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William Hope: el fotógrafo de lo paranormal

William Hope: el fotógrafo de lo paranormal.


William Hope (1863-1933) fue tal vez el primer fotógrafo de lo paranormal, y sin dudas el más polémico de todos.

William Hope abandonó su trabajo como carpintero anunciando que poseía la capacidad de fotografiar espíritus y otros fenómenos paranormales. Como prueba de su talento solía enseñar con orgullo una fotografía tomada en 1905, la primera de su interminable serie de retratos fantasmagóricos. Luego explicó que él y un amigo estaban realizando pruebas de luz con una cámara, y que en una de las fotografías notaron algo extraño, algo que no estaba allí en el momento de tomarla, una persona de rasgos inciertos que no estaba físicamente presente. Luego se determinó que esa persona era la hermana muerta de su amigo.

Rápidamente fundó el Crewe Circle en su ciudad natal, Crewe, Inglaterra. Básicamente se trató de un grupo de seis fotógrafos profesionales y aficionados que buscaban dar cuenta del mundo sobrenatural. Uno de los primeros interesados en este grupo fue nada menos que Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, que investigó la obra de William Hope y lo defendió incluso en su peor momento, cuando se supo que los primeros negativos de fotografías paranormales fueron destruidos por el grupo argumentando que temían ser acusados de brujería.

El Círculo de Crewe recién tomó impulso cuando el arzobispo Thomas Colley, entusiasta aficionado al espiritismo, se unió públicamente al grupo. Recién entonces comenzaron a mostrar abiertamente sus obras.

La primera acusación de fraude provino curiosamente del propio Thomas Colley durante la primera sesión espiritista organizada por el grupo. Según parece, William Hope se "equivocó" al retratar a la madre difunta del arzobispo, sustituyéndola por una mujer mucho más joven, aunque luego aclaró que los espíritus no siempre asisten a las reuniones en tiempo y forma, y que otras fantasmagorías audaces pueden tomar el lugar del espíritu invocado.

William Hope pidió disculpas públicamente por el incidente, pero el arzobispo, lejos de tranquilizarse, publicó una solicitada en el periódico local para convocar a todos aquellos que habían conocido personalmente a su madre para declarar que la mujer de la foto era un burdo reemplazo. Dieciocho personas se presentaron en la rectoría de Thomas Colley todas coincidieron en que el fantasma pertenecía efectivamente a la anciana difunta. El arzobispo, confundido, se retiró de la polémica.

Estos escándalos favorecieron la popularidad de William Hope. Pronto se rodeó de figuras prominentes y su propia personalidad se tornó extravagante. Rara vez concedía audiencias o entrevistas privadas, salvo cuando su interlocutor era confiable o de gran renombre. Si alguien quería ser admitido en las reuniones espiritistas del grupo debía esperar varios meses, además de cumplir severos requisitos pecuniarios.

El procedimiento de tomar aquellas fotos paranormales era bastante peculiar. Supongamos que alguien (alguien adinerado) quería retratar a su esposa muerta. Primero debía llevar las placas fotográficas a William Hope, por cierto, nada económicas; luego eran depositadas en una caja sellada para ser sometidas a los efluvios del médium de turno. Acto seguido, el dueño de las placas era llamado para ubicarse en un cuarto oscuro para atestiguar el momento en que William Hope tomaba la fotografía y revelaba las placas. A lo largo de todo el procedimiento existían incontables momentos en lo que se podía falsificar el material.

Ya instalado definitivamente en Londres como médium, William Hope recibió la visita de Harry Price, el cazador de fantasmas, en febrero de 1922. Cansados de la fama cuestionable del fotógrafo la Society for Psychical Research decidió investigar el asunto. En menos de doce horas Harry Price, que ya había expuesto varias docenas de médiums fraudulentos, declaró haber detectado evidencia incuestionable de engaño en las fotos de William Hope.

Se dice que para recibir al implacable Harry Price se organizó una sesión espiritista muy especial, que comenzó con cánticos y letanías interpretadas por numerosos miembros del grupo. Acto seguido, William Hope y Harry Price entraron al cuarto oscuro. El detective paranormal examinó las placas fotográficas que William Hope iba a utilizar (marcadas a pedido con la insignia del Dry Plate Co.), y secretamente imprimió doce puntos con una aguja. Harry Price examinó los movimientos del fotógrafo, asunto para nada sencillo en un cuarto apenas iluminado por una luz roja. Creyó detectar un pequeño acto de ilusionismo, por el cual William Hope cambiaba las placas colocando unas de su propia cosecha. Finalmente cuando las fotografías fueron reveladas mostraron la presencia asombrosa de un espíritu, y una placa sin los puntos marcados con la aguja.

En la edición de mayo de 1922 del Journal of the Society for Psychic Research, Harry Price publicó su informe, por cierto, demoledor, titulado: Cold Light on Spiritualistic Phenomena. Casi de inmediato los círculos espiritistas atacaron la credibilidad del investigador, e incluso Arthur Conan Doyle denunció públicamente los métodos empleados por Harry Price para desacreditar al fotógrafo; defensa que quedaría inmortalizada en el ensayo: El caso de la fotografía de espíritus (The Case for Spirit Photography), donde el padre del racional Sherlock Holmes se ve en un serio aprieto para defender a William Hope del olfato detectivesco de Harry Price.

A continuación les dejamos una serie de "fotografías paranormales" de William Hope.





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