El Feminismo y la muerte del Gótico


El Feminismo y la muerte del Gótico.




En efecto, el título de este artículo es una denuncia. Le adjudicamos al Feminismo la muerte del género gótico, que nació en el siglo XVIII, prosperó en el XIX, y finalmente murió, tras una larga agonía, cuando las mujeres comenzaron a reclamar seriamente por sus derechos a mediados del siglo XX.

Pero, ¿acaso el género gótico es machista?

No, al menos no más que otros géneros literarios. De hecho, la novela gótica fue fundamentalmente escrita por mujeres, y para mujeres (ver: Cómo las mujeres nos enseñaron a leer por placer), aunque eso, claro, no la exime de ser machista, e incluso de defender a rajatabla los parámetros del Patriarcado (ver: La mujer en la literatura gótica).

Verán, el Feminismo mató al Gótico porque si hay algo que caracterizaba a este género era la virginidad de la heroina, a menudo secuestrada por sujetos viles, cuando no diabólicos (ver: El hombre y el gótico: masculinidad en la literatura gótica). La novela gótica sencillamente no incluye como protagonistas a mujeres sexualmente activas; en cambio, prefiere chicas que sepan gritar, que sean impresionables, que tengan facilidad para desmayarse con cierta recurrencia, y no puedan decidir en quién confiar.

Sobre todo eso, que no puedan decidir.

En lo personal, la literatura gótica me produce un gran placer; y creo conocerla bastante bien, lo cual también implica conocer sus defectos, aceptarlos, y amarlos de todos modos. Esta frecuentación con el género me hace pensar que su contexto se ha ido, si tenemos suerte, para siempre. El Gótico desapareció; y lo que queda, en todo caso, es algo más.

En cierto modo, ese destino es justo. Las mujeres crearon el género gótico, y ellas lo terminaron.

Una de las mejores formas de entender que el Gótico estaba destinado a morir cuando las mujeres alcanzaran cierto grado de idependencia no es leyendo sus obras canónicas, como Los misterios de Udolfo (The Mysteries of Udolpho), de Ann Radcliffe; sino sus parodias, como La abadía de Northanger (Northanger Abbey), donde Jane Austen se burla extensamente del género, pero rescata sus aspectos más destacados.

Porque el Gótico no tiene nada que ver con el Romance. En todo caso, el género puede definirse como la relación entre una joven y una casa.

Cuando hablo del Gótico me refiero exactamente al gótico canónico, sino a la forma más madura del género. En este contexto, el Gótico posee dos ingredientes principales:


a- Una mujer joven (casi siempre una institutriz) entra a trabajar en una Casa que tiene un secreto misterioso.

b- Allí conoce a un hombre misterioso que tiene un secreto.


Esa es la esencia de un Gótico, que se reescribe sin cesar en incontables libros. El hombre misterioso puede ser un elemento secundario, pero la Casa es esencial, y también lo es el Misterio (ver: Las casas como metáfora de la psique en el Horror).

El Misterio puede ser oculto, sobrenatural, o mundano; puede ser falsificado, pero tiene que estar allí, y necesariamente debe estar en la Casa. Las mejores opciones para situar esta vivienda, preferentemente una gran mansión, son regiones remotas, rurales, antiguas. De hecho, el momentum narrativo de la novela gótica consiste en esta joven, la protagonista, sola en una casa extraña.

En el fondo, podemos pensar que la literatura gótica es una especie de romance entre una mujer y una casa (ver: El cuerpo de la mujer en el Horror).

Actualmente, la clasificación gótico recae sobre obras que no tienen demasiado que ver con el género. Algunas son muy buenas, y las mejores son las que entienden que el género ha muerto, y que la única forma de utilizarlo es deconstruyéndolo.

Por allí decíamos que el Gótico no tiene nada que ver con el Romance. No hemos sido del todo justos. Es una verdad a medias. Hay romance en el Gótico, pero en general dentro de un marco inverosímil, forzado, donde la heroina termina con el tipo que, después de mucho prejuicio, se revela como el héroe.

En todo caso, para ser más justos, el Romance es lo que menos importa en el Gótico, aunque paradójicamente suele ser lo más importante para sus autoras. De hecho, hacen grandes esfuerzos para hacernos creer que él y ella están condenados a estar separados, cuando justamente ya podemos intuir un destino matrimonial en los primeros párrafos. No hay verdadera tensión.

Lo que realmente importa en la novela gótica es la mujer, o mejor dicho, la Niña, y la Casa.

La Niña posee un grado de inocencia que no sería posible para una mujer de nuestro siglo. Ella no tiene confianza en sí misma, pero no a causa de su timidez, de su retraimiento, de su desconfianza patológica en los hombres (a los que secretamente venera), sino porque proviene de un mundo donde las mujeres no pueden tener confianza.

Ella puede gritar, claro que puede. Está sola, sin protección, y viene de un contexto donde se supone que eso no le sucederá jamás a una mujer. Las cosas son misteriosas a su alrededor, aterradoras. Ella se siente amenazada, y lo está, y todo parece indicar que se doblegará ante esa amenaza, pero no lo hace.

Hay una Niña y una Casa, y la Niña tiene más coraje del que se esperaba. No se rinde ante la intimidación. No habría historia de otro modo.

Pero, un momento, ¿eso no suena afín al Feminismo?

Solo en parte.

La heroína de la novela gótica proviene de un contexto que espera que las mujeres no tengan espinas. Ella debe ser sincera, amorosa, delicada, y, en especial, vírgen; porque no hay pureza en aquellas que han pecado, nos dice el género. Estos atributos le permiten resolver el Misterio de la Casa, aunque en el camino tenga que gritar mucho, desmayarse una docena de veces, y probablemente ser secuestrada en un par de ocasiones. Al final, ella gana.

¿Gana?

Aquí es donde el Feminismo y el Gótico se vuelven irreconciliables.

La heroina gótica triunfa, es cierto, pero su única recompensa, su única ambición realmente, es su boda y su casa. No es que esto sea del todo desagradable, desde luego, excepto que en el género gótico la única recompensa posible para la mujer, la única que puede concebir, es un marido (ver: Chica Pobre se enamora de Hombre Poderoso: ¡basta de Cenicienta!).

Siempre me pareció interesante, y enigmático, que la heroina gótica, que proviene de este lugar extraño donde se supone que las mujeres no trabajan, se gane la vida por sí misma, se dirija hacia lo desconocido para hacerlo, y encuentre una Casa y un Misterio y muchas aventuras en el camino. De algún modo hay una crítica allí.

Secretamente, quizás, la verdadera recompensa de esta doncella en apuros no sea un marido que le garantice cierto bienestar, y una docena de hijos de los cuales apenas sobrevivirán cuatro, sino los recursos internos que va descubriendo a medida que transcurre la historia, y cómo estos son eliminados de cuajo cuando finalmente se entrega a su príncipe azul, y al destino, el único, tal vez, aceptable para la mujer de aquel entonces.




Taller literario. I Feminología.


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El artículo: El Feminismo y la muerte del Gótico fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

El artículo, a diferencia de otros, me parece un tanto caótico y no muy bien fundamentado.



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