Algunas lenguas para la comunicación interdimensional


Algunas lenguas para la comunicación interdimensional.




El diálogo con habitantes de otros planos y dimensiones requiere un sistema de comunicación confiable. Algunos suponen que las matemáticas serían una buena alternativa, aunque parecen inadecuadas para transmitir algo más que conocimientos técnicos. Otros proponen la utilización de lenguas vernáculas, no del todo humanas, como el Enoquiano, el idioma de los ángeles recuperado en parte por John Dee; la Lengua Adánica, con la que Adán habría dado nombre a todas las cosas; el Transitus Fluvii, el idioma arcano de las brujas, que parece tener algún tipo de relación filológica con el antiguo idioma de las hadas. Los más audaces incluso se atreven a utilizar la Lingua Diaboli, el lenguaje de los infiernos, degradado en la Edad Media por el argot de los vampiros (ver: El lenguaje de los vampiros: ¿los vampiros tienen su propio idioma?)

Un sentimiento, una emoción, un sueño, si bien no están más allá de las deducciones matemáticas o de los desaforados cómputos lingüísticos de John Dee, exigen un lenguaje donde la imprecisión también forme parte de la estructura general. Tal vez por eso, en Occidente, la Cábala se ha utilizado durante siglos como lenguaje interdimensional, precisamente porque contiene un cuerpo de correspondencias sólido y concentrado. Las divisiones y subdivisiones representadas por los Diez Sephiroth y los Veintidós Senderos comprenden todo el universo mágico.

Aleister Crowley y Dion Fortune utilizaron este sistema ampliamente en sus contactos interdimensionales. Por ejemplo, cuando Aleister Crowley se puso en contacto con una inteligencia llamada Abuldiz, a través de la mediumnidad de la Mujer Escarlata, usó la Cábala para certificar la validez de las visiones que ella describió. También pudo verificar la identidad del propio Abuldiz. ¿De qué forma? A través del estudio cabalístico de su nombre. Este método también le permitió restaurar rituales antiquísimos a través del estudio cabalístico de los nombres de los dioses paganos.

Siendo que los nombres de las deidades, según el esoterismo, son fórmulas mágicas, su restauración proporciona la clave para su invocación o evocación, según sea el caso. El rito más importante que Aleister Crowley restauró es la Invocación Preliminar de Goetia, un rito medieval derivado de fases mucho más tempranas de la magia que logró redimir de la ininteligibilidad transformándola en una poderosa máquina taumatúrgica.

Más allá de esto, el problema de establecer un contacto exitoso con entidades espirituales y extradimensionales, cualquiera sea su naturaleza, implica un profundo grado de autoanálisis, independientemente de las herramientas lingüísticas utilizadas para tal comunicación.

El hecho de que los espíritus sean considerados fenómenos subjetivos u objetivos marca poca diferencia en lo que respecta a la magia práctica. Ninguna experiencia, oculta o mundana, es posible en ausencia de un sujeto. En este contexto, toda experiencia depende de un sujeto y un objeto en la conciencia. De hecho, ningún universo existe fuera de la conciencia.

El lenguaje de comunicación interdimensional de Aleister Crowley, codificado en El libro de la ley (Liber AL vel Legis), condujo a resultados mucho más impresionantes que los logrados por Dee y Kelley en el siglo XVI. Sin embargo, a estos dos ocultistas les debemos el sistema. Obtuvieron mensajes misteriosos, incluso durante relaciones físicas con entidades no terrestres, pero desafortunadamente no dejaron ninguna pista sobre cómo se obtuvieron con precisión (ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee)

Parece que John Dee tenía ante él varias tablillas que contenían letras del alfabeto, y Kelley, después de realizar los conjuros apropiados, miraba fijamente una piedra tratada especialmente para que pudiera atrapar en sus profundidades las formas espectrales de visitantes sobrenaturales. Poco después de los conjuros, apareció una forma en la piedra y Kelley procedió a señalar ciertas letras y signos, que John Dee anotó diligentemente en las tablillas. De esta forma se formaron mensajes, pero se deletrearon al revés porque cada palabra contenía tal poder que la comunicación directa habría invocado fuerzas disruptivas vaya uno a saber de qué universo o dimensión.

En términos prácticos, un lenguaje para comunicarse con otras dimensiones o planos de existencia es tan arbitrario como cualquier lengua humana. Mientras el sistema posea una armonía inherente, una coherencia interna, es válido dentro de su esfera de acción. Dee, Crowley, Blavatsky, todos construyeron sistemas lingüísticos que, aunque discrepantes entre sí, son consistentes en sí mismos (ver: Senzar: la lengua de Dzyan)

La confusión de planos se debe a la suposición errónea de que un ser humano y un espíritu —fundamentalmente seres extradimensionales— son iguales en todos los aspectos menos en uno: que el primero es visible, y el segundo no. La diferencia real, según la mirada del ocultismo, es que un ser humano es un microcosmos, y un espíritu no necesariamente lo es.

Algunos hechiceros y nigromantes intentaron usar las matemáticas para establecer este tipo de comunicaciones con inteligencias no humanas, con resultados decepcionantes (ver: Contactos no humanos en el plano astral). Definir una cosa por un número es indicar su naturaleza, y esto concuerda enteramente con las cualidades representadas por el número. Dion Fortune señala que incluso los objetos no tienen valores numéricos asignados arbitrariamente, sino de acuerdo con la sustancia de la que están compuestos sus átomos. Así, los yantras determinados geométricamente tienen tres, cuatro, cinco o más lados, según la constitución atómica del plano de conciencia al que pertenecen.

¿Pero cómo proyectar un lenguaje matemático hacia otras esferas o planos de existencia? 

Antiguamente, todas las invocaciones incluían una serie de golpes en consonancia con el número relevante para la ocasión y la intención del oficiante; o, si se usaba un mantra, este consistía en un número apropiado de sílabas y acentos. ¿Quién sabe qué mensajes desquiciados estaremos proyectando cada vez que tamborilleamos los dedos casualmente? (ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»)

Si bien los golpes de tambor, o de cualquier otro instrumento de percusión, se empleaban en el ritual para transmitir datos numéricos cargados de simbolismo, el proceso de reverberación funcionaba de manera recíproca, ya que cada vibración emitida afectaba una zona particular de la anatomía sutil del emisor, representada biológicamente por el sistema endocrino y, místicamente, por los chakras.

Ahora bien, ¿qué ocurre con los receptores de estos mensajes?

En el mundo espiritual, según el esoterismo, las condiciones son diferentes a las de la vida en la esfera terrenal. Un espíritu representa una función específica: es un ángel, un arcángel, un demonio, un gnomo, una hada, etc., es decir, es un ser especializado y, por lo tanto, estrictamente limitado, sin importar lo poderoso que sea en su propia esfera de actividad.

Cuando Crowley o Fortune recibieron un número específico en respuesta a una pregunta, creyeron poder determinar su significado mediante un análisis cabalístico. Del mismo modo clasificaban su nombre y el tipo de entidad con la que estaban tratando. Si el número estaba de acuerdo con la naturaleza de la visión en su conjunto, el proceso continuaba, si era ajeno a la naturaleza de la visión, se sospechaba que el espíritu era un elemental o un intruso astral haciendo de las suyas (ver: Sobre las entidades, larvas, gusanos y parásitos del bajo astral). En este caso, se lo disolvía mediante un ritual de destierro.

El espíritu incorpóreo de las personas muertas o dormidas no solo puede hacerse pasar por un espíritu bajo y obrar el mal por tales medios, sino que, lo que es infinitamente más peligroso, las entidades extradimensionales pueden hacerse pasar por espíritus convencionales, por ejemplo, a través de la Ouija o el Juego de la Copa (ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias). Si no son desterrados antes de que puedan establecerse en la conciencia de quien los invoca, pueden tomar posesión del sujeto, en principio, a través de la obsesión (ver: Qué siente una persona poseída: síntomas de posesión).

Es importante comprender que el uso de estos lenguajes interdimensionales —ya sean enoquianos, goéticos, gnósticos, tántricos, incluso lovecraftianos (ver: Las lenguas prehumanas en Lovecraft)—, se adaptan a la apertura del subconsciente del emisor. Es decir que su poder radica principalmente en el hecho de que son ininteligibles para la mente consciente, como suponía Crowley:


Las largas cadenas de formidables palabras que rugen y gimen a través de tantos conjuros tienen el efecto real de exaltar el subconsciente del mago para sincronizarlo con la frecuencia de vibración adecuada.


Es decir que las lenguas interdimensionales son lo suficientemente ajenas a la mente en su estado normal como para ser percibidas como si no tuvieran sentido; y esto es lo que importa; esto y la fuerza de sus vibraciones cuando se cantan, gritan o rugen en lugares desolados y aterradores (ver: Voynichés: la lengua impronunciable)

No en vano ciertas comunicaciones se establecían en entornos particularmente inquietantes. Por ejemplo, algunas evocaciones tántricas a Kali, y otras deidades terribles, se practicaban en los campos de batalla sembrados de cadáveres, entre animales carroñeros y saturados por el gemido de los moribundos (ver: El Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás)

En un nivel más doméstico, el murmullo de ciertos mantras deliberadamente ininteligibles también son una herramienta de comunicación de corto alcance, digamos, aunque es importante aclarar que la ausencia de un sentido no implica que el mensaje sea inteligible en otras esferas.

En general, el tipo de lenguaje depende exclusivamente de las fuerzas con las que deseamos comunicarnos. Si nuestro mensaje va dirigido a fuerzas no iluminadas, burdas, o directamente malignas, las lenguas prehumanas, incluso los sonidos guturales, son la mejor alternativa. De hecho, muchos hechizos oscuros se basan en la imitación del aullido de los lobos, los chacales, y los agudos gruñidos que emiten las hienas. No es de extrañar entonces que el baile de las brujas medievales pareciera un verdadero caos a los ojos no iniciados (ver: El baile de las brujas: descubriendo los secretos de sabbats y aquelarres).

La ficción también se ha aproximado a las lenguas inderdimensionales, a veces de forma intuitiva, y otras con algún conocimiento específico (ver: Tulpas, Seres Interdimensionales y una elegante teoría sobre el Horror).

Escritores como Arthur Machen, Lord Dunsany, Algernon Blackwood y H.P. Lovecraft están en esta categoría (ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft). Sus historias muchas veces contienen afinidades notables con los aspectos fundamentales de la comunicación espiritual. Ya sean los atavismos y visiones de Pan, como en el caso de Arthur Machen y Lord Dunsany, o el tráfico siniestro con entidades aún más poderosas; como en los cuentos de Lovecraft, donde el lector se sumerge en un mundo de signos incomprensibles y nombres bárbaros que reflejan distorsionadamente algunos de los principios fundamentales de la magia (ver: Gente Sombra, el Horla, y el portal interdimensional de Maupassant)




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