El horror cósmico en El Señor de los Anillos


El horror cósmico en El Señor de los Anillos.




Hay muchos elementos en común entre J.R.R. Tolkien y H.P. Lovecraft, a pesar de que sus respectivas posturas filosóficas y espirituales parecen indicar lo contrario. Lovecraft era ateo, y creía que la humanidad eventualmente sería destruida por un universo indiferente. Tolkien, en cambio, era creyente, fervorosamente creyente, pero también imaginaba la destrucción del hombre, solo que a manos de una humanidad indiferente.

El Señor de los Anillos es, por mucho, uno de los libros que más quiero. Me siento a gusto en la Tierra Media, y conozco algún que otro sendero oculto. En esos vagabundeos siempre me ha fascinado un aspecto de la mitología de Tolkien que, creo, siempre ha sido injustamente tratado.

Si uno rasca un poco sobre la superficie de El Señor de los Anillos, podemos encontrar ciertos conceptos, ciertos dispositivos, que claramente evocan al Horror Cósmico; el cual puede definirse esencialmente como la diferencia de escala entre la insignificante humanidad y fuerzas demasiado grandes y poderosas siquiera para imaginarlas (ver: Horror Cósmico: qué es, cómo funciona, y por qué el tamaño sí importa).

En ciertos momentos de El Señor de los Anillos, Tolkien utiliza esta aterradora sensación de que hay cosas malignas y extrañas existiendo más allá de nuestro conocimiento, cosas que nos harían perder la cordura si pudiésemos comprender aunque sea una fracción de su naturaleza. Eso es Horror Cósmico (ver: Cosmicismo: la filosofía del Horror Cósmico), un dispositivo cuyo principal referente es H.P. Lovecraft.

Ahora bien, ¿Tolkien leyó a Lovecraft?

La única evidencia confiable al respecto es una carta que Tolkien le envió a L. Sprague de Camp en 1964, donde expresa su desagrado por los relatos contenidos en una antología de Arkham House, la cual incluia el cuento de Lovecraft: La maldición que cayó sobre Sarnath (The Doom That Came to Sarnath). No podemos saber con total certeza si, antes de eso, Tolkien leyó a Lovecraft, y menos aun si esa posible lectura influyó en cierto modo sobre el horror cósmico en El Señor de los Anillos; sin embargo, existen suficientes elementos como para conjeturar que sí lo hizo.

Por ejemplo, sabemos que tanto Tolkien como Lovecraft admiraron a un autor en particular, quien los influenció poderosamente: Lord Dunsany (ver: Lord Dunsany y la mitología que inspiró a Tolkien y Lovecraft). Pero el círculo se estrecha todavía más: en una entrevista a Sprague de Camp, en 1967, Tolkien afirmó que le gustaban los relatos del ciclo de Conan, de Robert E. Howard, uno de los principales miembros del Círculo de Lovecraft. También es interesante mencionar que, en algunos cuentos de Conan, Howard utilizó motivos de los Mitos de Cthulhu; de modo tal que, al menos, podemos estar seguros de que Tolkien leyó una parte del canon de los Mitos.

Es bien conocido el amor de Tolkien por los mitos nórdicos, con su oscura visión sobre el Ragnarok y el fin de los tiempos. Lovecraft también era un entusiasta de estos mitos —ver: El epicedio de Ragnar Lodbrok (Regnar Lodbrug's Epicedium)—, donde el horror cósmico abunda en muchos pasajes. En resumen: Tolkien y Lovecraft probablemente bebían de la misma fuente, aunque sus respectivas filosofías, sus cosmovisiones, produjeran resultados finales muy diferentes.

Volviendo al tema del horror cósmico en El Señor de los Anillos, aquí van algunos ejemplos significativos.

El ejemplo más claro de horror cósmico en El Señor de los Anillos es el Balrog de Moria, el Daño de Durin. Los Enanos cavaron demasiado profundo y, al hacerlo, despertaron a un demonio antiquísimo: el Balrog, que había estado durmiendo durante miles de años, con consecuencias previsibles para el reino (ver: Los 8 sueños en «El Señor de los Anillos»)

Eso es horror cósmico.

Porque a pesar de todas las riquezas y gloria de Moria, los Enanos son como ratas que viven de prestado mientras el Balrog duerme, tal vez como nosotros en nuestras magníficas ciudades mientras Cthulhu duerma en R'lyeh.

El hecho de que la destrucción de los Enanos de Moria sea consecuencia de la arrogancia y la codicia con la que siguieron excavando también es apropiado para el Horror Cósmico. Del mismo modo, Lovecraft arremete contra la arrogancia del ser humano del siglo XX y su fe ciega en la ciencia, que en definitiva no tiene ningún poder frente a las fuerzas primordiales del universo.

Los Enanos de Tolkien son humillados a pesar de ser fuertes, y hábiles, en la minería y el dominio de los lugares profundos del mundo. Son derrotados en sus puntos fuertes, no en sus debilidades. En Lovecraft generalmente sucede lo mismo.

Curiosamente, cuando el Balrog aparece para confrontar a la Comunidad del Anillo, es la piedra que Pippin arroja al pozo la que pone al grupo en riesgo. Por lo tanto, el Balrog vuelve a ser despertado por alguien que ha cavado demasiado profundo, es decir, alguien que se interesa en algo que es mejor dejar en paz, un motivo clásico del Horror Cómico de Lovecraft; solo que allí, en vez de cavar, en general el protagonista trata de conseguir algún un tipo de conocimiento prohibido, a través de libros como el Necronomicón, siendo esa curiosidad la piedra que despierta al horror ancestral.

El conocimiento y la arrogancia van de la mano en Tolkien y Lovecraft. Tratar de entender el universo, en Lovecraft, a menudo conduce a la muerte o la locura. Pippin, por suerte, sobrevive a su arrebato de curiosidad, probablemente porque era una curiosidad inocente, sin malas intenciones, pero esa piedra arrojada al pozo termina en el sacrificio de Gandalf, nada menos.

Si bien el Balrog es, ciertamente, el mejor ejemplo de horror cósmico en El Señor de los Anillos, Moria está plagada de tropos que habrían sobrecogido de placer a Lovecraft. Consideremos el fragmento del Libro de Mazarbul leído por Gandalf:


Han tomado el puente y la segunda sala. Hemos cerrado las puertas, pero no podemos mantenerlas así por mucho tiempo. El suelo tiembla. Tambores... tambores en lo profundo. No podemos salir. Una sombra acecha en la oscuridad. No podemos salir... Vienen...


Ahora repasemos el final de Dagón (Dagon), de H.P. Lovecraft, escrito en 1919:


El final está cerca. Oigo un ruido en la puerta, como un inmenso cuerpo resbaladizo que lucha contra ella. No me encontrará. ¡Dios, esa mano! ¡La ventana! ¡La ventana!


Este tipo de registros son comunes en el horror cósmico. Dado que el triunfo contra entidades como estas es imposible, se necesita alguna forma de preservar la experiencia de los momentos finales de los personajes. Tolkien y Lovecraft dejan los detalles truculentos a la imaginación del lector, pero sabemos que la situación no ha sido para nada agradable. Para los Enanos de Moria, el Balrog es un horror primorial como lo es Dagón para el protagonista del cuento de Lovecraft.

Alguien podría argumentar aquí que el Balrog no es exactamente un ser desconocido como Dagón o Cthulhu. Después de todo, los Elfos lucharon contra los Balrogs en la Primera Edad; Legolas reconoce a la criatura de Moria de inmediato, y sabemos que pueden morir. Todo eso es cierto, como también es cierto que el Balrog está completamente alejado de los conocimientos de los Enanos de Moria —5000 años durmiendo es mucho tiempo para los Enanos, pero no así para los Elfos y para el propio Gandalf—, y ciertamente hay una diferencia de escala notable con los Hobbits.

En cualquier caso, hay otros seres, además del Balrog, que representan muy bien al horror cósmico en El Señor de los Anillos. Ni siquiera tenemos que salir de Moria para encontrarlos. Así describe Gandalf su lucha contra el Balrog en las profundidades, y las Criaturas sin Nombre que encontró allí (ver: Criaturas sin Nombre: ¿la Tierra Media y los Mitos de Cthulhu pertenecen al mismo universo?).


Luchamos allá lejos bajo la tierra, donde no hay cuenta del tiempo. Él me aferraba con fuerza y yo lo acuchillaba, hasta que por último huyó por unos túneles oscuros. No fueron construidos por la gente de Durin, Gimli hijo de Glóin. Abajo, más abajo que las más profundas moradas de los enanos, unas Criaturas sin Nombre roen el mundo. Ni siquiera Sauron las conoce. Son más viejas que él. Recorrí esos caminos, pero nada diré que oscurezca la luz del día.


Lovecraft estaría en su juego aquí, porque independientemente de la naturaleza de estas Criaturas sin Nombre, sabemos que ni Sauron ni Gandalf las conocen, a pesar de ser ellos mismos seres inmortales y anteriores a la creación del universo.

Aparentemente, las Criaturas sin Nombre no fueron sirvientes de Morgoth, menos de Sauron, y están al margen de la guerra con los Ainur. De hecho, se encuentran fuera de todos los paradigmas de la Tierra Media: no son buenos, ni malos, simplemente son; lo cual equivale a pensar que tienen una agenda propia y desconocida incluso para los seres más sabios y antiguos.

Eso es horror cósmico.

Otro ejemplo interesante del horror cósmico en El Señor de los Anillos es el Vigilante en el Agua, ese molusco extraño, lleno de tentáculos, que merodea en las aguas al borde de la Puerta Oeste de Moria. Aragorn se refiere a ella en estos términos:


Hay muchas cosas malvadas y hostiles en el mundo que tienen poco amor por aquellos que andan en dos patas y, sin embargo, no están aliados con Sauron, pero tienen sus propios propósitos. Algunos han estado en este mundo más tiempo que él.


De más está mencionar la similitud de esta criatura vermiforme, tentacular, con numerosos seres del Multiverso de Lovecraft (ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos en la ficción).

Una versión menos intimidante del horror cósmico en El Señor de los Anillos se encuentra en la figura de Tom Bombadil (ver: El misterio de Tom Bombadil: ¿podría ser Tolkien es el ser más viejo de la Tierra Media?)


Mayor, eso es lo que soy. Marquen mis palabras, mis amigos: Tom estaba aquí antes del río y los árboles; Tom recuerda la primera gota de lluvia y la primera bellota. Hizo caminos delante de la Gran Gente, y vio llegar a la Pequeña Gente. Estuvo aquí antes que los reyes, las tumbas y los Tumularios. Cuando los Elfos marcharon hacia el Oeste, Tom ya estaba allí, antes de que los mares se doblaran. Conocí la oscuridad bajo las estrellas cuando era intrépido, antes de que el Señor Oscuro viniera del exterior.


El Señor Oscuro al que Tom Bombadil se refiere no es Sauron, es Melkor. Al igual que las Criaturas sin nombre, Tom es anterior a los Ainur en Arda. Es una criatura que logra escapar a todas las definiciones de todos los seres de la Tierra Media. Incluso puede usar el Anillo sin sufrir ningún efecto; y eso, no sé exactamente por qué, siempre me pareció un poco inquietante.

Quizás esto se debe a que tantos seres poderosos, como Gandalf, Sauron, los Espectros, existen en un marco donde lo más importante es un conflicto eterno por un objeto que a Tom Bombadil le parece una baratija sin interés.

El horror cósmico en Tolkien va más allá de El Señor de los Anillos. Ya en El Hobbit podemos detectar esa fragancia inconfundible, ese hedor particular, del cosmicismo:


Algunas de estas cuevas, también, se remontan a edades anteriores a los trasgos, quienes solo las ensancharon y unieron con pasajes. Los propietarios originales todavía están allí en rincones extraños, husmeando y acechando.


De eso se trata el horror cósmico, de criaturas sin nombre (o con nombres inpronunciables), de cosas extrañas, excepcionales, que existen más allá de nuestra comprensión. La Tierra Media está llena de estos seres con una agenda propia, desconocida, e indescifrable incluso para los inmortales. Los Enanos, Hombres, Hobbits, son como ratas detrás de las paredes, porque los verdaderos dueños de la casa están ocultos en las profundidades.

Y eso, en efecto, es horror cósmico (ver: Aragorn, el Sendero de los Muertos y un pasaje a la Cuarta Dimensión).

Si bien es muy poco probable que Tolkien haya leído a Lovecraft durante los años en los que escribió El Señor de los Anillos, ambos probablemente compartieron algunos puntos en común en términos de material de lectura (ver: Lovecraft, Tolkien, y una fuente común en Arthur Machen). Sin embargo, y a pesar de que Tolkien creía fundamentalmente en un universo benigno, regulado por un Dios de bondad, de alguna forma el horror cósmico está presente en El Señor de los Anillos, al punto de convertirse en uno de los elementos principales de la atmósfera de la Tierra Media.




Taller gótico. I J.R.R. Tolkien.


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El artículo: El horror cósmico en El Señor de los Anillos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Alan Arte dijo...

Na, demasiado forzado el intento de comparación. Y muy simplista la definición de horror cósmico. El horror cósmico nunca fue definido como el horror de algo más grande que el humano, ni mucho menos por la aparición de entidades con tentáculos o cosas así, es por eso que hay que leer directamente a Lovecraft y sus ensayos para tener clara su visión respecto a esa literatura se refiere.
El autor de este artículo confunde mucho la fantasía con la literatura de horror cósmico, la literatura fantástica claro que puede tener matices que evoquen miedo, pero eso no la hace perteneciente a dicho nicho.
El horror cósmico siempre será aquello que no cuenta con explicación, aquello que rebasa la línea natural de las cosas y su sentido, en el señor de los anillos todo tiene su razón de ser y está explicado según su propia mitología, algo que Lovecraft no admitía dentro de un buen cuento de horror cósmico (para que fuera nombrado dentro de sus filas) es la explicación del fenómeno por medios naturales, pues más allá del fenómeno, de las entidades, es la atmósfera la que debe predominar en la historia, por ello escritores que el admira como Poe tienen esa característica en su escuela, no ofrecer explicaciones ni tampoco intentos de moralejas en sus historias, es transmitir una sensación que no se basa en explicaciones.
Quien sabe, quizá por ello tampoco es bien recibida la mitología que Derleth se aventó respecto al "horror cósmico", justamente porque el peso se lo dió a las entidades, a la explicación, y eso jamás será Lovecraftiano, como tampoco la forzada intención de emparejar pasajes de Tolkien con una postura literaria como la de Lovecraft.
Lovecraft tuvo distintas etapas, el mismo menciona como, a lo largo de la historia, se fueron copiando versos y poemas para hacer relatos de terror, obras de teatro y demás. Los ambientes épicos y nórdicos fueron usados en muchos de ellos, hasta inspiraciones por lo oriental, Lovecraft también lo hizo un montón de veces, pero no hay que confundir las etapas más tempranas de Lovecraft con que toda su producción es bajo la etiqueta de horror cósmico, pensar que porque Tolkien y Lovecraft leyeron a Dunsany es razón suficiente para emparentalos es simplista.

Les dejo un pasaje de uno de sus ensayos; El horror sobrenatural en la literatura.

"Pero no hay que confundir este tipo de literatura de terror con otra
especie que aunque superficialmente similar, es bien distinta desde elpunto de vista psicológico: me refiero a la literatura macabra con
efectos de horror físico. Esos escritos, al igual que las fantasías ligerasy humorísticas en donde el malicioso guiño del autor intenta
escamotear el auténtico sentido de los elementos sobrenaturales, no
pertenecen a la literatura del terror cósmico en su más puro sentido.
Los genuinos cuentos fantásticos incluyen algo más que un misteriosoasesinato, unos huesos ensangrentados o unos espectros agitando suscadenas según las viejas normas. Debe respirarse en ellos una definidaatmósfera de ansiedad e inexplicable temor ante lo ignoto y el másallá; ha de insinuarse la presencia de fuerzas desconocidas, y sugerir,
con pinceladas concretas, ese concepto abrumador para la mente
humana: la maligna violación o derrota de las leyes inmutables de lanaturaleza, las cuales representan nuestra única salvaguardia contra lainvasión del caos y los demonios de los abismos exteriores."



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Poema de Frank Belknap Long.

Relato de Algernon Blackwood.
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