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John Wyndham: novelas destacadas


John Wyndham: novelas destacadas.




John Wyndham —John Wyndham Parkes Lucas Beynon Harris (1903-1969)— fue un destacado escritor inglés dedicado principalmente a la ciencia ficción. En este sentido, buena parte de las novelas de John Wyndham se encuentran entre los grandes clásicos de la ciencia ficción del siglo XX.

En esta sección de El Espejo Gótico iremos recorriendo todas las novelas de John Wyndham.




Novelas de John Wyndham.




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: John Wyndham: novelas destacadas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El pueblo escondido»: John Wyndham; novela y análisis.


«El pueblo escondido»: John Wyndham; novela y análisis.




El pueblo escondido (The Secret People) es una novela de terror del escritor inglés John Wyndham, publicada en 1935.

El pueblo escondido, una de las novelas de John Wyndham más destacadas, propone una explicación para el mito de las Hadas y el resto de la «gente pequeña».

El pueblo escondido relata la historia de Mark Sunnet, un piloto que pierde el control de su aeronave y se estrella en una isla emplazada en lo que alguna vez fue el desierto del Sahara. Tanto él como su compañera son abducidos por una misteriosa raza de pigmeos y llevados al interior de una gigantesca cueva.

Estos enanos se alimentan principalmente de hongos. Los cautivos comienzan a especular sobre la posibilidad de haber encontrado una raza de seres de las que hablan prácticamente todas las mitologías. El cultivo de hongos, razona Mark, tal vez haya sido el punto de partida para las leyendas de gnomos en Europa.

Los enanos viven en una gran comunidad subterránea. Cada tanto capturan a uno o dos incautos y los encierran en lo profundo de las cavernas; no por maldad, sino por desconocimiento. En cierta forma, los humanos de estatura normal son tan míticos para ellos como las hadas o elfos lo son para nosotros.

Mark Sunnet descubre que algunos prisioneros han tenido hijos con las mujeres nativas. Ninguno de ellos ha tratado de escapar. La vida en el reino de las hadas parece no resultar para nada desagradable.

No obstante, la situación ha cambiado. Los nativos están profundamente alarmados por la situación del Sahara. La crecida del nivel del agua pronto alcanzará las cavernas, y con ella la destrucción total del ecosistema subterráneo que sostiene la comunidad.

La premisa central de El pueblo escondido es que el mito de las hadas, y de toda la «gente pequeña», se basan en seres reales que vivieron a lo largo y ancho del mundo, pero que poco a poco fueron siendo presionados por el crecimiento demográfico del homo sapiens, lo cual los obligó a llevar una vida cada vez más apartada, hasta que finalmente debieron recurrir a cavernas y pequeñas aldeas en el corazón de los bosques para sobrevivir [ver: Cuando las hadas abandonaron nuestro plano de existencia].




Novelas de ciencia ficción. I Novelas de John Wyndham.


El análisis y resumen de la novela de John Wyndham: El pueblo escondido (The Secret People) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El Kraken despierta»: John Wyndham; novela y análisis.


«El Kraken despierta»: John Wyndham; novela y análisis.




El Kraken despierta (The Kraken Wakes) —a veces publicada como: Desde de las profundidades (Out of the Deeps)— es una novela de ciencia ficción del escritor inglés John Wyndham (1903-1969), publicada en 1952.

El título de El Kraken despierta, una de las grandes novelas de John Wyndham, hace referencia a una criatura de mitología nórdica citada por Alfred Tannyson en el soneto: El Kraken (The Kraken).

El Kraken despierta es una gran novela apocalíptica. John Wyndham nos describe una invasión alienígena a través de la mirada del periodista Mike Watson y su compañera Phyllis. Ambos son testigos de una estrategia de guerra nunca antes vista. Los extraterrestres se despliegan sobre el planeta varios años antes de iniciar la invasión propiamente dicha, que consta de varias fases finamente organizadas. Solo un puñado de humanos conocen la verdad.

Durante la primera fase los invasores se ubican en las profundidades oceánicas. El ingreso a la atmósfera se disimula bajo la forma de meteoritos. Algunos sostienen que esta raza proviene de un planeta con una presión muy superior a la de la Tierra. En consecuencia, el único sitio habitable para ellos serían los abismos oceánicos, lo cual posibilitaria una cohexistencia pacífica.

No obstante, la mayoría de los investigadores (y sobre todo los gobiernos) se sienten amenazados por esa presencia en los fondos del mar. Reportes afirman que los abismos oceánicos están siendo modificados para ajustarse a las necesidades de los forasteros. Los británicos envían un pequeño submarino tripulado para recaudar información pero es destruido por los alienígenas. El parlamento lo toma como un ataque directo y responde lanzando dos dispositivos nucleares. En los Estados Unidos sucede un incidente similar.

La invasión no está libre de suspicacias. Las superpotencias se atribuyen mutuamente los efectos colaterales de la contraofensiva desorganizada. La escalada de actos violentos lleva a la humanidad al borde de la guerra nuclear. Es decir, el preludio de la fase dos: llevar a la humanidad a destruirse a sí misma.

Todos los portaviones y embarcaciones de guerra son hundidos simultáneamente por armas desconocidas. La economía mundial colapsa. Los invasores lanzan gigantescas máquinas que "cosechan" humanos de las poblaciones costeras.

La fase tres comienza. Los invasores, utilizando tecnología desconocida, comienzan el proceso de derretimiento de los polos, causando que crezca el nivel de los océanos y provocando el hundimiento de grandes porciones de tierra. Muchas ciudades quedan sepultadas bajo el mar, entre ellas, Londres. Esta fase tiene como doble propósito aumentar la presión en las profundidades para garantizarle a los extraterrestres un medio más sustentable para sus necesidades físicas.

Todos los gobiernos occidentales se enfrentan al caos. Los únicos que aún se mantienen firmes en la guerra contra los invasores son los japoneses, que desarrollan un arma ultrasónica que parece dar buenos resultados. Sin embargo, la población mundial se ha reducido un 90% y el clima del planeta se ha alterado irreversiblemente.

En cierta forma, El Kraken despierta polemiza con la novela clásica de H. G. Wells: La guerra de los mundos (The War of The Worlds), donde los invasores entran en guerra directamente con la humanidad. John Wyndham propone que esto no necesariamente debe ser así, y que para provocar un caos irreversible es necesario golpear al mundo en dos puntos sensibles: la economía y el clima.




Novelas de John Wyndham. I Novelas de ciencia ficción.


El análisis y resumen de la novela de John Wyndham: El Kraken despierta (The Kraken Wakes) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los cuclillos de Midwich»: John Wyndham; novela y análisis.


«Los cuclillos de Midwich»: John Wyndham; novela y análisis.




Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos) es una novela de ciencia ficción del escritor inglés John Wyndham (1903-1969), publicada en 1957.

Los cuclillos de Midwich, una de las novelas de John Wyndham más reconocidas, relata una serie de hechos que se suceden de forma vertiginosa. No ubicamos en el pueblo ficticio de Midwich, Inglaterra. Un paramédico cae inconsciente en medio de la ruta. Se sospecha de que el pueblo está bajo un ataque químico. El ejército organiza un perímetro sobre la zona. Todo aquel que se aventure a menos de dos millas del pueblo queda inmediatamente inconsciente, pero se recupera al salir del perímetro. Fotografías aéreas prueban la existencia de un objeto no identificado en el centro de la zona de exclusión.

Veinticuatro horas después los efectos desaparecen. También el objeto no identificado. Los habitantes de Midwich despiertan sin manifestar dolores de ningún tipo. Algunas semanas después comienza a correr un rupor que rápidamente es confirmado. Todas las mujeres jóvenes de Midwich están embarazadas.

Nacen 31 niños y 30 niñas perfectamente saludables. Lo único que los distingue es un insual tono ambarino en los ojos y una piel asombrosamente pálida. Ninguno de ellos está emparentado genéticamente con sus progenitores, ni siquiera con sus madres. A medida que transcurren los años queda en evidencia que su origen no es humano.

Este grupo de niños terroríficos posee extraordinarias capacidades telepáticas. Cada género posee además una mente colectiva, capaz de doblegar la voluntad de cualquiera que se oponga a sus deseos.

Cuando los habitantes de Midwich llegan al límite del horror deciden exterminarlos. Sin embargo, terminan matándose mutuamente en un verdadero festín de canibalismo.

Pronto corre la noticia de que no solo Midwich ha sido inseminado por esta raza extraterrestre. Hay reportes de niños con las mismas características en Canadá, Australia, Mongolia y Rusia. No obstante, ninguna de estas colonias ha sobrevivido más allá de unos pocos años. Solo los niños de Midwich parecen haber resistido a los virus y parásitos de la Tierra.

El título de la novela, Los cuclillos de Midwich, hace referencia a un ave muy peculiar, el cuclillo (cuckoo), cuya mayor habilidad consiste en depositar sus nuevos en los nidos de otras aves, quienes crían involuntariamente a sus polluelos, haciendo que los propios se conviertan en un aperitivo.

Los cuclillos de Midwich sirvió de fuente para la gran película de terror de 1960: El pueblo de los malditos (The Village of the Damned), readaptada en 1995 con el mismo nombre y bajo la dirección de John Carpenter.




Novelas de John Wyndham. I Novelas góticas.


El análisis y resumen de la novela de John Wyndham: Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La noche de los Trífidos»: Simon Clark; novela y análisis.


«La noche de los Trífidos»: Simon Clark; novela y análisis.




La noche de los Trífidos (The Night of the Triffids) es una novela de ciencia ficción del escritor inglés Simon Clark (1958- ), publicada en 2001.

La noche de los Trífidos es la secuela de la novela de John Wyndham: El día de los Trífidos (The Day of the Triffids).

Si bien no se trata de una obra memorable, Simon Clark hace grandes esfuerzos por adaptarse al estilo de John Wyndham. La historia está narrada por David Masn, el hijo del protagonista de la novela original.

La novela comienza veinticinco años después de la conclusión de El día de los Trifidos. El piloto David Masen se ha criado en una comunidad cerrada en la Isla de Wight, una región que por el momento está a salvo de aquellas abominaciones botánicas llegadas del espacio, llamadas Trífidos, que gobiernan sobre la Tierra desde que casi toda la humanidad fue cegada simultáneamente por el brillo de un meteoro al chocar contra la atmósfera.

Sin embargo, algunos hombres han logrado conservar sus retinas, solo para advertir que una nueva y misteriosa sombra empieza a opacar al sol. David Masen es enviado para determinar la naturaleza de ese velo gigantesco. En una maniobra temeraria pierde el control de su nave, y cae en una zona dominada por aquellas plantas diabólicas. Allí conoce a una muchacha huérfana y juntos son llevados a la isla de Manhattan, en Nueva York.

En Manhattan existe una pequeña comunidad militarizada similar a la de la Isla de Wight, casi una utopía en un mundo arrasado por flores descomunales que prefieren la sangre a la fotosíntesis.

No obstante, en poco tiempo el protagonista advertirá que no todo es lo que parece, y lo que en un principio daba la impresión de ser una sociedad utópica se convierte en una dictadura bestial organizada por facciones radicales de lo que queda del ejército norteamericano.

La noche de los Trífidos no se acerca siquiera remotamente a la calidad del original, sin embargo, posee el encanto incierto de los homenajes literarios. Eso, y muy poco más.




Novelas de ciencia ficción. I Novelas de John Wyndham.


El análisis y resumen de la novela de Simon Clark: La noche de los Trífidos (The Night of the Triffids) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

John Wyndham: novelas y relatos.


John Wyndham: novelas y relatos.




John Wyndham (1903-1969) nació en el seno de una familia de abogados de Knowle, Inglaterra. Intentó varias profesiones hasta que a finales de la década del '30 tomó una decisión acertada: convertirse en escritor. Sus primeras obras alcanzaron un reconocimiento tan moderado como decepcionante. Tras casi una década de esfuerzos infructuosos, John Wyndham se enroló en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial, y hasta participó en el desembarco de Normandía.

Esta experiencia marcaría para siempre su obra. Las historias detectivescas quedaron definitivamente atrás, y en el horizonte comenzó a vislumbrarse una sucesión de novelas apocalípticas que intentan metabolizar aquellos eventos aterradores.

En este sentido, su primer gran éxito de ventas después de la guerra fue: El día de los Trífidos (The Day of the Triffids), principalmente una historia que narra la invasión de las islas británicas por parte de una raza botánica alienígena, en definitiva, por extranjeros.

Las novelas de John Wyndham siempre incluyen algún matiz de la ciencia ficción mezclada con horror clásico. En Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos), por ejemplo, se nos informa sobre una invasión alienígena a través del nacimiento simultáneo y espontáneo de unos niños diabólicos en el pueblo de Midwich.

Para mayor alusión a los fantasmas de una invasión alemana, conviene aclarar que todas las mujeres fértiles de Midwich despiertan embarazadas; todos sus hijos son rubios y de ojos azules, todos poseen raros poderes telepáticos, y finalmente todos están dispuestos a barrer a Gran Bretaña del mapa.

Otra interesante novela de John Wyndham sobre invasiones alienígenas es El kraken despierta (The Kraken Wakes), donde los invasores intergalácticos están instalados desde hace milenios en el fondo de los océanos.

La mayoría de las criaturas invasoras pensadas por John Wyndham nunca objetan la teoría de la evolución. De hecho, todas ellas encarnan especies que se adaptan a la Tierra mucho mejor que el hombre, haciéndolo parecer más un invasor que un habitante autóctono. En este sentido, su obra más paradigmática es Las crisálidas (The Chrysalids), donde se desarrolla una especie de fundamentalismo genético posterior a una guerra nuclear global, cuyos sobrevivientes empiezan a sacrificar a cualquiera que manifieste deformaciones evidentes.




John Wyndham: novelas y relatos.
  • El día de los Trífidos (The Day of the Triffids)
  • El Kraken despierta (The Kraken Wakes)
  • El pueblo escondido (The Secret People)
  • Las crisálidas (The Chrysalids)
  • Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos)
  • Chocky (Chocky)
  • Considera sus maneras y otros (Consider Her Ways and Others)
  • Cuentos de Piel de Gallina y Risa (Tales of Gooseflesh and Laughter)
  • Dificultades con los líquenes (Trouble with Lichen)
  • El momento infinito (The Infinite Moment)
  • El pueblo escondido (The Secret People)
  • Exiliados de Asperus (Exiles on Asperus)
  • Jizzle (Jizzle)
  • Las semillas del tiempo (The Seeds of Time)
  • Lo mejor de John Wyndham (The Best of John Wyndham)
  • Los durmientes de Marte (Sleepers of Mars)
  • Ningún lugar como la Tierra (No Place Like Earth)
  • Plan para el Caos (Plan for Chaos)
  • Polizonte a Marte (Planet Plane)
  • Red (Web)
  • Se sospecha juego sucio (Foul Play Suspected)
  • Vagabundos del tiempo (Wanderers of Time)




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«El día de los Trífidos»: John Wyndham; novela y análisis.


«El día de los Trífidos»: John Wyndham; novela y análisis.




El día de los Trífidos (The Day of the Triffids) es una novela apocalíptica del escritor inglés John Wyndham (1903-1969), publicada en 1951.

El día de los Trífidos, una de las grandes novelas de John Wyndham, presenta un escenario post-apocalíptico donde una plaga global sume en las tinieblas a lo que queda de la civilización; y no metafóricamente. La «plaga» a la que hace referencia la novela es una especie de ceguera contagiosa, e irreversible, que poco a poco va extinguiendo a los despojos de la sociedad.

Ahora bien, esta ceguera no es en absoluto espontánea; aunque permite la expansión de nuevas especies catapultadas genéticamente por la radiación. Una de estas especies, justamente la que se menciona en el título de la obra, conforma la identidad de los terribles Trífidos (Triffids), una abominación botánica prácticamente sin paralelos en la historia de la ciencia ficción.

En este caso, los Trífidos son vegetales de fisionomía larga y estilizada, capaces de moverse a su antojo, ferozmente venenosos y decididamente carnívoros.

Frecuentemente se subraya la fuerte influencia de obras como La guerra de los mundos (The War of the Worlds) en esta novela de John Wyndham. En parte, esta asociación es cierta. Hay una clara similitud entre los Trífidos y las voraces plantas alienígenas que describe H. G. Wells. Sin embargo, esta deuda es apenas una de muchas. El día de los Trífidos es también un homenaje a esos viejos relatos botánicos de terror, donde el reino vegetal abandona repentinamente su naturaleza inmóvil y estacionaria para arrojarse a la conquista del mundo, o bien de los incautos que caigan en sus raíces [ver: Horror Botánico: ¡el brócoli dominará el mundo!]

También cabe mencionar que El día de los Trífidos fue escrito en medio de la «amenaza roja», es decir, de la tensión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética; una era extraordinariamente prolífica para la ciencia ficción. En este sentido, los soviéticos fueron «enmascarados» en incontables criaturas que vienen a pervertir el orden institucional del planeta.

Antes de pasar a la novela conviene señalar que existe una secuela, escrita por Simon Clark, llamada: La noche de los Trífidos (The Night of the Triffids).




El día de lo Trífidos.
The Day of the Triffids, John Wyndham (1903-1951)

Copia y pega el enlace en tu navegador para leer o descargar en PDF El día de los Trífidos de John Wyndham:
  • http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/3d5e04ad0_eldiadelostrifidos.pdf




Novelas de John Wyndham. I Novelas de ciencia ficción.


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«Las crisálidas»: John Wyndham; novela y análisis.


«Las crisálidas»: John Wyndham; novela y análisis.




Las crisálidas (The Chrysalids) es una novela distópica del escritor inglés John Wyndham (1903-1969), publicada en 1955.

Las crisálidas, una de las novelas de John Wyndham más importantes, está ambientada en un futuro post-confllcto nuclear, cuyos efectos han sido devastadores. David, el protagonista de la historia, vive dentro de una férrea comunidad de fundamentalistas genéticos, siempre alertas ante cualquier desviación de lo «natural». Esta comunidad habla oscuramente de una antigua raza de humanos, el Pueblo Antiguo (Old People), dueños de una extraña y poderosa tecnología, que no son otros que los habitantes de nuestra propia sociedad, a medias olvidada a causa del apocalipsis.

En este mundo donde el hoy es un Mito, todo lo que es anómalo es destruido en medio de ritos y cánticos, desde las plantas, que crecen desmesuradamente a causa de la radiación, hasta los propios humanos. Todos los individuos que no se ajustan a los parámetros físicos esperados por la comunidad son sacrificados, o, en el mejor de los casos, esterilizados.

Frente a estas expectativas salvajes muchas personas «diferentes» deciden huir hacia una región llamada Bordes (Fringes); un territorio extraño en donde el diablo, dicen, ha instalado sus cuarteles.

No podríamos hablar de Las crisálidas como una novela de zombis, aunque algo parecido a una estirpe de mutantes se mueve de incógnito entre los fundamentalistas. El protagonista vive rodeado de historias y advertencias que hablan del espíritu siniestro de estos mutantes, hasta que él mismo descubre que es parte de aquellos a quienes odia.

Podemos pensar en Las crisálidas como una novela de ciencia ficción que busca analizar la intolerancia. Todo lo extraño es malo, y si es malo lo mejor que puede hacerse es eliminarlo. Esto es lo que piensan los sobrevivientes de una sociedad destrozada por nubes radioactivas que han dejado úteros estériles y niños con severas deformaciones óseas, pero poseedores de un poder intelectual casi tan destructivo como el de las ojivas nucleares.




Las crisálidas.
The Chrysalids, John Wyndham (1903-1969)

Copia y pega el enlace en tu navegador para leer o descargar en PDF Las crisálidas de John Wyndham.
  • https://www.mercaba.org/SANLUIS/ALiteratura/Literatura%20contempor%C3%A1nea/John%20Wyndham%20-%20Las%20Crisalidas.pdf




Novelas de terror. I Novelas de John Wyndham.


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«La cripta de la catedral»: John Wyndham; relato y análisis.


«La cripta de la catedral»: John Wyndham; relato y análisis.




La cripta de la catedral (The Cathedral Crypt) es un relato de terror del escritor inglés John Wyndham (1903-1969), publicado originalmente por entregas en las ediciones de marzo y abril de 1935 de la revista Marvel Tales of Science and Fantasy; y luego reeditado en la antología de 1969: La gente indescriptible (The Unspeakable People).

La cripta de la catedral, unos los grandes cuentos de John Wyndham, corresponde a la vieja tradición del cuento inglés de terror, ubicado casi siempre en la cercanía de iglesias, abadías, cementerios y camposantos. Como parte de esa larga y venerable tradición, el relato de John Wyndham se ha convertido en uno de sus mejores homenajes.




La cripta de la catedral.
The Cathedral Crypt, John Wyndham (1903-1969)

-El pasado parece aquí tan cerca… -observó Clarissa, pensando en voz alta-. Como si no se hubiese esfumado en la historia.

Raymond asintió. No habló, pero la joven sintió que la comprendía y que, como ella misma, sentía la carga de la antigüedad aplastando la ciudad española.

-La mayoría de nuestras ciudades cambian constantemente –continuó la muchacha, de forma semiinconsciente y elaborada-, alejando de sí el pasado en beneficio del progreso. Y existen algunas, como Roma, verdaderas ciudades eternas que prosiguen majestuosamente su ruta, absorbiendo los cambios cuando se producen. Pero esta ciudad no es de esta clase. Aquí el pasado parece…, parece arrogante, como si batallase contra el presente. Está decidida a conquistar todas las fuerzas modernas. Mira esto, por ejemplo.
El coche, nuevo y reluciente, se hallaba delante de la portalada de la catedral. Un sacerdote lo bendecía con la mano en alto, mientras murmuraba unas plegarias para el bienestar y la salvaguardia de sus ocupantes.

-Lo está encomendando a la custodia de Dios y de san Cristóbal, el patrono de los automovilistas –le explicó Raymond-. En nuestra patria se dice que los coches vacían las iglesias; aquí incluso llevan los coches a los templos. Tienes razón, querida: el pasado no quiere ceder sin ofrecer resistencia.

El automóvil, obtenido el beneplácito celestial, siguió su camino y con él desapareció todo vestigio del siglo XX. El sol de la tarde iluminaba una escena completamente medieval. Inundaba la parte occidental de la catedral, tornándola de gris en rosa, convirtiéndola en algo más que en piedra sobre piedra, en algo que vivía descansando eternamente. La frágil belleza de las cosas vívidas residía en aquellos alanceamientos góticos que parecían elevarse hasta el cielo. Aquellos encajes y filigranas, aquella magnifica aspiración no podía absorber el arte y la existencia del hombre y, sin embargo, seguía siendo mera piedra. Algo del alma de sus arquitectos viviría eternamente entre aquellas torres.

-Es hermosísima. -susurró Clarissa-. Me hace sentirme pequeña…, casi asustada.

Sobre el oscuro portal se extendía una hilera de santos de piedra a lo largo de toda la fachada. Más arriba, un ventanal puntiagudo miraba como el ojo ciego de un cíclope. Aún más arriba las gárgolas
ascendían hacia el sol, manteniendo su incesante custodia sobre los demonios. La catedral era una fantasía de la fe; el espíritu, tanto como las manos, había ayudado a su construcción: un sueño de piedra sobre unos cimientos de almas.

-Sí…, es muy hermosa –corroboró Raymond.

Avanzó hacia las abiertas puertas. Clarissa, colgada de su brazo, dio un paso atrás sin saber por qué. La belleza puede ser pavorosa…, ¿pero puede por sí sola producir una profunda sensación de terror?

-¿Entramos? –preguntó.

Su esposo captó su tono y la miró con leve sorpresa. Raymond se doblegaba a cualquiera de los deseos de su mujer. Para él, el mundo no contenía nada más querido que Clarissa, y aún lo era más al cabo de tres semanas de matrimonio.

-¿No quieres? ¿Estás cansada?

Clarissa trató de rechazar sus temores; en realidad, no eran dignos de ella. Además, se veía claro que Ryamond deseaba entrar.

-No. Claro que debemos visitarla. Dicen que el interior es todavía más fascinante que la fachada.

Pero mientras penetraban en el interior del templo, sumido en una grata penumbra, la inquietud de la joven volvió a presentarse. Unos temores etéreos parecían rodearla y penetrarla, reales aunque impalpables. Se apretó contra Raymond y su firme realidad, tratando de compartir su admiración por los cuadros, las capillas y las imágenes. Juntos contemplaron el enorme y brillante crucifijo que parecía estar suspendido del distante techo, pero la mente de Clarissa no estaba atenta a los comentarios de su joven marido. Pensaba en lo sosegado y solitario de aquel gran monumento. De vez en cuando, veía moverse una o dos formas tan silenciosamente como fantasmas, unos puntitos de luz brillaban lejos, en los oscuros rincones, como estrellas temblorosas en la negrura del espacio. Flotaba por doquier una sensación de paz, pero no la paz de la tranquilidad…
Atravesaron la catedral hacia las capillas laterales donde Raymond se interesó prolijamente en la decoración y los ornamentos. Transcurrió algún tiempo antes de que levantase la mirada y observaba la palidez de su esposa.

-¿Qué te pasa? ¿Estás enferma, querida?
-No –le tranquilizó ella-. No, me encuentro bien.

Era cierto. No le ocurría nada, aparte de aquel arrollador deseo de volver a la familiaridad del ruido, la agitación y la gente.

-Bien, tendremos que marcharnos –dijo Raymond-. Deben estar a punto de cerrar.

Volvieron al pasillo central, en dirección a la salida. El sol se estaba ya poniendo y su luz era muy tenue. Las luces del interior del templo también eran escasas y débiles, pálidos cirios y una o dos lámparas votivas. El ventanal central no era más que una sombra; la forma del portal era invisible. Descuidadamente, Raymond apretó el paso. Clarissa se aferró más fuertemente de su brazo.

-Seguramente no habrán… -empezó a balbucir el joven, pero dejó sin acabar la frase cuando vieron que la doble puerta estaba cerrada.
-No habrán reparado en nosotros, cuando nos hallábamos en una de las capillas –exclamó Raymond con más animación de la que sentía-. Bien, tendremos que llamar.

Pero el ruido de sus puños al aporrear las macizas puertas resultó infantilmente fútil. Aquellos golpes, pese a su fuerza, apenas podían oírse a través de los sólidos maderos. Gritaron los dos a la vez. Sus voces se perdieron en resonancias bajo las bóvedas. El sonido, yendo de pared a pared volvió a ellos, distorsionado, fantasmal.

-No… -le imploró Clarissa-, no grites más. Me asustas.

Raymond calló al momento, pero no quiso admitir en voz alta que también él se asustaba del eco como si estuvieran perturbando cosas que deseaban dormir.

-Tal vez haya otra salida por alguna parte –sugirió con poca esperanza.

Sus tacones resonaron también fuertemente sobre las losas, en su búsqueda. Clarissa ahogó un poderoso impulso de andar de puntillas. Todas las puertas que probaron parecían estar aseguradas con pesados cerrojos, los últimos siempre más resistentes y firmes que los anteriores. Pudieron abrir algunas puertas, pero ninguna conducía al exterior.

-Encerrados –reconoció Raymond enojado cuando volvieron a hallarse delante de la puerta principal-. Todas las salidas están bloqueadas. Temo que nos hemos quedado prisioneros.
Sin convicción, aporreó de nuevo la puerta.

-Pero no podemos quedarnos aquí…

La voz de Clarissa sonó implorante, como una niña que suplica no quedarse sola en la oscuridad. Raymond rodeó su cintura con el brazo y ella se aplastó materialmente contra él.

-Pues es lo que tendremos que hacer. No hay forma de impedirlo. Al fin y al cabo, podría haber ocurrido algo peor. Estamos juntos y completamente a salvo.

-Sí, pero… ¡Oh, bueno, supongo que soy una tonta por estar asustada!
-No tienes nada que temer, cariño. Mira, podemos volver a aquella capilla y ponernos lo más cómodos que podamos, olvidando que existe la vida exterior. Hay cojines en unos sitiales que utilizaremos como almohadas. Como he dicho, hubiera podido ser peor.

Raymond se despertó de repente gracias a un leve movimiento de Clarissa que estaba reclinada contra su brazo.

-¿Qué pasa? –murmuró adormilado.
-¡Chist! Escucha…

La joven escrutó el rostro de su marido cuando éste obedeció, temiendo en parte que él no oyese el ruido, pero esperando, sin embargo, que le demostrase que se trataba de una alucinación auditiva. Raymond se incorporó sobresaltado.
-Sí, lo oigo. ¿Qué diablos…? –consultó su reloj. Era la una y media-. ¿Qué pueden estar haciendo a esta hora?
Escucharon unos instantes en completo silencio. El confuso rumor, procedente de afuera, se aclaró en un canto de absoluta solemnidad. No podían entender las palabras, pero sí la armonía que se elevaba y disminuía como el rumor del lento y embravecido oleaje.
Raymond medio se levantó. Clarissa le asió del brazo, implorante la voz.

-No, no…, no vayas… Es… -calló. Ninguna palabra podía expresar sus sensaciones. También él intuía una especie de aviso. Volvió a dejarse caer sobre el asiento.

Las voces se aproximaban lentamente. El canto proseguía. Ocasionalmente, se elevaba hasta un sonoro acorde para volver al ininterrumpido tono monocorde.

Los dos jóvenes fueron avanzando hasta que sólo un banco de alto respaldo les ocultó de la nave central. Se acurrucaron, atisbando en la penumbra.

Pasó la lenta procesión. Primero, los acólitos con incensarios balanceantes, detrás el portador de una cruz, luego una figura solitaria vistiendo un ropón y caminando delante de una docena de monjes de hábitos pardos, que salmodiaban, sus semblantes apenas iluminados por las luces de los cirios que sostenían. Después, las hermanas de una Orden de hábitos negros, brillantes sus caras, blancas como el papel, como surgiendo de la oscuridad. Otros dos monjes, sujetando con unas cuerdas a una monja solitaria…

Era joven, no sin edad como las demás, pero la hermosura de su rostro estaba bañada en angustia. Relucientes lágrimas de temor y desdicha resbalaban de sus pupilas, cayendo sobre sus ropas. No podía secárselas ni ocultar su rostro ya que tenía los brazos fuertemente atados a la espalda. De cuando en cuando, su voz se elevaba en un clamor asustado por encima de los cánticos. Era un débil grito que se ahogaba en su garganta. Lanzaba miradas a diestro y siniestro y movía la cabeza para mirar a su espalda con inútil desesperación. Dos veces trató de retroceder, tirando sus brazos de las cuerdas. Los dos monjes que la conducían, resistieron sus esfuerzos obligándola a continuar avanzando. Cayó una vez de rodillas, moviendo los labios y contemplando la inmensa cruz que colgaba del techo. Imploraba piedad y perdón, pero las cuerdas la arrastraban implacablemente.

Clarissa se volvió horrorizada hacia su marido. Vio que también él había comprendido y sabía que rito iba a cumplirse. Murmuró algo en voz demasiado baja para que ella lo oyese.

La lenta procesión con su sucesión de cirios se acercó al altar. Todos fueron realizando una genuflexión antes de torcer a la izquierda. La desesperación pareció haber alejado hasta la última brizna de esperanza de la joven monja cuando pasó, cayendo. Raymond estiró el cuello para ver desaparecer la procesión por una puertecita lateral. Luego se volvió a su esposa y le cogió una mano. Ninguno de ambos habló.

Clarissa estaba demasiado emocionada para hablar. Una monja que había quebrantado sus votos. Sí, sabía qué castigo le aguardaba. La pondrían… Se estremeció y asió con más fuerza la mano de Raymond. No podían…, no podían hacerlo. Ahora no. Tal vez cientos de años atrás, sí..., ¡pero no ahora! Mas el recuerdo de sus propias palabras volvió a su mente:

“El pasado parece aquí tan cerca…”

Volvió a estremecerse.

Unos rumores se filtraron por la puertecita hasta la catedral.

Un débil y breve jadeo. Algo entre un estertor y un chillido; una voz que habló luego con sonoro, majestuoso acento:

- In nómine patris, et filii et spiritus sancti…

Un chasquido ahogado. El sonido de la llana sobre la piedra. Clarissa se desmayó.


- Se han ido –le estaba diciendo Raymond-. ¡Vamos, de prisa!
- ¿Qué…? –Clarissa todavía estaba aturdida, demudada.
- Ven conmigo. Todavía podemos salvarla. Allí debe de haber un poco de aire.

Estaba apremiando a Clarissa por la muñeca, arrastrándola fuera de la capilla, hacía la pequeña puerta.

- Pero si vuelven…
- Te repito que se han ido. Les he oído asegurar los cerrojos del portal.
- Pero… -Clarissa estaba aterrada. Si los monjes descubrían que ellos habían sido testigos… ¿Qué pasaría?
- ¡De prisa, o será tarde!

Raymond cogió un cirio de altar y empujó la puerta. Por su tamaño era muy pesada y se abrió lentamente. Raymond descendió apresuradamente los escalones de piedra con Clarissa pegada a sus talones. La cripta era pequeña. Un cirio era suficiente para iluminarla por completo. Los muros laterales eran lisos, pero ellos incidieron sus miradas en el que tenía enfrente. Mostraba la forma de dos nichos llenos, otros tres vacíos, esperando, y un leve parche de piedras recientes y cemento blanco.

Raymond dejó su cirio en el suelo y corrió hacia la reciente obra, buscando al mismo tiempo una navaja en su bolsillo. Clarissa pasó sus uñas por el cemento aún húmedo.

-Afortunadamente, podremos hacer palanca en esta piedra –murmuró Raymond, en medio de sus esfuerzos.

Apretó con los dedos en el borde. La piedra se aflojó y al segundo intento cayó a sus pies con un sordo rumor.

Pero hubo otro rumor en la cripta. Ambos jóvenes se volvieron en redondo para contemplar los inexpresivos ojos de seis monjes.

Por la mañana, sólo quedaba un nicho vacío, esperando.

John Wyndham (1903-1969)




Relatos de John Wyndham. I Relatos góticos.


El análisis y resumen del cuento de John Wyndham: La cripta de la catedral (The Cathedral Crypt) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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