¿Qué pasa si morís en un sueño?


¿Qué pasa si morís en un sueño?




De todos los sueños posibles, hay uno capaz de perturbarnos mucho más que cualquier otro: soñar con nuestra muerte.

Al parecer, esto ocurre más a menudo de lo que pensamos. De hecho, hay investigadores que sostienen que cuando no recordamos un sueño, pero de todas formas sentimos que ha sido distinto a los demás, más inquietante, probablemente hayamos soñado con nuestra muerte.

En este sentido, las pesadillas que nos hacen despertar con un sobresalto serían aquellas en las que, literalmente, morimos en el sueño.

Los sueños de muerte, bajo cualquier máscara que ésta decida asumir, son francamente aterradores. Lo más habitual, sin embargo, no es soñar con nuestra propia muerte, sino soñar con alguien que está muerto, por ejemplo, o bien soñar con la Muerte en persona, a menudo enmascarada pero en ocasiones fielmente representada con su hábito tradicional, o incluso soñar con matar a alguien.

Es curioso que, frente a cualquiera de estas representaciones oníricas, no pensemos que realmente puedan manifestarse en la realidad. Es decir, si soñamos con un demonio o un monstruo que nos persigue, difícilmente creamos que algo así puede ocurrir en la vigilia. No obstante, si soñamos con morir, es posible que, al despertar, el sujeto sienta que quizá su fin no está demasiado lejos.

Lo cierto es que los sueños en los que morimos no son sueños premonitorios.

Ahora bien, para entender los sueños de muerte es importante establecer que la muerte, en sueños, siempre representa un cambio, una transformación. Estos sueños suelen tener lugar en etapas agitadas de la vida, ya sea en términos laborales, familiares, sentimentales o espirituales.

En este sentido, la muerte simboliza el cambio, es decir, algo que ha muerto, que está en el pasado, y que nos obliga a seguir adelante.

No necesariamente indica un cambio negativo, o mejor dicho, un cambio que podría producirnos algún grado de tristeza, como puede serlo una separación o un divorcio; sino también cambios claramente positivos; como la obtención de un mejor trabajo o una mudanza a un lugar más grande y cómodo.

En ambos casos, los grandes cambios en la vida suele producir sueños de muerte.

Dicho esto, es importante aclarar que no todos los sueños de muerte son iguales.

Lo más habitual es soñar con un accidente o tener un sueño de caída libre, por ejemplo; pero también puede ocurrir que alguien más, visible o no, nos mate en el sueño, desde luego, simbólicamente.

Tampoco es extraño que, en el sueño, asistamos a nuestro propio entierro, o que alguien más —que de hecho está muerto realmente— nos informe que hemos fallecido.

En resumen: morir en un sueño, en cualquiera de sus formatos, significa que una parte tuya ha muerto.

Y aquello que ha muerto, es decir, que ha terminado en el plano objetivo, generalmente tiene relación con las etapas de transición de las que hablábamos anteriormente.

De ahí que sea tan importante identificar las circunstancias en las que se muere en el sueño para entender de qué se trata; es decir, para comprender qué aspecto, hábito o situación ha muerto, metafóricamente, en la vida real.

Claro que los sueños no siempre ocurren en el momento exacto de esas transiciones, pero en líneas generales se puede afirmar que aquello que muere en sueños, es decir, aquello que se ve representado en una muerte, propia o ajena, ya no es parte de tu vida.

Nunca sabemos verdaderamente cuándo empiezan y terminan nuestros sueños, pero sí sabemos que los sueños de muerte suceden cuando los cambios que han afectado nuestra vida ya han sido asumidos por el inconsciente. La muerte real de un ser querido, por ejemplo, o una ruptura sentimental, rara vez producen este tipo de sueños antes de que tales pérdidas hayan sido asumidas como algo irreversible.

Desde ya que resulta difícil formular estas interpretaciones inmediatamente después de tener un sueño en el que hemos muerto, o cuyos hechos sean especialmente perturbadores, como el fallecimiento de alguien joven. Pero lo cierto es que, tomando como referencia este último ejemplo, esa es la forma en la que nuestros sueños reflejan la muerte de nuestra inmadurez, entre un sinfín de ejemplos más.

También es justo decir que el proceso puede transcurrir de forma inversa, es decir, cuando algo parece lógico en sueños, hasta que despertamos. Recién entonces advertimos que nuestra propia muerte, en realidad, conforma una situación mucho más aterradora de lo que parecía mientras soñábamos.

Algunos investigadores sostienen que este tipo de sueños de muerte son parte de nuestra herencia genética. De hecho, la muerte es algo que también sueñan los gatos, perros, y prácticamente todos los mamíferos sociales.

¿Por qué?

Por la misma razón por la cual los depredadores sueñan que cazan, y las presas —como el ser humano, en algún momento de su etapa evolutiva— sueñan que son perseguidos.

En síntesis: no hay muertos que se comuniquen en sueños desde el más allá para anunciar funestos designios, ni soñar con morir implica que vayamos a morir realmente; al menos no en lo inmediato.




Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


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