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Qué hacen los fantasmas (cuando no están entre nosotros)

Qué hacen los fantasmas (cuando no están entre nosotros)


Sabemos muy poco acerca de la vida de ultratumba. Y por "saber" me refiero a las tradiciones y mitologías que hablan sobre la vida en el más allá. Creemos, o nos gustaría creer, que la existencia más allá de la tumba nos reserva el descubrimiento de sentidos nuevos, y sobre todo el abandono de las formas corporales de goce. Sin embargo, esto no siempre es así.

Repasemos uno de los mitos más antiguos sobre de los fantasmas.

Los tibetanos los conocen como Yidak, aunque su forma más antigua se da en el idioma sánscrito, donde son conocidos como Preta. No son, bajo ningún concepto, los fantasmas que el cine y los relatos de terror han instalado con despreocupada eficiencia. Los Preta, en definitiva, encarnan el sufrimiento extremo, y no solo eso, sino el punto más bajo de la degradación que un espíritu desencarnado puede alcanzar.

Los Pretas no son almas cuya vida en la tierra fue desfavorable. De hecho, pueden haber sido excelentes personas, sin que ello signara su actual estado de no-ser. Los textos antiguos los describen como espíritus de falsedad: corruptos, falaces, celosos de los hombres y sus placeres sensoriales. El karma tradicional que se les asigna es una especie de existencia marcada por apetitos repulsivos, por ejemplo, soportar un hambre insaciable de excrementos.

En sánscrito la palabra Preta significa literalmente: "partido", es decir, alguien que se ha ido de este mundo. Según la cosmovisión oriental, todos los muertos pasan por un período como Pretas, hasta que sus deudos realizan los ritos correspondientes para asegurar una estadía más o menos agradable en el más allá.

Antes de que el concepto de "karma" se instalara en la sabiduría de la India, la vida de ultratumba estaba condenada a ser un pasaje de No-Existencia, una ausencia que pugna por ser, una nada que busca ser algo. Los Pretas, como todos los fantasmas posteriores, son invisibles, pero el ojo humano puede detectarlos durante ciertos estados mentales propicios para disolver la barrera que separa lo incorpóreo de lo groseramente objetivo.

Frente a la imposibilidad de corporizar lo incorpóreo, los primeros textos de la India hablan de criaturas humanoides, de piel reseca, bocas diminutas, cuellos desproporcionadamente largos, miembros estrechos y abultados vientres; acaso para representar el estado deplorable de su situación, es decir, una clara incapacidad física para satisfacer un apetito insaciable.

Estos fantasmas casi siempre eran representados seguidos por una corte de demonios que los atormentan de formas poco creativas, pero notablemente eficientes, tal vez para representar un estado de intolerable agonía personal. Detrás de estas representaciones se intuye una filosofía que aún hoy se sostiene a través de la física cuántica: todas las cosas buscan persistir en su ser. La piedra siempre quiere ser piedra, y el espíritu, condicionado por el recuerdo de su vida pasada, busca desesperadamente adquirir los medios para saciar apetitos que no posee realmente, pero de los cuales no puede desprenderse.

Los Pretas sobrevuelan los lugares desiertos, ajustándose a su karma particular. Son incapaces de comer y de beber, aunque lo intentan con una determinación conmovedora. Tal vez por eso el espiritista Allan Kardec -autor de: El Evangelio según el espiritismo (L'Évangile Selon le Spiritisme), El cielo y el infierno (Le Ciel et l'Enfer), El Génesis según el espiritismo (La Genèse selon le spiritisme), El libro de los espíritus (Le livre des espirits) y El libro de los médiums (Le livre des médiums)- sostuvo que en la mayoría de los "contactos con el más allá" los espiritus manifiestan un interés casi nulo en la espiritualidad, y, en cambio, una tenaz insistencia por recuperar los goces de la vida terrenal.

Los textos antiguos incluso nos dejan una explicación sobre la aparente timidez de los fantasmas. Al parecer, todos ellos sufren terriblemente tanto el calor como el frío, e incluso la pálida luz de la luna es capaz de quemarlos si se mostraran abiertamente.

El infierno de los Pretas, y acaso el de todos los fantasmas, es estrictamente personal. No hay reglas ni condicionamientos que estructuren su dolor. Todo su sufrimiento está construido por ellos mismos en concordancia con el karma que deban saldar.

Ahora bien, la relación de los fantasmas con los vivos siempre ha sido tensa. Incapaces de satisfacer sus deseos, los Pretas a menudo intentan que los humanos tampoco puedan alcanzar ningún tipo de satisfacción. Los budistas, por ejemplo, han llegado a un acuerdo para que las relaciones entre ambos mundos se mantengan en términos cordiales. No es extraño que en los templos budistas se ofrezcan comidas y bebidas especialmente diseñadas para los difuntos, aunque ningún monje nos ha querido aclarar cómo son digeridas estas vituallas.

Estos mismos monjes denuncian la estrategia preferida de los fantasmas para "adherirse" a un huésped humano. A menudo golpean quedamente puertas y ventanas, aprovechando la inercia de alguna tormenta, y entonces aguardan que algún humano imprudente pronuncie una invitación, acaso riéndose de los golpes que propicia el viento. Basta un quedo "adelante" para que esa invitación a hurtadillas se torne en una autorización que solo puede deshacerse tras severos ayunos y abstinencias que pocos son capaces de cumplir sin preferir la compañía de un fantasma.



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El artículo: Qué hacen los fantasmas (cuando no están entre nosotros) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Inés Bohórquez (Ibo) dijo...

Hola encantada de leerte de nuevo,
y te digo que prefiero creer en ese bonito lugar igualito a la tierra con pajaritos y lagos hermosos y uno tu sabes, recogiendoflores y siendo feliz!!
uy, te imaginas penar después de morir? y tener hambre, frío y cosas así?
no no no ...!
Un abrazote... :)