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Sueños Prelúcidos: lo que soñamos antes de soñar

Sueños Pre-lúcidos: lo que soñamos antes de soñar.



En 1968 la psicóloga e investigadora Celia Green publicó: Sueños lúcidos: la paradoja de la conciencia durante el sueño (Lucid Dreaming: The Paradox of Consciousness During Sleep), un estudio sobre ese habitual estado onírico en el cual el soñador se da cuenta que está soñando.

Allí también introdujo el término Sueños Prelúcidos para describir un estado peculiar del sueño donde el sujeto duda sobre la realidad que está experimentando, sin llegar a concluir que se trata de un sueño, una pesadilla, o la realidad.

Los Sueños Prelúcidos son habituales durante las fases del sueño más cercanas a la vigilia y en cierta forma podrían alinearse dentro de la filosofía existencialista, cuya propuesta principal señala la posibilidad de que la realidad sea una ilusión, un sueño.

En todos los Sueños Prelúcidos el sujeto se formula la siguiente pregunta:

¿Estoy soñando?

La respuesta, naturalmente, no siempre es la misma. No es extraño que el sujeto se convenza de cualquiera de las dos posibilidades, a menudo dentro de un mismo sueño.

El fenómeno del Sueño Prelúcido surge de forma espontánea. Ocurre como mecanismo de defensa de la propia consciencia al verse enfrentada con un hecho onírico que no desea experimentar, es decir, cuando el Inconsciente se dispone a liberar impresiones antes de que los mecanismos represivos de la Consciencia se cierren del todo.

Lo verdaderamente extraño de los Sueños Prelúcidos es que tanto la conciencia como el inconsciente batallan por absorber al sujeto hacia su propia realidad.

Podemos imaginar la estructura del Sueño Prelúcido como una película que empieza antes de que se apaguen las luces del cine, en otras palabras, antes de que las luces de la conciencia se cierren, permitiéndonos advertir subrepticiamente el entramado propio de los sueños.

En este escenario la mente consciente intentará probar que todo se trata de un sueño, en general, empleando la lógica; mientras que el inconsciente liberará impresiones agradables para que la pregunta no llegue a convertirse en certeza.

Ahora bien, dentro de los Sueños Prelúcidos el soñandor solo manifiesta incertidumbre, no la certeza de que está soñando, como ocurre con los Sueños Lúcidos, sin embargo, lo más habitual es que se convenza de que está soñando y que puede seguir soñando sabiendo que nada de todo lo que experimenta es objetivamente real. Una paradoja realmente.

Celia Green sostiene que los Sueños Prelúcidos son una luz de alerta de la consciencia cuando ésta advierte el advenimiento de una pesadilla, es decir, el desplazamiento desde un sueño normal hacia uno particularmente aterrador. 

En otras palabras: un mecanismo de defensa que nos pone en guardia frente a las tensiones de la pesadilla.

Los Sueños Prelúcidos se relacionan estrechamente con otro fenómeno cognitivo, la Experiencia Aparicional, el arma secreta de la conciencia.

Durante estos episodios el sujeto percibe la presencia de algo o alguien cercano a él, no necesariamente orgánico ni fantasmagórico, sino simplemente una presencia opresiva que logra arrancarlo del estado de sueño y, en consecuencia, de aquellas impresiones inconscientes que no desea enfrentar.

En general, el fenómeno va acompañado de sensaciones que se repiten en casi todos los casos: la impresión de que algo o alguien está en la habitación, o incluso dentro de la cama; que alguien nos respira sobre el rostro, que alguien nos llama.

La sensación de horror súbito que emerge de esa experiencia tiene un propósito claro: evitarnos el desagradable encuentro con una pesadilla, algo que cuanto menos resulta paradójico ya que para muchos la verdadera pesadilla comienza al despertar, tal como lo sostuvo el neurólogo y sobreviviente de Auschwitz, Viktor Emil Frankl:

Nunca olvidaré una noche en la que me despertaron los gemidos de un compañero prisionero que se estremecía en sueños, víctima de una pesadilla. Quise despertarlo pero de pronto retiré la mano con la que iba a sacudirlo. Me paralicé. Comprendí que ninguna pesadilla, por horrible que fuera, podía ser tan horrorosa como la realidad a la que estaba a punto de traerlo.




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