«IT»: el gran cuento de hadas moderno


«IT»: el gran cuento de hadas moderno.




IT es un cuento de hadas. Ciertamente, no una de las versiones inocuas que Disney nos ha inyectado en la infancia (ver: Lo que Disney nunca te contó sobre Blancanieves y Cenicienta), sino un cuento de hadas en toda su poderosa tradición (ver: La verdad sobre los cuentos de hadas)

Todo cuento de hadas es un viaje de ida y de vuelta (Bilbo Bolsón lo sabía bien). En este caso, la primera parte de IT pone a prueba el poder de la amistad, y la valentía, de los siete niños protagonistas. La segunda parte de la historia describe el regreso del Club de los Perdedores a Derry, ya como adultos, convocados por el despertar de Pennywise (ver: Pennywise: el payaso de IT). De algún modo, la adultez ha traido consigo una gran cantidad de recuerdos reprimidos, y la pérdida de la imaginación. Todos esos motivos son recurrentes en el cuento de hadas.

Regresar a Derry representa la necesidad de cada personaje de confrontar los miedos de su pasado, pero también aceptar que ahora ellos son parte del problema, en cierto modo. Los niños de Stephen King se ven obligados a aceptar una verdad universal presente en todos los cuentos de hadas: no se puede confiar en los adultos (ver: Beverly Marsh: el mito de Blancanieves en «IT»)

La negligencia, y a veces la crueldad de los adultos, son evidentes a lo largo de la novela. Por ejemplo, los adultos de Derry ciertamente quieren a sus hijos, pero no entran en pánico, ni se desesperan realmente, ante la desaparición de tantos niños. Por el contrario, casi todos los niños de Derry están al tanto de la existencia de Pennywise. ¿Por qué esta diferencia de percepción? (ver: Drácula visita Salem's Lot)

Uno de los personajes, Bill Denborough, se da cuenta de que existe una brecha imaginativa que separa a los niños y los adultos de Derry. Es decir que los adultos no son intencionalmente crueles, sino simplemente ignorantes. Es interesante que la ignorancia, para Stephen King, sea producto de la falta de imaginación (ver: Jack y Danny Torrance: un cuento de hadas en el Overlook Hotel)

IT se construye a sí mismo como un cuento de hadas en base a la ruptura de las relaciones familiares, la muerte y el aislamiento. En ambos, el lector se ve obligado a abordar estos temas, y confrontarlos, casi a la par de los protagonistas. Stephen King es sumamente hábil para utilizar la turbulencia personal en la vida de los personajes para construir una relación de apego con el lector, con el añadido de que aquí los protagonistas son niños.

Stephen King coloca a sus personajes infantiles en situaciones traumáticas con tanta eficacia que a veces fucionan como una forma de terapia para el lector, obligado a revisar sus propias experiencias infantiles en relación al miedo. Como en el cuento de hadas, todos estos conflictos con el pasado solo pueden resolverse de una manera: la confrontación. 

Y eso es lo que hacen los miembros del Club de los Perdedores al regresar a Derry (ver: 9 cosas que no sabías sobre el payaso de IT)

Una historia de terror influenciada por el cuento de hadas, en manos de un autor de oficio como Stephen King, nos invita a transportarnos inconscientemente a nuestra propia infancia. De hecho, resumir el argumento de IT deja a las claras que se trata de un cuento de hadas moderno: un grupo de niños se unen para luchar contra un monstruo que es la suma de todos los temores de la infancia.

El término cuento de hadas está un poco devaluado hoy en día, pero el concepto es muy poderoso, de algún modo activa interruptores mentales muy profundamente arraigados. En definitiva, los cuentos de hadas son historias de dolor y supervivencia, con algo de esperanza al final.

La combinación de diferentes perspectivas y períodos de tiempo en IT, demuestra la confianza casi insensata del Club de los Perdedores como niños, y sus vacilaciones como adultos. Hay un deseo subconsciente de olvidar ciertos aspectos duros de la infancia, y eso es la adultez realmente, pero los recuerdos regresan gradualmente cuanto más cerca estamos del sitio donde se originaron, como los protagonistas cuando regresan a Derry (ver: ¿Qué es «IT» en realidad?).

Durante la serie inicial de llamadas telefónicas, Stan Uris le describe a su esposa una vaga conciencia de los recuerdos que resurgen (ver: El suicidio de Stanley Uris):


A veces tengo un mal sueño. Algo que debería haber terminado y no termina. Toda mi vida no ha sido más que la vista de alguna tormenta que no entiendo. Pero luego simplemente se desvanece. Como lo hacen los sueños.


La elección de palabras de Stan al describir este sentimiento ominoso como un mal sueño y su conciencia de una tormenta representan el resurgimiento de sus recuerdos, y de los monstruos que ha logrado ocultar en el sótano con el tiempo (ver: El Horror siempre viene desde el Sótano). Pero ahora esa puerta se ha abierto, inexorablemente, y resulta demasiado para la frágil mente de Stan:


El baño estaba iluminado por tubos fluorescentes. No había sombras. Podías verlo todo, quisieras o no. Stanley yacía allí... Su cabeza había rodado hacia atrás. Su boca colgaba abierta. Su expresión era de un horror abismal y helado. Se había abierto la parte interna de los antebrazos. Con su dedo índice, empapado en su propia sangre, había escrito una sola palabra en dos letras enormes y asombrosas, su impresión final en el mundo. Parecían gritar: IT.


Este duro pasaje ilumina la delicada estructura mental de Stan, en toda regla, un adulto consumado, es decir, alguien incapaz de procesar que los horrores de la imaginación a veces son reales. Stan sencillamente no puede tolerarlo. Ahora sabe, pero sin contar con las herramientas psicológicas de la infancia que nos permiten, en cierto modo, enfrentar a nuestros monstruos (ver: Los Monstruos y lo Monstruoso).

La ansiedad y el pánico se manifiestan en cada personaje cuando son convocados de regreso a Derry. Stephen King lo acentúa de forma brillante a través de Ben Hanscom, quien explica: Yo era solo un niño. Lo que me asusta es darme cuenta de que lo olvidé todo sobre ser un niño.

El suicidio de Stan y los siniestros sentimientos de Richie y Ben ofrecen una transición ideal entre la primera fase de la novela y el reencuentro del Club de los Perdedores como adultos. Aunque son incapaces de precisar el motivo exacto, cada personaje siente un deseo abrumador de evitar volver a Derry. Este terreno de incerditumbre es habitual en el cuento de hadas, donde los personajes siempre tienen una ocasión para echarse atrás, volver a la seguridad de la razón, pero de todos modos siguen adelante.

La revelación progresiva de información refleja el regreso gradual de los recuerdos de los personajes, lo cual asegura un vínculo estrecho con el lector. Una vez que el Club de los Perdedores, o lo que queda de él, regresa a Derry, cada personaje es consciente del paso del tiempo:


Aunque él pueda ser inmortal, nosotros no lo somos. Cuando despierta es igual que antes, pero un tercio de nuestras vidas ha pasado. Nuestras perspectivas se han reducido; nuestra fe en la magia que hace posible la magia se ha desvanecido. Y ahora, ahora que ya no creemos en Santa Claus, o en el troll debajo del puente, está listo para nosotros. Vuelve, dice. ¡Trae tus canicas y tus yoyos! Buen juego. Vuelve y veremos si recuerdas la cosa más simple de todas: cómo es ser niños, seguros en la fe y, por lo tanto, temerosos de la oscuridad.


La adultez no significa aquí miedo al envejecimiento; es decir, al deterioro y la debilidad física, sino al hecho concreto de que la adultez disminuye la agilidad mental para creer en lo increíble, condición imprescindible para enfrentarse a Pennywise. Además, este pasaje destaca la necesidad de que todos los adultos eventualmente regresen a un estado de inocencia, propio de la niñez, para enfrentar a los monstruos del pasado (ver: Monstruología: cuatro categorías para lo monstruoso en la ficción).

El despertar de IT ha convocado a los niños de regreso a Derry, pero en su estado adulto actual. En este punto, los miembros de Club de los Perdedores comienzan a advertir su posición desventajosa respecto de Pennywise, sobre todo en la tendencia de los adultos a analizar en exceso la situación. Los niños simplemente actúan, pero los adultos transforman la acción en una ansiedad abrumadora. De algún modo, quieren usar la imaginación, pero solo tienen a mano la pobre imaginación del adulto, que empaña el coraje infantil con toda clase de dudas.

En cierto momento, Bill intenta volver a montar su patineta, pero siente una mezcla de deseo y horror. La descripción detallada de la patineta y la cabeza calva de Bill en cierto modo hace que la escena luzca... antinatural, como si el adulto fuese una especie de intruso en el mundo de un niño. El Bill maduro monta la patineta, pero solo puede pensar en lesiones y consecuencias.

En la macabra apertura de IT conocemos a Pennywise, el gran monstruo del cuento de hadas moderno. George es su primera víctima en la historia. El niño simplemente es incapaz de resistir el encanto del payaso, que huele a circo y tiene una sonrisa cautivadora. La escena es demoledora, y queda grabada en la memoria del lector a lo largo de toda la novela. George es la primera víctima, quizás, porque es el más inocente de todos (ver: Georgie vs. Pennywise: el sótano arquetípico)

La inocencia y el horror están presentes mientras Pennywise distribuye globos y pesadillas. El lector es consciente del peligro del payaso, sin embargo, los padres no lo saben. Esto fomenta la separación entre adultos y niños con respecto a la conciencia del peligro. Por otro lado, la cualidad telepática de Pennywise alimenta el poder del monstruo, ofreciendo una versión personalizada de sí mismo para cada víctima. No obstante toda su parafernalia, Pennywise es un símbolo del adulto corrupto que atrae a los niños.

Stephen King parece decirnos aquí que, cuando los adultos piensan en payasos, a menudo los asocian con la infancia, pero los niños siempre ven al payaso como un adulto que se alimenta de niños (ver: Porqué nos asustan los payasos).

La personalidad jocosa de Pennywise primero atrae a sus víctimas con la promesa de la diversión, y luego se retrae sobre sí mismo, revela lo que hay debajo, algo monstruoso: un adulto disfrazado.

En este contexto, la figura del payaso proporciona un doble significado para adultos y niños. Aunque un adulto ve al payaso como un símbolo de la niñez, el niño cuestiona la figura debajo del maquillaje.

El maquillaje y la magia, los objetos que atraen a los niños (globos) y los aromas (¡huele a circo!), se combinan con éxito para crear un monstruo poderoso y aparentemente indestructible. Pero, una vez que se rompe la ilusión, la realidad se instala con el hedor del monstruo que hay debajo.

Los personajes infantiles se dan cuenta de que el secreto para vencer a IT es descifrar su verdadera identidad. Una vez que entienden el origen de la criatura, y su habilidad para asumir una forma de acuerdo al miedo de cada víctima, están equipados para enfrentarse al monstruo. Esta misma dinámica se encuentra en muchos cuentos de hadas.

La pesadilla de Derry concluye con la victoria del Club de los Perdedores, pero es una victoria incompleta, una que no podrá celebrarse, porque también será olvidada. Al dejar nuevamente Derry, los recuerdos comienzan a desvanecerse otra vez:


Se despierta de este sueño sin poder recordar exactamente qué era. Ha soñado con volver a ser un niño. O eso es lo que Bill Denbrough piensa a veces en esas mañanas después de soñar, cuando casi recuerda su infancia, y los amigos con quienes la compartió.


Los recuerdos de la infancia que se desvanecen representan una nueva pérdida de la imaginación, es decir, el regreso al estado de adultez. En Danse Macabre, Stpehen King comenta esta necesidad:


Después de un tiempo, Wendy y sus hermanos finalmente dejaron a Peter Pan. No más polvo mágico y pensamientos felices. Los dioses de la infancia son inmortales, pero es la infancia misma la que es mortal. Todos hemos exiliado al hada de los dientes, asesinado a Santa Claus. La imaginación es un ojo. En los niños, ese ojo ve con una claridad absoluta. A medida que envejecemos, su visión comienza a oscurecerse; y el trabajo del escritor de fantasía y terror es convertirte, por un tiempo, en un niño nuevamente, en alguien capaz de ver.


IT, en definitiva, es un noble intento de hacernos recuperar la imaginación infantil, junto con sus monstruos, de hacernos volver a ver a través de un cuento de hadas moderno.




Taller gótico. I Universo pulp.


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2 comentarios:

Scarlett Macbeth dijo...

En un momento durante la novela Ben (adulto) se encuentra en la biblioteca y contempla cómo les leen cuentos de hadas a los niños. Esto lo lleva a establecer un paralelismo entre los monstruos de esos cuentos y el monstruo que lo acecha a él mismo; y se pregunta por qué los monstuos siempre comen niños, por qué It come niños. Llega a la conclusión de que los cuentos (al igual que It) apelan a nuestros miedos inconscientes: no le tememos a It - a los monstruos - porque coman niños, sino que comen niños porque le tememos a ser comidos.
Este planteo me pareció una jugada magistral por parte de Stephen King.

Sebastian Beringheli dijo...

No recordaba el pasaje, pero coincido contigo, expresa a la perfección las intenciones de King. Gracias por el aporte. Muy interesante.



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