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Relatos ingleses de fantasmas


Relatos ingleses de fantasmas.




Una de las literaturas más fértiles para el relato de fantasmas sin dudas ha sido la inglesa; en donde adoptó sus formas definitivas, las mismas que todo lector contemporáneo espera encontrar.

En esta antología se nos anuncia la presencia de los mejores relatos ingleses de fantasmas: El libro de Oxford de relatos ingleses de fantasmas (Oxford Book of English Ghost Stories), publicada en 1986; en cuyas páginas podemos atestiguar la presencia de grandes maestros del horror.





El libro de Oxford de relatos ingleses de fantasmas.
Oxford Book of English Ghost Stories.




Antologías. I Relatos góticos.


El análisis y resumen del libro: El libro de Oxford de relatos ingleses de fantasmas (Oxford Book of English Ghost Stories) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

13 relatos de terror de Halloween



13 relatos de terror de Halloween.




Prolija antología recopilada por Peter Haining en 1984, titulada Embrujos de Halloween (Hallowe’en Hauntings), la cual reune 13 relatos de terror de Halloween, una fecha ancestral relacionada con lo macabro.







Embrujos de Halloween.
Hallowe’en Hauntings, 1984.
  • El misterio de Ken (Ken's Mystery, Julian Hawthorne)
  • Et In Sempiternum Pereant (Et In Sempiturnum Pereant, Charles Williams)
  • La capa (The Cloak, Robert Bloch)
  • La raza antigua (The Very Old Folk, H.P. Lovecraft)
  • El espectro de Halloween (Hallowe'en Wraith, William Black)
  • Halloween para el señor Faulkner (Hallowe’en For Mr. Faulkner, August Derleth)
  • La aventura del gato muerto (The Adventure Of The Dead Cat, Ellery McQueen)
  • La calavera de caramelo (The Candy Skull, Ray Bradbury)
  • La posada de Cock-Crow (Cock-Crow Inn, Tod Robbins)
  • La promesa de Halloween (The Vow On Hallowe'en, Dorothy Macardle)
  • La vela en la calavera (The Candle In The Skull, Basil Copper)
  • La vieja Talland (The Oldest Talland, Hugh Walpole)
  • Todas las almas (All Souls', Edith Wharton)




Relatos de terror. I Antologías.


El análisis y resumen del libro: Embrujos de Halloween (Hallowe’en Hauntings) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Et in Sempiternum Pereant»: Charles Williams; relato y análisis.


«Et in Sempiternum Pereant»: Charles Williams; relato y análisis.




Et in Sempiternum Pereant (Et in Sempiternum Pereant) es un relato de fantasmas del escritor inglés Charles Williams, publicado originalmente en la edición de diciembre de 1935 del periódico The London Mercury.

Et in Sempiternum Pereant, uno de los mejores cuentos de Charles Williams, difiere de otros ejemplos del género, tanto en estilo como en su desarrollo. Narra la historia de un hombre en camino hacia el infierno, cuyo trazado puede ser ordinario. Recordemos que Charles Williams fue un hombre profundamente interesado en el ocultismo, pasión que queda registrada a fuego en el desarrollo de este relato.

Et in Sempiternum Pereant es una frase en latín que en español significa: «Y tal vez sean condenados eternamente».




Et in Sempiternum Pereant.
Et in Sempiternum Pereant, Charles Williams (1886-1945)

Lord Arglay llegó fácilmente. La primavera era tan bella como la geografía inglesa. Un par de millas hasta el último pueblo, detrás y frente a él. Andaba por una carretera buscando un autobús que lo llevase cerca de su destino. Una conversación ocasional en el club, unos meses antes, le había revelado que en una casa de campo de Inglaterra encontraría las opiniones jurídicas aún inéditas del Canciller Bacon. Lord Arglay, presidente del tribunal, y habiendo publicado su Historia del Derecho, había concebido la idea de editar estas opiniones y proporcionar una variante al estudio de los pasajes más complejos de Christian Schoolmen. Había aprovechado el fin de semana para visitar el lugar, y tal vez pasar allí unos días, aprovechando los problemas financieros del propietario.

Esta era una de las regiones más desiertas del país. Había procurado seguir diligentemente las direcciones recibidas. De hecho, sólo había dos sitios donde podría haber errado el camino, y en ambos Lord Arglay estaba seguro de que no haberse equivocado. Pero el tiempo transcurrió, aún más del que había esperado. Miró su reloj. Se reprochó en silencio. Lo había mirado hacía apenas seis minutos. Frunció el ceño. Por lo general era un buen caminante, y durante aquella mañana no sintió ningún tipo de cansancio. Su anfitrión había ofrecido enviarle un coche, pero él se rehusó. Ahora lo lamentaba. Un coche habría recorrido el trecho en apenas un rato. "Ganar tiempo es ganar oro", murmuró. Luego razonó que cada camino en el espacio tenía una correspondencia en el tiempo; y que esto tiende a apresurar o retrasar los destinos según el espíritu del peregrino. La naturaleza de algunos caminos, dejando de lado su trazado, puede apresurar a algunos hombres y a retrasar a otros. Cuestión de velocidades, pensó, y de intenciones. Bien podrían los tribunales utilizar este método para acelerar sus procesos.

Lord Arglay volvió a mirar su reloj. Era imposible que hayan pasado sólo cinco minutos desde que lo miró por última vez. Atisbó el camino recorrido y sintió algo inconcebible. El camino se había torcido. Justo detrás de él se alzaba una nube de árboles inmensos, pero sabía que los había atravesado hacía media hora. Pensó que estaba envejeciendo de un modo más rápido, e imperceptible, del que había calculado. No le importaba la rapidez, por el contrario. Los cambios, hasta entonces, le provocaban placer, y la vejez había derribado ese placer, primera derrota en la escaramuza con la muerte. Siempre observó con interés las curiosidades de la creación. Envejecer era una fantasía, al igual que crecer, dulzor inefable, y hórrido, de la existencia humana. Soportó como pudo el mirar hacia atrás a través de las ondulaciones del camino. En un espasmo inesperado de irritación volvió a mirar su reloj. Hubiese jurado que, por lo menos, habían pasado quince minutos, aunque sospechaba que las manecillas revelarían menos.

Revelaron apenas dos.

Lord Arglay hizo un pequeño esfuerzo mental, y casi inmediatamente reconoció que el esfuerzo era excesivo. Se dijo: 'El final está cerca. He perdido el sentido del tiempo.'

En medio de secretos reproches, avanzó. El tiempo es un ladrón, pensaba, de modo que lo único que se puede esperar es devolverle la cortesía, y robarle lo único que puede darnos. Esto reflexionaba en los campos abiertos. Había en él una especie de vacío, una opresión y distorsión de las cosas que lo rodeaban. En su juventud había protestado contra la rapidez del mundo, pero ahora sentía que, incluso un paseo tan rutinario como aquel, podía convertirse en algo eterno. La única medida en la que confiaba era su respiración.

Entre exhalaciones advirtió una sencilla y perfecta desesperación.

En aquel momento vio la casa. El camino se curvó bruscamente, un semicírculo amplio que volvía sobre el camino que había transitado. Cruzó un seto estrecho, el paso se achicó notablemente, como si hubiese sido recorrido por innumerables pies, lentos y pesados. Ningún coche o carro hubiese podido pasar. Ahora su atención estaba sobre la puerta. Arriba humeaba una chimenea con eficiencia rural. Por las ventanas se reflejaba el sol, destellando como si un elfo enloquecido enviase señales a sus camaradas. En sí mismo el edificio era apenas otra casa de campo. Una sólida puerta, un par de ventanas, el ojo de un ático. No había signos de estar habitada, salvo por el humo. Al acercarse, su entorno se ensombreció bajo la presencia de dos enormes árboles.

Lord Arglay miró fijamente el camino, la puerta cerrada, el fumar de la chimenea, y echó un vistazo por una ventana. La suciedad le impidió ver. Por un momento, creyó que una cara le devolvía el gesto, como una máscara cerúlea del otro lado del cristal. Juzgó a la aparición como el producto de una ilusión óptica, un capricho del sol contra los cristales.

Golpeó la puerta con los nudillos. No hubo respuesta. Volvió a golpear. Pronto se sintió irritado, incluso furioso, tanto como cuando se enfrentaba a cierta clase de familiares. Pensó en su cuñado, por el que había sentido la más viva repulsión. No pudo explicarse porqué ahora hubiese deseado tenerlo cerca con el único propósito de odiarle aún más. Golpeó de nuevo. Recordó momentos de cólera, avaricia, pereza y, por que no, de perversidad. Escuchó atentamente. Nadie respodió. Lord Arglay estiró la mano hacia el picaporte y abrió la puerta, al tiempo que, con la otra mano, se sacaba el sombrero. Examinó el cuarto. Su volumen y aspecto eran los típicos de las casas de campo. Había efectivamente una chimenea, o un lugar para el fuego, cuya estructura descendía. Hizo quejar el piso de madera al avanzar hacia la derecha. Un gozne se quejó al abrirse. Era la puerta que daba al sótano. Nunca habría supuesto que una casa tan pequeña tuviese sótano, y menos uno tan profundo, como se desprendía de la espesa oscuridad que se hundía allí.

Descendió, desovillando una escalera de tinieblas. Abajo no había muebles, de hecho, no había signos de vida, ni lámparas, ni papeles, ni cajas. Estaba completamente vacío.

La chimenea seguía fumando, pero sin atisbos de fuego. "No hay humo sin fuego" -dijo en voz alta. El humo se arremolinaba en el techo. El aire, húmedo y opresivo, parecía haberse congelado. La frase reberveró en el cuarto. Un eco, un cambio en la atmósfera. El frío se retrajo. Apareció un calor, húmedo y mortal, que rasgaba sus fosas nasales. Algo hostil habitaba aquel aire, alguna vida ignota y sin sentimientos, algo corrupto, pútrido, una cáscara de existencia.

El calor lo había hecho retroceder, pero no para evitarlo. Ya tenía un par de pasos sobre la escalera cuando notó un suave acercamiento. Pies ligeros subían el camino de la casa. Otro viajero, pensó Arglay. Lo esperó ansiosamente.

Era, o pareció ser, un hombre de altura ordinaria, llevando una especie de sobretodo oscuro. Llevaba la cabeza descubierta. Sus piernas era asombrosamente largas. Arglay vaciló en hablar. Entonces el forastero levantó su cara y Arglay ahogó un grito. Las facciones estaban demacradas más allá de la imaginación. Arglay descendió enloquecidamente por la escalera; tal era el horror que ese rostro le provocó. Cuando llegó abajo se encontró con los mismos ojos profundos y ardientes, incrustados en un rostro óseo. No lo vieron, y si lo vieron, lo ignoraron. Una sola vez había visto ojos como aquellos, cuando había logrado la pena de muerte de un desgraciado que tuvo la mala suerte de caer bajo sus talentos legales. Aquellos ojos eran análogos a éstos: vacíos, extraviados, de muerte inminente. Pero aquel desgraciado lo había mirado, estos ojos no lo hicieron. El forastero no se movió, caminaba alrededor de la habitación como un animal enjaulado, loco de hambre y encierro.

Arglay vio una muñeca marcada de cicatrices. Eran mordeduras. Una boca había rohído la piel y las articulaciones. Gritó y saltó hacia adelante, cogiendo el brazo implacable, tratando de hacer presión con la otra mano. Nada consiguió. Imposible controlarlo. El otro clavaba sus dientes sobre el brazo, descarrando carne y músculos. El calor se intensificó. El brazo había sido arrancado de cuajo, y voló hacia la esquina del cuarto. Los ojos, pozos negros e insondables, se clavaron en él.

Arglay lo vio, como un soñador puede advertir el ladrido de los perros o el crujir del fuego. La cosa que había cruzado el umbral, unos segundos o algunos años antes, émitía abyectas oleadas de odio. El humo quemó sus ojos y ahogó su boca. Se agarró a sus recuerdos, a sus amores ávidos y furias intensas. El humo lo cegaba, lo sofocaba, pero sin arrancar las voluptuosas imágenes de lujuria que lo acechaban. Él era la privación de comida en el humo, y toda la choza estaba anegada de humo, el mundo era humo, fluyendo encima y alrededor. Se balanceó. Sus miembros se quejaron por la lucha.

La enfermedad y el tiempo, sobre todo el tiempo, se prologaron infinitamente.

Antes de que su voz yazga definitivamente la prisión de humo cedió. Un gris pálido abría una bifurcación. Dos caminos, pendiente y subida. Dos puertas se alzaban en sus extremos. Supo entonces que cada entrada al infierno posee un acceso al cielo.

Aún así, vaciló. El otro desapareció de su vista. Deploró los estímulos de la vida, el aplazamiento y las ironías, las personalidades eternas que nacen y mueren como las hojas en el viento. No vio nada. No sintió nada. Sus ojos vibraban sobre la puerta imaginada. Recordó el camino. Estuvo a punto de retomarlo, cuando el calor lo golpeó con renovada furia ciega. Un oscurecimiento se hizo hueco en los muros. Se sintió como un insecto escalando una flor. Oyó el gemido débil de las multitudes olvidadas, el murmullo de esa casa que había recibido incontables pisadas.

Pensó en otra cara mirando desde afuera, similar a la suya.

Huyó con alguna paz en el corazón. Entró en el camino que se tuerce. Los árboles lo rodeaban. Corrió, vio más allá de ellos. Intuyó una primavera. A poco de andar escuchó el rugido de un motor. El conductor lo vio, se detuvo, y lo dejó subir. Lord Arglay, instintivamente, trazó un signo en el aire. Se sentó en el fondo del autobus, sin aliento y estremecido.

-A riveder le stelle. -dijo.
(adiós a las estrellas)

Charles Williams (1886-1945)




Relatos de Charles Williams. I Relatos góticos.


El análisis, resumen y la traducción al español del relato de Charles Williams: Et in Sempiternum Pereant (Et in Sempiternum Pereant) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Charles Williams: poemas, relatos y libros


Charles Williams: poemas, relatos y libros.




Charles Williams —Charles Walter Stansby Williams (1886-1945)— fue un importante poeta inglés, amigo y colega de autores de la talla de J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis, entre otros profesores de Oxford. Marcado por un vivo interés por el ocultismo, los poemas de Charles Williams recuperan la magia y el misterio de los grandes motivos medievales.

En esta sección iremos recorriendo todos los poemas de Charles Williams, así también como libros, relatos y ensayos sobre este formidable autor.




Charles Williams: obras completas:
  • Et in Sempiternum Pereant (Et in Sempiternum Pereant)
  • Bors a Elayne (Bors to Elayne)
  • Descenso al infierno (Descent into Hell)
  • Divorcio (Divorce)
  • El ascenso de la lanza (The Ascent of the Spear)
  • El descenso de la paloma (The Descent of the Dove)
  • El hijo de Lancelot (The Son of Lancelot)
  • El lugar del león (The Place of the Lion)
  • El pez de Broceliande (The Fish of Broceliande)
  • El rito de la pasión (The Rite of the Passion)
  • El últmo viaje (The Last Voyage)
  • Guerra en el Cielo (War in Heaven)
  • Héroes y reyes (Heroes and Kings)
  • Imagen de la ciudad (Image of the City)
  • Juicio en Chelmsford (Judgement at Chelmsford)
  • La bruja (The Witch)
  • La capilla de la espina (The Chapel of the Thorn)
  • La casa del pulpo (House of the Octopus)
  • La casa junto al establo (The House by the Stable)
  • La coronación de Arturo (The Crowning of Arthur)
  • La despedida de Merlin (The Departure of Merlin)
  • La escalera de plata (The Silver Stair)
  • La figura de Beatrice (The Figure of Beatrice)
  • La llamada de Arturo (The Calling of Arthur)
  • La llegada de Galahad (The Coming of Galahad)
  • La máscara del manuscrito (The Masque of the Manuscript)
  • La máscara de Perusal (The Masque of Perusal)
  • Lamorack y la reina Morgause de Orkney (Lamorack and the Queen Morgause of Orkney)
  • La muerte de la buena fortuna (The Death of Good Fortune)
  • La región de las estrellas del verano (The Region of the Summer Stars)
  • Las tres tentaciones (The Three Temptations)
  • La visión del imperio (The Vision of the Empire)
  • Los grandes triunfos (The Greater Trumps)
  • Los sonidos que no estaban ahí (The Noises That Weren’t There)
  • Monte Badon (Mount Badon)
  • Muchas dimensiones (Many Dimensions)
  • Percival en Carbonek (Percivale at Carbonek)
  • Poemas de conformidad (Poems of Conformity)
  • Semilla de Adán (Seed of Adam)
  • Sobre las monedas del rey (On the King's Coins)
  • Sombras de éxtasis (Shadows of Ecstasy)
  • Taliessin a través de Logres (Taliessin through Logres)
  • Un mito de Francis Bacon (A Myth of Francis Bacon)
  • Un mito de Shakespeare (A Myth of Shakespeare)
  • Ventanas de noche (Windows of Night)
  • Víspera de Todos los Santos (All Hallows' Eve)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Charles Williams: poemas y libros fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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Relato de Fitz-James O'Brien.
Relato de Arthur Machen.
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Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.