Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación


Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación.




Los Nombres Bárbaros [Barbarous Name] se utilizan en el ámbito del ocultismo y el esoterismo para describir una palabra sin sentido [o aparentemente sin sentido] que se emplea en rituales mágicos. El término «bárbaro», por supuesto, proviene del griego barbaroi, el cual designaba básicamente a los extranjeros, cuyos idiomas les sonaban a los griegos como balbuceos inarticulados [«bar, bar»]

En el ocultismo, sin embargo, muchos Nombres Bárbaros son de origen egipcio, aunque también hay otros, sobre todo hebreos y persas, que inicialmente fueron confundidos por los magos al transcribirlos al griego. Como ejemplo de Nombre Bárbaro como palabra mágica podemos tomar el clásico «Ablanathanalba» [similar a Abracadabra], utilizado por los gnósticos, y cuyo significado, al parecer, es: «tú eres nuestro padre». Se trata de un pequeño palíndromo [se lee lo mismo empezando por uno y otro extremo de la palabra] que se utilizaba como talismán u amuleto [ver: Algunas lenguas para la comunicación interdimensional]

Ahora bien, el significado de un Nombre Bárbaro es importante, desde luego, pero siempre que esté en sintonía con las vibraciones de la palabra original. En otros términos, aunque el practicante conozca el significado original de la palabra no debe traducirla, y menos pronunciar en voz alta esa traducción en sustitución del original durante el ritual, ya que el poder de los Nombres Bárbaros reside en su sonido, no en su significado [ver: El secreto mágico de la palabra OJALÁ]

En la Edad Media, la mayoría de los Nombres Bárbaros procedían de fuentes griegas y hebreas, hasta que John Dee introdujo la Lengua Enoquiana, según se cree, el lenguaje que utilizan los ángeles, pero que en términos prácticos se usa como fuente para una gran cantidad de Nombres Bárbaros [ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee]

El mismo espíritu se encuentra en el Transitus Fluvii, el idioma secreto de las brujas, repleto de Nombres Bárbaros. En todos estos casos, la efectividad de los Nombres Bárbaros descansa en su pronunciación, en las vibraciones de los sonidos que constituyen cada palabra. A propósito del Enoquiano [ver: La Ley de Atracción y los ángeles de John Dee], hay que decir que su fuente ha desconcertado a los investigadores, pero es un lenguaje, no una jerga, porque posee una estructura propia y hay rastros de gramática y sintaxis [ver: Lengua Adánica]

Los Nombras Bárbaros de mayor poder son largas cadenas de palabras ininteligibles, muchas de las cuales se encuentran en los grimorios medievales. Este es un ejemplo típico de El grimorio de Armadel:


[EL ELOHIM ELOHO ELOHIM SEBAOTH ELION EIECH ADIER EIECH ADONAY JAH SADAY TETRAGRAMMATON SADAY AGIOS O THEOS ISCHIROS ATHANATOS AGLA.]


A simple vista, hay algunas palabras que podemos identificar como hebreas, pero la mayoría son Nombres Bárbaros. En este caso, se trata de una invocación; y la idea es que el practicante no tenga en mente el significado de las palabras sino el poder de sus vibraciones sonoras. A modo de ejemplo, si desglosamos la última palabra, AGLA [tal vez la menos peligrosa] deberíamos traducirla como Atah Gibor Le-Olam Adonai, que significa, «Tú, oh Señor, eres poderoso para siempre» [ver: Lingua Diaboli: el lenguaje del diablo]

Este es solo un ejemplo de la complejidad que pueden adquirir los Nombres Bárbaros, tal es así que incluso Aleister Crowley se avergonzó de haber dedicado tanto tiempo a la tarea ingrata de encontrar significados y rastrear las corrupciones de estos Nombres Bárbaros de Evocación presentes en la mayoría de los conjuros [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas] [ver: «¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!»: análisis del R'lyehian, la lengua de Cthulhu.]

Es un hecho que muchos de los Nombres Bárbaros son corrupciones de los nombres divinos. Podemos rastrear, por ejemplo, la palabra Tetragrammaton [lit: «los cuatro nombres»] en Jehová. Pero esto, aunque justifique la curiosidad lingüística del practicante, es contrario a la teoría. Es decir, es porque los Nombres Bárbaros no tienen sentido que son efectivos [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]

En cualquier caso, hay dos caminos aquí: utilizar los Nombres Bárbaros sin intentar descifrar su significado, o bien traducirlos, comprenderlos, y nunca utilizarlos. El neófito no debería usar los viejos conjuros con sus Nombres Bárbaros porque, entendiéndolos imperfectamente, podría atribuirles supersticiosamente algún poder diferente del que entrañan en realidad. Nunca se debe jugar imprudentemente con la magia [ver: Voynichés: la lengua impronunciable]

A pesar del arrepentimiento de Aleister Crowley, mencionado anteriormente, lo cierto es que incluyó pasaje clásico de Nombres Bárbaros en su Misa Gnóstica. Previamente había hecho de los Nombres Bárbaros una característica central del ritual que utilizó para invocar a su Santo Ángel Guardián [se documentó más tarde como Liber Samekh]. En este contexto, Aleister Crowley concluyó que:


[Los conjuros más potentes son aquellos en un lenguaje antiguo y quizás olvidado, o incluso aquellos redactados en una jerga corrupta y posiblemente sin sentido.]


Ahora bien, ¿cuál es el sentido de utilizar palabras aparentemente aleatorias y sin sentido?

En teoría, los Nombres Bárbaros utilizados en la evocación tienen el propósito de exaltar la mente a través de la liberación del pensamiento discursivo y racional. Son un dispositivo para provocar una conciencia extática. Al excluir a la razón mediante la pronunciación de estas palabras, cosas muy extrañas y poderosas pueden ocurrir en la mente [ver: DELAQUEEL: palabra mágica para cumplir un deseo imposible]

Algunos ejemplos de Nombres Bárbaros se pierden en la noche de los tiempos, y sus significados se han ido distorsionando progresivamente. Términos como Sesengenbarpharanges o Akrammachamarei son intraducibles, aunque se conserva parte del espíritu de su significado original y el propósito de su uso. Durante el Renacimiento, los Nombres Bárbaros perdieron definitivamente su glamour [ver: «Glamour» y otros extraños hechizos de belleza]; se volvieron cada vez más excéntricos, aunque se siguió respetando la advertencia a los estudiantes de no descifrar las palabras, aún cuando sea posible hacerlo, sino a concentrarse en el sonido. De hecho, la práctica del trueno sonoro de los Nombres Bárbaros es esencial para añadirle un efecto psicológico y mágico al ritual.

A propósito de este trueno sonoro, Crowley comentó lo siguiente:


[Las largas cadenas de formidables palabras que rugen y gimen a través de tantos conjuros tienen un efecto real en la exaltación de la conciencia del mago si se pronuncian en el tono adecuado.]


El proceso de construir un Nombre Bárbaro es lo que le da su poder, y es mucho más efectivo que usar uno construido por otro mago, incluso si se trata de un Nombre Bárbaro clásico. La naturaleza del Nombre Bárbaro en sí es similar a un sigilo construido por el mago siguiendo las pautas que considere adecuadas, y ambos, el Nombre y el Sigilo, refuerzan mutuamente su poder. El método para construir un Nombre Bárbaro de evocación debe partir de la intención general de abrir una corriente desde la raíz del conocimiento hasta el subconsciente. De otro modo el mago conocería el significado de la palabra, despojándola de cualquier poder que pueda tener [ver: El lenguaje de los vampiros]

Al ser un emergente del subconsciente, el mago [su parte racional] no conoce la mecánica exacta del proceso que representa el Nombre Bárbaro. Si fuera a usarse en un ritual o una ceremonia, el mago debería dejar que la intensidad de la operación creciera hasta que, en el punto máximo, rugiera el Nombre Bárbaro, cuya mecánica exacta ha olvidado, pero cuya intención está grabada para siempre en su subconsciente [ver: El lenguaje de las hadas]

En este sentido, los Nombres Bárbaros son muy utilizados para la creación de Elementales, Formas de Pensamiento y Tulpas [ver: Tulpas, Seres Interdimensionales y una teoría sobre el Horror]. El Nombre Bárbaro construido sería el nombre del espíritu, y lo ataría a la intención con la que se lo creó en primer lugar. En todo caso, los Nombres Bárbaros funcionan dentro de su órbita de acción. El iniciado, al utilizarlos, rápidamente descubre que «suceden cosas», lo cual es una ventaja [y una desventaja en igual medida] en comparación con otras técnicas. Si la magia en general requiere paciencia y habilidad, los Nombres Bárbaros necesitan prudencia.

Las invocaciones egipcias son mucho más «puras», porque su significado no ha sido suficientemente estudiado por personas competentes. En menor medida, también las griegas y las latinas, pero son los Nombres Bárbaros los que proporcionan esa sonoridad mágica que no se encuentra en otras jergas. Sin embargo, no está del todo claro en qué radica realmente la eficacia de los Nombres Bárbaros. La peculiar excitación mental requerida puede incluso ser despertada por la percepción de lo absurdo de todo el proceso.

Sin dudas hay un aspecto freudiano en el uso de los Nombres Bárbaros, como esta idea de que la palabra debe surgir del mago en el momento supremo del ritual, casi a su pesar; quizás debido al poder de estas palabras para despertar la libido subconsciente reprimida. Pronunciadas, estas palabras no pueden dejar de tener efecto, porque se han convertido en el efecto, como lo refleja la leyenda del verdadero nombre de Dios, cuya pronunciación implica la disolusión del universo [ver: Senzar: la lengua secreta de Dzyan]

Sobre la eficacia de las palabras mágicas hay nuevamente dos fórmulas opuestas. Una palabra puede volverse poderosa y terrible en virtud de la repetición constante. Es así como la mayoría de las religiones ganan fuerza. Al principio, la declaración «Fulano de tal es Dios» no despierta demasiado interés. Continúe y se encontrará usted con desprecio, quizás escepticismo, y posiblemente persecución. Sigamos insistiendo y la controversia se habrá extinguido: «Fulano de tal es Dios». La persistencia es la única cualidad necesaria para el éxito de una religión [ver: ¿La palabra «CTHULHU» es un código secreto?]

La fórmula opuesta es el secreto. Una idea se perpetúa porque nunca debe mencionarse. Un iniciado nunca olvida las palabras secretas que le fueron confiadas, y aunque no significan absolutamente nada, en la gran mayoría de los casos, la única razón porque las recuerda es porque se le ha prohibido mencionarlas.

Es decir que, por un lado, hay una disposición para comunicar todos los secretos; por otro, el sublime y terrible conocimiento de que todos los secretos reales son incomunicables.

Según la tradición, una cierta ventaja en los conjuros es emplear más de un idioma. Con toda probabilidad la razón es que cualquier cambio estimula la atención. Y vaya que los Nombres Bárbaros sacuden la atención del iniciado. Por eso, los conjuros deben recitarse, no leerse.

El verdadero mago habla y actúa improvisadamente, y todos sus rituales se realizan perfectamente sin que apenas tenga conciencia de algún esfuerzo de la memoria. La ceremonia debe construirse progresivamente con una fatalidad tan lógica que un error resulte imposible. En este contexto, los Nombres Bárbaros interfieren con la automatización del ritual, impiden que se realice mecánicamente, pero también pueden surgir espontáneamente en contextos impensados. Repasemos esta breve anécdota comentada por Crowley:


[En una reunión campestre en los Estados Unidos de América, los devotos estaban tan emocionados que toda la asamblea desarrolló una furiosa forma de histeria. Los gritos comparativamente inteligibles de «Gloria» y «Aleluya» ya no expresaban la situación. Entonces alguien gritó «¡Ta-ra-ra-boom-de-ay!», y esto fue tomado por toda la reunión. Así se produjo una reacción en cadena. El asunto llegó a los periódicos, y un discípulo particularmente brillante de John Stuart Mill, lógico y economista, pensó que estas palabras, habiendo enloquecido a un grupo de tontos, podrían hacer lo mismo con todos los demás tontos del mundo. En consecuencia, escribió una canción y produjo el resultado deseado. Este es el ejemplo más notorio en los últimos tiempos del poder que ejerce un Nombre Bárbaro de evocación.]


Algunos Nombres Bárbaros pueden ser útiles para reconciliar la noción general de causalidad con la de magia, pero una operación mágica exitosa no implica ninguna teoría, ni siquiera la de la existencia de la causalidad misma. Todo el conjunto de fenómenos puede concebirse individualmente.

La magia es menos propensa a conducir al error porque sus términos son intercambiables, por definición, por lo que se basa en la relatividad desde el principio. Es elástica. No corre riesgo de afirmar proposiciones absolutas. Implica un autoajuste permanente, de modo que el fracaso está excluido. Ningún individuo puede jamás ser nada más que él mismo, ni hacer nada más que su Voluntad, que es su relación necesaria con su entorno. Por lo tanto, una de las principales herramientas mágicas es la incapacidad de comprender, por ejemplo, un nombre, una palabra, sin dudas extrañas en sus formas, pero reconocibles en su intención.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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1 comentarios:

Unknown dijo...

Muy interesante



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