El misterio de Nodens: análisis de «La extraña casa alta en la niebla»


El misterio de Nodens: análisis de «La extraña casa alta en la niebla».




Hoy analizaremos el relato de H.P. Lovecraft: La extraña casa alta entre la niebla (The Strange High House in the Mist), escrito en noviembre de 1926 y publicado originalmente en la edición de octubre de 1931 de la revista Weird Tales. Posteriormente sería reeditado por Arkham House en la antología de 1939: El extraño y otros (The Outsider and Others).

Resumen:

Al norte de Kingsport, los acantilados marinos se elevan y las brumas de la mañana los hacen parecer el «borde del mundo». El más alto es el acantilado en el que se encuentra la extraña Casa Alta, la cual parece haber estado siempre allí. Su techo de tejas grises desciende hasta sus cimientos; sus ventanas lucen la estética del siglo XVII; y su única puerta se abre al borde del acantilado que cae una milla hacia el mar, inaccesible para cualquiera que no tenga alas. Sin embargo, alguien vive en la extraña Casa Alta, porque por la noche aparece una luz amarilla en las ventanas. Este habitante siempre ha vivido allí, dicen los nativos, y habla con las brumas de la mañana y ve cosas singulares cuando los acantilados resuenan.

Thomas Olney, profesor impasible con una esposa taciturna e hijos juguetones, llega a Kingsport en el verano. Después de años pensamientos bien disciplinados, se siente atraído por los acantilados y las brumas de la mañana. Vaga por las estrechas calles de la ciudad e incluso habla con el Anciano Terrible, quien le cuenta cómo un rayo se disparó una noche desde la extraña Casa Alta hacia las nubes. Aunque ningún ciudadano ha visitado la casa, Olney decide hacerlo. Su vida monótona le hace anhelar lo desconocido [ver: No te metas con el viejo ermitaño: análisis de «El Anciano Terrible»]

Como el gran acantilado no puede escalarse desde el lado de Kingsport, camina hacia el interior, al oeste y al norte, hacia Arkham. Una cresta se eleva entre las dos ciudades, subiendo más y más por encima de la desembocadura del río Miskatonic. Olney se abre camino a lo largo de la cresta hasta la extraña Casa Alta. No se imagina cómo las tejas carcomidas y los ladrillos desmenuzados pueden mantenerse, y aunque prueba todas las ventanas, se alegra cada vez más de que estén cerradas.

La niebla se eleva, se espesa. Olney oye que se acciona un cerrojo y se abre una puerta; solo puede ser la puerta al borde del acantilado, la cual es inaccesible. Alguien entra en la casa y recorre las ventanas. Olney intenta evitar la vista de esta persona, hasta que una voz suave lo llama y debe enfrentarse al otro: un hombre con ropas antiguas, de barba negra y ojos brillantes. Ayuda a Olney a entrar en la casa, bañada por una luz extrañamente acuosa. Durante horas, Olney escucha historias de los lugares profundos del mar, de Poseidón y la Atlántida, de los Titanes, de los dioses y los Antiguos, incluso de los «otros dioses» en la primera era oscura del caos [ver: Lovecraft y el culto secreto de los Antiguos]

Algo llama a la puerta.

Después de observar por la mirilla, el hombre barbudo le indica a Olney que se quede quieto y cierra las ventanas. Una siniestra silueta negra se mueve tras ellas, y Olney se alegra de que su anfitrión no permitiera entrar al visitante. Pero, al caer la noche, llega otro golpe, y esta vez el hombre barbudo abre la puerta para admitir a los dioses y semidioses del mar, entre ellos, Nodens, Señor del Gran Abismo, que ayuda a Olney y a su anfitrión a entrar en el vasto caparazón que es su carruaje. En medio del clamor de caracolas y tritones y gongs golpeados por nereidas, vuelan hacia el éter brumoso.

Una tormenta ruge toda la noche, pero Olney está seco cuando baja a Kingsport al mediodía siguiente. No puede decir cómo descendió el acantilado inalcanzable, ni puede hablar de lo que le sucedió arriba. Regresa a casa más impasible y prosaico que nunca, aparentemente curado de cualquier anhelo por lo desconocido, y nunca más regresaa Kingsport. Pero el Anciano Terrible murmura que el Olney que bajó de la extraña Casa Alta en la niebla no es el hombre que subió. En algún lugar bajo el techo puntiagudo, o en el éter brumoso, mora su espíritu perdido.

Los viejos temores persisten en Kingsport, pero se desvanecen de los corazones de los jóvenes aventureros, que se imaginan que el viento del norte ahora trae voces alegres y música desde la extraña Casa Alta. Los ancianos no quieren que se aventuren allí, no sea que ellos también dejen una parte de sí atrás. Además, el Anciano Terrible recuerda lo que Olney le dijo sobre la extraña sombra negra. Y la niebla de la mañana todavía lleva sueños del mar a los acantilados de Kingsport, más allá de los cuales las solemnes boyas parecen peinar en el éter el cabello de las hadas...


Es en La extraña casa alta en la niebla donde hace su primera aparición Nodens, Señor del Gran Abismo. Lo volveremos a ver en La búsqueda onírica de la desconocida Kadath (The Dreamquest of Unknown Kadath), echando una mano a Randolph Carter [ver: ¡Warren NO está muerto!: análisis de «La declaración de Randolph Carter»].

Es una historia donde la niebla es la verdadera protagonista. Lovecraft capta maravillosamente la forma en que la niebla puede hacer que el mundo se sienta poroso y mágico, un territorio incierto, fronterizo, como al borde de un cambio transformador

Un detalle que puede pasarse por alto es el acantilado de una milla de altura frente a la costa de Massachusetts; un área que tiene promontorios rocosos más que acantilados, nada impresionantes en altura. El resto del paisaje encaja muy bien con la geografía extraña de la Nueva Inglaterra de Lovecraft. Sin embargo, el lector puede acomodarse fácilmente al río Miskatonic, Central Hill, incluso a Devil Reef [el Arrecife del Diablo], pero el mapa lovecraftiano estandar se descompone cuando se trata de la extraña Casa Alta [ver:¡Vamos a Arkham!: Lovecraft y sus paisajes]

Eso, tal vez, es exactamente lo que Lovecraft está tratando de hacer aquí: el mapa se está descomponiendo en otras tierras que en realidad no son Nueva Inglaterra en absoluto. Kingsport es, de hecho, un lugar de frontera entre realidades. Resuenan ecos de esas otras historias aquí, incluidos los rumores de cavernas debajo de Central Hill y el Anciano Terrible aparece como un hombre extremadamente longevo y algo cascarrabias.

Cuando Olney sube por el acantilado escucha historias sobre los Profundos [o más probablemente sobre Dagón, dada la cronología de la historia en el corpus lovecraftiano] y algunos detalles que se tratan en El templo [ver: El misterio del U-29: análisis de «El Templo»], pero eso no es todo:


[El anfitrión se puso tímido cuando habló de la oscura primera era del caos, antes de que nacieran los dioses o incluso los Antiguos, cuando solo los otros dioses vinieron a bailar en la cima de Hatheg-Kla en el desierto pedregoso cerca de Ulthar, más allá del río Skai.]


Aquí, Lovecraft está compartiendo historias de las Tierras del Sueño [Dreamlands], pero no los eventos antiquísimos, por ejemplo, narrados en Los otros dioses (The Other Gods), sino algo incluso anterior.

Después de contar historias y esconderse de un merodeador en el umbral, el anfitrión de Olney abre la puerta y ambos se van de paseo con Poseidón y Nodens. Esta no es la primera vez que vemos a los visitantes de Kingsport terminar en un lugar... extraño. Mi hipótesis [no demasiado ingeniosa, me temo] es que Kingsport se encuentra en la frontera con las Tierras del Sueño. El acantilado imposible en sí es un pedazo de geografía liminal que probablemente no aparecería en un reconocimiento aéreo. Los eventos y el estado de ánimo parecen más típicos de las Tierras del Sueño que del mundo cotidiano de los Mitos de Cthulhu, y las imágenes del acantilado como el «borde de toda la tierra» y la niebla como el «éter de las hadas» también encajan con el imaginario onírico.

Como en La sombra sobre Innsmouth (Shadow Over Innsmouth), el protagonista de La extraña casa alta en la niebla cede a la tentación de gloria y sabiduría [ver: «La Sombra sobre Innsmouth»: del odio racial a la empatía]. La historia termina con la fuerte implicación de que Olney, o al menos una parte vital de él, en realidad se queda en la Casa Alta. También se insinúa que si otros se unen a él podrían traer de vuelta a los «dioses antiguos» de Kadath, más evidencia de que estamos rozando las Tierras del Sueño [ver: Un paseo por Ulthar]

No tengo ninguna conjetura adicional, pero me pregunto si la silueta oscura a la cual el Anciano Terrible no deja entrar acaso no es Nyarlathotep, conocido por tener cierta rivalidad con Nodens y, por lo tanto, presumiblemente con sus aliados. La presencia [hipotética] de Nyarlathotep está justificada; después de todo, ¡el maldito Nodens está regalando toda esa sabiduría cósmica sin pedir nada cambio! [ver: El nido de Nyarlathotep: análisis de «Las ratas en las paredes»]

Como esta historia trata con tanto cariño la situación de Kingsport, parece un buen momento para discutir un poco la geografía de Lovecraft, esa región mística y terrible de Massachusetts que no aparece en los mapas oficiales, tal vez porque los cartógrafos son tan prosaicos como Thomas Olney antes de su fatídico verano en la ciudad antigua [ver: Richard S. Shaver y el mapa oculto en un cuento de Lovecraft]

Lovecraft nos dice que sus ciudades costeras se encuentran al norte de Gloucester y Cape Ann, al sur de Newburyport. En realidad, este tramo arenoso de ríos y arroyos parece demasiado corto [e inestable] para soportar tres grandes ciudades. También está el enigma de Plum Island. Innsmouth tiene una buena vista de la isla, pero no puede estar directamente enfrente y aún tener un Arrecife [ni siquiera si este es «del Diablo»]. Plum Island, además, es demasiado estrecha y poco profunda para dar cabida a esta puerta de entrada a una metrópolis de los Profundos.

Sin embargo, no podemos dejar que la realidad nos detenga a la hora de especular. Obviamente, la costa de Lovecraft en Massachusetts tiene que ser mucho más larga que la real, con una topografía más espectacular. Una solución posible sería introducir una gran franja de tierra, intermedia entre la realidad y la Tierra de los Sueños, entre Cape Ann y Newburyport. En el punto interior de esta cuña se encuentra el encantador Dunwich rural [ver: La Biblia de Yog-Sothoth: análisis de «El horror de Dunwich»]. En el se encuentran Kingsport y Arkham, separados por una serie de acantilados increíblemente elevados y la desembocadura del río Miskatonic. Un tramo hacia el norte de marismas y dunas inestables separa Arkham de Innsmouth, un poco al sur de Plum Island, con su propia bahía frente al Atlántico y el Arrecife del Diablo a una milla y media de allí. Agreguemos también el río Manuxet, que divide Innsmouth y desemboca en su bahía. Esta parece ser la geografía imaginaria donde se mueve Lovecraft.

El mayor problema con esta construcción geográfica es la Casa Alta. Lovecraft nos dice que está situada a más de una milla de altura. Eso la convertiría en el punto más alto del Estado. También rivalizaría con los acantilados marinos más altos de la tierra. Sería difícil mantener un lugar así a resguardo de escaladores. En este contexto, el acantilado de La extraña casa alta en la niebla es el gran problema para un esquema realista de la geografía Lovecraft, posiblemente el único importante, a menos que quieras saber si el Arrecife del Diablo no está demasiado cerca del continente para tener profundidades dignas de los Profundos. No obstante, Lovecraft parece estar trabajando sobre un esquema geográfico solo parcialmente terrenal aquí.

Hablando de realismo en escenarios de fantasía, ciertamente hay un amplio rango entre total y cero, y Lovecraft tiene historias cerca de ambos extremos. En las Montañas de la Locura (At the Mountains of Madness) aspira a los detalles científicos minuciosos, hasta los estratos rocosos y la fina anatomía alienígena, mientras que La extraña casa alta en la niebla busca una exageración temáticamente útil. Incluso sin sus referencias a Hatheg-Kla y Ulthar, la historia recuerda a los cuentos de las Tierras del Sueño, ya que su énfasis está en la atmósfera y las imágenes, y hasta en la repetición poética de frases clave.

El protagonista, Olney, también es un soñador, aunque solo lo descubra después de su llegada a Kingsport, donde su romanticismo latente es despertado por esas improbables brumas [«que traen los sueños de las profundidades»] Y si las Tierras del Sueño se destacan por algo, es por sus impresionantes cambios de altitud, desde las impensables profundidades del Valle de Pnath hasta el pináculo de Kadath en los Páramos Fríos.

El destino de Thomas Olney, como el de muchos soñadores de Lovecraft, es melancólico y aterrador. Su audacia, o desesperación, le valió la entrada a una vasta realidad alternativa. En cierto sentido, ni siquiera renuncia a su antigua vida, porque su cuerpo y alguna apariencia de conciencia continúan persiguiéndolo, sonriéndole en los momentos adecuados. Es un poco inquietante si lo piensas [como lo hace el Anciano Terrible], pero a la familia Olney no parece importarle. Su parte esencial, su espíritu perdido, se queda en la Casa Alta y los mundos que vienen llamando a su puerta inaccesible. Qué hermoso, ¿verdad? Bueno, a excepción de ciertas sombras que merodean tras las ventanas. ¿Y si uno se encontrara con esas sombras sin un grueso cristal que las vuelva solo siluetas?

Siempre hay algún truco con el flaco de Providence, ¿no es así? De niño, Lovecraft tenía pesadillas recurrentes con siluetas oscuras, a las que llamaba night-gaunts, que lo acechaban tras las ventanas. Supongo que puede haber algo de eso en el indeseable visitante en La extraña casa alta en la niebla.


[Esa antigua casa está allí desde siempre, y dicen las gentes que habita Uno que habla con las brumas matinales que suben del mar y que quizá ve cosas singulares en el océano cuando el borde del acantilado se convierte en el confín de la tierra y las boyas solemnes tañen libremente en el blanco éter de lo irreal. Eso dicen que han oído contar, pues jamás han visitado ese despeñadero prohibido, ni les gusta dirigir hacia allí sus catalejos. Los veraneantes la han examinado con sus gemelos descarados, pero no han visto otra cosa que el tejado, primordial, puntiagudo, de ripia, con aleros que llegan casi hasta los grises cimientos, y la luz amarillenta de sus pequeñas ventanas, cuando asoma por debajo de esos aleros al oscurecer.]


¿Quién es este Uno? Parece una premonición de Tom Bombadil, el más viejo de todos los seres en la Tierra Media de Tolkien. Solo necesita unas grandes botas amarillas y una novia elemental. O puede que ya tenga novia entre esa multitud de nereidas que golpean los gongs [ver: El misterio de Baya de Oro]

La extraña casa alta en la niebla podría ser mi historia favorita del Ciclo Onírico; quizás el más estilísticamente agradable de todos los cuentos que Lovecraft escribió a la manera soñadora de Lord Dunsany [ver: Lord Dunsany por H.P. Lovecraft]. La historia comienza y termina con casi el mismo pasaje descriptivo. Al final del primer párrafo, leemos:


[Cuando los relatos acuden en tropel a las grutas de los tritones, y las caracolas de las ciudades invadidas por la algas emiten aires insensatos aprendidos de los Dioses Anteriores, entonces las grandes brumas ansiosas se espesan en el cielo cargado de saber, y los ojos que miran el océano desde lo alto de las rocas tan sólo ven una mística blancura, como si el borde del acantilado fuese el límite de toda la tierra, y las campanas solemnes de las boyas tañesen libremente en el éter irreal.]


Al en el párrafo final leemos:


[Y cuando los cuentos vuelan densos en las grutas de los tritones, y las caracolas de las ciudades cubiertas de algas elevan sones salvajes aprendidos de los Dioses Anteriores, entonces los grandes vapores de las brumas suben ansiosos en tropel hacia el cielo cargado de saber; y Kingsport, refugiándose inquieto en los acantilados menores, bajo el vaporoso centinela de la roca, ven tan sólo, hacia el océano, una mística blancura, como si el borde del acantilado fuese el confín de la tierra, y las solemnes campanas de boyas tañesen libremente en el éter irreal.]


El efecto más inmediato de esta descripción ecoica es, por supuesto, hacer que el relato sea cíclico, sugerir que las brumas marinas y su carga de sueños son eternas, están allí cuando Thomas Olney y nosotros llegamos a la escena, y siguen allí mucho después de irnos. Sin embargo, la manera en que los dos pasajes difieren es tan importante como la manera en que uno se hace eco del otro, y los silencios y omisiones son tan importantes como lo que se dice.

En primer lugar, se observa que la Casa Alta, esa estructura arcaica que el título aparentemente posiciona como central, está ausente por completo en ambos pasajes descriptivos. El título insinúa la centralidad de la Casa, que, incluso en el nivel narrativo superficial tiene relativamente poco que ver con la historia. El resto del texto subvierte esta centralidad de varias formas. Después de todo, Lovecraft nos dice en el título que la casa está en la niebla; y nada está claro en esta niebla textual [ver: Casas como metáfora de la psique en el Horror]

Los giros más interesantes de la historia residen en esos meandros etimológicos que se encuentran en relación con la Casa misma: la casa de alguna manera borrada en el cuento, pero destinada a demostrar, a pesar de su ausencia, ser un elemento indispensable para los caprichos lúdicos del texto. La palabra house [«casa»] está relacionada con la raíz indoeuropea skeu [«cubrir», «ocultar»], de donde proviene el latín scutum, «escudo», y cutus, «piel de animal» [que nutre la palabra «cutáneo»]. Todas sugieren apariencias superficiales y un potencial para ocultar más que para mostrar. Pero también se cree que house está relacionado con la raíz kel [«hueco», «esconder»], y aquí comienza a crecer la intriga [ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico]

Esta raíz es responsable de numerosas formas derivadas, incluido el nombre Calipso [«la que oculta»], la carcelera de Odiseo durante siete años. Pero lo interesante es que hay otra raíz indoeuropea homónima pero separada, kel, que significa «colina» o «algo elevado». Al colocar la extraña Casa Alta en un peñasco elevado, el texto mismo alienta [de hecho, exige] este juego de palabras en el nivel indoeuropeo [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]

Si la Casa funciona como un espacio que conecta los dos lados de una posible bipolaridad, donde un lado explica al otro, entonces los dos están en una relación en la que cada uno debe su significado al otro. Parecería incluso que Kingsport y su gente son «reales», mientras que la niebla y su contenido onírico son «fabulosos», pero esta distinción puede desmantelarse.

La niebla está llena de los secretos intemporales del mar, mientras que la ciudad es claramente de una fecha más reciente. En este sentido, Kingsport es una especificación de lo que se encuentra dentro de la niebla. Si la niebla contiene todos los secretos de la tierra, entonces la ciudad es uno de ellos. Y si lo que emite el mar es, como dice el relato, «brumas y sueños», entonces Kingsport se vuelve tan insustancial, tan indistinguible del sueño, como la misma niebla que maravilla a su gente.

En última instancia, Kingsport y la Niebla subvierten cualquier distinción nítida entre ellos. La Casa, el nexo, no los separa sino que los conecta. Lovecraft afirma: «la antigua casa siempre ha estado allí»; esta seguridad sólo establece que la Casa, un subversor, un diafragma poroso, un desmantelador de oposiciones, desmiente cualquier noción logocéntrica de los orígenes y nos dice que si la gente del pueblo y la niebla están en una relación de inclusión mutua, más que de oposición, entonces siempre lo han estado.

La extraña casa alta en la niebla es una danza de «brumas y sueños». Su uso del lenguaje es laberíntico, vertiginoso, como el acantilado. Confunde lo alto y lo bajo, lo interior y lo exterior, la niebla y la sustancia. La Casa es una a la que no podemos subir con ninguna expectativa de llegada. Pero el lector puede sentirse reconfortado: si llegar a un lugar [cualquier lugar] es un poco como perder el asombro, entonces, dado que uno nunca podrá llegar a la Casa, nunca se habrá perdido el sentido del asombro. La intriga de las brumas marinas es perpetua.

Para finalizar digamos un par de cosas sobre Nodens, el único dios de los Mitos de Cthulhu real... real en el sentido de que gente real lo adoraba en la antigüedad.

Hay varias inscripciones británicas en latín en el templo de Lydney Park, Gloucestershire [excavado en la década de 1920], donde se le pide ayuda a Nodens [los romanos lo identificaron con Marte]. También se encontró un artefacto de bronce que muestra a un dios del mar conduciendo un carro. La mayoría de los detalles de la escena de Nodens en el cuento de Lovecraft provienen claramente de estos descubrimientos.

Nodens probablemente también fue un sanador que trabajaba sobre los sueños, como el griego Esculapio. No sabemos nada más sobre Nodens, pero sí sobre su homólogo irlandés, Nuadha, por quien [indirectamente] se llama la ciudad de Maynooth en el condado de Kildare, Irlanda [que significa «llanura de Nuadha»]. Nuadha fue el primer rey de los Tuatha de Danaan [que más tarde se convertirían en las hadas irlandesas] y perdió su posición cuando le cortaron la mano. Más tarde la recuperó cuando un artesano le hizo una mano de plata. En galés, Nuadha se convirtió en Nudd Llaw Ereint, o Nudd de la Mano de Plata, que luego cambió por asimilación a Lludd Llaw Eraint, que aparece como rey en el Mabinogion. Él, a su vez, está relacionado con el legendario rey Lud del que habló Geoffrey de Monmouth. En calidad de filólogo [no de autor de ficción], Tolkien publicó un ensayo titulado Una nota sobre el nombre «Nodens» (A Note on the Name «Nodens»), donde lo identifica con un dios-pescador.

Aquí el camino se vuelve... neblinoso. Hay una gran cantidad de significados complejos en la frase «Nodens, Señor del Gran Abismo», que Lovecraft probablemente solo conocía un poco; y Tolkien mucho. Pero no es la primera vez que Tolkien y Lovecraft parecen escalar el mismo acantilado [ver: Criaturas sin Nombre: ¿la Tierra Media y los Mitos de Cthulhu pertenecen al mismo universo?]




H.P. Lovecraft. I Mitos de Cthulhu.


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