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La Sombra: el Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás


La Sombra: el Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás.




De las distintas especies de fantasmas que existen en el vasto catálogo de lo paranormal, hay una que resulta infinitamente más interesante que las demás. La teosofía del siglo XIX las denominó Sombras, término exiguo para la espectacularidad pero muy apropiado de acuerdo a sus características.

Repasemos entonces la formación de esta misteriosa entidad capaz de dejar mal parado a cualquiera.

Cuando una persona concluye su paso por el Plano Astral, ascendiendo hacia nuevas y desconocidas esferas de consciencia, abandona detrás de sí su Cuerpo Astral, desintegrándose del mismo modo en que, al morir, dejamos nuestro cadáver físico descomponiéndose bajo tierra.

En esencia, la Sombra es una especie de Cadáver Astral.

Si alguien se tomara el trabajo de exhumar nuestro cuerpo después de algún tiempo, es posible que la imagen no sea precisamente agradable. De hecho, lo más probable es que sea aterradora. Lo mismo ocurre con la Sombra, la cual se encuentra en un irreversible proceso de descomposición.

Ahora bien, este proceso de degradación es ligeramente distinto en el Plano Astral que en el Plano Físico. Según alertan los teósofos, puede ocurrir que una porción de materia mental quede adherida a la Sombra, la parte más grosera de nuestro ser, y que ésta se manifieste de diferentes formas.

Naturalmente, la Sombra o Cadáver Astral no es en modo alguno el individuo real, es decir, su consciencia, sino más bien una entidad no humana del Plano Astral que tiene la misma apariencia y parte de la memoria del sujeto, y que incluso posee sus pequeñas particularidades de carácter, formas de expresarse, etc.

De acuerdo con la teosofía, la Sombra o Cadáver Astral es la responsable de la mayoría de las apariciones de fantasmas, sobre todo de aquellas manifestaciones en sueños de familiares y seres queridos recientemente fallecidos, cuyos mensajes son, en la mayoría de los casos, desconcertantes, cuando no directamente escalofriantes.

La Sombra suele dejar mensajes indescifrables a los vivos. El discurso varía poco, y en general se torna repetitivo. Por más que la persona viva se esfuerce, la interacción es estéril, ya que la Sombra posee un escaso repertorio de palabras y acciones para desarrollar.

Lo curioso es que la verdadera persona, es decir, la inteligencia o alma que abandonó a la Sombra, no es en modo alguno consciente de las actividades de su Cadáver Astral; precisamente porque lo que ha dejado atrás, al ascender a planos superiores, son únicamente sus cualidades, atributos e impulsos inferiores.

En cierto modo, la Sombra es algo así como la versión humana —originalmente humana, aunque ya no lo sea— de las larvas, gusanos y parásitos del Plano Astral.

Algunos vindica na posibilidad de que exista cierta conexión entre la Sombra y los deudos que ha dejado en la Tierra. El dolor, la tristeza, la desolación que sienten los vivos por sus seres queridos que han fallecido pueden alimentar y hasta reanimar el Cadáver Astral durante un tiempo.

Estas apariciones son bastante desagradables.

Si bien la Sombra se asemeja al fallecido, suele parecer desorientado, confundido, e incluso perturbado. Tampoco parece ver u oír a los vivos, sino que se limita a desarrollar su estrecho repertorio de quejas, reproches y actos banales. No es infrecuente que asegure estar rodeado de oscuridad.

La duración de la Sombra no es demasiado prolongada, aunque puede variar de acuerdo a la cantidad e intensidad de materia mental que la anime. El investigador A.E. Powell, autor de numerosos tratados sobre el Bajo Astral, sostiene que la energía del Cadáver Astral se agota rápidamente; en consecuencia, su escaso intelecto se reduce a un ritmo igualmente acelerado.

Para subsistir, la Sombra se aferra a las personas vivas que conoció —en realidad, a las personas que conoció su consciencia—, y se alimenta de ellas como un vampiro energético, a veces llamados vampiros emocionales. Esta etapa, según A.E. Powell, corresponde a las descritas en las leyendas de espíritus que se «pegan» a las personas, es decir, seres que realmente parasitan el cuerpo físico de sus deudos.

Annie Besant y C.W. Leadbeater coinciden en afirmar que la Sombra, aunque carente de inteligencia, puede manifestar cierta astucia, e incluso elaborar algún discurso precario para ganarse el afecto y la devoción de los vivos.

Ya en las últimas etapas de la desintegración, la Sombra se convierte en Cascarón, básicamente el Cadáver Astral que ya ha quemado toda la materia mental que poseía, siendo apenas eso: una cáscara vacía que poco a poco se deshace hasta desaparecer por completo. Podemos compararlo con el cuerpo que yace bajo tierra, cuyas facciones ya han dejado de ser reconocibles, y cuyo cuerpo físico es reabsorbido por la tierra.

El Cascarón o Cáscara Astral ya no posee materia mental; en consecuencia, carece incluso de intenciones elementales, deslizándose como una hoja al viento en las corrientes del Plano Astral. No puede valerse por sí mismo, pero sí puede ser utilizado por los nigromantes, capaces de inyectarles cierta cantidad de energía mental para utilizarlos con propósitos viles.

Esta horrorosa parodia del alma, en tales circunstancias, puede recuperar parte del aspecto de la persona viva, y hasta reproducir algunas palabras y expresiones, las cuales responden a la voluntad del nigromante.

En resumen —según la teosofía—: al morir abandonamos nuestro cuerpo físico, que se pudre bajo tierra; del mismo modo en el que más adelante dejaremos atrás nuestro Cuerpo Astral descomponiéndose en los páramos del Bajo Astral.

En este sentido, los fantasmas que habitan las leyendas podrían ser, en esencia, una representación de las Sombras que se desgradan en el Plano Astral. De ahí que todas esas apariciones tengan algo inquietante, algo perturbador, como si de hecho no representaran del todo a la persona fallecida. Soñar con alguien que ha muerto, salvo casos excepcionales, siempre nos deja esa sensación extraña.

Teniendo en cuenta que en la Sombra solo habitan los impulsos elementales del finado, sobre los cuales poco y nada sabemos, es justo decir que aquellas manifestaciones pavorosas son también genuinas, ya que expresan un costado del ser que a menudo se mantiene oculto, incluso para el propio individuo.

Quién sabe qué intenciones, qué reproches, que ridículas ambiciones manifestará nuestra propia Sombra. Imaginarlo es difícil, casi tanto como visualizar nuestro propio aspecto después de meses, incluso años, dentro de un discreto ataúd.




Más sobre el Plano Astral. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El artículo: La Sombra: el Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

A.E. Powell: libros de teosofía


A.E. Powell: libros de teosofía.




A.E. PowellArthur Edward Powell (1882-1969)— fue un destacado teósofo, seguidor de las doctrinas de Helena Blavatsky, C.W. Leadbeater y Annie Besant. Los libros de A.E. Powell abordan cuestiones sumamente importantes dentro del esquema filosófico de la Teosofía, entre ellos, los misterios del Plano Astral.

En esta sección del blog iremos repasando todos los libros de A.E. Powell.




Libros de A.E. Powell.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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Vida después de la muerte: el Quinto, Sexto y Séptimo Cielo: A.E. Powell

A propósito del interesante tema de la vida después de la muerte compartimos un artículo extraído del libro: El Cuerpo Causal y el Ego (Causal Body and the Ego) del investigador paranormal A.E. Powell —autor de: Trishna: la causa de la reencarnación (Trishna: The Cause Of Reincarnation), Devachán: donde las almas se extravían, El alma de los animales: almas grupales animales (Animal Group Souls), Recuerdo de las Vidas Pasadas (Memory of Past Lives), Telepatía o el mecanismo de la transmisión de pensamientos (The Mechanism of Thought-Transference), El Cuerpo Astral y otros fenómenos astrales (The Astral Body: And Other Astral Phenomena), El Cuerpo Mental (The Mental Body) y El Doble Etérico (The Etheric Double)—, titulado: Vida después de la muerte: el Quinto, Sexto y Séptimo Cielo (Life After Death: The Fifth, Sixth and Seventh Heaven).


Vida después de la muerte: el Quinto, Sexto y Séptimo Cielo.
Life After Death: The Fifth, Sixth and Seventh Heaven.

En El Cuerpo Astral y El Cuerpo Mental se estudió la vida del hombre después de la muerte, en el plano astral, como asimismo en el mental inferior, en su cuerpo mental y en el Primer, Segundo, Tercer y Cuarto Mundos Celestiales, en los Subplanos Séptimo, Sexto, Quinto y Cuarto respectivamente. Ahora describiremos la vida después de la muerte, pasada en el cuerpo causal en los tres niveles más elevados del plano mental.

La distinción entre las dos grandes divisiones del plano mental —la inferior o rupa (forma) y la superior o arupa (sin forma)— es muy marcada: tan distintos, en realidad, son los dos mundos que se requiere diferentes vehículos de conciencia para poder funcionar en ellos.

En "El Cuerpo Mental" expusimos ya la razón y propósito generales de la vida en devachán, por lo tanto no será menester repetirlo ahora. También explicamos por qué el devachán es una necesidad para la gran mayoría de las personas. En ciertos casos excepcionales, sin embargo, vimos que el hombre lo suficientemente avanzado, con permiso de una autoridad muy elevada, puede "renunciar al devachán", y tomar una serie de encarnaciones rápidas sin intervalos apreciables entre ellas.

Lo primero que llama la atención en el plano mental inferior es que domina la materia; y la conciencia brilla con dificultad a través de las formas. Pero en los planos más elevados, la vida es lo que más se destaca, y existen las formas sólo para los propósitos de la misma. La dificultad en los planos inferiores reside en dar a la vida su debida expresión en las formas; en los planos superiores ocurre todo lo contrario — está en mantener y dar forma a la corriente de vida. Es únicamente más arriba de la línea divisoria entre los planos inferior y superior, donde la luz de la conciencia resplandece con poder propio sin estar sujeta a viento alguno. El símbolo de un fuego espiritual es muy apropiado para representar la conciencia en estos elevados niveles, en contraste con los planos inferiores en que el símbolo del fuego consumidor es más exacto.

En los niveles de arupa, la materia está subordinada a la vida, y varía constantemente. Una entidad cambia de forma con rada variación del pensamiento. La materia es un instrumento de la vida de esta entidad y no una expresión de la misma. La forma se construye momentáneamente y varía con cada cambio de dicha vida. Esto es exacto no sólo en los niveles arupa de manas, sino también lo es en forma sutil en el plano de Buddhi. Ocurre otro tanto con respecto al ego espiritual.

Por más gloriosa que haya sido la vida en los mundos celestiales del plano mental inferior, llega finalmente a su término. El cuerpo mental desaparece a su vez como sucedió como los otros cuerpos, y empieza la vida del hombre en el cuerpo causal. Durante toda la vida celestial, ha conservado en forma definida la personalidad de la última vida física, y es sólo cuando la conciencia se retira por último en el cuerpo causal que se funde esta sensación de personalidad en la individualidad, y el hombre, por vez primera después de su descenso a la encarnación, se reconoce a sí mismo como el verdadero ego y relativamente permanente.

En el cuerpo causal el hombre no necesita "ventanas" —las que, como recordará el estudiante, fueron formadas por sus propios pensamientos en los cielos inferiores— porque éste, el plano causal, es su verdadero hogar, y todos sus muros han desaparecido.

A esta altura la mayoría de los hombres tienen todavía muy poca conciencia; descansan somnolientos sin observar y apenas despiertos. No obstante, toda visión que podrían tener es exacta, por más limitada que sea ésta por falta de desarrollo. La vida del mundo celestial superior desempeña un papel muy insignificante en la del hombre corriente, porque en este caso el ego no está lo suficientemente desarrollado como paira estar despierto en el cuerpo causal. Los egos retardados, en realidad, jamás alcanzan conscientemente el mundo celestial, mientras que un número aún mayor consiguen sólo algún contacto muy leve con algunos de los subplanos inferiores.

Pero en el caso del hombre espiritualmente desarrollado, la vida de ésta, como ego en su propio mundo, es gloriosa y ampliamente satisfactoria. Sin embargo, todo ser humano ha de entrar en contacto consciente o inconscientemente con los niveles superiores del plano mental, antes de poder efectuarse la reencarnación del mismo. A medida que adelanta su evolución, este contacto llega a ser naturalmente más y más definido y real para él. No sólo es más consciente en estos nivelas a medida que progresa, sino que el período pasado en ese mundo de la realidad se extiende, porque se eleva la conciencia lenta pero firmemente a través de los diferentes planos del sistema.

El tiempo que pasa en el mundo superior, en el caso de un hombre corriente no desarrollado, puede variar de acuerdo a la etapa de desenvolvimiento, de dos o tres días a un largo período de vida consciente y gloriosa, tratándose de personas excepcionalmente avanzadas.

La duración del tiempo pasado en los mundos celestiales entre encarnaciones depende de tres factores principales: (1) la clase a la que pertenece el ego; (2) el método por el cual se individualizó; y (3) la extensión y la naturaleza de su última vida. Como esta cuestión ha sido tratada detalladamente en "El Cuerpo Mental" es innecesario repetirla. Aún al darnos cuenta cabal de la parte reducida de que cada ciclo de vida pasada en el plano físico, para avaluar someramente su verdadera proporción con respecto al total, hemos de tener muy presente la realidad mucho mayor de la vida en los mundos superiores. Es imposible acentuar demasiado este punto, porque la vasta mayoría de las personas se encuentran todavía tan completamente bajo el dominio de los sentidos físicos, que las irrealidades del mundo inferior les parecen la única verdad, mientras que cuanto más se aproxima alguna cosa a lo verídico, tanto más irreal e incomprensible parece ser para ellas.

Por razones bastantes comprensibles, el mundo astral ha sido denominado el mundo de la ilusión; pero con todo está siquiera un paso más cerca de la realidad; por alejada que esté la visión astral de la clara y comprensiva percepción del hombre en su propio plano, en el que ve con una claridad que todo lo abarca, es, a lo menos, más aguda y segura que el sentido físico. Y existe la misma relación entre el astral y el físico como entre el mental y el astral, salvo que en el primer caso la proporción se eleva a una potencia mayor. De ahí que no solo es el tiempo que se pasa en estos planos superiores mucho más extenso que la vida ordinaria, sino que todos los momentos de dicho tiempo, si correctamente utilizados, pueden ser enormemente más fructíferos de lo que sería posible tratándose del mismo período de tiempo en el plano físico.

A medida que progresa la evolución, el principio, que rige la vida después de la muerte, consiste en que la vida en los niveles inferiores, tanto en el astral como en el plano mental, se acorta gradualmente, en tanto que la vida superior se vuelve más extensa y llena. Finalmente llega el momento en que la conciencia se unifica, es decir cuando el yo superior y el inferior se unen indisolublemente y el hombre no puede ya envolverse en su propia nube de pensamientos, ni confundir lo poco que puede percibir a través de la misma, con todo el gran mundo celestial alrededor de él; entonces percibe las posibilidades de su vida, y así, por vez primera comienza realmente a vivir. Pero, cuando alcanza estas alturas, ya habrá entrado en el Sendero, y se habrá encargado él mismo definitivamente de su futuro progreso.

Es únicamente cuando la conciencia se ha retirado de lote cuerpos inferiores y se centra de nuevo en el ego, que se conoce el resultado final de la encarnación recién terminada. Entonces se perciben las cualidades nuevas adquiridas en ese pequeño círculo especial de su evolución. En ese momento se obtiene también un vislumbre de la vida total; el ego durante un segundo tiene un esclarecimiento de conciencia, en el que se da cuenta de los resultados de la vida que acaba de terminar, y algo de lo que resultará de la misma en su próximo nacimiento.

No se puede decir que este vislumbre abarque un conocimiento de la naturaleza de la próxima encarnación, salvo en cierto sentido extremadamente vago y general. Indudablemente se vería el objetivo principal de la próxima vida y el progreso específico que deberá alcanzar en ella, pero la visión sería valiosa principalmente como una lección sobre el resultado kármico de su actuación en el pasado. Le ofrece una oportunidad, de la que extrae más o menos ventaja, según el estado de desenvolvimiento alcanzado.

Al principio hace escaso uso de dicha oportunidad, por estar muy poco consciente o preparado para comprender los hechos y sus diferentes interrelaciones; pero gradualmente aumenta la capacidad para apreciar lo que percibe y luego viene la facultad de recordar tales vislumbres al finalizar las vidas, como también la de compararlas, y de esta manera llega a estimar el progreso efectuado en el camino a recorrer; además dedicará algún tiempo a sus planes en favor de la vida que le espera. La conciencia se expande gradualmente hasta que llega el ego a pasar una vida apreciable en los niveles superiores del plano mental, cada vez que consigue alcanzarlos.

Este es, naturalmente, el más bajo de los subplanos mentales sin forma, o arupa; es asimismo la más poblada de todas las regiones que conocemos, porque en ella están casi todas las sesenta mil millones de almas que, según dicen, están empeñadas en la actual evolución humana — todas en realidad, salvo el número comparativamente reducido de las que están habilitadas para funcionar en el segundo y primer plano.

Como ya hemos visto, cada alma está representada por una forma ovoide, que al principio no es más que una película incolora; pero que más tarde, y a medida que se desarrolla el ego, empezará a presentar cierta iridiscencia trémula, como la de una pompa de jabón, proyectándose los colores en su superficie, como los varios matices producidos por los rayos del sol en la espuma de una cascada.

Las almas ligadas a un cuerpo físico se distinguen de las desencarnadas por cierta diferencia en los tipos de vibración establecidos en la superficie de los cuerpos causales, y por esta razón es fácil apreciar con un mero vistazo si un individuo en un momento dado está encarnado o no. La inmensa mayoría, en el cuerpo físico o fuera de él, están solamente semiconscientes y en estado somnoliento, aunque en la actualidad son pocos los cuerpos causales que están en condición de películas incoloras. Los que están completamente despiertos son brillantes y sobresalientes excepciones, destacándose de las multitudes menos radiantes como estrellas de primera magnitud. Entre éstos y los menos desarrollados se encuentra toda variedad de tamaño y belleza, cada uno representando el estado exacto de evolución alcanzado.

La mayoría de las almas todavía no están lo suficientemente definidas aún en el grado de conciencia que puedan tener, como para comprender la finalidad de las leyes de la evolución en que están empeñadas. Buscan la encarnación, obedeciendo el impulso de la Voluntad Cósmica, y también a Tanha, o sea la sed ciega de vida manifestada, el deseo de encontrar alguna región en que pueden sentir y estar conscientes de existir. En sus estados más primitivos, tales entidades no pueden sentir las vibraciones intensamente rápidas y penetrantes de la materia altamente refinada de su propio plano; los movimientos fuertes y groseros, pero comparativamente lentos, o sean los de la materia más pesada del plano físico, son los únicos que pueden evocar alguna respuesta en ellas. De consiguiente es sólo en este plano que sienten que viven en alguna medida, y esto explica su deseo ardiente de renacer a la vida terrenal.

Así, durante cierto tiempo, el deseo de estos seres está en completa armonía con la ley de evolución. Sólo pueden desarrollarse por medio de estos impactos del exterior, a los que gradualmente son incitados a responder, y en esta primitiva etapa de su evolución sólo pueden recibir estos impactos en la vida terrestre. Paulatinamente va aumentando en ellos la capacidad de responder, y se despiertan primeramente a las vibraciones físicas delicadas y elevadas, y luego, aunque más lentamente todavía, a las del plano astral. Después sus cuerpos astrales, que hasta ahora sólo han sido puentes para hacer llegar sensaciones al ego, se convierten lentamente en vehículos definidos que pueden usar, y la conciencia de los mismos empieza a centralizarse más bien en las emociones que en las sensaciones meramente físicas.

En una etapa posterior, pero siempre mediante el mismo proceso de aprender a responder a impactos que vienen del exterior, los egos aprenden a centralizar la conciencia en el cuerpo mental, a vivir en, y de acuerdo con las imágenes mentales que han forjado por sí mismos, y de esta manera llegan a dominar las emociones por medio de la mente.

Aún más adelante en el largo camino de la evolución, el centro asciende al cuerpo causal, y los egos se dan cuenta de su verdadera vida. Cuando alcanzan esta etapa, sin embargo, se encontrarán en un subplano más elevado que éste (el tercero) y la existencia terrestre inferior no será ya necesaria para ellos. Pero por el momento nos ocupamos de la mayoría menos evolucionada, que todavía extienden las personalidades —que son ellos mismos en los planos inferiores de la vida—, como tentáculos que tantean y se agitan en el océano de la existencia; sin percibirse de que estas personalidades son los medios de que se valen para nutrirse y crecer. No ven nada del pasado ni del futuro, porque aún no están conscientes en su propio plano. No obstante, como están gradualmente absorbiendo experiencias y asimilándolas, desarrollan una sensación de que es bueno hacer ciertas cosas y malo hacer otras, expresándose esto imperfectamente en la conectada personalidad como el comienzo de una conciencia, o un sentimiento del bien y del mal. Poco a poco y a medida que evolucionan, este sentimiento va delineándose cada vez más nítidamente en la naturaleza inferior convirtiéndose en una guía de conducta más eficiente.

Mediante las oportunidades brindadas por el esclarecimiento de conciencia, al cual nos hemos referido anteriormente, los egos más avanzados de este subplano se desarrollan a tal punto que pueden ocuparse del estudio del pasado, perfilando las causas activadas en éste, y aprendiendo mucho por medio de la introspección, de manera que los impulsos enviados hacia abajo se aclaran y se definen más, traduciéndose en la conciencia inferior como firmes convicciones e intuiciones imperativas.

Debería ser innecesario señalar que las imágenes mentales de los niveles de rupa o forma no son llevadas al mundo celestial superior. Ya ha terminado toda ilusión, y cada ego conoce su verdadera parentela, la ve y es visto por ella, en su propia y real naturaleza, como el hombre real mortal que pasa de vida a vida, con todos los vínculos intactos ligados a su verdadero ser.

En este tercer subplano también se encuentran los cuerpos causales de los comparativamente pocos miembros del reino animal que están individualizados. Hablando estrictamente, éstos no son ya animales, como hemos observado anteriormente. Son casi los únicos ejemplos que se pueden ver en la actualidad del cuerpo causal completamente primitivo, no desarrollado en cuanto a su tamaño, y todavía coloreado aún muy débilmente por las primeras vibraciones de cualidades recién nacidas.

Cuando el animal individualizado se retira a su cuerpo causal, para esperar la vuelta de la rueda de la evolución que le ofrecerá la oportunidad de una encarnación humana primitiva, parece perder casi toda conciencia de las cosas exteriores, y pasar su tiempo en una especie de agradable trance de la más profunda paz y contento. Aún entonces, cierto desarrollo interior de alguna naturaleza está ocurriendo con toda seguridad, aunque es difícil para nosotros comprenderlo. En todo caso, está gozando de la mayor felicidad posible para él en el nivel en que se encuentra. Del Quinto Cielo atestado de gente, pasamos ahora a un mundo escasamente poblado, como cuando se sale de una gran ciudad para entrar en una campiña tranquila. Porque, en la actual etapa de la evolución humana, sólo una pequeña minoría de individuos han alcanzado esta esfera más elevada en la cual hasta el menos avanzado está definitivamente consciente de si mismo, como también de todo lo que le rodea.

Puede, hasta cierto punto, ver el pasado que ha atravesado, y percibe el propósito y el método de evolución. Sabe que está ocupado en una obra de auto-desarrollo y reconoce la etapa de vida física y la que sigue después de la muerte de ésta, las que atraviesa en sus vehículos inferiores. La personalidad, con la que está conectado, la percibe él como parte de sí mismo, y trata de guiarla utilizando sus conocimientos del pasado como repositorio de experiencias del cual formula principios de conducta, convicciones claras e inmutables del bien y del mal. Estas las envía él a la mente inferior, cuyas actividades vigila y dirige.

En la primera parte de su vida en este subplano puede fallar repetidas veces en lograr que la mente inferior comprenda en forma lógica las bases de los principios que trata de grabar en ella: no obstante alcanza a hacer la impresión, en tal forma que ideas abstractas como las de la verdad, justicia y honor llegan a establecerse como conceptos aceptados y dominantes en la vida inferior. Tales principios se graban tan firmemente en las fibras mismas del ser que, sea cual fuere la tensión de las circunstancias del tormento de la tentación, llega a ser una imposibilidad actuar en contra de ellos, por cuanto estos principios constituyen la vida misma del ego.

Sin embargo, aunque logre guiar el vehículo inferior, su conocimiento de éste y de las acciones del mismo, con frecuencia está muy alejado de ser preciso y claro. Percibe los planos inferiores sólo débilmente y en forma apagada, comprende más bien los principios de los mismos que los detalles, y parte de su evolución en este subplano consiste en acercarse cada vez más conscientemente al contacto directo con la personalidad que lo representa en los planos inferiores de manera tan imperfecta.

Sólo las personas que tienen el desarrollo espiritual como meta deliberada viven en este subplano, y por consiguiente han conseguido en gran parte hacerse receptivos a las influencias que proceden de los planos superiores a ellas. La comunicación aumenta y se expande dejando pasar una corriente mayor. Bajo esta influencia el pensamiento adquiere una cualidad particularmente nítida y penetrante, hasta en los individuos menos desarrollados; el efecto se manifiesta en la mente inferior como cierta, tendencia hacia el raciocinio filosófico y abstracto.

En seres de evolución más elevada, la visión es muy extensa; recorre con clara percepción el pasado, reconociendo las causas establecidas, la expresión de éstas y los efectos aún no agotados. Los egos que habitan este plano tienen amplias oportunidades de crecer al encontrarse libres del cuerpo físico, puesto que en él pueden recibir instrucción de entidades más adelantadas y ponerse en contacto directo con sus instructores, ya no por medio de imágenes mentales, sino una luminosidad centellante imposible de describir; la esencia misma de la idea pasa como una estrella de un ego a otro, expresándose sus correlaciones como oleadas de luz que proceden de la estrella central, sin necesidad de enunciación separada. En este plano un pensamiento es como una luz colocada en una habitación; aclara todas las cosas en su alrededor sin necesidad de palabras para describirlas.

En éste, el Sexto Cielo, el hombre contempla también los vastos tesoros de la Mente Divina en actividad creativa y puede estudiar los arquetipos de todas las formas que evolucionan gradualmente en los mundos inferiores. Puede desenredar los problemas relacionados con la manifestación de estos arquetipos, el bien parcial que aparenta ser el mal, según la limitada visión de los hombres encerrados en la carne. Según la perspectiva más extensa los fenómenos asumen sus débiles proporciones relativas y el hombre percibe la justificación de los métodos divinos en cuanto concierne la evolución de los mundos inferiores. Ésta, la esfera más gloriosa de todas las del mundo celestial, tiene hasta ahora pocos representantes de nuestra humanidad porque en sus alturas moran únicamente los Maestros de la Sabiduría y Compasión y sus Discípulos.

En una de las primeras cartas recibidas de cierto Maestro dice que es imposible comprender la condición del Primer y Segundo Reino Elemental, es decir, los planos causal y mente inferior, salvo en el caso de ser un Iniciado; por lo cual no podemos esperar tener éxito al intentar describirlos en el plano físico. No existen palabras que puedan describir la belleza de forma de color y de sonido en el plano causal, porque el lenguaje mortal no contiene términos con que expresar estos radiantes esplendores.

Al alcanzar el séptimo cielo, entramos en contacto por vez primera con un plano que es cósmico en su extensión; por cuanto ésta, la parte atómica de nuestro plano mental, es el subplano inferior del cuerpo mental del Logos Planetario. En este nivel, por tanto, se puede encontrar muchas entidades que, por falta de palabras, el lenguaje humano no alcanza a describir. Para nuestras necesidades actuales, por consiguiente, convendrá poner totalmente de lado a estas huestes de seres cósmicos y limitarnos estrictamente a los habitantes pertenecientes al plano mental de nuestra propia cadena de mundos. Los que se hallan en dicho subplano han alcanzado la evolución mental, de manera que en ellos lo superior brilla siempre a través de lo inferior. Han quitado de sus ojos el velo ilusorio de la personalidad y se dan cuenta de que no son la naturaleza inferior sino que utilizan esta como un medio para adquirir experiencia.

En los menos evolucionados de éstos, la naturaleza inferior puede tener aún el poder de encadenar y dificultad pero jamás podrán ellos caer en el error de confundir el vehículo con el Yo que lo utiliza. De esto se salvan porque llevan la conciencia no sólo de día en día sino de una encarnación a otra, de manera que las vidas pasadas ya no se consideran tanto en retrospecto sino como continuamente presentes en la conciencia, y el hombre las considera como una sola en lugar de verlas como múltiples vidas.

En este subplano, el ego es consciente del mundo celestial inferior, como también del plano en el que se encuentra. Si en este tiene alguna manifestación tal como una forma mental de la vida celestial de sus amigos, puede extraer la máxima utilidad de la misma. En el tercer subplano y aun en la parte inferior del segundo, su conciencia de los subplanos debajo de él era todavía débil y su acción en la forma mental instintiva y automática. Pero cuando entró de lleno en el segundo subplano se le aclaró la visión y con agrado reconoció en dichas formas, vehículos mediante los cuales podía expresarse con mayor amplitud en cierto sentido de lo que le era posible por medio de la personalidad.

Ahora que funciona en el cuerpo causal, en la magnífica luz y el esplendor del cielo superior, su conciencia está instantánea y perfectamente activa en cualquier punto de las divisiones inferiores a que desea dirigirla, y puede, por consiguiente, proyectar intencionalmente un aumento de energía en alguna forma mental, cuando quiere emplearla con fines educativos.

Desde este nivel más elevado del plano mental desciende la mayoría de las influencias proyectadas por los Maestros de la Sabiduría, a medida que trabajan para la evolución de la raza humana, actuando directamente sobre las almas o egos de los hombres, derramando sobre estos las energías inspiradoras que estimulan el crecimiento espiritual, aclaran la inteligencia y purifican las emociones.

De ahí recibe el genio la iluminación; allí todos los esfuerzos hacia arriba encuentran su dirección. De la misma manera que, partiendo de un centro todos los rayos del sol caen en todas partes y cada cuerpo, al recibirlos, los aprovecha de acuerdo con la naturaleza propia de cada uno; así, de los Hermanos Mayores de la raza parten la luz y vida que es su función suministrar. Cada uno de dichos cuerpos usa todo lo que puede asimilar, y mediante esto crece y se desarrolla. De esta manera, como en todas partes, la gloria más excelsa del mundo celestial se encuentra en la gloria del servicio, y los que han logrado la evolución mental son los manantiales de donde fluye fuerza para los que aun están ascendiendo.

En los tres niveles superiores del plano mental se encuentran las huestes de devas arupa o sin forma, que no poseen cuerpo más denso que el causal. La naturaleza de la vida de estos parece ser tan esencialmente distinta a la nuestra como para hacer imposible ninguna descripción de ellos en palabras físicas. Estos devas tienen que ver con la dirección de los mundos, de las razas y de las naciones.

Existe también una clase muy limitada de hombres, conscientes en los niveles arupa del plano mental, que han sido "hechiceros" en el pasado. En ellos está activo el intelecto superior, y con esto el reconocimiento intelectual de la unidad. Ahora perciben que han estado en mal camino, que no es posible retener al mundo e impedir su avance en el arco ascendente. Como están todavía atados por el Karma que han producido, se ven obligados a trabajar del lado negativo, es decir con la desintegración. Pero actúan con un móvil diferente, y tratan de dirigir sus fuerzas contra aquellos individuos que requieren ser fortalecidos en la vida espiritual por medio de la lucha contra la resistencia. Marie Corelli parece haberse dado cuenta de esta verdad al tratar el tema en su obra "Los Dolores de Satanás". El Satanás descrito en esta obra se regocija siempre cuando es vencido; se esfuerza en oponer, pero se alegra cuando el hombre demuestra ser lo suficientemente espiritual para resistir.

Este aspecto de la vida es también reconocido en las Puranas hindúes. Hay casos en que un hombre ha evolucionado hasta alcanzar un punto muy elevado de conocimiento, y luego para expiar una parte de su Karma pasado, encarna bajo la forma de un enemigo del bien, como Ravana. Debido a este Karma pasado, está obligado a recoger en sí mismo las fuerzas malignas del mundo para que éstas puedan ser destruidas. En otras religiones existe la misma idea bajo distintas formas.


Más libros de parapsicología. I Libros de mitología.


Más literatura gótica:
El resumen del artículo: Vida después de la muerte: el Quinto, Sexto y Séptimo Cielo (Life After Death: The Fifth, Sixth and Seventh Heaven) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Causas y mecanismos del Karma y la reencarnación: A.E. Powell

Causas y mecanismos del Karma y la reencarnación.


La reencarnación podría definirse como la creencia de que la mente y el alma se encarnan sucesivamente en distintos cuerpos materiales después de cada muerte.

En cualquier caso, la idea de la reencarnación sostiene la perdurabilidad del alma y la mente y la fatuidad de lo material. 

Sin embargo, para que el alma y la mente se paseen alegremente por el plano físico necesitan un vehículo adecuado para ese medio.

Las causas de la reencarnación, el Karma, se repiten casi inalterablemente en todas las doctrinas que profesan su fe. El alma se reencarna —sostienen— para atravesar distintas vidas hasta alcanzar un estado de liberación que prescinde de las experiencias físicas.

Sin embargo, los mecanismos de la reencarnación son un tanto más complejos.

A propósito de las causas y mecanismos del karma y la reencarnación citamos un interesante artículo del libro: El Cuerpo Causal y el Ego (Causal Body and the Ego), del investigador paranormal A.E. Powell —autor de: El alma de los animales: almas grupales animales (Animal Group Souls), Recuerdo de las Vidas Pasadas (Memory of Past Lives), El Cuerpo Astral y otros fenómenos astrales (The Astral Body: And Other Astral Phenomena), El Cuerpo Mental (The Mental Body) y El Doble Etérico (The Etheric Double)—, titulado: Trishna: la causa de la reencarnación (Trishna: The Cause Of Reincarnation).





Trishna: la causa de la reencarnación.
Trishna: The Cause Of Reincarnation, Arthur E. Powell.

En este capítulo iniciaremos el estudio del ego en relación con sus personalidades: esto significa en realidad el aspecto vida de la reencarnación. La primera parte de nuestro tema será consagrado a Trishna, esa "sed" que es la razón principal que incita al ego a buscar la reencarnación.

La razón primaria y esencial de la reencarnación es la Voluntad Cósmica que se hace sentir en el ego, apareciendo en él como un deseo de manifestarse. En obediencia a esto, el ego repite la acción del Logos y se proyecta en los planos inferiores.

En sánscrito este deseo se conoce más específicamente como Trishna, o sed, en pali, como Tanha. Es la sed ciega de vida manifestada, el deseo de encontrar alguna región en que el ego pueda (1) expresarse y (2) recibir aquellas impresiones e impactos desde afuera, los únicos que le permitirán estar consciente de vivir, de sentirse vivo. Esto no es el deseo de vivir en el sentido corriente de la palabra, sino más bien el de una manifestación más completa, un deseo de sentirse vivificado y activo en mayor grado, un ansia de esa conciencia plena que comprende el poder de responder a todas las vibraciones posibles procedentes de los medios ambientes en cada plano y en tal forma que el ego pueda alcanzar la perfección de simpatía.

Como veremos con mayor claridad más adelante, el ego en su propio plano está lejos de ser del todo consciente, pero la conciencia que tiene, le da una sensación de mucho agrado y despierta en él una especie de hambre de una realización más amplia de la vida. Es esta hambre del ego, en realidad, lo que está por detrás del gran clamor mundial en demanda de una vida más abundante. No es la presión exterior la que le obliga al hombre a volver a la encarnación: encarna porque quiere venir al mundo. Si el ego no quisiera retornar, no lo haría; pero en tanto persista deseo de alguna cosa que el mundo puede proporcionarle, deseará regresar. De modo que no está forzado contra su propia voluntad a volver a este mundo de penas, sino que es su propia e intensa hambre lo que lo atrae de vuelta.

Podríamos tomar una analogía del cuerpo físico. Cuando se ha ingerido alimento y éste ha sido completamente absorbido, el cuerpo pide más, tiene hambre. Nadie le obliga al hombre a comer; consigue alimento y lo consume porque lo necesita. De igual modo, mientras el hombre sea imperfecto, mientras no haya asimilado todo lo que este mundo le puede ofrecer y lo haya utilizado completamente, de tal manera que no ansíe más nada de este mundo, volverá a encarnar.

Se puede concebir a Trishna como uno de los muchos modos en que se manifiesta la ley universal de periodicidad. En la Filosofía Esotérica, se reconoce esta ley como abarcando la emanación y la reabsorción del universo, el Día y la Noche de Brahma, la expiración y la inspiración del Gran Aliento. De ahí que los hindúes hayan representado al Dios del Deseo como el impulso hacia la manifestación. "Kama. . . es en el Rig Veda la personificación del sentimiento que conduce e impulsa a crear. Fue el Primer Movimiento que impulsó al UNO a crear, después de su manifestación desde el Principio Abstracto puro. Primeramente surgió en Él el deseo, que fue el germen Primordial de la Mente; y que los Sabios, al investigar con su inteligencia han descubierto ser el lazo que relaciona a la Entidad con la No-Entidad." (La Doctrina Secreta, II, 206).

Cuando la Inteligencia espiritual entra en contacto con esta sed de sensación, su primer acto es de intensificarla. Como dice la Estancia: "De su propia esencia llenaron (es decir, intensificaron) el Kama". (ídem, 212). Así Kama para el individuo como para el Cosmos llega a ser la primera causa de la reencarnación, y a medida que el Deseo se diferencia en deseos, éstos encadenan al Pensador a la tierra y le traen de vuelta repetidas veces al nacimiento. Las escrituras hindúes y budistas están, naturalmente, repletas de esta afirmación de una verdad.

Existirá Trishna en tanto no se alcance la realización de Brahman. Cuando el hombre haya asimilado todo lo adquirido, incorporándolo en sí mismo, entonces Trishna surgirá y lo hará salir para que vaya a adquirir nuevas experiencias. Al principio, es sed de experiencias externas, y es en este sentido que se emplea Trishna generalmente. Sin embargo hay una sed aún más aguda, expresada bien en la frase: "Sedienta está mi alma de Dios, del Dios vivo. Esta es la sed que siente la parte de encontrar la totalidad a que pertenece. Si pensamos en la parte que procede del total pero sin perder jamás el vínculo con éste, entonces veremos que existirá siempre una fuerza de retracción tratando de hacer retornar a dicha parte. El Espíritu, que es divino, no puede encontrar satisfacción permanente fuera de la divinidad; y es este descontento, este deseo de buscar, lo que constituye la raíz de Trishna, que saca al hombre de devachán, o, en realidad, de una condición cualquiera hasta alcanzar el término de la búsqueda.

Es muy posible para el hombre llegar a una especie inferior de Moksha — una temporaria liberación del renacimiento. Así en la India ciertos yogis menos desarrollados matan deliberadamente todos los deseos que pertenecen a este mundo determinado. Al darse cuenta de que el mundo es transitorio, de que apenas vale la pena preocuparse mucho de permanecer en él, especialmente si se ha sufrido mucho o se ha desilusionado, el hombre llega a esa forma de vairagya (desligamiento) que se denomina técnicamente "vairagya de tierra candente"; y si bien esto no conduce a la liberación completa, da por resultado una liberación parcial.

Como afirma uno de los Upanishads, el hombre nace en el mundo al que le conducen los deseos. De ahí que, habiendo matado todo deseo de algo en este mundo, desaparece del mismo y no renace más en él. Entonces pasa a un loka (mundo) que no es permanente, pero en el que podrá permanecer durante largas épocas. Existen muchos mundos de tal naturaleza, relacionados a menudo con la adoración de una forma Divina particular, con tipos especiales de meditación, etc., y el hombre puede pasar a uno de éstos y quedar allí por tiempo indeterminado. En el caso de los que se han entregado mayormente a la meditación, su deseo está dirigido por completo hacia los objetos de la meditación; por consiguiente permanecen en el mundo mental, donde sus propios deseos les han conducido.

Si bien tales personas se han libertado de las penas de este mundo, volverán finalmente a un mundo, a éste si aún existe, sino a otro parecido a éste en el que podrán continuar su evolución desde el punto en que fue suspendido. De ahí que solo postergan las dificultades, y por consiguiente no parece valer la pena adoptar el plan descripto. Es debido a la posibilidad de "matar" el deseo que los instructores ocultistas prescriben en su reemplazo la transmutación del deseo. Lo que se mata resucitará de nuevo: lo que se transmute está cambiado para siempre. Una persona en estado muy imperfecto de evolución, que mata el deseo, destruye al mismo tiempo toda posibilidad de evolución superior, puesto que no tiene nada para transmutar. El deseo está muerto para la vida actual, lo que significa que toda la vida superior de las emociones y mental está muerta durante dicho período.

El falso vairagya es una repulsión de lo inferior, producida por desilusión, penas, cansancio de cualquier naturaleza: la verdadera indiferencia hacia las cosas inferiores resulta del deseo de la vida superior, y produce un resultado completamente distinto. En "La Voz del Silencio" se dice que el alma requiere "puntos que le atraen hacia arriba"; al matar el deseo el hombre se libera sólo temporalmente del gusto de la vida; el gusto existe todavía en estado latente, y a su debido tiempo renacerá. Si un individuo que ha matado el deseo en la forma señalada es una persona muy corriente, sin cualidades especiales de intelecto o morales, quedará, como ya se explicó, apartado de este mundo, en condición tal que se encuentra feliz pero en la que no es de ninguna utilidad especial, ni para sí mismo ni para ningún otro ser.

Si, por el contrario, es un hombre que ha progresado considerablemente en el Sendero, puede haber alcanzado una etapa de meditación en la que sus poderes mentales son de gran valor. Puede, aunque sea inconscientemente, influenciar al mundo y así ayudar en esa gran corriente de energía mental y espiritual de que se sirven los Maestros para Su obra en el mundo. Este es el repositorio llenado con energía espiritual por los Nirmanakayas.

Un individuo de esta naturaleza, pleno de espíritu de servicio, pasaría a un mundo en el que podría trabajar en ese sentido especial. Sería un mundo más o menos al nivel del cuerpo causal. Allí podría vivir durante evos, literalmente, proyectando una corriente de pensamiento concentrado para ayudar a los demás, y ayudando así en el abastecimiento de esta reserva de poder espiritual.

En este capítulo nos ocuparemos de la parte que juegan los átomos permanentes en la reencarnación, como también de ciertos otros detalles del mecanismo del renacimiento. Como ya hemos explicado en esta serie de obras, después de la muerte del cuerpo físico, el ego se retira regularmente de un plano tras otro, hasta que por fin está revestido únicamente en el vehículo causal. En la muerte física, la tela de vida, juntamente con el prana, se retiran al corazón, rodeando el átomo permanente físico. Este asciende entonces por el Sushumna-nadi —un canal que atraviesa el corazón hasta el tercer ventrículo— y penetra en la cabeza, llegando hasta el tercer ventrículo del cerebro. Entonces la tela entera envolviendo el átomo permanente, asciende lentamente al punto de unión de las suturas parietal y occipital, y abandona el cuerpo físico — que ahora ha dejado de existir.

A medida que el ego desocupa cada uno de sus cuerpos, los átomos permanentes de dichos cuerpos pasan a una condición estática y son retenidos en el cuerpo causal en estado latente. Mientras el hombre se encuentra únicamente en el cuerpo causal, tiene, dentro de dicho cuerpo, el átomo permanente físico, el astral y la molécula permanente mental o unidad, como se denomina ésta comúnmente. Estos tres átomos, envueltos en la tela de vida búdica, tienen el aspecto de una partícula brillante, como un núcleo, en el cuerpo causal. Son, naturalmente, todo lo que le queda al ego de los cuerpos físicos, astral y mental, de su última encarnación.

Mientras el hombre está en posesión de todos sus vehículos, los átomos permanentes están representados con rayos proyectados por éstos, indicando que están en funcionamiento activo. A medida que muere cada cuerpo y queda atrás, el átomo permanente involucrado entra en estado latente, como lo muestra el círculo sin rayos, y se retira dentro del cuerpo causal. A medida que los átomos permanentes "se duermen" en esta forma, disminuye la corriente normal de vida en las espirillas, y durante todo el período de reposo la corriente es pequeña y lenta. El diagrama muestra el cuerpo causal, en el plano causal, con las tres partículas permanentes dentro del cuerpo, todos en estado latente.

Es necesario que el estudiante se de cuenta de que es necesario para la evolución que sean trasladados estos átomos permanentes, por cuanto el hombre desarrollado ha de dominar todos los planos o mundos, y los átomos permanentes forman el único canal directo, por más imperfecto que sea, entre la tríada espiritual o ego y las formas con las que está conectado. Si fuera concebible que pudiera desarrollarse sin los átomos permanentes, sería posible que llegaría a ser un glorioso arcángel en los planos inferiores, por haberse despojado del poder de sentir y de pensar. Sin embargo no debemos desprendernos de los átomos permanentes: nuestra obra consiste en purificar y desarrollarlos.

Podemos observar aquí que los átomos permanentes están mucho más evolucionados que los demás átomos, encontrándose en el mismo estado de desarrollo completo que los de la séptima ronda en los individuos que están a punto de alcanzar el grado de Adepto. Por consiguiente, estos átomos han logrado el desarrollo más elevado posible y come hemos visto, están cargados con todas las cualidades que han traído de encarnaciones anteriores.

Cuando una persona alcanza el nivel de un Buddha, es absolutamente imposible para él encontrar átomos que le sean de utilidad, exceptuando los que ya han servido de átomos permanentes a seres humanos. Todos los átomos de todos aquellos que, en conexión con éste mundo, y probablemente también con esta cadena de mundos, que alcanzaron el estado de Arhat y se desprendieron de éstos, han sido reunidos y utilizados en los vehículos del Señor Gautama Buddha. Como no había suficiente de éstos para completar el vehículo se utilizaron también algunos de los mejores átomos comunes disponibles, y éstos fueron galvanizados en actividad por los otros. Estos átomos comunes se reemplazan por átomos permanentes obtenidos de todo nuevo Adepto al tomar él la vestidura Sambhogakaya o Dharmakaya. Esta serie de cuerpos es única, y no existe material para formar otra. Fueron usados estos por Gautama Buddha y luego guardados.

Estos mismos cuerpos causal, mental y astral del Buddha fueron utilizados por el Cristo juntamente con el cuerpo físico de Jesús, y también por Shankaracharya. Ahora el Señor Maitreya los está usando. Para volver de esta digresión sobre los átomos permanentes, al momento en que la vida en los subplanos mentales superiores llega a su término, observamos que Trishna, es decir el deseo de más experiencias, se afirma nuevamente y el ego dirige la atención hacia el exterior, atravesando el umbral de devachan a lo que se ha denominado el plano de la reencarnación, trayendo consigo los resultados, grandes o pequeños, de su obra de devachan.

Con la atención vuelta hacia el exterior, como ya hemos dicho, el ego envía un estremecimiento de vida que activa la unidad mental. La corriente en las espirillas de esta unidad y a su vez en los demás átomos permanentes, que durante el período de reposo ha sido pequeña y lenta, aumenta ahora y la unidad mental, así estimulada, empieza a vibrar con fuerza. Esto está representado en el diagrama, al lado derecho, por una reaparición de los rayos alrededor de la unidad mental. La tela de vida entonces comienza a desplegarse de nuevo, y la vibrante unidad mental, actuando como magneto, atrae a sí materia mental, con poderes vibratorios semejantes a los propios o que concuerdan con ellos.

Los devas del Segundo Reino Elemental poseen este material dentro del alcance de la unidad mental, y en las primeras etapas de la evolución, también moldean la materia en una nube amorfa alrededor de la unidad permanente: pero, a medida que procede la evolución, el ego mismo ejerce persistente y acrecentada influencia sobre la forma del material. Esta nube de materia —que por cierto no es un vehículo propiamente dicho— está indicada en el diagrama con un contorno de puntos. Cuando el cuerpo mental está formado en parte, el estremecimiento de la vida del ego vitaliza el átomo permanente, y se efectúa un proceso análogo al anterior, una nube de materia astral es atraída alrededor del átomo astral permanente.

Vemos pues, que en su descenso a la encarnación, el ego no recibe cuerpos mentales y astrales ya construidos; sino material del cual se construirán dichos cuerpos durante el curso de la vida subsiguiente. Además, la materia recibida es capaz de proveerle de cuerpos mentales y astrales de exactamente el mismo tipo que los que poseyó al término de sus últimas vidas mental y astral respectivamente. El método por cuyo medio el ego obtiene un nuevo cuerpo etérico, dentro del cual se construye el nuevo cuerpo físico como en un molde, ha sido ampliamente descripto en "El Doble Etérico" págs. 87-88 y por eso no hay necesidad de repetirlo aquí. Podemos añadir, sin embargo, que durante la vida humana prenatal, se forma la prolongación del Sutratma, consistiendo de un hilo único, que luego forma una red, una tela reluciente de inconcebible delicadeza y hermosura, con mallas minúsculas, que recuerdan el capullo del gusano de seda.

Dentro de las mallas de esta tela se insertan una al lado de otra las partículas más groseras de los cuerpos. De manera que, si se contemplaran éstas con visión búdica, desaparecerían y en su lugar se percibiría esta tela de vida, como se la llama, que sostiene y vivifica todos los cuerpos. Durante la vida prenatal, el hilo se extiende fuera del átomo permanente físico ramificándose en todas direcciones, continuando su crecimiento hasta que el cuerpo físico alcanza su madurez. Durante la vida física el prana o vitalidad fluye por las ramificaciones y las mallas. Parece que es generalmente la presencia del átomo permanente la que determina la fertilización del óvulo, del cual nace el nuevo cuerpo. No obstante, cuando un niño nace muerto, generalmente falta el ego (se supone, por consiguiente, que no ha habido átomo permanente) y por tanto tampoco ningún elemento etérico.

Aunque hay legiones de egos buscando encarnación, muchos de éstos están en estado tan primitivo, que casi cualquier medio ambiente ordinario les seria igualmente adecuado. Sin embargo, sucede a veces que en un momento dado, no hay ningún ego que pueda aprovechar una oportunidad especial: en este caso, aunque el cuerpo esté formado hasta cierto punto por el pensamiento de la madre, no obstante como no hay ningún ego, este cuerpo en realidad nunca está vivo. El ego corriente, naturalmente, no está en ningún sentido en situación -como para elegirse el cuerpo. El lugar de nacimiento está determinado generalmente por la combinada acción de tres fuerzas: éstas son: (1) la ley de evolución, que hace que un ego nazca bajo condiciones que le darán oportunidades de desarrollar precisamente esas cualidades de las cuales tiene mayor necesidad; (2) la ley de Karma, el ego quizá no ha merecido la mejor oportunidad posible, y por consiguiente tiene que arreglarse con uno de segunda categoría. Puede hasta no haber merecido en absoluto ninguna oportunidad mayor, de manera que una vida tumultuosa de poco progreso seria su destino.

Insistiremos un poco más adelante sobre este tema del Karma de un ego: (3) la fuerza de los vehículos personales cualesquiera de amor y de odio, que el ego haya formado anteriormente. Es posible que un hombre sea elevado a veces a una posición que no se puede decir que ha merecido a no ser por razón de un fuerte amor personal para alguna persona más adelantada en la evolución que él. Un hombre más avanzado que ya está en el Sendero, puede ejercer selección hasta cierto punto en cuanto se refiere al país y a la familia de su futuro nacimiento; pero tal individuo sería el primero en poner de lado todo deseo personal en el asunto para entregarse de lleno a las manos de la ley eterna, confiando en que lo que le trae ésta ha de ser mucho mejor para él que cualquier selección propia.

Los padres no pueden elegir el ego que habilitará el cuerpo al que dan nacimiento, pero si viven de tal manera que ofrecen una oportunidad excepcionalmente buena para el progreso de ese ego avanzado, pueden producir condiciones que hacen extremadamente probable que un ego de esta naturaleza venga a ocupar dicho cuerpo. Hemos visto que a medida que el ego desciende a una nueva encarnación, tiene que cargarse con su pasado, gran parte del cual ha sido almacenado como tendencias vibratorias en sus átomos permanentes. Estos gérmenes o simientes son conocidos a los budistas bajo el nombre de Skandhas, palabra conveniente para la cual no existe todavía término equivalente en nuestro idioma. Estas simientes consisten de cualidades materiales, sensaciones, ideas abstractas, tendencias y poderes mentales, el aroma puro de todos estos ha sido incorporado en el cuerpo causal, y el resto almacenado, como ya se ha dicho, en los átomos permanentes y en la unidad mental.

H. P. Blavatsky en su lenguaje vivido, vigoroso e inimitable, da la siguiente descripción del ego que viene a la reencarnación, al encontrarse con sus skandhas: "Espera Karma en la entrada con su tropel de skandhas a que el Ego salga para asumir nueva encarnación. En este momento el destino futuro del ya descansado Ego oscila en las balanzas de la Ley Kármica. En este renacimiento elegido y dispuesto para él por la LEY misteriosa e inexorable, pero de infalibles equidad y sabiduría, tienen su castigo las culpas cometidas en la vida anterior del Ego; pero no en un infierno imaginario de llamas teatrales, y ridículos demonios con cola y cuernos, sino en la misma tierra, plano y región donde las cometiera y en donde ha do expiarlos. Cosechará lo que haya sembrado. En su derredor reunirá Karma a todos aquellos Egos que por su culpa hubiesen sufrido, ya directa, ya indirecta y aún inconscientemente. Serán arrojados por Némesis en el camino del nuevo hombre, que oculta al viejo, al eterno Ego. . . La nueva "personalidad" es un traje nuevo, de forma, color y cualidades características; pero el hombre verdadero que la lleva es el mismo criminal de antes.”

De esto resulta que la ley de Karma sea la que guía indefectiblemente al hombre hacia la raza y la nación en que se encuentran las características generales que producirán un cuerpo, y proveerán un ambiente social adecuado a la manifestación del carácter general construido por el ego en vidas previas, para la recolección de la cosecha que ha sembrado. De esta manera traza Karma la línea que constituye el sendero del ego hacia la nueva encarnación, siendo dicho Karma el conjunto de causas puestas en actividad por el ego mismo. Sin embargo, al considerar este juego de fuerzas cósmicas, hay un factor al que se ha de dar debida importancia: a saber: la pronta aceptación por el ego, en su clara visión, de condiciones para su personalidad, muy lejanas de las que la personalidad podría desear para sí misma. La educación que da la experiencia no es siempre agradable, y para el limitado conocimiento de la personalidad, ha de haber mucho de la experiencia terrenal que parece innecesariamente dolorosa, injusta e inútil. Pero el ego, antes de sumergirse en el "olvido del cuerpo", ve las causas que resultan en las condiciones de la encarnación, en la que está por entrar nuevamente, y las oportunidades que ofrecerá ésta para el progreso; por tanto es fácil comprender cuan livianamente pesarán en la balanza todos los dolores y las penas, cuan triviales parecerán a esa visión amplia las alegrías y los pesares de la tierra.

Pues qué es cada vida sino un paso en el "Perpetuo progreso de cada alma divina o Ego que se encarna en la evolución de lo externo a lo interno, de lo material a lo espiritual que al fin de cada etapa alcanza la unidad con el principio divino. Ir desde una fuerza a otra fuerza; desde la belleza y perfección de un plano a la superior belleza y perfección de otro plano, con nueva gloria y mayor conocimiento y poder en cada ciclo, es el destino del Ego."

Y como lo ha expresado tan gráficamente la Dra. Besant, con semejante destino, ¿qué importa el sufrimiento pasajero de un momento, ni aun la angustia de una vida ensombrecida? Continuando nuestro breve examen de la cuestión del Karma de un ego es posible ver la gran masa de Karma acumulado —conocido bajo el nombre de sanchita o Karma acumulado— cerniéndose por encima del ego. Por lo general no es espectáculo agradable, puesto que por la naturaleza de las cosas, contiene más mal que bien. La razón de esto es la siguiente: En la primera etapa de su desarrollo, la mayoría de los hombres, debido a la ignorancia, han cometido muchos actos que no debieran haber hecho, y por consiguiente han acumulado para sí mismos, como resultado físico, mucho sufrimiento en el plano físico. El hombre civilizado corriente pone mayor empeño en hacer el bien que el mal, y por lo tanto, hablando en general, es probable que tenga más Karma bueno que malo. Pero de ninguna manera va todo el buen Karma a la masa acumulada, y así recibimos la impresión de una preponderancia del mal sobre el bien en dicha masa. Esto requiere por otra parte cierta explicación. El resultado natural de los buenos pensamientos, o de las buenas acciones, es de mejorar al hombre mismo, como también la calidad de sus vehículos, de hacer florecer en él las cualidades de valentía, afecto, devoción, etc. Estos efectos se demuestran en el hombre y en sus vehículos, pero no en la masa de Karma acumulada que le aguarda.

No obstante, si dicho hombre ejecuta una buena acción, pensando en la recompensa que le puede traer, entonces el Karma bueno resultante de esa acción le llegará y será almacenado con el resto de lo acumulado, hasta el momento en que podrá ser presentado y materializado activamente. Karma bueno de esta naturaleza, por supuesto, liga al hombre a la tierra tan efectivamente como Karma malo: por consiguiente, el hombre que tiene como meta el verdadero progreso, aprende a actuar sin idea alguna de sí mismo o del resultado de su acción. Esto no quiere decir que puede evitar dicho resultado, sean sus acciones buenas o malas; sino que es posible cambiar el carácter del resultado. Si se olvida de sí mismo por completo, y actúa sólo por bondad de corazón, entonces toda la fuerza del resultado se expande en la formación de su propio carácter y no queda nada para ligarlo a los planos inferiores. La verdad es que en cada caso el hombre recibe lo que necesita; en las palabras del Cristo: "En verdad os digo: Ya tienen su galardón."

A veces un ego puede elegir si tomará cierto Karma en la vida actual, bien que a menudo la conciencia cerebral puede no saber nada de esta decisión: las circunstancias muy adversas de las que se queja el hombre pueden ser exactamente lo que él haya elegido deliberadamente para sí, con la finalidad de progresar en su evolución. El alumno de un Maestro puede muchas veces dominar su Karma y modificarlo en gran parte, al poner en movimiento nuevas fuerzas en varias direcciones, las que, naturalmente, alteran la expresión de las anteriores. Todos tenemos detrás nuestro, Karma más o menos malo, y hasta no librarnos de ello, será un continuo estorbo en nuestro trabajo más elevado. Por esta razón uno de los primeros pasos hacia un progreso real consiste en librarnos de lo que nos queda todavía de este mal. Por tanto los Agentes del Karma nos brindan la oportunidad de saldar más de esta deuda de manera que el camino quede libre para nuestro trabajo futuro: esto, con frecuencia puede involucrar un aumento de sufrimiento en varios sentidos.

La parte de Karma seleccionado para ser descargado en una vida determinada se conoce como Karma "maduro o prarabhda". Teniendo esto en cuenta se construyen los cuerpos mental, astral y físico "para cierta extensión de vida. Esta es una de las razones porque el suicidio sea error tan lamentable: Constituye una negativa directa de cumplir el Karma seleccionado para dicha encarnación y solo posterga el mal, al mismo tiempo que genera nuevo Karma de naturaleza desagradable. Otra razón contra el suicidio es que cada encarnación cuesta un trabajo considerable de preparación al ego, como también el período cansador de primera infancia durante el cual gradualmente y con mucho esfuerzo consigue algún control sobre sus nuevos vehículos. Es evidente entonces, que es además su deber y para el propio interés extraer todo el provecho posible de sus vehículos y conservarlos con el mayor cuidado posible. Por cierto que no debiera de ninguna manera entregarlos hasta que la Gran Ley le obliga a hacerlo, salvo en el caso de que lo exija algún deber más elevado impuesto de afuera, tal como el del soldado para con la patria.

La selección de Karma "maduro" para determinada encarnación es, por supuesto, un proceso altamente complicado: por ejemplo, tiene que ser lo suficientemente apto para desarrollarse en una época dada del mundo, en familia de un ambiente especial de personas y de circunstancias. Como la voluntad del hombre es libre, puede suceder que el Karma seleccionado para el, en determinada vida, se agote más pronto de lo que los Administradores de Karma habían anticipado, si se puede expresarse así. En tal caso, Ellos le dan más, lo que explica la aseveración que de otra manera sería inquietante, de que "A quién ama el Señor, le castiga". El karma prarabdha o maduro de un individuo se divide en dos partes. La que habrá de expresarse en el cuerpo físico está formada por los Deva-rajas. en el elemental que construye el cuerpo, según descrito en "El Doble Etérico", Cap. XV. La otra parte, considerablemente mayor, indicará su destino por toda la vida; la suerte buena o mala que le corresponderá, constituye otra forma mental que no desciende. Se cierne sobre el embrión, permaneciendo en el plano mental. Desde allí le cobija al hombre, se busca oportunidades para descargarse en seccionas, lanzando de sí un destello como relámpago para derribar, o un dedo para tocar, a veces muy bajo en el plano físico; otras veces es una especie de extensión que alcanza únicamente el plano astral, y a menudo lo que podríamos llamar un rayo horizontal o dedo en el plano mental.

Esta forma mental sigue descargándose hasta vaciarse del todo, y luego vuelve a la materia del plano. El hombre, naturalmente, puede modificar la acción de ésta por medio del nuevo Karma que está fabricando constantemente. El hombre corriente por lo general tiene apenas la voluntad suficiente como para crear nuevas causas fuertes, y así el elemental se vacía de todo contenido, según lo que se puede describir como su programa original, aprovechando los períodos astrológicos convenientes a las circunstancias que le rodean, y que hacen su trabajo más fácil o más efectivo. Y de esta manera el horóscopo del hombre puede desarrollarse con considerable exactitud. Más si el hombre está lo bastante desarrollado como para poseer una voluntad fuerte es probable que la acción del elemental se modificará mucho, y la vida no seguirá en absoluto las líneas marcadas por el horóscopo. A veces las modificaciones introducidas son tales que el elemental no puede descargarse completamente antes de la muerte del hombre. En este caso, lo que resta del Karma es absorbido nuevamente en la gran masa de Karma sanchita o acumulado, y de esto se forma otro elemental más o menos parecido, listo para la próxima vida física.

La hora y el lugar del nacimiento físico lo determina el "temperamento", a veces denominado "color" o "nota clave" de la persona, esto a su vez es determinado hasta cierto punto por el átomo permanente. El cuerpo físico tendrá que nacer en el mundo en el momento en que las influencias planetarias sean adecuadas para el "temperamento": puesto que nace "bajo" su "Estrella" astrológica. Está demás añadir que no es la Estrella o astro que impone el temperamento, sino éste que fija la época del nacimiento bajo dicho astro. De aquí surgen las correspondencias entre los astros y los caracteres, y la utilidad, para propósitos educativos, de un horóscopo bien trazado como guía del temperamento personal de un niño. Parece probable que en la mayoría de los casos, la hora exacta y forma de muerte de un individuo no sean determinadas con anterioridad o en el momento de su nacimiento. Los astrólogos con frecuencia afirman que no pueden predecir la muerte de una persona, aunque pueden calcular que en ciertas épocas las influencias maléficas estarán muy fuertes, de manera que el hombre puede dejar de existir en una de esas épocas: sin embargo, si no fallece, entonces su vida continuará hasta que llegue otra ocasión determinada en que los aspectos maléficos lo amenacen de nuevo, y así sucesivamente.

Es probable que estas incertidumbres representen puntos no definidos que se dejan abiertos para una decisión posterior, dependiente en gran parte de las modificaciones introducidas por la acción del individuo durante su vida y por el uso que hace de sus oportunidades. En todo caso, debiéramos evitar el error de dar importancia exagerada a la hora y a la forma de la muerte. Podemos estar seguros de que Aquellos a quienes incumben tales asuntos poseen una apreciación mucho más exacta de los valores relativos, y consideran el progreso del ego involucrado como la única cosa de mayor importancia. Mientras nos ocupamos del tema de la muerte, se puede mencionar que la objeción básica en contra del asesinato es que interfiere con el curso de la evolución. Al matar a un hombre se le quita la oportunidad de evolucionar, que en caso contrario, hubiera tenido éste al ocupar dicho cuerpo. Naturalmente esa persona tendrá otra oportunidad más tarde en otro cuerpo, pero ha sido demorado, y ha dado mayor molestia a los agentes de Karma para encontrar otro lugar para su evolución.

Es evidente que es mucho más serio matar a un hombre que a un animal, puesto que el hombre tiene que desarrollar una personalidad completamente nueva, mientras que el animal vuelve al alma grupal, de donde otra encarnación es un asunto relativamente fácil, pero aun esta cantidad inferior de Karma ha de ser generada en forma inconsciente o inútilmente. Para un ego avanzado, todas las primeras etapas de la infancia son excesivamente cansadoras. A veces una persona realmente avanzada evita todo esto pidiendo a otra prestado un cuerpo adulto, sacrificio que cualquiera de sus discípulos estaría siempre muy dispuesto a hacer.

Este método, no obstante, presenta también desventajas. Cada cuerpo tiene sus pequeñas peculiaridades y hábitos propios que no se pueden cambiar muy fácilmente, de manera que ha de ser hasta cierto punto un desajuste para otro ego. En el caso bajo consideración, el hombre retendría sus antiguos cuerpos mental y astral, que son, naturalmente, contrapartes de su cuerpo físico anterior. El adaptar éstos al nuevo cuerpo físico desarrollado por otra persona, evidentemente podría ser asunto muy difícil. Además, si el nuevo cuerpo físico es el de un bebé, es posible adaptarlo paulatinamente, pero en el caso de un adulto habría que hacer la adaptación inmediatamente, lo que significaría un esfuerzo decididamente desagradable.

En "El Cuerpo Etérico" se explicó como se construye gradualmente el nuevo cuerpo físico en el molde previsto por el doble etérico, siendo construido éste de antemano para el ego que entra, por un elemental, el cual es una forma mental colectiva de los cuatro Devarajas. Este elemental se encarga del cuerpo desde el comienzo, pero cierto tiempo antes de producirse el nacimiento físico, el ego también se pone en contacto con su futura morada, y desde ese momento en adelante las dos fuerzas obran en conjunto. A veces las características que el elemental está dirigido a imponer son pocas, y por consiguiente éste puede retirarse cuando el cuerpo es de edad aún comparativamente tierna, dejándolo al ego en pleno control de dicho cuerpo. En otros casos, en que las limitaciones son de carácter que se requiere mucho tiempo para su desarrollo, podrá retener su puesto hasta que cumpla el cuerpo los siete años de edad. En la mayoría de los casos, sin embargo, la verdadera obra ejecutada por el ego en los nuevos vehículos, hasta el momento en que se retira el elemental, es inconsiderable. Por cierto está conectado con el cuerpo, pero generalmente presta poca atención a éste, prefiriendo esperar hasta que dicho cuerpo haya alcanzado una etapa en el que reaccione más a sus esfuerzos.

Durante el período embriónico, mientras se construye el cuerpo físico con la sustancia de la madre, el ego vela sobre esta última, pero poco puede hacer en la formación misma del cuerpo. El embrión está inconsciente de su futuro, sólo está vagamente consciente de la corriente de vida materna, de sus temores, pensamientos y deseos. Nada de lo que procede del ego puede afectarle, salvo una débil influencia que procede del átomo permanente físico, y porque es incapaz de responder a ellos, no comparte los pensamientos extensivos y las emociones de aspiración del ego, según expresados por éste en su cuerpo causal.

Durante los años en que el ego está entrando en pleno contacto con los nuevos vehículos, está llevando, en su propio plano, su propia vida más amplia e intensa. Su relación con el nuevo cuerpo físico se manifiesta en el desarrollo de la conciencia cerebral. Los egos difieren muchísimo en el interés que toman en sus vehículos físicos: algunos los vigilan ansiosamente desde el principio, y se ocupan bastante de ellos, mientras que otros egos se despreocupan casi totalmente de los mismos. El caso del Adepto es muy diferente. Como no hay karma malo para desarrollar, no hay tampoco ningún elemental trabajando y el ego mismo es el único encargado del desenvolvimiento del cuerpo desde el principio; está limitado únicamente por las tendencias heredadas.

Esto permite la producción de un instrumento mucho más refinado y delicado: pero también involucra mucho más trabajo para el ego, y durante unos años ocupa una parte considerable de su tiempo y energía. Por consiguiente, debido a esta razón y seguramente por otras también, el Adepto no quiere repetir el proceso más a menudo de lo estrictamente necesario, prefiriendo hacer durar su cuerpo físico todo lo que le sea posible. Mientras que, por varias razones, tales como debilidad heredada, enfermedades, accidentes, auto-indulgencia, preocupaciones y exceso de trabajo, nuestros cuerpos se envejecen y mueren, en el caso del Adepto, ninguna de estas causas está presente, aunque, por supuesto, hemos de recordar que el cuerpo del mismo es adecuado para el trabajo y en condiciones de aguantar en forma incalculablemente mayor que el del hombre común.

En el caso del hombre común, parece haber continuidad en la apariencia personal de vida en vida, si bien se han notado ejemplos de gran similitud. Como el cuerpo físico es hasta cierto punto una expresión del ego, y éste no varia, han de haber algunos casos en que se expresa en forma que se asemejan. Pero por regla racial las características de familia y otras se sobreponen a esta tendencia. Cuando un individuo está tan avanzado que la personalidad y el ego se encuentran unificados, la personalidad tiende a dejarse imprimir con las características de la forma glorificada en el cuerpo causal, forma que es, por supuesto, relativamente permanente. Cuando el hombre llega a ser Adepto, todo su karma ya está agotado; el cuerpo físico es la presentación más aproximada que sea posible de esta forma glorificada. Los Maestros, por lo tanto, siguen siendo reconocibles durante un número cualquiera de encarnaciones, de manera que no se esperaría notar mucha diferencia en Sus cuerpos, aun si pertenecieran a otra raza.

Se han visto prototipos de lo que parecerán los cuerpos de los hombres de la Séptima Raza, y según las descripciones de los mismos son trascendentalmente hermosos. Con frecuencia se ha recalcado el período de siete años, tratándose del descenso del ego para tomar posesión completa del cuerpo físico. Para esto existe cierta razón de carácter físico. En el embrión humano, hay un determinado grupo de células que, contrario a los demás, no pasan por el proceso de sub-división. Este grupo de células asciende hasta alcanzar la parte superior del embrión, pero no se subdivide: cuando nace el niño, están aún separadas y permanecen en ese estado durante un período considerable de la vida pos-natal. No obstante, ocurren cambios dentro de las células debido a los cuales éstas proyectan ramales. Dichos ramales, después de un tiempo, se encuentran, habiendo quedado absorbidos los tabiques divisorios, en tal forma que las células están ahora en completa intercomunicación: de esta manera se construye un canal. Este proceso toma unos cinco años para efectuarse hasta formar una verdadera red que se hace cada vez más complicada.

Los fisiólogos y los psicólogos señalan que, hasta que esta red compleja no esté formada, el niño no puede razonar mucho, y que no se le ha de dar ningún proceso complicado de razonamiento que exija de él un esfuerzo demasiado grande. La ciencia material afirma que con el desarrollo de esta red aumenta el poder de raciocinio. El ocultista explicaría este fenómeno diciendo que a medida que se perfecciona el mecanismo físico, el poder de raciocinio ya existente en el ego, está ahora en condiciones de manifestarse. El ego tiene que esperar hasta que el cerebro esté preparado antes de producirse un estrecho contacto con éste y poder compenetrarlo. Se afirmó anteriormente que durante el descenso del ego al renacimiento, existen, atraídos alrededor de los átomos permanentes, ciertos materiales para la construcción de los nuevos cuerpos mental y astral. Si se le deja al niñito librado a sí mismo, la acción automática del átomo permanente astral tenderá a producir un cuerpo astral para él, exactamente similar al que tuvo en la vida anterior. Sin embargo no existe ninguna razón porque se ha de usar todos estos materiales, y si se trata al niño en forma inteligente guiándole razonablemente, se le estimulará a desarrollar hasta la plenitud todos los gérmenes que trajo de su vida anterior, mientras que se dejará a los gérmenes del mal que queden en estado latente. Al hacer esto, dichos gérmenes se atrofiarán gradualmente y se desprenderán del niño; el ego desarrollará dentro de sí las virtudes opuestas, y entonces se encontrará libre durante todas sus vidas futuras de las malas cualidades que indicaban estos gérmenes del mal.

Los padres y maestros de escuelas pueden ayudar al niño a alcanzar esta consumación deseable, no tanto con los datos definidos que le pueden enseñar, sino por medio del estímulo que le brindarán mediante el trato racional y bondadoso, dado uniformemente y sobre todo por el afecto que se le prodigará. En "El Cuerpo Astral" y "El Cuerpo Etérico" en los capítulos sobre la Reencarnación, ya hemos subrayado mucho los inmensos servicios que pueden —y deben— rendir al ego, los que son responsables de su crianza y entrenamiento, de manera que es innecesario repetir aquí lo que se dijo en dichas obras.

Sin embargo, podemos añadir que. el que en vez de despertar el amor y las cualidades buenas en los niños bajo su cargo, despierta en ellos las malas, tales como el miedo, el engaño y cosas parecidas, está entorpeciendo el progreso de los egos implicados, y en esta forma les está perjudicando en una forma, muy seria. El mal uso de tal oportunidad involucra una terrible caída para el culpable. En algunos casos, por ejemplo, crueldad de esta naturaleza puede resultar en locura, histerismo o neurastenia. En otros, dará por resultado un descenso cataclísmico en la escala social, tal como el renacimiento de un brahmán en el estado de paria, como resultado de crueldad hacia los niños. Bajo el mismo principio, un hombre que, teniendo fortuna y poderes, emplea su posición para oprimir a sus empleados, genera karma muy malo. El único aspecto del asunto que les concierne a los agentes del karma es que el hombre en semejante posición tiene en sus manos una oportunidad de ser una influencia bienhechora en la vida de muchas personas. Aquel que descuida o abusa de tal oportunidad obra por su propio riesgo.


Más libros de parapsicología. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:

El resumen del artículo: Causas y mecanismos del Karma y la reencarnación: Trishna: la causa de la reencarnación (Trishna: The Cause Of Reincarnation) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Telepatía y transmisión de pensamientos: A.E. Powell

La telepatía o transferencia de pensamientos consiste básicamente en la transmisión y recepción de contenidos psíquicos entre individuos a través de la mente.
La transferencia de pensamientos es una de las formas más extendidas de percepción extrasensorial, a menudo involuntaria, relacionada con otros fenómenos paranormales como la clarividencia y la telequinesis.

Ahora bien, ¿es posible escuchar los pensamientos de otra persona y, al mismo tiempo, entablar un diálogo mental con ella?

Según algunos investigadores, la transmisión de pensamientos o telepartía no solo es posible, sino que es algo que realizamos constantemente sin siquiera advertirlo.

A propósito de este tema citamos un interesante artículo titulado: Telepatía o el mecanismo de transmisión de pensamientos (The Mechanism of Thought-Transference), del investigador A.E. Powell —autor de: El alma de los animales: almas grupales animales (Animal Group Souls), Devachán (Devachán), Recuerdo de las Vidas Pasadas (Memory of Past Lives), El Cuerpo Astral y otros fenómenos astrales (The Astral Body: And Other Astral Phenomena), El Cuerpo Causal y el Ego (Causal Body and the Ego), Trishna: la causa de la reencarnación (Trishna: The Cause Of Reincarnation) y El Doble Etérico (The Etheric Double)—, extraído del libro: El Cuerpo Mental (The Mental Body).





Telepatía o el mecanismo de transmisión de pensamientos.
The Mechanism of Thought-Transference, A.E. Powell.

Antes de entrar a considerar el fenómeno de transferencia del pensamiento, y los efectos del mismo sobre las personas, es conveniente describir el mecanismo por cuyo medio se transmite el pensamiento de una persona a otra.

El término “telepatía” significa, literalmente “sentimiento a distancia” de consiguiente, podríamos limitarlo, propiamente, a la transmisión de sentimientos o emociones. No obstante, se lo emplea hoy, en general, como casi sinónimo de transferencia mental; de manera que comprende la transmisión de imágenes, pensamientos o sentimientos de una persona a otra sin emplear medios físicos.

Se conocen tres posibilidades en telepatía; puede ser comunicación directa entre dos cerebros etéricos; entre dos cuerpos astrales, o entre dos cuerpos mentales.

Por el primer método, que podemos llamar físico o etérico, el pensamiento imprime primero una vibración en el cuerpo mental, luego en el astral, después en el cerebro etérico, y finalmente en las moléculas densas del cerebro físico. El éter físico es afectado por las vibraciones cerebrales y las ondas se difunden hasta llegar a otro cerebro, en cuyas partículas etéricas y densas imprimen una vibración. Estas vibraciones del cerebro receptor son transmitidas a los cuerpos astral y mental y, de esta manera, llegan a la conciencia de la persona afectada.

Si el cerebro físico de una persona crea una forma concreta fuerte, esta se reviste de materia etérica; el mismo esfuerzo de crear la imagen produce ondas etéricas en todas direcciones. Lo que se envía no es la imagen precisamente, sino una serie de vibraciones que reproducen la imagen. El proceso es algo análogo a la acción del teléfono, en el cual no se transmite la voz, sino cierto número de vibraciones eléctricas originadas por la voz, las cuales, al llegar al receptor, se transforman en el sonido de la voz.

La glándula pineal es el órgano de transferencia del pensamiento; de la misma manera que el ojo es el órgano de visión. La glándula pineal de la mayoría de las personas es rudimentaria, pero está evolucionando, no atrofiándose. Es posible acelerar la evolución de la misma, para que desempeñe la función que le corresponde; función que, en el futuro, desempeñará en todos.

Quienquiera piense decididamente en una sola idea, con atención concentrada y sostenida, notará en la glándula pineal un ligero temblor u hormigueo, comparado al deslizamiento de una hormiga. El temblor se produce en el éter, que impregna la glándula, y causa una corriente magnética que origina la sensación de hormigueo; de esta manera, el pensador sabe que el pensamiento ha alcanzado un grado de concentración y de fuerza que lo habilita para ser transmitido.

La vibración del éter de la glándula pineal origina ondas en el éter circundante, como ondas de luz, pero de menor diámetro y más rápidas.

Estas vibraciones se difunden en todas direcciones, poniendo el éter en movimiento; las ondas etéricas, a su vez, producen vibraciones en el éter de la glándula pineal de otro cerebro y son transmitidas a los cuerpos astral y mental, en sucesión regular, como se ha descrito antes, llegando así a la conciencia. Si la glándula pineal receptora es incapaz de reproducir las ondulaciones, el pensamiento pasará sin ser notado; no hará impresión alguna; de la misma manera que las ondas de luz no hacen impresión en el ojo de un ciego.

Por el segundo o método astral de transferencia del pensamiento, el cerebro etérico no toma parte en el proceso; la comunicación se efectúa directamente de un cuerpo astral a otro.

Por el tercero, o método mental, el pensador, después de crear el pensamiento en el plano mental, no lo hace descender al cerebro, sino que lo dirige, inmediatamente, al cuerpo mental de otro pensador. El poder de hacer esto, deliberadamente, implica una evolución mental muy superior a la requerida por el método físico; pues el transmisor ha de ser autoconsciente en el plano mental, para poder ejercitar, deliberadamente, tal actividad.

Cuando la humanidad haya evolucionado más, este último será, probablemente, el método común de comunicación. Los Maestros ya lo emplean para la instrucción de Sus discípulos. De esta manera pueden transmitir, fácilmente, las ideas más complicadas.

El último aspecto es de suficiente importancia como para merecer que lo tratemos con mayor extensión. Primeramente, nos ocuparemos de la transferencia mental, total o parcialmente inconsciente.

En lo ya dicho, hemos visto claramente que la persona, donde quiera vaya, deja tras sí una estela de pensamientos. Al caminar por una calle, por ejemplo, estamos constantemente sumergidos en un mar de pensamientos de otras personas; la atmósfera toda está llena de ellos, vagos e indeterminados.

Si uno deja su mente en blanco por un momento, esos pensamientos vagos, generados por otros, se deslizan por ella, haciendo, en la mayoría de los casos, muy poca impresión; pero algunas veces la afectan seriamente.

Ocurre, sin embargo, que alguna idea atrae la atención de la persona y se apodera de su mente; la persona la hace suya durante unos momentos, la fortalece en su propia fuerza y la lanza de nuevo para que afecte a otro.

De consiguiente el hombre no es responsable de un pensamiento que flote y penetre en su mente; porque puede no ser suyo, sino de algún otro. Es responsable, sin embargo, si lo acepta, si lo entretiene, y luego lo envía fortalecido.

Tal mezcla de pensamientos de diversas procedencias no tiene coherencia precisa; aunque cualquiera de ellos puede iniciar una serie de ideas asociadas y hacer que la mente piense por su propia cuenta. Si las personas examinaran la corriente de ideas, que pasan por sus mentes, quedarían, probablemente, sorprendidas al descubrir que muchas fantasías, inútiles y sin sentido, entran y salen de su mente en corto tiempo. Ni la cuarta parte de ellas son pensamientos propios. En la mayoría de los casos, son inútiles y, en general, de tendencia más dañina que buena.

De esta manera, los hombres se afectan, constantemente, unos a otros con pensamientos lanzados sin intención precisa. En efecto, la llamada opinión pública se forma, en gran parte, de esta manera; en la mayoría de los casos, la opinión pública es transferencia mental. Gran número de gentes piensan en cierto sentido, no porque hayan reflexionado por sí mismos, sobre las cuestiones, sino porque otros muchos están pensando de la misma manera y arrastran a los demás. El pensamiento potente de un pensador de gran fuerza penetra en el mundo mental, donde lo captan las mentes receptivas, capaces de responder a él. Estas reproducen las vibraciones, refuerzan la idea y, así, contribuyen a afectar a otros; las ideas toman, así, más y más fuerza y, con el tiempo, ejercen gran influencia sobre gran número de personas.

Si consideramos tales formas mentales en masa, nos daremos cuenta sin dificultad, de la tremenda influencia que tienen para producir sentimientos nacionales y raciales, creando así prejuicios colectivos. Todos nos desenvolvemos rodeados de una atmósfera poblada de formas mentales que encierra ciertas ideas; los prejuicios nacionales, el peculiar modo de considerar las cosas, ideas y sentimientos nacionales, todos nos afectan al nacer y aún antes.

Todo lo vemos a través de esa atmósfera, la cual refracta, en mayor o menor medida, cada pensamiento, y nuestra mente, y también el cuerpo astral, vibran de acuerdo. Casi todos estamos dominados por la atmósfera nacional; la opinión pública una vez formada, arrastra a las mentes de la gran mayoría, golpeando incesantemente en sus cerebros y despertando en ellos vibraciones simpáticas. Durmiendo o despiertos, tales influencias actúan sobre nosotros y nuestra propia inconsciencia las hace más eficaces. Como la mayoría de las gentes son receptivas más que iniciadoras, actúan como reproductores, casi automáticos, de los pensamientos que les llegan; de esta manera, la atmósfera nacional se intensifica constantemente.

Uno de los resultados inevitables de esta condición es que, al recibir una nación impresiones de otra, las modifica de acuerdo con su ritmo propio de vibración. De ahí que, las gentes de naciones diferentes, al contemplar los mismos hechos, los interpretan según sus propias inclinaciones y, con toda sinceridad, se acusan mutuamente de tergiversar los hechos y de emplear métodos desleales. Si se reconociera esta verdad y lo inevitable del hecho, muchas controversias internacionales se suavizarían más fácilmente que ahora, y se evitarían muchas guerras. De esta manera, cada nación tendría en cuenta la “ecuación personal”, y, en vez de culpar a otra por la diferencia de opinión, buscaría el término medio entre los dos puntos de vista, sin exigir que predomine el propio exclusivamente.

Los hombres, en su mayoría, nunca tratan de discernir por sí mismos; son incapaces de librarse de la influencia de la gran multitud de formas mentales, que constituyen la opinión pública. Por ello nunca ven, realmente, la verdad, ni siquiera conocen su existencia, contentándose con aceptar tal gigantesca forma mental. Para el ocultista, sin embargo, lo primero es obtener un punto de vista, claro y sin prejuicio, de todas las cuestiones; ver las cosas tal cual son, y no como otros suponen que son.

Para alcanzar tal clara visión de las cosas, se requiere vigilancia incesante. Una cosa es descubrir la influencia de la gran nube mental, que se cierne, y otra es ser capaz de desafiar tal influencia. La presión de ésta es constante y, casi inconscientemente, cedemos a ella en cuestiones de poca monta; aunque nos mantengamos ajenos en cosas importantes. Nacimos bajo tal influencia, la mismo que bajo la presión de la atmósfera, y somos tan inconsciente de la una como de la otra. Es imperativo que el ocultista se libre, enteramente de tal influencia, y encare la verdad tal cual es; no deformada por esas gigantescas formas mentales colectivas.

La influencia de esta agregación de ideas no se limita a la ejercida sobre los vehículos sutiles del hombre. Las formas mentales destructivas actúan como energía desintegradora y, con frecuencia, causan graves perturbaciones en el plano físico; son fuentes fructíferas de “accidentes” de convulsiones naturales, de tempestades, ciclones, vendavales, terremotos, inundaciones, etc. Pueden provocar guerras, revoluciones, perturbaciones y levantamientos sociales de toda clase. Las epidemias, enfermedades y crímenes, como los períodos de accidentes, pueden atribuirse a causas similares. Las formas mentales de ira contribuyen a la perpetración de asesinatos. De esta manera, los malos pensamientos de los hombres, en todo sentido y en innumerables formas, causan desastres, reaccionando sobre el pensador mismo y sobre otros.

Volviendo ahora a los efectos producidos, más específicamente, por los pensamientos individuales, el estudiante recordará la descripción que hicimos en El Cuerpo Astral de los efectos producidos, por ejemplo, por un intenso sentimiento de devoción. Tal sentimiento va, comúnmente, acompañado de pensamientos del mismo carácter; éstos, aunque formados en primer lugar, en el cuerpo mental, atraen a su alrededor gran cantidad de materia astral; de manera que actúan tanto en el mundo mental como en el astral. De consiguiente, un hombre evolucionado es un centro de ondas devocionales, las cuales han de influir en los pensamientos y en los sentimientos de otras personas. Lo mismo ocurre, naturalmente, si se trata de efectos, ira, depresión y toda clase de sentimientos.

Otro ejemplo típico lo tenemos en las corrientes de pensamiento que fluyen de un conferenciante, y en otras corrientes de comprensión y de apreciación, que surgen de los oyentes y se unen a las del orador.

Ocurre con frecuencia que, la acción de las ideas del orador despiertan respuesta simpática en los cuerpos mentales de los oyentes, de manera que éstos son capaces, entonces, de entender al orador; más tarde, sin embargo, una vez el estímulo del último ha desaparecido, los oyentes olvidan y no son capaces de comprender lo que antes les pareció tan claro.

Por otra parte, el pensamiento de crítica origina un ritmo de vibración opuesta, quebrando la corriente y originando confusión. Se dice que, quien haya visto este efecto, difícilmente olvidará la lección objetiva.

Al leer un libro, el pensamiento del lector puede atraer la atención del autor, si éste se encuentra en cuerpo astral, ya sea durante el sueño, o después de la muerte física. El autor atraído, así, al estudiante, envuelve a éste en su atmósfera, tan potentemente como si se encontrara presente físicamente.

De manera similar, el pensamiento del estudiante puede también atraer los pensamientos de otras personas que hayan estudiado el mismo tema.

Un excelente ejemplo del efecto de los pensamientos de un desencarnado sobre los vivos ocurre cuando un individuo ajusticiado, digamos, por asesinato, se venga instigando otros asesinatos. Esto explica, en efecto, los ciclos de crímenes de la misma clase; que ocurren, de tiempo en tiempo, en las poblaciones.

El efecto de los pensamientos es, especialmente, marcado sobre los niños. De la misma manera que el cuerpo físico del niño es plástico y fácilmente moldeable, lo son sus cuerpos astral y mental. El cuerpo mental del niño absorbe los pensamientos de otros, como una esponja absorbe el agua; aunque sea demasiado joven para reproducirlos, en el momento, la semilla dará fruto en su día. De ahí, la enorme importancia de que el niño esté rodeado de una atmósfera noble y altruista.

Para un clarividente, es una visión terrible ver las bellas almas blancas y las auras infantiles manchadas, salpicadas y obscurecidas por los pensamientos egoístas, impuros y malignos de los adultos que les rodean. Sólo el clarividente sabe en qué medida y cuán rápidamente mejorarían los caracteres infantiles, si el carácter de los adultos fuera mejor.

No es correcto tratar de dominar el pensamiento y la voluntad del otro, aunque sea para lo que parece un buen fin; pero es recomendable fijar el pensamiento en las buenas cualidades de una persona; porque ello tiende a fortalecerlas. Por el contrario, entretenerse en pensar en los defectos y malas cualidades de una persona es fortalecer las tendencias indeseables, y hasta producir en ella malas cualidades, que antes no existían o eran meros gérmenes latentes.

Tomemos un ejemplo sencillo. Supongamos que un grupo de personas se entretienen murmurando, y acusan a otra de ser celosa. Si el inculpado tiene ya tendencia a sentir celos, esta tendencia será, grandemente, intensificada por la avalancha de pensamiento de los murmuradores; aunque esté completamente exenta de todo sentimiento de celos; quienes piensan y hablan de esa falta imaginaria hacen todo cuanto pueden para despertar en el individuo el mismo vicio sobre cuya existencia imaginaria se gozan tan cruelmente.

El daño hecho por la murmuración y la maledicencia es casi inconmensurable. El estudiante ha de recordar la fuerte acusación lanzada contra tan destructiva práctica en A los Pies del Maestro. La posibilidad, o mejor, la inevitabilidad de afectar a otros, en bien o en mal, con el poder del pensamiento, pone un tremendo instrumento en manos de quienes quieran manejarlo.

Las imágenes astro-mentales, es decir, las formas de pensamiento en que interviene la emoción o el sentimiento, juegan parte considerable para crear vínculos kármicos con otras personas. Supongamos el caso extremo de un hombre que, al enviar pensamientos de odio y venganza, contribuye a formar en otro el impulso que lo lleva a cometer un asesinato. El creador de tal pensamiento queda, necesariamente, ligado por su karma al perpetrador del crimen, aunque nunca lo haya visto en el plano físico.

La ignorancia, o la falta de memoria, no anulan la acción de la ley kármica; de consiguiente, el hombre habrá de cosechar las consecuencias de sus pensamientos y sentimientos, lo mismo que las de sus acciones físicas.

En general, las imágenes mentales creadas por el hombre influyen en gran parte en su medio ambiente futuro. De esta manera, se forman los vínculos que atraen y unen a las personas, para bien o para mal, en vidas posteriores; nos atraen parientes, amigos y enemigos; ponen en nuestro camino ayudas y entorpecimientos, personas que nos aman, sin haber hecho nada en esta vida para merecerlo, o que nos odian, sin que tampoco hayamos dado, en esta vida, motivo para ello. De manera que, nuestros pensamientos, por su acción directa sobre nosotros mismos, no sólo producen nuestro carácter mental y moral, sino que, además, por su efecto sobre los demás, contribuyen a determinar quienes serán nuestros asociados humanos en lo futuro.

Uno puede, naturalmente, protegerse a sí mismo, en gran medida, contra las incursiones de formas mentales del exterior, construyendo a su alrededor una muralla de la substancia del aura. La materia mental, según hemos visto, responde muy prontamente al impulso del pensamiento, y uno puede moldearla en la forma que quiera. Lo mismo se puede hacer con la materia astral, como se explica en El Cuerpo Astral.

Sin embargo, utilizar una coraza para uno mismo es, hasta cierto punto, confesar la propia debilidad. La mejor protección es la buena voluntad radiante y la pureza, las cuales alejarán todo lo indeseable, gracias a una potente corriente de amor.

Las ocasiones en que puede ser necesaria una coraza para uno mismo son;

1) Al internarse entre una multitud abigarrada.

2) En meditación.

3) Al acercarse el sueño.

4) Bajo condiciones especiales en que, sin la ayuda de la coraza, los pensamientos se introducirían solos.

Una coraza, sin embargo, tiene aplicaciones precisas para ayudar a otros; los Auxiliares Invisibles la encuentran de gran utilidad para ayudar a quienes, todavía, no tienen fuerza para protegerse a sí mismos, sea contra ataques directos e intencionados de afuera, o contra los pensamientos errantes que revolotean, constantemente, en sus cabezas.

Al parecer, no hay duda de que los animales, que viven en un mundo de emoción, poseen la facultad telepática de enviar, a otros de su especie, impulsos emocionales, a distancia. En efecto, William J. Long, en su fascinante libro: How Animals Talk (Cómo hablan los animales), declara que hay razón para creer que este método de comunicación silenciosa es el lenguaje común a todo reino animal.

Este simpatizante y agudo observador de la vida animal da numerosos ejemplos. Un perro perdiguero, de nombre Don, parecía saber siempre cuando su amo volvía a su casa, aun en horas extraordinarias e inesperadas. Sabía, también, cuando era sábado o día de fiesta, y cuando su amo pensaba llevarlo al bosque. Otro perro, llamado Watch, se observó, que salía a recibir a su amo, siempre a horas diferentes, pocos momentos después que el amo salía del lugar de su trabajo, distante tres o cuatro millas de su casa, guiando un cochecillo tirado por un caballo; entre éste y el perro se había establecido una firme amistad.

Todo jinete conoce la facilidad con que se comunica su temor o nerviosidad al caballo que monta. Se ha observado que, si un cachorro de lobo se aleja de la madre, ésta, en vez de perseguirlo, se queda quieta, levanta la cabeza y mira fijamente en dirección del cachorro; éste vacila, se para, y vuelve corriendo a la madre. La zorra parece tener su familia bajo perfecto dominio, en todo momento, sin un gruñido; una mirada fija y los cachorros cesan, instantáneamente en sus juegos, se meten en la madriguera y esperan a que la madre vuelva a su casa. Se conoce el caso de un lobo herido que, después de permanecer solo durante varios días, recorrió una distancia de ocho a diez millas hasta dar con el cuerpo de un animal, que la manada había matado entretanto; fue directamente sin haber una huella que lo guiara.

Un capitán, de nombre Rule, ha observado que, después de arponear a un cachalote, todos los de la misma especie, en diez millas a la redonda, voltean las colas como si también hubieran sido arponeados. Ciertas aves silvestres aparecen en un corral en el momento en que se está alimentando a otras aves, pero nunca a otras horas.

Muchos cazadores han observado que, si salen sin escopeta o sin intención de matar, frecuentemente encuentran muchos animales silvestres a los que se pueden acercar; pero si van armados y con intención de cazar, los animales aparecen inquietos, sospechosos y no se aproximan.

Un cazador que se había dado cuenta de que la excitación se transmite del hombre a los animales, reprimía su propia excitación mental y física y podía acercarse a su presa mucho más fácilmente que antes de haber aprendido la lección. La verdad de esto lo comprueba el número de pieles de tigre que había coleccionado.

William J. Long, afirma, además, que ha encontrado muchos indios y otros, que poseen lo que ciertos africanos llaman "chumfo"; es como un sentido aparte, que advierte el peligro cercano; a veces, en circunstancias en que no hay posibilidad de distinguirlo por medio de los sentidos normales.

Está en el poder de dos personas cualesquiera, con tal que tengan interés suficiente, como para dedicar a ello tiempo y perseverancia, y sean capaces de pensar con claridad y firmeza, convencerse de la posibilidad de la transferencia mental, y hasta de llegar a ser moderadamente eficientes en el arte. Existen, naturalmente, numerosos escritos sobre el tema, como por ejemplo, los Anales de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas.

Para ello, los dos experimentadores han de ponerse do acuerdo sobre la hora más conveniente para ambos, y dedicar cada día diez o quince minutos a la tarea. Además, uno y otro han de asegurarse contra interrupciones. Uno ha de actuar como proyector o transmisor del pensamiento, y el otro como receptor; es conveniente que se alternen en esas funciones a fin de evitar que uno se haga anormalmente pasivo; además, puede ocurrir, sin embargo, que uno sea mejor como transmisor y el otro como receptor.

El transmisor ha de elegir un pensamiento, que puede ser sobre cualquier cosa, desde una idea abstracta a un objeto concreto o una simple figura geométrica; luego, se concentra en el pensamiento elegido con voluntad de grabarlo en la mente de su amigo. Casi no es necesario insistir en que la mente ha de estar completamente concentrada, o en la condición, gráficamente descrita por Patanjali, como “en una sola dirección”. Se recomienda que los faltos de práctica no intenten concentrarse por mucho tiempo, pues la atención titubea y se distrae, con lo cual se forma un mal hábito, o se produce tensión, que lleva a la fatiga. Para muchos, si no para la mayoría, los segundos son más seguros que los minutos.

El receptor, adoptando la posición más cómoda posible, para que ninguna molestia corporal distraiga su atención, ha de hacer que su mente quede en blanco; algo no muy fácil para el no experimentado; pero que no cuenta, una vez que se ha adquirido alguna práctica. En tales condiciones, toma nota de los pensamientos que se deslizan por su mente. Estos se han de escribir a medida que se presentan; el único cuidado del receptor es mantenerse pasivo sin rechazar ni alentar nada.

Naturalmente, el transmisor ha de tomar nota de los pensamientos que envía, para después comparar las anotaciones de uno y otro. Salvo que los experimentadores sean anormalmente deficientes en el empleo de la voluntad o en el dominio del pensamiento, se desarrollará el poder de comunicación en pocas semanas o, al menos, en pocos meses. El autor de este libro conoce casos en que la comunicación se ha conseguido al primer intento.

El estudiante de ocultismo “blanco” una vez convencido de la posibilidad de transmitir el pensamiento no se contentará con la práctica de experimentos académicos, como los descritos, ni tampoco con enviar buenos pensamientos a sus amigos, por útiles que tales prácticas sean en su lugar; pues, puede utilizar su poder mental para cosas más grandes y útiles.

Tomemos un ejemplo práctico. Supongamos que el estudiante desee ayudar a una persona dominada por un hábito perjudicial como la bebida.

Primeramente, ha de averiguar a qué horas es probable que la mente del paciente esté desocupada, tal como la hora en que se va a acostar. Si el hombre está dormido mucho mejor.

A la hora conveniente, el estudiante se sienta y se representa al paciente sentado frente a él. No es esencial que la visualización sea muy clara; aunque el proceso resultará más eficaz, si se puede visualizar la imagen vívida y claramente y en detalle. Si el paciente está dormido, será atraído a la persona que piensa en él y se animará la imagen que del mismo se haya formado. Entonces, el estudiante, con la mente plenamente concentrada, fija su atención en la imagen y dirige a ella los pensamientos que desea grabar en la mente del paciente. Ha de presentar sus ideas como imágenes mentales precisas, lo mismo que haría si expresara sus argumentos de palabra.

Se ha de tener mucho cuidado de no intentar dominar la voluntad del paciente, en ningún sentido; el esfuerzo ha de ir dirigido únicamente a presentar a la mente del mismo ideas que apelan a su inteligencia y a sus emociones, para que le ayuden a formar un juicio correcto y le induzcan a hacer el esfuerzo de llevarlo a la práctica en la acción.

Si se intenta imponerle una línea determinada de conducta, y el intento tiene éxito, muy poco se habrá conseguido, si es que se consigue algo. En primer lugar, porque el efecto debilitante de la imposición sobre su mente puede hacerle más daño que las acciones erróneas de las que se le quiere salvar. En segundo lugar, la inclinación mental hacia la costumbre viciosa no cambiará, poniéndole obstáculos; porque si se le cierra un camino encontrará otro y un nuevo vicio suplantará al antiguo.

De esta manera, como se le impone a la fuerza la templanza, mediante el dominio sobre su mente, no se cura del vicio más que si se lo encerrara en una prisión.

Aparte de esta consideración práctica, es un principio erróneo que una persona trate de imponer su voluntad sobre otra, aun cuando sea para mejorarla. El verdadero desenvolvimiento no se obtiene por coacción externa; es necesario convencer a la inteligencia, despertar y purificar las emociones, para que resulte verdadero progreso.

Si el estudiante desea ayudar de alguna otra manera, con sus pensamientos, debe proceder de manera similar.

Un deseo intenso, por el bien de un amigo, enviado como agente protector general, se mantendrá alrededor del mismo como forma mental durante un tiempo proporcional a la potencia del pensamiento; el cual lo guardará contra todo mal, actuando como barrera contra los pensamientos hostiles y hasta advirtiéndole de daños físicos. Un pensamiento de paz y de consuelo, enviado de la misma manera, tranquilizará y calmará la mente, difundiendo alrededor de su objeto una atmósfera de calma.

Vemos, pues, que la transferencia mental está estrechamente vinculada a la cura mental. El objeto es transmitir pensamientos buenos e intensos del operador al paciente. Ejemplo de esto son la Ciencia Cristiana, la Ciencia Mental, la Curación Mental, etc.

En estos métodos, por los que se intenta curar a una persona, creyendo simplemente que está bien, se ejercita, frecuentemente, una influencia hipnótica considerable. Los cuerpos mental, astral y etérico del hombre, están tan estrechamente vinculados que, si el hombre cree, mentalmente, que se encuentra bien, su mente puede ser capaz de forzar a su cuerpo físico a armonizarse con su estado mental y producir así la curación.

H.P. Blavatsky consideraba legítimo y hasta inteligente, el uso del hipnotismo para curar a una persona de embriaguez, siempre que el operador supiera lo bastante para poder romper el hábito y libertar la voluntad del paciente, de manea que él mismo se opusiera al vicio de la embriaguez.

Como el poder de la voluntad del paciente queda paralizado por su inclinación a la bebida, el hipnotizador utiliza la fuerza del hipnotismo, con lo expediente temporario, para permitir que el hombre recupere la voluntad y la reafirme.

Las enfermedades nerviosas ceden; prontamente, al poder de la voluntad, por cuanto el sistema nervioso ha sido formado para expresar poderes espirituales en el plano físico. Se obtienen resultados más rápidos, cuando se trabaja, primeramente, sobre el sistema simpático; por cuanto éste es el más, directamente, relacionado al aspecto de la voluntad en forma de deseo. El sistema cerebro espinal está relacionado, más directamente, con el aspecto del conocimiento y de la voluntad pura.

Otro método de curar requiere que el operador descubra, primeramente y con exactitud, cuál es la dolencia o imaginarse el órgano enfermo y, luego, imaginárselo tal como debiera estar. A la forma mental, creada de esta manera, el operador agrega materia astral; luego, con la fuerza del magnetismo, la densifica más, agregando materia etérica. Finalmente, añade los materiales más densos de gases, líquidos y sólidos, utilizando los materiales disponibles en el cuerpo del paciente, supliendo del exterior cualquier deficiencia. Es claro que este método exige que se conozca algo, por lo menos, de anatomía y de fisiología; no obstante, si el operador es de grado avanzado de evolución, la voluntad del mismo, si carece de tal conocimiento en la conciencia física, puede ser guiada desde un plano superior. En curas efectuadas por este método, no se corre peligro, como en las curaciones por el método más fácil y, de consiguiente, más común, en que se opera sobre el sistema simpático, a que hemos aludido antes.

Hay, sin embargo, un cierto peligro en curar por el poder de la voluntad; o sea, el peligro de transferir la enfermedad a un vehículo superior. Como la enfermedad es; a menudo, la manifestación final de mal existente en planos superiores, es mejor dejar que se desarrolle por sí misma, que detenerla a la fuerza y lanzarla al vehículo más sutil. Si se trata de una enfermedad resultante de malos deseos o malos pensamientos, los medios físicos de curación son preferibles a los mentales; porque los medios físicos no pueden transferir la dolencia al plano superior, como puede ocurrir si se emplean medios mentales. De ahí que el mesmerismo, por ser un medio físico, sea un proceso adecuado.

Un verdadero método de curar es hacer que los cuerpos astral y mental armonicen perfectamente; pero este método es mucho más difícil, y no es tan rápido como el método de la voluntad. La pureza de emociones y de mente significa salud física; de manera que una persona, cuya mente sea perfectamente pura y equilibrada, no generará nuevas dolencias corporales; aunque tenga algún karma no agotado; hasta puede cargar con algunas desarmonías causadas por otros.

Como es natural, existen otros métodos de emplear el poder del pensamiento para curar, puesto que la mente es el único poder creador en el universo, divino en el Cosmos, humano en el hombre; de la misma manera que la mente puede crear, puede restablecer. Donde haya algún daño, la mente puede dirigir sus fuerzas para eliminar el daño.

De paso haremos notar que, el poder de la “ofuscación” es, simplemente, el poder de crear una imagen mental fuerte y precisa y proyectarla en la mente de otro. La ayuda, que con frecuencia se presta a otro con la oración, es, en buena parte, del carácter descrito; la frecuente efectividad de la oración, comparada con la de los buenos deseos ordinarios, se puede atribuir a la mayor concentración e intensidad, que el creyente piadoso pone en su plegaria. La concentración e intensidad similares, sin empleo de la oración, produciría resultados también similares. El estudiante debe tener en cuenta que hablamos de loa efectos de la oración, producidos por el poder del pensamiento del que ora. Indudablemente, la oración produce otros resultados; por cuanto atrae la atención de alguna inteligencia humana, superhumana, y hasta no humana, lo cual puede atraer la ayuda directa, prestada por un poder superior al de quien ofrece la oración.

Todo cuanto se puede hacer con el pensamiento, en favor de seres vivientes, se puede hacer aún más fácilmente en favor de los "muertos".

Corno se explicó en El Cuerpo Astral, la tendencia del hombre, después de la muerte, es dirigir su atención hacia adentro, y vivir en los sentimientos y en la mente, más que en el mundo externo. La redistribución del cuerpo astral, efectuada por el Elemental de Deseo, tiende, todavía más, a circunscribir las energías mentales e impedir la expresión externa de las mismas. Pero la persona así entorpecida, en cuanto a sus propias energías, es más receptiva a las influencias del mundo mental; de consiguiente, puede ser ayudada, alentada y aconsejada, de manera más efectiva, que cuando estaba en la tierra.

En la vida después de la muerte, un pensamiento amoroso es tan palpable a los sentidos, como lo es aquí una palabra amable o una tierna caricia. De consiguiente, todos cuantos pasan al otro mundo deberían ir seguidos por pensamientos de amor y de paz, y por la aspiración de que avancen rápidamente en su tránsito. Son demasiados los que permanecen en el estado intermedio más tiempo del que debieran, por no tener amigos capaces de ayudarlos desde este lado. Los ocultistas, que fundaron las grandes religiones, no desconocían el gran servicio que quienes quedan en la tierra podían prestar a los que pasan al otro lado. De ahí que los hindúes tengan su Shraddha, los cristianos sus misas y las plegarias por los "muertos".

Similarmente, es posible la transferencia mental en sentido contrario es decir, de los des encarnados a los que se encuentran vivos físicamente.

Así, por ejemplo, el intenso pensamiento de un orador, sobre un tema determinado, puede atraer la atención de entidades desencarnadas interesadas en el mismo tema. En efecto, en un auditorio hay, frecuentemente, mayor número de gente en cuerpo astral que en cuerpo físico. En algún caso, uno de tales visitantes puede saber, sobre el tema, más que el mismo orador; en tal caso puede ayudarle con sugestiones o ilustraciones. Si el orador es clarividente, puede ver a quien le ayuda; entonces, las nuevas ideas se materializarán en materia más sutil delante de él. Si no es clarividente, su auxiliador grabará las ideas en el cerebro del orador; en cuyo caso, éste puede suponer que la pertenecen. Esta clase de ayuda es la que prestan, a veces, los “Auxiliares Invisibles”.

Es bien conocido el poder del pensamiento combinado de un grupo de personas empleado deliberadamente con un cierto objeto. Ello es bien sabido, tanto por los ocultistas como por otros, si saben algo de la ciencia más profunda de la mente. Así, en ciertas partes de la cristiandad, es costumbre preparar el envío de una misión evangelizadora a un distrito determinado, meditando en forma sostenida y definida. De esta manera, se crea, en la sección indicada, una atmósfera mental altamente favorable para la difusión de las enseñanzas pertinentes, y se preparan cerebros receptivos a la instrucción que se les va a ofrecer.

Las órdenes contemplativas de la Iglesia Católica Romana realizan trabajo muy útil y bueno con el pensamiento; lo mismo que los reclusos de los credos hindú y budista. En efecto, cuando una inteligencia pura y buena se propone trabajar, en la ayuda del mundo, enviando pensamientos nobles y elevados, realiza un servicio bien definido en favor del hombre; el pensador en su soledad se convierte, así, en uno de los mejoradores del mundo.

Otro ejemplo, que podemos clasificar como en parte consciente y en parte inconsciente, de la manera como la atmósfera mental de una persona puede afectar, poderosamente, a otra, es la asociación de un pupilo o discípulo con un instructor espiritual.

Esto se comprende bien en Oriente, donde se reconoce que la parte más importante y eficaz de la preparación de un discípulo es que viva, constantemente, en presencia de su Instructor y se bañe en el aura de éste. Los diversos vehículos del Instructor vibran todos con un ritmo constante y potente, a compás superior y más regular que los del pupilo; aunque éste lo alcance sólo durante unos pocos momentos. Peto la presión constante de las ondas mentales más potentes del Instructor, elevan, gradualmente las del pupilo al mismo tono. Podemos citar la analogía del entrenamiento musical. Una persona que haya desarrollado poco su oído musical encuentra difícil cantar solo a compás; pero si canta con otro de voz más potente y perfectamente entrenada, la tarea resulta más fácil.

El punto importante es que, la ilota dominante del Instructor resuena, constantemente, de manera que la acción de la misma afecta al pupilo día y noche, sin necesidad de que ni uno ni otro piensen, especialmente, en ello. De esta manera, es mucho más fácil que los vehículos sutiles de los pupilos se desarrollen en la debida dirección. Ningún hombre ordinario, actuando automáticamente y sin intención, puede ejercitar, ni siquiera una centésima parte de la influencia, cuidadosamente dirigida, de un Instructor espiritual. No obstante, un grupo puede, hasta cierto punto, compensar la falta de poder individual; de manera que, la incesante, aunque no conocida, presión, ejercida sobre nosotros por las opiniones y sentimientos de nuestros asociados, nos lleva frecuentemente a absorber, sin darnos cuenta, 1nuchos de sus prejuicios, como vimos en el Capítulo anterior, al tratar de la influencia mental, racial y nacional.

Como el discípulo "aceptado" de un Maestro está íntimamente en contacto con el pensamiento de este, puedo entrenarse para captar las ideas del mismo sobre una cuestión determinada. De esta manera, evita, con frecuencia, cometer errores. El Maestro, por su parte, puede enviar al discípulo un pensamiento, sea como sugestión o como mensaje. Si, por ejemplo, el discípulo está escribiendo una carta o dando una conferencia, el Maestro lo sabe, subconscientemente, y puede, en cualquier momento, enviar a la mente del discípulo una frase para incluirla en la carta o para utilizarla en la conferencia. Al principio, el discípulo no se da cuenta de ello, y supone que las ideas han surgido, espontáneamente, en su propia mente; pero, muy pronto. aprende a reconocer el pensamiento del Maestro.

En efecto, es muy conveniente que aprenda a reconocerlo; porque, en el plano astral y en el mental, hay muchas entidades que, con las mejores intenciones y de la manera más amistosa, están siempre bien dispuestos a hacer sugestiones similares; por lo que es conveniente que el discípulo aprenda a distinguir de quién y de dónde vienen.


Más libros de parapsicología. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El resumen del artículo de Arthur E. Powell: Telepatía o El mecanismo de la transferencia de pensamiento (The Mechanism of Thought-Transference) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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