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Lafcadio Hearn: cuentos destacados


Lafcadio Hearn: cuentos destacados.




Lafcadio Hearn (1850-1904) fue un gran escritor británico que se enamoró perdidamente de la cultura del Japón. En este sentido, los cuentos de Lafcadio Hearn a menudo se introducen en las leyendas y costumbres de Japón, casi siempre desde lo fantástico, permitiéndonos de este modo disfrutar de una mirada singular sobre esta fascinante cultura.

En esta sección iremos reuniendo todos los cuentos de Lafcadio Hearn.




Cuentos de Lafcadio Hearn:
  • Diplomacia (Diplomacy)
  • El secreto de la muerta (A Dead Secret)
  • Jikininki (Jikininki)
  • Afrodita y el prisionero del rey (Aphrodite and the King's Prisoner)
  • Ante la Suprema Corte (Before the Supreme Court)
  • Chin Chin Kobakama (Chin-Chin Kobakama)
  • Chita (Chita)
  • Cuando yo era una flor (When I Was a Flower)
  • Cuentos de hadas japoneses (Japanese Fairy Tales)
  • El alma de la gran campana (The Soul of the Great Bell)
  • El beso fantasmal (The Ghostly Kiss)
  • El carbunclo del diablo (The Devil's Carbuncle)
  • El chico que dibujaba gatos (The Boy Who Drew Cats)
  • El cuento del dios de porcelana (The Tale of the Porcelain-God)
  • El cupido negro (The Black Cupid)
  • El extraño (The Stranger)
  • El gabinete de cedro (The Cedar Closet)
  • El inmortal (The Undying One)
  • El libro de Thoth (The Book of Thoth)
  • El nombre en la piedra (The Name on the Stone)
  • El pájaro y la chica (The Bird and the Girl)
  • El romance de la Vía Láctea (The Romance of the Milky Way)
  • El sueño de Akinosuké (The Dream of Akinosuké)
  • El sueño de un día de verano (The Dream of a Summer Day)
  • El Vómito (El Vómito)
  • En el cementerio (At the Cemetery)
  • En la fantasmagórica Japón (In Ghostly Japan)
  • En una taza de té (In a Cup of Tea)
  • Fantasmas de primavera (Spring Phantoms)
  • Fuera de Oriente: ensoñaciones y estudios en el Nuevo Japón (Out of the East: Reveries and Studies in New Japan)
  • Haikus japoneses (Japanese Lyrics: Haiku)
  • Japón: un intento de interpretación (Japan: An Attempt at Interpretation)
  • Karma (Karma)
  • Kokoro. Impresiones de la vida íntima del Japón (Kokoro: Hints and Echoes of Japanese Inner Life)
  • Kwaidan: Historias y estudios de extrañas cosas (Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things)
  • La camisa de Margarita Pareja (The Chemise of Margarita Pareja)
  • La fuente de oro (The Fountain of Gold)
  • La historia de Kwashin Koji (The Story of Kwashin Koji)
  • La historia de Mimi-Nashi-Hôïchi (The Story of Mimi-Nashi-Hôïchi)
  • La historia de O-Kamé (The Story of O-Kamé)
  • La historia de O-tei (The Story of O-tei)
  • La leyenda de Fugen-Bosatu (A Legend of Fugen-Bosatsu)
  • La leyenda de los duendes descabezados (Rokuro-Kubi)
  • La leyenda de Tchi-Niu (The Legend of Tchi-Niu)
  • La leyenda de Yurei-Daki (The Legend of Yurei-Daki)
  • La monja del templo de Amida (The Nun of the Temple of Amida)
  • La noche de Todos los Santos (The Night of All Saints)
  • La oficina de correos (The Post-Office)
  • La reconciliación (The Reconciliation)
  • Las palabras mágicas (The Magical Words)
  • La tradición de la planta de té (The Tradition of the Tea-Plant)
  • Mujina (Mujina)
  • Recuerdos hereditarios (Hereditary Memories)
  • Rokuro-Kubi (Rojuro-Kubi)
  • Sentido común (Common Sense)
  • Una historia de fantasmas (A Ghost Story)
  • Una leyenda (A Legend)
  • Una miscelánea japonesa (A Japanese Miscellany)
  • Un amor muerto (A Dead Love)
  • Sobre fantasmas y gnomos (Of Ghosts and Goblins)
  • Todo de blanco (All in White)
  • Un fantasma (A Ghost)
  • Vislumbres del Japón desconocido (Glimpses of Unfamiliar Japan)
  • Yuki Onna (Yuki Onna)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Lafcadio Hearn: cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

La leyenda de la mujer sin rostro


La leyenda de la Mujer sin Rostro.




Los fantasmas sin rostro son habituales en nuestros sueños, y tal vez por eso también en muchas leyendas alrededor del mundo. En la mayoría de los casos estas en entidades sobrenaturales sin cara son mujeres, difusas como una ráfaga de vapor.

Si bien actualmente se ha transformado en una leyenda urbana, los orígenes de la Mujer sin Rostro son realmente antiguos.

En primero en investigar y situar el verdadero origen de la Mujer sin Rostro fue nada menos que Lafcadio Hearn, gran erudito en el folklore y las tradiciones del Japón, que documentó la leyenda de Mujina, el fantasma sin cara, en su libro Kwaidan, de 1904, que en español significa algo así como "historia extraña".

Lafcadio Hearn relata la historia de un comerciante de Tokio, quien cierta noche se extravió en los senderos resbaladizos de Akasaka. Envuelto por el frío y la oscuridad, creyó ver a una mujer que lloraba desconsoladamente al lado del camino.

Le pareció que era joven y hermosa, aunque muy delgada. Su cabello, arreglado exquisitamente, daba cuenta de una noble posición. La mujer lloraba con el rostro hundido entre los pliegues de su fastuoso vestido, de rodillas, oscilando como una frágil hoja en medio de la tempestad.

El comerciante se detuvo y le ofreció su ayuda. Ella, sin embargo, no le respondió. Continuó su largo llanto, sus estremecimientos, sus oscilaciones. Desesperado frente a tamaña muestra de dolor, el comerciante le rogó que confiara en él, que le confesara la razón de su angustia.

Entonces, súbitamente, la mujer levantó la cabeza hacia él.

El llanto prosiguió, autónomo, como el lento gemido del viento; aunque no hubiese labios ni boca ni rostro que fuesen capaces de emitirlo.

Lafcadio Hearn comenta que el buen comerciante huyó despavorido por el canal de Kii-no-kuni-zaka, sin atreverse a mirar hacia atrás. Finalmente llegó hasta un refugio donde una anciana harapienta pasaba la noche a resguardo de la intemperie.

Sin aliento, el comerciante le narró una parte del extrañó acontecimiento, sin atreverse a ofrecer detalles que reaviven su propio horror. La anciana, espantosamente lúcida, advirtió el bache narrativo pero no insistió. En cambio, y acaso para aliviarlo, trató de tranquilizarlo mostrándole que ella tampoco tenía rostro.

Nada más nos informa Lafcadio Hearn acerca de la Mujer sin Rostro, pero sugiere, en un párrafo que es casi un murmullo, que es el propio llanto el que desfigura las facciones y que todas las mujeres alguna vez perdieron el rostro.

Solo algunas, por capricho del azar o voluntariosa pasión, fueron capaces de recuperarlo. No obstante, cuando el dolor regresa, cuando la desdicha que parecía olvidada resurge en las noches, accionada por una melodía, por un recuerdo, por una fragancia que insiste a pesar del olvido, incluso la mujer con la que compartimos el lecho se transforma repentinamente en una Mujina, en una hembra sin cara.




Más leyendas urbanas de terror. I Feminología: psicología de la mujer.


Más literatura gótica:
El artículo: La leyenda de la Mujer sin Rostro fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Cuentos para contar en la oscuridad»: libro y relatos.


«Cuentos para contar en la oscuridad»: libro y relatos.




Podemos pensar en una literatura diurna y otra que amplifica sus efectos en la oscuridad de la noche, cuando las lecturas se vuelven más reflexivas y menos ajustadas a los sobresaltos de lo cotidiano.

En esta colección de relatos de terror: Cuentos para contar en la oscuridad (Tales To Be Told in The Dark), se ha intentado dar cuenta de algunos ejemplos de historias típicamente nocturnas.





Cuentos para contar en la oscuridad.
Tales To Be Told in The Dark.




Antologías. I Relatos góticos.


El análisis y resumen del libro: Cuentos para contar en la oscuridad (Tales To Be Told in the Dark) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos eduardianos de terror.


Relatos eduardianos de terror.




Segunda antología sobre una era que sus editores insisten en imaginarla bajo una luz incierta: Pesadillas góticas II: relatos eduardianos y victorianos de terror (Gaslit Nightmares II: Victorian and Eduardian Tales of terror); obra que cierra otra magnífica colección de cuentos de terror: Cuentos desde un cementerio iluminado a gas (Tales from a Gaslit Graveyard).




Pesadillas góticas: relatos victorianos y eduardianos de terror.
Gaslit Nightmares II: Victorian and Edwardian Tales Of Terror.
  • Diplomacia (Diplomacy, Lafcadio Hearn)
  • El mensajero (The Messenger, Robert W. Chambers)
  • La casa de pesadillas (Nightmare House, Edward Lucas White)
  • La dama negra (La dame noire, Alejandro Dumas)
  • Un horror tropical (A Tropical Horror, William Hope Hodgson)
  • Bajo la luz de la lámpara roja (In the Light of the Red Lamp, Maurice Level)
  • El caballero oscuro (The Black Knight, Raymund Allen)
  • El cinturón de cuero de cerdo (The Pig-Skin Belt, Edward Lucas White)
  • El diario de la señora Rivers (Mrs. River's Journal, Perceval Landon)
  • El espíritu del fiordo (The Spirit of the Fjord, John C. Shannon)
  • El manuscrito del diablo (The Devil's Manuscript, S. Levett-Yates)
  • El misterio del tunel de Felwyn (The Mystery of the Felwyn Tunnel, L.T. Meade y Robert Eustace)
  • El prisionero de Marceau (Marceau’s Prisoner, Alejandro Dumas)
  • El rey de los babuinos (The King of the Baboons, Perceval Gibbon)
  • El terror nocturno (The Terror By Night, Lewis Lister)
  • El toque de pesadilla (Nightmare-Touch, Lafcadio Hearn)
  • El viejo Gervais (Old Gervais, Mrs. Molesworth)
  • La casa evanescente (The Vanishing House, Bernard Capes)
  • La extraña historia del priorato de Northavon (The Strange Story of Northavon Priory, Frank Frankfort Moore)
  • La mujer de la vela (The Woman with a Candle, W. Bourne Cooke)
  • La prueba (The Test, Maurice Level)
  • La sombra oscura (The Dark Shadow, Wirt Gerrare)
  • Los jinetes fantasma (The Phantom Riders, E.R. Suffling)
  • Mustafa (Mustapha, S. Baring Gould)
  • Un poco de amor (Un Peu D’Amour, Robert W. Chambers)




Antologías. I Relatos góticos.


El análisis y resumen del libro: Pesadillas góticas II: relatos eduardianos y victorianos de terror (Gaslit Nightmares II: Victorian and Eduardian Tales of terror) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Zombi: historias de los muertos andantes»: libro y relatos.


«Zombi: historias de los muertos andantes»: libro y relatos.




Los Zombies son una de las criaturas fabulosas que resulta más sencillo antologizar, aunque difícilmente aparezcan con este nombre. En la colección de relatos de terror de 1985: Zombi: historias de los muertos andantes (Zombie: Tales Of The Walking Dead) se reunen algunos de los mejores relatos de zombis, es decir, relatos de criaturas que se resisten tenazmente a permanecer dentro de sus ataúdes.






Zombi: cuentos de los muertos andantes.
Zombie: Tales Of The Walking Dead.
  • Jumbee (Jumbee, Henry S. Whitehead)
  • Ballet negro (Ballet Negre, Charles Birkin)
  • Cuando caminan los Zombis (While Zombies Walked, Thorpe McClusky)
  • El hombre hueco (The Hollow Man, Thomas Burke)
  • El país de los que regresan (The Country of the Comers-Back, Lafcadio Hearn)
  • El Zombi del Alto Paraná (The Zombie of Alto Parana, W. Stanley Moss)
  • La casa entre las magnolias (The House in the Magnolias, August Derleth)
  • La sal no es para los esclavos (Salt is not For Slaves, G.W. Hutter)
  • Los muertos que trabajaban en los cañaverales (Dead Men Working In The Cane Fields, William Seabrook)
  • Yo anduve con un Zombi (I Walked With a Zombie, Inez Wallace)
  • Zombi americano (American Zombie, Gordon Leigh Bromley)
  • Zombi blanco (White Zombie, Vivian Meik)




Antologías. I Relatos de zombis.


El análisis y resumen del libro: Zombi: cuentos de los muertos andantes (Zombie: Tales Of The Walking Dead) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos de cazadores de fantasmas


Relatos de cazadores de fantasmas.




No es fácil organizar una selección de relatos de cazadores de fantasmas y, por ejemplo, dejar afuera a los grandes del género; como el Padre Brown, el sacerdote detective creado por G.K. Chesterton, o Carnaki, el detective paranormal de W.H. Hodgson, John Silence, el detective psíquico de Algernon Blackwood, e incluso a A.C. Dupin, el estratega inventado por E.A. Poe, aunque con menor trayectoria en lo referente a lo sobrenatural. Sin embargo, esta antología de 1978, titulada: Relatos de cazadores de fantasmas (The Ghost Finders), de alguna forma se sale con la suya al agrupar otros ejemplos muy interesantes.






Relatos de cazadores de fantasmas.
The Ghost Finders.




Antologías. I Relatos de fantasmas.


El análisis y resumen del libro: Relatos de cazadores de fantasmas (The Ghost Finders) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos de terror olvidados


Relatos de terror olvidados.




Algunos relatos de terror se sostienen a lo largo del tiempo a causa de sus méritos; mientras que otros, igualmente meritorios, pasan a un olvido rápido y a menudo irreversible.

En esta antología de 1978, titulada: Relatos de terror olvidados (Forgotten Tales Of Terror), se reúnen algunos de estos cuentos de terror olvidados, historias que, a pesar de su valor, han sido desterrados del recuerdo.





Relatos de terror olvidados.
Forgotten Tales Of Terror.
  • La nave abandonada (The Mystery Of The Derelict, William Hope Hodgson)
  • El afligido por la luna (The Moon-Stricken, Bernard Capes)
  • El asesinato del muchacho jorobado (The Murder of the Hunchbaked Boy, C.D. Pamely)
  • El bungalow embrujado (The Haunted Bungalow, Charles Duff)
  • El cadáver del obispo Luis (The Cadaver of Bishop Louis, Frederick Cowles)
  • El espejo Chippendale (The Chippendale Mirror, E.F. Benson)
  • El miedo del lago (The Fear From the Lake, Oswell Blakeston)
  • El tercer ojo (The Third Eye, Robert W. Chambers)
  • La casa en el Rynek (The House on the Rynek, Dermot Chesson Spence)
  • La fallecida señora Fowke (The Late Mrs. Fowke, Amyas Northcote)
  • La reconciliación (The Reconciliation, Lafcadio Hearn)
  • Smeath (Smeath, Barry Pain)




Antologías. I Relatos góticos.


El artículo: Relatos de terror olvidados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Jikininki»: Lafcadio Hearn; relato y análisis.


«Jikininki»: Lafcadio Hearn; relato y análisis.




Jikininki (Jikininki) es un relato fantástico del escritor grecoirlandés Lafcadio Hearn (1850-1904), publicado originalmente en la antología de 1903: Kwaidan (Kwaidan).

Jikininki es, probablemente, uno de los mejores cuentos de Lafcadio Hearn de esta colección.





Jikininki.
Jikininki, Lafcadio Hearn (1850-1904)


Una vez, Musõ Kokushi, sacerdote de la secta zen que viajaba solo por la provincia de Mino, se perdió en una comarca montañosa donde no había nadie que lo guiara. Erró sin rumbo durante largo tiempo; y ya desesperaba de hallar refugio durante la noche, cuando vislumbró, en lo alto de una colina iluminada por los últimos rayos del sol, una de esas pequeñas ermitas llamadas anjitsu, que suelen construir los monjes solitarios. Aunque parecía estar derruida, Musõ se apresuró a acercarse a ella; descubrió que la habitaba un anciano monje, a quien rogó que le concediera alojamiento por esa noche. El anciano rehusó con hosquedad, pero le indicó a Musõ la situación de una aldea, en un valle próximo, donde hallaría alojamiento y comida.

Musõ se encaminó hacia la aldea, compuesta por menos de una docena de granjas; el jefe del villorrio lo recibió en su casa con suma afabilidad. A la llegada de Musõ había cuarenta o cincuenta personas reunidas en el aposento principal; a él lo guiaron hasta un cuarto pequeño y apartado, donde pronto le ofrecieron cama y alimento. Vencido por la fatiga, Musõ se acostó muy temprano; pero poco antes de medianoche su sueño se vio interrumpido por un llanto que provenía del aposento contiguo. Deslizáronse entonces las puertas correderas; y un joven, que llevaba una lámpara encendida, entró al cuarto, lo saludó con una reverencia y le dijo :

-Venerable señor, es mi penoso deber informaros que ahora soy el responsable de esta casa. Ayer no era sino el hijo mayor. Pero cuando vos llegasteis aquí, vencido por la fatiga, no queríamos incomodaros de ningún modo: no os anunciamos, pues, que mi padre había muerto hacía apenas unas horas. Aquellos a quienes visteis reunidos en el aposento contiguo son los habitantes de esta aldea; se han congregado aquí para rendirle al muerto un póstumo homenaje; y pronto se marcharán a otra aldea que dista tres millas de aquí, pues nuestra costumbre nos prohíbe permanecer en la aldea la noche que sucede a la muerte de alguien. Hacemos nuestras ofrendas, elevamos nuestras plegarias, y luego nos retiramos, dejando solo al cadáver. En la casa donde queda el cadáver suelen suceder cosas extrañas: pensamos, pues, que sería mejor que nos acompañarais. En la otra aldea hallaréis buen alojamiento. Aunque, quizá, siendo un sacerdote, no temáis a los demonios y a los espíritus malignos; y, si no os inquieta quedaros solo con el muerto, sois bienvenido a nuestro humilde hogar. No obstante, debo advertiros que nadie, salvo un sacerdote, se atrevería a pernoctar aquí.

Musõ respondió :

-Vuestras cordiales intenciones, así como vuestra generosa hospitalidad, merecen mi más profunda gratitud. Pero lamento que no me hayáis anunciado la muerte de vuestro padre en cuanto llegué, pues, aunque estaba algo fatigado, por cierto que no lo estaba al punto de hallar dificultades en cumplir con mis deberes sacerdotales. Si me lo hubierais dicho, habría administrado el servicio antes de que todos partieran. Así las cosas, lo administraré una vez que os retiréis, y permaneceré con el cuerpo hasta la mañana. Ignoro a qué os referís al mencionar el peligro que entraña quedarse aquí a solas; pero no temo a demonios ni espectros: os ruego, por tanto, que no abriguéis temor alguno por mi persona.

Estas declaraciones parecieron regocijar al joven, quien manifestó su gratitud con las palabras pertinentes. Después, los otros miembros de la familia, así como los aldeanos reunidos en el aposento contiguo, enterados de las promesas del sacerdote, acudieron a darle las gracias, y luego dijo el dueño de la casa :

-Ahora, venerable señor, aunque mucho deploremos dejaros a solas, debemos despedirnos. Las normas de nuestra aldea nos impiden quedarnos aquí después de medianoche. Os imploramos, amable señor, que en todo punto cuidéis de vuestro honorable cuerpo mientras no estemos aquí para serviros. Y si acaso oyerais o escucharais algo extraño durante nuestra ausencia, no olvidéis referírnoslo cuando regresemos por la mañana.

Todos dejaron la casa salvo el sacerdote, quien se dirigió al aposento donde yacía el cadáver. Habían depositado ante éste las habituales ofrendas; ardía un tõmyõ, una pequeña lámpara budista. El sacerdote recitó las correspondientes plegarias, ejecutó las ceremonias fúnebres, y entró luego en profunda meditación. Así permaneció durante varias horas; ni un sonido alteró la paz de la aldea desierta. Pero en lo más hondo de la nocturna quietud, una Forma, vaga y de gran tamaño, entró sigilosamente; y en ese mismo instante Musõ se vio privado del habla y el movimiento. Vio que la Forma se apoderaba del cadáver, como si tuviera manos, y lo devoraba con más rapidez que un gato al comer una rata; comenzó por la cabeza y luego prosiguió por partes: el pelo, los huesos y aun el sudario. Y esa Criatura monstruosa, tras consumir el cadáver, se volvió hacia las ofrendas y también las devoró. Luego se fue tan misteriosamente como había venido.

Los aldeanos, al regresar por la mañana, hallaron al sacerdote ante las puertas de la casa. Todos lo saludaron; y al entrar y mirar en torno, nadie expresó sorpresa alguna ante la desaparición del cadáver y las ofrendas. Pero el dueño de la casa le dijo a Musõ:

-Venerable señor, acaso hayáis visto cosas desagradables durante vuestra estancia: temimos todos por vos. Pero ahora nos place hallaros sano y salvo. De buena gana nos habríamos quedado, de haber sido posible. Pero las leyes de nuestra aldea, según os informé anoche, nos ordenan abandonar las casas después de un fallecimiento y dejar el cadáver a solas. Cada vez que se infringió esta ley, sobrevino una enorme desgracia. Cada vez que se la obedece, hallamos que el cadáver y las ofrendas desaparecen durante nuestra ausencia. Acaso hayáis visto la causa.

Entonces Musõ le habló de la Forma tenue y horrible que había entrado en la cámara mortuoria para devorar el cuerpo y las ofrendas. A nadie pareció sorprender esta narración; y el dueño de la casa señaló :

-Lo que nos acabáis de referir, venerable señor, coincide con cuanto se ha dicho al respecto desde antiguo.

Musõ entonces preguntó :

-¿El monje de la colina no suele realizar los servicios fúnebres para vuestros muertos?
-¿Qué monje ? -preguntó el joven.
-El monje que ayer por la noche me indicó esta aldea -respondió Musõ-. Llegué hasta su anjitsu, que está en la colina. Rehusó alojarme, pero me dijo cómo llegar aquí.

Todos se miraron entre sí con expresión atónita; y, tras un instante de silencio, el dueño de la casa declaró :

-Venerable señor, en la colina no hay monje ni anjitsu alguno. Hace muchas generaciones que ningún monje reside en esta comarca.

Musõ no dijo nada más al respecto, pues era evidente que sus amables anfitriones lo juzgaban víctima de alguna ilusión sobrenatural. Pero en cuanto se despidió, no sin procurarse la información necesaria para proseguir su camino, decidió buscar la ermita de la colina para confirmar si había sufrido o no un engaño. Halló el anjitsu sin dificultad; y esta vez el anciano lo invitó a acompañarlo. En cuanto Musõ entró, el eremita hizo una humilde reverencia y exclamó :

-¡Ah! ¿Vergüenza de mí...! ¿Gran vergüenza sobre mí...! ¡Terrible vergüenza sobre mí!
-No debéis avergonzaros por haberme negado alojamiento -dijo Musõ-. Me indicasteis la aldea vecina, donde fui recibido con suma amabilidad; y os agradezco ese favor.
-A nadie puedo ofrecer alojamiento -respondió el recluso-, y no es mi negación lo que me avergüenza. Me avergüenza que me hayáis visto en mi verdadera forma... pues fui yo quien devoró el cadáver y las ofrendas ante vuestros propios ojos... Sabed, venerable señor, que soy un jikininki, un devorador de carne humana. Compadecedme y permitidme confesar la secreta falta que me redujo a esta condición.

“Hace mucho, mucho tiempo, yo era sacerdote en esta desolada región. No había otro sacerdote en leguas a la redonda. De modo que, en esa época, los montañeses solían traer aquí los cuerpos de los que habían muerto (a veces desde parajes distantes) para que yo cumpliera con los servicios sagrados. Pero yo no cumplía estos servicios y no realizaba los ritos sino por afán de lucro; sólo pensaba en la comida y las vestimentas que podía obtener mediante mi sacra profesión. Y a causa de este impío egoísmo volví a nacer, inmediatamente después de mi muerte, como jikininki. Desde entonces estoy obligado a alimentarme de los cadáveres de la gente que muere en esta comarca: a todos debo devorarlos del modo que anoche presenciasteis... Ahora, venerable señor, permitidme que os ruegue que realicéis un sacrificio Ségaki para mí: ayudadme mediante vuestras plegarias, os lo imploro, para que no tarde en liberarme de esta espantosa existencia...”

En cuanto el eremita hizo esta solicitud desapareció; y también desapareció la ermita, en el mismo instante. Y Musõ Kokushi se halló a solas, de rodillas en el pastizal, junto a un sepulcro antiguo y enmohecido, con la forma que llaman go-rin-ishi, que parecía ser la tumba de un sacerdote.

Lafcadio Hearn (1850-1904)




Relatos de Lafcadio Hearn. I Relatos góticos.


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«Diplomacia»: Lafcadio Hearn.


«Diplomacia»: Lafcadio Hearn.




Diplomacia (Diplomacy) es un relato del escritor irlandés Lafcadio Hearn (1850-1904), publicado en la antología de 1903: Kwaidan (Kwaidan).

Diplomacia es considerado por la crítica como uno de los cuentos de Lafcadio Hearn más importantes.





Diplomacia.
Diplomacy, Lafcadio Hearn (1850-1904)

Según las órdenes, la ejecución debía llevarse a cabo en el jardín del yashiki. De modo que condujeron al hombre al jardín y lo hicieron arrodillar en un amplio espacio de arena atravesado por una hilera de tobiishi, o pasaderas, como las que aún suelen verse en los jardines japoneses. Tenía los brazos sujetos a la espalda. La servidumbre trajo baldes con agua y sacos de arroz llenos de piedras; y se apilaron los sacos alrededor del hombre en cuclillas, de tal forma que éste no pudiera moverse. Vino el señor y observó los preparativos. Los halló satisfactorios y no hizo observaciones.

Súbitamente gritó el condenado :

-Honorable señor, la falta por la que me habéis sentenciado no fue cometida con malicia. Fue sólo causa de mi gran estupidez. Como nací estúpido, en razón de mi karma, no siempre pude evitar ciertos errores. Pero matar a un hombre por ser estúpido es una injusticia... y esa injusticia será enmendada. Tan segura como mi muerte ha de ser mi venganza, que surgirá del resentimiento que provocáis; y el mal con el mal será devuelto...

Si se mata a una persona cuando ésta padece un gran resentimiento, su fantasma podrá vengarse de quien causó esa muerte. El samurai no lo ignoraba. Replicó con suavidad, casi con dulzura :

-Te dejaremos asustarnos tanto como gustes... después de muerto. Pero es difícil creer que tus palabras sean sinceras. ¿Podrías ofrecernos alguna evidencia de tu gran resentimiento una vez que te haya decapitado ?
-Por supuesto que sí -respondió el hombre.
-Muy bien -dijo el samurai, desnudando la espada-; ahora voy a cortarte la cabeza. Frente a ti hay una pasadera. Una vez que te haya decapitado, trata de morder la piedra. Si tu airado fantasma puede ayudarte a realizar ese acto, por cierto que nos asustaremos... ¿Tratarás de morder la piedra ?
-¡La morderé! -gritó enfurecido el hombre-. ¡La morderé! ¡La morde...!

Hubo un destello, un silbido y un ruido sordo: el cuerpo se inclinó hacia los sacos de arroz, mientras dos chorros de sangre brotaban del cuello mutilado... y la cabeza rodó por la arena. Rodó con pesadez hacia la piedra: entonces, con un salto imprevisto, aferró el borde de la piedra entre los dientes, la mordió con desesperación, y cayó inerte.

Nadie habló ; pero los sirvientes contemplaron horrorizados a su amo. Éste no pareció perder la calma. Se limitó a alcanzarle la espada al servidor más próximo, quien, con un cazo de madera, echó agua de un extremo a otro de la hoja y luego refregó el acero cuidadosamente, con hojas de fino papel... Y así culminó la parte ceremonial de este incidente.

Durante varios meses, todos los servidores del samurai vivieron incesantemente atemorizados por la eventual aparición del espectro. Nadie dudaba de que la prometida venganza iba a cumplirse; y el constante terror que los agobiaba les hacía ver y oír muchas cosas inexistentes. El rumor del viento entre los bambúes, las sombras que se agitaban en el jardín, cualquier cosa bastaba para asustarlos. Al fin llegaron a un acuerdo y decidieron solicitarle al amo que se realizara una ceremonia Ségaki en honor del vengativo espíritu.

-Es absolutamente innecesario -dijo el samurai, cuando el jefe de sus servidores hubo expresado tal deseo-. Entiendo que la voluntad de un hombre a punto de morir puede ser causa de temor. Pero no hay nada que temer en este caso.

El servidor contempló al amo con ojos implorantes, pero vaciló en indagar la razón de esta asombrosa confidencia.

-Oh, la razón es muy simple -declaró el samurai, quien adivinó la duda que había suscitado-. Sólo la última intención de ese hombre pudo ser peligrosa; y cuando yo lo desafié a ofrecerme una evidencia, distraje su mente del anhelo de venganza. Murió concentrándose en el propósito de morder la piedra; y pudo llevar a cabo ese propósito, en efecto, pero ningún otro. Olvidad el resto... no hay razón alguna para inquietarse.

Y, de hecho, el muerto jamás acudió a perturbarlos.

Lafcadio Hearn (1850-1904)




Relatos de Lafcadio Hearn. I Relatos góticos.


El análisis y resumen del cuento de Lafcadio Hearn: Diplomacia (Diplomacy) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El secreto de la muerta»: Lafcadio Hearn.


«El secreto de la muerta»: Lafcadio Hearn.




El secreto de la muerta (A Dead Secret) es un relato de terror del escritor grecoirlandés Lafcadio Hearn (1850-1904), publicado originalmente en la antología de 1904: Kwaidan: historias y estudios de cosas extrañas (Kwaidan: Stories and Studies of Strange).

El secreto de la muerta es considerado como uno de los grandes cuentos de Lafcadio Hearn.





El secreto de la muerta.
A Dead Secret, Lafcadio Hearn (1850-1904)

Hace mucho tiempo, en la provincia de Tamba, vivía un rico mercader llamado Inamuraya Gensuké. Tenía una hija llamada O-Sono. Como ésta era muy bonita y sagaz, el mercader juzgó inoportuno brindarle sólo la exigua educación que podían ofrecerle los maestros rurales; la confió, pues, a unos servidores fieles y la envió a Kyõto, para que allí adquiriera las gráciles virtudes que suelen exhibir las damas de la capital. En cuanto la muchacha completó su educación, fue cedida en matrimonio a un amigo de la familia paterna, un mercader llamado Nagaraya, y con él compartió una dicha que duró casi cuatro años. Sólo tuvieron un hijo, un varón, pues O-Sono cayó enferma y murió después del cuarto año de matrimonio.

En la noche siguiente al funeral de O-Sono, su hijito dijo que la madre había vuelto y que estaba en el cuarto de arriba. Le había sonreído, pero sin dirigirle la palabra: el niño se había asustado y había emprendido la fuga. Algunos miembros de la familia subieron al cuarto que había pertenecido a O-Sono, y no poco se asombraron al ver, a la luz de una pequeña lámpara que ardía ante un altar en el cuarto, la imagen de la muerta. Parecía estar de pie ante un tansu, o cómoda, que aún contenía sus joyas y atuendos. La cabeza y los hombros eran nítidamente visibles, pero de la cintura para abajo la imagen se esfumaba hasta tornarse invisible; semejaba un imperfecto reflejo, transparente como una sombra en el agua.

Todos se asustaron y abandonaron la habitación. Abajo se consultaron entre sí; y la madre del esposo de O-Sono declaró:

-Toda mujer siente predilección por sus pequeñas cosas, y O-Sono le tenía gran afecto a sus pertenencias. Acaso haya vuelto para contemplarlas. Muchos muertos suelen hacerlo... a menos que las cosas se donen al templo de la zona. Si le regalamos al templo las ropas y adornos de O-Sono, es probable que su espíritu guarde sosiego.

Todos estuvieron de acuerdo en hacerlo tan pronto como fuera posible. A la mañana siguiente, por tanto, vaciaron los cajones y llevaron al templo las ropas y los adornos. Pero O-Sono regresó la próxima noche y contempló el tansu tal como la vez anterior. Y también volvió la noche siguiente, y todas las noches se repitió su visita, que transformó esa casa en una morada del temor.

La madre del esposo de O-Sono acudió entonces al templo y le contó al sumo sacerdote lo que había sucedido, pidiéndole que la aconsejara al respecto. El templo pertenecía a la secta Zen, y el sumo sacerdote era un docto anciano, conocido como Daigen Oshõ.

Dijo el sacerdote:

-Debe haber algo que le causa ansiedad, dentro o cerca del tansu.
-Pero vaciamos todos los cajones -replicó la anciana-; no hay nada en el tansu.
-Bien -dijo Daigen Oshõ-, esta noche iré a la casa y montaré guardia en el cuarto para ver qué puede hacerse. Den órdenes de que nadie entre a la habitación mientras monto guardia, a menos que yo lo requiera.

Después del crepúsculo, Daigen Oshõ fue a la casa y comprobó que el cuarto estaba listo para él. Permaneció allí a solas, leyendo los sûtras; y nada apareció hasta la Hora de la Rata. Entonces la imagen de O-Sono surgió súbitamente ante el tansu. Su rostro denotaba ansiedad, y permaneció con los ojos fijos en el tansu.

El sacerdote pronunció la fórmula sagrada prescrita para tales casos, y luego, dirigiéndose a la imagen por el kaimyõ de O-Sono le dijo:

-Vine aquí para ayudarte. Quizá haya en ese tansu algo que despierta tu ansiedad. ¿Quieres que te ayude a buscarlo?

La sombra pareció asentir mediante un leve movimiento de cabeza; el sacerdote se incorporó y abrió el cajón de arriba. Estaba vacío. A continuación, abrió el segundo, el tercero y el cuarto cajón; hurgó detrás y encima de cada uno de ellos; examinó con cuidado el interior de la cómoda. No halló nada. Pero la imagen permanecía erguida, con tanta ansiedad como antes. “¿Qué querrá?”, pensó el sacerdote. De pronto se le ocurrió que acaso hubiera algo oculto debajo del papel que revestía los cajones. Levantó el forro del primer cajón: ¡nada! Pero debajo del forro del cajón inferior halló algo: una carta.

-¿Era esto lo que te inquietaba? -preguntó.

La sombra de la mujer se volvió hacia él, con su lánguida mirada en la cara.

-¿Quieres que la queme? -preguntó Daigen Oshõ.

Ella se inclinó ante él.

-Esta misma mañana será quemada en el templo -prometió el sacerdote-, y nadie la leerá salvo yo.

La imagen sonrió y se disipó.

Rompía el alba cuando el sacerdote bajó las escaleras, a cuyo pie la familia lo aguardaba expectante.

-Cálmense -les dijo-, no volverá a aparecer.

Y la sombra, en efecto, jamás regresó.

La carta fue quemada. Era una carta de amor redactada por O-Sono en la época de sus estudios en Kyõto. Pero sólo el sacerdote se enteró de su contenido, y el secreto murió con él.

Lafcadio Hearn (1850-1904)




Relatos de Lafcadio Hearn. I Relatos góticos.


El análisis y resumen del cuento de Lafcadio Hearn: El secreto de la muerta (A Dead Secret) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Lafcadio Hearn: relatos y libros


Lafcadio Hearn: relatos y libros.




Lafcadio HearnPatricio Lafcadio Tessima Carlos Hearn (1850-1904)— fue un notable escritor británico nacido en Grecia, desarrollado profesionalmente en Norteamérica, y profundamente enamorado de Japón y su ancestral cultura; de hecho, allí cambió su nombre por el de Yakumo Koizumi. En este contexto, los relatos de Lafcadio Hearn se inscriben en la tradición del relato fantástico, y homenajean al Japón de un modo nunca visto antes de él.

Aquí iremos agrupando todos los libros y relatos de Lafcadio Hearn.




Lafcadio Hearn: obras completas:
  • Diplomacia (Diplomacy)
  • El secreto de la muerta (A Dead Secret)
  • Jikininki (Jikininki)
  • Afrodita y el prisionero del rey (Aphrodite and the King's Prisoner)
  • Ante la Suprema Corte (Before the Supreme Court)
  • Chin Chin Kobakama (Chin-Chin Kobakama)
  • Chita (Chita)
  • Cuando yo era una flor (When I Was a Flower)
  • Cuentos de hadas japoneses (Japanese Fairy Tales)
  • El alma de la gran campana (The Soul of the Great Bell)
  • El beso fantasmal (The Ghostly Kiss)
  • El carbunclo del diablo (The Devil's Carbuncle)
  • El chico que dibujaba gatos (The Boy Who Drew Cats)
  • El cuento del dios de porcelana (The Tale of the Porcelain-God)
  • El cupido negro (The Black Cupid)
  • El extraño (The Stranger)
  • El gabinete de cedro (The Cedar Closet)
  • El inmortal (The Undying One)
  • El libro de Thoth (The Book of Thoth)
  • El nombre en la piedra (The Name on the Stone)
  • El pájaro y la chica (The Bird and the Girl)
  • El romance de la Vía Láctea (The Romance of the Milky Way)
  • El sueño de Akinosuké (The Dream of Akinosuké)
  • El sueño de un día de verano (The Dream of a Summer Day)
  • El Vómito (El Vómito)
  • En el cementerio (At the Cemetery)
  • En la fantasmagórica Japón (In Ghostly Japan)
  • En una taza de té (In a Cup of Tea)
  • Fantasmas de primavera (Spring Phantoms)
  • Fuera de Oriente: ensoñaciones y estudios en el Nuevo Japón (Out of the East: Reveries and Studies in New Japan)
  • Haikus japoneses (Japanese Lyrics: Haiku)
  • Japón: un intento de interpretación (Japan: An Attempt at Interpretation)
  • Karma (Karma)
  • Kokoro. Impresiones de la vida íntima del Japón (Kokoro: Hints and Echoes of Japanese Inner Life)
  • Kwaidan: Historias y estudios de extrañas cosas (Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things)
  • La camisa de Margarita Pareja (The Chemise of Margarita Pareja)
  • La fuente de oro (The Fountain of Gold)
  • La historia de Kwashin Koji (The Story of Kwashin Koji)
  • La historia de Mimi-Nashi-Hôïchi (The Story of Mimi-Nashi-Hôïchi)
  • La historia de O-Kamé (The Story of O-Kamé)
  • La historia de O-tei (The Story of O-tei)
  • La leyenda de Fugen-Bosatu (A Legend of Fugen-Bosatsu)
  • La leyenda de los duendes descabezados (Rokuro-Kubi)
  • La leyenda de Tchi-Niu (The Legend of Tchi-Niu)
  • La leyenda de Yurei-Daki (The Legend of Yurei-Daki)
  • La monja del templo de Amida (The Nun of the Temple of Amida)
  • La noche de Todos los Santos (The Night of All Saints)
  • La oficina de correos (The Post-Office)
  • La reconciliación (The Reconciliation)
  • Las palabras mágicas (The Magical Words)
  • La tradición de la planta de té (The Tradition of the Tea-Plant)
  • Mujina (Mujina)
  • Recuerdos hereditarios (Hereditary Memories)
  • Rokuro-Kubi (Rojuro-Kubi)
  • Sentido común (Common Sense)
  • Una historia de fantasmas (A Ghost Story)
  • Una leyenda (A Legend)
  • Una miscelánea japonesa (A Japanese Miscellany)
  • Un amor muerto (A Dead Love)
  • Sobre fantasmas y gnomos (Of Ghosts and Goblins)
  • Todo de blanco (All in White)
  • Un fantasma (A Ghost)
  • Vislumbres del Japón desconocido (Glimpses of Unfamiliar Japan)
  • Yuki Onna (Yuki Onna)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Lafcadio Hearn: relatos y libros fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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