Espíritus que imitan la voz humana.


Espíritus que imitan la voz humana.




«A veces nos alegramos al despertar de un sueño perturbador;
puede ser igual en el instante posterior a la muerte.»
[Nathaniel Hawthorne]


Estas entidades pretenden ser otros espíritus [más poderosos, demoníacos, con nombres grandilocuentes], o incluso personas vivas. Parecen disfrutar engañando, haciéndonos creer que son algo que no son. Algunos se harán pasar por espíritus serviciales, angélicos, amistosos; otros imitarán las voces de quienes viven en la casa. Si bien estas imitaciones pueden ser muy convincentes, siempre hay algo extraño o fuera de lugar.

¿Alguna vez, estando despierto, has escuchado una voz incorpórea, un grito, un susurro, alguien que te llama por tu nombre, a pesar de estar completament solo? [ver: Algo me llamó por mi nombre]

En prácticamente todas las culturas existen leyendas de espíritus, fantasmas y demonios que imitan la voz humana. En general, este fenómeno es considerado como algo negativo, es decir, una señal de la presencia de una entidad maligna. Después de todo, es una forma de engaño.

Dentro de la fenomenología poltergeist, la imitación de voces humanas de fuentes desconocidas forma parte de la etapa de infestación [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]. Esto suele suceder cuando la persona está sola y escucha la voz de un familiar, o incluso la suya, como si estuviera llamándolo desde algún lugar de la casa. Los espíritus que imitan la voz humana siempre utilizan voces de personas que conoces.

Ahora bien, la imitación de voces es una táctica. No constituye una entidad definida que se manifieste exclusivamente de este modo. El mensaje siempre es breve: de dos a cuatro palabras pronunciadas en una ráfaga. En algunos casos poltergeist se han registrado mensajes más largos, incluso conversaciones enteras, pero en general los mensajes cortos son más claros que los largos, como si la imitación fuese perdiendo fidelidad al sostenerse más allá de unas cuantas palabras.

Esta voz imitada de una fuente desconocida suele ir precedida de un sonido seco, como un chasquido. Inicialmente, la persona que escucha reacciona como si alguien conocido lo estuviese llamando o dirigiéndose hacia ella, pero esta sensación dura muy poco, y es sustituída por la inquietud, cuando no directamente por el miedo. La voz de los Imitadores suena más dura que la voz humana, más mecánica, y posee una cadencia inusual, incluso artificial.

La parapsicología tradicional sostiene que, cuando este tipo de entidades hacen notar su presencia de este modo suele ser una señal de que se manifestarán pronto. Pero realmente no hay razones para suponer que los espíritus que imitan la voz humana siempre tengan malas intenciones. De hecho, podrían tratarse de voces del pasado, es decir, huellas auditivas que tienden a repetirse [ver: Escucho sonidos del pasado]. Algunos incluso sostienen que podrían tratarse de deslizamientos de tiempo u otras anomalías espacio-temporales [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

Antes de considerar un origen paranormal hay que descartar explicaciones mundanas como el moho y el monóxido de carbono, que pueden inducir alucinaciones auditivas. Las peronas que tienen hijos [sobre todo las madres] a menudo los escuchan, llamándolos, cuando estos no están en casa, lo cual es perfectamente normal y no tiene nada que ver con «energías» liberadas, sino más bien con un estado de alerta típico que rara vez se relaja cuando hay niños pequeños. Para ser justos, creo que es bastante común escuchar a tu cónyuge llamándote por tu nombre cuando no lo ha hecho. Personas perfectamente cuerdas pueden malinterpretar sonidos, así como encontrar facciones humanas en una mancha de humedad o en el nudo de un tronco de árbol.

Hay casos, sin embargo, donde dos o más personas, al mismo tiempo, escuchan a una tercera, llamándolas, a pesar de estar solas en la casa. Esto también podría tener una causa natural: ambos han confundido un ruido ambiental con la palabra «mamá». Pero las cosas pueden volverse más inquietantes que eso. Podrías escuchar como si uno de los miembros de tu familia dijera tu nombre en voz alta, pero, al responder, se te informa que nadie te ha llamado. Esto puede ocurrír con frecuencia, a cualquier hora del día o de la noche. Incluso podrías despertarte en medio de la noche escuchando una voz conocida susurrándote al oído, abrir los ojos y descubrir que estás solo en tu habitación... [ver: «Estoy aquí»: algo susurra debajo de mi cama]

La mayoría de las experiencias que nos envían al correo electrónico de El Espejo Gótico tienen que ver con estas extrañas experiencias auditivas. A lo largo del tiempo hemos publicado algunas, no muchas; solo aquellas enviadas por personas abiertas a una explicación natural. Cuando alguien afirma que siempre ha experimentado fenómenos paranormales está destruyendo su credibilidad y objetividad. El hecho de que la gente piense que eso hace que su historia sea más creíble, se equivoca. Por el contrario, implica que asume que cada evento extraño en su vida tiene una explicación paranormal, lo cual es una tontería.

Los sentimientos asociados a escuchar una voz no humana están al borde del pánico. No es inquietud, no es extrañeza: es miedo, puro y destilado a través de impulsos instintivos. Todas las alarmas se encienden y no hay forma de desactivarlas. Después de todo, somos homínidos, la última línea genética de un total de nueve ramas que alguna vez caminaron sobre la faz de la Tierra. Sobrevivimos porque somos adaptables, porque, entre otras cosas, somos buenos para detectar sonidos potencialmente peligrosos. Una voz que no es parte de nuestro grupo, una voz que suena muy parecida, pero que no es exactamente la de otro Sapiens, activa los rasgos genéticos dominantes que nos hicieron sobrevivir como especie. A nivel instintivo reaccionamos ante este Otro intrusivo como si nuestra vida dependiera de ello.

La parapsicología tradicional ni siquiera tiene en cuenta todo esto, y habitualmente habla de los espíritus que imitan la voz humana como actividad demoníaca que busca alimentarse del miedo. Si esto fuese así, no habría necesidad de sobresaltarnos. La mayoría de las personas viven en un perpetuo estado de ansiedad y miedo, alimento más que suficiente para satisfacer a toda la hueste de demonios del Malleus Maleficarum. La hipótesis, sin embargo, es que existen entidades demoníacas que imitan la voz de alguien con quien vives. Lo escucharás decir tu nombre, o alguna otra forma de dirección que sea común en la persona imitada. Según esta creencia, el Imitador hace esto para incitar al miedo, que es un tipo de energía de la cual se alimenta. Cuanto más le temes, más fuerte se vuelve.

En el esoterismo los demonios son descritos como criaturas extremadamente ignorantes y reactivas. En el mejor de los casos pueden imitarnos pero de un modo burlón, sin poder hacerse pasar por alguien que conoces. A pesar de ser brutos descerebrados [al menos así se los describe] hacen un buen trabajo en aparentar inteligencia. Se esconden en el mimetismo, en la imitación, porque no pueden ir más lejos que eso sin consentimiento. Si lo obtienen, se sincronizan con la mente de su víctima y usan su lógica y lenguaje para imitar su monólogo interior y de ese modo enmascarar pensamientos intrusivos. Por sí solos no son capaces de mucho, por lo que adoptan esta naturaleza parasitaria de adherirse a los humanos y alimentarse de ellos [ver: Cómo y por qué algunas entidades se «pegan» a las personas]

Los espíritus que imitan la voz humana, en el folclore, suelen confundirse con el concepto de doppelgänger [doppel, «doble»; y gänger, «caminante», «acompañante»]. Es un término ubicuo en la ficción de terror, pero relativamente reciente; de hecho, se popularizó gracias al libro de Catherine Crowe: El lado nocturno de la naturaleza (The Night-Side of Nature, 1848) [ver: Los gusanos astrales de Catherine Crowe]. Las historias de encuentros con doppelgängers tienden a ser simples, básicamente presagios de muerte. Cuando alguien se encuentra con su Doble, o con el doppelgänger de alguien más, es señal de que la persona duplicada morirá en poco tiempo. Si alguien veía a una persona parecida a ti en la calle probablemente asumía que te quedaba poco tiempo [ver: ¿Quién es el doppelgänger?]

Se dice que Percy Shelley, esposo de Mary Shelley, a menudo se encontraba consigo en la vía pública cada vez que estaba enfermo. Algo similar le sucedía a Goethe.

Más cercano al concepto imitadores es el Fetch, que también es un imitador como el doppelgänger, pero cuyas apariciones son menos evidentes, y a veces sólo auditivas. El Fetch no siempre es un presagio de muerte. Encontrarse con él, en ciertas circunstancias, es una reconfortante señal de una larga vida por delante. El Fetch británico tiende a ser más insustancial, como una sombra o simplemente una voz imitada. Si uno escucha la voz de un Fetch [que suena como la propia voz] durante el día, no hay mayores inconvenientes. Escuchar a un Fetch por la noche es más preocupante: no vivirás para ver una nueva primavera. Es el inicio de una cuenta regresiva.

Originalmente, las leyendas sobre el Fetch eran más siniestras todavía. Hay historias de personas que se despiertan en medio de la noche y se dan cuenta de que hay alguien más en su cama [cuando deberían estar solas]. Si confrontas al Fetch, es decir, si no lo ignoras, lo verás con la forma que eventualmente tendrá tu cadáver. La idea de encontrarse con la copia cadavérica de uno mismo no es agradable, pero supongo que, después de los gritos iniciales y de despertar al resto de las personas en la casa, tienes una historia interesante para contar.

En el folclore celta, las Banshees poseen algunas similitudes con los Imitadores. La presencia de estas entidades a menudo se anuncia a través de voces, gritos de una mujer, silbidos, toses, gritos y pies desnudos corriendo. Según la tradición, las Banshees gritan tu nombre a tu espalda y te piden que te des la vuelta [ver: Siento que hay alguien detrás mío]

Los espíritus que imitan voces humanas se han urbanizado durante el siglo pasado. Anteriormente estas historias estaban asociadas a las poblaciones cercanas a los bosques. Muchas brujas medievales fueron acusadas de imitar el desesperante pedido de ayuda de un niño, o el llanto de un bebé, para atraer a los incautos al interior del bosque. Algunos grimorios sostienen que, en la misa negra, la bruja que sacrificaba el corazón del incauto conseguía que su propia vida se prolongara durante el tiempo que la víctima debería haber vivido.

Volviendo a la parapsicología, es un error asumir que los Imitadores son fantasmas. Estos últimos son seres estacionarios, fijados a un lugar determinado. Podemos pensar en ellos como una especie de holograma que se repite [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones»?]. No son conscientes de su entorno, ni son capaces de interactuar con los vivos. Los Imitadores, en cambio, parecen reaccionar, y cada manifestación es seguida por un período más o menos largo de inactividad, como si el hecho de comunicarse les demandara una enorme cantidad de energía. Algunos teósofos, como Annie Besant, sostienen que esta «energía» es obtenida de ambientes cargados de negatividad. Discusiones, violencia [según Besant], liberan la energía que estas entidades necesitan para manifestarse, lo cual empeora la actividad durante un período de tiempo [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]. En este contexto, estos seres imitan a las personas con el objetivo final de suplantar sus pensamientos con los propios, haciendo que se sientan retraídas, fatigadas mentalmente y enfermas físicamente.

Ahora bien, la voz del Imitador se oye como si efectivamente proviniera de algún lugar de la casa; en general, el dormitorio. Es decir, no se oye como si sonara en tu cabeza. Podemos pensarlo como la diferencia entre auriculares y parlantes. Los auriculares se sienten como si el sonido estuviera principalmente en tu cabeza, mientras que los parlantes nos permiten localizar el sonido en una fuente externa.

La voz imitada es distinta de la voz humana normal. Posee un ritmo inusual, y distinguir las palabras no es algo que se pueda lograr fácilmente. Las voces pueden hablar bastante rápido, pero no siempre siguen las reglas gramaticales; en ocasiones incluso deben invertirse para que tengan sentido. Si bien los Imitadores utilizan patrones lingüísticos similares a los de la voz humana para construir su discurso, pueden sonar como una sucesión de sonidos aleatorios, sin pausa. Todo esto resulta razonable teniendo en cuenta que las vibraciones de las cuerdas vocales humanas están ausentes aquí. En esencia, son imitaciones que solo en una primera instancia resultan creíbles. La persona reacciona al escuchar lo que parece ser alguien conocido, pero rápidamente descubre que no es así.

Hay una omisión parcial o total de consonantes en esas voces, una distorsión de la armonía. A veces consiguen imitar el tono de voz de alguien, pero no el ritmo y la cadencia de su discurso, por lo que resultan bastante aterradoras. Al parecer, los espíritus que copian la voz humana prefieren manifestarse cuando hay algo de ruido ambiental en lugar de un silencio total. Como decíamos anteriormente, la voz es precedida por una especie de chasquido o clic de origen desconocido.

Si el espíritu copia la voz de una persona viva, la experiencia puede desestimarse como un lapsus, pero cuando se oye la voz de una persona fallecida entran a jugar otras consideraciones. Si estas voces son, en realidad, las de la persona fallecida, debemos presuponer que alguna forma de conciencia sobrevive a la muerte física, que conserva ciertas características del difunto, y que es capaz de comunicarse [ver: Un espíritu está tratando de comunicarse conmigo]. Son muchas presunciones, pero de eso se trata la Hipótesis de Trans-Supervivencia. Este modelo supone que, después de la muerte, la persona todavía existe con su personalidad y recuerdos, pero en una forma que requiere de un tercero [vivo] para formar un enlace con el plano físico. Este es un proceso similar a otros métodos tradicionales para comunicarese con los muertos, como la mediumnidad, las sesiones de espiritismo y el tablero Ouija [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]

Desde Allan Kardec hasta el presente, se han registrado una colosal cantidad de supuestos «mensajes» de ultratumba, pero estos no difieren demasiado de lo que podría decirnos alguien biológicamente vivo. La descripción de «la vida después de la muerte» obtenida [supuestamente de primera mano] a través de diversas interfaces [psicofonías, mediums, Ouija, sesiones espiritistas] con aparente detalle y descripción, en realidad no aportan nada sustancial. Esto, por supuesto, tiene una conveniente explicación. Al parecer, existe una estricta jerarquía en el mundo espiritual, y las entidades desencarnadas que se sí comunican están sujetas a reglas sobre lo que se les permite o no discutir con nosotros.

Esto resulta paradójico, porque censurar aquella información que nos permitiría tener una certeza absoluta sobre el mundo espiritual equivale a permitir únicamente mensajes irrelevantes. Es como si recibiéramos el llamado de un explorador de la Antártida que se rehusara a hablar de cualquier cosa relacionada con su viaje, estancia, clima o vicisitudes de su aventura.

Ante la negativa de los espíritus de aportar algo sustancial sobre su existencia, el peso de lo paranormal recae sobre la subjetividad de los vivos. Hay personas bienintencionadas que sencillamente están predispuestas a interpretar que cada suceso extraño que experimentan es paranormal, incluidas las percepciones auditivas anómalas. De hecho, la tendencia a encontrar patrones en sonidos aleatorios es una cuestión muy humana, acaso una ventaja evolutiva para la supervivencia. Escuchar lo que podría ser un potencial depredador nos permite activar el instinto de lucha o huída. El problema es que también podemos encontrar patrones donde no los hay. Esto se conoce como apofenia, que consiste en percibir conexiones y patrones en sucesos aleatorios. Es decir que una persona perfectamente sincera y honesta puede ver conexiones donde no las hay, y darle al resultado un significado que, por supuesto, es absurdo [ver: El verdadero significado de los fantasmas]

Cada vez que alguien comparte su experiencia personal conmigo, vía mail, siempre trato de partir desde una explicación mundana. Pero el «creyente» rara vez acepta algo que contradiga su creencia. Si está seguro de haber escuchado la voz de su madre muerta llamándolo por su nombre, me parece perfectamente respetable. Pero desde este lugar siempre intentaremos discriminar entre los eventos internos y externos, que muchas veces pueden explicar las cosas sin la intervención de espíritus, por ejemplo, el proceso de subvocalización. Este ocurre, sobre todo, cuando leemos, aunque puede ocurrir en otras circunstancias en la que el lenguaje se reproduzca como parte de un proceso mental. Todos hemos visto a alguien inmerso en un libro mientras sus labios se mueven ligeramente. La laringe y las cuerdas vocales también pueden moverse como si la persona realmente estuviera hablando, y esto puede ir acompañado de alucinaciones auditivas.

Pero también hay elementos racionales para apoyar una explicación sobrenatural. ¿Por qué las voces de los espíritus suenan «extrañas»? Se ha sugerido que la unidad más pequeña en el habla humana es el fonema, sin embargo, el habla es tan rápida que es imposible distinguir fonemas individuales. En cambio, reconocemos patrones de sonido. Es por eso que cuando alguien se equivoca al hablar podemos distinguirlo rápidamente, y también notar cuando el flujo de palabras es «extraño». Por otro lado, las vocales están bien definidas en el abecedareio, pero en el habla normal su pronunciación varía según las consonantes que las preceden y suceden. Estos pequeños detalles hacen que un discurso suene normal y fluido o completamente artificial. Y, cuando es artificial, es no humano.

Nada de esto explica que las voces imitadas que la gente asegura escuchar generalmente son llamados por un nombre propio, o palabras sueltas como «mamá», «ayúdame» [o súplicas en variates locales] y «frío». ¿Puede un espíritu tener la sensación física de frío? ¿No es necesario un sistema nervioso para eso? Podemos esbozar un par de razonamientos provisionales. Una explicación podría ser es que la última sensación que muchas personas tendrían al momento de morir es frío. ¿Esta sensación puede persistir más allá del plano terrestre? Dante, en La Divina Comedia, escribe que, de los nueve círculos del infierno, el noveno, y el más bajo, es el Lago de Hielo. La teoría astral también supone que hay diferentes niveles en el mundo espiritual, y que el más bajo es húmedo, lúgubre, miserable y frío.

La teosofía reconoce siete planos espirituales, siendo el primero el más bajo y el séptimo el más alto. Incluso Pablo, en la Biblia, habla de un «tercer cielo». En cualquier caso, los espíritus en el plano más bajo y denso, y por lo tanto más próximo al físico, no la pasan precisamente bien. Algunos, de hecho, se sienten encerrados en una especie de limbo donde pueden experimentar todos los deseos humanos pero la incapacidad física de satisfacerlos. Imaginemos sentir hambre, frío, sueño, y no poder hacer nada para aliviarnos.

El espiritismo sostiene que el mundo de los espíritus está repleto de impostores ansiosos por interactuar con los seres humanos; tal es así que las voces que nos hablan desde el más allá tienen sus características individuales, como las voces humanas, pero no suenan como las voces de amigos o seres queridos tal como los recordamos. En las sesiones espiritistas medianamente responsables [en las que no se presenta Beethoven o Napoleón] los espíritus suelen ser bastante infelices. Aquellos que saben que están muertos [y no todos reconocen este hecho], prefieren continuar en ese estado miserable y no avanzar hacia lo desconocido [ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?]. Si se les intenta convencer de seguir adelante, asegurándoles que amigos y familiares los esperan en el siguiente plano, responden con resignación. ¿Por qué?

La teosofía especula que estos espíritus son demasiado densos, es decir, demasiado apegados a lo terrenal, por lo que están aterrorizados de pasar al siguiente nivel. Tratar de erradicarlos a través de algún ritual de destierro solo empeora la situación. A menos que un espíritu [que fue humano] esté listo para abandonar un lugar, cualquier intento de desterrarlo por la fuerza sólo tendrá resultados temporales. Una muerte rápida, violenta e inesperada, parece desencadenar algo en algunas personalidades que les hace permanecer en el lugar donde murieron, o cerca de las personas que quisieron.

Otra hipótesis es que este tipo de espíritus no se han dado cuenta de que han muerto. Saben que algo ha cambiado, pero están confundidos y no pueden entender porqué. Todo sigue igual que antes, pero se preguntan por qué los demás parecen no darse cuenta de su presencia.

Desde tiempos inmemoriales se cree en estas «almas estancadas» o espíritus que permanecen apegados al plano físico; en cierto modo, atrapados por las circunstancias de su muerte. Algunos creen que estas entidades a menudo exhiben conciencia de sí mismos [o un simulacro de conciencia] y son capaces de interactuar con los vivos. H.P. Blavatsky y C.W. Leadbeater afirman que estos seres no son exactamente quienes fueron en vida, sino más bien una parte que queda atrás, un cadáver astral, si se quiere, que de alguna manera conserva cierta inteligencia y una porción de sus recuerdos [ver: El Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás]

Para finalizar digamos que «escuchar voces» cuando estás solo, o que no pueden ser escuchadas por otras personas a tu alrededor, no es necesariamente un signo paranormal, y tampoco una señal de enfermedad mental. Como suceso aislado, es una experiencia humana relativamente común. Tal vez escuches a alguien decir su nombre, probablemente mientras estás quedándote dormido. Es un evento común y probablemente no sea motivo de preocupación. Sin embargo, si escuchas voces desagradables, amenazantes, manipuladoras o maliciosas, entonces es hora de contactar a un profesional de la salud mental.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


Más Consultorio Paranormal:
El artículo: Espíritus que imitan la voz humana fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción, enviar consultas o compartir tu experiencia, escríbenos a elespejogotico@gmail.com

3 comentarios:

NITO dijo...

Hola Seabastian!. Este párrafo:-"...implica que asume que cada evento extraño en su vida tiene una explicación paranormal, lo cual es una tontería", es acertadísimo!
Si se ve una sábana volando, lo primero que hay que asumir es que NO ES UN FANTASMA!, asino tratar de buscar una explicación racional, luego, una vez decantado lo probable, lo que queda es LO IMPROBABLE! Allí sí, empecemos recién a buscar hechos paranormales!

Sebastian Beringheli dijo...

Exacto. O al menos permitirse dudar sobre una posible explicación natural. Se asumen demasiadas cosas en este tema.

Gabriel dijo...

Hola justo me metí en esta pagina para leer sobre esto porque primero a mi mamá le pasó que ella un día de noche estaba sola con mis hermanos más pequeños de 10 y 6 años y escucharon la voz idéntica de mi papa que la llamaba a ella por su nombre como hace mi papá y abrió la puerta y no había nadie allí. Mi papá estaba conmigo y mi otro hermano mayor en el gimnasio cuando ocurrió ese hecho.
Y anoche le paso a mi papá sintió un silbido idéntico al de mi hermano y salió afuera a encontrarlo y no había nadie y mi hermano estaba durmiendo en su habitación.



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Taller gótico.
Poema de Lord Byron.
Relato de Mary Elizabeth Counselman.

Análisis del poema de Dylan Thomas.
Sobre ruidos paranormales intensos.
Relato de Shirley Jackson.