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El misterio de las mesas parlantes

El misterio de las mesas parlantes.


Hay fenómenos paranormales que van perdiendo fuerza en el colectivo sobrenatural. Uno de ellos es el conocido misterio de las mesas parlantes.

A finales del siglo XIX las mesas parlantes eran notablemente populares, tal vez a causa de su naturaleza proclive a la repetición por parte de cualquier profano sin ningún tipo de habilidad especial.

En 1850 se lo conoció como Table Turning, las mesas giratorias, muy utilizadas en círculos espiritistas. El mecanismo era bastante sencillo. Un grupo de personas, casi siempre conocidas entre sí, se sentaban alrededor de una mesa buscando producir movimientos anómalos con o sin la asistencia de espíritus.

Luego de un período de tiempo preestablecido, en general matizado con fórmulas y palabras mágicas, los fenómenos paranormales no se hacían esperar. Generalmente se oían crujidos o rápidos desplazamientos de la mesa, al principio imperceptibles, así como golpes de intensidad variable en otros rincones de la habitación o en dependencias vecinas.

Harry Price, el cazador de fantasmas, y Harry Houdini, hábil desenmascarador de prodigios fraudulentos, atestiguaron sesiones espiritistas donde los comensales debían hacer grandes esfuerzos físicos para no ser desalojados de sus asientos por los movimientos repentinos de las mesas parlantes

William Hope, el fotógrafo de lo paranormal, denuncia que las mesas parlantes están animadas por una fuerza invisible e indudablemente inteligente, con la cual es posible establecer un código de comunicación para "conversar" con ella.

Por ejemplo, un golpe significa "sí" y dos golpes "no". También se daban combinaciones azarosas que requerían la interpretación fina de exégetas que aludían a emisiones y polusiones sonoras perfectamente naturales aunque inapropiadas en un recinto cerrado.

Daniel Dunglas Home, el gran levitador de su tiempo, presenció fenómenos paranormales de increíble envergadura, como la total levitación de la mesa y sus comensales. Otros denuncian apariciones lumínicas, fosforescentes, manos invisibles y lívidas que pellizcaban a las damas, ráfagas de viento, objetos que se materializaban e incluso la aparición de ectoplasma desde distintos orificios del médium presente.

La mayoría de los charlatanes de la época atribuyen estos fenómenos paranormales a la actividad de entidades desencarnadas. Una minoría racionalista sospecha la presencia de desconocidas fuerzas psíquicas, individuales o grupales, actuando al unísono sobre la mesa.

Ya a finales del siglo XIX se produjo una fiebre en torno a las mesas parlantes, que en honor a la verdad hacían poca justicia a su nombre, ya que rara vez "hablaban".

El espiritista Allan Kardec fue quizás el primero en establecer un código ordenado de comunicación, por el cual logró consignar mensajes de profundo escepticismo aún en personas probadamente muertas. Para conocer algo más acerca de este "código" recomendamos la lectura de su obra El libro de los espíritus (Le livre des espirits).

El éxito de las mesas parlantes se debió en gran parte a que prescindía de especialistas. No hacían falta médiums calificados para llevar adelante sesiones formidables. Cualquiera, aún los más incrédulos, podían sentarse en grupo y divertirse con las cacofonías y repiques de los muertos.

En cierto sentido las mesas parlantes anuncian el auge del tablero Ouija, y aún del juego de la copa, aunque sus características se revisten algún tipo de solemnidad carente en las primeras.

Los peligros de las mesas parlantes son largamente comentados por Allan Kardec. Este espiritista señala, sin ningún pudor, que los muertos rondan en todas las mesas, paranormales o no, husmeando a espaldas de todos los comensales del orbe que se sientan a compartir una comida o una infusión dietética.

Este acecho no es casual, ni responde a móviles banales. Algunos muertos, sostiene el ocultista Eliphas Levi, desconocen que han fallecido, y buscan insesantemente saciar aquellos apetitos para los cuales es imprescindible poseer órganos digestivos.





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