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Novelas de «Roman à clef» [novelas en clave]


Novelas de «Roman à clef» [novelas en clave]




El Roman à clef (la novela en clave) es un género literario que busca representar la realidad a través de una fachada fantástica. No es estrictamente una alegoría, sino más bien una deconstrucción de lo real dentro de un ámbito ficcional. Roman à clef significa «romance con llave», y de eso se trata realmente. Estas novelas utilizan nombres ficticios para representar personas reales, y la «llave» para interpretar su verdadera identidad se encuentra en la astucia del lector para develar las pistas que deja el autor.

En cierta forma, la novela en clave es una obra de ficción cuyo propósito es enmascarar la identidad de sus personajes. Con el tiempo, la «clave» terminó constituyéndose en la aparición de un personaje público y reconocido, cuya presencia revelaba la identidad de los protagonistas. La verdadera impulsora del Roman à clef fue Madeleine de Scudery (1607-1701), quien en el siglo XVII definió formalmente su estilo para representar figuras políticas sin caer en la censura o verse implicada en procedimientos judiciales disciplinarios. Su mejor discípulo, incluso mejor que ella misma, fue Victor Hugo.

El Roman à clef es tanto una novela como un acertijo, con la curiosidad de que su estructura ofrece todas las herramientas para descifrarlo; algo así como un laberinto artificioso cuyos muros interiores se encuentran perfectamente señalizados

Repasemos algunas grandes novelas del Roman à clef</>, varias de las cuales podemos encontrar en nuestra biblioteca.




Novelas de «Roman à clef».




Más novelas de terror. I Novelas del romanticismo.


El análisis y resumen de las novelas del Roman à clef fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Han de Islandia»: Victor Hugo; novela y análisis.


«Han de Islandia»: Victor Hugo; novela y análisis.




Han de Islandia (Han d'Islande) es una novela gótica del escritor francés Victor Hugo, publicada en 1823.

Mencionamos a Han de Islandia como una novela gótica a pesar de que son pocos los que se atreven a clasificarla dentro del género. El primero en hacerlo fue H.P. Lovecraft en El horror sobrenatural en la literatura, donde señala que Han de Islandia, mediante la fuerza de sus imágenes y su ambientación, corresponde al género gótico, a despecho de que para muchos esto sea un demérito.

Escrita cuando contaba con apenas veintiún años, Han de Islandia es la primera novela publicada de Victor Hugo, en virtud de la cual se posicionó rápidamente como un ejemplo fundamental del romanticismo.

Han de Islandia se desarrolla en 1699, en el reino apócrifo de Islandia. Allí, Ordener Guldenlew, hijo de un reconocido barón escandinavo, se enamora de Ethel, una dama recluida en una prisión junto a su padre, Schumaker, encarcelado injustamente. Los enemigos de este preso político buscan deshacerse de él y organizar un motín entre los mineros locales, pero éstos solitican la presencia de Schumacker como organizardor del movimiento. Tanto la historia de amor entre Guldenlew y Ethel, más las intrigas políticas entre Shumacker y sus acólitos, colapsarán ante el ingreso de un hombre llamado Han, taciturno y de aspecto terrible, quien comparte sus días de aislamiento con un oso y bebe sangre humana.




Novelas góticas de Victor Hugo. I Novelas góticas.


El análisis y resumen de la novela gótica de Victor Hugo: Han de Islandia (Han d'Islande) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La torre de los ratones»: Víctor Hugo; relato y análisis.


«La torre de los ratones»: Víctor Hugo; relato y análisis.




La torre de los ratones (La tour des souris) es un relato romántico del escritor francés Víctor Hugo (1802-1885), escrito en 1942 para su diario personal de viaje: El Rin, cartas a un amigo (Le Rhin, Lettres à un ami).






La torre de los ratones.
La tour des souris, Víctor Hugo (1802-1885)

Desde que había empezado a anochecer, sólo tenía un pensamiento. Sabía que, antes de llegar a Bingen, un poco antes de la confluencia con el Nahe, encontraría un extraño edificio, una lúgubre morada ruinosa, de pie entre los juncos, en medio del río y entre dos altas montañas. Aquella morada ruinosa era la Maüsethurm.

Cuando era niño, por encima de mi cama tenía un pequeño cuadro rodeado de un marco negro que no sé qué criada alemana había colgado en la pared. Representaba una vieja torre aislada, enmohecida, destartalada, rodeada de aguas profundas y oscuras que la cubrían de vapores, y de montañas que la cubrían de sombras. El cielo por encima de aquella torre era sombrío y cubierto de nubes horrendas.

Por la noche, después de haber rezado a Dios y antes de dormirme, miraba siempre aquel cuadro. Lo volvía a ver en mis sueños y me parecía terrible. La torre aumentaba, el agua hervía, un relámpago caía de las nubes, el viento soplaba en las montañas y, por momentos, parecía lanzar clamores. Un día le pregunté a la criada cómo se llamaba aquella torre. Santiguándose, me respondió que se llamaba la Maüsethurm. Y luego me contó una historia. Que en otros tiempos, en Maguncia, en su país, había habido un malvado arzobispo llamado Hatto, que era también abad de Fuld, sacerdote avaro, según ella, que «abría la mano más para bendecir que para dar». Que un mal año compró todo el trigo de las cosechas para revendérselo muy caro al pueblo, pues aquel cura quería ser muy rico. La hambruna fue tal que los campesinos morían de hambre en los pueblos del Rin. Que entonces el pueblo se reunió alrededor del burgo de Maguncia, llorando y solicitando pan. Que el arzobispo se lo negó.

En este punto, la historia se hacía terrible. El pueblo hambriento no se dispersaba y seguía rodeando el palacio del arzobispo, gimiendo. Hatto, enojado, hizo rodear aquellas pobres gentes por sus arqueros que detuvieron a hombres y mujeres, ancianos y niños, y los encerraron en un troje al que prendieron fuego. Fue, añadía la vieja criada, «un espectáculo ante el que hasta las piedras habrían llorado» pero Hatto no hizo sino reír; y cuando aquellos desgraciados, expirando entre las llamas, lanzaban gritos lamentables, éste dijo: «¿Estáis oyendo a las ratas silbar?»

Al día siguiente, del troje fatal sólo quedaban cenizas; no había nadie en Maguncia; la ciudad parecía muerta y desierta cuando, de repente, una multitud de ratas, que pululaban en el troje quemado como los gusanos en las úlceras de Asuero, salían de debajo de la tierra, surgían de entre las losas, salían por las grietas de los muros, renacían bajo el pie que las aplastaba, se multiplicaban bajo las piedras y bajo las mazas, e inundaron las calles, la ciudadela, el palacio, los sótanos, las salas y las alcobas. Era un azote, una plaga, un repugnante hormigueo.

Fuera de sí, Hatto abandonó Maguncia y huyó hacia la llanura pero las ratas lo siguieron; corrió a refugiarse en Bingen que tenía altas murallas, pero las ratas pasaron por encima de las murallas y entraron en Bingen. Entonces el arzobispo mandó construir una torre en medio del Rin y se refugió en ella con la ayuda de una barca alrededor de la cual diez arqueros golpeaban el agua; las ratas se arrojaron al agua, cruzaron el Rin, treparon por la torre, royeron las puertas, el tejado, las ventanas, los techos, los suelos y, llegadas por fin a la mazmorra en la que el miserable arzobispo se había escondido, lo devoraron vivo.

Ahora la maldición del cielo y el horror de los hombres pesan sobre esta torre llamada Maüsethurm. Está desierta, en ruinas en medio del río y, a veces, por la noche, se ve salir de ella un extraño vapor rojizo que parece el humo de una hoguera, pero es el alma de Hatto que regresa.

¿Han observado ustedes algo? La historia es en ocasiones inmoral, los cuentos son siempre honestos, morales y virtuosos. En la historia el más fuerte prospera, los tiranos triunfan, los verdugos gozan de buena salud, los monstruos engordan, los Sila se transforman en buenos burgueses, los Luis XI y los Cromwell mueren en su cama. En los cuentos el infierno es siempre visible. No hay falta que no tenga su castigo a veces incluso exagerado; no hay crimen que no traiga tras de sí un suplicio con frecuencia espantoso; no hay malvado que no se convierta en un desgraciado a veces digno de lástima. Eso ocurre porque la historia se mueve en lo infinito y el cuento en lo finito. El hombre, que hace el cuento, no se siente con derecho a exponer los hechos y dejar suponer las consecuencias de los mismos; porque palpa en la oscuridad, no está seguro de nada, necesita acotarlo todo por medio de una enseñanza, un consejo y una lección; y no se atrevería a inventar acontecimientos sin conclusión inmediata. Dios, que hace la historia, muestra lo que quiere y conoce el resto.

Maüsethurm es un término cómodo. Se ve en él lo que se quiere ver. Hay espíritus que se consideran positivos -y que no son sino áridos-, que expulsan de todo la poesía, y están siempre dispuestos a decirle, como aquel hombre positivo al ruiseñor: «¡Quieres callarte, maldito animal!» Este tipo de mentes explican que la palabra Maüsethurm viene de maus o mauth, que significa peaje. Declaran que en el siglo X, antes de que se ensanchara el cauce del río, el paso del Rin sólo estaba abierto por la orilla izquierda y que la ciudad de Bingen había establecido por medio de esta torre su derecho de fielato sobre los barcos. Se apoyan en que aún hay cerca de Estrasburgo dos torres parecidas dedicadas a la percepción de impuestos sobre los transeúntes, que también se llaman Maüsethurm. Para estos graves pensadores inaccesibles a las fábulas, la torre maldita es una puerta de consumos y Hatto un portalero o aduanero.

Para las gentes sencillas, entre las que me incluyo gustoso, Maüsethurm procede de maüse, que viene de mus y significa rata. Esa supuesta puerta de consumos es la torre de las ratas, y el aduanero un espectro.

Después de todo, las dos opiniones podrían conciliarse. No es absolutamente imposible que hacia el siglo XVI o el XVII, después de Lutero, después de Erasmo, los bugomaestres incrédulos hubieran utilizado la torre de Hatto y hubieran instalado provisionalmente alguna tasa y algún peaje en aquella ruina de mala fama. ¿Por qué no? Roma hizo del templo de Antonino su aduana, su dogana. Lo que Roma hizo respecto a la historia, Bingen pudo hacerlo respecto a la leyenda. Así, mauth tendría razón y maüse no estaría equivocada.

Sea como fuere, desde que la vieja criada me narró el cuento de Hatto, la Maüsethurm había sido una de las visiones habituales de mi espíritu. Ya saben, no hay hombre que no tenga sus fantasmas, como no hay hombre que no tenga sus quimeras. Por la noche pertenecemos a los sueños; a veces los atraviesa un rayo de sol, a veces lo hace una llama; y según el reflejo colorante, el mismo sueño es una gloria celestial o una aparición del infierno. Efecto de luz de Bengala que se produce en la imaginación.

Yo debo reconocer que la torre de las ratas, en medio de su charca de agua, siempre me pareció horrible. Por lo que -¿me atreveré a confesarlo?- cuando el azar, que me pasea a su antojo, me condujo a orillas del Rin, el primer pensamiento que se me ocurrió no fue que vería la cúpula de Maguncia, o la catedral de Colonia o el Palatinado, sino que podría visitar la torre de las ratas.

Víctor Hugo (1802-1885)




Relatos de Víctor Hugo. I Relatos góticos.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Víctor Hugo: La torre de los ratones (La tour des souris) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El hombre y la mujer»: Víctor Hugo; poema y análisis


«El hombre y la mujer»: Víctor Hugo; poema y análisis.




El hombre y la mujer (L'homme et la femme) es un poema de amor del escritor francés Víctor Hugo (1802-1885), escrito en 1875.

El hombre y la mujer, uno de los grandes poemas de Víctor Hugo, ensaya una descripción de las diferencias entre el hombre y la mujer, tratando de explicar sus características.

Para Victor Hugo, la mujer es una criatura soñadora, de cualidades más bien etéreas, como un ángel. Por otro lado, el hombre es visto como alguien gobernado por el cerebro, alguien racional. En este sentido, El hombre y la mujer nos invita a examinar esas cualidades opuestas, y nos anima a profundizar en la dirección de estas diversidades para comprendernos mejor a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

De más está decir que El hombre y la mujer de Víctor Hugo parte de una premisa fundamentalmente equivocada, pero que al mismo tiempo formaba parte de los ideales del romanticismo: el hombre como entidad individual, ligada a la tierra, y la mujer como un cristal, un tamiz donde se trasluce la eternidad.




El hombre y la mujer.
L'homme et la femme, Victor Hugo (1802-1885)

El hombre es la criatura más elevada,
la mujer es el más sublime de los ideales.

Dios hizo para el hombre un trono:
para la mujer un altar.
El trono exalta;
el altar santifica.

El hombre es cerebro,
la mujer corazón..
el cerebro hace la luz, el corazón el amor;
la luz nutre, el amor resucita.

El hombre es fuerte por la razón
la mujer es fuerte por la emoción,
la razón argumenta
las emoción conmueve.

El hombre es capaz de todos los heroísmos,
la mujer de todos los martirios.
El heroísmo ennoblece,
el martirio sublima.

El hombre tiene la supremacía;
la mujer la preferencia
la supremacía significa fuerza;
la preferencia respresenta el derecho.

El hombre es un genio,
la mujer un ángel.
El genio es inconmensurable;
El ángel indefinible.

La aspiración del hombre es la suprema gloria;
la aspiración de la mujer es la extrema virtud.
La gloria hace todo lo que es grande;
La virtud hace todo lo que es divino.

El hombre es código,
la mujer es evangelio
el código corrige
el evangelio perfecciona.

El hombre piensa,
la mujer sueña,
pensar es tener una larva en el cráneo,
soñar es tener una luz en la frente.

El hombre es un océano;
la mujer un lago.
El océano tiene la perla que adorna;
El lago, la poesía que enciende.

El hombre es el águila que vuela,
la mujer es el ruiseñor que canta.
Volar es subyugar el espacio
cantar el conquistar el alma.

El hombre es un Templo;
la mujer es el Santuario.
Delante del Templo nos descubrimos
Delante del Santuario nos arrodillamos.

El hombre se ubica donde termina la tierra,
la mujer, donde comienza el cielo.


L'homme est la plus élevée des créatures;
la femme est le plus sublime des idéaux.
Dieu a fait pour l'homme un trône;
Pour la femme un autel.
Le trône exalte;
L'autel sanctifie.
L'homme est le cerveau,
La femme le coeur.
Le cerveau fabrique la lumière;
Le coeur produit l'Amour.
La lumière féconde;
L'Amour ressuscite.
L'homme est fort par la raison;
La femme est invincible par les larmes.
La raison convainc;
Les larmes émeuvent.
L'homme est capable de tous les héroïsmes;
La femme de tous les martyres.
L'héroïsme ennoblit;
Le martyre sublime.
L'homme a la suprématie;
La femme la préférence.
La suprématie signifie la force;
La préférence représente le droit.
L'homme est un génie,
la femme un ange.
Le génie est incommensurable;
L'ange indéfinissable.
L'aspiration de l'homme, c'est la suprême gloire;
L'aspiration de la femme, c'est l'extrême vertu.
La gloire fait tout ce qui est grand;
La vertu fait tout ce qui est divin.
L'homme est un Code;
La femme un Evangile.
Le Code corrige;
L'Evangile parfait
L'homme pense;
La femme songe.
Penser, c'est avoir dans le crâne une larve;
Songer, c'est avoir sur le front une auréole.
L'homme est un océan;
La femme est un lac.
L'Océan a la perle qui orne;
Le lac, la poésie qui éclaire.
L'homme est un aigle qui vole;
La femme est le rossignol qui chante.
Voler, c'est dominer l'espace;
Chanter, c'est conquérir l'Ame.
L'homme est un Temple;
La femme est le Sanctuaire.
Devant le Temple nous nous découvrons;
Devant le Sanctuaire nous nous agenouillons.
Enfin:
L'homme est placé où finit la terre;
La femme où commence le ciel.


Victor Hugo
(1802-1885)




Poemas góticos. I Poemas de Víctor Hugo.


Más literatura gótica:
El anáisis, resumen y traducción del poema de Victor Hugo: El hombre y la mujer (L'homme et la femme), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su utilización escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Nuestra Señora de París»: Víctor Hugo; novela y análisis


«Nuestra Señora de París»: Víctor Hugo; novela y análisis.




Nuestra Señora de París (Notre-Dame de Paris) es una novela del romanticismo del escritor francés Victor Hugo (1802-1855), publicada en 1931.

Nuestra Señora de París, una de las mejores novelas de Víctor Hugo, relata la historia de la desdichada gitana Esmeralda y Quasimodo: jorobado sordo, y no menos desdichado que ella. El escenario donde transcurre buena parte de la acción es la oscura París del siglo XV. En cierta forma, podríamos decir que los verdaderos protagonistas de Nuestra Señora de París son, en realidad, la marginalidad, la pobreza y el desengaño.

El jorobado Quasimodo, siervo del archidiácono, es obligado por este a raptar a la hermosa Esmeralda. La empresa fracasa, y el jorobado es llevado a la plaza pública para ser azotado. Debido a su fealdad, se convierte en el objetivo central del odio contenido del pueblo. Al borde de la muerte, Quasimodo ruega por un poco de agua. La multitud se burla de él, se ofende, reclama nuevos castigos. Entonces el jorobado observa que una misteriosa mujer se aproxima: es Esmeralda.

Sin decir una palabra, la gitana se acerca a Quasimodo, que se retuerce en vano para librarse de ella, cuya visita juzga con propósitos vengativos. Sin embargo, Esmeralda siente pena por el jorobado. Le humedece los labios áridos, resquebrajados, y observa como aquel rostro contraído por la desesperación poco a poco se relaja.

Seguir resumiendo Nuestra Señora de París es una blasfemia que no estamos dispuestos a cometer. Digamos, apenas, que la cuestión no termina ahí; que luego habrá un asesinato, múltiples acusaciones, falsos arrepentimientos, y la figura de un inocente que se erige como un monumento a la infamia: uno que solo podría ser redimido por una figura mítica, la Dama de París, donde los desconsolados por fin encuentran consuelo.




Nuestra Señora de París.
Notre-Dame de Paris, Víctor Hugo (1802-1855)
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  • http://www.ataun.net/bibliotecagratuita/Cl%C3%A1sicos%20en%20Espa%C3%B1ol/Victor%20Hugo/Nuestra%20se%C3%B1ora%20de%20Par%C3%ADs.pdf




Novelas góticas. I Novelas de Víctor Hugo.


Más literatura gótica:
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Víctor Hugo: novelas, poemas, relatos


Víctor Hugo: novelas, poemas, relatos.




Victor Hugo (1802-1885) fue uno de los grandes escritores franceses de su tiempo. Auténtico heredero del romanticismo, su obra exploró de forma magistral casi todos los formatos: poesía, novela, teatro, y en todos ha dejado una huella imborrable. Estas inquietudes artísticas, así también como la abundancia de su obra, no son producto del azar, habida cuenta de que Víctor Hugo fue un autor riguroso, cuyo método de composición comenzaba en las primeras horas de la madrugada y se extendía a lo largo de todo el día. De esta forma, la inspiración siempre lo encontraba trabajando.

En esta sección daremos cuenta de las mejores novelas, poemas y relatos de Víctor Hugo, muchas de las cuales se inscriben entre las más brillantes jamás concebidas.




Víctor Hugo: novelas, relatos, poemas:
  • El hombre y la mujer (L'homme et la femme)
  • Han de Islandia (Han d'Islande)
  • La torre de los ratones (La tour des souris)
  • Nuestra Señora de París (Notre-dame de Paris)
  • Amy Robsart (Amy Robsart)
  • Angelo, tirano de Padua (Angelo, tyran de Padoue)
  • Bug-Jargal (Bug-Jargal)
  • Canciones de las calles y los bosques (Les Chansons des rues et des bois)
  • Claude Gueux (Claude Gueux)
  • Cromwell (Cromwell)
  • El año terrible (L'Année terrible)
  • El arte de ser abuelo (L'Art d'être grand-père)
  • El asno (L'Âne)
  • El hombre que ríe (L'Homme qui rit)
  • El Papa (Le Pape)
  • El rey se divierte (Le roi s'amuse)
  • El último día de un condenado a muerte (Le Dernier Jour d'un condamné)
  • Hernani (Hernani)
  • Inés de Castro (Inez de Castro)
  • La leyenda de los siglos (La Légende des siècles)
  • La Piedad suprema (La Pitié suprême)
  • Las contemplaciones (Les Contemplations)
  • Las hojas de otoño (Les Feuilles d´automne)
  • Las voces interiores (Les Voix intérieures)
  • Los burgraves (Les Burgraves)
  • Los cantos del crepúsculo (Les Chants du crépuscule)
  • Los castigos (Les Châtiments)
  • Los cuatro vientos del espíritu (Les Quatre Vents de l'esprit)
  • Los miserables (Les Misérables)
  • Los orientales (Les Orientales)
  • Los rayos y las sombras (Les Rayons et les Ombres)
  • Los trabajadores del mar (Les Travailleurs de la mer)
  • Lucrecia Borgia (Lucrèce Borgia)
  • María Tudor (Marie Tudor)
  • Marion Delorme (Marion de Lorme)
  • Noventa y tres (Quatrevingt-treize)
  • Nuevas odas (Nouvelles Odes)
  • Odas y baladas (Odes et Ballades)
  • Odas y poesías diversas (Odes et poésies diverses)
  • Religiones y religión (Religions et religion)
  • Ruy Blas (Ruy Blas)
  • Teatro en libertad (Théâtre en liberté)
  • Torquemada (Torquemada)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Víctor Hugo: novelas, relatos poemas, obras fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de Fitz-James O'Brien.
Relato de Arthur Machen.
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Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
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