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«El guardián de las aguas»: Morley Roberts; libro y análisis


«El guardián de las aguas»: Morley Roberts; libro y análisis.




El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters) es una colección de relatos fantásticos del escritor inglés Morley Roberts (1857-1942), publicada en 1898.

El guardián de las aguas es una antología realmente magistral, en la cual podemos encontrar algunos de los cuentos de Morley Roberts más destacados de aquel período, en general, fuertemente vinculados al relato de terror.




El guardián de las aguas.
The Keeper of the Waters, Morley Roberts (1857-1942)
  • El anticipador (The Anticipator)
  • El averno occidental (The Western Avernus)
  • El comisario de Red Butte (The Sheriff of Red Butte)
  • El cuchillo (The Knife)
  • El devorador de hombres (The Man Eater)
  • El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters)
  • El mago de El Shomar (The Magician of El Shômar)
  • El patólogo (The Pathologist)
  • El toro de Santa Rosa (The Bull of Santa Rosa)
  • Faro Charlie (Faro Charlie)
  • Jules y Renée (Jules and Renée)
  • La barrera de la bahía ancha (Wide Bay Bar)
  • La ciudad de Green River (Green River City)
  • La historia del río Rawhide (The Story of Rawhide River)
  • La presa de Grear (Grear's Dam)
  • La vida privada de Henry Maitland (The Private Life of Henry Maitland)
  • Los golpeadores de toros (The Bull-Punchers)
  • Mitríades el rey (Mithridates the King)
  • Rachel Marr (Rachel Marr)
  • Una tragedia doméstica (A Domestic Tragedy)
  • Un borrador en arcilla (A Sketch in Clay)
  • Un final inevitable (An Inevitable End)
  • Un hombre silencioso (A Quiet Man)
  • Un rostro en el arbusto (A Face in the Bush)




Relatos góticos. I Relatos de Morley Roberts.


El análisis y resumen del libro de Morley Roberts: El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Morley Roberts: cuentos destacados


Morley Roberts: cuentos destacados.




Morley Roberts (1857-1942) fue un interesante escritor inglés dedicado principalmente al relato fantástico. En este sentido, los cuentos de Morley Roberts exploran lo detectivesco, lo paranormal, pero sobre todo lo fantástico como síntesis de una metafísica personal que observa al mundo y se cuestiona permanentemente sobre su realidad.

En esta sección iremos compartiendo todos los cuentos de Morley Roberts.




Cuentos de Morley Roberts.
  • El anticipador (The Anticipator)
  • El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters)
  • El averno occidental (The Western Avernus)
  • El comisario de Red Butte (The Sheriff of Red Butte)
  • El cuchillo (The Knife)
  • El devorador de hombres (The Man Eater)
  • El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters)
  • El hombre de la nariz (The Man with the Nose)
  • El mago de El Shomar (The Magician of El Shômar)
  • El patólogo (The Pathologist)
  • El rey Billy de Ballarat (King Billy of Ballarat)
  • El sombrerero loco (The Mad Hatter)
  • El toro de Santa Rosa (The Bull of Santa Rosa)
  • Faro Charlie (Faro Charlie)
  • Jules y Renée (Jules and Renée)
  • La barrera de la bahía ancha (Wide Bay Bar)
  • La cámara cerrada (The Closed Chamber)
  • La ciudad de Green River (Green River City)
  • Lady Penelope (Lady Penelope)
  • La historia del río Rawhide (The Story of Rawhide River)
  • La niebla (The Fog)
  • La presa de Grear (Grear's Dam)
  • La vida privada de Henry Maitland (The Private Life of Henry Maitland)
  • Locura de verano (Midsummer Madness)
  • Los golpeadores de toros (The Bull-Punchers)
  • Los ociosos (The Idlers)
  • Mitríades el rey (Mithridates the King)
  • Padre e hijo (Father and Son)
  • Rachel Marr (Rachel Marr)
  • Tierra roja (Red Earth)
  • Tritt (Tritt)
  • Una cosa de cera (A Thing of Wax)
  • Una tragedia doméstica (A Domestic Tragedy)
  • Un borrador en arcilla (A Sketch in Clay)
  • Un final inevitable (An Inevitable End)
  • Un hombre silencioso (A Quiet Man)
  • Un rostro en el arbusto (A Face in the Bush)




Relatos góticos. I Relatos de Morley Roberts.


El artículo: Morley Roberts: cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

6 relatos de terror protagonizados por escritores


6 relatos de terror protagonizados por escritores.




El relato de terror siempre ha sido cauteloso a la hora de exponer a sus víctimas, en especial cuando estas son nada menos que sus autores.

Muchos autores fueron utilizados como personajes de cuentos de terror. Fácilmente podríamos citar al menos una docena de relatos de terror en donde sus propios autores aparecen camuflados, más o menos discretamente; pero lo que nos interesa aquí es presentar algunos cuentos de terror protagonizados por escritores que nada tienen que ver con la composición de esa historia en particular.




6 relatos de terror protagonizados por escritores.




Relatos góticos. I Antologías.


El artículo: 6 relatos de terror protagonizados por escritores fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos de terror seleccionados por Peter Cushing


Relatos de terror seleccionados por Peter Cushing.




Si hubo una estaca que destrozó una y otra vez el pecho de Drácula, casi siempre interpretado por Christopher Lee en aquellos años, ésa fue la del gran actor inglés Peter Cushing, parte esencial del cine de terror del siglo XX.

Como cazador de monstruos algo tiene para sugerirnos con respecto al relato de terror, en especial aquellos que dan cuenta del temperamento y el carácter de los cazadores de monstruos. En resumen, en Relatos de un cazador de monstruos (Tales Of A Monster Hunter) se agrupan los mejores relatos de terror seleccionados por Peter Cushing.





Relatos de un cazador de monstruos.
Tales Of A Monster Hunter.




Antologías. I Relatos góticos.


El análisis y resumen del libro: Relatos de un cazador de monstruos (Tales Of A Monster Hunter) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos de terror de «Strand Magazine».


Relatos de terror de «Strand Magazine».




En la antología de hoy se agrupan los mejores relatos de terror de Strand Magazine, revista que apareció en el Reino Unido entre 1891 y 1950 con algo más de 700 ejemplares editados. Strand Magazine alcanzó una enorme popularidad casi desde su primer número, en la navidad de 1891. Los mejores autores del cuento fantástico y el relato de detectives aparecieron en sus páginas, entre ellos H.G. Wells, Agatha Christie, D.H. Lawrence, Edith Nesbit, W.W. Jacobs, Rudyard Kipling, Dorothy L. Sayers y Arthur Conan Doyle. Strand Magazine incluso puede jactarse de haber publicado el primer relato de Sherlock Holmes.

La masividad de Strand Magazine en el Reino Unido le permitió ciertas licencias, por ejemplo, un cuento escrito por Winston Churchill y algunos dibujos realizados por la reina Victoria.




Relatos de terror de Strand Magazine.
Strange Tales from the Strand.
  • El horror de las alturas (The Horror of the Heights, Arthur Conan Doyle)
  • El lago (The Tarn, Hugh Walpole)
  • La casa embrujada (The Haunted House, Edith Nesbit)
  • La tortura por la esperanza (La torture par l’espérance, Villiers de L'Isle-Adam)
  • ¡Boletos, por favor! (Tickets, Please!, D.H. Lawrence)
  • Como sucedió (How it Happened, Arthur Conan Doyle)
  • El caso de Roger Carboyne (The Case of Roger Carboyne, H. Greenhough Smith)
  • El espejo plateado (The Silver Mirror, Arthur Conan Doyle)
  • El guardián de su hermano (His Brother's Keeper, W.W. Jacobs)
  • El lagarto (The Lizzard, C. J. Cutcliffe Hyne)
  • El motor de Lord Beden (Lord Beden's Motor, J.B. Harris-Burland)
  • El poder de la oscuridad (The Power of Darkness, Edith Nesbit)
  • El vagón (The Railway Carriage, F. Tennyson Jesse)
  • Espectro blanco (White Spectre, B.L. Jacot)
  • Inexplicable (Inexplicable, L.G. Moberly)
  • La cámara profética (The Prophetic Camera, L. de Giberne Sieveking)
  • La campana (The Bell, Beverley Nichols)
  • La catástrofe del valle del Tames (The Thames Valley Catastrophe, Grant Allen)
  • La gripe negra (The Black Grippe, Edgar Wallace)
  • La historia del periódico de Brownlow (The Queer Story Of Brownlow’s Newspaper, H.G. Wells)
  • La maldición de Cavalanci (Cavalanci's Curse, Henry A. Hering)
  • La niebla (The Fog, Morley Roberts)
  • La orquesta de la muerte (The Orchestra of Death, Ianthe Jerrold)
  • Resurgam (Resurgam, Rina Ramsay)
  • Todo menos lleno (All But Empty, Graham Greene)
  • Un horrible estremecimiento (A Horrible Fright, T. Meade)




Antologías. I Relatos pulp.


El artículo: Relatos de terror de Strand Magazine fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El anticipador»: Morley Roberts (audio relato)


«El anticipador»: Morley Roberts (audio relato)




Audio relato de terror realizado por El Espejo Gótico sobre el cuento de Morley Roberts: El anticipador (The Anticipator), escrito en 1882.




El anticipador: Morley Roberts:





Audio relatos de terror. I Relatos de Morley Roberts.


El artículo: «El anticipador»: Morley Roberts (audio relato) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El anticipador»: Morley Roberts; relato y análisis


«El anticipador»: Morley Roberts; relato y análisis.




El anticipador (The Anticipator) es un relato fantástico del escritor inglés Morley Roberts (1857-1942), publicado en la antología de 1892: El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters).

El anticipador, uno de los mejores cuentos de Morley Roberts, integra elementos clásicos del relato de detectives, de la novela policial, aunque sería más justo clasificarlo como un relato de terror psicológico; probablemente el mejor de este autor.

El argumento de El anticipador relata la historia de un escritor perturbado, paranoico, casi mórbido en sus razonamientos. Este autor considera que todos sus relatos están siendo robados telepáticamente por su rival, quien se anticipa a cada uno de los argumentos de sus historias publicándolas antes que él.

Presa de este grado de paranoia, a la cual se añade una feroz adicción a la morfina, el protagonista de El anticipador empieza a urdir un plan para asesinar a aquel escritor parasitario. Sin embargo, no será fácil emboscar a un sujeto que, justamente, se caracteriza por anticipar cada una de sus ideas.




El anticipador.
The Anticipator; Morley Roberts (1857-1942)

—Admitiré que no se trata de un plagio —dijo ferozmente Carter Esplan—; será el destino, el demonio, pero ¿es menos irritante por eso? ¡No, no!

Se pasó la mano por el cabello hasta erizarlo. Lo agitaba una febril excitación; una mancha roja ardía en sus mejillas; se mordía el labio tembloroso.

—¡Maldito Burford, sus padres y sus ascendientes! Las herramientas, para quien sabe manejarlas —añadió, después de una pausa durante la cual su amigo Vincent lo estudió con curiosidad.

—La culpa es tuya, mi querido salvaje —dijo Vincent—. Eres demasiado indolente. Recuerda, además, que esas ideas están en el aire. La originalidad no es más que el arte de atrapar tempranas larvas. ¿Por qué no escribes las cosas apenas las inventas?

—Hablas como un burgués, como un viajante de comercio —repuso Esplan, disgustado—. ¿Por qué un manzano no? ¿A qué esperar el estío y las influencias del viento y el cielo? ¿Por qué no salen polluelos de huevos recién puestos? ¿Acaso el parto sigue inmediatamente a la concepción? ¿Y no sufrió dolores la montaña para dar a luz un ratón? ¿Y por ventura...

—...y por ventura, no exigirán tus obras de genio una parte de la eternidad a que están destinadas?

—¡Tonterías! —gruñó Esplan—, pero tú conoces mi método. Yo capto la sugerencia del pensamiento, tal vez el título; y luego lo dejo, quizá sin tomar una nota; lo dejo al cerebro, a la conciencia subliminar, al yo subconsciente. El cuento crece en la oscuridad del alma, perpetua e insomne. Quizá lo rechace el tribunal artístico que en ella tiene su sede; quizá lo relegue. Yo, el yo exterior, insignificante envoltorio de tendencias hereditarias, nada sé de él, pero un día tomo la pluma y mi mano lo escribe. Éste es el automatismo del arte, y yo... yo no soy nada, soy apenas la última de las individualidades ocultas en mí. ¡Quizá un tácito antecesor llega por mí a la palabra, y sin embargo el Complejo Yo Esplan tiene que ser anticipado en esa forma!

Se incorporó y midió con pasos irregulares el largo salón de fumar del club. Era evidente que sus nervios estaban tensos y el desorden imperaba en su espíritu. Pero Vincent, que era médico, veía más hondo. Esplan, en efecto, hablaba espasmódicamente y a veces no acertaba con la palabra justa, lo que revelaba una perturbación de los centros del habla. ¿Será la morfina? —pensó—. ¿La estará tomando nuevamente, y hoy le ha faltado su dosis?

Pero Esplan estalló una vez más.

—No me importaría tanto si Burford escribiera bien, pero no sabe escribir un cuento. Mira esa última historia mía... es decir, suya. Yo la veía como una criatura impetuosa y palpitante, que vibraba y cantaba, una verdadera Ménade, llena de sangre roja. En sus manos, ni siquiera nació muerta; está diciendo a gritos que es un muñeco, pierde el aserrín, se mueve como un maniquí, huele de lejos a cosa fabricada. Mas ahora ya no puedo escribir ese cuento. Lo ha arruinado para siempre. Es la tercera vez. ¡Maldito sea, y maldita mi suerte! Yo trabajo cuando siento la necesidad de crear.

—Tomas muy en serio tu vocación —dijo Vincent perezosamente—. Al fin y al cabo, ¿qué importa? ¿Qué son los cuentos? ¿No son un opio para la vida de los cobardes? Preferiría inventar algún pequeño instrumento, o construir un puente de tablas sobre un arroyo fangoso, antes que escribir el mejor cuento del mundo.

Esplan estalló.

—Bueno, bueno —dijo casi a los gritos—, el hombre que inventó el cloroformo fue grande, y quienes lo fabrican son útiles. Lo que hacemos nosotros llámalo cloral, morfina, bromuro; lo que quieras, pero damos alivio.

—Cuando sería mejor usar vejigatorios...

—¡Qué estupidez! —contestó Esplan—. En todo caso, tu charla es ociosa. Yo soy yo, los escritores son escritores... pequeños, si quieres, pero un resultado y una fuerza. Déjame descansar. No hables de tonterías ideales.

Pidió brandy. Después de beberlo, su aspecto cambió un poco. Sonrió.

—Acaso no vuelva a suceder. Si sucede, creeré que Burford se obstina en cruzarse en mi camino. Tendré que...

—¿Eliminarlo? —preguntó Vincent.

—No. Trabajar más rápido. Pronto escribiré algo. Algo que indudablemente le encantaría echar a perder.

La conversación cambió y poco después se separaron. Esplan se dirigió a su departamento de Bloomsbury. Durante algunos minutos caminó por la sala, pero luego sintió el impulso de escribir. Le escocían los dedos, un estado de ánimo semiautomático se apoderaba de él. Se sentó y escribió, primero lentamente, después más rápido, y por último con furia. Eran las tres de la tarde cuando empezó a trabajar. A las diez seguía sentado ante el escritorio, poblado por las cenizas de innumerables pipas. A intervalos se alisaba con las manos húmedas los cabellos erizados. Sus ojos cambiaban como ópalos: a veces centelleaban y casi ardían, a veces se volvían opacos. Él mismo cambiaba con cada frase; pronunciaba en alta voz lo que escribía; cada pensamiento se reflejaba en su rostro pálido y móvil. Reía y gemía. En el punto culminante de su narración, le corrieron lágrimas por la cara y borraron el ya indescifrable manuscrito.

Pero a las once se levantó, rígido y tambaleante. Con dificultad recogió del piso las páginas sin numerar, y las ordenó. Después se desplomó en su asiento.

—¡Es bueno, es bueno! —decía, sonriendo—. ¡Qué extraño demonio soy! Mis callados antecesores reviven fantásticamente en mí. Es extraño, infernalmente extraño. El hombre no es más que un micrófono, y loco por añadidura. ¿Cuánto tiempo estuve madurando esto que acabo de escribir; El cuento es viejo y al mismo tiempo nuevo. Se lo mandaré a Gibbon. A él le gustará. Pequeña bestia, pequeño horror, pequeño cerdo, con un divino anillo de oro de inteligencia crítica en el sucio hocico.

Bebió medio vaso de whisky y se echó en la cama. Su imaginación corría alocadamente.

—Mi ego está un poco fisurado —dijo—. Debo cuidarme.

Y antes de dormirse pronunció conscientes tonterías. Se burló de la necedad de su imaginación, y sin embargo tenía miedo. Por fin tomó morfina en una dosis tan grande, que le afectó el nervio óptico. Relámpagos subjetivos brillaron en la oscuridad de su cuarto. Soñó con un Burford gigantesco y brutal, que usaba un gran diamante en la pechera de la camisa.

—Comprado merced a la transmisión de mis pensamientos —dijo.

Pero al mirarse advirtió que él tenía una joya aún más grande, y pronto su alma se disolvió en la contemplación de sus rayos, hasta que su conciencia fue disipada por una divina absorción en el Nirvana de la Luz. Cuando despertó, al día siguiente, era ya avanzada la tarde. Estaba destrozado por el trabajo de la víspera, y aunque mucho menos irritable, caminaba con inseguridad. La molestia de mandar su cuento a Gibbon le resultó casi insuperable; pero lo envió, y después tomó un taxímetro que lo llevó a su club, donde permaneció varias horas, casi en estado comatoso.

Dos días más tarde recibió una nota del jefe de redacción. Le devolvía su cuento. Era bueno, pero:

—Hace varias semanas Burford me envió otro con el mismo tema, y lo acepté.

Esplan golpeó contra la repisa de la chimenea su mano delgada y blanca, haciéndola sangrar. Aquella noche se embriagó. El vino pareció corroer, morder y retorcer hasta el último nervio y la última célula de su cerebro. Su irritabilidad se volvió tan extrema que se quedó al acecho de sutiles e imaginarias ofensas, y meditó mórbidamente sobre el aspecto de inocentes desconocidos. Pagó al camarero el doble de lo que había consumido, no porque lo mereciera, sino porque comprendió que la menor señal de descontento por parte de aquel hombre podría originar en él un estallido de irreprimible cólera.

Al día siguiente se encontró con Burford en Piccadilly, y pasó junto a él sin saludarlo, con una amarga sonrisa.

—No me atrevo a dirigirle la palabra —murmuró—. ¡No me atrevo!

Y Burford, que no alcanzaba a comprender, se sintió ultrajado. Él mismo odiaba a Esplan con el odio de un rival que se siente desplazado y aventajado. Sabía que su trabajo carecía de la diabólica precisión de Esplan, de la frase brillante, el toque justo de color, el certero impulso que culmina en el final perfecto, la convicción amarga y exacta, el conocimiento de los hombres que proviene de la herencia, la exaltada experiencia que alega intuiciones recibidas. Era, bien lo sabía, un exitoso fracaso, y su ambición superaba a la de Esplan. Trepador, voraz y presumido, su vacuidad era notoria aun antes de que Esplan la pusiera de relieve con la seguridad de su estilo.

—Él toma lo que yo hago y lo hace mejor —repetíase Burford-

Y cuando Esplan publicó su último cuento, y el mundo recordó (para olvidarla en seguida a la luz deslumbrante de esas páginas magistrales) la fría pasta del bibelot de Burford, éste sintió que el odio crecía en su interior. Pero se contuvo y siguió su camino pequeño y laborioso.

El éxito del cuento y el amargo eclipse de Burford ayudaron mucho a Esplan, quien tal vez se habría recobrado, de no mediar otras influencias nocivas para su vida. Entre ellas la muerte de cierta mujer, cuya amistad con él nadie conocía. Esplan se aferró a la morfina, que, a medida que aumentaban las dosis, lo conduciría al desastre. Y en efecto, el desastre se produjo, por fin.

Burford hizo publicar dos relatos, muy superiores a lo que acostumbraba escribir, en una revista que hasta ese momento había sido territorio exclusivo de Esplan. Eran los mismos temas que Esplan acababa de imaginar y estaba a punto de escribir. El escozor de este último golpe lo sacó de quicio: pensó en el asesinato; lo planeó con brutalidad, después con sutileza, y llegó a sentirse dominado por la idea, hasta que su vida se trocó en la flor de ese motivo insano.

El hecho de que un comentarista señalara la estrecha afinidad entre la obra de los dos escritores y, exaltando el genio de Esplan, colocara al uno por encima de toda crítica y al otro por debajo de todo elogio, no modificó en nada la situación. Pero la amarga exactitud de la crítica enloqueció a Burford. Castañeteando los dientes, detestando su propio trabajo, odió aun más al hombre que había pulverizado su presunción. Sentía deseos de destruir. ¿Cómo hacerlo?

Esplan llevaba una vida subracional. Era un maniático homicida, con una víctima preseñalada. Concebía y escribía planes. Sus relatos eran variaciones sobre el asesinato. Imaginaba medios de ejecutarlo, los buscaba en otros libros. A veces corría el peligro de creer que ya había cometido el crimen. En un momento de locura estuvo a punto de entregarse a la policía por ese asesinato anticipado. Así ardía y se consumía su imaginación ante el sendero que se había trazado.

—Lo haré, lo haré —murmuraba, y en el club los hombres hablaban de él.

—Mañana —dijo, pero después lo postergó. Debía planearlo con arte. Lo dejó para que germinase en su fértil cerebro.

Y por fin, cuando ya había empezado a escribirlo, la acción, iluminada por extrañas circunstancias, fue creciendo ante él.

Ese asesinato despertaría un mundo de resplandores, inaugurando una época en la historia del crimen. Aun cuando el planeta se viera convulsionado por las guerras, aun entonces los demás querrían oír esa historia increíble, penetrar en ella, dilucidar el método y el crecimiento de los medios y el motivo. Sonreía solo en la calle, y reía con risa aguda en su cuarto de fugaces visiones. Por la noche transitaba las solitarias callejuelas próximas, ponderando con ansia el borbollón de sus encontrados pensamientos; y apoyado en las rejas de frondosos jardines, veía fantasmas en las sombras de la luna y los invitaba a conversar. Se convirtió en un pájaro nocturno.

—Mañana —dijo por último.

Mañana daría el primer paso. Se frotó las manos y rió, ya cerca de su casa, en una plaza solitaria, al tramar los últimos detalles sutiles que su imaginación multiplicaba.

—¡Está bien, basta, basta! —gritó a su fantasía enloquecida—. Ya está hecho.

Y las sombras que lo rodeaban eran muy oscuras. Se volvió en dirección a su casa. Entonces le llegó la inmortalidad con extraño aparato. Le pareció que su alma ardiente y oprimida estallaba en su angosto cerebro chispeando maravillosamente. Hubo alrededor un diluvio de luces, relámpagos en un cielo rosado, un espantoso trueno. El firmamento se abrió en un blanquísimo resplandor. Vio cosas inimaginables.

Giró sobre sí mismo, se llevó la mano a la cabeza herida y cayó pesadamente en un charco de su propia sangre. Y el anticipador, aterrorizado, huyó por una callejuela.

Morley Roberts (1857-1942)




Relatos góticos. I Relatos de Morley Roberts.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Morley Roberts: El anticipador (The Anticipator), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Morley Roberts: relatos y novelas


Morley Roberts: relatos y novelas.




Morley Roberts (1857-1942) fue un gran escritor inglés. Buena parte de su obra literaria ha sido injustamente olvidada; sin embargo, allí podemos encontrar excelentes novelas de terror y notables relatos fantásticos.

A continuación compartimos algunas de las mejores novelas y relatos de Morley Roberts, un autor que sin dudas vale la pena descubrir.




Morley Roberts: obras completas:
  • El anticipador (The Anticipator)
  • El anticipador: audio relato.
  • El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters)
  • Morley Roberts: cuentos destacados.
  • El averno occidental (The Western Avernus)
  • El fetiche de sangre (The Blood Fetish)
  • El guardián de las aguas (The Keeper of the Waters)
  • La niebla (The Fog)
  • La presa de Grear (Grear's Dam)
  • La vida privada de Henry Maitland (The Private Life of Henry Maitland)
  • Locura de verano (Midsummer Madness)
  • Rachel Marr (Rachel Marr)
  • Relatos escogidos de Morley Roberts (Selected Stories of Morley Roberts)
  • Rey Billy de Ballarat (King Billy of Ballarat)
  • Rey Billy de Ballarat y otras historias (King Billy of Ballarat and Other Stories)
  • Tierra roja (Red Earth)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Morley Roberts: relatos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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