«Estoy aquí»: algo susurra debajo de mi cama


«Estoy aquí»: algo susurra debajo de mi cama.




A continuación compartimos una nueva experiencia que llegó al Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico. Al terminar la analizaremos en profundidad.


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Me llamo Julia, tengo 28 años, y no puedo encontrar una explicación para lo que pasó hace un par de noches. Eran como las 23:00 hs., y acababa de terminar mi rutina nocturna, que incluye usar el baño y dejar esa luz encendida. Lo hago para poder ver mejor cuando voy al baño en medio de la noche.

Así que me metí en la cama y me preparé para dormir. Ni siquiera habían pasado cinco minutos después de acostarme cuando escuché claramente la voz de una mujer susurrándome al oído: «Estoy aquí».

En ese momento me levanté de la cama, pero antes de que pudiera hacer algo más, escuché pasos caminando hacia la puerta de mi dormitorio (vivo sola). Los pasos se detuvieron justo afuera de la habitación. Entonces vi la sombra de dos pies por debajo de la puerta. Pude verlas debido a la luz que provenía del baño.

También quiero agregar que comencé a experimentar frío, mucho frío, pero no en todo el cuerpo, sino más bien en la espalda, algo raro ya que antes estaba acostada boca arriba.

En este punto, apenas podía moverme (estaba sentada en la cama). Esperé unos minutos, no sé cuántos, y finalmente tomé el coraje suficiente para encender el televisor. Apenas se encendió la sombra de los pies desapareció. Lo dejé encendido una hora, aproximadamente, mientras trataba de calmarme y decirme a mí misma que todo había sido algún tipo de ilusión óptica o algo así.

Finalmente me dispuse a dormir de nuevo, alrededor de una hora después. No apagué el televisor, pero lo dejé sin sonido. Justo cuando empezaba a quedarme dormida empecé a escuchar el sonido de alguien respirando debajo de mi cama.

Estaba absolutamente paralizada de terror. Apenas poría moverme, de modo que me quedé así durante unas dos horas, más o menos. Ocasionalmente escuchaba respirar debajo de la cama.

Por fin conseguí reunir la fuerza suficiente para incorporarme, cruzar la habitación, encender la luz principal, y agacharme para mirar debajo de la cama. Ni había nada, pero mientras estaba en cuclillas, mirando debajo de la cama, la voz de la mujer volvió a susurrar, esta vez detrás de mí: «Todavía estoy aquí».

En resumen: grité, salí de la habitación, y me refugié en el comedor, con todas las luces de la casa encendidas. Todavía no puedo entender qué sucedió esa noche. No sé cómo explicarlo, o si de hecho hay alguna explicación. Espero que la gente de El Espejo Gótico tenga aguna idea sobre lo que pudo haber sido. Esto sucedió hace dos noches.

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En primer lugar hay que decir que esta experiencia, por aterradora que haya sido, no es una excepción a la regla; de hecho, la mayoría de los fenómenos paranormales que ocurren en una casa suelen producirse en la habitación principal (ver: Algo golpea la puerta de mi habitación), y más precisamente cerca de la cama (ver: ¡Algo sacude la cama!).

Una de las señales más frecuentes de un suceso paranormal son estos puntos fríos, o cold spots, es decir, pequeñas áreas donde la temperatura ambiente cae inexplicablemente, algo que nuestra amiga Julia ha experimentado en su propia habitación. Este punto es interesante, y vale la pena explorarlo.

Ahora bien, si este tipo de entidades son, en esencia, algún tipo de energía (ver: Parásitos astrales y las «malas energías»), es lógico suponer que para manifestarse deban extraer energía del medio ambiente. Algunos investigadores sostienen que esa energía que alimenta a los fantasmas es el calor, y de ahí que sus apariciones sean precedidas por un frío súbito en el entorno, escalofríos, y puntos fríos (ver: Espíritus y «ambientes cargados»).

Por lo tanto, la teoría más aceptada explica que este tipo de manifestaciones absorben energía del ambiente para poder manifestarse, haciendo que el área alrededor suyo se vuelva inusual y repentinamente fría. Estos seres son energía, después de todo, y requieren energía para existir.

A veces esa manifestación es algo tan simple como una ligera brisa fría sobre el rostro de la persona, como si alguien estuviese soplándole la cara o respirando sobre ella (ver: Cuando algo invisible te respira en la cara); otras pueden ser táctiles (ver: Cuando algo invisible te toca), o bien sonoras, voces que susurran palabras que la mayoría de las veces resultan ininteligibles (ver: Escuchar fantasmas de niños que ríen y lloran en la casa). En el caso de Julia, no obstante, estas tres instancias están presentes en su experiencia.

Una manifestación semejante seguramente debió requerir una gran cantidad de energía, pero eso plantea otra pregunta interesante: ¿si los fantasmas, o entidades de cualquier índole, pueden absorber energía del medio ambiente para existir, qué sentido tiene que se manifiesten? Después de todo, su sustento ya estaría asegurado.

En este punto podemos pensar que la capacidad para absorber energía del medio ambiente solo tiene el objetivo de lograr que la entidad se manifieste, es decir, volverse perceptible para la persona en nuestro plano físico, pero que nada tiene que ver con su subsistencia. En efecto, esta clase de entidades ansían un sustento más refinado que el calor: el miedo (Entidades astrales que se alimentan de pensamientos negativos).

En este contexto, toda manifestación paranormal tiene el objetivo de infundir en la persona toda clase de pensamientos y emociones negativas, siendo el miedo el más intenso de todos.

Al parecer, la dieta de Pennywise no estaba demasiado alejada de la realidad.

Y si uno quisiera infundir miedo en alguien, es lícito deducir que elegiríamos el lugar y el momento en el que nuestra víctima esté más vulnerable; quizás acostada en la cama, a punto de quedarse dormida (ver: Una sombra se sienta en el borde de mi cama).

Ciertamente el caso de nuestra amiga Julia parece ajustarse a estas características.

Ahora bien, ¿qué hacer en estos casos? En principio, tomar las riendas del asunto y no dejarse intimidar. Una entidad que se acostumba a alimentarse periódicamente del miedo que infunde en alguien no soltará a su presa fácilmente (ver: Entidades que se obsesionan con los vivos) —de hecho, buscará adherirse a ella lo más fuertemente posible (ver: Cómo y por qué algunas entidades se «pegan» a las personas)—, pero sí lo harán aquellas que se enfrenten a una persona que se defiende activamente.

En este contexto, una siempre experiencia aparicional, es decir, cuando sentimos alguna presencia inexplicable e invisible a nuestro alrededor (ver: Sentir «presencias» cuando estás solo), debería ser suficiente para ponernos en guardia.

Julia ha puesto en práctica algunos de nuestros consejos y, hasta el momento, no ha vuelto a experimentar nada inusual en los últimos meses. Por razones obvias nos abstendremos de mencionar aquí en qué consisten esos consejos, ya que cada caso posee características particulares, y soluciones con el mismo grado de precisión.

De todos modos, su caso sirve de ejemplo para otros que acaso puedan estar experimentando una situación parecida.




Consultorio paranormal. I Fenómenos paranormales.


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El artículo: «Estoy aquí»: algo susurra debajo de mi cama fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción o consultas escríbenos a elespejogotico@gmail.com

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