Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra


Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra.




La transformación de Lucy Westenra de una mujer hermosa y saludable a una vampiresa en el Drácula de Bram Stoker, proporciona una de las mejores descripciones del proceso de transformación del monstruo femenino en la literatura gótica. Con gran detalle, y a través de la perspectiva de varios personajes, la descripción de la transformación física de Lucy refleja también un cambio muy interesante en la forma en que los hombres reaccionan ante ella (ver: Drácula y las mujeres)

Drácula es una novela compleja que se caracteriza por introducir una gran cantidad de información, contextos y dispositivos narrativos, diversificando así las formas de procesarla. En este contexto, la transformación de Lucy Westenra difiere notablemente de otras novelas de vampiros, en especial porque Bram Stoker nos permite aproximarnos al cuerpo de Lucy desde múltiples perspectivas (ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico)

Dado que Bram Stoker proporciona un relato increíblemente detallado de la transformación de Lucy Westenra, intentaremos describirla y analizarla a partir de la cronología y el ritmo de su enfermedad, deteniéndonos especialmente en el cambio de actitud sobre su cuerpo a medida que se transforma de mujer a vampiro (ver: La maternidad fallida en «Drácula»)

Lucy Westenra es presentada al comienzo de la novela como una mujer joven, de clase alta, extremadamente atractiva, y como la amiga más querida de Mina Murray. Lucy, nos enteramos aquí, acaba de optar por casarse con Arthur Holmwood, aunque en un solo día ha recibido tres propuestas matrimoniales: la del doctor John Seward, Quincey Morris y Arthur Holmwood. Si bien esto, para el lector victoriano, podía significar que Lucy ha cometido algunas indiscreciones, como por ejemplo alentar a más de un pretendiente, Bram Stoker la establece como una mujer con el potencial de convertirse en una verdadera dama. Esta posición, y el conjunto de expectativas que hay sobre ella, hacen que la caída de Lucy Westenra de su pedestal sea devastadora para quienes la rodean.

La aparición de la enfermedad se manifiesta cuando Lucy comienza a tener un sueño irregular, y algunos episodios de sonambulismo. Mina lo escribe así en su diario:


Aunque Lucy está muy bien, últimamente ha adoptado su viejo hábito de caminar dormida. La señora Westenra está naturalmente preocupada por ella, y me cuenta que su esposo, el padre de Lucy, tenía el mismo hábito.


A medida que esta condición empeora, llegando a debilitarla notablemente, el doctor Seward, psiquiatra, y el doctor Abraham Van Helsing, un experimentado médico que se ha enfrentado a muchas enfermedades extrañas en su vida, presentan sus opiniones científicas. Todas ellas tienen la curiosidad de brindar nuevas perspectivas sobre el cuerpo y la mente de las mujeres, lo que demuestra un cambio en la cultura y la ciencia si lo comparamos con otros relatos de vampiros anteriores, como Carmilla (ver: Carmilla: el monstruo femenino como figura de resiliencia)

A través de múltiples perspectivas, Bram Stoker nos permite conocer cronológicamente la forma en que los otros personajes procesan la enfermedad de Lucy Westenra, y qué piensan y sienten sobre lo que le está sucediendo a su cuerpo a medida que la enfermedad avanza.

Mina es la primera que la detecta: Me temo que [Lucy] está preocupada por algo. Para buscar una opinión informada, la familia invita al doctor Seward a observarla, presentando una perspectiva médica y científica que demuestra los avaces en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales. Las anotaciones de su diario relatan la enfermedad de Lucy y los esfuerzos por descubrir una cura o incluso una causa. La propia Lucy se preocupa por sus extraños y perturbadores sueños y escribe:


Todo es oscuro y horrible para mí, porque no puedo recordar nada; pero estoy llena de un miedo vago, y me siento tan débil y agotada.


Este testimonio y otras observaciones inducen la idea de que la mente de Lucy está perturbada. Arthur, al menos, lo considera así en una carta a Seward:


Lucy está enferma; es decir, no tiene ninguna enfermedad especial, pero se ve horrible y empeora cada día. Estoy seguro de que hay algo en la mente de mi querida niña.


Estas pesadillas y el sonambulismo comienzan a sugerir que la mente y el cuerpo de Lucy están comenzando a cruzar la frontera entre la realidad y los sueños, entre el cuerpo sano y el cuerpo enfermo.

Los hombres deciden llamar a otro especialista, ya que el doctor Seward está desconcertado. Es este último quien se comunica con el doctor Van Helsing, un filósofo y metafísico, y uno de los científicos más avanzados de nuestra época; con una mente absolutamente abierta. Esta mente abierta es el catalizador que impulsa un cambio radical en la percepción del grupo sobre la enfermedad de Lucy Westenra. Seward, tal vez debido a su formación como psiquiatra, intuye algún tipo de trastorno mental, mientras que Van Helsing apunta a un trastorno físico, uno que parece imposible dentro del orden victoriano (ver: En el Manicomio: la locura en la ficción gótica)

Lucy continúa oscilando entre la salud y la enfermedad mientras se le administran transfusiones de sangre que el doctor Van Helsing considera necesarias. La apariencia de Lucy Westenra comienza a cambiar a medida que se acerca a los límites de la no-muerte. En este punto, casi todas las descripciones la comparan con un cadáver:


Estaba espantosamente pálida. El rojo parecía haber desaparecido incluso de sus labios y encías, y los huesos de su rostro se destacaban prominentemente; su respiración era dolorosa de oír.


Su cuerpo, obviamente en agonía, y su aspecto pálido, cadavérico, incitan a los hombres a transferir más y más sangre a Lucy. Esto, lejos de ayudarla, solo alimenta su incipiente sed vampírica y le permite entrar en el trance de la muerte, fundamentalemente su nacimiento como vampiro (ver: El enlace entre el Vampiro y su víctima)

Sin embargo, las transfusiones solo le dan temporalmente una apariencia más saludable. El doctor Van Helsing se refiere a menudo a su ávida ingesta de sangre masculina como un matrimonio múltiple. Mucho se ha escrito sobre el simbolismo detrás de esto, no obstante, lo que nos interesa aquí es el límite que estos sujetos están dispuestos a cruzar al entregar su sangre, y en una época donde estos procedimientos eran experimentales, para salvar a Lucy. Por su parte, ella parece ser insaciable, y su cuerpo es capaz de absorber la sangre de tres hombres fuertes sin problemas (ver: Mina y Lucy: la ideología de género en «Drácula»)

Pero no importa cuánta sangre varonil se inyecte en sus venas, esto solo le proporciona a Lucy el combustible necesario para transformarse físicamente en un vampiro completo. La autoridad, la fuerza y la virilidad de los hombres no pueden revertir ese proceso de cambio, esa transformación. No solo son ineficaces contra Drácula, son inferiores, como amantes que lo dan todo en sus maniobras, incluso grupalmente, llegando al agotamiento físico y emocional, pero que no pueden satisfacerla. Parece imposible competir contra la potencia de Drácula (ver: Las fantasías privadas de Bram Stoker)

Después de la muerte de Lucy Westenra, los hombres notan un cambio en su cuerpo pálido, demacrado y débil:


Algún cambio se había apoderado de su cuerpo. La muerte le había devuelto parte de su belleza, pues su frente y sus mejillas habían recuperado algunas de sus líneas florecientes; hasta los labios habían perdido su palidez mortal.


Van Helsing alerta que esta creciente belleza post-mortem revela su naturaleza como no-muerta y su existencia como vampiro.

El hermoso cadáver de Lucy parece capturar una mezcla de atracción y repulsión en los hombres. Después de profanar su ataúd, el doctor Seward comenta:


Estaba empezando a estremecerme ante la presencia de este ser, este No-Muerto, como lo llamó Van Helsing, y a odiarlo. ¿Es posible que el amor sea todo subjetivo o todo objetivo?


Esta es la primera vez que los hombres se refieren a Lucy usando términos impersonales.

El cuerpo no-muerto de Lucy plantea algunos desafíos. Se ha transformado, y eso difumina los límites. Ahora parece haber una Lucy real, la que todos conocen, y este engendro abominable. El conflicto derriba incluso las fronteras de algo que todos, en apariencia, tenemos en claro: lo vivo y lo muerto. En cierto modo, Bram Stoker resalta aquí la extraordinaria facilidad con la que una enfermedad puede alterar la posición social del individuo infectado, y las asociaciones a menudo descabelladas que se hacen entre su propensión a la infección y su conducta sexual previa. Por lo tanto, una persona enferma a menudo se asocia con una sexualidad agresiva, aberrante, o con cualquier tipo de comportamiento sucio.

Esto encaja perfectamente con el vampirismo de Lucy Westenra. En cierto sentido, los hombres piensan en dos mujeres, la infectada y la no infectada. A propósito, el doctor Van Helsing explica:


Aquí hay algo diferente de todo lo registrado: aquí hay una vida dual que no es tan común. Fue mordida por el vampiro cuando estaba en trance, sonámbula. En trance, ella murió, y en trance ella también es una No-Muerta. Por lo general, cuando los No-Muertos duermen, sus rostros muestran lo que son, pero ella se ve tan dulce como cuando estaba viva. No hay nada maligno, ¿ven?, lo cual hace difícil tener que matarla mientras duerme.


El proceso mental de Van Helsing apunta a los poderes transformadores del vampirismo, los cuales permiten esta existencia dual al mismo tiempo que pueden atraer víctimas hacia ellos. El miedo victoriano a la rápida propagación de la enfermedad y la impureza ayuda a motivar a los hombres a encontrar y destruir a Lucy, y su deseo de matarla se traduce en la necesidad de controlar el cuerpo femenino, en este caso, totalmente fuera de control, y contrarrestar a Drácula al eliminar la amenaza percibida de la agresividad sexual femenina. Al convertirse en vampiro, Lucy Westenra ya no es un agente de su propio cuerpo. Está en trance, actúa exclusivamente según sus necesidades y no parece tener una vida emocional.

Sin embargo, los hombres siguen asociando un cambio de comportamiento consciente con el cuerpo transformador. Arthur pregunta:


¿Es este realmente el cuerpo de Lucy, o solo un demonio en su forma?


Van Helsing responde:


Es su cuerpo, pero no. Espera un poco y la verás como era y es.


El estado de existencia vampírica de Lucy está en trance y, por lo tanto, actúa solo sobre el impulso físico vampírico y todas las acciones que se derivan de él están motivadas por la necesidad. Debido a esto, las percepciones de los hombres sobre el desenfreno, la impureza y la maldad de Lucy se basan en sus sospechas y temores de un cuerpo que traspasa las fronteras.

Esto se demuestra al ver a Lucy Westenra como un vampiro en acción. Escribe Seward:


Lucy Westenra, pero, sin embargo, cuán cambiada. La dulzura se convirtió en una crueldad adamantina y despiadada y la pureza en un desenfreno voluptuoso [y luego añade, al verla en su ataúd]. Parecía una pesadilla de Lucy mientras yacía allí; los dientes puntiagudos, la boca voluptuosa y manchada de sangre, toda la apariencia carnal y poco espiritual, que parecía una burla diabólica de la dulce pureza de Lucy.


Estas percepciones tienen menos que ver con su apariencia física recién descubierta que con las cualidades internas adjuntas a una mujer cuyo cuerpo está fuera de los límites normativos (ver: El Machismo en el Horror)

El doctor Seward se ve afectado por la abyección del cuerpo femenino enfermo y le atribuye cualidades que se ajustan con mayor precisión al horror de su forma vampírica, ya que este cuerpo es muy diferente del cuerpo normativo de Lucy. El cuerpo femenino inadecuado se convierte en su percepción de Lucy, que en este caso de vampirismo es preciso. Al darse cuenta de que la muerte de Lucy es, en realidad, una no-muerte, las descripciones de su cuerpo se centran en la crueldad percibida, la agresividad y la lujuria que implican el cuerpo transformador (ver: Por qué Drácula nunca pudo enamorarse de Mina)

Si bien la percepción de esa transgresión no es inexacta, pronto descubrimos a Lucy Westenra como un vampiro en acción. The Westminster Gazette, un periódico incluido en el texto de Drácula, publica un artículo que aborda un extraño suceso de niños mordidos y sus avistamientos de la Dama Bloofer [la palabra bloofer es una especie de balbuceo infantil de beautiful, «hermosa», más adelante hablaremos sobre esto]. Van Helsing sabe que Lucy es la atacante. Los hombres la acorralan cerca de su tumba mientras ella sostiene a un niño pequeño. Bram Stoker, intencionalmente, la describe como una parodia perversa de la imagen de la santa Virgen y el niño Jesús (ver: Virgen o Bruja: la mujer según la literatura gótica). El doctor Seward describe la escena:


Con un movimiento descuidado, arrojó al suelo, insensible como un demonio, al niño que hasta entonces había sostenido con fuerza contra su pecho, gruñendo sobre él como un perro sobre un hueso. Había tal frialdad en ese acto que le arrancó un gemido a Arthur.


Los hombres podrían haber asumido que, debido a que Lucy es una mujer, su comportamiento natural le impediría dañar físicamente a un niño. El hecho de arrojarlo al piso les induce a darse cuenta de la seriedad del cuerpo vampírico de Lucy y la amenaza que presenta debido a su rechazo físico de esta norma de maternidad. Seward declara:


En ese momento el remanente de mi amor se transformó en odio y aversión; podría haberla matado con salvaje deleite.


Una vez que Seward es testigo del cuerpo de Lucy rechazando el comportamiento supuestamente natural atribuido a las mujeres, está decidido a destruirla, e incluso a deleitarse en el acto. Al arrojar el niño al suelo, Lucy está rechazando simbólicamente la maternidad y, por lo tanto, también todos los valores femeninos victorianos.

Lucy entonces llama a Arthur en un tono diabólicamente dulce; es decir, le habla seductoramente, susurrando:


Ven a mí, Arthur. Deja a estos otros y ven a mí. Mis brazos están hambrientos de ti. Ven y podremos descansar juntos. ¡Ven, esposo mío, ven!


Esto puede parecer una llamada a su prometido, un signo de su monogamia que refuta la descripción habitual de las vampiresas como promiscuas. En este sentido, Lucy parece más virtuosa después de la muerte de lo que era en vida; sin embargo, sabemos que es una trampa. Solo está actuando la feminidad virtuosa y la devoción conyugal. Y es una buena actuación, convincente, pero debido a la asociación previa de su cuerpo con la lujuria, no logra convencer a los hombres (ver: El Gótico y la Belleza: las chicas lindas también pueden ser malas)

Aunque Lucy Westerna es descrita como promiscua antes de hacer la transición a la vampiresa, Bram Stoker no la etiqueta como una completa descarriada. Lucy está en la cornisa, pero no ha caído aun. Si bien no es lo suficientemente recatada como para desanimar la atención de varios hombres a la vez, no se da cuenta de lo que produce en ellos, lo cual la convierte en un blanco fácil para Drácula, el máximo depredador Porque, aunque parezca extraño, en la novela solo se carga sexualmente las relaciones con vampiros; de hecho, Bram Stoker hace un intento deliberado, y evidente, por hacer que parezca impensable una relación de esta naturaleza entre dos humanos civilizados (ver: El cuerpo de la mujer en el Horror)

Más aun, solo cuando Lucy Westenra se convierte en vampiro se le permite ser voluptuosa, sin embargo, debe haberlo sido mucho antes, a juzgar por su efecto sobre los hombres y por la descripción que Mina hace de ella. Esta transición al vampirismo es su liberación sexual, algo que amenaza a los personajes virtuosos. Sin embargo, incluso ellos son víctimas de la seducción vampírica.

El estacamiento de Lucy tiene un tono menos formal. De algún modo, Bram Stoker parece más compasivo aquí. Mientras los hombres contemplan su hermosa figura dormida, el doctor Van Helsing ofrece un discurso conmovedor sobre cómo detener la propagación de la enfermedad al destruir a Lucy. Arthur, su prometido, sabe que la responsabilidad es suya. Salvo Seward, los hombres entienden que la muerte de Lucy les traerá paz, no un placer de venganza; no obstante, la estaca en el cuerpo de Lucy es una penetración fálica, simbólicamente masculina, que obliga al cuerpo de Lucy a regresar al ciclo de vida natural y, en consecuencia, al lugar apropiado para el cuerpo de la mujer.

La muerte de Lucy Westenra es el restablecimiento del control patriarcal sobre el cuerpo de la mujer. Al clavarle una estaca en el corazón, Arthur restablece el poder reproductivo masculino en el cuerpo infectado de Lucy, tal es así que Bram Stoker se centra en el estacamiento y casi pasa por alto la decapitación. Al respecto, Seward anota simplemente: luego cortamos la cabeza y llenamos la boca con ajo. Uno podría pensar que una tarea semejante despertaría, al menos, uno o dos sentimientos encontrados dignos de ser registrados en su diario. Pero, dado que el ajo aquí no se usa alrededor del cuello, como de hecho se lo utiliza en otras partes del texto, sino llenándole la boca, representa una nueva reafirmación del control masculino. Lucy ya no es capaz de usar su voz para seducir ni sus dientes para morder (ver: Atrapado en el cuerpo equivocado: la identidad de género en el Horror)

Lo interesante de todo esto es que el tono general de la escena es el de un grupo de hombres sinceramente más preocupados por darle paz a Lucy, y restituir su pureza, que por vengarse. Apenas se adentra demasiado en terreno peligroso, Bram Stoker arroja algunas migajas de corrección para tranquilizar al lector, y probablemente para evitar que su novela sea prohibida.

Lucy Westenra es retratada de manera más consistente como la víctima de una enfermedad infecciosa, y eso, en términos victorianos, estaba asociado directamente con la sexualidad. Al matar a Lucy, los hombres terminan con la propagación de la enfermedad y restablecen su memoria como la mujer que amaban, no como el monstruo del mausoleo. Ahora que ya no puede cruzar los límites entre vivos y muertos, y permanece en un lugar definible, deja de ser una amenaza para el orden establecido. Seward escribe:

Allí, en el ataúd, ya no estaba la cosa repugnante que tanto habíamos temido y que tanto habíamos llegado a odiar, sino la Lucy que habíamos conocido en vida, con su rostro de inigualable dulzura y pureza. Todos y cada uno de nosotros sentimos que la santa calma que se extendía como un sol sobre el rostro y la forma era sólo una muestra terrenal y un símbolo de la calma que reinaría en ella por siempre.


Su cuerpo ya no desafía las leyes de la naturaleza y refleja el ciclo de vida una vez más. Ya no hay nada que temer. Es un cadáver normativo. Ella vuelve a ser pura y deja de ser sólo una cosa; se convierte de nuevo en Lucy, la mujer que amaban.

La transformación de Lucy Westenra plantea algunos desafíos interesantes. Su cuerpo rechaza las convenciones, pero aún logra conservar algunos comportamientos femeninos típicos, en este caso, necesarios para funcionar en sociedad y permitirle saciar su sed. Debido a que es un vampiro, no está muerta, tampoco viva, lo que la sitúa en una dimensión completamente nueva. Después de todo, su cuerpo desafía no solo el comportamiento femenino normal, sino lo que la sociedad etiquetaría como comportamiento humano. Debido a su transformación, Lucy carece de una identidad fija. Solo las necesidades de su cuerpo impulsan su comportamiento, y eso seguramente causó inquietud en los lectores de Bram Stoker; quiero decir, una mujer movida únicamente por sus impulsos físicos.

A título personal, Lucy Westenra es el personaje de la novela que más me gusta, y siempre me molestó que su aspecto como Bloofer Lady haya recibido relativamente tan poca atención académica, al menos en comparación con los complejos análisis de otras escenas y personajes. Siempre me interesó saber por qué Bram Stoker decidió convertir a Lucy en esta nueva bestia?

La palabra bloofer es intraducible, y no está reconocida por el Diccionario de Oxford. Algunos sostienen que podría estar basada en la mala pronunciación infantil de la palabra beautiful, como decíamos antes; con lo cual, Bloofer Lady sería algo así como la «dama hermosa». Por otro lado, Bram Stoker pudo haber empleado el término boofer que usa Dickens para «hermoso» en Nuestro amigo mutuo (Our Mutual Friend), agragando la «L» para relacionarla con bloody, «sangriento», y tal vez para alejar el término del acento de Cockney, tradicionalmente asociado a la clase trabajadora, para dar la impresión de que estas víctimas infantiles pertenecían a la clase alta; pero esto es puramente especulativo.

Lo interesante de Bloofer Lady es el rechazo de los académicos sobre cualquier análisis adicional de este aspecto de Lucy Westenra como depredadora de niños.

Una de las principales características de las vampiresas de Bram Stoker es su atracción por los niños, y no precisamente en términos maternales. Recordemos a Drácula entregándoles un suculento infante a sus novias en el castillo, pero incluso esto se queda atrás en términos de rechazo e indignación cuando presenciamos la imagen de Lucy como la Bloofer Lady que sostiene a un niño en sus brazos para alimentarse de él (ver: Las tres novias de Drácula)

Al arrojar a su víctima al suelo, Lucy inmediatamente avanza hacia Arthur, lanzando todo su arsenal seductor. De un modo perverso, esta yuxtaposición de su deseo de consumir la sangre del niño con su desenfreno hacia su pretendiente sugiere que el medio de atrapar a sus víctimas, su estilo de caza, digamos, puede ser sexual.

¿Estaba Bram Stoker advirtiendo a la sociedad victoriana contra posibles monstruos muy reales acechando en las calles de Londres? Hay algunas pruebas que respaldan este punto de vista.

Quizás gracias a su experiencia como periodista, Bram Stoker presentó a esta criatura a través de artículos del Westminster Gazette:


El vecindario de Hampstead está viviendo en este momento una serie de eventos que parecen correr en líneas paralelas a los que los escritores de titulares describían como el Horror de Kensington, o la Mujer Apuñaladora, o la Mujer de Negro.


Poco tiempo antes de Bram Stoker comenzara a escribir Drácula, en 1885 el periódico Pall Mall Gazette reveló un verdadero escándalo alrededor de la explotación infantil en los siguientes términos: innumerables niños estaban siendo sacrificadas al insaciable Minotauro de Londres, en un horror mucho peor que los que se recuerdan en los mitos de la Antigua Grecia. El escándalo alcanzó su pico cuando el editor del periódico «compró» a una adolescente para probar que esto realmente estaba ocurriendo. Debió pagar tres meses de prisión.

Al parecer, uno de los medios para captar estas víctimas se asemejaba al modus operandi de Lucy Westenra; es decir, la utilización de una mujer joven, hermosa, bien vestida, que prometía juegos y diversión. En Drácula se menciona que los niños quieren jugar con la Bloofer Lady, aunque no sabemos a qué tipo de juegos se refieren.

En Drácula, a los niños no solo les gusta la Bloofer Lady, sino que están familiarizados con ella, conocen su historia, su leyenda, pero así y todo se ven atraídos hacia ella. Cualquier lector de la época estaba familiarizado con estos casos reales; tal es así que Bram Stoker no tuvo que insinuar demasiado para que la conexión quede implícita en la narración.


Mi querida Mina, ¿por qué los hombres son tan nobles cuando las mujeres somos tan poco dignas? Aquí estaba yo, casi burlándome de estos verdaderos caballeros de gran corazón. Me eché a llorar, me temo. Querida, pensarás que esta es una carta descuidada en más de un sentido, pero lo cierto es que me sentí muy mal. ¿Por qué una chica no puede casarse con tres hombres, o con todos los que la deseen, y evitar todos estos problemas? Pero esto es herejía, y no debo decirlo.


Estas palabras de Lucy Westenra de algún modo prefiguran su destino. Ella representa más que la transición de humano a vampiro. Bram Stoker usó el vampirismo femenino para transmitir la idea de que existen ciertos impulsos salvajes, tanto subyacentes como inherentes en las mujeres. Esta naturaleza apenas se insinúa inocentemente cuando está contenida, como en la broma de Lucy cuando afirma que desearía casarse con sus tres pretendientes. Al presentarla como la Bloofer Lady, Bram Stoker muestra además cómo las mujeres, una vez que caen en una vida de desenfreno y lujuria, son madres inadecuadas, incluso peligrosas para los niños.

Lucy, entonces, roba niños por la noche para alimentarse, pero los niños no le tienen miedo, sino que juegan con ella. No es un monstruo para ellos, lo cual es interesante porque eso es exactamente lo que es.

Lucy interpreta una parodia de la maternidad, los carga en brazos y satisface su deseo freudiano de estar cerca de su madre en todo momento y saciar su fijación oral. Para sus víctimas [y esto es exquisitamente perverso], Lucy no da miedo porque actúa maternalmente.

Como la mujer caída central de Drácula, Lucy Westenra es a la vez hija de una madre que no la protege y una figura materna que se alimenta de niños. No solo muestra un comportamiento maternal negativo una vez que se transforma en vampiro, sino que se aprovecha de los niños, aunque sus víctimas en realidad sobreviven a sus ataques, a diferencia del pobre bebé en el castillo de Drácula. Irónicamente, los niños de los que Lucy se alimenta se refieren a ella cariñosamente. De hecho, un niño que ha sido mordido le dice a su niñera que quiere jugar con la Bloofer Lady, mientras que otros jóvenes inventan juegos en los que imitan a Lucy.

Los niños, como los personajes masculinos principales, se sienten atraídos por esta mujer aparentemente maternal y, a la vez, cargada de erotismo. De hecho, lo exquisitamente perverso aquí es la imagen de una madre simbólica alimentándose de sus hijos. Lucy, como Lady Macbeth, muestra un comportamiento cruel e incluso animal hacia los niños. Al igual que las hermanas extrañas (Weird Sisters) en el castillo, los jóvenes se han convertido en nada más que comida para ella.

Lucy también puede ser vista como una figura materna para sus tres pretendientes. Al igual que la relación de Drácula con las hermanas extrañas, la unión entre Lucy y el pequeño grupo de hombres es de naturaleza maternal. Primero, cuando Lucy recibe sus propuestas, le cuesta rechazar a John y Quincey, como una madre que ama a cada uno de sus hijos por igual. Sin embargo, rechaza a dos de ellos, lo cual prefigura simbólicamente su rechazo por los niños más adelante.

Más tarde, Arthur cree que solo él le ha dado su sangre a Lucy y anuncia que este intercambio de fluidos la convirtió en su verdadera novia; sin embargo, debido a que los demás también han donado su sangre, Van Helsing insinúa que Lucy es una poliandra, es decir, una mujer en una relación con varios hombres. Además de las alusiones evidentes aquí, el intercambio de sangre refuerza el vínculo entre Lucy y los hombres, lo que sugiere que ella es verdaderamente una figura materna para ellos. En este contexto, el deseo de destruir a la madre vuelve a ser relevante aquí. Por ejemplo, cuando Lucy recibe sus propuestas matrimoniales, se da cuenta de que John juega con su cuchillo mientras le pide su mano en matrimonio. Lucy encuentra este comportamiento extraño. Quincey tampoco deja de llevar un cuchillo durante su proposición. Salvo Arthur, quien finalmente terminará clavándole una estaca, es el único que no está armado durante su propuesta matrimonial.

Aparte de la obvia insinuación fálica aquí, las armas que llevan los hombres también pueden sugerir la relación de amor-odio que comparten con Lucy. Es interesante ver cómo debajo de todo el rígido protocolo del cortejo victoriano hay un par de sujetos armados pidiéndole a una mujer que se case con ellos. De todos modos, cuando comienza la transformación de Lucy Westenra ella pierde todas las inhibiciones de la conducta victoriana estandar para las mujeres jóvenes. Por ejemplo, justo antes de su primera muerte, cuando está luchando por respirar, avanza hacia su futuro esposo y susurra: ¡Arthur! ¡Oh, amor mío, estoy tan contenta de que hayas venido! ¡Bésame!. Esta falta de decoro, para los estándares victorianos, se repite más tarde cuando Lucy se convierte en vampiro, y le ordena a Arthur que se una a ella.


La cosa en el ataúd se retorció, y un chillido espantoso y espeluznante salió de los abiertos labios rojos. El cuerpo se estremeció y se retorció en salvajes contorsiones. Los afilados dientes blancos cortaron los labios y la boca se untó con espuma carmesí. Pero Arthur nunca vaciló. Parecía una figura de Thor mientras su brazo inquebrantable subía y bajaba, hundiendo cada vez más la estaca misericordiosa, mientras la sangre del corazón perforado brotaba a su alrededor. Su rostro estaba rígido, y un alto deber parecía brillar a través de él. Verlo nos dio valor, de modo que nuestras voces parecieron resonar a través de la pequeña bóveda.


Esta escena parece un asesinato por honor en el que toda la familia es testigo del castigo de una mujer sexualmente liberada. Además, Arthur y los otros hombres parecen obtener cierta satisfacción al destruir a Lucy de una manera cargada de simbolismo. En este contexto, la escena también es incestuosa, ya que todos los demás hijos, no solo el más querido [Arthur], obtienen placer visual al observar el asesinato de su madre.

En contraste con Lucy Westenra, Mina Murray es la buena figura materna y posiblemente la heroína central de Drácula. Mina representa el tipo de madre casta, asexuada, a lo largo de casi toda la obra. A diferencia de Lucy, Mina es huérfana y, por lo tanto, no siente los efectos de una maternidad fallida cuando era niña. Eventualmente, Mina reemplaza a Lucy como la figura materna de la banda de hombres, y también experimenta la maternidad de primera mano al final de la novela. Primero, se convierte en la confidente emocional de John, Quincey y Arthur cuando Lucy muere. En este punto Bram Stoker es claro al mostrar cómo después de la muerte de Lucy el interés se transfiere a Mina, y de este modo los tres hombres afligidos, viudos y huérfanos a la vez, obtienen consuelo y alivio emocional.

Lucy Westenra es el único vampiro de la novela que realmente llegamos a conocer. Las vampiresas del castillo son un enigma. El propio Drácula es presentado a través de referencias indirectas. Pero, lamentablemente, Lucy muere demasiado pronto, recién en los inicios de su actividad nocturna, probablemente en la fase de descubrimiento de sus increíbles poderes. De no haber intervenido el conocimiento de Van Helsing, es probable que Lucy, al igual que Drácula en el castillo, hubiese terminado con su propio harem de pretendientes vampirizados a su servicio.




Taller gótico. I Vampiros.


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