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¿Se puede entrar en los sueños de otra persona?


¿Se puede entrar en los sueños de otra persona?




Cuando hablamos de «entrar en los sueños de otra persona» nos sumergimos en el misterioso terreno de los sueños compartidos; es decir, sueños en los que dos o más personas experimentan las mismas situaciones y escenarios oníricos, algo similar a lo que ocurre en las películas Inception y The Matrix.

Dada la complejidad del cerebro, semejante grado de sincronización entre dos individuos parece casi imposible; sin embargo, en ese casi subyace un enorme abanico de posibilidades.

Muchas personas han tenido sueños tan parecidos que es lógico considerar la posibilidad objetiva de que los sueños compartidos realmente existen. No obstante, en la mayoría de los casos estos sueños compartidos ocurren entre individuos cercanos emocional y físicamente, sobre todo al momento de dormir o en las horas previas.

La razón principal por la que dos personas sueñan lo mismo tiene que ver, cuándo no, con nuestro cerebro.

Si hay algo que a nuestro cerebro no le gusta en absoluto es despertar durante las fases críticas del sueño profundo. ¿Por qué? Sencillamente porque allí se establecen nuevas conexiones y se afirman recuerdos, cuestión que evolutivamente es de gran importancia. Podemos pensarlo como un sistema operativo que no puede apagarse mientras descarga actualizaciones.

El problema es que el cerebro sí puede desplazarse hacia la consciencia aún durante las fases críticas del sueño. Para reducir la tasa de rupturas con el sueño profundo el cerebro suele integrar los sonidos ambientales que nos rodean mientras dormimos. Por ejemplo, la alarma de un automóvil que suena en la calle mientras dormimos es asimilada por el cerebro e integrada a su fauna y flora onírica, quizás como el aullido de un perro o un estrepitoso ritmo musical.

Si dos personas que duermen escuchan los mismos sonidos es probable que los integren de la misma manera. La tasa de probablilidades aumenta si entre las dos personas existe un alto grado de afinidad intelectual, con lo cual responderían de formas similares frente a los mismos estímulos.

Esta explicación científica erradica la posibilidad de que entremos en los sueños de alguien más. Propone, en cambio, que dos cerebros pueden, bajo ciertas condiciones, soñar con escenarios muy similares.

De más esta decir que los incidentes cotidianos también tienen un tremendo impacto en el sueño. Si dos personas experimentan las mismas cosas durante el día también es posible que compartan el mismo sueño.

Existen, desde luego, otras posibilidades que sostienen la verosimilitud de entrar en los sueños de otra persona. Incluso existen teorías acerca de cómo hackear los sueños de alguien más.

Descartemos por un momento los sueños en el plano astral, ya que exigirían de nosotros un salto de fe. Los sueños, después de todo, incluso los sueños simulados, ocurren únicamente dentro de nuestro cerebro. Admitir la posibilidad de que es posible entrar en los sueños de los demás requiere la existencia de un vehículo, de un cable de comunicación, de un nexo entre dos cerebros que trabajan individualmente...

... salvo que nuestro cerebro no sea completamente nuestro.

Dos personas pueden soñar exactamente lo mismo porque todos los cerebros de la humanidad comparten los mismos patrones atávicos, es decir, los arquetipos de los que hablaba el psicólogo suizo Carl Gustav Jung.

¿Qué son los arquetipos?

Básicamente huellas indelebles, marcas en nuestra consciencia más profunda. No hablamos aquí de instintos, que de hecho pueden sobrevivir en la memoria muscular, sino de algo completamente distinto, maravilloso e inquietante.

Las imágenes arquetípicas son, en última instancia, los temas universales que vienen preocupando al cerebro humano desde que empezó a desarrollar su capacidad de razonamiento, es decir, de interrogarse a sí mismo acerca de cómo funciona la realidad.

Las imágenes arquetípicas están en todos lados: mitos, religiones, leyendas, novelas; y todos respondemos de una forma más o menos igual frente a ellas. Constituyen, en resumen, las ilustraciones del gran libro de la humanidad, llamado inconsciente colectivo.

Al momento de soñar nuestro cerebro elabora y construye imágenes a partir de nuestras vivencias, pero también selecciona patrones del inconsciente colectivo. De hecho, es imposible soñar sin utilizar al menos uno de los cuatro arquetipos principales: ánima, sombra, persona, sí-mismo.

Por eso los personajes que aparecen en nuestro sueños, aún cuando estén inspirados en personas reales, nunca se comportan del mismo modo que en la realidad; y hasta pueden parecer extraños y perturbadores.

Pensemos en arquetipos ancestrales como madre, padre, anciano, héroe, dios, muerte. Todos ellos aparecen constantemente en nuestro sueños pero rara vez racionalizados, es decir, teñidos con nuestra capacidad lógica, sino más bien desnudos, salvajes.

Cada vez que sueñas con tu madre también estás soñando con tu madre arquetípica. A recordarlo siempre.

Teniendo en cuenta que todos poseemos el mismo libro ilustrado de imágenes arquetípicas, es razonable suponer que dos personas con niveles intelectuales similares, así como afinidad en otros niveles de consciencia, sean capaces de observar la misma página al mismo tiempo.

Esto, naturalmente, no es igual a entrar en los sueños de otra persona, sino algo mucho más grande: compartir nuestros sueños con todos los seres humanos que viven o vivieron sobre la faz del planeta.

Semejante afirmación nos conduce inexorablemente a reformular nuestra pregunta original: ¿se puede entrar en los sueños de alguien más? En todo caso, deberíamos preguntarnos si es posible salir siquiera por una noche de los sueños de la humanidad.




Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


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