«Childe Roland a la Torre Oscura llegó»: Robert Browning; poema y análisis


«Childe Roland a la Torre Oscura llegó»: Robert Browning; poema y análisis.




Childe Roland a la Torre Oscura llegó (Childe Roland to the Dark Tower Came) es un poema del escritor inglés Robert Browning (1812-1889), compuesto en 1855 y publicado en la antología: Hombres y mujeres (Men and Women).

Su título proviene del acto tercero de la tragedia de William Shakespeare: El rey Lear (King Lear), que a su vez estuvo inspirado en un cuento clásico de hadas llamado Childe Rowland, donde el palacio del rey de los elfos es conocido como la Torre Oscura

El Childe Roland es, posiblemente el poema más oscuro y enigmático de Robert Browning. Su faceta tenebrosa no reside en el estilo de sus versos, ya que la claridad del poeta es maravillosa, sino en el conjunto total del poema, sobre el cual se han elaborado incontables y en ocasiones absurdas hipótesis.

El título completo de este poema clásico de Robert Browning ya plantea una dificultad: Childe Roland to the dark tower came, no significa «el niño Roland a la torre oscura llegó», sino «El Noble Roland a la torre oscura llegó». La palabra childe es un vocablo anglosajón arcaico y simplemente designa un título nobiliario.

La trama del gran poema de Robert Browning nos traslada a una Edad Media casi onírica, fantástica, más ligada a los libros de caballería que al contexto real de este sombrío período histórico.

Algunos han querido ver en la Torre Oscura (Dark Tower) una analogía con ciertos procesos del estudio de la medicina, fundamentalmente con la vivisección de animales vivos, aunque lo cierto es que nadie ha logrado ponerse de acuerdo sobre prácticamente ningún pasaje del Childe Roland.

Tal vez estos ingredientes indescifrables han convertido al Childe Roland a la Torre Oscura llegó en una de las experiencias poéticas más extraordinarias de su tiempo.

Resulta difícil ignorar las similitudes entre la Torre Oscura de Robert Browning y aquellas otras demencias verticales diseñadas por J.R.R.Tolkien, palacios de Sauron y Morgoth, los Señores Oscuros de la Tierra Media.

Otro homenaje al gran poema de Robert Browning puede hallarse en la obra serial de Stephen King: La torre oscura (The Dark Tower).

Los parecidos entre las Torres Oscuras de J.R.R. Tolkien y Robert Browning son evidentes, en especial al verficiar el duro camino que conduce hacia ellas: largas extensiones de páramos, yermos, marjales, pantanos y putrefactas ciénagas; áridas y humeantes montañas rodeando aquel paisaje desolador, recorrido únicamente por héroes de enorme talla moral: Childe Roland y Frodo Bolsón.

Robert Browning describe en el poema la jornada iniciática del Childe Roland hacia la Torre Oscura. El nombre Roland puede rastrearse en el mítico Hruodland que aparece una y otra vez en la épica medieval francesa, relación que queda de manifiesto en el instrumento arquetípico del héroe: el cuerno, que hará sonar únicamente cuando logre terminar su peligrosa misión.

El título nobiliario Childe podría sugerir que Roland es, de hecho, el mismo caballero que protagoniza La canción de Rolando (La Chanson de Roland), poema medieval francés del siglo XI.

Childe Roland a la Torre Oscura llegó comienza con las especulaciones del héroe acerca de la ubicación incierta de la Torre Oscura. Robert Browning no se limita a dar su versión de La canción de Rolando, sino que toma la posta de William Shakespeare, como se ha dicho, basada en la tradición fantástica del medioevo.

El sombrío y cínico Roland busca incesantemente la Torre Oscura, En el camino atraviesa una serie interminable de obstáculos, la mayoría de ellos, imaginarios, es decir, producto de su propio deseo de retirarse y no seguir adelante.

El poema finaliza exuberantemente con la llegada de Roland a la Torre Oscura, donde hace sonar su cuerno majestuoso, aunque nunca se nos informa qué hay dentro de los muros o qué criaturas siniestras lo habita.

Un análisis psicológico del Childe Roland a la Torre Oscura llegó plantea dos miradas: la del héroe y su misión iniciática, y el deseo natural de salvar la propia vida a expensas del éxito de la empresa. Robert Browning parece criticar ácidamente el código militar, bajo la fachada de las normas medievales, por el cual el honor y la gloria, únicos objetivos valorables, destrozan la vida interior del héroe, distorsionando su mirada de la realidad.

En este contexto, la Torre Oscura es un símbolo de la búsqueda del héroe, su objetivo, que bien puede existir sin que éste sepa claramente de qué se trata o qué misteriosas revelaciones le depara. De este modo, el éxito de la misión está signado por el fracaso. Llegar a la Torre Oscura no representa la realización, sino la maldición de quien ha llegado a su meta tras superar terribles obstáculos sin hallar verdaderamente nada.

En lo personal creo que Robert Browning decidió vaciar su Torre Oscura para que cada uno de nosotros pueda ocuparla con sus propios miedos.

Como prueba de esta especulación citamos una respuesta de Robert Browning a un lector audaz, quien lo interrogó acerca del significado oculto del poema:

Lo escribí hace tiempo. Cuando lo hice, Dios y yo sabíamos lo que significaba. Ahora, sólo Dios lo sabe.




Childe Roland a la Torre Oscura llegó.
Childe Roland To The Dark Tower Came, Robert Browning (1812-1889)

I.
Mi primer pensamiento fue que él mentía con cada palabra,
Aquel anciano decrépito, con ojos maliciosos
observando con astucia el efecto de su mentira
en los míos, y la boca que apenas disimulaba
el júbilo, que deformaba sus labios,
por haber atrapado otra víctima.

II.
¿Para qué no estaba él dispuesto con su cayado?
¿Para qué, salvo para acechar con sus engaños, para confundir
a todo viajero que lo encontrase allí sentado
y preguntase el camino? Conjeturé qué risa cadavérica
brotaría, qué falacias escribiría en mi epitafio
como pasatiempo en la polvorienta calzada.

III.
Si por su consejo yo girase
Hacia aquella ominosa región en la que, como todos saben,
se esconde la Torre Oscura. Aun así, aceptándolo,
torcí hacia donde él señalaba: no por vanidad,
ni por la esperanza en el final señalado,
sino por la alegría de que existiese algún final.

IV.
Porque, a pesar de mis andanzas por toda la tierra,
a pesar de mi camino que se alargaba en penosos años, mi esperanza
era un fantasma nunca dispuesto ante
ese turbulento regocijo que brindaría el éxito,
apenas podía intentar reprimir la emoción
que sintió mi alma, al hallar un fallo en su aptitud.

V.
Al igual que un enfermo que se acerca a su muerte,
parece efectivamente muerto, y empiezan las sensaciones y concluyen
las lágrimas y recibe el adiós de cada amigo,
y oye a uno proponer a otro marchar, para respirar
libremente en el exterior, ("puesto que todo ha terminado, dijo él,
y ningún lamento puede compensar la desgracia").

VI.
Mientras unos discuten si cerca de otras tumbas
habrá espacio suficiente para él, y qué momento del día
es el mejor para trasladar el cadáver,
poniendo empeño en los estandartes y pañuelos:
el enfermo aún lo oye todo, y solamente anhela
no deshonrar tan tierno amor, y permanecer.

VII.
Así, he sufrido tanto en esta lúgubre búsqueda,
He oído el fracaso tan a menudo anunciado, he sido incluido
tantas veces en "El Grupo"- a saber,
Los caballeros que al sendero de la Torre Oscura encaminaron
sus pasos- que el sólo fallar como ellos parecía un triunfo,
Y toda la duda ahora era- ¿sería digno?

VIII.
Así, en silenciosa amargura, me alejé de él,
De aquel odioso anciano, fuera de su camino,
Hacia el sendero que él señalaba. Todo el día
había sido tranquilo a lo sumo, y turbio
se volvía hacia el final, y aún soltó una tétrica
mirada roja y obscena para ver al llano atrapar al distraído caminante.

IX.
¡Por la marca! Apenas me hube
internado en la planicie, tras un paso o dos,
Al detenerme para echar una última mirada atrás,
hacia el seguro camino, éste había desaparecido; gris llanura por todas partes:
Nada salvo planicie hasta el fin del horizonte.
Debía seguir; no había más que hacer.

X.
Así continué. Creo que nunca antes vi
tan yerma e impura naturaleza; nada prosperaba:
Por flores- se podía esperar una arboleda de cedros!
Pero la gramínea, el tártago podía, de acuerdo con su ley,
Propagar su especie, sin nada que temer,
Pensarías que uno cardo habría sido una joya invaluable.

XI.
¡No! Penuria, pereza y llanto,
De alguna extraña manera, eran parte de la tierra. "Mira
o cierra tus ojos," dijo Natura con mal talante,
"Nada instruye, mi caso no tiene remedio;
Es el fuego del Juicio quien debe sanar este sitio,
calcinar sus suelos y liberar a mis prisioneros."

XII.
Si algún rasgado tallo de cardo se elevara
Sobre sus compañeros, le cortaban la cabeza, los torcidos
Sentían celos sino. ¿Qué hizo esos agujeros y rasgaduras
en las ásperas hojas de hierba del muelle, golpeadas como para impedir
¿Toda esperanza de verdor? Existe alguna bestia que debe andar
destrozando sus vidas, con bestiales intentos.

XIII.
En cuanto a la hierba, crecía tan exigua como el cabello
en el leproso; delgadas hojas secas se alzaban en el lodo,
Que por debajo parecía hecho de sangre.
Un yerto caballo ciego, con cada hueso visible,
permanecía estupefacto sobre cómo llegó allí,
Expulsado de su anterior servicio en el establo del diablo.

XIV.
¿Vivo? Por lo que a mí concierne él podría estar muerto,
con aquella roja delgadez y el cuello hundido por el esfuerzo,
y los ojos cerrados bajo la pútrida crin;
Raramente tal monstruosidad iba de la mano con semejante tristeza;
Nunca vi una bestia a la que odiase tanto;
Debía ser perversa para merecer tanto dolor.

XV.
Cerré mis ojos y los volví hacia mi corazón.
Como un hombre pide vino antes de luchar,
clamé un sorbo de anteriores y más felices escenas
esperando así cumplir bien mi cometido.
Piensa primero, pelea después- el arte del soldado:
Un saborear el pasado lo pone todo en orden.

XVI.
¡Eso no! Imaginé el enrojecido rostro de Cuthbert
Bajo el adorno de sus dorados rizos,
Querido amigo, hasta que casi pude sentirlo rodear
su brazo con el mío para llevarme hacia el lugar,
Como él solía hacerlo. ¡Ay! ¡La desgracia de una noche!
Se apagó el nuevo fuego de mi corazón y lo dejó frío.

XVII.
Luego a Giles, el espíritu del honor- ahí se yergue él,
Leal como hace diez años recién armado caballero,
a lo que cualquier hombre honrado se atreviera (dijo él) él se atrevió.
Bien -pero la escena cambia - ¿Qué manos patibularias
Clavarían un pergamino sobre su pecho? Sus propias manos
lo leyeron. ¡Pobre traidor, escupió y maldijo!

XVIII.
Es preferible este presente que un pasado así;
¡De vuelta hacia mi oscuro sendero otra vez!
Ningún sonido, nada se ve hasta donde alcanza la vista.
¿Enviará la noche una lechuza o un murciélago?
Pregunté, cuando algo en la lóbrega llanura
Vino a interrumpir mis pensamientos y cambiar su curso.

XIX.
Un repentino arroyo se atravesó en mi camino,
Tan inesperado como la aparición de una serpiente.
Corriente tumultuosa, discordante con las tinieblas;
Ésta, tal como espumeaba, bien podría haber sido un baño
para la ardiente garra del demonio- al contemplar la ira
de su negro remolino salpicado de escamas y espuma.

XX.
¡Tan insignificante, y aún así tan malévolo! A todo lo largo,
Los bajos y esmirriados alisos se arrodillaban ante él,
Los empapados sauces se arrojaban a sí mismos de cabeza en un arranque
de silenciosa desesperación; un suicidio en masa:
El río que les había hecho tanto mal,
Lo que quiera que ello fuese, se iba rodando, sin dejarse persuadir.

XXI.
El cual, mientras vadeaba, - ¡Cielo Santo, cómo temí
poner mi pie sobre la mejilla de un hombre muerto
a cada paso, o sentir la lanza que introduje buscando
agujeros, enredada en su cabello o su barba!
- Pudo haber sido una rata de agua lo que ensarté
Pero, ¡Ugh! Sonó como el chillido de un bebé.

XXII.
Me sentí alegre al llegar a la otra orilla.
en búsqueda de una tierra mejor. ¡Vano Augurio!
¿Quiénes eran los enemigos, qué guerra libraban,
cuyas salvajes pisadas hollarían así el húmedo
terreno y lo convertiría en un marjal? Sapos en un pozo envenenado,
o gatos salvajes en una jaula de hierro ardiente.

XXIII.
Así debió haberse visto la batalla en aquel claro.
¿Qué los acorraló allí, con toda la planicie a su disposición?
No había huellas que condujeran hacia aquellos hórridos aullidos,
Nada salvo eso. Loco brebaje elaborado para que
sus cerebros piensen, sin duda, como los de los galeotes que el Turco
enfrenta para su diversión, Cristianos contra Judíos.

XXIV.
¡Y más qué eso - una yarda adelante- por qué, ahí!
¿Para qué macabro uso serviría ese mecanismo, esa rueda,
o freno, no rueda- ese filo listo para mutilar
cuerpos de hombres como si fuesen seda? Con todo el aspecto
de la herramienta de Tophet, abandonada inadvertidamente en la tierra,
o traída para afilar sus enmohecidos dientes de metal.

XXV.
Luego vino un tramo de tierra llena de tocones, otrora un bosque,
Después una ciénaga, o así parecía, y entonces sólo tierra
Desesperada y abandonada (al igual que un tonto halla regocijo,
Hace una cosa y luego la estropea, hasta que su ánimo
¡Cambia y entonces se marcha!) durante un cuarto de acre-
Lodo, arcilla y grava, arena y sombría desolación negra.

XXVI.
Ora inflamadas erupciones, de colores vivos y horrendos,
Ora terrenos donde la aridez del suelo
Se volvía moho o una sustancia como forúnculos;
Y apareció un roble paralítico, con una hendidura en él
Como una boca angustiada que resquebraja su corteza
Boqueando a la muerte, y muriendo mientras se repliega.

XXVII.
¡Y tan lejos como siempre del final!
Nada en la distancia salvo la noche, nada
¡Hacia dónde dirigir mis pasos! Mientras lo pensaba,
Un gran pájaro negro, el íntimo amigo de Apollyon,
Pasó volando, sin batir sus amplias alas de pluma de dragón
Que rozaron mi gorro- quizá era la guía que yo buscaba.

XXVIII.
Pues, mirando hacia arriba, de alguna manera me di cuenta,
A pesar del ocaso, de que la llanura había cedido su lugar
En derredor a las montañas- por honrar con semejante nombre
A los feos y apenas cerros y montículos que tapaban la vista.
Cómo de tal modo me habían sorprendido, - acláralo, ¡Tú!
Cómo salir de ellos no estaba muy claro.

XXIX.
Sin embargo, una parte de mí pareció descubrir algún truco
malévolo que me aconteció, Dios sabe cuándo-
En alguna pesadilla tal vez. Aquí terminaba, entonces,
Seguir por ese camino. Cuando, en el preciso momento
De darme por vencido una vez más, escuché un chasquido
¡Como el de una trampa al cerrarse- te hallas en la guarida!

XXX.
Como en una llamarada comprendí todo súbitamente,
¡Éste era el lugar! Esas dos colinas a la derecha,
Agazapadas como dos toros con las astas trabadas en pelea;
Mientras a la izquierda, una alta y trasquilada montaña… tonto,
Viejo senil, dormitando justo ahora
¡Tras pasar una vida adiestrándote para verla!

XXXI.
¿Qué se asentaba en el medio sino la Torre misma?
La redondeada torreta achaparrada, ciega como el corazón del loco,
Construida en piedra parda, sin parangón
En el mundo entero. El burlón elfo de la tempestad
Señala con el dedo al marinero, de este modo, el ser invisible
Le ataca, solamente cuando el navío zarpa.

XXXII.
¿No ves? ¿Acaso por la noche?- por qué, el día
¡Regresó para eso! Antes de irse,
El moribundo ocaso ardió en una fisura;
Las colinas, como gigantes en cacería, yacen
Con la barbilla en mano, para ver la caza acorralada-
"¡Ahora apuñala, y termina con la criatura- hasta el mango!"

XXXIII.
¿No escuchas? ¡Si hay ruido por todas partes! El tañido
creciente de una campana. Escuchaba
Los nombres de todos los aventureros desaparecidos, mis pares-
Cómo tal era fuerte, y cual valeroso,
Y el otro afortunado, sin embargo, cada uno de ellos de tiempos pasados
¡Perdidos, Perdidos! En un momento tocaba a muerto por años de tristeza.

XXXIV.
Ahí se encontraban, alineados a lo largo de las faldas de las colinas, reunidos
Para verme por última vez, un marco viviente
¡Para un cuadro más! En un lienzo en llamas
Les vi y les reconocí a todos. Y sin embargo,
Impávido, llevé a mis labios el cuerno,
Y toqué. "El noble Roland ha llegado a la Torre Oscura".




Más poemas góticos. I Poemas de Robert Browning.


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El resumen, análisis y traducción al español del poema de Robert Browning: El Childe Roland a la Torre Oscura llegó (Childe Roland To The Dark Tower Came) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

4 comentarios:

Brujita dijo...

Seguramente Stephen King se inspiró en Browning para escribir su serie de libros "La Torre Oscura". Leí hasta el tercero y creo que ya va por el quinto, pero en el primero deja entrever un ambiente medieval aunque el personaje principal, Rolando, es un pistolero que deja su hogar en búsqueda de esa Torre Oscura que parece regir los destinos de todos. En su camino se cruzarán extraños personajes y situaciones. Entretenido. No conocía el poema de Browning.
Un placer visitarte de nuevo.
BUXY Y WITCH

VampRose dijo...

Efectivamente, Stephen King se inspiró en este poema. De hecho en el último tomo de "La Torre Oscura" incluye, si no todo el poema, al menos parte (no lo recuerdo bien). No me extraña que haya servido de inspiración a tanta gente, porque es realmente bueno.
Saludos.

Dilamak.de.JAPP dijo...

Soy escritor e intento ser poeta, Browning fue un hombre raro asi como todos los poetas, pero apesar de reconocer dolorosamente que es un cuento en cantos, su prosa me llena de vida, es como leer lo inleible.

la rockera dijo...

es precioso, me llena de una emoción torrencial, con razón el escritos Stephen King se inspiro en él para hacer su saga.... guauuu me encanto....



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