Lovecraft vs. Freud: la interpretación de los sueños según Cthulhu


Lovecraft vs. Freud: la interpretación de los sueños según Cthulhu.





¿H.P. Lovecraft odiaba a Sigmund Freud?

No creo que odio sea la palabra adecuada para referirse a los sentimientos de H.P. Lovecraft por Sigmund Freud. Es mucho más justo decir que despreciaba sus ideas, sobre todo su sistema de interpretación de los sueños.

De hecho, no hay una sola mención a Freud en las cartas y relatos de Lovecraft en la cual no se refiera al padre del psicoanálisis en términos negativos, cuando no directamente peyorativos, acusándolo a menudo de recurrir a simbolismos infantiles para explicar algo tan profundo y significativo como los sueños.

Algunos estudiosos de la obra del maestro de Providence se preguntan si Lovecraft realmente leyó a Freud, y hasta qué punto estaba familiarizado con su obra. Lo cierto es que lo leyó, y profusamente, de ahí su vivo rechazo por las teorías freudianas.

Es bien sabido que H.P. Lovecraft utilizó sistemáticamente sus sueños como material para sus obras. Basta repasar, por ejemplo, el Ciclo Onírico. Pero no solo eso, hay numerosos relatos y poemas de H.P. Lovecraft que fueron prácticamente copiados de su diario de sueños, casi sin alteraciones; lo cual nos permite preguntarnos si acaso no podría realizarse un análisis freudiano de los cuentos de Lovecraft, ya que buena parte de ellos están constituidos por sueños.

El propio Lovecraft nos ofrece una especie de psicología de los sueños en algunos de sus relatos, por ejemplo, en Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep), donde además comparte su singular visión acerca de Sigmund Freud:


A menudo me he preguntado si la mayoría de la humanidad se detuvo alguna vez para reflexionar sobre el ocasional significado titánico de los sueños y del oscuro mundo al que pertenecen. Aunque la mayor parte de nuestras visiones nocturnas no son quizá más que débiles y fantásticos reflejos de nuestras experiencias vigiles —en contra de lo que sostiene Freud con su simbolismo pueril—, hay sin embargo algunas cuyo carácter extramundano y etéreo permiten una interpretación excepcional, y cuyo efecto vagamente emocional e inquietante sugiere posibles atisbos de una esfera de existencia mental no menos importante que la vida física, aunque separada de dicha vida por una barrera infranqueable.

(I have often wondered if the majority of mankind ever pause to reflect upon the occasional titanic significance of dreams, and of the obscure world to which they belong. Whilst the greater number of our nocturnal visions are perhaps no more than faint and fantastic reflections of our waking experiences – Freud to the contrary with his puerile symbolism – there are still a certain remainder whose immundane and ethereal character permit of no ordinary interpretation, and whose vaguely exciting and disquieting effect suggests possible minute glimpses into a sphere of mental existence no less important than physical life, yet separated from that life by an all but impassable barrier).


¿Por interpretación ordinaria el maestro de Providence se refería a la interpretación de los sueños de Freud? Resulta difícil asegurarlo con absoluta certeza. Sabemos que Lovecraft despreciaba a Freud, pero no a la psicología, y menos aún a la psicología de los sueños. De hecho, tenía en alta estima a Mary Whiton Calkins (1863-1930), una investigadora que, en 1893, recolectó y analizó más de 300 sueños para establecer una especie de Big Data onírica.

Las conclusiones de Calkins agradaron a Lovecraft, especialmente las categorías de sueños que la investigadora elaboró basándose en el contenido analizado. Calkins dedujo que los sueños que contienen configuraciones realistas, con personajes familiares para el soñador, poseen un tono generalmente negativo. También añadió otros patrones interesantes; por ejemplo, las personas vinculadas al arte suelen tener más pesadillas que el promedio de la gente, que los niños sueñan más con animales que los adultos, y que las personas jóvenes son más propensas a experimentar lo que actualmente se conoce como Sueño Lúcido, es decir, la experiencia o sensación de estar despierto dentro de un sueño.

Lovecraft menciona a Freud en varios relatos, y más aún en sus cartas, y en todas esas referencias se percibe un entendimiento más bien superficial de las teorías freudianas. A modo de ejemplo tomamos un extracto de una carta a Elizabeth Toldridge, escrita en 1930:


Desde el trabajo pionero de Freud, y el trabajo aún más analítico de sus sucesores (Pavlov, Jung, Adler, Watson), hemos llegado a ver que no existe tal cosa como «amor» en ningún sentido unificado, permanente o importante; y a reconocer que las nociones anteriores de tales asuntos se debieron a la falta de conocimiento científico y a ciertos delirios poéticos o religioso-místicos bien definidos. Hablar de la «inmortalidad» o el significado cósmico de algo tan mítico e ilusorio como «amor», hoy en día carece de sentido.

(Since the pioneering work of Freud and the still more analystical work of his successors (Pavlov, Jung, Adler, Watson), we have come to see that there is no such thing as “love” in any unified, permanent, or important sense; and recognize that the earlier notions of such matters were due to sheer lack of scientific knowledge and to certain well-defined poetic or religio-mystico delusions. To speak of the “immortality” or cosmic significance of anything as mythical and illusory as “love”, is today essentially meaningless)


Lovecraft fue crítico de las ideas de Freud, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que el maestro de Providence siempre fue más duro con los científicos vivos —en su época (como Freud y Einstein)—, y con las hipótesis y teorías recientemente desarrolladas por éstos, que con los científicos muertos.

Este alto nivel de crítica responde a la forma de pensar de H.P. Lovecraft, que tenía mucho de científica, es decir, que mantenía una mente abierta pero objetivamente crítica cuando se le presentaban ideas y conceptos nuevos.

En aquella época, las hipótesis de Freud y Einstein no tenían gran cantidad de datos empíricos que las respaldaran, y no fue hasta que pudieron probarse —en algunos casos, con discusiones que continúan hasta hoy—, que una mentalidad como la de Lovecraft pudo comenzar a encontrar cierta veracidad en ellas.

Incluso podemos pensar que, a medida que las teorías de Freud fueron ganando reconocimiento en la comunidad científica, también fueron desapareciendo los comentarios críticos en la obra de Lovecraft.

Por ejemplo, el nombre de Freud aparece en Más allá del muro del sueño, como ya hemos mencionado, y en Desde el más allá (From Beyond), siempre bajo una óptica sumamente crítica. No obstante, los mismos conceptos freudianos reaparecen en cuentos como El verdugo eléctrico (The Electric Executioner), escrito en colaboración con Adolphe de Castro; y en La trampa (The Trap), escrito con Henry S. Whitehead, pero con un nivel de aceptación mucho más elevado.

Tales referencias críticas a Freud en el trabajo temprano de Lovecraft, y su ausencia en obras posteriores, plantea una dinámica que tiene sentido.

Muchas de las primeras historias de Lovecraft pertenecen al Ciclo Onírico, donde los sueños ocupan un rol preponderante, y en consecuencia también pueden ser vistas como un blanco más directo para las polémicas ideas de Freud. En cierta manera, Lovecraft se sentía atacado por Freud.

Por otro lado, los relatos posteriores del maestro de Providence se enfocan en el Horror Cósmico, y enfatizan la insignificancia del ser humano frente a los seres interdimensionales de los Mitos de Cthulhu, como Azathoth, Cthulhu, Nyarlathoteph, Yog-Sothoth y los Antiguos. Por lo tanto, si la humanidad es insignificante dentro del Multiverso de Lovecraft, ¿cuán significativa puede ser la salud mental de un simple humano, y de las teorías que se formulen sobre ella?

Aquí, Lovecraft plantea otra diferencia interesante con Sigmund Freud.

El deterioro mental, o la locura, parecen inevitables al estar expuesto ante estos seres interdimensionales. No obstante, lo que Lovecraft realmente se pregunta es si la locura es la consecuencia de esa exposición o la respuesta de una sociedad ante un individuo que intenta revelar a los demás la verdadera fibra de la realidad.

En términos freudianos, la locura es vista como un estado de desconexión con la realidad objetiva. Para Lovecraft, es una sobredosis de realidad.




Taller de literatura. I El lado oscuro de la psicología.


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1 comentarios:

Domingo José Bolívar Peralta dijo...

No olvidemos que Lovecraft era un tipo más bien conservador; las ideas de Einstein y Freud contrariaban el orden al que el mismo Lvecraft pertenecía y estaba habituado. Reacio a los cambios, por eso mismo, tal vez, Lovecraft decía que prefería haber vivido en otro siglo y en en el 20, en el cual todo marchaba tan vertiginosamente.



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