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Gustave Le Rouge: novelas y cuentos destacados


Gustave Le Rouge: novelas y cuentos destacados.




Gustave Le Rouge (1867-1938) fue un interesante escritor francés, dedicado especialmente al relato fantástico y la ciencia ficción. En este sentido, las novelas de Gustave Le Rouge son consideradas como verdaderos referentes del género en aquellos años.

Aquí iremos compartiendo todos los relatos y novelas de Gustave Le Rouge.




Relatos y novelas de Gustave Le Rouge:
  • El espectro rojo (Le spectre rouge)
  • El prisionero del planeta Marte (Le prisonnier de la planète Mars)
  • La guerra de los vampiros (La guerre des vampires)
  • Amigos de la infancia (Amis d'enfance)
  • Corazón de gitana (Cœur de gitane)
  • Cuentos al vapor para reir en el vagón (Contes à la vapeur pour rire en wagon)
  • Derelicta (Derelicta)
  • ¡Desenmascarados! (Bas les masques!)
  • El automóvil fantasma (L'automobile fantôme)
  • El barrio latino (Le Quartier Latin)
  • El busto con ojos de esmeralda (Le buste aux yeux d'émeraude)
  • El castillo de los diamantes (Le manoir aux diamants)
  • El crimen de una dependienta (Le Crime d'une midinette)
  • El cuaderno de un reportero (Le Carnet d'un reporter)
  • El diario de un rehén (Le Journal d'un otage)
  • El enigma del valle sangriento (L'énigme du Creek sanglant)
  • El esclavo amoroso (L'Esclave amoureuse)
  • El escultor de carne humana (Le sculpteur de chair humaine)
  • El espía de la armada (L'Espionne de la marine)
  • El espía del gran lama (L'Espionne du grand Lama)
  • El fantasma del bailarín (Le Fantôme de la danseuse)
  • El hijo del destructor (Le Fils du naufrageur)
  • El infiel castigado (L'Infidèle punie)
  • El ladrón de rostros (Le Voleur de Visages)
  • El loco de la casa azul (Le dément de la maison bleue)
  • Ellos y nosotros (Eux et nous)
  • El misterio de Blocqueval (Le Mystère de Blocqueval)
  • El misterioso doctor Cornelius (Le mystérieux docteur Cornélius)
  • El navío de Julio César (Le navire de Jules César)
  • El reino de los elefantes (La Reine des éléphants)
  • El retrato de Lucrecia Borgia (Le portrait de Lucrèce Borgia)
  • El secreto de la castellana (Le Secret de la châtelaine)
  • El secreto de la isla de los ahorcados (Le secret de l'île des pendus)
  • El secreto de madame Gisele (Le Secret de Madame Gisèle)
  • El submarino (Le sous-marin)
  • El submarino Julio Verne (Le Sous-marin "Jules Verne")
  • El valle de la desesperación (La Vallée du désespoir)
  • El vendedor de nubes (Le Marchand de nuages)
  • La calle embrujada (La Rue hantée)
  • La casa de los duendes (Le cottage hanté)
  • La conspiración de los millonarios (La Conspiration des Milliardaires)
  • La dama de las escabiosas (La dame aux scabieuses)
  • La dama negra de las fronteras (La Dame noire des frontières)
  • La estera envenenada (Le Tapis empoisonné)
  • La expedición del Gorill Club (La croisière du Gorill-Club)
  • La flor del sueño (La fleur du sommeil)
  • La gazeta de los Ardenes (La Gazette des Ardennes)
  • La heredera de la isla perdida (L'Héritière de l'île perdue)
  • La heroína de Colorado (L'Héroïne du Colorado)
  • La mandrágora mágica (La Mandragore magique)
  • La máscara de lino (Le Masque de linge)
  • La princesa de los aires (La Princesse des Airs)
  • La prometida del desertor (La Fiancée du déserteur)
  • La segunda mujer (La Seconde femme)
  • La torre febril (La tour fiévreuse)
  • La venganza del doctor Mohr (La Vengeance du Docteur Mohr)
  • Los asaltantes de la Pampa (Les Écumeurs de la Pampa)
  • Los caballeros del cloroformo (Les chevaliers du chloroforme)
  • Los conquistadores del mar (Les Conquérants de la mer)
  • Los lores de la mano roja (Les lords de la main rouge)
  • Los últimos días de Paul Verlaine (Les derniers jours de Paul Verlaine)
  • Mademoiselle Jeanne (Mademoiselle Jeanne)
  • Misterio (Mystéria)
  • Nuestras bestias y la guerra (Nos Bêtes et la guerre)
  • Nuestros niños y la guerra (Nos Gosses et la guerre)
  • Obras maestras de la literatura fantástica (Les Chefs-d'œuvre de la littérature fantastique)
  • Obras maestras del ocultismo (Les Chefs-d'œuvre de l'occultisme)
  • Saber cómo comer (Savoir manger)
  • Todd Marvel: detective millonario (Todd Marvel, détective milliardaire)
  • Turquía (Turquie)
  • Una inyección de sangre (Un Coup de sang)
  • Un drama de la invasión (Un Drame de l'invasion)
  • Un drama en el asilo de lunáticos (Un drame au Lunatic Asylum)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Gustave Le Rouge: novelas y cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La guerra de los vampiros»: Gustave Le Rouge; novela y análisis


«La guerra de los vampiros»: Gustave Le Rouge; novela y análisis.




La guerra de los vampiros (La guerre des vampires) —a veces publicada en español como El astro espantoso o El náufrago del espacio— es una novela de vampiros del escritor francés Gustave Le Rouge (1867-1938), publicada en 1909.

La guerra de los vampiros, una de las grandes novelas de Gustave Le Rouge, es en realidad la secuela de El prisionero del planeta Marte (Le prisonnier de la planète Mars), tal vez la primera novela de ciencia ficción en abordar el tema del vampirismo.

En la primera parte, Robert Darvel inicia su odisea al planeta rojo mediante un artefacto que logra canalizar la energía psíquica de mil faquires. Ya en Marte, el científico entra en contacto con una civilización de vampiros, la cual, naturalmente, no lo recibe del mejor modo.

En La guerra de los vampiros, la segunda parte de la saga, Darvel regresa a la Tierra, de un modo completamente insólito, y acompañado por varios de estos vampiros del planeta Marte, lo cual desencadena un conflicto de proporciones globales.

Lo mejor de La guerra de los vampiros de Gustave Le Rouge está en las descripciones que éste realiza sobre la vida en Marte, su fauna y sus extrañas civilizaciones; pero especialmente sobre la horrenda entidad que gobierna a los vampiros, llamada El Gran Cerebro, quien en definitiva es la responsable de invadir la Tierra.




La guerra de los vampiros.
La guerre des vampires, Gustave Le Rouge (1867-1938)

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  • http://www.scribd.com/doc/33179146/La-Guerra-De




Novelas góticas. I Novelas de Gustave Le Rouge.


El análisis y resumen de la novela de Gustave Le Rouge: La guerra de los vampiros (La guerre des vampires), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El prisionero del planeta Marte»: Gustave Le Rouge; novela y análisis


«El prisionero del planeta Marte»: Gustave Le Rouge; novela y análisis.




El prisionero del planeta Marte (Le prisonnier de la planète Mars) —también publicado en español como: El náufrago del espacio— es una novela de vampiros del escritor francés Gustave Le Rouge (1867-1938), publicada en 1908.

El prisionero del planeta Marte, probablemente una de las novelas de Gustave Le Rouge más conocidas, es una de las primeras obras en combinar al vampirismo con la ciencia ficción, aunque es justo aclarar que estos seres no son los típicos esperpentos del clásico relato de vampiros de la literatura gótica, sino más bien una estirpe de murciélagos humanoides que habitan las áridas tierras de Marte, alimentándose de sangre de aquellos que se aventuran en sus dominios.

Lo cierto es que El prisionero del planeta Marte es una buena novela de ciencia ficción, que de hecho comparte muchos puntos en común con La guerra de los mundos (The War of the Worlds) de H.G. Wells, aunque su trama, verdaderamente ágil, incorpora algunos rasgos típicos del surrealismo y ciertos recursos que, con el tiempo, se convertirían en clichés de la ciencia ficción.

El argumento del libro es sencillo, eficaz y completamente novedoso: un joven científico norteamericano, Robert Darvel, viaja al Tíbet, se hospeda en las habitaciones del príncipe Ardavena, quien lo convence para que construya un extraño artefacto: un condensador de energía psíquica, mediante el cual se podría canalizar la energía de mil faquires, y de este modo entrar en contacto con seres inteligentes de otro planeta.

Previamente, Darvel había intentado comunicarse con Marte diseñando enormes figuras sobre el suelo del Sahara, con la esperanza de que sean vistas desde el planeta rojo, pero el intento resulta infructuoso. La máquina es construida, y el alcance de su poder resulta desmedido: Darvel es lanzado hacia Marte, de un modo que podríamos denominar como astral.




El prisionero del planeta Marte.
Le prisonnier de la planète Mars, Gustave Le Rouge (1867-1938)

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  • https://dokumen.tips/documents/el-prisionero-del-planeta-marte-le-prisonnier-de-la-planete-mars-gustave.html




Novelas góticas. I Novelas de Gustave Le Rouge.


El análisis y resumen de la novela de Gustave Le Rouge: El prisionero del planeta Marte (Le prisonnier de la planète Mars), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El espectro rojo»: Gustave Le Rouge; relato y análisis


«El espectro rojo»: Gustave Le Rouge; relato y análisis.




El espectro rojo (Le spectre rouge) es un relato de fantasmas del escritor francés Gustave Le Rouge (1867-1938), publicado en 1895.

El espectro rojo, uno de los cuentos de Gustave Le Rouge menos conocidos, regresa sobre el singular estilo de este autor, cargado de referencias a lo fantástico, incluso a lo macabro y lo grotesco, pero siempre dentro de un contexto de exquisito refinamiento.




El espectro rojo.
Le spectre rouge, Gustave Le Rouge (1867-1938)

A la hora del postre, en casa del gran banquero X, se hablaba de socialismo y de reformas políticas; la comida, iniciada según los ritos de una ceremoniosa frialdad, concluía casi con los codos sobre la mesa, en medio del choque chispeante de las opiniones; cada cual proponía, para enternecimiento de las señoras, mil formas de mejorar la vida de los desheredados; los sentimientos terminaban por surgir en aquellos hombres de finanzas tan generesos como los vinos que habían bebido. La insolencia de la felicidad segura de sí misma parecía —en aquel tibio crepúsculo estival refrescado por el vapor de los manantiales invisibles en la profundidad del bosque, alrededor de aquella mesa cargada de lánguidos ramos de flores— resplandecer cruelmente en una atmósfera casi tangible formada por el perfume de las frutas, el aroma de los vinos caros y el sabor irritante de las cabelleras y de las carnes húmedas.

Dominando un antiguo y majestuoso bosque de robles, el castillo recortaba sobre cielo del atardecer las líneas esbeltas de sus torrecillas renacentistas, la ligereza de sus balcones, como un templo mágico erigido en honor a la belleza de vivir. Se descendía hacia los robledales por una serie de terrazas escalonadas desde las que se podía disfrutar confortablemente del círculo verde del horizonte moviéndose como el mar bajo el viento de poniente. Como única tara, hacia el este, una mancha roja y negra ensuciaba aquel paisaje de paz, siete chimeneas de fábrica, surgidas de entre un revoltijo de construcciones anodinas, se nimbaban de un resplandor de fragua y perturbaban con el soplido de sus máquinas el augusto silencio de las arboledas.

De todos los invitados del banquero, el poeta Pierre Chantenef había sido probablemente el único en percatarse de aquella antítesis; invitado casual del famoso financiero, se abstenía de participar en la discusión que seguía —cada vez más animada e «interesante»— el curso previsto de ese tipo de justas, enriquecida con paradojas al estilo de Barrès y con citas sacadas del último número del Figaro, en definitiva, el flujo de reminiscencias banales que sustituye en las personas dedicadas a la bolsa o a la política a las apreciaciones personales y a la emoción inteligente.

Los vinos y las palabras habían continuado sucediéndose y el poeta persistía en el silencio; se indignaba en el fondo de su corazón de la inconsciencia de los Ricos cuyo bajo satanismo se complace en sazonar sus alegrías con palabras hipócritamente caritativas

—Los que manejan el dinero —concluyó para sus adentros— representan en el actual combate social, el papel de aquellos viles escuderos de los ejércitos de antaño que atacaban a los débiles, acababan a los heridos y, para conseguir sus anillos, cortaban los dedos rígidos de los cadáveres.

Y reflexionaba en la amargura de las necesidades que le obligaban a realzar con su aspecto modesto hasta la arrogancia y con su fisonomía leal y tímida aquella francachela de agiotistas en la que las cristalerías multicolores y la plata sobredorada no reflejaban sino odiosos hocicos húmedos y enrojecidos con la sangre de los pobres.

Pierre Chantenef, cuya clara visión vislumbraba bajo las apariencias la extrema falsedad de aquellas almas, sufría enormemente. La conversación pretenciosamente baladí embotaba su entendimiento como una droga estupefaciente. En su condición de oyente obligado, la única impresión que experimentaba ante aquel intercambio de ideas manidas era una fatiga intolerable, penosa como una pesadilla. Los apellidos de los comensales, que le llegaban como a través de un sueño, le evocaban las imágenes de garabatos lastrados con un carga de pesadas consonantes judaicas o germánicas.

La cena había concluido y Chantenef había logrado pasar casi inadvertido a la sombra de un prominente bolsista poco locuaz después de haber bebido, y al que la trufa y el cigarro adormecían como a las boas. Se habían trasladado a una terraza decorada con macizos de rododendros y de hortensias de los que surgían los pedestales de las estatuas. A los pies de los comensales, los follages sonoros del bosque empezaban a oscurecerse.

El misterio, que se impone a casi todos los hombres y ordena el recogimiento de campesinos y pescadores, no había podido contener el parloteo de los invitados. La discusión se hacía cada vez más fastidiosa, enrollando en su embate el montón de ideas trilladas que La Presse sirve cada día a las inteligencias del común. Habríase dicho una premeditada traición contra la mimosa pureza de aquella velada. Ensimismado, Chantenef seguía otros pensamientos y en aquel momento, su mente viajaba por el país de los sueños bien lejos de aquellos comensales de fortuna. Se complacía en proyectos de obras largamente acariciadas y se avergonzaba un poco de hallarse allí. Pero estaba escrito que no terminaría apaciblemente aquella velada y pronto tuvo que salir bruscamente de su ensoñación.

Una joven atolondrada que había oído que lo presentaban como poeta y que lo observaba esperando alguna recitación, denunció su silencio. De inmediato, se produjo un encarnecimiento generalizado:

—¡Cómo, estimada señora! ¿Tenemos entre nosotros a un poeta y no dice usted nada? Es algo realmente imperdonable pues usted sabe cuánto adoramos la poesía y a los poetas.

—Cuéntenos mejor una leyenda, está empezando a oscurecer bajo los grandes robles.

—Que cuente lo que él quiera…

El conjunto de hombres se mostraba menos entusiata. Un grupo de ancianos, pesados por la digestión y los cálculos, no se inmutó siquiera. Impulsado sin duda por la esperanza de aburrirlos a todos, después de disculparse por no recitar versos, Chantenef empezó la narración de una anécdota legendaria cuyos hechos —según él— habían sucedido en aquel mismo lugar, muchos años atrás.

—Ahora aún la seriedad del paisaje normando —monotonía del mar y de sus prados, suavidad de sus lluvias perpetuas— aconseja respetar las cosas desconocidas. Los campesinos han conservado el terror hacia los cuervos que, desde lo alto de los humilladeros embrujan a los caminantes rezagados y perturban su espíritu. A orillas de los ríos ensombrecidos por los follajes fúnebres de los nogales, los aparecidos vienen a lavar sus sudarios que tienden a la luz de la luna. Los senderos desiertos son con frecuencia cortados por ataudes negros, y nadie —so pena de morirse a lo largo de aquel mismo año— debe pasar sin haberle dado religiosamente la vuelta. En otros lugares es la Miltoraine, la alta dama blanca que aumenta a medida que uno se aleja de ella y cuya presencia viene acompañada por un zumbido sobrenatural, por un viento impetuoso en los grandes árboles.

»Hace unos años, y dado que la carretera actual no existía aún, para llegar a las alquerías se tomaban una serie de veredas que bordeaban extensos campos sembrados de cebada, de alforfón y de colza. Esos senderos conducían a la iglesia cuyo cementerio, cubierto por la sombra de los fresnos y rebosante de vegetación, es uno de los más melancólicos que conozco. Era ése el camino que tomaban cada tarde las chicas para volver de los campos con sus cántaras de cobre llenas de leche, colocadas en equilibrio sobre el hombro. Hacia el otoño se difundió el rumor de que un aparecido acudía cada noche al portillo de piedra que separa el cementerio del camino. Era un fantasma envuelto en un sudario, de cara invisible, que no se movía.

—La vulgarización de las ideas científicas —dijo alguien— disipa poco a poco esas ridículas supersticiones.

Sin prestar atención a la interrupción, Chantenef prosiguió con su voz indiferente y algo monótona.

Habló del terror de los campesinos, de las conmovedoras creencias relativas a las almas del Purgatorio, de la indefectible fe de los Sencillos en las cosas inmateriales. Su elocuencia, vibrante por las indignaciones contenidas, hizo por un momento estremecerse a todos aquellos sibaritas de alma sórdida, cautiva para siempre en el círculo infernal de la carne y del dinero. Su voz fresca y profunda tenía misterio y se habría comparado a las penetrantes mareas de la oscuridad creciente cuyas majestuosas angustias evocaba su relato.

La concurrencia entera fue sacudida por un simpático estremecimiento cuando Chantenef describió la angustia del mozo de labranza que cada noche se envolvía en una sábana y jugaba al fantasma y que un día vio junto a él a un inmaterial y auténtico aparecido. Recogieron a la mañana siguiente envuelto en su sudario, rígido por el frío de la mañana, el cadáver crispado del desgraciado bromista.

¿No fue Villiers de l’Isle-Adam quien dijo: Si juegas a ser fantasma, te convertirás en fantasma?

En medio del silencio producido por aquella conclusión, la voz de un oyente distraído —sociólogo absorto sin duda en planes de felicidad futura para los pobres— se escuchó decir:

—Perdón, pero… la cuestión del pauperismo… no comprendo bien la relación con…

—Sin embargo, es muy sencillo —articuló el poeta con una voz serena volviéndose hacia las rojas fábricas resplandecientes en la noche ya completa—. Creo que los felices de esta sociedad, no deberían divertirse tanto con el espectro rojo.

Y todos, que se habían girado hacia el horizonte bermejo como la sangre y como la aurora de algo desconocido, comprendieron estremecidos las palabras del maestro: Si juegas a ser fantasma….

Gustave Le Rouge (1867-1938)




Relatos góticos. I Relatos de Gustave Le Rouge.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Gustave Le Rouge: El espectro rojo (Le spectre rouge), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Gustave Le Rouge: relatos, libros y novelas


Gustave Le Rouge: relatos, libros y novelas.




Gustave Le Rouge —Gustave Henri Joseph Lerouge (1867-1938)— fue uno de los grandes escritores franceses de su tiempo, dedicado en gran parte al relato fantástico y la ciencia ficción; donde se destacó como una especie de eslabón perdido entre Julio Verne y H.G. Wells, en parte, debido a que los relatos de Gustave Le Rouge introducen a personas comunes y corrientes dentro de un contexto asombroso, algo que hasta entonces pocas veces había ocurrido.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de las mejores novelas de Gustave Le Rouge, así también como relatos y libros realmente notables.




Gustave Le Rouge: obras completas:
  • El espectro rojo (Le spectre rouge)
  • El prisionero del planeta Marte (Le prisonnier de la planète Mars)
  • La guerra de los vampiros (La guerre des vampires)
  • Amigos de la infancia (Amis d'enfance)
  • Corazón de gitana (Cœur de gitane)
  • Cuentos al vapor para reir en el vagón (Contes à la vapeur pour rire en wagon)
  • Derelicta (Derelicta)
  • ¡Desenmascarados! (Bas les masques!)
  • El automóvil fantasma (L'automobile fantôme)
  • El barrio latino (Le Quartier Latin)
  • El busto con ojos de esmeralda (Le buste aux yeux d'émeraude)
  • El castillo de los diamantes (Le manoir aux diamants)
  • El crimen de una dependienta (Le Crime d'une midinette)
  • El cuaderno de un reportero (Le Carnet d'un reporter)
  • El diario de un rehén (Le Journal d'un otage)
  • El enigma del valle sangriento (L'énigme du Creek sanglant)
  • El esclavo amoroso (L'Esclave amoureuse)
  • El escultor de carne humana (Le sculpteur de chair humaine)
  • El espía de la armada (L'Espionne de la marine)
  • El espía del gran lama (L'Espionne du grand Lama)
  • El fantasma del bailarín (Le Fantôme de la danseuse)
  • El hijo del destructor (Le Fils du naufrageur)
  • El infiel castigado (L'Infidèle punie)
  • El ladrón de rostros (Le Voleur de Visages)
  • El loco de la casa azul (Le dément de la maison bleue)
  • Ellos y nosotros (Eux et nous)
  • El misterio de Blocqueval (Le Mystère de Blocqueval)
  • El misterioso doctor Cornelius (Le mystérieux docteur Cornélius)
  • El navío de Julio César (Le navire de Jules César)
  • El reino de los elefantes (La Reine des éléphants)
  • El retrato de Lucrecia Borgia (Le portrait de Lucrèce Borgia)
  • El secreto de la castellana (Le Secret de la châtelaine)
  • El secreto de la isla de los ahorcados (Le secret de l'île des pendus)
  • El secreto de madame Gisele (Le Secret de Madame Gisèle)
  • El submarino (Le sous-marin)
  • El submarino Julio Verne (Le Sous-marin "Jules Verne")
  • El valle de la desesperación (La Vallée du désespoir)
  • El vendedor de nubes (Le Marchand de nuages)
  • La calle embrujada (La Rue hantée)
  • La casa de los duendes (Le cottage hanté)
  • La conspiración de los millonarios (La Conspiration des Milliardaires)
  • La dama de las escabiosas (La dame aux scabieuses)
  • La dama negra de las fronteras (La Dame noire des frontières)
  • La estera envenenada (Le Tapis empoisonné)
  • La expedición del Gorill Club (La croisière du Gorill-Club)
  • La flor del sueño (La fleur du sommeil)
  • La gazeta de los Ardenes (La Gazette des Ardennes)
  • La heredera de la isla perdida (L'Héritière de l'île perdue)
  • La heroína de Colorado (L'Héroïne du Colorado)
  • La mandrágora mágica (La Mandragore magique)
  • La máscara de lino (Le Masque de linge)
  • La princesa de los aires (La Princesse des Airs)
  • La prometida del desertor (La Fiancée du déserteur)
  • La segunda mujer (La Seconde femme)
  • La torre febril (La tour fiévreuse)
  • La venganza del doctor Mohr (La Vengeance du Docteur Mohr)
  • Los asaltantes de la Pampa (Les Écumeurs de la Pampa)
  • Los caballeros del cloroformo (Les chevaliers du chloroforme)
  • Los conquistadores del mar (Les Conquérants de la mer)
  • Los lores de la mano roja (Les lords de la main rouge)
  • Los últimos días de Paul Verlaine (Les derniers jours de Paul Verlaine)
  • Mademoiselle Jeanne (Mademoiselle Jeanne)
  • Misterio (Mystéria)
  • Nuestras bestias y la guerra (Nos Bêtes et la guerre)
  • Nuestros niños y la guerra (Nos Gosses et la guerre)
  • Obras maestras de la literatura fantástica (Les Chefs-d'œuvre de la littérature fantastique)
  • Obras maestras del ocultismo (Les Chefs-d'œuvre de l'occultisme)
  • Saber cómo comer (Savoir manger)
  • Todd Marvel: detective millonario (Todd Marvel, détective milliardaire)
  • Turquía (Turquie)
  • Una inyección de sangre (Un Coup de sang)
  • Un drama de la invasión (Un Drame de l'invasion)
  • Un drama en el asilo de lunáticos (Un drame au Lunatic Asylum)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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