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Vampiros energéticos: guía de protección y reconocimiento


Vampiros energéticos: guía de protección y reconocimiento.


Cómo defenderse de los vampiros energéticos.


Calcular la posibilidad de que existe un constante intercambio de energía con todo lo que nos rodea es algo que ocurre desde hace miles de años.

Con distintos nombres, propiedades, atributos, esta "energía" es la que los investigadores del vampirismo asocian con los llamados vampiros energéticos, también conocidos como vampiros psíquicos o vampiros emocionales.

Desde luego, los vampiros energéticos no se parecen en nada a los vampiros de la literatura.

El vampiro energético no se alimenta literalmente de nuestra energía, es decir, no metaboliza físicamente nada que pueda ser medido por la ciencia. Se trata, en todo caso, de una alimentación metafórica, aunque con cimientos bastante objetivos.

En el caso de la víctima de un vampiro energético ocurre, al comienzo, un desgaste mental, cierto fastidio que debilita las defensas emocionales y físicas del sujeto.

Nuestro cuerpo responde tanto a los estímulos físicos como a los mentales, es decir, a nuestros estados mentales y emocionales. El vampiro energético, de forma consciente o no, actúa primero sobre nuestra mente y luego, ya debilitados, aprovecha cualquier punto débil en nuestra personalidad.

Los que defienden la postura del intercambio de energías sostienen que los vampiros energéticos no solo son aquellas personas que absorben la energía vital de los demás, algo que, por otra parte, todos realizamos con mayor o menor frecuencia, por ejemplo, de los sitios donde gobiernan los estímulos positivos; sino que, además de absorberla, no ofrecen nada de su propia energía personal.

Por cierto, el vampirismo energético no solo procede de otros individuos, sino también de lugares y grupos de personas.

Todos hemos experimentado súbitas sensaciones de agotamiento en ciertos lugares, en compañía de ciertas personas, sin que nada pueda explicarlo lógicamente.

Muchas personas, por ejemplo, poseen además un gran caudal de energía vital, que se traduce en un humor inquebrantable y gran facilidad para transformarse en ejes grupales. Estos individuos suelen terminar exhaustos al finalizar el día, no solo por el derroche de energía vital que ofrecen a lo largo de la jornada, sino de los ataques de vampiros energéticos que gravitan a su alrededor.

El correcto balance energético del ser solo puede ser medido por uno mismo. Solo uno es capaz de identificar sus zonas de riesgo y cuál es el estado de su "sistema inmunológico energético".

Aprender a conocer estos riesgos, estas zonas y situaciones que consumen nuestra energía psíquica y emocional es un hábito muy saludable que puede ahorrarnos más de un dolor de cabeza, literalmente.

Hablar de "energías" es una simplificación de complejos entramados y balances psíquicos. No conviene pensarnos como pequeñas usinas que desprenden energía, o que la acumulan, como los vampiros energéticos, sino como seres gobernados por la mente, que en todo momento tiende al equilibrio pero que a menudo es desbalanceada por el entorno, las actitudes de los demás o bien a causa del propio sujeto.

Desde siempre las personas más propensas a ser víctimas de un vampiro energético son aquellas que, justamente, trabajan con las emociones; tanto las propias como las ajenas.

Si a esto le sumamos una personalidad sensible, empática, capaz de pensarse a sí mismo en el otro y para el otro, las cosas pueden tornarse aún más peligrosas.

Otra ocupación de riesgo es el estudio o práctica del ocultismo, esoterismo y brujería. Paradójicamente, las personas que operan a favor del bien, es decir, aquellos que cultivan la espiritualidad, también suelen caer en las garras de los vampiros energéticos.

Las personas que han sido atacadas sistemáticamente por vampiros energéticos no solo ven afectado su equilibrio psíquico sino también su salud y relaciones personales. Las emociones que mejor y más rápidamente disparan la absorción de energía son los celos, el odio, el miedo. Combinadas pueden ser catastróficas.

Si bien la recomendación más lógica es alejarse de los vampiros energéticos, esto no siempre es posible.

De hecho, los vampiros energéticos no siempre son sujetos desagradables; incluso puede ocurrir que uno de ellos sea una persona muy cercana, que comparta con nosotros el hogar o el lugar de trabajo.

Los vampiros energéticos pueden mantenerse a raya mediante ejercicios mentales, visualizaciones, meditación, etc; sin embargo, el verdadero riesgo son las "atmósferas vampíricas".

Uno puede aprender a ignorar a un vampiro energético, e incluso "inmunizarse" y colaborar para que restaure los valores de balance y equilibrio psíquico, pero los lugares, los sitios saturados de emociones e impulsos nefastos son notablemente más resistentes.

Estos lugares, que no solo conforman el arquetipo del relato gótico, como cementerios, casas abandonadas, hospitales, etc, pueden presentarse bajo la forma de una aséptica oficina o un hogar aparentemente cálido.

No obstante, la atmósfera está presente. Se la percibe como una presencia obstinada, torpe, ciega, que presiona sobre el sujeto hasta equilibrarlo con su propio desbalance.

Muchos eligen el camino de las "limpiezas", pero en lo personal creo que son los actos simples, los pequeños gestos y una postura firme y paciente las que consiguen erradicar la atmósfera nociva de ciertos lugares.

Fuera de su zona de confort cualquiera se enfrenta a la posibilidad de ser víctima de un vampiro energético. No obstante, ese encuentro no decide su resultado ni el ataque nos convierte en víctimas.

La actitud más habitual luego de habernos enfrentado con un vampiro energético, o con una atmósfera vampírica, es la que realmente decide nuestras emociones posteriores.

Una postura pasiva genera el caldo ideal para que nuestra energía mental no se renueve correctamente. En ese caso deberíamos hacer todo lo contrario, regresar a nuestra zona de confort y aprovechar todas las herramientas y hábitos que nos ayuden a recuperar el equilibrio psíquico.

La paz, la alegría, la felicidad, la armonía de ciertos lugares, también son "infecciosas".

El simple acto de luchar contra la adversidad, de enfrentarse con las situaciones desagradables o marcadamente desgraciadas, es una forma de recuperar el balance. La pasividad, por el contrario, es exactamente lo que todo vampiro energético espera de sus víctimas; esa mansedumbre que se transforma en apatía, hastío, desgano, volviéndonos a su vez en objetivos más fáciles de oprimir.

Ahora bien, existen algunos métodos concretos para protegerse de los vampiros energéticos.

El vampiro energético SIEMPRE genera una emoción negativa que fácilmente puede corrernos de nuestro centro de equilibrio. Jamás, bajo ninguna circunstancia, debemos ceder frente al impulso de rebajarnos a su estado y combatir con él desde allí.

Marcar límites. La palabra mágica que destruye a los vampiros energéticos es NO.

No reaccionar. Los vampiros energéticos se alimentan de reacciones. Las desean y procuran generarlas, por cierto, con mucha eficacia. Afortunadamente sus esfuerzos no son realmente tenaces. Si uno se mantiene firme y neutral terminarán buscando otra víctima más propicia.

A menudo el vampiro energético se muestra ferozmente competitivo. Alimentar esa tendencia es peligroso.

Relativizar sus enojos, sus frustraciones, sus ataques de ira, es muy efectivo.

Los vampiros energéticos no reaccionan bien frente a la burla, pero odian la ironía y el sarcasmo; simplemente no pueden manejarlas.

Más allá de estos consejos, a veces una canción, un recuerdo, el eco de una fragancia, de una voz, de unos pasos que ya no volveremos a oír pero que acuden a nosotros cada vez que nos sentimos solos, son defensas que ningún vampiro energético podrá derribar sin pulverizarse contra ellas.

En palabras del enorme Dylan Thomas:

No entres dócil en esa buena noche; enfurécete, enfurécete contra la muerte de la luz.

(Do not go gentle into that good night; rage, rage against the dying of the light)






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