¿Por qué siempre se asoman desde los rincones?


¿Por qué siempre se asoman desde los rincones?




¿Por qué la mayoría de las experiencias paranormales tienen que ver con algo —a veces un sombra, una silueta— asomándose desde los rincones de una habitación? ¿Por qué esto constituye una ocurrencia común dentro de este tipo de experiencias?

Aparte de la explicación aparentemente más lógica: todo es falso, aquí en El Espejo Gótico nos gustaría pensar por qué el fenómeno del espíritu o fantasma que mira a escondidas es tan común.(ver: Si los ves, Ellos te ven)

Somos presas del tiempo. En una habitación podrían estar ocurriendo un sinfín de cosas simultáneamente, pero nuestros cerebros están cableados en función de nuestro marco de tiempo. Imaginemos que estamos sentados a oscuras en una habitación sin ningún sonido, concentrándonos en nuestros pensamientos aleatorios, sin intentar controlarlos o dirigirlos. ¿Solo son tus propios pensamientos lo que pasa por tu cabeza o quizás estemos sintonizando algo más? (ver: ¿El Tiempo es lo que evita que todo suceda a la vez?)

En este contexto, ¿son los fantasmas el producto de una superposición de dimensiones?

Tal vez sea solo eso. Una vez que se han dado cuenta de que algunos de nosotros podemos verlos, seguramente tratarán de observar con más cautela, y no tiene por qué haber necesariamente una intención maliciosa detrás de eso, sino solo curiosidad (ver: El verdadero significado de los fantasmas)

Además de la respuesta obvia de que todas estas apariciones son ilusiones ópticas, podría ser que estos seres solo quieran esa barrera extra entre ellos y nosotros. De hecho, no son infrecuentes las historias sobre Gente Sombra que reaccionan con sorpresa cuando advierten que los están viendo, por lo que tiene sentido que algunos de ellos decidan asegurarse de pasar inadvertidos.(ver: El Hombre del Sombrero y la Amiga Imaginaria)

Así como miramos hacia los rincones al percibir algo, ellos pueden estar percibiendo algo tan extraño como nosotros. Si dos planos se superponen, es probable que uno se refleje parcialmente en el otro, de manera tal que aquellos que están en el otro lado probablemente estén tan desconcertados como nosotros por ruidos inexplicables, objetos que se mueven, voces (ver: Las sombras del plano astral que habitan en tu casa)

Estas posibilidades, aunque un tanto burdas, confluyen en un mismo punto: los fantasmas y espíritus nos acechan desde los rincones, apenas asomándose, porque desde su perspectiva tú eres el tipo espeluznante.

De algún modo, esta explicación de que los espíritus o fantasmas nos tienen tanto miedo como nosotros a ellos, me suena a una salida fácil para evitar implicaciones más siniestras. Después de todo, estos seres podrían ser cualquier cosa. Solo porque los etiquetamos como espíritus no significa que lo sean (ver: ¿De qué están hechos los espíritus?)

Algunos probablemente prefieran encontrarse con una aparición de cuerpo entero, de pie en el medio de la habitación; para otros, entre los cuales me incluyo, la imagen de algo acechando desde el rincón de la habitación es espeluznante como la mierda. Es el hecho de que los sorprendiste mirándote, sabiendo que te han estado acechando. Pero, vamos, todo se puede atribuir a la visión periférica. ¿No es cierto? Después de todo, la observación mediante la visión periférica puede dar lugar a conceptos erróneos. Fácilmente podrías ver una sombra oscura en una esquina o jurar que viste a alguien pasar corriendo (ver: Ver fantamas por el rabillo del ojo)

Los lectores habituales de El Espejo Gótico seguramente saben que somos tan abiertos como cualquiera, pero estoy dispuesto a apostar que la gran mayoría de estos fenómenos paranormales, como los seres incorpóreos que se esconden detrás de los muebles o se asoman desde los rincones, son simples ilusiones ópticas. Si somos objetivos al respecto, y honestos, sobre todos, nos daremos cuenta de la frecuencia con la que nuestros ojos pueden engañarnos, y cómo nuestro cerebro rellena los espacios vacíos de los estímulos limitados que está procesando (ver: ¿Porqué los fantasmas atraviesan las paredes pero insisten en golpear a la puerta?)

Además, la visión periférica puede detectar más luz que tu línea de visión directa. Por ejemplo, si miras directamente una estrella tenue, apenas puedes decir que está allí, pero si enfocas un poco a la izquierda o a la derecha, solo apenas, la luz se vuelve más clara y visible. Lo mismo sucede en una habitación muy oscura. Si estás mirando hacia el techo, es posible que puedas ver la forma general de algo a cada lado, como unos pantalones tirados en el piso, pero cuando miras directamente será como si hubiera desaparecido. Sin embargo, si vuelves a mirar el techo, pero aún atento a tu visión periférica, verás que el objeto todavía está allí.

Por otro lado, el clásico fantasma que se asoma desde un rincón parece reproducir un comportamiento casi animal, y hasta felino. Además, contradice la idea tradicional de que los espíritus se alimentan de nuestras respuestas emocionales, siendo el miedo probablemente el más sabroso. Si solo necesitan energía, y la están adquiriendo a través de un proceso aprendido, ¿por qué acechar desde un escondite? (ver: Entidades astrales que se alimentan de pensamientos negativos)

Cuando lo sometes a un razonamiento lógico, nada de todo esto tiene ningún sentido. Si los espíritus nos están mirando desde un escondite —para nada seguro, además—, sugiere que son conscientes de sí mismos, de su entorno físico, y no quieren que los descubramos. Pero si son conscientes de sí mismos, también lo serían de su propia insustancialidad, y sabrían que no hay nada que podamos hacerles. Así que, ¿por qué ocultarse? O mejor aún: si estos seres son esencialmente invisibles la mayoría del tiempo, ¿para que hacerse visibles, o manifestarse, solo para esconderse? (ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?)

Cambiemos de perspectiva por un momento.

Si fueras una entidad de otra dimensión, incluso un espíritu o un fantasma, probablemente no sabrías como reaccionaremos ante tu presencia, de manera tal que la cautela sería la opción más razonable. Históricamente, podemos sacar una conclusión general sobre el carácter de estos seres de acuerdo a los testimonios habituales: son muy curiosos y prefieren ver que ser vistos (ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?)

Entonces, si pueden observarte y estudiarte sin ser vistos, mucho mejor.

No es tan descabellada la teoría de que estas sombras que vemos en los rincones son una proyección incompleta de una dimensión superpuesta momentáneamente. En este sentido, nosotros y ellos estamos en el mismo lugar, y ambos somos sombras para el otro. ¿O quizás se trate más bien de una superposición de tiempo en el mismo espacio físico? Ambos seríamos reales, cada uno en su tiempo, pero debido a una distorsión o superposición, ambos pareceríamos fantasmales para el otro (ver: ¿Qué hacen los fantasmas cuando no están entre nosotros?)

Es complejo abordar estos temas tratando de ser lógico. Después de todo, decir que todos estos fenómenos paranormales son falsos no es la explicación más lógica. Es la explicación más sencilla.

Lógico sería decir que nuestro cerebro está calibrado para buscar patrones amenazantes entre la hierba y los árboles para detectar depredadores camuflados en el entorno. Tal vez, mientras estás mirando tu teléfono en la cama, algún rincón de tu cerebro entra en «modo supervivencia», barriendo la zona periférica buscando cualquier patrón que pueda parecerse a una figura amenazante. Entonces verás sombras, siluetas, tal vez una figura humana que se desvanece apenas miras directamente hacia allí. Eso es perfectamente lógico. ¿No? (ver: Teoría del fin de la realidad: ¿los fantasmas son una falla en la programación del universo?)

Esto explicaría porqué una población tan diversa y, por lo tanto, con innumerables personalidades y tipos de comportamientos, como los fantasmas, prefieren pasar el rato acechando desde los rincones.

Ahora bien, desde la perspectiva de una entidad incorpórea, acercarse a un humano debe ser un asunto delicado. El hecho de que los seres humanos estén constantemente rodeados de corrientes, vibraciones, ondas de luz, de sonido, electromagnéticas, solares, microondas, ultravioleta, infrarrojas, no facilita las cosas (ver: Espíritus y «ambientes cargados»). Si yo fuera uno de estos seres, tal vez pensaría que los rincones me ofrecerían algún refugio. Además —¡muy importante recordarlo en la otra vida!—, los rincones suelen estar desprovistos de actividad y atención humana (ver: Los «Puntos Fríos» y los fantasmas)

Todas estas consideraciones son inevitablemente humanas. Tal vez los fantasmas no prefieren los rincones como punto seguro de observación. Tal vez se quedan atascados. Tal vez los bordes afilados, los ángulos y las esquinas ejercen sobre ellos algún tipo de magnetismo.

A diferencia de los espíritus que merodean por los bosques y espacios naturales, estos fantasmas de interiores no pueden revolotear por ahí como abejas en busca de néctar. Quizás han quedado atrapados aquí, resignándose eventualmente a su destino. Si tu vida es difícil, imagina no tener cuerpo y tener que contentarte con acurrucarte en un rincón y adoptar un enfoque más bien voyeurista del comportamiento humano.

Aceptémoslo, la mayoría del tiempo somos aburridos de mirar.

Pero no hay que resignarse, ni siquiera en ausencia de un cuerpo físico para satisfacer las necesidades más elementales. No necesariamente los fantasmas confinados en un espacio físico en particular adopten este enfoque. Hay otros que ansían la total gestión del lugar, y que estarán felices de hacer todo lo posible para sacarte a patadas de sus dominios.(ver: Espíritus que no abandonan su antigua casa)




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