La verdad sobre las tres Vampiresas de Drácula.


La verdad sobre las tres Vampiresas de Drácula.




El Drácula de Bram Stoker, escrito en 1897, sigue siendo una de las novelas de vampiros más importantes. Uno de sus principales misterios son las Tres Vampiresas del castillo de Drácula. Aunque se las conoce típicamente como las «novias de Drácula», o incluso como sus hermanas o esposas, la relación entre estas mujeres y Drácula no está clara en la novela, y sus orígenes no se explican. Jonathan Harker las llama «esas hermanas extrañas» [Weird Sisters], una referencia a las tres brujas de Macbeth, lo cual también las conecta con tradiciones mitológicas mucho más antiguas [ver: Las tres novias de Drácula]

Si bien existen muchos estudios sobre la dinámica de género de Drácula, en especial sobre la figura de Lucy Westenra, quien es convertida en vampiro por Drácula y luego estacada violentamente por su prometido, o sobre Mina Murray, la heroína de la segunda parte de la novela; pocos se han centrado en las Tres Vampiresas del castillo. Sin embargo, un examen más detenido de las Vampiresas revela que juegan un papel importante en la dinámica de la novela, especialmente en términos de desafiar los estándares tradicionales de comportamiento de las mujeres en la época [ver: Mina y Lucy: la ideología de género en «Drácula»]

Estos estándares, estrechamente relacionados con la era victoriana, y el énfasis en los valores familiares, se expresan perfectamente en el [ahora infame] poema de 1854 de Coventry Patmore: El ángel del hogar (The Angel in the House). Desde entonces, el término «ángel del hogar» se ha utilizado como síntesis de la mujer ideal [pero poco realista] del siglo XIX: esposa, madre, hija y hermana abnegada. Esta mirada de la mujer en términos domésticos resuena en muchos personajes de Drácula, sobre todo en Van Helsing, aunque el propio Bram Stoker no necesariamente la respaldaba [ver: Drácula y las mujeres]

La novela, además, está inmersa en el debate sobre la «nueva mujer», una caricatura un poco exagerada de las mujeres que entonces luchaban por el sufragio, los derechos de la mujer y la independencia. En este contexto, Mina Harker es la alternativa de Bram Stoker a la nueva mujer: es igual a los hombres en inteligencia y, al mismo tiempo, demuestra las características tradicionales de la esposa y madre. Aunque este modelo es mucho más progresista que el del «ángel del hogar», Drácula es intransigente en un punto central: las mujeres deben permanecer subordinadas a los hombres [ver: El Machismo en el Horror]

En este contexto, las Tres Vampiresas del castillo de Drácula son el opuesto de Mina. Su comportamiento agresivo, y el intento de revertir los roles sexuales tradicionales, las volvía particularmente inquietantes para los lectores de la era victoriana [ver: Porque los muertos viajan deprisa]

Ellas son, en esencia, una versión corrupta del «ángel del hogar».

Por un lado, las Tres Vampiresas demuestran el horror de llevar al extremo los ideales de independencia de la nueva mujer; por el otro, son sorprendentemente dependientes de Drácula, y hasta conectadas específicamente con la esfera doméstica y la maternidad, aunque estas conexiones son retorcidas y distorsionadas.

Si Lucy y, más tarde, Mina, no tienen cuidado [sugiere la novela], corren el riesgo de convertirse en estas Vampiresas, las cuales también fueron, en principio, víctimas [ver: ¡No salgas del camino! El Modelo «Caperucita Roja» en el Horror]

El aspecto físico de la relación entre las Tres Vampiresas del castillo y Drácula nunca se hace explícito en la novela. No está claro si son sus amantes o no. Dos de ellas se parecen mucho a él, con «narices aguileñas, como el conde», lo cual ha llevado a muchos a especular que están emparentadas con él, y que incluso podrían ser sus hijas [ver: Una exploración literaria por el Castillo de Drácula]

La otra Vampiresa no tiene un parecido físico con Drácula; es rubia, y las otras dos se refieren a ella como «la primera». Podría ser su madre, o una mujer convertida antes por Drácula. En todo caso, tiene una jerarquía superior, ya que duerme en una «gran tumba, como si fuera hecha para alguien muy amado». La Vampiresa rubia demuestra su estatus elevado en varias ocasiones, incluso se atreve a acusar a Drácula de ser «incapaz de amar» [como si ella misma hubiese sido engañada por él], lo que lleva al Conde a protestar:


[Sí, yo también puedo amar; ustedes mismas pueden contarlo del pasado.]


Más que una insinuación, estas palabras de Drácula dejan en claro que su relación con las Tres Vampiresas, en el pasado, fue como mínimo afectiva, aunque no necesariamente romántica. De hecho, es una relación ambigua, que podría ser la de hermanos, amantes o padre e hijas, lo cual conduce a una perturbadora confusión de límites, sobre todo en sus matices incestuosos. Todo esto acentúa la sensación de horror surrealista que experimenta Jonathan Harker en el castillo de Drácula [ver: La cuestión de género entre vampiros y vampiresas]

Evidentemente, las Tres Vampiresas no son los «ángeles del hogar» a los que aspiraba la sociedad victoriana. Difícilmente están remendando la ropa de Drácula o preparando sus comidas, al menos por lo que Jonathan Harker observa. En cambio, parecen existir simplemente para brindarle compañía a Drácula, sin otra ocupación. En qué consiste esa «compañía», cuáles son sus límites, si acaso hay alguno, es un misterio. En todo caso, la aparente ociosidad de las Vampiresas sugiere que son «ángeles del hogar» corruptos o fallidos [ver: Vampiresas: diccionario de mujeres vampiro]

Bram Stoker conecta aún más a las Tres Vampiresas con modelos de género más antiguos al limitarlas a su hogar en el castillo de Drácula. Su presencia en el castillo presenta una versión extrema del concepto de esferas separadas, que se utilizó para sugerir que el lugar de la mujer estaba en el ámbito doméstico. En Drácula, esta idea se lleva al extremo con las Tres Vampiresas confinadas al hogar a pesar de sus habilidades sobrenaturales, como desvanecerse en finas motas de polvo y «viajar a través de los rayos de la luna».

Además, parecen tener sus propios aposentos dentro del castillo, presumiblemente la suite que Jonathan Harker supone que alguna vez perteneció a la dama del castillo [¿la Vampiresa rubia que se atreve a desafiar al Conde?], debido a su mobiliario y una vista espectacular y sin obstáculos del valle más abajo [ver: ¿Drácula era menos inteligente de lo que creíamos?]

Solo vemos a las Tres Vampiresas en el exterior cuando intentan convencer a Mina de que se una a ellas, pero incluso entonces no abandonan los terrenos del castillo. Si bien las mujeres victorianas no estaban necesariamente confinadas a sus hogares, el concepto del hogar como dominio de la mujer es repetido y retorcido por las Vampiresas. Por otra parte, conexión de las Vampiresas con el castillo también significa que, aunque ciertamente beben sangre, nunca parecen buscarla ellas mismas. Drácula les provee comida dos veces en la historia; la primera, luego de prohibirles que se alimenten de Jonathan Harker. Entonces, una de ellas le pregunta a Drácula: «¿No tendremos nada esta noche?». Es una pregunta retórica, porque la Vampiresa señala al mismo tiempo el bolso que lleva Drácula, donde sabe que está su cena. Todo esto sugiere, hasta cierto punto, que las Tres Vampiresas dependen de Drácula para alimentarse [ver: El Drácula de Coppola y las cloacas de Stoker]

Por supuesto, es evidente que las Tres Vampiresas no tienen reparos en beber la sangre de quienes, como Jonathan Harker, entran voluntariamente en su castillo. Van Helsing plantea una hipótesis al respecto, y las imagina drenando a los hombres que se les acercan audazmente a sus ataúdes, es decir, no cazando activamente. Si la «profesión» de un Vampiro es cazar y beber sangre, entonces las Tres Vampiresas parecen evitar la esfera pública profesional, permaneciendo dentro del ámbito de lo doméstico, donde esperan que el varón les provea el sustento o, si se presenta la ocasión, atacar a cualquiera que se les acerque [ver: «Drácula» habría sido la novela favorita de Nietzsche]

A pesar del horror que está viviendo, Jonathan Harker hace algunas observaciones muy agudas. Es capaz de identificar a las Tres Vampiresas del castillo como «damas por su vestimenta y modales», una observación que las conecta con las clases altas ociosas y depredadoras, quizás aristocráticas, de épocas anteriores. Como muchos Vampiros, las Tres Vampiresas están estrechamente relacionadas con la aristocracia decadente, especialmente cuando esto se combina con su residencia en un castillo y sus actividadades aberrantes, desviadas; en una palabra: decadentes, como si el ideal del «ángel del hogar» se hubiera distorsionado al extremo [ver: El cuerpo de la mujer en el Horror]

Esto también explica la risa incesante [por lo demás inexplicable] de las Tres Vampiresas, la cual marca casi todas las líneas de su escaso diálogo en el libro. Tanto Jonathan Harker como Abraham Van Helsing encuentran escalofriante la risa de las Vampiresas, y Jonathan la describe como «la dulzura intolerable y hormigueante de las copas de cristal cuando se las toca con una mano astuta». Cuando esto se ve dentro del contexto de una tradición que valora la alegría constante de las mujeres, la risa «sin alma» y «horrible» de las Tres Vampiresas tiene más sentido. Incluso Mina discute la necesidad de que las mujeres oculten sus emociones negativas a los hombres detrás de una fachada de falsa alegría.

Esta ilusión de alegría es llevada a un extremo aterrador por las Tres Vampiresas, tanto es así que parecen incapaces de manifestar cualquier otra emoción además de la alegría y el desprecio, que se expresan a través de su risa falsa e interminable [ver: Carmilla, Lucy y Helen: el monstruo femenino como figura de resiliencia]

La característica más extraordinaria del desafío de las Tres Vampiresas a los códigos de género victorianos es su abierta sensualidad, descrita por Bram Stoker en un lenguaje codificado debido a las restricciones a las que estaba sujeto a fines del siglo XIX [ver: El código secreto en el «Drácula» de Bram Stoker].

Es esta sensualidad manifiesta, que se aleja sorprendente de las normas de la época, el punto que más han acentuado las adaptaciones cinematográficas de la novela. Por supuesto, las acciones de las Tres Vampiresas nunca son explícitamente sexuales [aunque Harker menciona su «deliberada voluptuosidad»]; y la observación de esas acciones son proporcionadas únicamente por hombres, es decir, solo sabemos el efecto que tienen sobre los hombres. Jonathan Harker comenta que el solo hecho de verlas lo llena de «algo de nostalgia y, al mismo tiempo, de un miedo mortal», mezclado con el deseo de que lo besen con esos «labios rojos». Van Helsing, por su parte, nota sus «formas redondas, los ojos brillantes y duros, los dientes, el color rojizo, los labios voluptuosos»; rasgos que, según confiesa, hacen que su «cabeza gire con nueva emoción».

Si bien el acto de beber sangre está codificado como algo erótico, las Tres Vampiresas del castillo de Drácula nunca intentan seducir activamente a ninguno de los hombres. Jonathan Harker está dormido cuando se acercan a él por primera vez, mientras que Van Helsing las encuentra en sus ataúdes. Su único encuentro real con un ser humano vivo ocurre cuando ignoran a Van Helsing mientras intentan convencer a Mina de que se una a su hermandad. A pesar del lenguaje alusivo que utiliza Bram Stoker al referirse a ellas, podemos decir que las Tres Vampiresas son consistentemente sensuales, no sexuales [ver: Las fantasías privadas de Bram Stoker]

Esto no impide que, en la novela, Jonathan encuentre a las Vampiresas incluso más horribles que el propio Drácula. Más aún, está determinado a no quedarse solo con ellas después de que Drácula se vaya a Inglaterra. No es para menos. En la escena en la que las Tres Vampiresas casi beben su sangre, Jonathan se invierte físicamente con respecto a las expectativas de género. En cierta forma, el viril Jonathan Harker disfruta de una pasividad femenina mientras las Vampiresas se disponen a penetrarlo con sus dientes. Si bien esta escena está altamente erotizada en el cine, el verdadero horror en la novela tiene más que ver con este desplazamiento en la dinámica de poder de género [ver: El enlace entre el Vampiro y su víctima]

Jonathan tiene miedo incluso de ver a las Tres Vampiresas, aparentemente por temor a ser hipnotizado aún más. En su última entrada en el diario, escribe que si fracasa en su intento de escapar de las Vampiresas y del castillo, al menos podrá «morir como un hombre». Esta línea podría referirse a sus miedos de ser feminizado, o a volverse inhumano; es decir, un Vampiro. Es la dominación involuntaria de su voluntad, no de sus cuerpos, lo que los hombres en la novela consideran el aspecto más espantoso de la influencia de los Vampiros. Aquí, la pérdida de autonomía parece estar relacionada explícitamente con la feminización [ver: ¡Este hombre me pertenece!]

Este miedo no articulado a las Tres Vampiresas revela cierta ansiedad con respecto a que las mujeres tengan poder sobre los hombres. Parte del horror de Drácula, entonces, es el potencial de las mujeres para usar esa influencia para manipular e incluso dañar a los hombres moralmente honrados. Al ver la belleza de la Vampiresa rubia, Van Helsing dice:


[El mismo instinto de hombre en mí, que llama a algunos de mi sexo a amar y proteger a uno de los suyos, hizo que mi cabeza girara con una nueva emoción.]


En lugar de usar sus habilidades para cazar, como Drácula, las Vampiresas usan la ilusión de vulnerabilidad para capturar a sus presas potenciales. Es decir que el poder de las Tres Vampiresas para dejar indefensos a los hombres está relacionado tanto con su condición de Vampiros como con su género, lo que les permite la ventaja de parecer vulnerables; algo que el propio Drácula nunca haría. Si los mejores hombres son los que voluntariamente ayudan a los indefensos, entonces las Vampiresas se están aprovechando específicamente de los mejores hombres [ver: El «Drácula» de Stoker NO está inspirado en Vlad Tepes]

Bram Stoker también cuestiona la feminidad idealizada a través de la conexión de las Tres Vampiresas con la maternidad, ya que su trato despiadado hacia los niños les permite invertir aún más los roles de género tradicionales. La mujer ideal, en términos tradicionales, es una buena madre, y las Tres Vampiresas invierten esta maternidad idílica al alimentarse específicamente de niños, presumiblemente después de que Drácula se los haya robado a sus madres reales [ver: La maternidad fallida en «Drácula»]

En dos puntos diferentes de la novelaDrácula lleva a las Tres Vampiresas una bolsa que se agita levemente. En su interior, Jonathan Harker puede escuchar «un gemido bajo, como de un niño medio asfixiado». Más tarde, Lucy Westenra, ya convertida en Vampiresa, también se alimenta exclusivamente de niños. De hecho, es su trato cruel con un niño lo que finalmente convence a Van Helsing, y a los demás hombres, de que ya no es ella misma, sino un monstruo [ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra]

Bram Stoker tiende a conectar la sensualidad de las mujeres con la crueldad hacia los niños, lo cual, en términos freudianos, sugiere una falta de sentimientos maternos en su experiencia personal; y es la total ausencia de sentimientos maternos lo que vuelve particularmente horrorosas a las Tres Vampiresas del castillo [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror] Sin embargo, aunque la novela parece horrorizada por la falta de sentimientos maternales de las Vampiresas, también le preocupa la posibilidad de que estas se reproduzcan. Como en Carmilla, los Vampiros, por su propia naturaleza, están implícitamente conectados con la reproducción y la maternidad, ya que la mordedura crea nuevos Vampiros. De hecho, la verdadera misión de Drácula en Inglaterra podría ser la creación de una nueva raza de mujeres [¿madres?] monstruosas [ver: Strigoi: los vampiros que inspiraron la leyenda de Drácula]

En este contexto, el propio Drácula está conectado con la paternidad en la creación de nuevos Vampiros, como Lucy y [con menos éxito] Mina. A diferencia de Drácula, las Tres Vampiresas no se reproducen en la novela, pero su potencial para hacerlo es una fuente importante de su horror. Su capacidad para reproducirse es, de hecho, la razón principal por la que Van Helsing está tan decidido a destruirlas. Frente a las tumbas de Tres Vampiresas en el castillo de Drácula, Van Helsing imagina que los hombres a lo largo de los siglos han venido a destruirlas solo para distraerse con su belleza, dejando «una víctima más en el redil de los vampiros; ¡uno más para engrosar las lúgubres y horripilantes filas de los No-muertos!» [ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico]

En otras palabras, las Vampiresas no solo son mujeres que desafían los roles de género tradicionales al negarse a convertirse en madres, sino que potencialmente pueden dejar una descendencia monstruosa [ver: Por qué Drácula nunca pudo enamorarse de Mina]

Es interesante destacar que las Vampiresas, referidas específicamente como «hermanas» por Van Helsing, dependen de Drácula pero no parecen estar subordinadas a él en actitud. En cambio, dependen de ellas mismas para tener compañía, compartiendo voluntariamente la comida y, aparentemente, pasando todo el tiempo juntas. La novela se inclina a ver esta «hermandad» con espanto, como si un pequeño círculo de mujeres fuera peligroso. Las Vampiresas no solo están aisladas de la sociedad por su naturaleza vampírica, también están aisladas del propio Drácula, quien aparentemente las abandona cuando se va a Inglaterra [ver: Drácula visita Salem's Lot]

Bram Stoker parece sentir una singular aprensión por los fuertes lazos emocionales, incluso entre las mujeres humanas moralmente rectas, cuyos vínculos son débiles y, en última instancia, fácilmente reemplazados por relaciones románticas con hombres. Aunque después de la muerte de Lucy, Mina dice que ellas eran «como hermanas», la realidad dista bastante de esa afirmación. Las primeras cartas que intercambian son disculpas por el tiempo que ha pasado desde la última vez que se escribieron, y esta introducción establece una relación marcada por la distancia y la reticencia.

Incluso cuando viven juntas en Whitby durante varios días, Mina y Lucy a menudo están distantes entre sí: ambas realizan frecuentes caminatas solitarias, y Mina discute en secreto la salud de Lucy con otras personas. El apego reservado de Lucy y Mina contrasta directamente con la relación potencial de Mina con las Vampiresas, quienes la llaman su «hermana» y le ofrecen una relación duradera unida por la sangre [ver: ¿Cuál es el problema de Louis de Pointe du Lac?]

A diferencia de los hombres, que se sienten atraídos por el vampirismo debido al deseo sexual, el vampirismo atrae a las mujeres en gran parte porque presenta una oportunidad para la conexión femenina.

Aunque el texto sospecha de esta comunidad sorora, la alternativa que presenta no es una unión heterosexual entre una pareja casada, sino una comunidad de hombres heroicos, representada por el pequeño grupo de expretendientes de Lucy que trabajan con Van Helsing para derrotar al Conde Drácula: Quincey Morris, Arthur Holmwood y John Seward. Sin embargo, este grupo de hombres no puede salvar a Lucy, ni proteger a Mina o dañar permanentemente a Drácula hasta que incluyen a Mina en su planificación. La sugerencia parece ser que una mujer ideal, inteligente e intuitiva, a la vez que humilde y sumisa, es capaz de ayudar a un grupo de hombres y hacerlos más exitosos.

Por supuesto, Van Helsing atribuye la inteligencia y la razonabilidad de Mina a su «cerebro de hombre», lo que podría sugerir que la influencia de Mina en el grupo se debe a que su mente, al menos, es tan masculina como la de los demás.

Si bien Van Helsing suele ser una fuente de razón e información en la novela, también representa sistemáticamente un modelo más antiguo de patriarcado con el que Bram Stoker no está del todo satisfecho. Los intentos de Van Helsing de excluir a Mina para su propia protección, por ejemplo, se presentan claramente como un error, y su elogio de su «cerebro de hombre» podría sugerir que, aunque Van Helsing es sabio, no es necesariamente un modelo perfecto de masculinidad.

De hecho, Bram Stoker parece estar usando este grupo de cazadores de Vampiros para presentar un nuevo modelo, uno en el que las mujeres son más independientes que sus predecesoras angelicales pero aún dependientes. Aunque es obvio que todavía imagina a las mujeres en un papel subordinado, Bram Stoker está sorprendentemente abierto a la idea de una mujer heroica.

En este sentido, Drácula es bastante convencional en su elogio de la mujer solitaria y en su crítica a la los grupos femeninos unidos, como las Vampiresas. De hecho, la novela obliga explícitamente a Mina a elegir entre la comunidad femenina y la aprobación masculina cuando se enfrenta a la invitación de las Tres Vampiresas:


[Ven, hermana. Ven a nosotras. ¡Ven! ¡Ven!]


Van Helsing nota con aprobación el «terror y la repulsión» que Mina expresa ante esta invitación. La aprobación de Van Helsing de este rechazo a la comunidad femenina coloca enfáticamente a Mina en la tradición de la mujer solitaria, que no tiene una existencia autorizada aparte de sus relaciones con los hombres.

El hecho de que Bram Stoker esté tan ansioso por que Mina rechace a las Tres Vampiresas insinúa el poder potencial de tal hermandad. Por supuesto, las dos comunidades de mujeres que se presentan en la novela son, en última instancia, vulnerables a los hombres. Mina y Lucy pueden protegerse de la influencia de Drácula, y las Vampiresas están virtualmente indefensas cuando Van Helsing llega para masacrarlas.

La fuerza de la unión de las Vampiresas como comunidad [¿solidaridad femenina?] también es particularmente amenazante para los hombres que las cazan. Lucy, como Vampiresa, actúa sola, y el grupo de hombres tiene pocos problemas para despacharla. Las Tres Vampiresas, por otro lado, superan en número a sus adversarios [primero Jonathan y luego Van Helsing], cada uno de los cuales es salvado por una fuente externa: Jonathan por Drácula y Van Helsing por Mina.

La ansiedad generalizada de la novela con respecto a la posible influencia de las mujeres se refleja en las descripciones violentas y sexualizadas de sus muertes. Por ejemplo, la muerte de las Tres Vampiresas a manos de Van Helsing, quien les clava las estacas mientras «gritan y se retuercen», es notablemente violenta y se describe en un lenguaje particularmente cargado de erotismo. Es evidente que esas muertes contienen un elemento de castigo [además del deseo de restaurar la dinámica de poder tradicional], aunque no está claro si el crimen de las Vampiresas es su sensualidad o su predilección específica por los niños.

Bram Stoker parece sentir lástima por las Tres Vampiresas como posibles víctimas sugiere que sus muertes son más que un mero castigo. De hecho, Van Helsing describe su trabajo de carnicero como una forma de «restaurar a estas mujeres a su estado natural» [es decir, muertas], reconociendo que sus propias acciones son brutales, es cierto, pero necesarias para devolver a las Vampiresas a lo que habrían sido si no hubieran sido infectadas por el vampirismo. Más tarde, Van Helsing describe la «alegría que se apoderó de sus rostros justo antes de que llegara la disolución final».

A pesar de que los hombres han matado a las mujeres, en gran medida, para restablecer el [des]equilibrio entre los géneros, el hecho de que ellas sean compadecidas por su estado como Vampiros complica las cosas, y demuestra la profundidad de Drácula. Las Tres Vampiresas parecen estar en paz después de su muerte, lo cual explícitamente indica que ellas mismas son víctimas; después de todo, a pesar de que el vampirismo requiere beber la sangre del Vampiro, ni Lucy ni Mina beben la sangre de Drácula voluntariamente. Por supuesto, desconocemos antecedentes de las Tres Vampiresas, pero si Lucy se convierte en Vampiro contra su voluntad, entonces no hay nada que sugiera que las Vampiresas sean más responsables de su estado que ella.




Vampiros. I Taller gótico.


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El artículo: La verdad sobre las tres Vampiresas de Drácula fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Me pregunto si no hay una influencia de Carmilla, historia anterior, que puede haber inspirado en Bram Stoker. Carmilla, una vampira que se salió del camino.

Hay bastantes misterios, que pueden resolverse en la mente de casa lector, en formas diversas y caprichosas.
Y además, es una novela subjetiva, con los puntos de vista de diversos personajes. Y no confío en el testimonio Van Hellsing, personaje que me produce una aversión emocional, antes que fundada por argumentos.
Creo que es para justificar esos actos de violencia extrema. Como para justiciar el acto contra Lucy.

Van Hellsing es la fuente de información sobre los vampiros, no necseariamente confiable.

Mujeres sensuales que se organizan, puede ser que ese sea su delito.

Es interesante la idea de que dos, las que se parecen, sean las hijas. Pudieron haber haber nacido cuando Dracula era humano. Y pudo haberlas convertido como protección, para darles la eternidad.
También pueden ser parientes, no era raro el casamiento entre primos entre la nobleza. Dracula pudo haberse casado, enviudado y volverse a casar, vampirizando a sus sucesivas esposas.

Se me ocurre una teoría. Las tres vampiras más celebres fueron las que crearon a Drácula como vampiro. Quien tendría una función subalterna, no siendo necesariamente astuto, sino alguien que obedece directivas de sus tres novias, amantes.



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