Miedo a lo Desconocido: Lovecraft y «la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad»


Miedo a lo Desconocido: Lovecraft y «la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad»




«La emoción más antigua y más fuerte de la humanidad es el miedo,
y el más antiguo y más fuerte de los miedos es el miedo a lo desconocido


Esta frase de Lovecraft desnuda una de sus principales preocupaciones: la aceptación del Horror como literatura seria, como arte. La frase completa, que forma parte del ensayo crítico de 1927: El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature), dice:


«La emoción más antigua y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más fuerte de los miedos es el miedo a lo desconocido. Estos hechos pocos psicólogos se atreverán a cuestionar, y su verdad admitida debe establecer para siempre la autenticidad y dignidad del cuento extraño como forma literaria.»


La élite literaria siempre ha tenido una mirada despreciativa del Horror, y por lo tanto de los autores del género. Lovecraft, desde una perspectiva antropológica, responde afirmando que «la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad», el «miedo», justifica «la dignidad del cuento extraño». En cierto modo, Lovecraft sostiene que el Miedo representa una verdad primaria, por lo que es natural que la literatura «seria» la desprecie: la verdad no sólo es dolorosa, sino también repugnante, fea. El Horror, cómo género, es una ventana a esa verdad.

El Flaco de Providence abre su ensayo afirmando que el Miedo es una parte fundamental de la psique humana y que merece ser explorada en la literatura; sin embargo, debido a la naturaleza desagradable de la verdad, es evitada por autores, académicos y críticos «serios», quienes no tienen escrúpulos en determinar qué temas son dignos de expresión artística y cuáles son basura.

En esta búsqueda personal de verdad artística, Lovecraft se preocupó por la psicología del miedo, más precisamente por aquellas cosas que vibran en la misma frecuencia «con el más antiguo y más fuerte de los miedos»: el «miedo a lo desconocido». En este contexto, «lo desconocido», para Lovecraft, puede desmenuzarse como la «violación del orden de la naturaleza», y sólo puede abordarse a través de una mitología. En El Horror de Dunwich (The Dunwich Horror), por ejemplo, intenta establecer al cuento extraño como una forma lícita de mitología moderna. El epígrafe de la historia, tomado del libro de Charles Lamb: Brujas y miedos nocturnos (Witches and Night Fears), advierte:


«Las Gorgonas, las Hidras y las Quimeras pueden reproducirse en el cerebro de la superstición, pero ya estaban allí antes. Son transcripciones, tipos; los arquetipos están en nosotros y son eternos. ¿De qué otra manera podría llegar a afectarnos la enumeración de lo que sabemos que es falso? ¿Es que naturalmente concebimos el terror ante tales objetos, considerados en su capacidad de infligirnos daño? ¡Oh, en absoluto! Estos terrores son de larga data. Datan más allá del cuerpo (...) Que el tipo de temor aquí tratado sea puramente espiritual, que sea fuerte en la proporción en que carece de objeto en la tierra, que predomine en el período de nuestra infancia sin pecado, son dificultades cuya solución podría proporcionar alguna idea probable de nuestra situación anterior, y un vistazo a la tierra de sombras de la preexistencia.»


Charles Lamb, al igual que Lovecraft, afirma que «los arquetipos están en nosotros y son eternos», que estas historias mitológicas de «Gorgonas, Hidras y Quimeras» nos afectan a pesar de que la sociedad nos ha enseñado que son meras supersticiones. «Son transcripciones» de algo fundamental, algo arraigado en «nuestra infancia sin pecado», individual y colectiva, un «vistazo a la tierra de sombras de la preexistencia». En otras palabras, si la razón asegura que no hay nada que temer de estos símbolos arcanos, ¿por qué les tememos?

En El horror sobrenatural en la literatura, Lovecraft conjetura que «la incertidumbre y el peligro siempre están estrechamente relacionados», por lo tanto, lo Desconocido siempre es visto como algo peligroso. No obstante, somos seres humanos, y uno de nuestros atributos es la curiosidad. Por un lado, heredamos el Miedo a lo Desconocido de nuestros ancestros; por el otro, temblamos de asombro y curiosidad «al pensar en los mundos ocultos e insondables de vida extraña que pueden palpitar en los abismos entre las estrellas, o presionar horriblemente sobre nuestro propio globo en dimensiones impías que sólo los muertos y los lunáticos pueden vislumbrar.»

A lo largo de toda su obra, Lovecraft abordó al Horror como Mito, y defendió al relato de terror como un componente auténtico tanto de la literatura como de la sociedad. Si el lado luminoso de los Mitos representa la realización del deseo colectivo de una post-vida en los Campos Elíseos, el Olimpo, el Valhalla, el Cielo cristiano, el lado oscuro [el Horror] representa lo opuesto: la realización de una pesadilla.

Estas dos facetas pueden encontrarse en las ideas de Sigmund Freud sobre los sueños como medios de expresión de nuestros deseos y miedos reprimidos. Estos dos aspectos de los sueños, cuando se proyectan en la vigilia, se convierten en la base de la Fe y el Horror, respectivamente.

Por supuesto, Lovecraft no fue el primero, ni el único, en sostener su creencia en el ímpetu del «Miedo a lo Desconocido». En el Japón del siglo XVII, Miyamoto Musashi escribió en El Libro de los Cinco Anillos (Go-rin no sho): «El miedo reside en todas las cosas, y el corazón del miedo está en lo inesperado». Séneca, en Cartas de un Estoico (Epistulae Morales ad Lucilium), relaciona al miedo con la ansiedad, más concretamente con el impulso de proyectar nuestros pensamientos hacia el futuro [«lo Desconocido»] en lugar de adaptarnos al presente [lo Conocido].

El Flaco de Providence fue uno de los primeros autores en entender que el Miedo a lo Desconocido debe integrar tanto el peligro físico como el espiritual. Después de todo, el miedo es una respuesta básica de supervivencia para la mayoría de los organismos vivos. Incluso organismos muy simples, como insectos y gusanos, exhiben una respuesta o reacción ante un posible peligro. El miedo físico, es decir, el miedo como reacción ante una amenaza física, es el resultado de información sensorial procesada por nuestro cerebro. Podemos ver, oír o sentir algo potencialmente peligroso que activa nuestra «emoción más antigua y más fuerte». En términos evolutivos, Lovecraft está en lo cierto. Pero, ¿qué sucede con otro tipo de miedo, un miedo que no está condicionado por una reacción ante una potencial amenaza física?

El lector de El Espejo Gótico aficionado a la filosofía bien podría afirmar que el Miedo a lo Desconocido es la definición de miedo mismo. Sin embargo, somos capaces de sentir miedo por algo conocido y perfectamente identificable, como un sujeto con un cuchillo; o cuestiones más mundanas, como hablar en público o interactuar con personas extrañas. Lo Desconocido, en estos casos, radica en el resultado de tales situaciones, y no tiene peso en la emoción propiamente dicha. Quiero decir, podemos desconocer si el tipo con el cuchillo quiere matarnos, herirnos o robarnos sin hacernos daño. El resultado es desconocido, pero la incertidumbre no es un requisito para este tipo de miedo. Si el miedo evolucionó originalmente como una respuesta a estímulos amenazantes, se necesita un estímulo para sentir miedo.

El Miedo a lo Desconocido de Lovecraft va más allá. Apoya un pie sobre las ideas de Séneca sobre la ansiedad como producto de una adaptación que nos permite sentir miedo por cosas sobre las que no tenemos indicios ni estímulos externos amenazantes. Ahora bien, para producir este efecto de Miedo a lo Desconocido, es esencial mantener su causa en la incertidumbre. Si los horrores insinuados en la historia se explican al final por medios naturales [o sobrenaturales] lo Desconocido pasa a ser Conocido, o al menos concebible. Para Lovecraft, estas historias pueden ser excelentes, siempre que posean «toques atmosféricos que cumplan todas las condiciones de la verdadera literatura de terror sobrenatural». Por lo tanto, uno puede encontrar el más puro y auténtico Horror en una obra que no tiene esa intención, pero que logra alcanzar el «nivel emocional» indispensable.

La frase de Lovecraft ahonda en las emociones primarias que han dado forma a nuestra existencia desde el amanecer de los tiempos. Sostiene que el Miedo, la emoción más antigua y robusta, estira sus raíces en el territorio de lo Desconocido. Para descifrar esta idea es necesario devanar la compleja relación entre el miedo y el enigma de lo que se encuentra más allá de nuestra comprensión.

La afirmación de Lovecraft de que el miedo es «la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad» establece un origen primario, pre-racional; por lo tanto, pertenece a la esfera de las respuestas instintivas que han sido cruciales para nuestra supervivencia, alertando a nuestros antepasados sobre amenazas concretas pero también potenciales. El Miedo a lo Desconocido ha continuado a lo largo de generaciones, evolucionando en complejidad pero conservando su propósito original: no constituye simplemente una reacción ante un peligro inmediato, sino una respuesta a la ambigüedad y la incertidumbre que caracterizan a los territorios desconocidos.

El Miedo a lo Desconocido, entonces, trasciende las amenazas tangibles del mundo físico y se extiende mucho más allá, hacia los reinos de la noche, la muerte, las estrellas, planos de posibilidades inexploradas y resultados imprevistos. En este sentido, lo Desconocido tiene un potencial ilimitado.

La cita de Lovecraft invita a la contemplación de los límites de nuestra comprensión. Funciona como un lienzo en blanco donde las conjeturas, la especulación y la imaginación, todas ellas hijas de la curiosidad, pueden correr libremente. Lo Desconocido ejerce una extraña fascinación sobre nosotros, lo cual nos coloca en el centro de dos extremos en tensión. Por un lado, sentimos un deseo innato por desentrañar lo Desconocido; por el otro, poseemos un instinto igualmente fuerte por preservar nuestra integridad física, que sólo puede lograrse en el extremo opuesto: lo familiar.

En la actualidad, el Miedo a lo Desconocido no necesariamente tiene que estar asociado a lo sobrenatural. Resuena en varios aspectos de la experiencia humana ordinaria, por ejemplo, manifestándose en las ansiedades asociadas con el futuro, el crecimiento personal, nuevas relaciones; en esencia, con la impredecible trayectoria de la vida. En términos psicoanalíticos, el Miedo a lo Desconocido puede asociarse al temor al cambio.

En efecto, el Miedo es «la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad» porque está relacionada con nuestro instinto de supervivencia; está grabado tanto en nuestro sistema nervioso como en nuestro subconsciente. Sin embargo, con el tiempo empezó a suceder algo extraño: las amenazas físicas que nuestros ancestros enfrentaron a diario comenzaron a disminuir a medida que obtuvimos control sobre nuestro entorno. Pero, en lugar de disminuir, nuestros temores comenzaron a multiplicarse. Empezamos a preocuparnos por nuestro estatus en la sociedad, por nuestros proyectos personales; nos volvimos ansiosos por nuestros medios de vida, el futuro de nuestros hijos, nuestra salud; etc. En lugar de un miedo intenso por una serie de amenazas concretas desarrollamos una especie de ansiedad generalizada.

Este es el punto de apoyo sobre el cual opera el Horror.

Todos conocemos esa emoción, ¿verdad? Esa sensación de vacío en la boca del estómago cuando intuímos algo que nos inquieta por razones que no podemos explicar del todo. Es probable que lo hayas sentido en la infancia, por ejemplo, cuando tus padres tardaron más de la cuenta en recogerte de la escuela, o cuando las luces de tu cuarto se apagaban y debías enfrentarte, solo, a tus propios demonios. «El más antiguo y más fuerte de los miedos es el miedo a lo desconocido», afirma Lovecraft, y esto podría aplicarse a nuestra última analogía. ¿Por qué los niños prefieren dormir con la luz encendida? Para disipar la oscuridad, lo Desconocido, y traerlo de vuelta al ámbito de lo familiar [ver: «Night-Gaunts»: las pesadillas infantiles de Lovecraft]

Lovecraft pasó su infancia en la biblioteca de su abuelo, leyendo con voracidad todo lo que caía en sus manos, desde Edgar Allan Poe a Nietzche; pero su principal influencia para su concepto de Miedo a lo Desconocido fue Ann Radcliffe, una eminente gótica del siglo XVIII, cuyos paisajes y ruinas medievales forjaron el concepto de lo Sublime. En las novelas góticas de Ann Radcliffe, lo Sublime refiere a «algo» en la naturaleza, «algo» tan vasto y antiguo que trasciende la comprensión humana y nos hace sentir insignificantes frente a su inmensidad. Lovecraft tomó este concepto y lo injertó en sus monstruosidades, seres de otros mundos y dimensiones que duermen debajo de los océanos, listos para despertar en cualquier momento y borrar a la humanidad en un abrir y cerrar de ojos [ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu]

Cthulhu, Dagón, Nyarlathotep, por nombrar sólo algunos, son seres tan horrorosos, tan alienígenos para los sentidos humanos, que desafían toda comprensión, e incluso la capacidad de descripción del propio Lovecraft. Y es la incapacidad de dar sentido a estos seres, de sacarlos del ámbito de lo Desconocido, lo que suele volver locos a los protagonistas del Flaco de Providence. El mejor ejemplo de esto puede verse en uno de los cuentos posteriores de Lovecraft: El color que cayó del espacio (The Colour Out of Space). La historia presenta un meteorito que cae en la periferia de Arkham, esparciendo una entidad alienígena que procede a infectar el paisaje circundante con un... color. Lovecraft tiene cuidado en describirlo como «un tono primario subyacente y enfermizo». Si bien puede parecer un descuido, la incapacidad del autor para describir al Color es un dispositivo narrativo inteligente porque lo mantiene en el territorio de Lo Desconocido.

La literatura gótica clásica posee fuertes matices religiosos, con sus abadías, iglesias y monasterios en ruinas, pero las historias de Lovecraft, que aspiran al Miedo a lo Desconocido, no encajan en ninguna jerarquía religiosa. Las oraciones y los crucifijos son perfectamente inútiles contra la adormecida indiferencia de Cthulhu. Los protagonistas del Flaco de Providence no han transgredido ningún código moral; más bien, su único «pecado» es la búsqueda del conocimiento, no cualquier tipo de conocimiento, sino aquel que puede traer lo Desconocido a la esfera humana, a menudo a través de libros prohibidos, como el Necronomicón. Esto, inevitablemente en todas sus historias, conduce a la locura o la muerte.

En La Llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu), Lovecraft comenta que «lo más misericordioso del mundo es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos». Algún día, bajo circunstancias intencionales [a través de la experimentación científica] o azarosas [el descubrimiento y lectura de un libro prohibido], ese deseo innato de develar lo Desconocido, conducirá a «recomponer nuestros conocimientos disociados», los cuales «abrirán perspectivas aterradoras de la realidad». En cierto modo, el Horror en su conjunto cuenta la historia del niño que enciende la luz de su cuarto en medio de la noche y descubre que, en efecto, hay un monstruo en el rincón.

Cuando uno vislumbra más allá de las incompletas descripciones físicas del panteón lovecraftiano, lo verdaderamente escalofriante de estos seres es su total indiferencia hacia la humanidad. Lovecraft fue un escritor postdarwiniano, es decir, perteneciente a una era cuyas ideas no estaban disponibles para los góticos del siglo XVIII. Como argumentó Sigmund Freud, Darwin tuvo el efecto secundario de despojar al ser humano de cualquier ilusión de alma o de un gran destino colectivo. Ya no éramos los «elegidos» de una divinidad bondadosa, sino simplemente un eslabón más de la cadena evolutiva. Como susurra el Flaco de Providence en La Llamada de Cthulhu: «Vivimos en una plácida isla de ignorancia, en medio de los mares negros del infinito».

En definitiva, Lovecraft postula que el Horror, en todas sus manifestaciones artísticas, es una reacción colectiva ante el Miedo a lo Desconocido:


«Ninguna cantidad de racionalismo, reforma o análisis freudiano puede anular por completo la emoción del miedo cósmico, el susurro en el rincón de la chimenea o en el bosque solitario.»


Es decir, el Horror [en términos de mitología del miedo] es un arquetipo tan antiguo como el Miedo mismo; y, por lo tanto, constituye una forma legítima de literatura. Tal como afirma el Flaco de Providence en su ensayo crítico, dado que el arte trata sobre la vida, y el Miedo es parte de nuestra vidas; el Horror debe ser arte.

El Miedo a lo Desconocido plantea un problema insoluble: no es traducible al lenguaje, ya que no se puede describir cabalmente el Miedo que la imaginación puede crear. Lovecraft entendió que sólo a través de la falta de lenguaje [lo Innombrable] podemos aproximarnos artísticamente a la fuente del Miedo supremo. Al no poder contar con nuestra principal herramienta para comprender y controlar el universo [el lenguaje], el Flaco de Providence nos deja, en palabras de Frodo, «desnudos en la oscuridad» [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]

El efecto, el Horror deconstruye el lenguaje. Aunque su fuente puede ser simbolizada en los monstruos de los Mitos de Cthulhu, en realidad son mucho más profundos: apelan a nuestra insignificancia.

Gran parte de esta habilidad para tocar el subconsciente reside en la capacidad de Lovecraft para insinuar el Horror sin detallarlo gráficamente. Sin embargo, para lograr este efecto, lo Innombrable es abordado con toda la batería de adverbios lovecraftianos, porque para que el lenguaje fracase primero es necesario tensarlo al máximo. El narrador, por lo general, utiliza todos los recursos del lenguaje, procede a intentar describir lo indescriptible, pero al final fracasa porque está frente a algo que trasciende las posibilidades del lenguaje humano [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]

En ocasiones, lo Desconocido no procede de una fuente externa y alienígena, sino de nosotros mismos. A nivel psicológico, saber demasiado sobre uno mismo puede suponer el Horror supremo, como podemos ver en El Extraño (The Outsider); así como saber demasiado sobre nuestros antepasados puede revelar algo grotesco en nosotros mismos, como en Las ratas en las paredes (The Rats in the Walls) [ver: El nido de Nyarlathotep: análisis de «Las ratas en las paredes»]

Según Lovecraft, vislumbrar una pequña porción de lo Desconocido apunta a una verdad espantosa desde el punto de vista humano: la humanidad no es más que una pequeña partícula insignificante, sin esperanza, sin significado y sin importancia para los sujetos que realmente controlan el universo. Cuánto más sabemos, más luz echamos sobre lo Desconocido, y más pequeños e insignificantes nos volvemos. En este sentido, el mayor Horror de Lovecraft reside en este deseo insensato por adquirir conocimientos que sólo nos conducirán a nuestro exterminio; seguiremos descubriendo verdades terribles sobre nosotros mismos y nuestro universo porque estamos destinados a hacerlo.

El ser humano, por su propia naturaleza, ha evolucionado de modo que tal que necesita aprender, descubrir, saber. Nuestra curiosidad es un instinto casi tan fuerte como nuestra necesidad de encontrar comida. A lo largo de la historia hemos intentado suprimir nuestros impulsos primarios a través del tabú, pero todos los intentos de censurar el conocimiento estuvieron condenados al fracaso. Queremos Conocer lo Desconocido.

Lovecraft utiliza su ficción casi como una metáfora del conocimiento. Así como el Horror supremo nos repugna, también nos sentimos perversamente atraídos hacia él, del mismo modo que nos sentimos repelidos y atraídos simultáneamente por los aspectos prohibidos del Conocimiento. Si el Horror nos produce «la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad», es decir, si ha existido como una parte importante del folklore humano desde los albores de la civilización, el Miedo representa la naturaleza dual del conocimiento.

El ser humano ha intentado aliviar el Miedo a lo Desconocido a través de los Mitos y, posteriormente, de las religiones. Sin embargo, la búsqueda sistemática y científica de la verdad trastorna las facultades analgésicas de los Mitos y la religión y las reemplaza con verdades mucho más desagradables, como las teorías de Charles Darwin, por ejemplo, que han transformado para siempre los antiguos sistemas de creencias. Lovecraft reemplaza los mitos tradicionales con una mitología del miedo basada en principios científicos. El Miedo, entonces, debe aceptarse como un requisito previo para explorar lo Desconocido.

En la ficción de Lovecraft encontramos que el Miedo a lo Desconocido está directamente asociado a los temores infantiles más persistentes: el miedo a lo sobrenatural, a la regresión biológica, a la mutilación [castración]; y sus protagonistas, como niños que encienden la luz y realmente descubren que hay un monstruo en el rincón, sufren la confirmación de sus temores infantiles: son amenazados con la mutilación, el desmembramiento, incluso con la pérdida total del cuerpo o la alienación de la propia personalidad.




H.P. Lovecraft. I Taller gótico.


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