El hombre extraño que siempre reaparece en mi vida


El hombre extraño que siempre reaparece en mi vida.




Un nuevo viernes en el Consultorio paranormal de El Espejo Gótico, esta vez, con una experiencia sumamente curiosa: un extraño hombre que reaparece en los momentos más importantes de la vida de nuestra amiga. ¿Podría tratarse de una especie de guardián? ¿De ángel de la guarda? ¿O simplemente un sujeto con la rara habilidad de aparecer en el momento indicado? (ver: La verdadera historia de ángel de la guarda)


***

Mi nombre es Ayelén. Tal vez en El Espejo Gótico tengan algún aporte o conocimiento sobre quién o qué puede ser este hombre extraño que reaparece en mi vida.

Me he encontrado por casualidad con el mismo hombre en varias ocasiones diferentes, con quien solo he hablado cuatro veces, pero que siempre ha estado en el trasfondo de muchos eventos importantes en mi vida. Es de muy baja estatura, robusto, calvo, usa un buen traje oscuro y tiene los ojos con un ligero tinte rojizo, como alguien que bebe mucho.

Siempre veo a este hombre en las ocasiones más extrañas. La primera vez fue en mi antiguo trabajo, justo cuando acababa de enterarme de que estaba embarazada de quien sería mi primera hija. De hecho, me había enterado esa misma mañana, un par de horas antes de que el hombre entrara en el local donde trabajaba. Me emocioné mientras caminaba directamente hacia mí. Vestía bien, y eso lo convertía en un potencial cliente, y en una comisión para mí.

Se acercó, y antes de que puediese preguntarle si podía ayudarlo con algo, me dijo que me veía radiante, y preguntó si estaba embarazada.

De repente empezó a hablar sobre el bebé, que sería una niña hermosa, sana, y que seguramente cambiaría mi vida. La charla me sorprendió un poco, sobre todo porque me sentí cómoda con él, a pesar de ser un completo extraño. Comenzó a preguntarme cosas a las que invariablemente debía responderle que sí; cosas sobre mi vida, mi pasado.

Extrañamente sentí como si él ya supiera todas las respuestas antes de que yo las dijera.

Le pregunté a qué se dedicaba. Me dijo que era contador. Pero no fue específico al respecto. Decidió irse después de que mi jefa mostrara algunos signos de molestia por la charla, que en definitiva no tenía nada que ver con nuestros productos. Me saludó de una manera muy extraña, con un movimiento de la cabeza, diciendo que seguramente nos veríamos por ahí, y se fue.

Un año después, estaba con mi hija en el parque. Me había sentado en un banco mientras mi bebé dormía una siesta en su cochecito. Estoy segura de que no había nadie más sentado en el banco, pero de repente él estaba ahí. Lo reconocí de inmediato. El mismo hombre, vestido exactamente igual. Aunque sabía la respuesta, le pregunté si lo conocía.

De nuevo se produjo una charla sumamente extraña. Apenas pude decir algo. Me sentía como hipnotizada. Digamos que era amable, pero no demostraba ninguna emoción en particular. A pesar de eso, me sentía reconfortada en su presencia.

Esta es la parte más extraña de esta historia para mí, esta sensación de estar tranquila sin saber por qué y ante un hombre que parecía saberlo todo sobre mi vida, como si él estuviera cuidando de mí.

Literalmente parecía saberlo todo sobre mí. Eso era extraño, pero más esta sensación mía de que no tenía que preguntarle cómo sabía todo eso. Y no lo hice.

Básicamente, puedo resumir nuestra conversación en una serie de advertencias que hizo sobre algunas cosas que estaban pasando en mi vida. No entraré en detalles sobre eso. De repente, dijo que me vería por ahí y se fue.

Fui directamente a casa de mis padres y les pregunté quién era este tipo. Pensé que tal vez era algún amigo suyo que me conocía por fotos o algo así. Lo describí en detalle, pero dijeron que no lo conocían. Incluso estuve mirando viejos álbumes de fotos familiares para ver si lo reconocía. Nada.

Pasó un año más, aproximadamente, antes de volver a encontrarme con él.

Fue mientras estaba en la sala de espera de mi médico. De repente él estaba sentado ahí, frente a mí, hojeando una revista, y podría jurar que no estaba un minuto antes.

Me saludó con un movimiento de cabeza, sin mostrar emociones ni gestos faciales, pero de todos modos me sentí... protegida.

¡Hasta me alegré de verlo!

Entonces empezó a hablar sobre cuestiones triviales que ni siquiera recuerdo. Lo que sí recuerdo es que estaba fascinada mirándolo. No sé cómo, la charla derivó en una amiga mía de la infancia. Me dijo que no me preocupara por ella, que a veces la vida simplemente no es justa. Inmediatamente después, me saludó y se retiró.

Esta amiga era víctima de bullying (yo también), pero con el curso de los años dejaron de molestarme. Ella siguió siendo el centro de las bromas más crueles que puedas imaginar. Me apena decir que me alejé de ella, a pesar de que sabía exactamente por lo que estaba pasando. Me arrepiento profundamente de mi actitud. En algún momento le pedí disculpas a través de las redes sociales, muchos años después, pero creo que esto no sirvió de mucho. El sentimiento de culpa siempre me acompañó, y estoy segura de que la herida que le causé tampoco cicatrizó.

Unos días después me enteré de que ella se había quitado la vida.

Ha pasado un año desde este último encuentro con el hombr extraño. No he vuelto a verlo desde entonces, al menos no en la vida real. Se me apareció en un sueño hace un par de noches, y ese es el motivo por el cual decidí compartir mi experiencia en El Espejo Gótico.

En el sueño me encontraba con este misterioso hombre en una calle oscura. Entramos en una casa, sin mediar palabra. Me llevó al interior de una habitación blanca. Se me ocurre decir la palabra esterilizada, pero no es eso exactamente. Me refiero a una habitación completamente limpia.

Entonces el hombre me puso una mano en el hombro y dijo:

—Realmente no se nos permite hacerlo de esta manera, pero quería despedirme. Ya no nos volveremos a ver.

Entonces desperté.

Esa es mi historia. Sé que no es tan extraña como otras que he leído en El Espejo Gótico, pero creo que es interesante. Tal vez haya otras personas con encuentros similares. En ese caso, me gustaría conocer sus historias.

Para resumirlo: el hombre se veía siempre igual, siempre hablaba en un tono un poco risueño, que sonaba algo sarcástico pero sabio. Siempre hacía preguntas para las que él ya conocía las respuestas, y mencionaba casualmente eventos de mi vida futura de una manera extraña. Nunca fue hostil, pero tampoco amistoso; solo amable. No sé de qué otra manera describirlo.

En estos días estuve pensando mucho en él, pero no creo que vuelva a verlo en el futuro. No sé si esa es una buena o una mala noticia.

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