El «Drácula» de Stoker NO está inspirado en Vlad Tepes


El «Drácula» de Stoker NO está inspirado en Vlad Tepes.




El cine, y especialmente la adaptación de Francis Ford Coppola, han establecido como una certeza la posibilidad de que el Drácula de Bram Stoker esté basado en Vlad Tepes o Vlad el Empalador (ver: El Drácula de Coppola y las cloacas de Stoker). Sin embargo, no han evidencias concretas que respalden esa suposición, en todo caso, los pocos indicios que existen apuntan en la dirección contraria.

Es el verano de 1890, Bram Stoker, su esposa Florence Balcombe y su hijo, Noel, pasaron sus vacaciones en la costa inglesa, más precisamente en Whitby. La familia se alojó en un hotel de West Crescent, y tanto Florence como Noel se dedicaron a visitar lugares de interés, Bram Stoker, en cambio, se encontraba en los inicios del proceso creativo de Drácula. Si bien llevaba unos meses de trabajo, todavía estaba lejos de llegar a un resultado satisfactorio (ver: Drácula visita Salem's Lot)

Para ese entonces, Bram Stoker ya ha establecido algunas cuestiones importantes: será una novela gótica, y su figura principal será un noble llamado Count Wampyr (Conde Vampiro), no de Transilvania, sino de la provincia de Estiria, Austria, probablemente como un homenaje a Carmilla (Carmilla) de Sheridan Le Fanu, la cual transcurre en Estiria. Sabe que este personaje tendrá algunos poderes sobrenaturales, pero todavía no ha decidido cuáles. También imagina que sería interesante que, al menos, parte de la historia transcurra en Inglaterra.

El puerto de Whitby le proporcionó el escenario ideal para la llegada del vampiro a Inglaterra, y en este sentido recorre la zona, la desembocadura del Esk, las ruinas de una antigua abadía sobre una colina, y realiza anotaciones. Muchas anotaciones.

Una mañana se dirige a la biblioteca municipal de la ciudad, un pintoresco edificio adjunto al museo. Allí es donde toda su perspectiva de la historia cambia radicalmente. Ya no será Estiria la tierra natal del vampiro de Bram Stoker, sino Transilvania; y ya no será Count Wampyr su nombre, sino Conde Drácula (ver: ¿Drácula era menos inteligente de lo que creíamos?)

En este punto podemos asomarnos discretamente por encima del hombro de Bram Stoker para husmear en su libreta de anotaciones durante sus visitas a la Biblioteca Municipal de Whitby.

La primera nota que Bram Stoker escribió en esas vacaciones está fechada el 8 de marzo de 1890. Allí se habla de un tal Count—— de Estiria (aún no tiene nombre), quien pretende comprar una serie de propiedades en Inglaterra, y que para ello mantiene correspondencia con una firma de abogados en Londres. Acto seguido, enumera los poderes del vampiro, muchos de los cuales luego serán deshechados. Establece que no hay espejos en su propiedad, que por ahora no es un castillo, y que no es posible verlo reflejado en ninguna superficie. También se pregunta si el vampiro será capaz de proyectar sombra. La atribuye una gran fuerza física, la habilidad de ver perfectamente en la oscuridad, e incluso de reducir su tamaño, o de agrandarlo, a voluntad (ver: Descubren el final inédito de Drácula)

Bram Stoker anota algo sobre dientes extremadamente blancos, cierta influencia o poder sobre las ratas, y un detalle extraordinario que solo se sugiere en la novela, y que lamentablemente el autor no exploró con mayor profundidad: el vampiro será insensible a la música.

En los días sucesivos, Bram Stoker escribió un apartado, titulado Historiae Personae, básicamente la descripción y organización de los personajes de la novela. Varios nombres ya están claros: Jonathan Harker, Mina Murray, Lucy Westenra y el doctor Seward (ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra). Hay otros que serán descartados, como un pintor y una mujer muda. Van Helsing todavía no existe, pero el autor menciona a un profesor alemán y a un texano, que eventualmente se transformará en Quincey Morris (ver: ¡Este hombre me pertenece!)

En una página aparte vuelve a aparecer el nombre del vampiro, pero ya no tiene un espacio en blanco tras el título de Conde. Tiene nombre: Count Wampyr, o Conde Vampiro. ¿Es un nombre tentativo o una forma de darle cierta entidad al personaje durante el proceso creativo?

La mañana del 9 de marzo, camino a la biblioteca, Bram Stoker se detuvo en el estudio de Frank Sutcliffe, un fotógrafo local que vende postales a los turistas. Allí observó una postal que le llama la atención: un barco encallado en la playa de Whitby. Bram Stoker indaga con el fotógrafo, y este le informa que se trata de una goleta rusa, llamada Dimitri, que encalló en las costas de Whitby cinco años atrás. La postal, y la historia, persisten en su memoria, tal es así que Drácula arriba a Inglaterra a bordo del barco ruso Demeter, encallando en la misma playa.

A partir del 14 de mayo las anotaciones se vuelven frenéticas. El trazo es firme, enérgico, pero las descripciones son poco claras, probablemente porque Bram Stoker escribía para sí, sin imaginar que más de cien años después esas notas serían accesibles en el Museo Rosenbach de Filadelfia. (ver: «Drácula» habría sido la novela favorita de Nietzsche)

Aparece una primera división de la novela y la estructura de cada capítulo. Proliferan los tachones, las frases subrayadas, los recordatorios de pasar a limpio. La historia avanza, pero faltan muchos elementos. Bram Stoker es riguroso, casi anal, en esta etapa del proceso. Se detiene y retrocede, como si estuviera reflexionando conclusiones anteriores. Anota los horarios de trenes: Londres, París, Múnich, Salzburgo. Al pie de página ensaya el posible título de la novela: El no-muerto (The Undead), pero lo tacha. Prueba entonces con El muerto no muerto (The Dead Undead); felizmente, los descarta.

Entre anotaciones, Bram Stoker consulta el catálogo de la biblioteca y hojea algunos volúmenes. Una mañana se topa con un libro bastante desmejorado cuyo título era: Un recuento de los principados de Valaquia y Moldavia (An account of the principalities of Walacchia and Moldavia), escrito por un tal William Wilkinson, que fue cónsul británico en Bucarest. El libro le parece interesante. Se detiene en un capítulo sobre los Montes Cárpatos, sobre Transilvania. Hay algo de historia ahí: los combates de los dacios contra las legiones romanas, las invasiones de los hunos, de los godos. De repente, una frase en la página 17 le llama poderosamente la atención:


Valaquia continuó pagándole tributo hasta el año 1444; cuando Ladislao, rey de Hungría, preparándose para hacer la guerra contra los turcos, se comprometió con el voivoda Drácula para formar una alianza con él. Las tropas húngaras marcharon por el principado y se les unieron cuatro mil valacos bajo el mando del hijo de Drácula.


Aquí podemos imaginar que Bram Stoker tuvo una epifanía, pero seremos prácticos y solo diremos que el nombre le interesó lo suficiente como para copiar una nota al pie en la página 19:


Drácula, en el dialecto valaco, significa «diablo».


La nota es inexacta, pero Bram Stoker no lo sabía en ese momento. Drácula no significa «diablo», sino «hijo del diablo»; y Dracul, en el dialecto valaco, significa «diablo» o «dragón», pero no en un sentido satánico, digamos, sino para referirse a alguien de gran astucia, valor y crueldad.

Aquí, Bram Stoker regresa a su Historiae Personae, su borrador de personajes, y escribe: Count Dracula (Conde Drácula). No una, sino tres veces, como si estuviera saboreando el nombre. Acto seguido, tacha la palabra Wampyr en todo el cuaderno, reemplazándolo con el más pertinente y sonoro Drácula (ver: Las tres novias de Drácula: la verdadera identidad de las vampiresas más famosas)

Esto es lo más cerca que Bram Stoker estuvo de Vlad Tepes, y no del personaje histórico en particular, sino del título de la familia Drácula. No hay una sola referencia a Vlad Tepes en las anotaciones de Bram Stoker; de hecho, Vlad el Empalador ni siquiera aparece mencionado una sola vez en el libro de William Wilkinson.

Ahora bien, ¿de dónde proviene la conexión entre Drácula y Vlad Tepes que tanto parece gustar a los directores cinematográficos?

Básicamente del libro de Radu Florescu y Raymond T. McNally, dos profesores de la Universidad de Boston y autores del libro: Tras la pista de Drácula (In Search of Dracula). Radu Florescu era rumano, y un apasionado erudito en la historia de Vlad Tepes. En este libro, seguido de Drácula: príncipe de muchos rostros (Dracula, Prince of Many Faces), los autores profundizan en la conexión entre el Drácula de Bram Stoker y Vlad Tepes; de hecho, hasta aventuran que Vlad el Empalador era realmente un vampiro. Si bien esta afirmación es ridícula, también es justo reconocer que ambos libros están bien documentados en otras áreas.

El primer libro de Florescu y McNally fue un éxito de ventas. De la noche a la mañana, estos dos ignotos profesores recibieron toda la atención de la prensa, y con buenas razones. ¿Drácula era un personaje real? ¿Y ese personaje real además era un vampiro? Nadie lo había considerado hasta entonces, y la idea se solidificó en el imaginario popular a través del cine. Primero en el Drácula de 1973, protagonizado por Jack Palance y con guión de Richard Matheson; donde se retrata a un conde más bien melancólico que se reencuentra con su amor de antaño en la figura de Mina; una idea que luego sería central en la adaptación de Francis Ford Coppola (ver: Por qué Drácula nunca pudo enamorarse de Mina)

Actualmente, el Drácula de Bram Stoker y Vlad Tepes son casi sinónimos, aunque el vínculo entre los dos es solo especulativo. Es decir, no hay dudas sobre dónde encontró Bram Stoker el nombre Drácula, cuándo lo encontró, y que todo eso no alteró lo que ya tenía previsto para el personaje en líneas generales. Además, Wilkinson solo menciona a un Voivoda Drácula, nunca se refiere a él como Vlad; y sabemos que el libro de Wilkinson es la única fuente conocida de Bram Stoker para obtener información sobre Drácula. Todo lo demás es especulación; lícita, por cierto, pero especulación al fin.

Bram Stoker no conocía nada sobre la vida de Vlad Tepes, lo cual no es para nada extraño; de hecho, incluso hoy en día se desconocen muchos aspectos de su vida y de su muerte, con lo cual resulta aún más difícil para cualquier autor de fines del siglo XIX basarse en su historia, precisamente porque no había tal historia.

Ahora bien, algunos eruditos en la obra de Bram Stoker sugieren que este obtuvo información sobre Transilvania del profesor húngaro Arminius Vambéry, quien además le habría proporcionado algunos datos sobre Vlad Tepes. Esto es perfectamente posible, tanto como que Stoker y Vambéry se reunieron un par de veces en Londres, aunque no sabemos si fue necesariamente para hablar de vampiros. No mantuvieron correspondencia, y no existen pruebas concretas de que Vambéry supiera algo más sobre Vlad Tepes más allá de lo que podía encontrarse fragmentariamente en los libros de historia, y menos aun que esta información privilegiada haya sido compartida con Bram Stoker.

Para finalizar citaremos un párrafo de un artículo muy curioso de la prestigiosa académica Elizabeth Miller, una de las principales eruditas en la obra de Bram Stoker, titulado: Solicitud de divorcio: Conde Drácula vs. Vlad el Empalador (Filing For Divorce: Count Dracula vs Vlad The Impaler).


No discuto que, al usar el nombre Drácula, Stoker se apropió del apodo del voivoda del siglo XV. Tampoco contradigo que añadió pequeños fragmentos de detalles históricos desconocidos para darle mayor entidad al pasado de su vampiro, pero niego vehementemente la extendida opinión de que Stoker supiera nada sobre el Drácula histórico, más allá de lo que leyó en el libro de Wilkinson, o que basara su conde en la vida y las características de Vlad.


Lo más cerca que podemos estar de una conexión entre el Drácula de Stoker y Vlad tepes es la siguiente especulación de Van Helsing en el capítulo XVIII de la novela:


Debe haber sido ese Voivoda Drácula que ganó su nombre contra los turcos. Si es así, entonces no era un hombre común; porque en ese tiempo, y durante siglos después, se hablaba de él como el más inteligente y astuto, así como el más valiente de los hijos de la tierra más allá del bosque. Los Drácula eran, dice Arminius, un raza grande y noble, aunque de vez en cuando, afirman sus coetáneos, tenían tratos con el Maligno. Aprendieron sus secretos en Scholomance, entre las montañas sobre el lago Hermanstadt. En los registros hay palabras como stregoica, «bruja», ordog y pokol, «Satanás» e «infierno»; y en un manuscrito se habla de este mismo Drácula como wampyr, que todos entendemos demasiado bien.


Ahora bien, esta información le llega a Van Helsing de parte de un amigo de la Universidad de Budapest, un tal Arminius. Aquí, Radu Florescu y Raymond T. McNally creyeron encontrar una revelación codificada: lo que Arminius le comenta a Van Helsing por carta es análogo a lo que Arminius Vambéry le habría revelado a Bram Stoker en aquellas conversaciones. Suena bien, y hasta parece lógico, pero todo lo que cita Van Helsing puede rastrearse en las notas y fuentes de Bram Stoker antes de que conociera a Vambéry (ver: Montague Summers: el verdadero Van Helsing)

Wilkinson, como hemos visto, escribe sobre Drácula y los turcos, así como sobre el coraje y la astucia del Voivoda —término eslavo que designaba al gobernador de una provinvia—. La tierra más allá del bosque es el título de un capítulo del libro de Charles Boner sobre Transilvania —una de las fuentes conocidas de Bram Stoker—, así como el título de un libro de Emily Gerard, de cuyo capítulo: Supersticiones de Transilvania, Bram Stoker sacó la idea de Scholomance, en la leyenda, una escuela de magia negra dirigida por el Diablo, situada en las montañas al sur de la ciudad de Hermanstadt, en Transilvania.

Los términos: stregoica, ordog y pokol se enumeran en las notas de Bram Stoker como procedentes de un libro de viajes de 1881 titulao Magyarland; y Wampyr, como ya hemos visto, era el nombre que Bram Stoker originalmente pretendía dar a su conde. Es decir, no queda nada nuevo que Vambéry haya podido aportar cuando conoció a Stoker.

En la novela, Arminius hace una segunda aparición cuando Van Helsing informa sobre Drácula al grupo de cazadores de vampiros: Como aprendí de las investigaciones de mi amigo Arminius, él [Drácula] fue en vida un hombre maravilloso. Y luego añade que Drácula tenía un cerebro poderoso, una capacidad de aprendizaje incomparable y un corazón que no conocía el miedo ni el remordimiento. Bien, este Arminuis, amigo de Van Helsing, parece conocer muchos detalles, pero nunca dice nada sobre su reputación como El Empalador, sin lugar a dudas su característica más memorable, y en cierto modo afín al personaje de la novela.

Si bien la inclusión del nombre de Arminius puede verse como un tributo de Bram Stoker a su amistad con Arminuis Vambéry, no hay evidencia de que éste le haya proporcionado información sobre Drácula. De hecho, Bram Stoker comenta algunos detalles sustanciosos de esas conversaciones con Vambéry en sus reminiscencias de Henry Irving, y en ningún momento menciona que el tema de los vampiros, o de Vlad Tepes, haya formado parte de ellas (ver: La maternidad fallida en «Drácula»)

¿Estas fueron las únicas investigaciones que realizó Bram Stoker?

Seguramente no. Es probable que se haya documentado sobre algunos temas en el Museo Británico. El material estaba allí: una serie de folletos impresos en alemán sobre Vlad Tepes publicados en 1491, conocidos como Folletos de Bamberg, además de un grabado en madera. Si Bram Stoker buscó en los archivos del Museo Británico información sobre Vlad Tepes, eso es lo que habría encontrado, y lo más alusivo de este escaso corpus es la breve leyenda que acompaña al grabado:


Una historia maravillosa y aterradora sobre un gran berserker sediento de sangre llamado Drácula el voevod, que infligió torturas no cristianas con estacas y también arrastró a los hombres hasta la muerte por el suelo.


Dada la referencia a un «berserker sediento de sangre», existe la posibilidad de que Bram Stoker haya leído esto para construir a Drácula: pero la lógica detrás del argumento es de naturaleza especulativa: Bram Stoker estaba en el Museo Británico, el grabado estaba en el Museo Británico, por lo tanto, Stoker leyó el panfleto. El silogismo es exagerado, pero tampoco puede descartarse. Después de todo, Bram Stoker no solo estaba en el mismo museo donde había algo de información sobre Vlad Tepes, sino que, supuestamente, estaba buscando esa información, de manera tal que encontrarla no constituye un hecho casual. De todos modos, es conveniente tomar estas conjeturas con cautela (ver: Strigoi: los vampiros que inspiraron la leyenda de Drácula)

Algunos concluyen que Bram Stoker extrajo su descripción física de Drácula de este grabado de Vlad Tepes, cuya representación coincide con la proporcionada por un legado papal del siglo XI que conoció personalmente al voivoda:


No era muy alto, pero sí muy rechoncho y fuerte, de aspecto frío y terrible, nariz aguileña, fosas nasales hinchadas, rostro delgado y rojizo en el que las pestañas larguísimas enmarcaban grandes ojos verdes bien abiertos; las pobladas cejas negras que casi se unían sobre el puente de la nariz los hacían parecer amenazadores.


Esta descripción, que acaso pudo haber sido leída por Bram Stoker —de nuevo, es solo especulación— se asemeja a la descripción del Drácula de la novela, pero cualquiera que esté familiarizado con la literatura gótica del siglo XIX sabe que muchos de los rasgos de Vlad Tepes descritos por el legado papal, sobre todo las «cejas pobladas» y la «nariz aguileña», eran convenciones del género que alertaban al lector sobre quién era el villano de la historia. Por lo demás, Bram Stoker consigna en sus notas que el aspecto de Drácula se inspiró en el libro de Sabine Baring-Gould: El libro de los hombres lobo (The Book of Werewolves).

Otro argumento empleado a menudo por los defensores de la conexión Drácula-Tepes es Renfield. 

Estos sostienen que las crueles actividades practicadas por Renfield durante su reclusión en el manicomio, entre ellas, devorar insectos, arañas, ratones y aves, es una perspicaz adaptación de la inclinación de Vlad Tepes por empalar roedores mientras estuvo prisionero en Hungría. En efecto, algunas crónicas sostienen que Vlad Tepes sobornaba a sus guardias para que le trajeran pájaros que luego mutilaría y empalaría en ordenadas filas. La teoría es que Bram Stoker se hizo eco de esta leyenda para caracterización del lunático Renfield, que atrapaba moscas para alimentar a las arañas que, finalmente, alimentaban a los pájaros que él mismo devoraba con fruición (ver: Síndrome de Renfield: el vampirismo como enfermedad mental).

Más descabellada es la teoría de que la afición de Vlad Tepes por empalar a sus enemigos inspiró a Bram Stoker para el uso de las estacas de madera como método para matar vampiros. Esta conexión, aunque psicológicamente interesante, pasa por alto algunos hechos concluyentes: que Bram Stoker planeó escribir una novela de vampiros antes de encontrar el nombre de Drácula; que no hay pruebas definitivas de que Bram Stoker supiera algo sobre la afición de Vlad por el empalamiento; y que la estaca era un motivo bien establecido, tanto en el folclore como en la ficción gótica, como método para matar vampiros (ver: Mina y Lucy: la ideología de género en «Drácula»)

Estos argumentos, aunque un tanto exagerados, pueden ser razonables, pero excluyen otras cuestiones que Bram Stoker sí incluyó en la novela, y que destrozan la conexión Drácula-Vlad Tepes. Por ejemplo, Drácula es un conde de Transilvania, no un Voivoda de Valaquia. El castillo de Drácula está situado en el Paso de Borgo, no en Poenari. Drácula es un boyardo, contra los cuales Vlad Tepes luchó ferozmente. Drácula afirma que es un szekely, un descendiente de Atila el Huno, cuando Vlad Tepes era un valaco de la familia Basarab.

¿Por qué estas discrepancias?

Tal vez porque Drácula y Vlad Tepes no son la misma persona.

Aunque la documentación de Bram Stoker sobre Vlad Tepes era escasa, sabía que era un Voivoda, es decir, un gobernador. Su uso del título de Conde está en consonancia con la convención gótica de que los villanos fueran miembros decrépitos de la aristocracia. De hecho, la novela gótica está llena de condes: el conde Morano y el conde de Bruno de Los misterios de Udolpho (The Mysteries of Udolpho) y El italiano (The Italian), de Anne Radcliffe; o la condesa Karnstein de Carmilla, entre muchos otros (ver: Carmilla y la leyenda de los nombres de los vampiros). La frecuente aparición de Condes en la novela gótica, decíamos, es otra convención, que relaciona el poder de los aristócratas decadentes, siempre extranjeros, con fuerzas sobrenaturales y pactos satánicos. De nuevo, es algo que el lector esperaba.

Muchas de estas conclusiones, teorías y debates, solo se justifican por la capacidad de investigación de Bram Stoker. El material estaba disponible, desde luego, ¿pero qué tan meticuloso era Stoker como investigador?

Sería audaz ser concluyente al respecto, pero parece que las investigaciones de Bram Stoker fueron más bien fortuitas y superficiales. Lo que usó para documentarse aparece literalmente en la novela, palabra por palabra, incluidos los errores históricos y geográficos. El hecho de que su interpretación de datos sea un tanto despreocupada puede explicarse por el hecho de que Bram Stoker estaba satisfecho combinando fragmentos de información de diversas fuentes sin preocuparse por la precisión. Después de todo, estaba escribiendo ficción, no un tratado histórico.

Además, estaba escribiendo Drácula en su tiempo libre, que no era mucho. Es muy posible que hubiera encontrado más material sobre Vlad Tepes si hubiera tenido el tiempo y la intención de buscarlo. ¿O acaso sí poseía ese material, pero era lo suficientemente sofisticado como para alterarlo deliberadamente con fines artísticos?

Desde aquí en El Espejo Gótico no estamos en condiciones de responder esta pregunta.

Lo que sí podemos hacer es observar la cantidad significativa de información histórica trivial que Bram Stoker reprodujo en Drácula, siempre de fuentes exiguas, evitando la más pertinente, como las actividades sanguinarias de Vlad Tepes, sobre todo su afición por el empalamiento. Se podría pensar que Bram Stoker suprimió estos aspectos relevantes para hacer que su vampiro sea más misterioso; pero también porque los desconocía. Lamentablemente, el silencio de Drácula sobre su pasado es proverbial. La novela le niega una voz narrativa, de modo tal que cierto grado de incertidumbre siempre estará presente.

Todas estas conjeturas son intrigantes, pero hay una diferencia entre interpretaciones y hechos, a veces delgada, casi imperceptible, es cierto, pero objetivamente real: ninguna supuesta prueba sobre la conexión del Drácula de Bram Stoker y Vlad Tepes resisten un escrutinio minucioso.




Taller gótico. I Vampiros.


Más literatura gótica:
El artículo: El «Drácula» de Stoker no está inspirado en Vlad Tepes fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

Juan Zara dijo...

Por si fuera poco, tampoco hubo asociaciones entre el famoso Vlad Tapes y el vampirismo hasta la llegada de los críticos de Drácula.

Roberto Berríos dijo...

Fenomenal artículo. Gracias por compartirlo.



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Artículo.
Análisis de «Del más allá» de Lovecraft.
Relato de Bertram Russell.

Poema de Frank Belknap Long.
Relato de Algernon Blackwood.
Artículo.