El análisis, resumen y la traducción al español del relato de Charles Williams: Et in Sempiternum Pereant (Et in Sempiternum Pereant) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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