«Y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»


«Y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»




Hoy en El Espejo Gótico analizaremos las raíces filosóficas, mitológicas y poéticas de la célebre cita del Necronomicón de H. P. Lovecraft:


«Que no está muerto lo que yace eternamente,
y con eones extraños incluso la muerte puede morir

[That is not dead which can eternal lie.
And with strange aeons even death may die
]


Este verso pareado aparece por primera vez en el relato de 1921: La Ciudad sin Nombre (The Nameless City), y regresa siete años después, con una ligera corrección, en La Llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu), donde se le atribuye al «árabe loco», Abdul Alhazred. En la primera versión publicada [The Wolverine, noviembre de 1921] se omite la palabra even [«incluso»], pero esta aparece en el manuscrito original y en las posteriores versiones publicadas.

Lo primero que surge al leer esta cita del Necronomicón es asociarla a la filosofía del Horror Cósmico, a esta idea de que existen fuerzas primordiales más allá de la comprensión humana, y que incluso el concepto de Muerte está subordinado a ellas [ver: Horror Cósmico: la vida no tiene sentido, la muerte tampoco]. Tengamos en cuenta que el narrador de La Ciudad sin Nombre se encuentra en una ciudad... bueno, «sin nombre», sin historia, un lugar tan antiguo que «no existe ninguna leyenda que le dé un nombre o que recuerde que alguna vez estuvo viva». Este es el lugar «con el que soñó Abdul Alhazred, el poeta loco, la noche antes de cantar su inexplicable copla».

¿Cómo algo «que yace eternamente» puede no estar muerto? Si la muerte se define como un estado irreversible de no-existencia, lo «que yace eternamente» puede revertir su condición porque «no está muerto», pero evidentemente no dentro del tiempo. ¿Cuál sería entonces la diferencia entre este estado [¿autodeterminado?] y perpetuo de no-movimiento y la muerte? Esto sólo podría ser entendido por un loco, alguien que ha trascendido verdadera y completamente las categorías de la comprensión por el alcance del concepto en su totalidad. Fuera del Tiempo, quizás, incluso la Muerte misma podría dejar de ser una función de la realidad [ver: Einstein, la Relatividad y los Antiguos]

En el contexto de los Mitos de Cthulhu, el pareado sugiere que los Primigenios, que alguna vez fueron las fuerzas dominantes del mundo, han entrado en un estado de letargo que, desde nuestra perspectiva, resulta parecido a la muerte; aunque eventualmenente [fuera o más allá del concepto de «eternidad»] se levantarán y reinarán de nuevo. Es un motivo que atraviesa gran parte de la ficción de Lovecraft.

El verso es incoherente si se lo toma literalmente. La eternidad, por definición, no tiene fin; por lo que un ser que yace «eternamente» no podría hacer otra cosa que «yacer». Es un absurdo lógico, como la idea de dibujar un círculo cuadrado. Uno puede escribirlo, pero resulta imposible ejecutar y concebir en su totalidad... al menos en nuestra dimensión [ver: Borges, Lovecraft y el Feng Shui de la cuarta dimensión]. Tales absurdos lógicos son la forma en que Lovecraft nos invita a una realidad más amplia y ajena a la experiencia humana. El verso no sólo insinúa que los Primigenios trascienden el concepto de «inmortalidad», es decir, que pueden «yacer eternamente» y, al mismo tiempo, no estar muertos; sino que si permanecen en este estado el [no]tiempo suficiente, tal vez incluso la Muerte llegue a morir [ver: Y la Muerte no tendrá dominio]

El Flaco de Providence siempre estuvo interesado en los límites de la comprensión humana en relación a la escala cósmica. En El Espejo Gótico hemos examinado muchas historias donde el narrador, o el protagonista, se enfrentan a una situación que los enloquece. No es que estos personajes pierdan la cordura en términos psiquiátricos convencionales. Lovecraft los sitúa ante algo tan colosal, tan fuera de la escala humana, que simplemente no pueden procesarlo. Es como si la locura fuera la única reacción posible ante la verdadera naturaleza de la realidad. Más aún, la locura parece ser la única posición sensata ante algo que está más allá de toda definición. En este contexto, el verso pareado del Necronomicón es un eslabón fundamental de su cosmología


«Que no está muerto lo que yace eternamente,
y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»


El Tiempo siempre es un problema cuando abordamos estas cuestiones, sobre todo porque lo único imposible en cualquier estructura o sistema es la permanencia. Tomemos cualquier cosa en el universo, grande o subatómica: si esperas lo suficiente, cambiará. La materia orgánica morirá, y la materia inorgánica cobrará vida. Nada permanece quieto. En este contexto, parece lógico que nada pueda «yacer eternamente»; sólo deberíamos esperar eternamente para que cambie, «eones» para que eso suceda. Si un «eón» es una medida de tiempo de mil millones de años, sólo podemos especular a qué refiere la cualidad de «extraños». Los físicos tienen una teoría para esto, llamada Big Freeze: el universo se expandirá tanto que todo estará infinitamente lejos de todo. Filosóficamente hablando, en ese momento la Muerte estará muerta. Pero el universo podría eventualmente estirarse demasiado y desgarrarse, o colapsar gravitacionalmente. Realmente tomaría «extraños eones» llegar a un universo donde incluso los agujeros negros más grandes se evaporen.

Lovecraft escribe en un estilo anticuado para su época, sobre todo en la primera parte del verso, particularmente opaca debido al orden inusual de las palabras, pero eso le permite impartir una vaga idea de cuán antiguos son estos seres. Existen fuera del tiempo, pueden «yacer eternamente» y aún así no estar muertos. Esta noción de que la muerte es un concepto obsoleto es brillante. Los Primigenios no son de este universo; ni siquiera son vida tal como la conocemos. Sobrevivirán porque, para empezar, no se puede matar lo que nunca estuvo vivo. La muerte morirá en esos «extraños eones» cuando el universo expire, pero aquellos que nunca vivieron existirán para siempre.

La palabra «eón» proviene del griego, y significa «época». Lovecraft la utiliza como una unidad de tiempo, pero el término también tiene conotaciones gnósticas a las cuales el Flaco de Providence no era ajeno dado la educación que recibió de su abuelo materno, Whipple Van Buren Phillips, que fue masón y fundador de la Logia Iónica No. 28. En este contexto, los aiones [«eones»] son las emanaciones del Creador en el sistema gnóstico. No quiero decir que los cultistas de Cthulhu sean gnósticos, pero tengamos en cuenta que el dístico que estamos analizando fue pronunciado por Abdul Alhazred en el contexto de una tradición. Como afirma Robert M. Price, el verso en sí es como «una promesa de vida eterna» para quienes adoren y presten servicio a estos seres [ver: Lovecraft y el culto de los Antiguos]

Si este pareado fuese, digamos, parte de una tradición, ciertamente refleja la idea de que algunas entidades o fuerzas persisten más allá de las nociones convencionales de tiempo y mortalidad, o al menos que hay aspectos de la existencia que trascienden la muerte física. El gnosticismo también propone la existencia de seres que permanecen latentes o inactivos pero que poseen una esencia que se encuentra más allá de las limitaciones de la muerte. Esto podría explicar porqué alguien en su sano juicio adoraría a Cthulhu y a los de su raza: ellos desafían la comprensión de la muerte como fin último, e incluso insinúan que la propia muerte, aparentemente absoluta y final en la narrativa cósmica, está condenada a su eventual disolución [ver: Tentáculos «por default»]

Aleister Crowley coincide con Lovecraft sobre el concepto de «eón», al cual concibe como una medida extraordinaria de tiempo, y también con la idea de que la contemplación de los seres que pudieran haber evolucionado en estos períodos llevaría a cualquier persona a la locura. Lovecraft propone que, al cabo de «eones extraños, incluso la muerte puede morir». Aleister Crowley, en la misma sintonía, propuso «la destrucción del principio de la muerte». Ambos escribieron sobre lo mismo, pero las reacciones entre ambos hombres es opuesta. La noción de que la muerte pueda morir representaba esperanza para Crowley, pero horror absoluto para Lovecraft.

En los Mitos, los Primigenios son seres inimaginablemente poderosos que dominan la tecnología a tal punto que, como sugiere Arthur C. Clarke, esta parece «magia» a nuestros ojos [ver: La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media]. Parecen divinos, pero todavía están sujetos a ciertas leyes. Sus apariencias físicas y habilidades pueden variar, pero comparten algunas características como la telepatía, un gran tamaño y un área limitada a la que están confinados. Hace millones de años, los Primigenios «descendieron de las estrellas» y se establecieron en la Tierra [también en otros mundos]. Fue durante este tiempo que Cthulhu, el más poderoso de los Primigenios, ordenó a sus engendros construir la ciudad de R'lyeh [ver: Cthulhu: anatomía de un Primigenio]. Después un lapso indeterminado [miles o millones de años], todo cambió, y aunque la causa de esta alteración sigue siendo un misterio, se han desarrollado dos hipótesis:

La primera sostiene que los Primigenios [Cthulhu, Tsathoggua, Ithaqua, entre otros] fueron, en algún momento, sirvientes de seres todavía más poderosos, los Dioses Mayores. En este contexto, los Primigenios habrían cometido algún tipo de crimen contra estos seres. Cualquiera sea la razón, los Dioses Mayores expulsaron a los Primigenios y los encarcelaron en varios sitios de la Tierra, en las estrellas e incluso en otras dimensiones. Sin embargo, llegará un momento en que los Primigenios se liberarán de las restricciones impuestas por los Dioses Mayores y desafiarán a sus captores una vez más.

La segunda hipótesis afirma que las restricciones de los Primigenios fueron impuestas por ellos mismos con algún propósito desconocido. Si esto es cierto, ¿por qué harían tal cosa como grupo? Así como ciertos animales hibernan durante el invierno, los Primigenios, sujetos a un ciclo de existencia inconcebible, tal vez han caído en un letargo parecido a la muerte. Durante milenios han soñado en sus tumbas, esperando el momento del despertar para reconquistar el mundo.

En cualquiera de estos dos escenarios, el dístico del árabe loco tiene sentido:


«Que no está muerto lo que yace eternamente,
y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»


Los sueños de los Primigenios llegaron a muchas personas sensibles. Aunque algunos de estos mensajes telepáticos fueron distorsionados, creando las leyendas de titanes encarcelados [como Cronos] en muchas mitologías, otros llegaron con mayor grado de fidelidad. Estos «elegidos» iniciaron los cultos dedicados a los Primigenios. Esperan facilitar las cosas para que sus amos despierten, vuelvan a gobernar, y ellos mismos puedan convertirse en sacerdotes o regentes menores. Sin embargo, los iniciados que no participan del culto creen que la Tierra será completamente inhabitable si los Primigenios consiguen despertar [ver: ¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!]

En el relato de 1920: La poesía y los dioses (Poetry and the Gods), escrito en colaboración con Anna Helen Crofts, Lovecraft presenta a Hermes relatando una versión griega de la fórmula emblemática: «Que no está muerto lo que yace eternamente / y con eones extraños incluso la muerte puede morir.»:


«En tu anhelo has adivinado lo que ningún mortal, salvo sólo unos pocos a quienes el mundo rechaza, recordaba: que los Dioses nunca estuvieron muertos, sino sólo durmiendo y soñando el sueño de dioses en jardines hesperianos llenos de lotos más allá del dorado atardecer. Y ahora se acerca el momento de su despertar, cuando la frialdad y la fealdad perezcan, y Zeus se siente una vez más en el Olimpo.»


La descripción que hacen Lovecraft y Anna Helen Crofts del proceso de despertar de los dioses, durante el cual «el mar alrededor de Pafos tiembla hasta convertirse en una espuma que sólo los cielos antiguos han visto antes», prefigura el posterior levantamiento de Cthulhu en La Llamada, el cual es precedido por «un poderoso remolino y espuma en las olas malolientes». No hay acólitos en La poesía y los dioses, pero sí hay ninfas y sátiros que «todavía braman, hacen cabriolas y matan alrededor de monolitos coronados de ídolos en lugares solitarios».

La Teosofía es otra fuente de inspiración para el verso: «Que no está muerto lo que yace eternamente, / y con eones extraños incluso la muerte puede morir», particularmente los conceptos de H. P. Blavatsky vertidos en Las Estancias de Dzyan. En La Llamada de Cthulhu leemos:


«Los teósofos han adivinado la asombrosa grandeza del ciclo cósmico en el que nuestro mundo y la raza humana forman incidentes transitorios. Han insinuado extrañas supervivencias en términos que congelarían la sangre si no estuvieran enmascarados por un suave optimismo.»


Estas «extrañas supervivencias» se desarrollan más detalladamente en La sombra fuera del tiempo (The Shadow Out of Time), donde Lovecraft nos lleva a recorrer los distintos ciclos de la humanidad, los cuales se parecen mucho al cambio de las Edades que describe Blavatsky. La [presunta] traducción de Blavatsky del Libro de Dzyan habla de una forma de existencia primigenia, base de toda la vida, pero desconocida e irreconocible para los sentidos humanos:


«Entonces —dice Blavatsky—, la única forma de existencia se extendía sin límites, infinita, sin causa, en un sueño sin sueños; y la vida pulsaba inconscientemente en el espacio universal.»


El universo, según el Libro de Dzyan [supuestamente traducido por Blavatsky], surge de un «vacío» tras la muerte de un ciclo anterior desconocido. La interpretación que hace Blavatsky de este mito [presuntamente antiquísimo] indica un patrón cíclico donde las causas de la existencia, ahora dormidas, regresarán de nuevo; y donde todo lo que existe retornará a un estado anterior de inexistencia. De manera similar, Lovecraft imbuye a sus creaciones en una especie de atemporalidad cíclica.

Más allá de los aspectos gnósticos, teosóficos y mitológicos, el dístico de Lovecraft también hunde sus raíces en la poesía. Una fuente evidente es uno de los sonetos [número X] del poeta inglés John Donne (1572-1631), titulado: Muerte, no te enorgullezcas (Death, Be Not Proud):


Muerte, no seas orgullosa, aunque algunos te hayan llamado
poderosa y terrible, no lo eres;
porque aquellos a quienes crees poder derribar no mueren
(...)

¿Por qué te muestras tan engreída, entonces?
Después de un breve sueño, despertaremos eternamente
y la Muerte ya no será. ¡Muerte, morirás!


Si bien John Donne rebaja a la Muerte debido a sus propias inclinaciones religiosas, el mensaje: «muerte, morirás», es análogo al del pareado de Lovecraft. John Donne, dueño de un pensamiento metafísico privilegiado, comienza dirigiéndose a la Muerte misma, diciéndole que no sea «orgullosa», aunque muchos la llamen «poderosa y terrible»; y al final cae en el terreno de la paradoja. La noción de la muerte de la Muerte implica que ella misma será la causa de su aniquilación. Pero, ¿cómo podría morir algo que está muerto? Si la muerte es simplemente un cambio de estado [de la existencia a la no-existencia], la Muerte, para morir, debe vivir.

En este nudo de contradicciones se desarrolla Muerte, no te enorgullezcas; pero también el árabe loco al conjeturar que «incluso la muerte puede morir», sugiriendo que todo llega a un fin, incluso el fin mismo.

Al final, aunque uno pueda criticar sus puntos de vista sociales, sus antipatías raciales, el Cosmicismo de Lovecraft es más importante que sus opiniones personales. Su obra interpela a los outsiders y estimula la sospecha de que estamos al margen de la corriente de la humanidad, de la «normalidad». El universo, para Lovecraft, no tiene respuestas. Nos gusta reorganizar la realidad, buscar patrones que de algún modo hagan más manejable el caos en el que existimos; sin embargo, hay demonios a nuestro alrededor, monstruos que no mueren. Se encuentran en el paisaje del universo, escondiéndose, merodeando, durmiendo en algún lugar. Algunos de ellos seguirán allí mucho después de que la Muerte ya no exista. Pero, ¿cómo puede morir la Muerte?

Cuando ya no haya vida.




H. P. Lovecraft. I Taller gótico.


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