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«El muerto alegre»: Charles Baudelaire; poema y análisis.


«El muerto alegre»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




El muerto alegre (Le Mort Joyeux) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la reedición de 1861 de la antología: Las flores del mal (Les Fleurs du mal).

El muerto alegre, uno de los grandes poemas de Charles Baudelaire, es un reconocimiento poético de los horrores metafísicos de la vida. Sin embargo, estos horrores diversos surgen de una sola fuente: la certeza de que algún día moriremos, de que cada uno de los seres individuales que pueblan el planeta serán aniquilados completa e irremediablemente [ver: El sueño de una noche eterna: la poesía del silencio sepulcral]

El muerto alegre de Charles Baudelaire se enfrenta a esta situación mejor que la mayoría de sus predecesores; casi podríamos decir que con la tranquila tranquila resolución de un estoico, la mirada firme de quien ha percibido la verdadera naturaleza de la existencia humana y, sin embargo, ha encontrado la forma de mantenerse firme.

Por esta razón, El muerto alegre es uno de los más notables poemas de Baudelaire; precisamente por comprender que el estoicismo, el mantenerse firme ante algo tan trágico e inevitable como la muerte, es también una postura desafiante.


¡Oh, gusanos! negros amigos, ciegos y sordos,
recibid a este muerto siempre libre y alegre;
filosóficos vividores, hijos de la podredumbre,
devorad sin remordimientos mis despojos,
y decidme si aún espera alguna tortura
para este viejo cuerpo sin alma, muerto entre los muertos.


Es en el lenguaje, las connotaciones suscitadas por la elección de las palabras y el flujo métrico, donde vemos cómo Charles Baudelaire ajusta la postura desafiante del estoicismo con el horror metafísico [que recuerda un poco al misticismo de Swedenborg]. Ignorar el horror de la muerte impide que el artista pueda expresarlo imaginativamente; pero Baudelaire puede sentirlo en toda su dimensión y reorganizarlo en una actitud desafiante.

Es probable que Charles Baudelaire se haya inspirado, al menos en parte, en la tendencia de Edgar Allan Poe a mostrar el conflicto entre las emociones y la razón [por ejemplo: El Rey Peste (King Pest) y El entierro prematuro (The Premature Burial)], cuyo resultado termina siendo paradójico: el humor. Podemos encontrar rastros [o despojos] de todo esto en El muerto alegre de Charles Baudelaire.




El muerto alegre.
Le Mort Joyeux, Charles Baudelaire (1821-1867)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


En una tierra arcillosa, infestada de caracoles,
cavaré con mis manos una fosa profunda
donde pueda tender mis huesos,
y dormir en el olvido, como el tiburón en el mar.

Odio los testamentos, odio las tumbas,
antes que implorar una lágrima del mundo
prefiero invitar a los cuervos a desgarrar
hasta la última fibra de mi inmunda osamenta.

¡Oh, gusanos! negros amigos, ciegos y sordos,
recibid a este muerto siempre libre y alegre;
filosóficos vividores, hijos de la podredumbre,

devorad sin remordimientos mis despojos,
y decidme si aún espera alguna tortura
para este viejo cuerpo sin alma, muerto entre los muertos.


Dans une terre grasse et pleine d'escargots
Je veux creuser moi-même une fosse profonde,
Où je puisse à loisir étaler mes vieux os
Et dormir dans l'oubli comme un requin dans l'onde.

Je hais les testaments et je hais les tombeaux;
Plutôt que d'implorer une larme du monde,
Vivant, j'aimerais mieux inviter les corbeaux
À saigner tous les bouts de ma carcasse immonde.

Ô vers! noirs compagnons sans oreille et sans yeux,
Voyez venir à vous un mort libre et joyeux;
Philosophes viveurs, fils de la pourriture,

À travers ma ruine allez donc sans remords,
Et dites-moi s'il est encor quelque torture
Pour ce vieux corps sans âme et mort parmi les morts!


Charles Baudelaire
(1821-1867)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Charles Baudelaire: El muerto alegre (Le Mort Joyeux), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Lo irreparable»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«Lo irreparable»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




Lo irreparable (L'Irréparable) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la antología de 1857: Las flores del mal (Les Fleurs du mal).

Lo irreparable, uno de los grandes poemas de Charles Baudelaire, juega con el concepto de lo irreparable, es decir, de aquello cuya condición de roto es irreversible, para dar cuenta de sus propios pensamientos, emociones y remordimientos; por cierto, saturados de nostalgia, de melancolía, pero también de una fuerza vital que funciona como una especie de consuelo para la desesperanza.

De eso se trata, en definitiva, Lo irreparable, uno de los más exquisitos poemas de Charles Baudelaire.




Lo irreparable.
L'Irréparable, Charles Baudelaire (1821-1867)

¿Podemos ahogar el viejo y prolongado Remordimiento,
que vive, se agita y se retuerce,
y se nutre de nosotros como el gusano de los muertos,
como de la encina la oruga?
¿Podernos ahogar el implacable Remordimiento?

¿En qué filtro filtro, en qué vino, en qué tisana,
ahogaremos este viejo enemigo,
paciente como la hormiga?
destructor y goloso como la cortesana,
¿en qué filtro? —¿En qué vino?— ¿en qué tisana?

¿Podemos iluminar un cielo pantanoso y negro?
¿Podemos desgarrar las tinieblas,
más densas que la paz, sin mañana y sin noche,
sin astros, sin relámpagos fúnebres?
¿Podemos iluminar un cielo pantanoso y negro?

Lo Irreparable roe con su diente maldito
nuestra alma, triste monumento,
y con frecuencia ataca, como los insectos,
los cimientos del edificio.
¡Lo Irreparable roe con su diente maldito!

Yo he visto, en el foro de un escenario banal
que inflamaba la sonora orquesta,
un hada, en un cielo infernal
encender una milagrosa aurora;

Y yo he visto, en el foro de un escenario banal,
Un ser que, hecho sólo de luz, oro y gasa,
derribar al enorme Satán;
pero mi corazón, al que jamás visita el éxtasis,
es un escenario donde se aguarda
en vano, siempre, al ser de las alas de gasa.


Pouvons-nous étouffer le vieux, le long Remords,
Qui vit, s'agite et se tortille
Et se nourrit de nous comme le ver des morts,
Comme du chêne la chenille?
Pouvons-nous étouffer l'implacable Remords?

Dans quel philtre, dans quel vin, dans quelle tisane,
Noierons-nous ce vieil ennemi,
Destructeur et gourmand comme la courtisane,
Patient comme la fourmi?
Dans quel philtre? — dans quel vin? — dans quelle tisane?

Peut-on illuminer un ciel bourbeux et noir?
Peut-on déchirer des ténèbres
Plus denses que la poix, sans matin et sans soir,
Sans astres, sans éclairs funèbres?
Peut-on illuminer un ciel bourbeux et noir?

L'Irréparable ronge avec sa dent maudite
Notre âme, piteux monument,
Et souvent il attaque ainsi que le termite,
Par la base le bâtiment.
L'Irréparable ronge avec sa dent maudite!

J'ai vu parfois, au fond d'un théâtre banal
Qu'enflammait l'orchestre sonore,
Une fée allumer dans un ciel infernal
Une miraculeuse aurore;
J'ai vu parfois au fond d'un théâtre banal.

Un être, qui n'était que lumière, or et gaze,
Terrasser l'énorme Satan;
Mais mon coeur, que jamais ne visite l'extase,
Est un théâtre où l'on attend
Toujours. toujours en vain, l'Etre aux ailes de gaze!


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del poema de Charles Baudelaire: Lo irreparable (L'Irréparable), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los beneficios de la luna»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«Los beneficios de la luna»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




Los beneficios de la luna (Les Bienfaits de la lune) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado de manera póstuma en la antología de 1869: Pequeños poemas en prosa (Petits Poèmes en prose).

Los beneficios de la luna, uno de los poemas de Charles Baudelaire más brillantes de aquella colección, desarrolla los pensamientos y sentimientos de un hombre por la mujer que ama, quien a su vez ha sido investida por el beso de la luna, por la palidez de su brillo nocturno, que son emblema de la belleza pero también de la locura. En este sentido, los «lunáticos» son, en esencia, los seguidores de aquel rastro lunar que se deposita sobre algunos elegidos.

En parte, Los beneficios de la luna nos habla del influjo de la nocturnidad: el amor por la noche, las sombras, la oscuridad. Según Charles Baudelaire, todos aquellos que viven bajo ese signo son parte del cortejo de la luna: seguidores que se reconocen mutuamente en el silencio compartido, en delicadas sincronías, en gestos casi imperceptibles al amparo de la noche.




Los beneficios de la luna.
Les Bienfaits de la lune, Charles Baudelaire (1821-1867)

La Luna, que por sí misma es capricho, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y dijo: Esa criatura me agrada.

Y bajó quedamente por su escalera de nubes y pasó sin ruido a través de los cristales. Luego se tendió sobre ti con la flexible ternura de una madre, y depositó en tu faz sus colores. Tus pupilas se tornaron verdes y las mejillas sumamente pálidas. Frente a esa visita tus ojos se agrandaron excesivamente, y tan tiernamente te apretó la garganta que te dejó para siempre el deseo de llorar.

Entretanto, en la expansión de su alegría, la Luna llenaba todo el cuarto como una atmósfera fosfórica, como un veneno luminoso; y toda aquella luz viva estaba pensando y diciendo:

»Eternamente has de sentir el influjo de mi beso. Hermosa serás a mi manera. Querrás lo que yo quiera y lo que a mí me quiera: al agua, a las nubes, al silencio y a la noche; al mar inmenso y verde; al agua informe y multiforme; al lugar en donde no estés; al amante que no conozcas; a las flores monstruosas; a los perfumes que hacen delirar; a los gatos que se desmayan sobre los pianos y gimen con voz ronca y suave.

»Y serás amada por mis amantes, cortejada por mis cortesanos. Serás reina de los hombres de ojos verdes a quienes apreté la garganta con mis caricias nocturnas; de los que quieren al mar, al mar inmenso, tumultuoso y verde; al agua informe y multiforme, al sitio en donde no están, a la mujer que no conocen, a las flores siniestras que parecen incensarios de una religión desconocida, a los perfumes que turban la voluntad y a los animales salvajes y voluptuosos que son emblema de su locura.


Y por esto, niña mimada, maldita y querida, estoy ahora tendido a tus pies, buscando en tu ser el reflejo de la terrible divinidad, de la fatídica madrina, de la nodriza envenenadora de todos los lunáticos.


La Lune, qui est le caprice même, regarda par la fenêtre pendant que tu dormais dans ton berceau, et se dit: «Cette enfant me plaît.»

Et elle descendit moelleusement son escalier de nuages et passa sans bruit à travers les vitres. Puis elle s’étendit sur toi avec la tendresse souple d’une mère, et elle déposa ses couleurs sur ta face. Tes prunelles en sont restées vertes, et tes joues extraordinairement pâles. C’est en contemplant cette visiteuse que tes yeux se sont si bizarrement agrandis; et elle t’a si tendrement serrée à la gorge que tu en as gardé pour toujours l’envie de pleurer.

Cependant, dans l’expansion de sa joie, la Lune remplissait toute la chambre comme une atmosphère phosphorique, comme un poison lumineux ; et toute cette lumière vivante pensait et disait: «Tu subiras éternellement l’influence de mon baiser. Tu seras belle à ma manière. Tu aimeras ce que j’aime et ce qui m’aime : l’eau, les nuages, le silence et la nuit; la mer immense et verte; l’eau uniforme et multiforme; le lieu où tu ne seras pas ; l’amant que tu ne connaîtras pas; les fleurs monstrueuses; les parfums qui font délirer; les chats qui se pâment sur les pianos et qui gémissent comme les femmes, d’une voix rauque et douce!

«Et tu seras aimée de mes amants, courtisée par mes courtisans. Tu seras la reine des hommes aux yeux verts dont j’ai serré aussi la gorge dans mes caresses nocturnes; de ceux-là qui aiment la mer, la mer immense, tumultueuse et verte, l’eau informe et multiforme, le lieu où ils ne sont pas, la femme qu’ils ne connaissent pas, les fleurs sinistres qui ressemblent aux encensoirs d’une religion inconnue, les parfums qui troublent la volonté, et les animaux sauvages et voluptueux qui sont les emblèmes de leur folie.»

Et c’est pour cela, maudite chère enfant gâtée, que je suis maintenant couché à tes pieds, cherchant dans toute ta personne le reflet de la redoutable Divinité, de la fatidique marraine, de la nourrice empoisonneuse de tous les lunatiques.

Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del poema de Charles Baudelaire: Los beneficios de la luna (Les Bienfaits de la lune), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El crepúsculo de la noche»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«El crepúsculo de la noche»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




El crepúsculo de la noche (Le Crépuscule du soir) —cuya traducción literal sería: El crepúsculo vespertino— es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado de manera póstuma en la antología de 1869: Pequeños poemas en prosa (Petits Poèmes en prose).

El crepúsculo de la noche, quizás uno de los mejores poemas de Charles Baudelaire de aquella colección, nos sitúa al final del día, donde las sombras crecen, se estiran, anunciando la llegada de la noche. Con el advenimiento de la oscuridad surgen asombrosas reflexiones, personajes fantasmagóricos, como si la fibra más íntima realidad se fragmentara y permitiera que nuestro propio lado oscuro aflore en la fría soledad de las tinieblas.




El crepúsculo de la noche.
Le Crépuscule du soir, Charles Baudelaire (1821-1867)

Va cayendo el día. Una gran paz llena las pobres mentes, cansadas del trabajo diario, y sus pensamientos toman ya los colores tiernos o indecisos del crepúsculo.

Sin embargo, desde la cima de la montaña llega hasta mi balcón, a través de las nubes transparentes del atardecer, un gran aullido, compuesto de una multitud de gritos discordes que el espacio transforma en lúgubre armonía, como de marea ascendente o de tempestad que empieza.

¿Quiénes son los infortunados a quien la tarde no calma, y toman, como los búhos, la llegada de la noche por señal de aquelarre? Este siniestro ulular nos llega del negro hospital encaramado en la montaña, y al atardecer, fumando y contemplando el reposo del valle inmenso erizado de casas en que cada ventana nos dice: «¡Aquí está la paz ahora; aquí está la alegría de la familia!», puedo, cuando el viento sopla de arriba, mecer mi pensamiento, asombrado en esa imitación de las armonías infernales.

El crepúsculo excita a los locos. Recuerdo que tuve dos amigos a quien el crepúsculo ponía malos. Uno, desconociendo entonces toda relación de amistad y cortesía, maltrataba como un salvaje al primero que llegaba. Le he visto tirar a la cabeza de un camarero un pollo excelente, porque se imaginó ver en él no sé que jeroglífico insultante. El atardecer, premisor de los goces profundos, le echaba a perder lo más suculento.

El otro, ambicioso herido, se iba volviendo, conforme bajaba la luz, más agrio, más sombrío, más reacio. Indulgente y sociable durante el día, era despiadado de noche; y no sólo con los demás, sino consigo mismo esgrimía rabiosamente su manía crepuscular.

El primero murió loco, incapaz de reconocer a su mujer y a su hijo; el segundo lleva en sí la inquietud de un malestar perpetuo, y aunque le gratificaran con todos los honores que pueden conferir repúblicas y príncipes, creo que el crepúsculo encendería en él aun el ansia abrasadora de distinciones imaginarias. La noche, que ponía tinieblas en su mente, trae luz a la mía; y, aunque no sea raro ver a la misma causa engendrar dos efectos contrarios, ello me tiene siempre lleno de intriga y de alarma.

¡Oh noche! ¡Oh refrescantes tinieblas! ¡Sois para mí señal de fiesta interior, sois liberación de una angustia! ¡En la soledad de las llanuras, en los laberintos pedregosos de una capital, centelleo de estrellas, explosión de linternas, sois el fuego de artificio de la diosa Libertad!

¡Crepúsculo, cuán dulce y tierno eres! Los resplandores sonrosados que se arrastran aún por el horizonte, como agonizar del día bajo la opresión victoriosa de su noche, las almas de los candelabros que ponen manchas de un rojo opaco en las últimas glorias del Poniente, los pesados cortinajes que corro una mano invisible de las profundidades del Oriente, inician todos los sentimientos complicados que luchan dentro del corazón del hombre en las horas solemnes de la vida.

Tomaríasele también por uno de esos raros trajes de bailarina en que la gasa transparente y sombría deja entrever los esplendores amortiguados de una falda brillante, como bajo el negro presente se trasluce el delicioso pasado, y las estrellas vacilantes de oro y de plata que la salpican representan esas luces de la fantasía que no se encienden bien sino en el luto profundo de la Noche.


Le jour tombe. Un grand apaisement se fait dans les pauvres esprits fatigués du labeur de la journée ; et leurs pensées prennent maintenant les couleurs tendres et indécises du crépuscule.

Cependant du haut de la montagne arrive à mon balcon, à travers les nues transparentes du soir, un grand hurlement, composé d’une foule de cris discordants, que l’espace transforme en une lugubre harmonie, comme celle de la marée qui monte ou d’une tempête qui s’éveille.

Quels sont les infortunés que le soir ne calme pas, et qui prennent, comme les hiboux, la venue de la nuit pour un signal de sabbat? Cette sinistre ululation nous arrive du noir hospice perché sur la montagne ; et, le soir, en fumant et en contemplant le repos de l’immense vallée, hérissée de maisons dont chaque fenêtre dit : « C’est ici la paix maintenant ; c’est ici la joie de la famille! » je puis, quand le vent souffle de là-haut, bercer ma pensée étonnée à cette imitation des harmonies de l’enfer.

Le crépuscule excite les fous. — Je me souviens que j’ai eu deux amis que le crépuscule rendait tout malades. L’un méconnaissait alors tous les rapports d’amitié et de politesse, et maltraitait, comme un sauvage, le premier venu. Je l’ai vu jeter à la tête d’un maître d’hôtel un excellent poulet, dans lequel il croyait voir je ne sais quel insultant hiéroglyphe. Le soir, précurseur des voluptés profondes, lui gâtait les choses les plus succulentes.

L’autre, un ambitieux blessé, devenait, à mesure que le jour baissait, plus aigre, plus sombre, plus taquin. Indulgent et sociable encore pendant la journée, il était impitoyable le soir ; et ce n’était pas seulement sur autrui, mais aussi sur lui-même, que s’exerçait rageusement sa manie crépusculeuse.

Le premier est mort fou, incapable de reconnaître sa femme et son enfant ; le second porte en lui l’inquiétude d’un malaise perpétuel, et fût-il gratifié de tous les honneurs que peuvent conférer les républiques et les princes, je crois que le crépuscule allumerait encore en lui la brûlante envie de distinctions imaginaires. La nuit, qui mettait ses ténèbres dans leur esprit, fait la lumière dans le mien ; et, bien qu’il ne soit pas rare de voir la même cause engendrer deux effets contraires, j’en suis toujours comme intrigué et alarmé.

Ô nuit! ô rafraîchissantes ténèbres! vous êtes pour moi le signal d’une fête intérieure, vous êtes la délivrance d’une angoisse ! Dans la solitude des plaines, dans les labyrinthes pierreux d’une capitale, scintillement des étoiles, explosion des lanternes, vous êtes le feu d’artifice de la déesse Liberté!

Crépuscule, comme vous êtes doux et tendre! Les lueurs roses qui traînent encore à l’horizon comme l’agonie du jour sous l’oppression victorieuse de sa nuit, les feux des candélabres qui font des taches d’un rouge opaque sur les dernières gloires du couchant, les lourdes draperies qu’une main invisible attire des profondeurs de l’Orient, imitent tous les sentiments compliqués qui luttent dans le cœur de l’homme aux heures solennelles de la vie.

On dirait encore une de ces robes étranges de danseuses, où une gaze transparente et sombre laisse entrevoir les splendeurs amorties d’une jupe éclatante, comme sous le noir présent transperce le délicieux passé ; et les étoiles vacillantes d’or et d’argent, dont elle est semée, représentent ces feux de la fantaisie qui ne s’allument bien que sous le deuil profond de la Nuit.


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del poema de Charles Baudelaire: El crepúsculo de la noche (Le Crépuscule du soir), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«A la una de la mañana»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«A la una de la mañana»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




A la una de la mañana (À une heure du matin) es un poema maldito en prosa del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado de manera póstuma en la antología de 1869: Pequeños poemas en prosa (Petits Poèmes en prose), también conocida como El spleen de París (Le spleen de Paris).

A la una de la mañana, quizás uno de los mejores poemas de Charles Baudelaire de aquella colección, nos sitúa en esa hora de la noche en la que los problemas del día han quedado atrás, dejándonos en absoluta soledad con nosotros mismos, con nuestros pensamientos, y a merced de un examen de conciencia sin reservas.

Es interesante observar cómo Charles Baudelaire describe el silencio que crece a la una de la mañana, enmudeciendo el ruido de las calles, el paso de la gente, y cómo en este escenario de sombras y ausencias nuestros pensamientos inevitablemente nos conducen a cuestionarnos todo.




A la una de la mañana.
À une heure du matin, Charles Baudelaire (1821-1867)

¡Por fin solo! Ya no se escucha más que el rodar de algunos coches rezagados, fatigados. Por unas horas, si no del reposo, somos dueños del silencio. ¡Por fin ha desaparecido la tiranía del rostro humano, y ya sólo por mí podré sufrir!

¡Por fin! Ya se me permite descansar en un baño de tinieblas. Lo primero, doble vuelta al cerrojo. Esa segunda nota, creo, ha de aumentar mi soledad, fortalecer los muros que me separan del mundo.

¡Vida horrible! ¡Ciudad horrible!

Recapitulemos el día: ver a varios hombres de letras, uno de los cuales me preguntó si se puede ir a Rusia por tierra —sin duda tomaba a Rusia por isla—; disputar generosamente con el director de una revista, quien ante cada objeción repetía: este es el partido de los hombres honrados; lo cual sugería que los demás están redactados por bribones.

Saludar a unas veinte personas, quince de ellas desconocidas; repartir apretones de manos, en igual proporción, sin haber tomado la precaución de comprar unos guantes.

Subir, para matar el tiempo durante la lluvia, a la casa de cierta corsetera, que me rogó que le dibujara un traje. Entretener al director de un teatro, para que, al despedirme, me diga: «Quizá lo acierte dirigiéndose a Z; es, de todos mis autores, el más pesado, el más tonto, el más célebre; con él podría usted conseguir algo.

Alabarme, ¿por qué?, de varias acciones feas que jamás cometí y negar cobardemente otras fechorías que con placer llevé a cabo, delito de fanfarronería, crimen de respetos humanos; negar a un amigo cierto favor fácil y dar una recomendación por escrito a un cabal tunante cabal.

Descontento de todos, descontento de mí, quisiera rescatarme y recobrar un poco de orgullo en el silencio y en la soledad de la noche.

Almas de los que amé, almas de los que canté, fortalecedme, sostenedme, alejad de mí la mentira y los vahos corruptos del mundo.

Y vos, Señor mío, concededme la gracia de producir algunos versos buenos, que a mí mismo me prueben que no soy el último de los hombres, que no soy inferior a los que desprecio.


Enfin! seul! On n’entend plus que le roulement de quelques fiacres attardés et éreintés. Pendant quelques heures, nous posséderons le silence, sinon le repos. Enfin! la tyrannie de la face humaine a disparu, et je ne souffrirai plus que par moi-même.

Enfin! il m’est donc permis de me délasser dans un bain de ténèbres! D’abord, un double tour à la serrure. Il me semble que ce tour de clef augmentera ma solitude et fortifiera les barricades qui me séparent actuellement du monde.

Horrible vie! Horrible ville! Récapitulons la journée: avoir vu plusieurs hommes de lettres, dont l’un m’a demandé si l’on pouvait aller en Russie par voie de terre (il prenait sans doute la Russie pour une île); avoir disputé généreusement contre le directeur d’une revue, qui à chaque objection répondait: « C’est ici le parti des honnêtes gens», ce qui implique que tous les autres journaux sont rédigés par des coquins; avoir salué une vingtaine de personnes, dont quinze me sont inconnues; avoir distribué des poignées de main dans la même proportion, et cela sans avoir pris la précaution d’acheter des gants; être monté pour tuer le temps, pendant une averse, chez une sauteuse qui m’a prié de lui dessiner un costume de Vénustre; avoir fait ma cour à un directeur de théâtre, qui m’a dit en me congédiant: « — Vous feriez peut-être bien de vous adresser à Z…; c’est le plus lourd, le plus sot et le plus célèbre de tous mes auteurs, avec lui vous pourriez peut-être aboutir à quelque chose. Voyez-le, et puis nous verrons; » m’être vanté (pourquoi ?) de plusieurs vilaines actions que je n’ai jamais commises, et avoir lâchement nié quelques autres méfaits que j’ai accomplis avec joie, délit de fanfaronnade, crime de respect humain; avoir refusé à un ami un service facile, et donné une recommandation écrite à un parfait drôle; ouf ! est-ce bien fini?

Mécontent de tous et mécontent de moi, je voudrais bien me racheter et m’enorgueillir un peu dans le silence et la solitude de la nuit. Âmes de ceux que j’ai aimés, âmes de ceux que j’ai chantés, fortifiez-moi, soutenez-moi, éloignez de moi le mensonge et les vapeurs corruptrices du monde, et vous, Seigneur mon Dieu ! accordez-moi la grâce de produire quelques beaux vers qui me prouvent à moi-même que je ne suis pas le dernier des hommes, que je ne suis pas inférieur à ceux que je méprise!


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


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Baudelaire, las redes sociales y la victoria del Tiempo


Baudelaire, las redes sociales y la victoria del Tiempo.




Si hay algo que la gente se toma en serio es el Tiempo. Y no es para menos. Tiempo es el lo único que tenemos, un capital que varía dependiendo de la salud y el azar, pero que en todos los casos se reduce dramáticamente a la velocidad de un segundo por segundo.

El problema, por llamarlo de algún modo, es esa necesidad casi patológica de administrar el Tiempo, que no es otra cosa que ocuparlo en algo, en cualquier cosa, bajo el pretexto de asuntos impostergables. De hecho, podemos pensar que la falta de tiempo es directamente proporcional a la intención de administrarlo.

Para obtener la simpatía de alguien basta realizar cualquiera de las siguientes afirmaciones:


No tengo tiempo.

Estoy cansado.


Dígase ésto y usted será una persona aceptada, comprendida y perfectamente capaz de disfrutar interacciones sociales que no despierten inquietud.

Después de todo, no estar cansado equivale a ser un perezoso, un vago, un improductivo. El que afirma tener tiempo se convierte en alguien sospechoso.

Emplear la combinación entre estar cansado y no tener tiempo le asegura al individuo una comprensión absoluta; quizá debido a que sus interlocutores aseguran estar en la misma situación: cansados y sin tiempo.

Incluso cuando nos sentimos descansados y con tiempo, uno se siente un poco reacio a comentarlo abiertamente, como si se tratara de algún pecado primordial que los textos sagrados han omitido.

Estar apurado y no tener tiempo son elementos que constituyen la confiabilidad de un individuo en nuestra sociedad. Pero si introducimos sutilmente el dedo mayor en esas afirmaciones veremos que el Tiempo que no se tiene es una idea falsa.

Lo que no tenemos, en realidad, es Tiempo para aburrirnos.

¿Cuántas veces por día el usuario promedio articula una fatal secuencia de actos motrices que lo llevan, en principio, a extraer un dispositivo del bolsillo y enfrentarse una y otra vez al mismo teatro de variedades que suponen las redes sociales?

En un mundo poblado de sujetos que aseguran a viva voz que no tienen tiempo, que están apuradísimos, el disfrute de lo postergable es el gran deporte mundial.

Charles Baudelaire, claro, no conoció las redes sociales, pero conoció el principio que rige su funcionamiento: ocupar el espacio, llenarlo en un secuencia infatigable de acciones banales, hasta lograr que ya no sepamos cómo es no hacer nada.

Pocas veces se observa a un ejemplar de los EstoycansadoNotengotiempo chequear su teléfono de manera apresurada. Por cierto, el acceso está lleno de urgencias, pero una vez dentro sus rostros adoptan el semblante relajado de una vaca transitando por las calles de Calcuta.

¿Esta es la gente que no tiene tiempo?

Ahora tomemos forma aislada todos esos momentos del día en los que accedemos al celular: a veces en casa, en el trabajo, en el estudio, en los segundos previos al inicio de una película en el cine (y, a veces, durante), en la cola del supermercado, en el transporte público, en la cena familiar, en la calle, en la cama, en el baño, realizando extraordinarias maniobras para orinar al mismo tiempo.

La circunstancia es lo de menos. Puede ser cualquier momento, o todos.

Si tomáramos todos esos instantes aislados y los uniéramos como eslabones de una misma cadena, ¿el resultado no sería un bucle en donde el tiempo no transcurre, sino que se repite?

Baudelaire hizo un ejercicio similar, sin dispositivos ni redes sociales, mediante el cual extrajo los instantes vacíos de la vida y les otorgó el carácter de sagrados. El poeta no solo vindicó el aburrimiento, sino que lo transformó en el eje de su proceso creativo.

El aburrimiento de Baudelaire fue sutil, y podemos hallar rasgos de aquel sentimiento en la mezcla de pesadez intelectual y física que a menudo invade al sujeto contemporáneo los domingos a la tarde (si no hay fútbol, desde luego), una especie de cansancio, de desidia, de buscar inútilmente algo sin saber qué, o dónde está; una pesadez, una atmósfera irrespirable, opresiva, que el EstoycansadoNotengotiempo puede encontrar en la desesperación existencial que sobreviene en un corte de luz, en la falta de WIFI, en una señal defectuosa.

A diferencia de nosotros, Baudelaire no rehuyó de esas sensaciones. No intentó evadir el aburrimiento y menos aún llenar ese vacío con engañosas ocupaciones. Todo lo contrario: lo aceptó, lo estudió en detalle, expuso sus excrementos y los encontró hermosos.

Solo en el aburrimiento somos capaces de percibir el verdadero peso del Tiempo. Y para derrotarlo no es necesario evadirlo; todo lo contrario: para vencer al aburrimiento y transformarlo en algo más hay que aburrirse.

En esos instantes de absoluto tedio, sin distracciones que lo atenúen, Baudelaire le daba la bienvenida al diabólico ejército del Tiempo: recuerdos, angustias, pesares, miedos, cada uno de ellos con una fuerza imparable, arrolladora, vital.

Refiriéndose a esos segundos espesos transcurridos en el reloj, sumido en el más rotundo hastío, el poeta escribió:


Solemnemente acentuados, cada uno,
al brotar del péndulo, dice:
Yo soy la vida, la insoportable, la implacable vida.


(Solennellement accentuées, et chacune,
en jaillissant de la pendule, dit:
Je suis la Vie, l’insupportable, l’implacable Vie)




Egosofía. I Autores con historia.


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«El sabor de la nada»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«El sabor de la nada»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




El sabor de la nada (Le Goût du néant) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la antología de 1857: Las flores del mal (Les Fleurs du mal).

El sabor de la nada, probablemente uno de los poemas de Charles Baudelaire más destacados de aquella colección, analiza los efectos destructivos del tiempo, la lenta pero implacable muerte de la esperanza, del placer, la sensación de que estamos en una caída irreversible hacia la nada.

Este gran poema de Charles Baudelaire nos invita a olvidar las viejas formas de salvación, es decir, de liberación y escape del mundo, como la belleza, el amor, el arte, e introducirnos inmediatamente en una dimensión donde lo cotidiano se transforma en repetición, en tedio, en insoportable hastío.




El sabor de la nada.
Le Goût du néant, Charles Baudelaire (1821-1867)

Espíritu melancólico, en otra época enamorado de la lucha,
La Esperanza, cuya espuela agitaba tu ardor,
No quiere más montarte. Acuéstate sin pudor,
Viejo caballo cuyos cascos tropiezan en cada obstáculo.

Resígnate, corazón mío; duerme tu sueño de ignorante.

Espíritu vencido, ¡estropeado! Para ti, viejo merodeador,
El amor ya no tiene sabor, no más que la disputa,
¡Adiós, entonces, cantos del cobre y suspiros de la flauta!
¡Placeres, no tentéis más un corazón sombrío y embustero!

¡La adorable primavera ha perdido su perfume!

Y el Tiempo me traga minuto tras minuto,
Como la nieve inmensa a un cadáver tieso;
Yo contemplo desde lo alto el globo perfecto
Y no busco más el abrigo de una choza.

Avalancha, ¿me llevarás contigo en tu caída?


Morne esprit, autrefois amoureux de la lutte,
L’Espoir, dont l’éperon attisait ton ardeur,
Ne veut plus t’enfourcher ! Couche-toi sans pudeur,
Vieux cheval dont le pied à chaque obstacle butte.

Résigne-toi, mon cœur ; dors ton sommeil de brute.

Esprit vaincu, fourbu ! Pour toi, vieux maraudeur,
L’amour n’a plus de goût, non plus que la dispute ;
Adieu donc, chants du cuivre et soupirs de la flûte!
Plaisirs, ne tentez plus un cœur sombre et boudeur!

Le Printemps adorable a perdu son odeur!

Et le Temps m’engloutit minute par minute,
Comme la neige immense un corps pris de roideur;
Je contemple d’en haut le globe en sa rondeur
Et je n’y cherche plus l’abri d’une cahute.

Avalanche, veux-tu m’emporter dans ta chute?


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


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«Alquimia del dolor»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«Alquimia del dolor»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




Alquimia del dolor (Alchimie de la douleur) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado por primera vez en la antología de 1857: Las flores del mal (Les Fleurs du mal), y luego reeditado en la colección de 1866: Los despojos (Les Épaves).

Alquimia del dolor, uno de los más destacados poemas de Charles Baudelaire, nos sitúa en el centro de dos polos opuestos que se atraen y se repelen constantemente.

Si la alquimia es un arte capaz de transmutar los metales, y acaso también el corazón del alquimista, ¿qué extrañas mutaciones pueden alterar la composición del dolor? En este contexto, Alquimia del dolor parece una refutación del gran poema metafísico de John Donne: Alquimia del amor (Love's Alchemy).

Más allá de esa sincronía, probablemente capciosa, este notable poema de Charles Baudelaire nos induce a pensar que no hay forma de permutar con eficacia los aspectos más grotescos de la naturaleza humana.




Alquimia del dolor.
Alchimie de la douleur, Charles Baudelaire (1821-1867)

El Uno te ilumina con su ardor,
El otro deposita en ti su duelo, ¡Natura!
El que dice a uno: ¡Sepultura!
Y dice al otro: ¡Vida y esplendor!

Hermes desconocido que me asistes
Y que siempre me intimidas,
Tú me conviertes en un par de Midas,
El más triste de los alquimistas;

Por ti yo cambio el oro en hierro
Y el paraíso en infierno;
En el sudario de las nubes

Descubro un cadáver querido,
Y sobre las celestes riberas
Levanto grandes sarcófagos.


L’un t’éclaire avec son ardeur,
L’autre en toi met son deuil, Nature!
Ce qui dit à l’un : Sépulture!
Dit à l’autre: Vie et splendeur!

Hermès inconnu qui m’assistes
Et qui toujours m’intimidas,
Tu me rends l’égal de Midas,
Le plus triste des alchimistes;

Par toi je change l’or en fer
Et le paradis en enfer;
Dans le suaire des nuages

Je découvre un cadavre cher,
Et sur les célestes rivages
Je bâtis de grands sarcophages.


Charles Baudelaire
(1832-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


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«Sed Non Saciata» (Nunca satisfecha): Charles Baudelaire; poema y análisis


«Sed Non Saciata» (Nunca satisfecha): Charles Baudelaire; poema y análisis.




Sed Non Saciata (Sed Non Saciata) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la edición de 1861 de la antología: Las flores del mal (Les Fleurs du Mal).

Sed Non Saciata —que algunos traducen alternativamente como Nunca satisfecha, aunque literalmente signifique: «sin embargo, no está satisfecha»— es uno de los poemas de Charles Baudelaire más importantes de aquella colección.

Podemos pensar que el narrador, sin dudas, el propio Charles Baudelaire, se refiere a la insatisfacción de una de sus típicas musas, en general, mujeres de belleza singular, atípica, se diría, pero también deterioradas por opio, el láudano y el alcohol.




Sed Non Saciata.
Sed Non Saciata, Charles Baudelaire (1821-1867)

Deidad bizarra, oscura como las noches,
Con perfume mezclado de almizcle y habano,
Obra de algún hechicero, el Fausto de la sabana,
Bruja con ijares de ébano, engendro de nocturnidad,
Yo prefiero a la constancia, al opio, a las noches,
El elixir de tu boca donde el amor se regodea;
Cuando hacia ti mis deseos parten en caravana,
Tus ojos son la cisterna donde beben mis hastíos.
Por esos tus grandes ojos negros, tragaluces de tu alma,
¡Oh, demonio sin piedad!, vierten sobre mí menos fuego;
No soy el Estigia* para abrazarte nueve veces,
Y no puedo, Megera** libertina,
Para quebrar tu coraje y dejarte
En el infierno de tu lecho, volverme Proserpina***.


Bizarre déité, brune comme les nuits,
Au parfum mélangé de musc et de havane,
Oeuvre de quelque obi, le Faust de la savane,
Sorcière au flanc d'ébène, enfant des noirs minuits,
Je préfère au constance, à l'opium, au nuits,
L'élixir de ta bouche où l'amour se pavane;
Quand vers toi mes désirs partent en caravane,
Tes yeux sont la citerne où boivent mes ennuis.
Par ces deux grands yeux noirs, soupiraux de ton âme,
Ô démon sans pitié! verse-moi moins de flamme;
Je ne suis pas le Styx pour t'embrasser neuf fois,
Hélas! et je ne puis, Mégère libertine,
Pour briser ton courage et te mettre aux abois,
Dans l'enfer de ton lit devenir Proserpine!

Charles Baudelaire
(1821-1867)


Estigia*: río del Hades, el inframundo de los mitos griegos. Los nueve abrazos hacen referencia a sus nueve afluentes.

Megera**: una de las Erinias, diosa de los celos.

Proserpina***: versión romanizada de Perséfone, reina del inframundo.




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


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«Íncubo»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«Íncubo»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




Íncubo (Le Revenant) —también traducido al español como: El espectro y El reviniente— es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la edición de 1861 de la antología: Las flores del mal (Les Fleurs du mal). Tras ser censurado, el poema reapareció, ya en su forma definitiva, en la colección de 1866: Los despojos (Les Épaves).

Íncubo es, sin dudas, uno de los grandes poemas de Charles Baudelaire; y acaso uno de los más enigmáticos de su producción literaria. En general, se considera que encarna la voz de un hombre que promete regresar de la muerte para visitar a su amada, mezclando horror, pasión y obsesión en dosis enfermizas.

Desde aquí nos inclinamos por una traducción poco convencional del título —Íncubo—, ya que este exquisito poema de Charles Baudelaire parece tener más que ver con los Íncubosraza de vampiros masculinos, emparentada con los Súcubos— que con los espíritus o los fantasmas tradicionales.

En este sentido, es lícito colocar a Íncubo junto a: El vampiro (Le vampire) y La metamorfosis del vampiro (Les Métamorphoses du vampire), como uno de los tres los grandes poemas de vampiros del autor.




Íncubo.
Le Revenant, Charles Baudelaire (1821-1867)

Como los ángeles, con ojo furtivo,
Yo volveré a tu habitación,
Deslizándome sin hacer ruido
Entre las sombras de la noche;

Y te daré, mi morena,
Besos fríos como la luna
Y caricias de serpiente
Alrededor de una fosa rampante.

Cuando llegue la mañana lívida,
Encontrarás mi lugar vacío,
Donde hasta el crepúsculo parecerá frío.

Como otros para la ternura,
Sobre tu vida y sobre tu juventud,
Yo solo quiero reinar por el terror.


Comme les anges à l’œil fauve,
Je reviendrai dans ton alcôve
Et vers toi glisserai sans bruit
Avec les ombres de la nuit;

Et je te donnerai, ma brune,
Des baisers froids comme la lune
Et des caresses de serpent
Autour d’une fosse rampant.

Quand viendra le matin livide,
Tu trouveras ma place vide,
Où jusqu’au soir il fera froid.

Comme d’autres par la tendresse,
Sur ta vie et sur ta jeunesse,
Moi, je veux régner par l’effroi.


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


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«Cada cual con su Quimera»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«Cada cual con su Quimera»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




Cada cual con su quimera (Chacun sa chimère) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la antología de 1869: Pequeños poemas en prosa (Petits Poèmes en prose).

Cada cual con su Quimera, un verdadero clásico entre los poemas de Charles Baudelaire, desarrolla la idea de que las ilusiones, los anhelos, las esperanzas —representadas en la figura de una Quimera—, no son en realidad el combustible que nos impulsa hacia adelante, sino un peso insoportable que nos dobla la espalda.

De esa forma, este notable poema de Charles Baudelaire vindica una especie de filosofía del desapego, una manera singular de ver y de entender el mundo, no ya pensando en objetivos específicos, sino más bien despojándonos de ellos.




Cada cual con su quimera.
Chacun sa chimère, Charles Baudelaire (1821-1867)

Bajo un amplio cielo gris, en una vasta llanura polvorienta, sin sendas, ni césped, sin un cardo, sin una ortiga, tropecé con muchos hombres que caminaban encorvados.

Llevaba cada cual, a cuestas, una quimera enorme, tan pesada como un saco de harina o de carbón, o la mochila de un soldado de infantería romana.

Pero el monstruoso animal no era un peso inerte; envolvía y oprimía, por el contrario, al hombre, con sus músculos elásticos y poderosos; prendíase con sus dos vastas garras al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa dominaba la frente del hombre, como uno de aquellos cascos horribles con que los guerreros antiguos pretendían aumentar el terror de sus enemigos.

Interrogué a uno de aquellos hombres preguntándole adónde iban de aquel modo. Me contestó que ni él ni los demás lo sabían; pero que, sin duda, iban a alguna parte, ya que les impulsaba una necesidad invencible de andar.

Observación curiosa: ninguno de aquellos viajeros parecía irritado contra el furioso animal, colgado de su cuello y pegado a su espalda; hubiérase dicho que lo consideraban como parte de sí mismos. Tantos rostros fatigados y serios, ninguna desesperación mostraban; bajo la capa esplenética del cielo, hundidos los pies en el polvo de un suelo tan desolado como el cielo mismo, caminaban con la faz resignada de los condenados a esperar siempre.

Y el cortejo pasó junto a mí, y se hundió en la atmósfera del horizonte, por el lugar donde la superficie redondeada del planeta se esquiva a la curiosidad del mirar humano.

Me obstiné unos instantes en querer penetrar el misterio; mas pronto la irresistible indiferencia se dejó caer sobre mí, y me quedó más profundamente agobiado que los otros con sus abrumadoras quimeras.


Sous un grand ciel gris, dans une grande plaine poudreuse, sans chemins, sans gazon, sans un chardon, sans une ortie, je rencontrai plusieurs hommes qui marchaient courbés.

Chacun d’eux portait sur son dos une énorme Chimère, aussi lourde qu’un sac de farine ou de charbon, ou le fourniment d’un fantassin romain.

Mais la monstrueuse bête n’était pas un poids inerte ; au contraire, elle enveloppait et opprimait l’homme de ses muscles élastiques et puissants ; elle s’agrafait avec ses deux vastes griffes à la poitrine de sa monture ; et sa tête fabuleuse surmontait le front de l’homme, comme un de ces casques horribles par lesquels les anciens guerriers espéraient ajouter à la terreur de l’ennemi.

Je questionnai l’un de ces hommes, et je lui demandai où ils allaient ainsi. Il me répondit qu’il n’en savait rien, ni lui, ni les autres ; mais qu’évidemment ils allaient quelque part, puisqu’ils étaient poussés par un invincible besoin de marcher.

Chose curieuse à noter : aucun de ces voyageurs n’avait l’air irrité contre la bête féroce suspendue à son cou et collée à son dos ; on eût dit qu’il la considérait comme faisant partie de lui-même. Tous ces visages fatigués et sérieux ne témoignaient d’aucun désespoir; sous la coupole spleenétique du ciel, les pieds plongés dans la poussière d’un sol aussi désolé que ce ciel, ils cheminaient avec la physionomie résignée de ceux qui sont condamnés à espérer toujours.

Et le cortége passa à côté de moi et s’enfonça dans l’atmosphère de l’horizon, à l’endroit où la surface arrondie de la planète se dérobe à la curiosité du regard humain.

Et pendant quelques instants je m’obstinai à vouloir comprendre ce mystère ; mais bientôt l’irrésistible Indifférence s’abattit sur moi, et j’en fus plus lourdement accablé qu’ils ne l’étaient eux-mêmes par leurs écrasantes Chimères.


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


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«De Profundis Clamavi» (Desde lo profundo te llamo): Charles Baudelaire


«De Profundis Clamavi» (Desde lo profundo te llamo): Charles Baudelaire.




De Profundis Clamavi (De Profundis Clamavi) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la antología de 1861: Las flores del mal (Les Fleurs du Mal).

El título en latín de De Profundis Clamavi, uno de los más destacados poemas de Charles Baudelaire, significa, literalmente: «desde lo profundo te llamo», y proviene del Salmo 130: De profundis clamavi ad te, Domine: «Desde lo profundo te llamo a ti, Señor».

Lejos está este gran poema de Charles Baudelaire de emplear el mismo sentido del salmo, ya que el llamado del narrador a la deidad no reclama su salvación, sino el deseo de dormir sin sueños, sin recuerdos, mientras el tiempo lentamente se diluye.




De Profundis Clamavi (Desde lo profundo te llamo)
De Profundis Clamavi, Charles Baudelaire (1821-1867)

Imploro tu piedad, Tú, el único que yo amo,
Desde el fondo del abismo oscuro donde mi corazón ha caído.
Es un universo triste de horizonte plúmbeo,
Donde flotan en la noche el horror y la blasfemia;
Un sol sin calor se cierne por encima seis meses,
Y los otros seis la noche cubre la tierra;
Es un lugar más desnudo que la tierra polar;
—¡Ni bestias, ni arroyos, ni verdor, ni bosques!—
Pues bien, no hay horror en el mundo que supere
La fría crueldad de este sol de hielo
Y esta inmensa noche semejante al viejo Caos;
Envidio la suerte de los más viles animales
Que pueden sumergirse en un sueño estúpido,
¡A tal punto la madeja del tiempo lentamente se devana!


J'implore ta pitié, Toi, l'unique que j'aime,
Du fond du gouffre obscur où mon coeur est tombé.
C'est un univers morne à l'horizon plombé,
Où nagent dans la nuit l'horreur et le blasphème;
Un soleil sans chaleur plane au-dessus six mois,
Et les six autres mois la nuit couvre la terre;
C'est un pays plus nu que la terre polaire
— Ni bêtes, ni ruisseaux, ni verdure, ni bois!
Or il n'est pas d'horreur au monde qui surpasse
La froide cruauté de ce soleil de glace
Et cette immense nuit semblable au vieux Chaos;
Je jalouse le sort des plus vils animaux
Qui peuvent se plonger dans un sommeil stupide,
Tant l'écheveau du temps lentement se dévide!


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Charles Baudelaire: De Profundis Clamavi (De Profundis Clamavi), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Señorita Bisturí»: Charles Baudelaire; relato y análisis


«Señorita Bisturí»: Charles Baudelaire; relato y análisis.




Señorita Bisturí (Mademoiselle Bistouri) es un relato psicológico del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado de manera póstuma en la antología de 1869: Pequeños poemas en prosa (Petits poëmes en prose), a veces editado como Le Spleen de París.

Señorita Bisturí es, en realidad, uno de los grandes poemas de Charles Baudelaire de aquella colección en prosa: un texto sumamente extraño, narcótico, como un sueño o una pesadilla especialmente inquietante, que relata el inesperado encuentro de una mujer desequilibrada y un hombre aparentemente en sus cabales.




Señorita Bisturí.
Mademoiselle Bistouri, Charles Baudelaire (1821-1867)

Cuando me acercaba al extremo del arrabal, a los destellos del gas sentí que un brazo se escurría suavemente por debajo del mío, y oí una voz que al oído me decía:

—Es usted médico, ¿verdad?

Miré; era una chica alta, robusta, de ojos muy abiertos, con ligero afeite; sus cabellos flotaban al viento, como las cintas de su gorra.

—No, no soy médico. Déjeme pasar.

—Sí. Usted es médico. Lo conozco. Venga a mi casa. Quedará contento de mí. ¡Vamos!

—Sí, sí; ya iré a verla, pero más tarde, después del médico. ¡Qué diablo!

—¡Ah, ah! —dijo, sin soltar mi brazo, con una carcajada—. Es usted un médico bromista; he conocido varios por el estilo. Venga.

Me apasiona el misterio, porque siempre tuve la esperanza de aclararlo. Así, pues, me dejé llevar por la compañera, o más bien, por aquel misterio inesperado.

Omito la descripción del antro; la podrían encontrar en varios conocidísimos poetas franceses. Sólo —detalle que no advirtió Regnier— dos o tres retratos de doctores célebres estaban colgados de la pared.

¡Qué caricias recibí! Buen fuego, vino caliente, cigarros; y al ofrecerme aquellas cosas tan buenas, mientras ella encendía también un cigarro, la graciosa criatura me decía:

—Piense que está en su casa, amigo mío; póngase cómodo. Así recordará el hospital y los buenos tiempos de la juventud. ¿De dónde ha sacado estas canas? No estaba usted así, no hará mucho todavía, cuando era interno de L. Recuerdo que en las operaciones graves usted me asistía. ¡Aquél era un hombre amigo de cortar, de sajar y raspar!

»Usted le iba dando los instrumentos, las hilas y las esponjas. ¡Y con qué orgullo decía, una vez hecha la operación, mirando el reloj de bolsillo: ¡Cinco minutos, señores!

»¡Oh! Yo voy por todas partes. Ya conozco yo a todos esos caballeros.

Algunos instantes después, tuteándome, volvía a su estribillo y me decía:

—Eres médico. ¿Verdad, gatito mío?

Aquella repetición ininteligible me hizo ponerme en pie de un brinco.

—¡No! —grité furioso.

—Pues serás cirujano...

—¡No, no! Como no sea para cortarte la cabeza...

—Espera —continuó—. Vas a ver.

Y de un armario sacó un legajo de papeles, que no era sino una colección de retratos de los médicos ilustres de entonces, litografiados por Maurin, que muchos años he visto expuesta en el Quai Voltaire.

—Mira. ¿Reconoces a éste?

—Sí; es X. Además, tiene el nombre debajo; pero lo conozco personalmente.

—¡Lo sabía! Mira. Aquí está Z., el que decía en clase, hablando de X.: «Ese monstruo, que lleva en la cara lo negro de su alma.» ¡Y todo porque no era de su opinión en cierto asunto! ¡Qué risa levantaba todo esto en la escuela por aquel entonces!

»¿Recuerdas? Mira: éste es K., el que denunciaba a los insurrectos que curaba en el hospital. Eran tiempos de motines. ¿Cómo podrá tener tan poco corazón un hombre tan guapo?

»Aquí tienes ahora a W., un médico inglés famoso; lo pesqué cuando vino a París. Parece una señorita, ¿verdad?

Y, corno yo tocase un paquete atado con un bramante que había sobre el velador:

—Espera un poco —dijo—, éstos son los internos, y los del paquete, los externos.

Desplegó en forma de abanico un montón de fotografías que representaban caras más jóvenes.

—Cuando nos volvamos a ver, me darás tu retrato, ¿verdad, querido?

—Pero —le dije, siguiendo yo a mi vez con mi idea fija—, ¿por qué crees que soy médico?

—¡Eres tan simpático y tan bueno con las mujeres!

—¡Lógica singular! —dije para mis adentros.

—¡Oh, no suelo engañarme! He conocido muchísimos. Tanto me gustan esos caballeros que, aun sin estar enferma, voy a verlos muchas veces nada más que por verlos. Hay quien me dice fríamente: «¡Usted no tiene enfermedad ninguna!» Pero otros hay que me comprenden, porque les hago gestos.

—¿Y cuando no te comprenden?

—¡Hombre! Como les he molestado inútilmente, es dejo diez francos encima de la chimenea. ¡Son tan buenos y tan cariñosos esos hombres! He descubierto en la Pitié un chico interno, bonito como un ángel, y ¡tan bien educado! ¡Lo que trabaja el pobre chico! Sus compañeros me han dicho que no tiene un cuarto, porque sus padres son pobres y no pueden enviarle nada. Eso me ha dado confianza. Después de todo, bastante guapa ya soy, aunque no demasiado joven.

»Le he dicho: Ven a verme, ven a verme a menudo. Y por mí no te apures; yo no necesito dinero.

»Pero ya comprenderás que se lo he dado a entender con muchos miramientos; no se lo dije así, en crudo; ¡tenía tanto miedo de humillarle al pobrecillo! Pues bueno, ¿creerás que tengo un capricho tonto y que no me atrevo a decírselo? ¡Quisiera que viniese a verme con el estuche y el delantal, hasta un poco manchado de sangre!

Lo dijo en tono muy cándido, como un hombre sensible diría a una cómica de la que estuviese enamorado: quiero verla vestida con el traje que saca en ese famoso papel que ha creado.

Siguiendo en mi obstinación, continué:

—¿Puedes recordar la época y la ocasión en que ha nacido en ti esa pasión tan especial?

Difícilmente conseguí que me entendiera, pero lo logré al cabo. Solo que entonces me contestó con aire tristísimo, y, si no recuerdo mal, hasta apartando de mí los ojos:

—No sé, no me acuerdo.

¿Qué rarezas no encuentra uno en una gran ciudad, cuando sabe andar por ella y mirar? En la vida, los monstruos inocentes pululan. ¡Señor, Dios mío! ¡Vos, el Creador; Vos, el Maestro; Vos, que hicisteis la ley y la libertad; Vos, el Soberano que deja hacer; Vos, el Juez que perdona; Vos, que estáis lleno de motivos y de causas, y que habéis puesto acaso en mi espíritu el gusto por el horror para convertir mi corazón, como la salud en la punta de una cuchilla; Señor, apiadaos, apiadaos de los locos y de las locas! ¡Oh, Creador!

¿Pueden existir monstruos ante los ojos de Aquel que sólo sabe por qué existen, cómo se han hecho y cómo hubieran podido no hacerse?

Charles Baudelaire (1821-1867)




Poemas góticos. I Relatos de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Charles Baudelaire: Señorita Bisturí (Mademoiselle Bistouri), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los despojos»: Charles Baudelaire; poemas y análisis


«Los despojos»: Charles Baudelaire; poemas y análisis.




Los despojos (Les Épaves) —título cuya traducción literal sería: Naufragios— es una colección de poemas malditos del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en 1865.

La antología agrupa algunos de los mejores poemas de Charles Baudelaire, y lo que es aún más interesante, reune todos aquellos poemas que fueron censurados de Las flores del mal (Les Fleurs du mal) tras el infame juicio de 1861, con la excusa de que el libro ofendía la moral pública y las buenas costumbres.

Poulet-Malassis, amigo del autor, debió llevar clandestinamente los poemas inéditos de Charles Baudelaire a Bélgica. A finales de 1865, en Bruselas, consiguió publicar Los despojos realizando hábiles maniobras editoriales para eludir la censura, por ejemplo, colocando un pie de imprenta en donde se aseguraba que la obra había sido impresa en la ciudad de Amsterdam.

En resumen: los poemas de Charles Baudelaire vertidos en Los despojos no solo se anticipan al decadentismo, sino que dan testimonio de una creatividad y un talento realmente insuperables.




Los despojos.
Les Épaves, Charles Baudelaire (1821-1867)
  • Alquimia del dolor (Alchimie de la douleur)
  • El Leteo (Le Léthé)
  • Íncubo (Le Revenant)
  • La metamorfosis del vampiro (Les Métamorphoses du Vampire)
  • Las promesas de un rostro (Les Promesses d’un visage)
  • Mujeres condenadas (Femmes damnées)
  • Sed Non Saciata (Sed Non Saciata)
  • Alabanzas de mi Francisca (Franciscæ meæ laudes)
  • A una malabaresa (À une Malabaraise)
  • El monstruo (Le Monstre)
  • El rescate (La Rançon)
  • El surtidor (Le Jet d’eau)
  • En el debut de la señorita Amina Boschetti (Sur les débuts de mademoiselle Amina Boschetti)
  • Himno (Hymne)
  • La puesta de sol romántica (Le Coucher du soleil romantique)
  • Las joyas (Les Bijoux)
  • La voz (La Voix)
  • Lesbos (Lesbos)
  • Lo imprevisto (L’Imprévu)
  • Lola de Valencia (Lola de Valence)
  • Los ojos de Berta (Les Yeux de Berthe)
  • Para aquella que es muy alegre (À celle qui est trop gaie)
  • Para M. Eugène Fromentin (À M. Eugène Fromentin)
  • Sobre «Tasso en la prisión», de Eugène Delacroix (Sur le Tasse en prison, d’Eugène Delacroix)
  • Un cabaret de fiesta (Un Cabaret folâtre)
  • Versos para el retrato de Monsieur Honoré Daumier (Vers pour le portrait de M. Honoré Daumier)


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  • https://es.wikisource.org/wiki/Los_despojos




Antologías. I Libros de Charles Baudelaire.


El análisis y resumen del libro de Charles Baudelaire: Los despojos (Les Épaves), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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