«Liber Incubis et Succubis»: el libro de los Íncubos y Súcubos


«Liber Incubis et Succubis»: el libro de los Íncubos y Súcubos.




Liber Incubis et Succubis (El libro de los Íncubos y Súcubos) es un misterioso libro prohibido del siglo XIV mencionado por Ludovico María Sinistrari en el De Daemonialitate. Probablemente se trata del primer libro en relacionar a estas voraces criaturas nocturnas, los Íncubos y Súcubos, y por tal caso a todas las razas de vampiros, con los seres del Plano Astral (ver: Bestiario Astral: seres, espíritus y criaturas del Plano Astral)

Liber Incubis et Succubis describe detalladamente los hábitos perniciosos de estas criaturas. Los Íncubos, de aspecto masculino, inducen pesadillas eróticas en sus víctimas mujeres para alimentarse de ellas (ya veremos cómo). El término íncubo circula desde el siglo XIII, y deriva del latín tardío incubus, que a su vez proviene de incubare, «acostarse encima». Los Súcubos efectuan prácticas similares, pero bajo una forma femenina, atacando a los hombres durante el sueño. La palabra súcubo proviene del latín succubaresub y cubare—, y significa «acostarse debajo».

Ahora bien, buena parte de los grimorios medievales sitúan a los Íncubos y Súcubos como parte de la exhuberante fauna del infierno, liderados por Abrahel, la reina de los súcubos, y Larimón, rey de los íncubos; pero el Liber Incubis et Succubis cambia radicalmente esta perspectiva.

Según este libro maldito, los Íncubos y Súcubos son entidades artificiales, creadas a través de la práctica de la magia para cumplir diversos propósitos. En esencia, son similares a los Tulpas (ver: El libro de los Tulpas), pero con una densidad tan grande que incluso pueden llegar a liberarse de sus creadores y merodear por nuestro plano, y hasta adherirse a una persona en particular (ver: Espíritus que se «pegan» a las personas), convirtiéndose desde ese momento en su constante fuente de alimento (ver: Íncubos y Súcubos: ¿qué ocurre durante un encuentro paranormal?)

Contar con estos servidores vampíricos puede resultar útil para el mago y la bruja, no solo con fines rituales, por ejemplo, durante la evocación y creación de Elementales, sino también en tiempos de guerra psíquica entre dos hechiceros o brujas (ver: Sobre las entidades, larvas, gusanos y parásitos del bajo astral).

El problema con los Íncubos y Súcubos consiste en su naturaleza: no tiene otro propósito que alimentarse de la energía sexual de sus víctimas (ver: Parásitos astrales y las «malas energías»). No albergan otra intención. No tienen otro deseo, ni otro propósito, de manera tal que cuando este se cumple, el mago o la bruja que los creó debería destruirlos, pero el Liber Incubis et Succubis sostiene que esto rara vez ocurre.

Una vez cumplida su misión, los Íncubos y Súcubos han obtenido tanta energía que son capaces de resistirse a los rituales de destierro, y hasta liberarse de sus amos durante un tiempo. No obstante, esa libertad es solo aparente. Si el vínculo con su creador se rompe, quedan privados de la intención original que los forjó, de manera tal que solo pueden seguir existiendo si logran pegarse a una nueva víctima (ver: Cómo y por qué algunas entidades se «pegan» a las personas).

Por otro lado, el Liber Incubis et Succubis sostiene que muchos magos y brujas son lo suficientemente negligentes como para dejarlos libres voluntariamente una vez que cumplieron su misión. Estos son los Íncubos y Súcubos más peligrosos, porque pueden existir independientemente de sus creadores, y hasta de una fuente de alimentación constante.

Estas criaturas son tan fascinantes como peligrosas. Deben ser controladas por el mago o la bruja de forma constante, lo cual no es en absoluto sencillo. Pensemos que los Íncubos y Súcubos fueron diseñados astralmente para seducir, y sus creadores tampoco están completamente libres de ser cautivados por sus atributos.

El Liber Incubis et Succubis cuenta la historia de varios hechiceros disolutos y brujas libertinas que crearon a estos elementales para una noche de placer, o varias, y terminaron obsesionados. Los servidores astrales solo deben existir para cumplir a voluntad de su creador, y deben ser desterrados y reabsorbidos una vez que se cumpla su propósito. De otro modo, el propio hacedor se convierte en víctima.

Los Íncubos y Súcubos están estrechamente emparentados con los Vampiros. La razón de esto es su poder de drenaje durante los sueños en los que acechan. Estos seres penetran en la mente soñadora de la víctima, infunden fantasías desenfrenadas y lentamente se alimentan de su energía mientras los excitan sexualmente (ver: Vampiros y hombres lobo en el plano astral).

El Liber Incubis et Succubis admite la utilidad de los Íncubos y Súcubos si se aseguran las defensas adecuadas, sobre todo cuando son dirigidos hacia alguien en particular, dependiendo de los planes a largo plazo de su hacedor. Para un ataque prolongado, el hechicero suele tener que alimentar a la criatura para asegurarse su longevidad.

Los Íncubos que entran en los sueños de las mujeres (u hombres), y allí practican este envilecido comercio onírico, no solo dejan a la víctima sin energía, sino abierta a la obsesión durante la vigilia. La persona despierta agotada, pero con el recuerdo vívido del sueño, que la acompaña durante todo el día hasta la noche siguiente, donde el ciclo continúa. A menudo el Íncubo asume la forma de un hombre en particular, muchas veces para obtener en el plano astral aquellos favores que le son denegados en el plano físico.

Pero hay prácticas aun más horrorosas. Según el Liber Incubis et Succubis, los Íncubos mejor diseñados pueden drenar la energía astral, pero también utilizar los fluidos corporales de sus víctimas para engendrar otros servidores demoníacos.

Los Súcubos, nacidos de la matriz de Lilith, proceden con mucha cautela. Estas servidoras asumen la forma de los deseos más profundamente arraigados en el hombre. Lo seducirán cada noche, hasta que el agotamiento excesivo cause alguna forma de autodestrucción, que casi invariablemente hace que la víctima sea absorbida psíquicamente por el Súcubo. Al regresar con su hacedor, este puede reabsorber la energía astral que el Súcubo ha drenado.

Si la criatura es masculina o femenina no es relativamente importante, pero el género del mago implica algunos peligros prácticos. El Liber Incubis et Succubis sostiene que los magos varones son más propensos a caer en las redes de sus propias creaciones, debido a que los hombres están más dispuestos a aceptar el riesgo que implican este tipo de encuentros.

Recordemos que los Íncubos y Súcubos son especialmente diseñados para identificar cualquier debilidad a nivel del deseo, incluso inconsciente, y a partir de allí ejercer una presión constante para despertarlo y estimularlo. Los magos y brujas deben ser extremadamente disciplinados para evitar situaciones desagradables.

Un servidor vampírico puede ser un arma poderosa, como lo sería cualquier elemental correctamente cargado, si se lo utiliza con las precauciones adecuadas. Por ejemplo, el Liber Incubis et Succubis posee un capítulo entero dedicado a las propiedades necesarias que los Íncubos y Súcubos deben incorporar durante el rito de creación para no terminar doblegando la voluntad de sus creadores.

Ahora bien, ¿cómo crear un Íncubo o un Súcubo?

No sería apropiado entrar en detalles aquí, principalmente debido al peligro que entrañan este tipo de prácticas. Simplemente nos limitaremos a compartir un breve párrafo del Liber Incubis et Succubis a modo ilustrativo, reservándonos los condimentos:

«Si uno va a atacar a un enemigo célebre por su atracción hacia un sexo en particular, ya sea masculino o femenino, entonces debe crearse el servidor apropiado. Si el enemigo desea mujeres, entonces el hechicero creará su propia fórmula personal para fabricar un Súcubo. Esto se puede hacer dibujando un sigilo que represente los atributos del servidor. El sigilo es un canal de creación a través de la concentración, pero que puede ser alimentado con fluidos corporales. Una vez creado el servidor, el hechicero no debe ofrecerle más fluidos. Se pueden crear varios servidores para la misma víctima, según los métodos de ataque. Los servidores también pueden utilizarse con fines positivos, como medidas defensivas. El hechicero podría tener tantos como desee, aunque tres es el número máximo recomendado.»

El Liber Incubis et Succubis es un libro que básicamente propone un método para hackear los sueños, es decir, entrar en los sueños de alguien más y, una vez allí, proyectar el deseo bajo una forma diseñada específicamente para encontrar los puntos débiles en la psique de la víctima (ver: Dreamwalking: cuando alguien extraño entra en tus sueños).

Esta práctica no solo es inmoral, sino acaso inevitable.

El Liber Incubis et Succubis habla de personas capaces de desear tan intensamente a alguien, que involuntariamente se proyectan a la fuerza en los sueños del otro. Irrumpen en ese mundo onírico con formas grotescas y avasallan a su víctima de manera indescriptible.

«Tal es el poder del deseo, que generalmente tiene un origen noble, pero que puede volverse indecente, obsceno, cuando encuentra una forma de satisfacerse impunemente.»




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1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Es muy tentadora la idea de crear súcubos. Casi que son como mujeres fatales.



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