Lovecraft y la mitología nórdica.


Lovecraft y la mitología nórdica.




Porque nuestra sangre es la misma de la que se jactan los vándalos;
nosotros también somos los robustos hijos de Woden y Thor.

Ad-Britannos, H.P. Lovecraft.


No, el Ragnarok no comenzará cuando Cthulhu despierte en R'lyeh. Los Grandes Antiguos no son Jotnar. Los Aesir no son Dioses Mayores. Las valquirias no son Mi-Go buscando guerreros caídos para extraer sus cerebros y llevarlos al Valhalla. De todos modos, hay algo de mitología nórdica en H.P. Lovecraft.

La presencia de los mitos griegos y romanos en los cuentos de Lovecraft es indiscutible. Basta leer El Árbol (The Tree), ambientado en la Antigua Grecia, para encontrar esa presencia en su forma más pura; aunque también hay referencias más sutiles, desde la mención de Atis y Cibeles en Las ratas en las paredes (The Rats in the Walls) hasta el epígrafe latino de El ceremonial (The Festival). Sin embargo, hay otra mitología que Lovecraft admiró, pero cuya influencia no se puede observar tan fácilmente: la mitología nórdica.

El amor de Lovecraft por los mitos clásicos se remonta a su primera infancia, y hasta declaró ser un auténtico pagano en su niñez. Declaraciones posteriores demuestran que su afecto por los mitos nórdicos era comparable. En una carta fechada el 12 de septiembre de 1925, declaró:


[«Soy naturalmente un nórdico... un vikingo... un bebedor de la sangre de mis enemigos de cráneos recién extraídos.»]


En Lovecraft: una biografía (Lovecraft: A Biography), L. Sprague de Camp cita otra declaración interesante:


[«Esos dioses barbudos de la guerra y el dominio ante los que mi propia alma se inclina: Woden, Thor, Freyr y el vasto Alfadur, gigantes helados de ojos azules, dignos de la admiración de un pueblo conquistador.»]


El temperamento de Lovecraft, sus modales y hábitos moderados, estaban inspirados en el modelo griego y romano, pero el flaco de Providence no podía negar su sangre anglosajona, la cual constituye una influencia sutil pero innegable en sus historias.

Los 9 mundos de la mitología nórdica se crearon a partir de un caos de fuego y hielo. Cuando Muspelheim y Niflheim se encontraron, surgió un enorme gigante, llamado Ymir, y su vaca. Los primeros dioses fueron creados al calor de la lengua de la vaca mientras esta lamía la escarcha en el borde del Caos. Estos dioses mataron a Ymir y crearon Midgard a partir de su cadáver. Por otro lado, el Panteón de los Mitos de Chulhu está encabezado por dos entidades: Yog-Sothoth y Azathoth. Es interesante que a este último se le llame el «Caos Idiota» [Nyarlathotep, soneto XXI de Hongos de Yuggoth]. También hay cierta similitud entre Yog-Sothoth e Yg [«el terrible»], uno de los muchos nombres de Odín. Este paralelo solo se extiende hasta cierto punto. Se podría trazar una relación mucho mejor entre Yog-Sothoth e Ymir, considerando también a Azathoth como el «Caos» del cual que surgió Ymir.

En el Necronomicón se dice lo siguiente acerca de Yog-Sothoth:


[«Pasado, presente, futuro, todos son uno en Yog-Sothoth. Él sabe dónde se abrieron paso los Antiguos en el pasado, y dónde se abrirán camino de nuevo. El viento balbucea con Su voz y la tierra murmura con Su conciencia. Dobla el bosque y aplasta la ciudad, pero ni el bosque ni la ciudad pueden contemplar la mano que hiere. El desierto helado del Sur y las islas hundidas del Océano contienen piedras en las que está grabado Su sello.»]

Los Jotuns eran descendientes de Ymir; y, al igual que los Antiguos, su presencia se sintió en la furia desenfrenada de la naturaleza, cuando «se abrieron paso» desde Jotunheim a las tierras de los hombres, Midgard. Las referencias a un desierto de hielo e islas sumergidas también son relevantes, considerando las tierras heladas de los Jotuns y el hogar de Zgir, un gigante que hizo su hogar en un salón de oro en el fondo del océano. Estos gigantes estaban en guerra constante con los Aesir, que estaban dirigidos por Odín.

En En las Montañas de la Locura (At the Mountains of Madness), el narrador descubre la historia de los Primigenios con cabeza de estrella, incluido el relato de una guerra fabulosa que estos libraron contra los secuaces octopoides de Cthulhu. Esta guerra termina en una tregua, con la tierra entregada al bando de Cthulhu. De manera similar, los Aesir libraron una guerra con otro grupo de dioses, los Vanir, que también terminó en una tregua y un intercambio de rehenes.

Las dos guerras en la mitología nórdica, a diferencia de la de Lovecraft, se pueden explicar de la siguiente manera: los Vanir y los Jotuns nunca se ven al mismo tiempo, con la excepción de Njord, Freyr y Freya, los tres rehenes entregados a los Aesir [incluso entonces Njord y Freyr se casaron con las hijas de los Jotuns], y por lo tanto pueden asociarse colectivamente con los Primigenios. Esto se puede extender aún más examinando los reinos de los Jotuns y de los Antiguos, los cuales son tierras montañosas heladas. Además, el narrador de En las Montañas de la Locura equipara la meseta antártica de la ciudad de los Antiguos con otra meseta mencionada en Lovecraft, la Meseta de Leng. Esta desolada meseta aparece alternativamente como una tierra de ensueño [por ejemplo, en La búsqueda onírica de la desconocida Kadath] y un lugar no especificado en el Lejano Oriente [El sabueso (The Hound)]. Como la Meseta de Leng, alberga una raza tosca, equiparable con los groseros gigantes de escarcha.

Una nota final sobre este aspecto son las ubicaciones de Leng y Jotunheim, ambas en el misterioso Este de los protagonistas o narradores en cada historia.

Algunos han relacionado a Cthulhu con Odín: ambos son gobernantes de sus respectivas razas, ambos son hechiceros poderosos y ambos resucitaron [o resucitarán] de entre los muertos. En el caso de Odin, se colgó para obtener más conocimiento [ver: Un ojo de la cara]. Aquí Cthulhu difiere, aunque, habiendo sido arrastrado al fondo del océano por un cataclismo, está destinado a levantarse nuevamente para reclamar su dominio sobre el mundo, al igual que Odin bajó de Ygdrasil para gobernar sobre dioses y hombres.

Tanto en Odín como en Cthulhu, el pensamiento es una herramienta poderosa: cada mañana Odin envía a sus dos cuervos, Huginn [«pensamiento»] y Muninn [«memoria»], para ver todo lo que sucede. De manera similar, Cthulhu envía sueños a las personas sensibles para que lo ayuden a liberarse. Finalmente, existe una similitud entre el trono de Odín: Hlidskjalf [«abertura de roca»], y su salón, Valaskjalf [«estancia de los muertos»], y la «casa de piedra» de Cthulhu en la «ciudad-muerta de R'lyeh» [ver: ¡Vamos a R'lyeh!]

Odín y Yog-Sothoth también tienen en común el conocimiento. Ambos son adorados por aquellos que buscan el conocimiento, y se sabe que Odin sacrificó un ojo en su búsqueda. Por otro lado, Yog-Sothoth es conocido por aparecer como un conjunto de orbes que parecen ojos. Sin embargo, la comparación es forzada; porque Odin, a lo largo de su desarrollo cultural, representó muchas cosas, no solo conocimiento o sabiduría. Además, si bien Yog-Sothoth está asociado con la sabiduría en A través de las puertas de la llave de plata (Through the Gates of the Silver Key), también está asociado con las leyes del tiempo y el espacio, algo un poco alejado de los muchos rasgos de Odín [ver: La Biblia de Yog-Sothoth]

Si bien parece haber algún tipo de influencia de Odin en el trabajo de Lovecraft, hay poca o ninguna del otro gran dios de la mitología nórdica Thor.

Esto resulta sorprendente hasta que uno recuerda la naturaleza de Thor: pendenciero, bebedor, a veces intratable, pero siempre el mejor amigo del hombre común. No hay lugar en el universo de Lovecraft para un ser así. La indiferencia del cosmos ante las acciones de los mortales impide cualquier influencia salvadora, más allá de la suerte ciega, y esto se aplica también a Freyr, quien, a pesar de la declaración de Lovecraft citada al comienzo de este artículo, era un dios de la fertilidad y no de la guerra. Estos dos seres eran innegablemente fuerzas del Bien, lo cual no siempre aplica a Odin. A menudo engañaba a Jotuns y personas por igual, y, según Loki, Odín a veces se reunía con brujas para hacer magia negra.

En otras palabras, Thor es un dios que puede ser amado, mientras que Odín inspira más respeto, y acaso temor, que afecto. Lo mismo podría aplicarse a los dioses de Lovecraft.

Resabios de Odín pueden encontrarse en El árbol en la colina (The Tree on the Hill), particularmente en un libro prohibido: Las Crónicas de Nath (The Chronicles of Nath), escrito por el místico germano [y tuerto, como Odín] Rudolf Yergler, quien poco después de terminar su obra en 1653 se volvió completamente ciego. El libro trata sobre la historia de Nath, la Tierra de los Tres Soles. Además contiene ciertas composiciones musicales que, se dice, pueden invocar a seres extradimensionales a nuestro plano [ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu]


¡Con nuestras espadas hemos luchado!
Llegamos renovados a la costa de Gothland
para matar a la serpiente
que le hemos ganado a Thor.

El epicedio de Regnar Lodbrog (Lodbrog's Epicedium, H.P. Lovecraft)


Otro personaje importante en los mitos nórdicos es Loki, tal vez la presencia más fuerte en Lovecraft. El misterioso Loki, capaz de cambiar de forma y de burlarse de los mismísimos dioses, no puede ser otro en la mitología de Lovecraft que Nyarlathotep. En primer lugar, hay algunas semejanzas físicas entre ambos. Nyarlathotep se describe como «envuelto en telas rojas como la llama del atardecer», mientras que el mismo nombre de Loki significa «llama» [ver: El nido de Nyarlathotep]

El bromista Loki se refleja brevemente en La búsqueda onírica de la desconocida Kadath, donde leemos que «alrededor de los ojos [de Nyarlathotep] acechaba el brillo lánguido de un humor caprichoso»; y de nuevo cuando le juega una mala pasada a Randolph Carter. En los mitos nórdicos, Loki se vuelve cada vez más cruel, llegando a calumniar en la cara a los demás dioses, del mismo modo en que Nyarlathotep se «burla insolentemente de los apacibles dioses de la tierra» en el relato antes citado.

Quizás el vínculo más fuerte entre Loki y Nyarlathotep es la habilidad común para cambiar de forma. Loki se encuentra en varias ocasiones bajo la apariencia de una mosca, una yegua, una foca, un halcón, o incluso una vieja bruja. Nyarlathotep aparece como un hombre negro con pezuñas de cabra, un «ojo ardiente de tres lóbulos», y se menciona además que tiene «mil otras formas». Por otra parte, mientras que tanto Nyarlathotep como Loki están [en teoría] en el bando de los dioses, Loki es de hecho un Jotun adoptado por Odín; y Nyarlathotep sigue siendo el único de los dioses de Lovecraft capaz de mezclarse con los humanos.

Nyarlathotep también integra algunos rasgos de la figura nórdica de Surt, Señor de Muspelheim, la tierra del fuego. También hay un parecido físico aquí, ya que el nombre de Surt significa «negro», mientras que Nyarlathotep aparece como un hombre alto y negro en varios relatos de Lovecraft; por ejemplo, en Los sueños en la casa de la bruja (The Dreams in the Witch-House) [ver: Brujería no euclidiana]. Nyarlathotep y Surt, además, comparten el elemento fuego. Robert Blake, en El morador de las tinieblas (The Haunter of the Dark), escribe que la cosa que habita en el campanario «es un avatar de Nyarlathotep», y siente un gran calor al acercarse, además de encontrar pruebas de fuego en el propio campanario. Nuevamente, la mención de un «ojo ardiente de tres lóbulos» recuerda a Surt y su espada llameante. Al igual que Surt, se insinúa que Nyarlathotep tendrá un papel importante en la destrucción final del mundo, y es justo suponer que, como Surt, traerá fuego sobre la tierra.

Hay otros elementos de la mitología nórdica que resuenan en la obra de Lovecraft. Uno de ellos es el rol del perro, representado principalmente en El sabueso. Si bien la criatura en este cuento resulta no ser un sabueso en absoluto, hay una referencia a un amuleto que representa a un sabueso, que se dice que es el símbolo del «culto de los devoradores de cadáveres en la inaccesible Leng». Una vez más vemos un vínculo entre Leng y Jotunheim; porque el perro o el lobo en la mitología nórdica es invariablemente un Jotun disfrazado, una bestia astuta y sedienta de sangre que se deleita mutilando y matando. En particular, la bestia en El sabueso se hace eco de Garm, la bestia que guarda la entrada a la sala de los muertos masticando cadáveres. Sin embargo, hay excepciones en estos os casos: los dos fieles lobos, Frekki y Gerri, sentados a los pies de Odín, así como el pastor alemán que mata a Wilbur Whateley en El horror de Dunwich (The Dunwich Horror) es leal a su amo, pero incluso estos son meros sirvientes que hacen su trabajo.

Todas estas referencias son vagas, y en algunos casos forzadas, muy lejos de la querida influencia griega y romana en Lovecraft. Sin embargo, estos dos pueblos eran mucho más afines a los perros. De hecho, los romanos afirmaban descender de los expósitos de una loba. Por el contrario, los nórdicos compartían el afecto de Lovecraft por los gatos, como lo demuestra la representación tradicional de Freya, la diosa del amor, en un carro tirado por gatos.


Y Ragnarok rodea la creación;
y Bifrost se rompe bajo la audaz horda de Surtur,
y los dioses y los hombres caen muertos bajo la espada
cuando el sol muere, y el mar devora la tierra,
y las estrellas descienden, y nada más que el Caos permanece.

La canción de batalla del teutón (The Teuton's Battle-Song, H.P. Lovecraft)


Otra influencia más sutil de los mitos nórdicos puede ser el temperamento del narrador lovecraftiano promedio, un sujeto resignado a los vaivenes del destino pero que sigue adelante frente a la locura y el olvido, dándose cuenta de la futilidad de sus insignificantes acciones y, aun así, molestándose en escribirlas con la esperanza de que sirvan para algo. Al igual que con el propio Lovecraft, no tiene sentido tratar de imaginar a sus protagonistas como guerreros de ojos enloquecidos; pero la determinación que impulsa al profesor Armitage, a Randolph Carter y a Robert Blake resuena en la personalidad nórdica.

Por supuesto, muchos elementos de Lovecraft se ajustan no solo a la mitología nórdica, sino también a los patrones mitológicos generales. Sinceramente, no creo que los dioses nórdicos puedan lidiar con las deidades de los Mitos de Cthulhu, sin embargo, hay algunos rasgos compartidos, probablemente porque la mitología nórdica es fundamentalmente fatalista. Se trata de aceptar que tu destino ya ha sido decidido y que no hay nada que puedas hacer al respecto, excepto demostrar que, aún así, mostrarás coraje. Aunque Cthulhu probablemente te devore, debes cargar contra él de todos modos.

Lovecraft indudablemente aprovechó varios elementos de diversas mitologías, y las adaptó a su propio modelo. La única mitología que incorporó casi sin cambios es la bíblica, donde Dios es incomprensible, existe fuera del tiempo y el espacio, su nombre es impronunciable [pero si lo pronuncias correctamente te vuelves loco y estallas en llamas], su apariencia es imposible de adivinar y las pocas descripciones que recibimos de él no tienen sentido.

Con esto quiero decir que es fácil encontrar rastros y vestigios del folclore y la mitología en Lovecraft. Azathoth, por ejemplo, toma prestados muchos elementos del demiurgo gnóstico Yaldabaoth, y Cthulhu es una versión mucho más monstruosa del Kraken. Dagón y Nodens también son nombres tomados de deidades reales. Los Hombres de Leng tienen la apariencia de Sátiros, lo cual no es una sorpresa considerando que Lovecraft era fanático de El gran dios Pan (The Great God Pan) de Arthur Machen.




H.P. Lovecraft. I Mitología nórdica.


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