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"Hermosa Elenor": William Blake; poema y análisis

Hermosa Elenor (Fair Elenor) es un poema de amor del escritor inglés William Blake (1757-1827), publicado en la antología de 1783: Bosquejos poéticos (Poetical Sketches).

Escondido en su vasto repertorio de mitos imaginarios William Blake nos dejó uno de los mejores poemas de amor del romanticismo inglés.

Hermosa Elenor relata la historia de una muchacha llamada Elenor, profundamente angustiada y deprimida por la pérdida de su señor, quien vaga por los lóbregos pasillos de la torre buscando una respuesta para justificar tanto dolor.

Envuelto en aquella penumbra surgirá un ser incierto, un espectro, quizás, que porta un siniestro obsequio.

Presa del espanto y el estupor, Elenor huye hacia la seguridad de su alcoba con su singular regalo: un simple paño que recubre algo aún más horroroso que la faz indescriptible del fantasma.





Hermosa Elenor.
Fair Elenor, William Blake (1757-1827)

La campana dio la una estremeciendo la torre silenciosa.
Las tumbas entregan sus muertos: la hermosa Elenor
ha pasado junto al portal del castillo y, deteniéndose,
mira a su alrededor.
Un lamento sordo recorrió las siniestras bóvedas.

Gritó fuerte y rodó por los peldaños.
Sus mejillas pálidas dieron contra la roca yerta.
Nauseabundos olores de muerte
escapan como de un lóbrego sepulcro.
Todo es silencio, salvo el suspiro de las bóvedas.

La helada muerte retira su mano, y la doncella revive.
Asombrada se encuentra de pie,
y como ágil espectro, por estrechos corredores anda,
sintiendo el frío de los muros en sus manos.

Retorna la fantasía y piensa entonces en huesos,
en cráneos que ríen,
y en la muerte corruptora envuelta en su mortaja.
No tarda en imaginar hondos suspiros,
y lívidos fantasmas que por allí se deslizan.

Al fin, no la fantasía, sino la realidad,
atrae su atención. Un ruido de pasos,
de alguien que corre, se acercan. Ellen se detuvo
como una estatua muda, helada de terror.

El condenado se acerca gimiendo: "El mal está hecho;
toma esto y envíalo por quien fuere.
Es mi vida. Envíalo a Elenor.
¡Muerto está, pero clama tras de mí, sediento de sangre!"

¡Toma!, exclamó, arrojando a sus manos
un paño húmedo y envuelto. Luego huyó
gritando. Ella recibió en sus manos
la pálida muerte y le siguió en alas del espanto.

Atravesaron presurosos las rejas exteriores.
El desdichado, sin dejar de ulular, saltó el muro, cayendo al foso
y ahogándose en el cieno. La hermosa Ellen cruzó el puente
y oyó entonces un tétrica voz que preguntaba: ¿Lo has hecho?

Como herida y frágil gacela, Ellen corre
por la llanura sin caminos. Como aérea flecha nocturna
hacia la destrucción, desgarrando la oscuridad,
huye del terror hasta volver al hogar.

Sus doncellas la esperaban. Sobre su lecho cae,
aquel lecho de alegrías donde en otro tiempo su Señor
la abrazara.
¡Ah, espanto de mujer!, exclamó, ¡Ah, maldecido duque!
¡Ah, mi amado Señor! ¡Ah, miserable Elenor!

¡Mi Señor era como una flor sobre las sienes
del lozano mayo! ¡Ah, vida, frágil como la flor!
¡Oh, lívida muerte! ¡Aparta tu mano cruel!
¿Pretendes acaso que florezca para adornar
tus horribles sienes?

Mi Señor era como una estrella en lo alto de los cielos,
arrastrada a la Tierra mediante hechizos y conjuros;
mi Señor era como los ojos del día al abrirse,
cuando la brisa de occidente danza sobre las flores.

Pero se oscureció. Como el mediodía estival,
se nubló; cayó como el majestuoso árbol talado;
moró entre sus hojas el aliento de los cielos.
¡Oh, Elenor, débil mujer abatida por el infortunio!

Tras hablar así levantó la cabeza,
viendo junto a ella el ensangrentado paño
que sus manos trajeron. Entonces, diez veces
más aterrada, vio que sólo se desenvolvía.

Su mirada estaba fija. La sangrante tela se abre
descubriendo a sus ojos la cabeza
de su amado señor; amarillenta y cubierta
de sangre seca, la cual, tras gemir, así habló:

Oh, Elenor, soy lo que queda de tu Señor
que; mientras reposaba sobre las piedras
de la lejana torre,
fue privado de la vida por el miserable duque.
¡Un villano mercenario cambió mi sueño en muerte!

¡Oh, Elenor, cuídate del perverso duque!
No le des tu mano, ahora que muerto yazgo.
Tu amor busca quien, cobarde y al amparo de las sombras
invita rufianes para arrebatarme la vida.

Ella se dejó caer con miembros yertos,
rígida como la piedra.
Tomando la ensangrentada cabeza entre sus manos,
besó los pálidos labios. No tenía lágrimas que derramar.
La llevó en su seno y lanzó su último gemido.


THE BELL struck one, and shook the silent tower;
The graves give up their dead: fair Elenor
Walk’d by the castle gate, and lookèd in.
A hollow groan ran thro’ the dreary vaults.

She shriek’d aloud, and sunk upon the steps,
On the cold stone her pale cheeks. Sickly smells
Of death issue as from a sepulchre,
And all is silent but the sighing vaults.

Chill Death withdraws his hand, and she revives;
Amaz’d, she finds herself upon her feet,
And, like a ghost, thro’ narrow passages
Walking, feeling the cold walls with her hands.

Fancy returns, and now she thinks of bones
And grinning skulls, and corruptible death
Wrapp’d in his shroud; and now fancies she hears
Deep sighs, and sees pale sickly ghosts gliding.

At length, no fancy but reality
Distracts her. A rushing sound, and the feet
Of one that fled, approaches.—Ellen stood
Like a dumb statue, froze to stone with fear.

The wretch approaches, crying: ‘The deed is done;
Take this, and send it by whom thou wilt send;
It is my life—send it to Elenor:—
He’s dead, and howling after me for blood!

‘Take this,’ he cried; and thrust into her arms
A wet napkin, wrapp’d about; then rush’d
Past, howling: she receiv’d into her arms
Pale death, and follow’d on the wings of fear.

They pass’d swift thro’ the outer gate; the wretch,
Howling, leap’d o’er the wall into the moat,
Stifling in mud. Fair Ellen pass’d the bridge,
And heard a gloomy voice cry ‘Is it done?’

As the deer wounded, Ellen flew over
The pathless plain; as the arrows that fly
By night, destruction flies, and strikes in darkness.
She fled from fear, till at her house arriv’d.

Her maids await her; on her bed she falls,
That bed of joy, where erst her lord hath press’d:
‘Ah, woman’s fear!’ she cried; ‘ah, cursèd duke!
Ah, my dear lord! ah, wretched Elenor!

‘My lord was like a flower upon the brows
Of lusty May! Ah, life as frail as flower!
O ghastly death! withdraw thy cruel hand,
Seek’st thou that flow’r to deck thy horrid temples?

‘My lord was like a star in highest heav’n
Drawn down to earth by spells and wickedness;
My lord was like the opening eyes of day
When western winds creep softly o’er the flowers;

‘But he is darken’d; like the summer’s noon
Clouded; fall’n like the stately tree, cut down;
The breath of heaven dwelt among his leaves.
O Elenor, weak woman, fill’d with woe!’

Thus having spoke, she raisèd up her head,
And saw the bloody napkin by her side,
Which in her arms she brought; and now, tenfold
More terrified, saw it unfold itself.

Her eyes were fix’d; the bloody cloth unfolds,
Disclosing to her sight the murder’d head
Of her dear lord, all ghastly pale, clotted
With gory blood; it groan’d, and thus it spake:

‘O Elenor, I am thy husband’s head,
Who, sleeping on the stones of yonder tower,
Was ’reft of life by the accursèd duke!
A hirèd villain turn’d my sleep to death!

‘O Elenor, beware the cursèd duke;
O give not him thy hand, now I am dead;
He seeks thy love; who, coward, in the night,
Hirèd a villain to bereave my life.’

She sat with dead cold limbs, stiffen’d to stone:
She took the gory head up in her arms,
She kiss’d the pale lips; she had no tears to shed;

She hugg’d it to her breast, and groan’d her last.

William Blake (1857-1827)







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El resumen, análisis y traducción al español del poema de William Blake: Hermosa Elenor (Fair Elenor) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a: elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

Gitana dijo...

Me enamoré de este poema...

Luna (darkpoetry) dijo...

sin duda alguna no me esperaba ese final.. O_O muy buen poema.. era de esperarse siendo de william blake