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Despertar justo antes de morir en un sueño.


Despertar justo antes de morir en un sueño.




Muchas personas aseguran haber despertado justo antes de morir en un sueño. Es lícito suponer que esta podría ser una reacción natural ante una pesadilla, un mecanismo de defensa frente a una situación comprometedora para el sujeto soñante. Después de todo, ¿cómo podría continuar el sueño si el propio soñador está muerto?

Sin embargo, hay sueños que continúan, sueños donde el soñador muere y despierta a otra realidad. Estos sueños tienden a ser menos aterradores; de hecho, cuando la persona muere en sus sueños sin despertar la sensación predominante es la tristeza [ver: Si la vida es sueño, ¿la muerte es el despertar?].

Las razones por las que soñamos con la muerte son variadas. Ciertamente estamos programados para temer a la muerte, y soñar con ella podría ayudarnos a manejar nuestros sentimientos sobre nuestra propia mortalidad. No obstante, los sueños de muerte no necesariamente tienen que ver con el final de la vida. Pueden representar otros finales, como el de una relación, un trabajo, una etapa, y reflejar el comienzo de algo nuevo y desconocido. Es cierto, algunos sueños sobre la muerte refieren al final de nuestra vida biológica, pero en otros, quizás en la mayoría, la muerte soñada es simbólica, y refleja cambios, pérdidas y renovaciones [ver: ¿Qué pasa si morís en un sueño?]

Despertar justo antes de morir en un sueño es improbable, porque la muerte no puede representarse en sueños como tal, ya que no es el contenido psíquico de una experiencia vital. En todo caso, estaríamos despertando justo antes de algo que es representado en el sueño como muerte.

A veces la muerte en sueños ni siquiera es el eje del sueño. Por ejemplo, muchas personas seguramente han tenido sueños donde caen desde una gran altura, y despertado antes de estrellarse contra el suelo. Podríamos deducir que esto es bastante similar a despertar justo antes de morir en un sueño, sin embargo, en los sueños de caída la muerte no es importante, la caída sí lo es; por lo que el sueño concluye antes de transformar su mensaje en otra cosa. Al tratar sobre sueños de muerte hay que tener en cuenta el simbolismo de la muerte, fundamentalmente una transformación estructural del ser. Durante nuestra vida pasamos por sucesivas muertes y renacimientos simbólicos: algo de nosotros muere y otra cosa surge.

Recuerdo un sueño que debo haber tenido a los doce años. Estaba jugando en la vereda cuando sentí el deseo de pararme en medio de la calle [frente a mi casa]. Lo hice. Los vehículos hicieron lo posible por evitarme, pero yo quería ser atropellado. Eventualmente sentí un impacto indoloro, y luego los brazos de mi padre llevándome de nuevo a la vereda. Me depositó en el suelo y vi los rostros de mi padre y mi madre, de pie junto a mí, con gestos de profunda decepción. Esto me produjo una terrible sensación de culpa.

Evidentemente fue el sueño de un muchacho que sentía la necesidad de crecer, por lo tanto maté al niño que todavía jugaba en la vereda. Este cambio, esta muerte del niño y el renacimiento de un muchacho adolescente, vendría [según mi inconsciente] con la exagerada decepción de mis padres y mi propia sensación de culpa.

La muerte en sueños, entonces, refiere a esos cambios y renacimientos que signan la vida de todas las personas. Pero, si la muerte no es muerte en el sueño, ¿porqué deberíamos despertar justo antes de morir?

Nuestra propia muerte no puede ser soñada directamente. Esto requeriría una subjetividad [la del soñador] que desaparece con la muerte. Sigmund Freud refleja esto en su observación: «nuestro inconsciente no cree en su propia muerte; se comporta como si fuera inmortal». Nuestro Yo se preocupa por la muerte, reflexiona sobre ella, le teme, pero nuestro Inconsciente no concibe su propia aniquilación. Sencillamente no cree que tal cosa sea posible. De ahí, tal vez, que cuando la muerte se aproxima siempre nos parezca una injusticia.

Freud añade: «es realmente imposible imaginar nuestra propia muerte; siempre que intentamos hacerlo podemos percibir que, de hecho, todavía estamos presentes como espectadores». Es una afirmación lógica: en ausencia de existencia no hay conciencia.

Nuestro Inconsciente no puede representar este estado de no existencia asociado a la muerte física, pero debe lidiar con nuestro sufrimiento [consciente] por la certeza de la muerte. La angustia ante la muerte ocupa un lugar central en nuestra vida y, en última instancia, es a ella hacia donde apuntan todos nuestros miedos. En este contexto, la muerte física es representada en sueños a través de símbolos: viajes, despedidas, mutismo, invisibilidad, esconderse de los demás, un nacimiento [donde el principio refleja el final], todos ellos son representaciones oníricas comunes de la muerte.

En el libro: La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1899), Sigmund Freud menciona los sueños donde muere un ser querido. Según sus obseraciones, la muerte en estos sueños [que dejan al soñador en un estado de angustia y culpa al despertar] actúa como una solución para un conflicto sin resolver con esa persona. En otras palabras, lo que muere en el sueño no es nuestro ser querido, sino un conflicto, un asunto pendiente con él. La muerte soñada ofrece una solución [sobre todo en la neurosis obsesiva] pero también exalta, por contraste, el valor de la vida. Freud reflexiona: «La vida se empobrece, pierde interés, cuando no se arriesga lo más importante, la vida misma». Y es en los momentos de mayor comodidad y seguridad donde nuestro Inconsciente nos invita a soñar con la muerte.

Por supuesto, todos sabemos que la muerte es una consecuencia necesaria de la vida, pero la mayoría del tiempo nos comportamos como si no existiera. El ámbito de los sueños está sujeto a un mayor grado de temeridad. Para nuestro Inconsciente [los estratos más profundos de la mente, compuestos de impulsos instintivos] somos inmortales, y sólo podemos imaginar nuestra propia muerte como espectadores.

Aunque secretamente nos consideramos inmortales, no tenemos mayores dificultades en reconocer la muerte de los demás. El Inconsciente, según Freud, no tiene prejuicios en deshacerse de cualquiera que se interponga en su camino. Cualquiera que nos haya herido u ofendido es castigado en sueños de la manera más radical. Freud comenta: «Nuestro inconsciente asesinará incluso por nimiedades», y añade:


«Si se nos juzga por nuestros deseos inconscientes, nosotros mismos somos, como el hombre primitivo, una banda de asesinos.»


Reconocer la muerte de los demás implica que de algún modo somos conscientes de que la muerte existe. Por eso la civilización forjó toda clase de rituales para lidiar con la muerte con cierta consideración. Cuando alguien muere adoptamos una actitud especial hacia el difunto, una especie de indulto de aquellas cosas que nos disgustaban, elevando y hasta idealizando sus bondades. Más aún, sabiendo que la muerte [después del nacimiento, el hecho más importante de la vida] es inevitable, a menudo la vemos como algo inesperado, casi fortuito, un «acontecimiento casual».

Freud articuló su modelo para interpretar el fenómeno de los sueños en 1899, y aunque continuó aderezándolo en posteriores ediciones de La interpretación de los sueños, se resistió a hacer una revisión estructural. Su tesis podría resumirse del siguiente modo: los sueños son deseos inconscientes que encuentran una vía de realización. En este proceso, los sueños transforman esos deseos inconscientes en representaciones simbólicas más o menos complejas para eludir la autocensura, habida cuenta que muchos de estos deseos son inaceptables para el Ego. Pero si los sueños son sólo representaciones de deseos inconscientes, ¿por qué están tan cargados de ansiedad? ¿Por qué no nos sentimos aliviados al despertar de una pesadilla? ¿Por qué habríamos de despertar de un sueño justo antes de morir? Después de todo, según el modelo freudiano, ha cumplido un deseo reprimido.

El Inconsciente no es un agente desquiciado que se siente inmortal. No concibe su propia muerte, no puede visualizarla, pero tampoco cree que sea algo dañino, e incluso si lo fuera no es susceptible de ser evitada. Pensemos, por ejemplo, en nuestro Yo soñado. Imagina cualquier sueño que hayas tenido. La subjetividad, por supuesto, está en el soñante, en tu punto de vista, pero todo el mundo que te rodea, y las personas que lo pueblan, también son creaciones tuyas. Al despertar, tu subjetividad soñadora muere, realmente muere, junto con todo ese mundo. Para el Inconsciente, la muerte física es similar al despertar. Tu ser proyectado en el sueño está muerto, pero no eras completamente tú mismo. Al morir, desde la perspectiva del Inconsciente, morirá tu Ego, eso que conoces como Yo, pero otras regiones de tu ser despertarán y seguirán funcionando como tú mismo lo haces después de haber muerto en un sueño.

A veces soñamos con nuestra propia muerte para algo más pueda nacer, algo que se está asfixiando en nuestra vida actual. Otras nos proporcionan un «shock de muerte», un confrontamiento directo con nuestra mortalidad. Marie-Louise von Franz, protegida de Carl Jung, abordó este tema comentando uno de sus casos:


«Una vez me consultó una mujer que tenía cáncer, metástasis en todo el cuerpo. Tenía sueños de muerte terribles. Soñaba que su reloj se había parado. Se lo llevó al relojero y él le dijo que no se podía reparar. Soñó que talaban su árbol favorito en el jardín. Ni siquiera tuve que interpretarle los sueños. Dijo con tristeza: Eso indica claramente el resultado de mi enfermedad. Los médicos le dijeron de la manera habitual: Te pondrás mejor. Estarás bien. Pero ella estaba segura de que se estaba muriendo, y ese terrible shock la hizo enfrentarse a la situación. Tenía un problema al que no se había enfrentado antes, y solo puedo decir que sigue viva después de quince años. Tuvo sueños de muerte que le dieron un shock de muerte, y a partir de él eligió vivir. Después de esa experiencia diría que, incluso si las personas tienen sueños de muerte, tal vez sólo signifiquen que deben enfrentarse a la muerte. Esto no quiere decir que la muerte realmente sucederá, sino que debemos enfrentarnos abiertamente al hecho de que nuestra vida podría llegar a su fin.»


La muerte en los sueños es típicamente un símbolo de transformación. Si sueñas que estás muriendo puede indicar una transición por la que estás pasando, la necesidad de un gran cambio. Obviamente, no todos los sueños de muerte significan lo mismo, y cualquier motivo onírico debe ponerse en contexto [del sueño, del soñador]. Dicho esto, el comienzo de un sueño es a menudo una imagen de la situación actual o del problema sobre el que el sueño está trabajando. Ejemplo: sueñas que estás limpiando tu casa cuando alguien golpea la puerta, abres y recibes la visita de un familiar fallecido que trae un canasto de manzanas podridas, etc. Es probable que, al despertar, pongas tu atención en el familiar fallecido con las manzanas podridas, pero el punto de partida de la escena es la clave para interpretar todo lo que viene a continuación; en este caso, estás limpiando/cuidando tu casa, tu espacio, tu intimidad, tu cuerpo [ver: Cómo empiezan y terminan nuestros sueños]

Los sueños siempre plantean el problema y presentan una solución, pero al final todo depende de la honestidad intelectual del soñador al momento de interpretarlos. Por ejemplo, si estás luchando contra un abrumador complejo de inferioridad que pisotea tu voluntad de lograr cualquier cosa en la vida, soñar con volar o escalar una montaña podría ser una mecanismo de compensación, una forma de equilibrar tu estructura psíquica; pero si no partes desde el conocimiento y la aceptación de tu situación actual no aprovecharás el mensaje del sueño y sólo disfrutarás del éxtasis que te ha producido. Si el «mensaje» no es captado por la persona, es probable que el sueño se repita y hasta se vuelva recurrente [ver: ¿Por qué siempre sueño con la misma persona?]

Un principio de la psicología junguiana es que las otras personas en nuestros sueños simbolizan algún aspecto de nosotros mismos. Por ejemplo, si tienes un sueño recurrente con un amigo o un familiar, es probable que centres tu atención en la persona propiamente dicha y el sueño continúe regresando. Supongamos que este familiar o amigo tiene una personalidad agresiva; es posible que su versión soñada simbolice el mismo atributo o potencial dentro de ti. El sueño sólo está haciendo asociaciones con esta persona para decirte algo sobre ti mismo. Este principio general es válido tanto si la persona soñada está muerta como si está viva.

La muerte soñada es el máximo símbolo de cambio, uno tan grande que se está expresando de la manera más espectacular posible. Si es la muerte de otra persona que conoces, debes decidir qué aspecto de tu carácter representa. Si la persona es un extraño, usa cualquier información que puedas recordar del sueño para tratar de entender qué elementos de tu personalidad están experimentando una transformación. El «cambio» puede ser interior [conductas, hábitos, estilo de vida, rasgos de carácter, conductas destructivas] o exterior [ruptura sentimental, mudanza, cambio de trabajo o profesión]. Cuanto más violenta sea la muerte en el sueño, más intenso y profundo será el proceso de cambio por el que estás pasando. Una muerte que ya se ha producido podría indicar que estás en una fase posterior del cambio, en lugar de al principio.

En este contexto, despertar justo antes de morir en un sueño [en términos de muerte simbólica de un aspecto del Ego] podría situarte en una instancia anterior al cambio que debes hacer, o por el cual estás a punto de comenzar.

Los sueños de muerte suelen ser bastante brutales, es como si el Inconsciente quisiera transmitir un mensaje urgente; sin embargo, es necesario hacer una distinción importante. Tener sueños sobre la muerte no significa necesariamente la proximidad de la muerte real; y en muchos casos pueden interpretarse más bien como un memento mori, una meditación sobre la propia mortalidad.

Sigmund Freud hace una distinción crucial entre los dos niveles del sueño: el contenido manifiesto [el sueño tal como lo recordamos al despertar], y el contenido latente [los pensamientos oníricos subyacentes que componen el sueño]. Los deseos expresados en los sueños se encuentran en el nivel del contenido latente, que puede sacarse a la luz mediante la asociación libre y otras técnicas de interpretación. Están representados en el contenido manifiesto, pero de forma disfrazada, a veces de un modo muy básico [sobre todo en los niños] y otras de manera increíblemente ingeniosa. En el modelo freudiano, los sueños son como una especie de válvula de escape que permite liberar la presión acumulada de todo el material reprimido.

Por tratarse de material reprimido por la conciencia, el deseo latente es «disfrazado» en el sueño. Freud especuló que debe haber algo en la mente que se defiende de la realización de este deseo, algo que trabaja activamente para no nos volvamos conscientes de él. Ciertos deseos sexuales [todo deseo implica una prohibición asociada], así como impulsos violentos inaceptables, son «prohibidos» por la conciencia pero continúan latentes. Freud llama a estas prohibiciones internas «censuras», y deduce que «cuanto más estricta sea la censura, más elaborado será el disfraz». Esto nos da una imagen de dos fuerzas opuestas trabajando en la mente: una que experimenta un deseo y otra que lo censura. Para rodear la vigilancia del censor el deseo debe sufrir en los sueños una distorsión. En este sentido, algunos especialistas sostienen que despertar justo antes de morir en un sueño, o por tal caso despertar en medio de cualquier sueño [en general, con una sensación de gran ansiedad, miedo o emoción], es prueba de que el Censor ha descifrado el disfraz y activa el despertar de la conciencia para evitar que el deseo reprimido se realice.

Decodificar el «mensaje» de los sueños puede ser un desafío, pero es posible partir de dos preguntas simples:


a- ¿Qué te hizo sentir el sueño al despertar?

b- ¿Qué cosa en el sueño está relacionada con aquello que hizo sentir?


Las respuestas, si son honestas, pueden darte la clave para interpretar el «mensaje». Insisto en la honestidad porque uno no siempre está dispuesto a admitir excitación, goce, odio, ante situaciones soñadas que resultan aberrantes para la conciencia.

En el modelo original de Freud, la cantidad de cosas representadas por símbolos en los sueños no es particularmente grande: el propio cuerpo, padres, hijos, hermanos, nacimiento, muerte, y algunos más. El cuerpo suele representarse en un espacio interior, una casa [ver: Significado de soñar con la misma Casa]. Los padres aparecen como figuras de autoridad [reyes, jefes, policía] u otras personas respetadas. Los hijos y hermanos se simbolizan como animales pequeños. El nacimiento casi siempre se representa con alguna referencia al agua, y la muerte se sustituye por algún tipo de viaje o partida. La colección más rica de símbolos se reserva para la esfera de la vida sexual, que no detallaremos aquí.

En resumen: despertar justo antes de morir en un sueño no necesariamente tiene que ver con preocupaciones relacionadas con la muerte física, la cual resulta inconcebible, tanto es así que sólo podemos aproximarnos a ella como espectadores. Para finalizar cito un interesante párrafo del cuento de Willard E. Hawkins: El relato del muerto (The Dead Man's Tale):


«Muchas veces, como solían hacer los hombres que sentían la inminencia de la muerte en las trincheras, me había imaginado ese evento en mi mente y me preguntaba cómo sería. Principalmente me había inclinado hacia una creencia en la total extinción del ser. Que, cuando el cuerpo vigoroso no tuviera sus facultades, yo, como criatura espiritual, debería continuar, estaba más allá de lo razonable para mí. El juego de la vida a través de la máquina humana, razoné, era como el flujo de gasolina en el motor de un automóvil. Si se corta ese flujo el motor se vuelve inerte, mientras que el fluido que le había dado poder no era nada en sí mismo. Y así, confieso, fue una sorpresa descubrir que estaba muerto.»




Sueños. I Psicología.


Psicología:
El artículo: Despertar justo antes de morir en un sueño fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Significado de las primeras pesadillas recordadas de la infancia.


Significado de las primeras pesadillas recordadas de la infancia.




Hoy en El Espejo Gótico analizaremos las primeras pesadillas recordadas de la infancia.

Es probable que la mayoría de nosotros no tengamos un recuerdo claro de lo que soñamos la semana pasada, pero seguramente tenemos grabado uno o varios sueños y pesadillas producidos en la primera infancia. ¿Porqué estos sueños infantiles han quedado grabados en nuestra memoria? Porque se produjeron en el amanecer de la conciencia. A través de estos sueños y pesadillas hemos sido iniciados en una nueva dimensión de la realidad [ver: 6 preguntas fáciles para decodificar tus sueños]

Soñamos mucho antes de tener la capacidad de verbalizar esas experiencias; sin embargo, en un momento determinado de la infancia, entre los 3 y los 4 años, la mayoría de las personas tenemos sueños específicos [o una serie de sueños recurrentes] que por alguna razón se graban a fuego en la conciencia y permanecen accesibles en la memoria durante el resto de nuestras vidas.

Los sueños infantiles juegan un papel vital en el desarrollo: abren las puertas de la conciencia a un sentido más amplio. El niño se vuelve consciente de tener experiencias emocionales y sensoriales en un estado diferente al de la vigilia; lo cual expande [a veces aterradoramente] su sentido de posibilidad existencial.

Para Sigmund Freud, las primeras pesadillas de la infancia son realizaciones bastante brutales de deseos reprimidos, mucho menos elaboradas e ingenuas que los sueños de realización en los adultos. En otras palabras, es mucho más fácil observar cuál es el deseo o impulso reprimido en un sueño infantil que en un sueño adulto, donde la elaboración es más compleja. Para Carl Jung, en cambio, los primeros sueños son grandes sueños arquetípicos, revelaciones fugaces y crudas de la sabiduría archivada en el inconsciente colectivo. En este sentido, tienden a ser estáticos, pasivos, cuando se trata de sueños agradables; pero aterradores cuando se manifiestan en pesadillas de persecución [ver: Significado de soñar con ser perseguido]

Cada una de estas teorías está de acuerdo en que los sueños de la primera infancia son cruciales para el desarrollo de la conciencia; y por vagos e inconexos que parezcan, siempre tienen un motivo, que puede definirse como un escenario o una situación recurrente que expresa las preocupaciones del soñador. Lo interesante de los sueños infantiles es que pueden ser simbólicos, pero también directos, sin disfraz.

Por lo general, los personajes más recorrentes en las primeras pesadillas recordadas de la infancia son familiares del soñador, aunque es más probable que el niño sueñe con animales y seres imaginarios que con personas reales. Otra característica llamativa es la frecuencia de agresiones físicas, casi todas dirigidas contra el soñador [o de la amenaza de una agresión física] en la mayoría de los primeros sueños recordados. Esto contrasta con los sueños adultos, donde la agresión suele ser más verbal y dirigida por el soñador hacia otros personajes del sueño. Los niños, en otras palabras, se sienten más vulnerables físicamente y lo expresan en casi todos sus sueños.

Los escenarios de las primeras pesadillas recordadas de la infancia tienden a ser menos menos familiares y más fantásticos, más alejados de la realidad cotidiana ordinaria que los sueños adultos. Los motivos suelen encuadrarse en las siguientes categorías:

a- Simulación de amenaza: el soñador es amenazado y perseguido por una persona, animal o criatura [ver: Monstruos poco conocidos que nos visitan en sueños]

b- Infortunio: el soñador tiene un accidente, lesión o problema inesperado.

c- Amenaza familiar: el soñador es parte o testigo de una amenaza a un miembro de la familia [soñar que alguno de los padres muere es típico]

d- Fuerzas elementales: el soñador está solo en un entorno extraño y se enfrenta a fuerzas elementales de la naturaleza.

e- Cumplimiento de deseos: el soñador imagina algo agradable y deseable. Puede ser algo banal, como obtener la bicicleta que se le ha negado en la vigilia, o bien más profundos, como recibir la visita de un familiar o mascota fallecida.

f- Místico: el soñador tiene un encuentro [positivo o negativo] con un ser o poder sobrenatural [en los ambientes de crianza religiosa suele ser una visita angelical]

g- Volar: el soñador vuela, flota o desafía la gravedad de otra manera [ver: Significado de soñar con volar].

Las simulaciones de amenazas son los motivos que aparecen con mayor frecuencia en las primeras pesadillas recordadas de la infancia, donde predominan el miedo, el peligro y una sensación de absoluta impotencia. Sin embargo, estas categorías no son excluyentes entre sí, pueden mezclarse, yuxtaponerse, porque cada experiencia onírica es única y subjetiva. Lo importante es cuál es la reacción del soñador ante la experiencia, ya sea un buen sueño o una pesadilla [ver: 10 pesadillas más comunes y sus significados]

La verbalización en la primera infancia no suele ser demasiado fluida cuando se trata de pesadillas. Un niño pequeño, a lo sumo, puede afirmar que tuvo «un sueño feo»; y no siempre es sencillo para un adulto determinar qué es exactamente lo que era «feo» en el sueño. Por supuesto, a veces es evidente [¡un monstruo me quería comer!], pero otras resulta imposible debido a la imposibilidad del niño de verbalizar la naturaleza de la amenaza. En cualquier caso, los primeros sueños recordados de la infancia se caracterizan por su intensidad. Dejando a un lado las diferencias de contenido, estos sueños constituyen una fuerte experiencia personal, y esta parece ser la razón por la cual permanecen grabados en la memoria [ver: 10 patrones universales para entender tus pesadillas]

En general, el hecho de contarle a otra persona el sueño que tuvimos la noche anterior mejora considerablemente su memorabilidad. Sin embargo, las primeras pesadillas recordadas de la infancia no dependen de ninguna interacción social posterior para quedar registradas en la memoria. El grabado más bien depende de la fuerza sin precedentes de la pesadilla misma, como si se tratara de una erupción espontánea de energía imaginativa dentro de la mente dormida del niño. Esto no quiere decir que necesariamente deba tratarse de un sueño espectacular en términos de entorno y acción. De hecho, muchas veces se trata de sueños aparentemente simples [ver: Cómo recordar un sueño olvidado al despertar]

Otro aspecto que colabora para que una pesadilla infantil quede grabada a fuego es su relación con algún tipo de conflicto intrafamiliar, que puede ir desde el divorcio de los padres a cuestiones de competitividad con hermanos. En general, estos sueños plantean una situación de amenaza externa a la familia; por ejemplo, animales agresivos [los niños tienen más animales en sus sueños que los adultos] o criaturas que acechan fuera de la casa, que se asoman por las ventanas o que están ocultas en algún sitio específico del hogar [ver: Significado de soñar con animales]. Estos sueños están inspirados en el temor fundado del soñador de que su familia está en peligro de ser destruida.

Los sueños funcionan un poco como los mitos, que son, a su vez, una especie de sueño colectivo. En todas las mitologías existen fuerzas primordiales, desordenadas y violentas, anteriores a los dioses, como los Titanes de los mitos griegos y los Jotuns de los mitos nórdicos. En sus historias, estos seres no parecen estar realmente vivos, sino que pertenecen a un mundo anterior, donde no había vida, solo movimientos ciclópeos que levantaban montañas y abrían océanos. Los griegos, y también los pueblos nórdicos, evidentemente tenían esta percepción, y aunque representaban artísticamente a estas criaturas [los Titanes y los Jotuns respectivamente], los hacían diferentes de cualquier forma de vida conocida. Un tipo de sueños involucra sentimientos muy similares a los que los griegos y los nórdicos sintieron hacia estas fuerzas primordiales.

Estos sueños son inusualmente abstractos, incorpóreos, llenos de una increíble hostilidad y magnitud. El soñador suele ser el único personaje presente, y el escenario tiende a ser ilimitado, fantástico, desprovisto de vida orgánica. La impresión primaria del sueño es una sensación de soledad existencial y la percepción de estas fuerzas antiguas que, en apariencia, son ciegas, pero en el fondo manifiestan una misteriosa intencionalidad. Curiosamente, estos sueños son mucho más frecuentes en la primera infancia que en la vida adulta.

Los sueños de fuerzas primordiales no necesariamente tienen grandes «efectos especiales», simplemente sitúan al soñador, completamente solo, en un escenario que contrasta por su inmensidad, como los campos de amapolas en los que sueña Dorothy en El mago de Oz. Casi todos los sueños de fuerzas primordiales producen sentimientos negativos; son, en su mayor parte, pesadillas intensas con una terrible sensación de vulnerabilidad e impotencia [sentirse pequeño e insignificante].

Entre las primeras pesadillas recordadas de la infancia están los sueños de nacimiento. Para Sigmund Freud, la mayoría de los sueños son una especie de retorno imaginario a las condiciones uterinas de la existencia prenatal. A diferencia de los recuerdos explícitos, en los que los niños recuerdan eventos reales que ocurrieron durante su gestación y parto, los recuerdos implícitos pueden aparecer cuando una emoción o sensación física se parece a la experimentada en el momento en que se originó el recuerdo en primer lugar. Cuando los recuerdos se originan en niños en la etapa preverbal, más tarde pueden traducir esos recuerdos a través del lenguaje o, inconscientemente, a través de los sueños. Buena parte de los sueños de vuelo y de fuerzas primordiales poseen referencias a recuerdos de la vida prenatal.

Hay varias sensaciones asociadas de los sueños prenatales, pero hay un par de características tan recurrentes, arquetípicas, que todos seguramente las recordamos: moverse «en cámara lenta» [el aire es como el agua]; y sentirse atrapado en un lugar [ver: Significado de correr en cámara lenta en sueños]. La primera corresponde a recuerdos de la vida intrauterina; y la segunda puede ser un eco de la experiencia profundamente desagradable de las contracciones y ser empujado a través del canal de parto [ver: Significado de soñar con la misma Casa]

Sigmund Freud vio las pesadillas de la primera infancia como ejemplos ideales de su teoría de que los sueños son el cumplimiento de deseos instintivos. En el capítulo 3 de La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung), describe varios sueños de niños que expresan el cumplimientos de deseos simples; pero lo más interesante del libro tiene que ver con el caso del Hombre de los Lobos. Sigmund Freud analizó el sueño que el paciente tuvo cuando tenía 4 años, en el que una manada de lobos blancos estaba sentada al otro lado de la ventana de su dormitorio. El niño se despertó gritando, asustado de la posibilidad de ser devorado por los lobos. Freud, en una de sus interpretaciones más extravagantes, argumentó que el sueño del Hombre Lobo era una expresión de la fantasía aterradora [pero emocionante] de ver a sus padres teniendo relaciones. Lo cierto es que la imaginación de los niños es capaz de un pensamiento más complejo y una mayor expresión creativa de lo que Freud pensaba.

Más allá de esto, es cierto que los sueños que involucran lobos, perros, o cualquier animal que amenaza con atacar y «comerse» al soñador, son un motivo recurrente entre las primeras pesadillas de la infancia. En general, no hay un ataque real en estos sueños, sino más bien animales [reales o fantásticos] que observan al soñador con avidez desde cierta distancia, o bien dentro del dormitorio, probablemente a los pies de la cama. En estos casos, la agresiva forma animalesca representa el despertar de nuevos deseos, impulsos y miedos que el soñador ve como una amenaza. Otra versión de este tipo de sueños es la presencia de algún tipo de entidad monstruosa debajo de la cama, u oculta en algún lugar de la habitación [ver: Esos monstruos debajo de la cama]

En Recuerdos, sueños, reflexiones (Erinnerungen, Träume, Gedanken), Carl Jung describió uno de sus primeros sueños recordados, que se produjo a la edad de 4 años. En el sueño, Jung descendió a una cámara subterránea en la que se encontró con un enorme falo sentado encima de un trono. La voz de su madre dijo: «Sí, míralo. ¡Ese es el devorador de hombres!», ante lo cual el pequeño Jung despertó aterrorizado. En el libro afirma que este sueño lo preocupó durante toda su vida [tenía 85 años cuando lo escribió], y que en cierto modo coloreó su noción posterior de que los «grandes sueños» ocurrían en la primera infancia [«A veces, un gran sueño es el primer sueño que podemos recordar.»]

Carl Jung estaba en lo cierto: los sueños más significativos en la vida de un individuo, los sueños con mayor carga de simbolismo arquetípico, y por lo tanto los que más se quedan grabados en la memoria, se producen con mayor frecuencia la primera infancia. En esta categoría de «grandes sueños» también se incluyen las pesadillas, como en el sueño del propio Carl Jung; sin embargo, los símbolos arquetípicos no siempre son evidentes en los sueños; de hecho, a veces aparecen de manera muy sutil y elusiva [ver: ¿Por qué no recordamos nuestros sueños?]

Curiosamente, la mayoría de los niños entre 3 y 5 años rara vez informan de un sueño cuando se despiertan, y cuando lo hacen, generalmente se trata de una imagen observada pasivamente de algo ordinario y mundano, con poco contenido emocional. Las pesadillas, en general, más que contarse se lloran, y no es mucho lo que puede deducirse sobre ellas, salvo que el soñador experimentó algún tipo de amenaza. Los niños mayores sí son capaces de contar sus sueños con mayor detalle, y estos contienen mayor actividad, variedad y complejidad temática. A partir de los 13 años, los sueños se vuelven similares a los sueños de los adultos en frecuencia, duración y estructura narrativa.

Esto parece sugerir que los sueños evolucionan paralelamente al desarrollo de la madurez cognitiva; sin embargo, la capacidad de soñar no depende de la capacidad de ser consciente. Además, la mayoría de los primeros sueños recordados de la infancia son breves, tienen pocos personajes, poca descripción y narraciones sencillas, no obstante, son ricamente emocionales, y por alguna razón quedan grabados en la memoria con mayor intensidad que los sueños de la vida adulta.

Algunos investigadores en psicología evolutiva deducen que estos sueños infantiles quedan grabados en la memoria por tratarse de simulaciones de amenazas, es decir, los primeros sueños recordados tendrían una función adaptativa: prepararnos para amenazas reales en la vigilia. Desde este punto de vista, los sueños son simulaciones de los peligros que nuestra especie ha enfrentado en su historia evolutiva: amenazas de animales salvajes, extraños [masculinos, sobre todo] y fuerzas naturales. A diferencia de Freud, quien vio las pesadillas como «fallas» en la función del sueño [porque las emociones aterradoras irrumpen en la conciencia e interrumpen el descanso], esta teoría sostiene que las pesadillas son contribuciones valiosas para las habilidades adaptativas de nuestra especie.

Si pensamos en nuestro entorno ancestral, tiene sentido simular encuentros violentos con animales, extraños y fuerzas naturales, y cómo escapar de tales situaciones. Por lo tanto, estos sueños se habrían incorporado como valores por defecto en el desarrollo de la consciencia. Es una teoría interesante, aunque permite algunas objeciones. En primer lugar, las pesadillas nunca se resuelven satisfactoriamente cuando se trata de una amenaza. Por ejemplo, tomemos un sueño ordinario donde somos perseguidos por una amenaza indistinguible. ¿Qué podemos aprender realmente de este sueño? ¿Qué es bueno correr cuando hay una amenaza? Parece un costo evolutivo demasiado alto para aprender algo que ya está instalado por defecto en nuestra psique.

Pero las simulaciones oníricas, en este contexto, no corren para permitirnos aprender a resolver una amenaza, sino para que estemos acostumbrados a la situación y, de ese modo, podamos reaccionar a tiempo. Por eso la simulación de amenazas estaría especialmente activa en los sueños de los niños, con su preponderancia de animales, agresión y victimización física. A medida que el individuo crece y adquiere conocimiento del mundo, estos sueños primarios de simulación de amenazas [es decir, de peligro para el bienestar físico del soñador] pierden importancia, sin embargo, aquellos sueños infantiles [generalmente pesadillas] permanecen grabados en nuestra memoria como valiosos activos evolutivos.

En este sentido, los sueños de simulación de amenazas no tienen que ver con el despertar de la conciencia, sino con su continuación, con el conocimiento de supervivencia acumulado durante cientos, sino miles, de generaciones de ancestros, que nos es transmitido y practicado en nuestros sueños. Según Carl Jung, este conocimiento forma parte del inconsciente colectivo de la raza humana, y continúa estando disponible fuera de los límites del tiempo.

Por eso algunos sueños nos producen emociones [dolor, tristeza, pero también alegría] mucho más intensas que las de la vigilia, precisamente porque contienen información que no es exclusiva de la vida del soñador. Quizás, desde una perspectiva más espiritual, podamos ver a los sueños como ventanas que miran hacia atrás en el tiempo, proporcionando evidencia de la experiencia humana desde su amanecer. Esta información puede permanecer fresca y disponible para los niños pequeños, pero solo por un corto período de tiempo, antes de que se los socialice dentro de un sistema de creencias que ve a los sueños como experiencias aisladas de la realidad [«fue solo un sueño»], y no como parte de una realidad más vívida y conectada con nuestros ancestros.

Para finalizar diremos algo sobre la importancia de prestar más atención a los sueños de la primera infancia. Para los padres, que son los primeros en responder cuando sus hijos se despiertan en medio de la noche llorando por una pesadilla, es útil saber que tales sueños son una parte normal del desarrollo emocional. El hecho es que los niños pequeños experimenten regularmente sueños y pesadillas muy intensas, y sean naturalmente curiosos acerca de ellas, hace que se requiera poco esfuerzo para las compartan con sus seres queridos, hacer dibujos o representarlas de alguna manera. Particularmente para los niños que están asustados por sus pesadillas, puede ser una experiencia tranquilizadora saber que otros también tienen esas experiencias. Para un adulto, hablar de un sueño de la infancia puede abrir conexiones no reconocidas y desbloquear recuerdos sepultados.




Diccionario de sueños. I Psicología.


Más literatura gótica:
El artículo: Significado de las primeras pesadillas recordadas de la infancia fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Cómo recordar un sueño olvidado al despertar.


Cómo recordar un sueño olvidado al despertar.




Es un hecho proverbial que la mayoría de los sueños, sobre todo aquellos que deseamos retener en la memoria, se desvanecen por la mañana.

Cuando soñamos, entramos en un reino extraño, a veces absurdo, enormemente placentero, y otras aterrador. Hacia el despertar nos retiramos de este reino extraño, miramos brevemente por encima del hombro y todavía podemos vislumbrar sus maravillas y espantos. Luego cruzamos la frontera hacia el despertar y, minutos más tarde, solo nos queda la certeza del reino, de que hemos estado ahí, pero todo lo demás se ha borrado [ver: Aprender a recordar tus sueños]

Así es como se siente: despiertas y todavía tienes acceso a fragmentos del sueño, pero a medida que tratas de recordarlo con más claridad, lo poco que habías logrado retener empieza a desvanecerse. A veces ni siquiera tenemos eso. Al despertar sabemos que hemos estado soñando; el estado de ánimo del sueño sigue ahí: tristeza, alegría, dolor, placer, miedo, pero ya no sabes de qué se trataba [ver: 6 preguntas fáciles para decodificar tus sueños]

Incluso cuando logramos recordar una parte del sueño, sentimos que algo se ha perdido en el camino, algo importante, hasta que esos fragmentos también se desvanecen en el transcurso del día. Por otro lado, a veces sucede que los sueños muestran una extraordinaria persistencia en la memoria. Todos podemos recordar algún sueño en particular que ocurrió hace años, incluso en la infancia, que se mantiene fresco e imperturbable en la memoria.

Entonces: ¿cómo recordar un sueño olvidado al despertar?

Esta es una pregunta difícil, y aquí en El Espejo Gótico no nos atrevemos a prometer una respuesta al final de este artículo; pero sí un recorrido interesante.

En primer lugar, no somos nosotros quienes soñamos. Somos los soñados. Pero, ¿quién es exactamente este Otro, este No-Yo que delira salvajemente en los sueños? ¿Cuál es su relación con el Yo despierto? Sigmund Freud escribe:


[«Todo el material que compone el contenido de un sueño se deriva de alguna manera de la experiencia, que se reproduce o se recuerda en el sueño. Sin embargo, sería un error suponer que tal conexión entre el contenido del sueño y la realidad será obvia a partir de una comparación entre los dos. Por el contrario, la conexión debe buscarse cuidadosamente, y en algunos casos puede eludir durante mucho tiempo su descubrimiento. La razón de esto se encuentra en una serie de peculiaridades evidenciadas por la facultad de la memoria en los sueños.»]


La razón por la cual olvidamos algunos sueños es porque estos utilizan recuerdos reprimidos que subyacen en el inconsciente, pero que nuestro Yo conciente no recuerda [ver: ¿Por qué no recordamos nuestros sueños?]. En otras palabras, el No-Yo, es decir, el inconsciente, frecuentemente hace uso de recuerdos inaccesibles para nosotros en el estado de vigilia; y la fuente de la mayoría de estos recuerdos es nuestra infancia.

La narrativa de nuestra infancia no es un bloque sólido; está hecha de fragmentos de experiencias y situaciones que proporcionan material de por vida para nuestros sueños. Sobre estos fragmentos dispersos, inconexos, profundamente enterrados, está la acumulación de recuerdos nuevos, experiencias recientes, que consolidamos en los sueños. Pero la consolidación sólo es posible después de un tiempo, rara vez en la inmediatez de la experiencia. Tal es así que incluso las experiencias realmente intensas, tristes o dolorosas que han ocupado la mente en la vigilia, solo serán soñadas después de haber sido apartadas hasta cierto punto. Por ejemplo, uno no sueña con una persona querida que ha fallecido la misma noche de su muerte [ver: Significado de soñar con alguien que está muerto]

Un rasgo desconcertante de los sueños es que, en lugar de centrarse en situaciones importantes de la vida, como la pérdida de un ser querido, la mayoría de las veces se enfocan en los detalles más triviales. Esto, argumenta Sigmund Freud, ejemplifica la contradicción entre el rol de la memoria en la construcción de los sueños y el hecho de que olvidamos la mayoría de nuestros sueños al despertar, al tiempo que podemos recordar otros sueños que ocurrieron hace décadas:


[«A menudo somos conscientes de que hemos estado soñando, pero no sabemos qué hemos soñado; y estamos tan acostumbrados a este hecho —que el sueño es susceptible de ser olvidado— que no rechazamos por absurda la posibilidad de que hayamos estado soñando incluso cuando, por la mañana, no sabemos nada del contenido del sueño. Por otra parte, sucede a menudo que los sueños manifiestan un poder extraordinario de mantenerse en la memoria. Puedo recordar un sueño mío que está separado del presente por lo menos treinta y siete años, y sin embargo no ha perdido nada de su frescura en mi memoria.»]


El problema para recordar un sueño olvidado al despertar se reduce a la incompatibilidad entre las demandas estructurales de la memoria y la naturaleza no estructurada de los sueños. Para que algo quede grabado en la memoria es vital que no esté aislado, sino que se fije dentro de un contexto. Los sueños, por otro lado, carecen de orden y, por su propia falta de estructura, de contexto, son muy difíciles de fijar en la memoria en términos de narrativa; sí como imágenes aisladas que se fijan en la memoria a causa de la impresión que causan en el soñaor, pero todo lo demás es completamente olvidado [ver: 10 patrones universales para entender tus sueños y pesadillas]

Los sueños casi nunca toman una secuencia ordenadas de recuerdos, sino detalles de esos recuerdos; de modo tal que, al despertar, carecen de todas las características mnemotécnicas que utilizamos para recordar algo. De este modo, la mayoría de los sueños son intraducibles para el Yo despierto.

La teoría psicoanalítica a veces resume un poco su discurso al afirmar que todo sueño es cumplimiento de un deseo. Sigmund Freud también habla de sueños de confirmación [de miedos, sobre todo] y sueños de ansiedad. En otras palabras, este «deseo» que teatralizan los sueños no siempre es un oscuro deseo reprimido o la confirmación de un vaticinio funesto, y a veces está tan distorsionado que es irreconocible. ¿Dónde está el «deseo» en una pesadilla particularmente aterradora donde somos perseguidos por un monstruo o un maniático? Estas distorsiones, en realidad, son una herramienta para defendernos del cumplimiento de un deseo que encontramos moralmente inaceptable. Autocensura, en una palabra [ver: 10 sueños más extraños que vas a tener en tu vida]

Aquí podemos pensar en dos fuerzas opuestas: una es el deseo expresado por el sueño, mientras que la otra ejerce una censura, imponiendo así una distorsión. Pero, ¿quién esta autoridad capaz de ejercer su censura? Después de todo, nada puede llegar a la conciencia sin pasar previamente por una censura, y esta autoridad no deja pasar nada sin ejercer sus derechos, entre ellos, modificar y distorsionar lo que le plazca.

Todo el psicoanálisis freudiano se basa en una dialéctica entre la memoria perdida y el recuerdo parcial como compensación por esa pérdida. Más aún, los clásicos conceptos freudianos como la asociación libre, lo reprimido, el inconsciente, están íntimamente relacionados con la memoria, el recuerdo, la pérdida y la reminiscencia. Los sueños recurrentes, por ejemplo, suelen estar relacionados con un evento traumático que no ha sido completamente olvidado pero tampoco adecuadamente recordado. Este tipo de sueños nos permiten una conexión vaga e incompleta con ese evento, casi nunca directamente, es decir, evocando el trauma, sino por medio de asociaciones. Si tu mente conciente no quiere recordar este trauma, es probable que no recuerdes los sueños vinculados a él [ver: ¿Por qué siempre sueño con la misma persona?]

A veces las cosas se vuelven más complicadas todavía, y el sueño que no recordamos al despertar ni siquiera evoca el evento trumático, sino un recuerdo asociado. Esto se conoce como desplazamiento, una especie de limbo entre la memoria y la pérdida, entre el recuerdo y el olvido, que se enfoca sobre recuerdos asociados al trauma original [ver: Cómo entender tus propios sueños]

Sigmund Freud habla de estos vestigios de recuerdos como reminiszenz, «reminiscencias», los cuales se manifiestan en sueños como «fantasmas» [aunque nosotros, en el siglo XXI, podemos pensar en ellos como muertos vivientes] que «persiguen» a la psique en busca de una resolusión. Si algo o alguien te persigue en sueños, generalmente es uno de estos recuerdos incompletos [ver: Significado de soñar con ser perseguido]

El inconsciente es como una base de datos donde nunca se pierde nada. Todo lo que alguna vez experimentamos se conserva y, en las condiciones adecuadas, como los sueños, puede volver a la luz. Sin embargo, cuando vivimos una situación traumática, su recuerdo es archivado como todos los demás, pero su acceso está restringido a la memoria conciente, y solo se manifiesta en nuestros sueños de forma simbólica. Estos, nuevamente, son los sueños que olvidamos al despertar.

La noción del inconsciente como una base de datos es, por supuesto, aproximativa; porque los «archivos» [recuerdos] no están aislados entre sí, sino asociados unos a otros, y a veces superpuestos como en un palimpsesto, un pergamino en el que todavía pueden verse muchas inscripciones debajo del texto más reciente. Esta memoria absoluta incluso conserva experiencias de la primera infancia, y hasta prenatales [ver: El trauma del nacimiento]. Carl Jung opina que, además de nuestras experiencias personales, el inconsciente conserva rastros de experiencias primitivas de la especie humana en su conjunto. De todo ese vasto material surgen nuestros sueños [ver: ¿Cuál de los 12 Arquetipos Jungianos corresponde a tu personalidad?]

El lenguaje para explicar los procesos inconscientes plantea una gran dificultad. Tendemos a pensar en el «olvido» como algo que se pierde irremediablemente, pero ya hemos visto que lo que se sobreescribe en este palimpsesto nunca desaparece. Es decir que el olvido es un proceso activo y deliberado: tratamos de olvidar ciertas cosas, o queremos olvidarlas, por diversas causas, pero solo podemos desplazarlas de la mente consciente [el Yo despierto] hacia el inconsciente, que todo lo retiene. En Sobre la genealogía de la moral (Zur Genealogie der Moral), Friedrich Nietzsche habla del olvido no como una vis inertiae [fuerza de inercia] sino como una facultad activa. El término para Freud es verdrängung [«represión»] [ver: Freud y la interpretación de los sueños]

Aquello con lo que no podemos lidiar por evocar algo traumático, o es demasiado desagradable para ser admitido como parte de nosotros mismos, es reprimido, es decir, es archivado en el inconsciente. Sin embargo, las prohibiciones sociales también desempeñan un papel en la represión. A un niño, en la primera infancia, se le imponen toda clase de restricciones sociales que finalmente son aceptadas y utilizadas para selecionar el archivado de ciertos deseos e impulsos que, hasta ese momento, eran perfectamente naturales. En este contexto, como coinciden Freud y Nietzche, el olvido no es una simple pérdida de memoria, sino un acto deliberado que intenta mantener en secreto algo demasiado doloroso, o prohibido, ya sea por la sociedad o por el individuo mismo.

La represión es un proceso natural y hasta saludable en la mayoría de los casos, ya que nos permite tener cierto equilibrio entre la expresión y el control de los impulsos inconscientes. Sin embargo, el material reprimido constantemente busca distintas vías de expresión. La represión de un evento traumático, por lo tanto, no es un esfuerzo único, sino un proceso continuo por tratar de contener la expresión, o el recuerdo, de aquello con lo que no queremos lidiar. Cada vez que el Yo despierto baja la guardia, el material reprimido puede encontrar la forma de expresarse, a veces inocentemente, como en un lapsus donde decimos algo que no queríamos decir conscientemente, pero que de algún modo se ha filtrado [ver: Lapsus linguae: cuando decimos lo que queremos callar]

Ahora bien, cuanto más traumático sea el recuerdo, más fuerza tiene para buscar la manera de expresarse. Freud lo llama «retorno de lo reprimido», por ejemplo, para explicar porqué olvidamos algunos sueños apenas despertamos. Es como el juego del gato y el ratón: lo reprimido se manifiesta en el sueño, y la consciencia despierta trata de olvidarlo. Casi siempre lo logra, pero lo reprimido tiene un as en la manga: la distorsión. Aparece en los sueños de una forma tan distorsionada que la mente despierta no lo reconoce como parte del trauma que no quiere recordar, y por eso sí recordamos muchos de esos sueños, aunque sea fragmentariamente. En otras palabras: lo reprimido solo puede manifestarse disfrazado [en sueños] o dando otro tipo de rodeos: lapsus, síntomas psicosomáticos, etc.

Para seguir agregando dificultades a la hora de recordar un sueño olvidado al despertar, hay que decir que el inconsciente es atemporal; es decir, no tiene sentido de secuencia temporal. Todo en el inconsciente existe como una masa de eventos simultáneos, sin organización histórica. Por lo tanto, todo lo que está archivado en el inconsciente no puede representarse en sueños en una secuencia temporal; debe traducirse en términos de simultaneidad, asociaciones, co-presencia, de tal manera que su expresión onírica siempre resulta extraña para la mente despierta, cuando no directamente irracional [ver: Todo parece lógico en tus sueños hasta que despertás]

El inconsciente prefiere la síntesis, por eso tiende a las representaciones pictóricas, a las imágenes, a las escenas oníricas que se producen sin conexiones causales. Los sueños son una dramatización que no conoce la lógica y la secuencia, que no tiene trama, como si se tratara de un lenguaje que carece de sintaxis. Por lo tanto, aquello que se recuerda en sueños tiende a tomar una forma visual. Por esa razón, para tratar de recordar un sueño olvidado al despertar hay que centrar la atención en los aspectos visuales del sueño, evitando el contexto, que puede ser engañoso. Recordar una sola imagen de un sueño olvidado en el transcurso del día no es poco. El hecho de que esa imagen haya logrado superar la barrera de represión y censura, indica que es lo más significativo que ocurrió en ese sueño en particular.

Los sueños nos dan acceso al inconsciente. Cuando dormimos, se relaja la «censura», de modo tal que el material inconsciente entra en la conciencia a través de nuestros sueños. Este material, por supuesto, rara vez se presenta en su forma pura; por lo general, está disfrazado, distorsionado, precisamente para que pueda superar la «censura». Cuanto más atroz sea el material inconsciente para nuestros estándares morales [y puede ser realmente atroz], más sujeto está a la distorsión, justamente por ser más evidente y susceptible a la censura.

Ahora bien, para intentar recordar un sueño olvidado al despertar es importante diferenciar tres categorías básicas de sueños:


a- Sueños cuyo contenido manifiesto es coherente [que plantea una narrativa comprensible] y cuya interpretación es obvia. Son sueños con sentido, incluso con una trama más o menos cohesiva. Freud comparaba este tipo de sueños con la literatura barata. No requieren mayor analisis ni comprensión. Todo es bastante obvio.

b- Sueños cuyo contenido manifiesto es coherente, parece claro y conectado, pero cuyo significado latente [lo que nuestro inconsciente está tratando de decirnos] es oscuro.

c- Sueños cuyo contenido manifiesto es confuso, caótico, y cuyo significado latente es totalmente oscuro. De hecho, no parecen tener ningún sentido.


Está última categoría es la más fácil de olvidar. Estos sueños son como espías enviados por el inconsciente, cuya misión es infiltrarse en la conciencia. Para lograrlo, el espía [el sueño] debe disfrazar su verdadera identidad; de otro modo sería detenido [reprimido] por el siempre vigilante aparato censor de la consciencia. Generalmente, el inconsciente se sale con la suya: el espía sale a la superficie lo suficientemente bien disfrazado como para no ser detectado. Misión cumplida. Sin embargo, nosotros, que vivimos enteramente en la conciencia, eventualmente nos despertamos, y el aparato censor se activa y se moviliza como una agencia de seguridad que ha descubierto el engaño. En este punto podemos recordar perfectamente lo que hemos soñado, ir al baño y, al salir, no recordar nada [ver: Cómo empiezan y terminan realmente nuestros sueños]

El despertar vuelve a equilibrar las fuerzas en esta lucha entre la voluntad del inconsciente por divulgar una experiencia y la resistencia de la mente conciente que trata de ocultarla.

El contenido manifiesto es la forma que toma el sueño, su fachada, su forma cosmética, su disfraz. Básicamente lo que ocurre en el sueño que podemos retener en la memoria. El contenido latente, en cambio, es el mensaje que el inconsciente está tratando de filtrar, el significado del sueño. Para poder recordar un sueño olvidado al despertar debemos invertir los términos. Quiero decir, si el significado está en el contenido latente y, a través de la distorsión [el disfraz del espía] logra pasar al contenido manifiesto, entonces la interpretación del sueño revierte este proceso, deshaciendo la distorsión, quitándole el disfraz al espía, para llegar al contenido.

Este disfraz [distorsión] no es sencillo de detectar. El inconsciente es inteligente, mucho más que nuestro Yo despierto, y puede comprimir dos o más ideas en una sola imagen. ¿Cuál es la razón? Engañarnos. Uno puede recordar cierto aspecto de un sueño cuya interpretación parece obvia, y quedarse simplemente con eso, dejando pasar el verdadero contenido, oculto bajo una máscara obvia.

La idea del espía disfrazado está bastante bien, pero también hay otros actores. El inconsciente quiere comunicarse con nuestro Yo despierto. Es como un amigo que quiere llegar hasta nosotros para decirnos algo muy importante, pero que no es bienvenido en casa. Nuestros padres no lo dejan pasar, los perros ladran al oler su cercanía a la casa, y además lo han bloqueado de nuestro teléfono, correo, redes sociales. Está completamente aislado de nosotros, pero sigue siendo nuestro amigo, y encontrará la forma de enviar el mensaje. Recibirlo es relativamente fácil, entenderlo es otro asunto. Por suerte, hay algunos patrones que pueden ayudarnos.

Tendemos a tratar de recordar un sueño, o a analizarlo, partiendo de jerarquías de importancia; pero nuestro amigo, el inconsciente, suele desplazar estar categorías, de modo tal que lo trivial en un sueño suele ser lo más significativo, y lo aparentemente significativo, lo más trivial. De hecho, el desplazamiento puede llegar a ser tan grande que lo más importante en un sueño puede ser un detalle completamente periférico.

Los sueños enmascaran las ideas en imágenes, o mejor dicho, en una fusión de imágenes, lenguaje y símbolos organizados de manera tal que se presentan en una especie de historia o puesta en escena. Nunca hay que centrarse en la «historia» de un sueño para analizarlo, porque la función narratológica solo está allí para darle soporte al mensaje. La lógica del sueño opera siguiendo oscuras cadenas de asociación; por lo tanto, para entender su significado se deben rastrear todas las posibles asociaciones que podamos hacer a partir de los elementos individuales del sueño [ver: Sueños que no son sueños]

Entender el significado de un sueño se parece bastante a analizar un poema donde predominan los símbolos y las metáforas, precisamente porque los sueños no están revestidos por el lenguaje literal. Al igual que la [buena] poesía, los sueños no respetan las convenciones del discurso, como la gramática y la sintaxis, para forjar conexiones entre ideas. Sin embargo, no importa cuán aparentemente absurdo sea un sueño, siempre se pueden conectar los diferentes elementos, a través de la asociación, para trabajar sobre una composición más o menos sólida. Tratar de interpretar un sueño en su literalidad es como leer un poema y entender únicamente el significado de las palabras, no lo que evocan.

Es importante entender que los extraños símbolos que utiliza el sueño no son un producto de la distorsión, sino una característica del pensamiento inconsciente; tanto es así que la mayoría de los símbolos oníricos son universales. Cuando intentes analizar tus propios sueños [algo desaconsejado] es esencial que, en primer lugar, emplees la síntesis y recién entonces hagas asociaciones con los elementos que recuerdas. Por ejemplo, si en tu sueño hay un cuchillo, debes despojarlo de su singularidad y categorizarlo como «objeto afilado»; del mismo modo que cualquier habitación o casa es un «espacio cerrado», cualquier playa o parque es un «espacio abierto», cualquier policía o figura de autoridad son tus «padres» [o las personas que te hayan criado], y cualquier acción que implique un movimiento físico constante y regular, como subir las escaleras, es equivalente a tener relaciones [ver: Significado de soñar con escaleras]

Todos los sueños, para Freud, representan el cumplimiento de un deseo inconsciente, y por eso nos brindan la satisfacción que la realidad nos niega. La agresividad puede expresarse en sueños y eso no significa que seas una persona agresiva, por el contrario, significa que estás expresando esa agresividad latente de forma saludable. Menciono esto al pasar porque, en ocasiones, somos capaces de cometer verdaderas atrocidades en sueños, pero eso no debería perturbarte. De hecho, es un síntoma de salud mental si esto te produce estupor y rechazo al despertar, llegando a preguntarte: ¿cómo he podido soñar eso?

Ahora bien, el inconsciente no actúa aleatoriamente, sino que aprovecha las experiencias de la vigilia, generalmente del día anterior, para hacer sus asociaciones y provocar un sueño que cumpla algún deseo reprimido anterior. Es decir que los sueños se desencadenan por un evento o una experiencia en el presente inmediato, pero siempre remiten a un evento o experiencia del pasado.

Tratar de recordar un sueño olvidado al despertar es una tarea titánica. En primer lugar, necesitas algo con qué trabajar, es decir, recordar algo del sueño. El olvido del sueño, que a menudo se produce repentinamente [lo recordamos perfectamente y en pocos minutos se ha desvanecido] es un signo de que tu aparato de autocensura se resiste a lidiar con ese material. Si se vence esa resistencia, el sueño olvidado regresa a la memoria; quizás no tan vívido como al despertar, pero algunos fragmentos reaparecen y son susceptibles de ser analizados.

Intentar recordar un sueño olvidado no es igual a tratar de recordar qué almorzaste el martes pasado. Como la censura nunca se elimina por completo sino que se reduce, el material reprimido debe sufrir ciertas alteraciones que mitiguen sus rasgos ofensivos. La resistencia al recuerdo a veces se apoya sobre cuestiones simples. Una de las más comunes es la vergüenza o el asco que siente el Yo despierto ante lo que ha soñado. Vencida esta resistencia, el sueño puede ser recordado total o parcialmente.

Lo que recuerdas de un sueño al despertar es el contenido manifiesto. Básicamente es lo que le contarías a un amigo si sueñas con él, pero este contenido manifiesto es la versión censurada del verdadero significado de tu sueño. El contenido manifiesto no tiene ningún significado en particular. Es solo la superficie, una forma de disfrazar el significado subyacente. Es por ese motivo que algunos sueños resultan inquietantes pero, cuando examinamos sus elementos, no hay nada inquietante en él. La inquietud, en todo caso, proviene del contenido subyacente. Esto es lo que realmente significa tu sueño.

Uno podría preguntarse porqué tanto alboroto, porqué no presentar este deseo reprimido en primer plano. Simplemente porque no resulta aceptable para el aparato censor. Si tienes hermanos, es probable que en tu infancia hayas deseado inconscientemente ser hijo único y obtener toda la atención de tus padres. Eso es perfectamente natural, pero para satisfacer ese deseo reprimido es necesario sacar a tus hermanos del mapa, lo cual no es aceptable; de modo que este deseo aparece disfrazado en tus sueños. Sin embargo, a veces el deseo reprimido aparece con un disfraz poco eficiente, es reconocido y vuelto a reprimir. Estos son los sueños que olvidarás rápidamente.

La intepretación de los símbolos de un sueño [qué significa soñar con tal o cual cosa] se ha vuelto una afición popular, pero esta no es la única forma en que el inconsciente disfraza el mensaje. Por ejemplo, está la Condensación, donde dos o más cuestiones se condensan en una sola imagen; el Desplazamiento, donde los deseos o las emociones se desplazan de la persona/objeto deseado a una persona/objeto sin sentido. Los símbolos, de hecho, solo utilizan conceptos u objetos similares que suenan o se ven parecidos. Freud, cuándo no, creía que cualquier cosa larga y dura en el sueño [un tronco, un poste, un edificio, etc] simbolizaba una erección, asi como cualquier cosa que tuviera un espacio interior [armarios, habitaciones, hornos] a menudo representaban una vagina. Actualmente, por suerte, el psicoanálisis no es tan radical.

Para recordar un sueño olvidado al despertar es importante hablar de él. Me refiero a hablar en voz alta, y, si es posible, escribir todo lo que recuerdes. Cuando despertamos, la censura recupera su territorio y puede borrar el recuerdo del sueño con suma rapidez, sin embargo, al releer lo que hemos escrito, o al pronunciar las palabras dichas en voz alta, el sueño que parecía olvidado puede resurgir. No importa que no recuerdes todo el sueño. Los fragmentos rescatados, aunque solo sea uno, es el acceso más directo al significado del sueño. Más aún, ese fragmento, con toda probabilidad, es la única razón por la que el sueño fue olvidado en primer lugar.

La razón por la cual olvidamos los sueños al despertar no puede atribuirse a una sola causa. Cuando estamos despiertos, olvidamos regularmente muchas sensaciones y percepciones, a veces porque son demasiado débiles o porque no logran impactarnos. Lo mismo sucede con muchas imágenes oníricas: se olvidan porque son demasiado débiles, mientras que se recuerdan otras más fuertes. El factor de la intensidad, no obstante, no es suficiente para determinar si una imagen es o no ser recordada, porque lo cierto es que a veces retenemos cuestiones triviales, carentes de fuerza sensorial, mientras que otras, mucho más intensas y vívidas, se olvidan.

Para que las sensaciones, ideas, pensamientos e imágenes de un sueño puedan ser recordados es esencial que no permanezcan aisladas, sino que se organicen. Es sencillo recordar de memoria un verso, pero si desordenamos las palabras aleatoriamente, recordar ese desorden es mucho más difícil. Los sueños funcionan así: si las palabras [imágenes del sueño] están ordenadas, una nos ayudará a recordar la siguiente. El problema es que, en general, los sueños carecen de orden e inteligibilidad, y por lo tanto están desprovistos de las cualidades que harían posible recordarlos.

A veces, la mejor forma de recordar un sueño olvidado al despertar es tener paciencia, la suficiente para encontrarnos con un déja`vu [sentimientos de familiaridad en ausencia de recuerdos], los cuales pueden desencadenarse por fragmentos de la memoria del sueño al encontrarnos en situaciones o lugares similares en la vida real.




Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


Más literatura gótica:
El artículo: Cómo recordar un sueño olvidado al despertar fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Significado de los sueños más extraños


Significado de los sueños más extraños.




Lo curioso de los sueños extraños es que no se perciben como extraños mientras estamos soñando. Es recién cuando despertamos que nos damos cuenta de que algo en el sueño simplemente no estaba bien. Y si bien es cierto que todos los sueños son un poco extraños para los estándares de la vigilia, hay algunos que nunca los comentaríamos con alguien más [ver: Por qué todo parece lógico en tus sueños hasta que despertás]

Sigmund Freud propuso que los sueños son una expresión de lo que estás reprimiendo durante el día. Carl Jung, por otro lado, creía que los sueños proporcionan mensajes sobre partes o aspectos descuidados de nosotros mismos que necesitan ser reintegrados. En este contexto, muchos sueños simplemente surgen de una preocupación por las actividades del día, pero algunos ofrecen expresiones sumamente ricas y simbólicas, una especie de interfaz entre el consciente y el inconsciente que puede llenar los vacíos de nuestro autoconocimiento. Cuanto más rico y simbólico es un sueño, más extraño, incluso bizarro, nos parecerá al examinarlo a la luz del día [ver: 10 sueños más extraños que vas a tener en tu vida]

Existe un fenómeno muy interesante y habitual en los sueños conocido como Cognición Disyuntiva, en el que dos aspectos de la cognición no coinciden. Básicamente se produce cuando estamos soñando y nos damos cuenta que algo muy extraño está ocurriendo, algo que sencillamente no encaja, pero no logramos unir los puntos. Sin embargo, cuando despertamos y examinamos el sueño, nos damos cuenta claramente de esos aspectos extraños [ver: 6 preguntas fáciles para decodificar tus sueños]

La disyunción más frecuente es entre apariencia e identidad; por ejemplo, cuando soñamos con alguien que sabemos que es nuestro padre aunque no se parece a él. Es decir, cuando el soñador reconoce la identidad de un personaje de sus sueños, aunque su imagen no coincida con la real. Esto mismo, en la vigilia, es uno de los síntomas más evidentes de un brote psicótico [o de prosopagnosia, cuando el sujeto no reconoce el rostro de alguien que de hecho conoce bien], pero en los sueños parece formar parte de la normalidad. Lo hacemos todo el tiempo, incluso se lo hacemos al tiempo mismo.

En efecto, este fenómenos a menudo involucra la percepción del tiempo. De adulto, es bastante común soñar que uno se remonta a la infancia. En este caso, la edad percibida del soñador es disyuntiva. Es mucho menos habitual que suceda lo contrario, es decir, que de niños soñemos con ser adultos. Dentro de este aspecto del fenómeno disyuntivo se encuentran aquellos sueños con personas muertas, o con personas que hemos conocido en otras épocas de nuestra vida, las cuales aparecen e interactúan en el presente del sueño [ver: Significado de soñar con alguien que está muerto]

Las cosas más extrañas que suceden en nuestros sueños generalmente están relacionadas con la cognición disyuntiva, cosas que, a la luz del día, nos parecen tan decididamente bizarras que no podemos creer que no nos hayamos dado cuenta que estábamos soñando. De hecho, a nuestra mente conciente le resulta tan difícil descifrar estos códigos simbólicos que muchas veces ni squiera puede aproximarse del todo al argumento y a la continuidad de un sueño determinado, generando baches enormes en la memoria y la sensación de que el recuerdo del sueño, o de uno de sus aspectos más importantes, se agita en la punta de la lengua, pero no podemos desbloquearlo. Por eso rara vez sabemos cómo empiezan y terminan nuestro sueños [ver: Cómo empiezan y terminan realmente nuestros sueños]

Ahora bien, ¿cómo puede ser que, en un sueño, sepamos que tal o cual personaje es nuestra madre [o nosotros mismos, por tal caso] si no parecen serlo físicamente? La forma en que este hipotético soñador vio a su madre en sueños, con el aspecto de otra mujer, pero sabiendo que es su madre, expresa una mirada desde el punto de vista emocional, y puede reflejar simbólicamente el tipo de relación que tenía con su madre o consigo mismo.

Es muy interesante como estos fenómenos oníricos se transformarían en un verdadero problema en la vida real, como el Síndrome de Capgras, por el cual una persona puede sentir que un pariente cercano es en realidad un impostor. Las características del familiar son reconocibles, pero la identidad de la persona no. En los sueños esto suele ser frecuente, y no constituye ni siquiera una señal de alerta que nos indique que estamos soñando.

En general, los sueños extraños tienen una función. Usan argumentos bizarros y efectos desconcertantes para hacernos recordar y enfocar nuestra atención en algo que hemos estado bloqueando. Y cumplen esa función con mucha eficiencia, tanto es así que todos podemos recordar nuestros sueños extraños, pero interpretarlos y comprenderlos puede resultar un poco más complicado [ver: 10 patrones universales para entender tus sueños y pesadillas]

Algunos de los sueños extraños más comunes incluyen la caída de dientes [temor a envejecer o la muerte], caídas [pérdida de confianza o amenaza a la seguridad] y desnudez pública [sentimientos de vulnerabilidad o exposición]. Estos son ejemplos de sueños arquetípicos que atraviesan a todas las culturas y personas. Otros, sin embargo, son mucho más personales; reflejan los pensamientos y sentimientos subyacentes del soñador; de manera tal que su extrañeza está teñida de estos factores personales.

El caracter personal de los sueños hace que sea muy difícil dar una explicación genérica, más allá de los arquetipos. Por ejemplo, los objetos y personas de la vida cotidiana bien pueden transformarse en símbolos dentro de un sueño, pero su significado varía de persona en persona. Pensemos en un tigre soñado. Seguramente tendrá un significado muy distinto para un veterinario que trabaja en un zoológico que para un niño o un carpintero. Es solo al examinar cada elemento del sueño y buscar paralelos entre asociaciones que podemos descifrar su significado.

Si últimamente has tenido uno de estos sueños extraños, incluso si inicialmente no tiene sentido para ti, es importante que medites en él. Deja que permanezca en tu consciencia. No te aferres a él, tratando de preservar sus detalles. Pero tampoco lo dejes escapar. Lo que quede en tu memoria es lo único importante, porque ese es el mensaje que el sueño está tratando de darte [ver: Aprender a recordar tus sueños]

Si bien aquí estamos hablando de sueños inconfesables, aquellos que nos avergüenzan tanto que no nos atrevemos a comentárselos a alguien más, también hay que decir que una de las formas más eficientes de entender el significado de un sueño es contándoselo a otra persona. A menudo somos ciegos a nuestros propios problemas y asociaciones, pero alguien más puede ver las cosas objetivamente. Otra manera de abordar el significado de un sueño, sobre todo si es un sueño extraño, es pensar él como si cada aspecto, cada objeto y persona que aparece en él, fuera una parte tuya. Entonces podemos observar con más detenimiento qué podría estar tratando de decirte sobre tí mismo.

Los sueños extraños a veces nos distraen con cuestiones espectaculares o simplemente aterradoras, lo cual puede hacernos cambiar el enfoque cuando queremos interpretarlo. Para evitar poner el acento en aspectos secundarios podemos resumir el sueño en una serie de palabras, asociaciones y dobles sentidos. Es un ejercicio simple y muy eficaz: esencialmente debes resumir lo que recuerdas de tu sueño extraño en cinco palabras o menos. Supongamos que soñamos que estamos en casa, con nuestra familia, y de repente vemos que un intruso cruza la sala de estar y entra al baño con absoluta normalidad. Bien, aquí podríamos resumirlo del siguiente modo: hogar [seguridad], familia [afectos], intruso [amenaza], baño [intimidad]. Todos estos elementos tienen su importancia para el soñador, y si este los analiza de este modo seguramente podrá interpretar el mensaje [ver: Dreamwalking: cuando alguien extraño entra en tus sueños]

Claro que hay sueños más extraños que este, mucho más extraños, tanto que ni siquiera se los contaríamos a nuestro psicoanalista; sueños tan extraños que hasta qusiéramos nunca haberlos tenido, y mucho menos tener que recordar y pensar en ellos. Sin embargo, omitir este tipo de sueños puede volverlos sueños recurrentes, precisamente porque no estamos captando el mensaje que nuestro subconsciente está tratando de enviarnos [ver: ¿Por qué siempre sueño con la misma persona?]

A nuestro subconsciente no le importan demasiado los argumentos. No está tratando de contarnos una historia, sino enviarnos un mensaje, y para hacerlo lo coloca en un contexto [a veces incluso en segundo plano], que bien podemos malinterpretar como una narrativa. Sin embargo, nuestra mente consciente sí puede descubrir estos patrones y asociaciones aparentemente ilógicas que conducen, eventualmente, a la resolusión del misterio. En definitiva, analizar un sueño extraño es como resolver un problema.

Entonces, ¿por qué tenemos sueños extraños a veces?

Gran parte del procesamiento de la memoria ocurre durante el sueño, donde el cerebro está archivando nuevos recuerdos, decidiendo cuáles almacenar y cuáles descartar. Para eso, revisará todos esos archivos [a veces los que acabas de subir, y otros realmente viejos], tratando de encontrar algo útil. ¿Útil? ¿Útil para qué? Bueno, útil en términos de recuerdos asociados que sean relevantes para eventos recientes en tu vida. Durante este repaso, los centros emocionales están activos, mientras que las partes del cerebro responsables del pensamiento lógico están menos activas. Por lo tanto, tendría sentido que los recuerdos que usa el cerebro durante el sueño estén cargados emocionalmente y completamente desprovistos de una narrativa lógica [ver: Sueños que no son sueños: el pozo más profundo de tu subconsciente]

Los sueños extraños nos dejan sintiéndonos un poco inquietos y anhelando una explicación. El problema es que no solo el significado del sueño es importante, sino también el proceso de unir las piezas del rompecabezas. A nivel superficial podemos asumir que un sueño no tiene sentido y descartarlo como una tontería, sin embargo, eso también implica descartar un mensaje subyacente que puede ser muy valioso. Darle la espalda a un sueño extraño solo seguirá alimentando el volumen de esos aspectos de nosotros mismos que el subconsciente está tratando de llevar a la superficie.

Los sueños extraños son siempre, en todos los casos, sueños vívidos, a veces solo inusuales y otras alarmantes. El hecho de que tengas un sueño extraño y aterrador no significa que estés haciendo algo mal, tampoco que vaya a ocurrirte algo malo. Significa que estás pasando por una situación difícil, una situación que, a veces, no estás experimentando conscientemente durante el día. Todo lo que tu cuerpo y tu cerebro recogen se manifiesta en tus sueños, solo que nuestro subconsciente tiene una forma muy extraña de retratar estas experiencias [ver: ¿Por qué no recordamos nuestros sueños?]

Generalmente los sueños extraños están relacionados con algún tipo de disociación. Una de las formas en que lidiamos con un momento difícil, angustiante, es disociándonos de él; y la disociación siempre requiere mucha energía. Es normal que la persona se sienta más cansada que de costumbre [es importante reconocer ese tipo de fatiga]. También hay mucha ansiedad, mucha ira, y todo eso puede contribuir a tener sueños extraños muy vívidos. Lo más importante aquí es no darles la espalda. Hay que meditarlos, comentarlos con alguien de confianza o con un profesional; eso nos obliga a sacarlos de su contexto, la mente, y ponerlos en palabras, las cuales bien pueden brindarnos asociaciones que nos acerquen a su verdadero significado.




Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


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El artículo: Significado de los sueños más extraños fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción y consultas escríbenos a elespejogotico@gmail.com

¿Qué significa cuando alguien sueña contigo?


¿Qué significa cuando alguien sueña contigo?




Tu subconsciente a menudo se divierte mucho al ponerte en algunos escenarios realmente extraños en tus sueños, ¿pero qué ocurre con las personas que hacen un cameo en esas aventuras oníricas? O mejor aún, ¿qué ocurre cuando tú apareces en los sueños de alguien más? [ver: ¿Soñar con alguien significa que esa persona nos extraña?]

Cuando alguien me dice que ha soñado conmigo siempre tengo la sensación de que no me están contando toda la historia, solo lo suficiente. Entonces, ¿qué significa cuando alguien sueña contigo? [ver: Cómo comunicarse con alguien a través de los sueños]

Vistos a la luz de la razón, los sueños parecen impredecibles, y a veces inverosímiles, pero incluso las peores pesadillas son el resultado de algo o alguien en tu vida real, lo cual, por supuesto, puede ser un poco perturbador si lo racionalizamos demasiado. El subconsciente procesa emociones muy reales y, la mayoría de las veces, genera mundos completamente nuevos y puramente fantásticos a partir de una conversación de cinco minutos, un pensamiento fugaz o un encuentro casual. Y si los propios sueños suelen dejarnos bastante perplejos, más extraño todavía es entender porqué alguien más ha soñado con nosotros [ver: Mi novio y yo soñamos el mismo sueño]

Este tipo de sueños puede explicarse de varias maneras. La más simple, y tal vez la más probable en la mayoría de los casos, es que hayas pasado mucho tiempo últimamente con esa persona que soñó contigo, o que hayas tenido una interacción significativa con ella, y la impresión obviamente se quedó grabada en su mente. Entre otras funciones, los sueños son una herramienta para que nuestro cerebro procese las emociones, por lo que cualquier emoción que esté vinculada a una relación o conexión individual, es decir, a una persona en particular, puede hacer que esta aparezca en los sueños [ver: Si dos personas tienen el mismo sueño, ¿sigue siendo solo un sueño?]

Ahora bien, también puede suceder que alguien a quien no has visto ni hablado en años sueñe contigo, aunque en este caso es probable que nunca te enteres. Es muy común soñar con alguna expareja, un amigo de la infancia, etc., pero rara vez la persona reestablecerá el contacto solo para contarte el sueño que ha tenido contigo. Además, salvo en los casos de los sueños telepáticos, la única forma de saber si alguien soñó contigo es cuando esa persona decide contártelo, y aun así solo nos enteraríamos de un porcentaje relativamente bajo de nuestros cameos en producciones oníricas ajenas [ver: Saber si alguien soñó contigo]. Algunos sueños son simplemente demasiado incómodos, y hasta perturbadores, como para andar confesándoselos a nuestros ocasionales visitantes nocturnos.

También puede ocurrir que una persona sueña contigo sin siquiera haber pensado conscientemente en tí. Aquí entran a jugar las asociaciones: una canción, un perfume, una película, básicamente cualquier cosa que la otra persona asocie inconscientemente contigo, puede resultar en una visita onírica. En otras palabras, cuando alguien sueña contigo nunca es una coincidencia, ni algo azaroso [ver: Cuando alguien extraño entra en tus sueños]

Cuanto más involucrado estés en la vida de alguien, ya sea presencialmente o en sus recuerdos, más probable aparezcas en sus sueños en algún momento u otro. Lo curioso, sin embargo, es que lo que tu subconsciente considera como «involucrado», lo cual no necesariamente significa cercanía real. Es posible que alguien te vea habitualmente en su viaje diario al trabajo, nunca decirte una palabra, y termines siendo la atracción principal de su sueño. Además, el hecho de que alguien sueñe contigo no significa que esta persona te valore positivamente. Bien podrías aparecer como el monstruo en sus sueños [ver: ¿Se pueden hackear los sueños?]

Los sueños son un reflejo de las emociones de la vigilia, por lo que incluso si alguien te dejó la más mínima impresión, algo acerca de él o ella depertó tu interés, tu curiosidad, o tu desprecio, puede aparecer en tu sueño. La persona que está soñando contigo generalmente tratará de modificar su relación contigo, quiero decir, puede soñar sobre cómo le gustaría estar asociada contigo, o alejada. Por ejemplo, digamos que hay alguien en el trabajo que realmente te admira, pero que no te conoce tan bien. Esta bien puede soñar con ser tu amiga; o, en caso de detestarte a pesar de no conocerte bien, puede satisfacer sus fantasías homicidas contigo [ver: ¿Se puede entrar en los sueños de otra persona?]

Cuando apareces en el sueño de alguien que conoces bien, incluso de alguien con quien has tenido o tienes una buena relación, como un amigo o una pareja, claramente se relaciona con los sentimientos que tiene por ti, ya sean positivos o negativos. En cierto modo, eres lo suficientemente valioso [o detestable] para su psique como para que sueñe contigo [ver: Ataques astrales: exparejas que aparecen en sueños]

Cuando soñamos con otra persona casi siempre se trata de nosotros mismos. Esa persona [por ejemplo, tú, en el sueño de alguien más] representa algo en nuestro carácter o una situación real de la vida que estamos experimentando en ese momento, proyectada sobre ciertos atributos o defectos del otro. La pregunta principal aquí sería ¿Qué piensa la persona que sueña contigo? En este punto no podemos dar una respuesta concreta, porque lo más probable es que esa persona te comente que ha soñado contigo y, acto seguido, describa un sueño agradable [aunque no demasiado, para no enviar señales equivocadas], y no mucho más. Los aspectos oscuros de este tipo de sueños generalmente no se comentan, a veces por pudor, otras porque revelaría demasiado del propio soñador [ver: Cuando dos personas sueñan lo mismo]

Así como las pesadillas no siempre son lo que parece, y se ocupan principalmente de nuestros miedos, casi siempre de forma exagerada para llamar nuestra atención, los sueños son mensajes mucho más sutiles, casi imperceptibles la mayoría de las veces, para nosotros mismos. Si no escuchamos el mensaje, si no lo procesamos adecuadamente, es probable que se repitan hasta que el conflicto que los originó en primer lugar se resuelva [ver: 10 patrones universales para entender tus sueños y pesadillas]

Ahora bien, hay algunas preguntas que puedes hacer si alguien te comenta que ha soñado contigo: ¿Cómo se sintieron por ti en el sueño? ¿Que estabas haciendo? ¿Los estabas lastimando de alguna manera? ¿Les estabas ayudando? Lo más probable es que encuentres algunos detalles extraños, pero no te preocupes, es el subconsciente de la otra persona utilizándote para proyectar sus propias cuestiones. De todos modos, presta mucha atención a esos detalles, ahí están las respuestas. Por ejemplo, algo que haces físicamente en un sueño puede simbolizar algo que hiciste verbalmente a esa persona. Hay mucho simbolismo en los sueños y no siempre podemos tomarlos literalmente. Cuando tienes un mal sueño con alguien, ¿se lo dices? Como regla general, no; por eso si alguien te cuenta que soñó contigo posiblemente sea un sueño donde quedas bien parado.

El mayor error que se comete al interpretar los sueños es confundir a la persona del sueño con la persona real. Lo que la persona soñada representa son cualidades y actitudes, a veces afines, a veces opuestas, pero que nunca deben ser tomadas literalmente. Es decir que si alguien soñó que te besaba no significa necesariamente que quiera besarte o tener una relación sentimental contigo [ver: Significado de soñar con besar a alguien]. Cuidado con este tipo de interpretaciones. En este caso, el beso podría representar un acercamiento más íntimo con los aspectos que la otra persona valora de ti, o con su costado femenino o masculino, representado en tu figura. Todos tenemos un lado masculino y un lado femenino, y estos suelen aparecer en los sueños representados en una persona externa conocida.

¿Qué significa si alguien tiene un sueño recurrente contigo? En pocas palabras, ciertos aspectos de tu personalidad se presentan en sus sueños como un patrón [ver: ¿Por qué siempre sueño con la misma persona?]. Es probable que esa persona necesite resolver algo. Puede ser contigo, o con lo que representas para ella. No me refiero aquí a lo que la otra persona dice que representas para ella, sino a lo que realmente siente, y a veces estos conflictos fluyen subconscientemente, de manera tal que ni siquiera ella tendrá una idea clara, o aproximada, de por qué siempre sueña contigo.

Además, los sueños recurrentes no solo repiten a las mismas personas, sino líneas argumentales bastante definidas. Esto se repetirá hasta que la persona capte el mensaje.

Algo que sucede habitualmente cuando inicias una nueva relación es empezar a soñar con tu expareja. Quizás te preguntes: ¿por qué estoy soñando con mi ex cuando ya no me interesa? La razón es que podrías estar recordando un viejo patrón de comportamiento que empieza a repetirse en la nueva relación. Entonces, asegúrate primero de analizar los sentimientos del sueño, y luego los eventos que se produzcan en él. Estos sentimientos e imágenes te proporcionarán la clave del mensaje [ver: Significado de soñar con tu primer novio]

Nada de todo esto necesariamente tiene sentido dentro del sueño. De hecho, cada sueño es una conexión con una parte de ti mismo, elegida para ser experimentada por ti, con el propósito de integrar todo lo que se ha fragmentado de alguna manera. Incluso si el sueño te parece completamente extraño, tiene una función y un objetivo.

Los cambios en la vida, desde los más pequeños a los más significativos, impactan poderosamente en los sueños. Volvamos al ejemplo anterior: digamos que empiezas una nueva relación, y pronto, cada sueño que recuerdes estará conectado a una o varias relaciones pasadas. Es como si tu subconsciente, ante el cambio que supone empezar una relación, comience a enviarte mensajes vinculados con experiencias anteriores para que aprendas de ellas y no cometas los mismos errores. Los sueños no vienen de otro lugar y entran en tu cuerpo. Son tus creaciones, y su función es conectarte contigo mismo.

Ahora bien, volviendo a la pregunta de este artículo, es imposible decir qué significa cuando alguien sueña contigo más allá de lo que ya hemos dicho. Cada sueño tiene sus reglas internas, precisamente porque cada persona tiene sus propios patrones mentales y condicionamientos. Sin embargo, como ya hemos dicho, la clave está en los detalles, y es probable que si alguien tiene sueños contigo y decide contártelos, esté abierta a recordar otros detalles secundarios que no había prestado atención originalmente.

No creas ni por un segundo que el soñador no puede responder ninguna pregunta sobre sus sueños. Solo recuerdo esto, puede decir, pero si haces las preguntas correctas es mucha la información que puedes obtener. No intentes ser demasiado directo, más bien hay que acercarse al problema lateralmente. ¿Dónde estábamos en el sueño? ¿Había alguien más? ¿Cómo te sentiste? ¿Qué estaba haciendo yo en tu sueño? Preguntas como estas, aparentemente circunstanciales, pueden destrabar aquello que el soñador no recuerda, o que no quiere recordar.

Si alguien te dice que ha soñado contigo pero que no recuerda nada, absolutamente nada del sueño, puedes hacer una jugada interesante y decirle que esta noche volverá a soñar contigo. Lo más probable es que lo haga, porque el simple hecho de no recordar el sueño significa que no ha captado el mensaje que su subconsciente le está enviando, de modo tal que este se repetirá, quizás no exactamente, pero ciertamente volverás a aparecer en su sueño.




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