Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Edgar Allan Poe.
Relato de M.R. James.
Poema de Samuel Coleridge.

Frases de William Shakespeare.
Relato de Edgar Allan Poe.
Poema de Robert Herrick.


¿Por qué sueño siempre con la misma persona?

¿Por qué sueño siempre con la misma persona?



Tener sueños recurrentes con una ex pareja o personas conocidas, amigos, familiares, compañeros de estudio o trabajo, incluso con personas que ya han fallecido, es algo bastante común. 

¿Pero qué significa soñar siempre con una persona que no conocemos?

La respuesta es bastante simple, aunque suene perturbadora: la persona con la que sueñas no es desconocida.

Esta clase de sueños no se producen espontáneamente, así como tampoco se prolongan en el tiempo sin dejar una serie de pistas que podemos ir recogiendo para formarnos una teoría general de la verdadera identidad de nuestro visitante onírico.

Primero definamos al misterioso sujeto de nuestros sueños.

Por regla general, lo sentiremos simultáneamente como alguien conocido y desconocido. 

Su rostro, cuerpo y voz nos resultarán familiares, sin embargo, también percibiremos algo extraño en él, algo que no llegaremos a comprender pero que resulta un tanto inquietante.

Tampoco sentiremos el horror ciego e inexpresivo de las pesadillas, sino un miedo ligero que nunca se aquieta del todo; una intranquilidad, una ansiedad, que parece inexplicable ya que la persona desconocida de nuestros sueños siempre se muestra amable, cálida y comprensiva.

El origen de todos los sueños recurrentes con una misma persona desconocida se genera del mismo modo: con un sueño erótico.

No importa realmente que en ese sueño erótico hallamos o no compartido una aventura con la persona desconocida; de hecho, lo más probable es que no relacionemos nuestros sueños eróticos con ella.

Sin embargo, se trata de la misma persona, por eso lo percibimos como alguien conocido y desconocido a la vez.

La psicología define a los sueños como la expresión de un deseo insatisfecho, a veces inconfesable e indescifrable para la mente consciente, que es ejecutado por el inconsciente.

En este sentido, TODOS LOS PERSONAJES DE NUESTROS SUEÑOS son proyecciones de nuestra mente con una función clara: conducir el desarrollo de aquel deseo para su completa satisfacción, desde luego, simbólica, en el mundo de los sueños.

Es por eso que los personajes de nuestros sueños cumplen roles muy específicos y nunca se alejan del guión predeterminado por el inconsciente.

Ahora bien, muy por debajo de los sustratos oníricos que tanto agradan a la psicología; incluso debajo de las alcantarillas del sueño y toda su prole de abominables criaturas fantásticas, es posible acceder a una clase de sueños completamente distinta: los sueños lúcidos.

Los sueños lúcidos son aquella clase de sueños en donde el soñador sabe que está soñando, aunque esto no ocurra en todos los casos. 

El sueño lúcido puede experimentarse sin tener conciencia de él, asumiendo las situaciones, personajes y circunstancias de la pieza onírica de forma natural y sin cuestionamientos ni intentos de alterarla.

Por regla general, podemos definir a nuestros sueños como una serie de hechos psicológicos que ocurren en el ámbito de nuestra mente, mientras que los sueños lúcidos, igualmente personales, pueden desplazarse hacia un ámbito colectivo: el plano astral.

Si el sueño lúcido nos conduce, por azar o voluntad, hacia las regiones del plano astral, encontraremos allí a otros soñadores, conscientes o no, y a otras criaturas no humanas que reptan sobre los estratos inferiores de esa realidad sutil, conocidas como larvas, gusanos o parásitos del plano astral.

Si las cosas ocurren de forma favorable, nuestra mente entrará en contacto con otros soñadores, es decir, con personas humanas que también han accedido al plano astral a través de los sueños lúcidos, e incluso con entidades desencarnadas benéficas, humanas o no.

No obstante, a veces los eventos se desarrollan de forma negativa, por impericia del soñador, negligencia, o simplemente por desconocer que está soñando.

No es inusual que nuestra mente encuentre sólidas afinidades en el plano astral. Es decir, que se comunique con otro soñador, al que percibiremos como un personaje más dentro de nuestro sueño. Si este personaje es, de hecho, otro ser humano que sueña, entonces difícilmente volvamos a verlo en nuestras representaciones oníricas, individuales o colectivas.

Si, por el contrario, el personaje de nuestros sueños regresa una y otra vez, se vuelve recurrente, entonces estamos en presencia de un ser desencarnado, o lo que es todavía peor, una criatura no humana del plano astral.

Tampoco es inusual que esta clase de encuentros terminen en lo que vulgarmente conocemos como sueño erótico, es decir, una transferencia de energía e imágenes que pueden llegar a ser verdaderamente placenteras.

Cuando el encuentro se produce con un igual, o con una entidad de orden superior, las sensaciones del sueño erótico resultan extremadamente gratificantes. 

Si, en cambio, se produce con una entidad no humana, o bien con una entidad desencarnada inferior, el placer estará presente pero nunca libre de cierto grado de inquietud y temor.

En estos casos, la entidad no humana no nos dejará tan fácilmente. 

No existe con ella una verdadera transferencia mutua de energía, sino más bien una especie de vampirismo psíquico en el que nosotros somos la presa; dejándonos en un despertar confuso, lleno de dudas e incertidumbre acerca de la identidad de nuestro misterioso visitante.

Para perpetuar estos ataques, que fácilmente pueden confundirse con sueños eróticos escandalosos, tan horribles que ni siquiera nos atreveríamos a confesárselos al más atildado confidente, las entidades no humanas asumen siempre la misma figura, las mismas facciones, la misma voz; en última instancia, se vuelven un personaje recurrente de nuestros sueños.

Desde luego, nuestra mente elabora una serie de mecanismos de defensa, pero la presencia del otro en nuestros sueños puede sentirse aún en su ausencia como un vago temor, la idea de que alguien ronda por allí, oculto, acechando.

Por absurdo que parezca, existen métodos para deshacerse de un personaje onírico, siempre que este corresponda al plano astral y no a nuestro repertorio de proyecciones inconscientes. 

La criatura no humana representará varios personajes, situaciones, e incluso puede aparecer enmascarado, difuso, hasta que nuestra mente logre exiliarlo para siempre de nuestros sueños. 

Este proceso puede durar mucho tiempo, dependiendo de la fuerza del soñador y su perseguidor.

En general, el final abrupto de estas visitas se produce en los sueños en los que algo o alguien nos persigue sin que podamos identificarlo realmente.

La otra forma, que solo deberán intentar aquellos que hayan experimentado con cierta regularidad los sueños lúcidos, es enfrentarse al ser y obligarlo a revelar su verdadera naturaleza. 

El proceso no será sencillo, ya que al haber compartido con él nuestras impresiones psíquicas conoce nuestros propios miedos y fantasías, incluso mejor que nosotros mismos.








Más literatura gótica:
El artículo: ¿Por qué sueño siempre con la misma persona? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Anónimo dijo...

hace muchos años empece a tener sueños lucidos, hasta que empece a practicar los viajes astrales. Desde los 15 comence a encontrarme recurrentemente con la misma persona que no habia visto jamas en el plano terrenal. Tenia sentimientos profundos hacia el, algo confuso entre el recelo, la admiracion u amor. Tiempo despues aparecio otra figura a la cual no puedo describir, aun asi se que es la misma presencia solo me quedaba una sensacion de bienestar al despertar y un recuerdo de un color amarillo al pensar en el. Me a ayudado a revelar la mascara de la primera entidad, tuve una batalla interior que me agoto por años. Es mas hoy que tengo 23 años ya no puedo acceder al mundo astral. De vez en cuando tengo sueños lucidos pero apenas duran unos instantes es como si hubiera sido betada del mundo astral o ya no tubiera la energia.