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Manual de seducción para mujeres (la bruja que hay en cada mujer)

Manual de seducción para mujeres (la brujas que hay en ellas)


La bruja satánica (The Satanic Witch) -luego editado como La bruja completa (The Compleat Witch)- es un libro prohibido del ocultista Anton LaVey, publicado en 1971.

Básicamente se trata de un manual de seducción (y de manipulación) relacionado con las brujas

Aquí, Anton LaVey describe todas las tácticas y estrategias seducción utilizadas por las mujeres en general, cuyas fuentes -sostiene el autor- se encuentran arraigadas en la tradición de las brujas medievales.

Este libro maldito añade algunos hechizos y conjuros aunque no se trata de una obra esotérica en absoluto. Si bien está enfocado claramente hacia las mujeres, muchos lo consideran una obra valiosa sobre psicología femenina.

En cierta forma, La bruja satánica intenta desentrañar los secretos de la seducción femenina.

El libro de Anton LaVey reinterpreta una teoría polémica desarrollada por el psicólogo William Herbert Sheldon, llamada Psicología constitucional (Constitutional psychology), de gran popularidad en los años '40; la cual estudia la influencia de la constitución física en el temperamento. Anton LaVey incorpora estos conceptos, aunque añade algunas consideraciones de su propia cosecha, por cierto, ampliamente desacreditadas.

En un retroceso bestial hacia la frenología, La bruja satánica revuelve conceptos tan detestables como "femenino puro" y "masculino puro"; casi como arquetipos en oposición, y los relaciona con una constitución física mesomorfa; como si de algún modo el cuerpo fuese un ingrediente vital para la conformación del temperamento y la personalidad.

Anton LaVey sostiene que todas las mujeres poseen una personalidad integrada, es decir, que abarcan todas las personalidades posibles; y que el entorno resulta determinante para signar cuál de ellas terminará siendo la que predomina sobre las otras.

Esta es la razón -sostiene el autor- por la cual las mujeres son y serán un misterio. La bruja satánica no ofrece respuesta alguna a la pregunta: ¿qué quieren las mujeres?, sino que intenta explicar que la ausencia de respuestas se debe a una razón aún más compleja. Nunca sabremos lo que quieren las mujeres porque tampoco ellas lo saben.

Recordemos que el libro de Anton LaVey fue publicado en una época confusa, donde el concepto de "femenino" comenzaba a reformularse, convirtiendo a la feminidad clásica en un arcaismo. En este contexto, La bruja satánica se aferra a los viejos paradigmas, alabando las ideas clásicas de belleza y glamour como propiedad exclusiva de la mujer en tanto individuo sujeto a las normas masculinas.

Si bien estas ideas suenan, y de hecho lo son, francamente anacrónicas; el libro de Anton LaVey resulta interesante por varios motivos. El verdadero poder, sostiene el autor, se encuentra en manos de las mujeres, ya que son ellas las que gobiernan en el campo del amor, del deseo y de la pasión. El feminismo, añade, es una corriente noble que promueve el desarrollo de los derechos de la mujer, pero que en cierta forma las priva de ese poder ancestral sobre los varones.

Esta contradicción, desde luego, solo aparente, ha generado un libro realmente asombroso. Por un lado, se trata de una obra que dignifica a la mujer y su lucha por la igualdad de derechos, y por el otro subraya la idea de que esa misma lucha por la igualdad es la que priva a las mujeres de un rasgo ancestral.

Ahora bien, conviene decir que la teoría principal de Anton LaVey, acaso la misma que sostiene a la Wicca, es que TODAS las mujeres, sin excepción, poseen cualidades místicas innatas, que TODAS poseen habilidades mágicas insospechadas, a menudo disimuladas bajo la máscara de "intuición". En otras palabras, que TODAS LAS MUJERES SON BRUJAS.

Naturalmente, el concepto de Bruja, al menos aquí, no es peyorativo, sino más bien elogioso.

¿Cómo funciona esta magia de la mujer

A través de su personalidad, de la multiplicidad de pensamientos simultáneos, de la capacidad de interpretación, incluso a niveles insospechados, del discurso masculino, en este sentido, groseramente lineal.

Superada esta etapa, el manual de seducción para brujas de Anton LaVey cae en una mirada bastante estrecha sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Para el autor, es la mujer quien seduce al hombre, nunca al revés.

En este contexto el libro ofrece algunas claves para el éxito en la elección de pareja, basándose en una tabla de constituciones físicas absurda. El hombre, afirma el autor, siempre se ve atraído por su opuesto femenino, es decir, por las cualidades femeninas de las que carece. Cuánto más áspero y refractario sea el caballero en cuestión, más atraído se sentirá por mujeres delicadas y gentiles; por ejemplo.

Una vez establecido el grado que ocupa la mujer en la tabla de LaVey, el libro pasa a explicar qué tipo de hombre se ajusta mejor a esas características. En cierta forma, esta tabla explica por qué algunas mujeres se empeñan en sentirse atraídas por "hombres que no les convienen". En definitiva, no hay ningún error de elección allí, sino la atracción natural por ese opuesto del que hablábamos antes.

Tal vez aquí reside el episodio más destacable de este Manual de seducción para brujas. Las mujeres, al contrario de lo que ocurre con los hombres, mucho más proclives a dejarse llevar por las circunstancias, siempre se sienten atraídas por una serie de características inalterables. Pueden, y de hecho lo hacen, enamorarse de hombres en franca contradicción con sus deseos secretos, pero ese deseo y esa atracción por un estilo preciso de hombre continuará existiendo, más allá de que no llegue a concretarse en el plano real.

Las mujeres, sostiene LaVey, nunca se equivocan al elegir sus parejas; aún aquellas mujeres que se lamentan por elegir caballeros incapaces de satisfacerlas. En estos casos se produce una especie de autoengaño, gestionado por presiones culturales que desplazan a la mujer hacia un antagonismo insoslayable: por un lado está su deseo, y por el otro lo que la sociedad espera de su elección de pareja.

En definitiva, las mujeres adoran a los chicos malos (o a los buenos, según el caso), no porque deseen transformarlos. De hecho, si esta transformación fuese posible, el deseo se vería desplazado de inmediato hacia un nuevo prospecto.



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El resumen del libro de Anton LaVey: Manual de seducción para mujeres (o brujas): La bruja satánica (The Satanic Witch) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com