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El doble nacimiento de Dionisos

El doble nacimiento de Dionisos.


Cuenta la leyenda que Apate, la diosa del engaño y el fraude, vivía escandalosamente junto a su marido, Dolo, el dios de los ardides y las estratagemas. Ambos eran hijos de Nix, la diosa griega de la noche, y en el comienzo de los tiempos habían sido encerrados en la caja de Pandora.

Cuando este cofre fue abierto, Apate y Dolo se precipitaron sobre el mundo y lo llenaron de espíritus engañosos, de formas difusas, fugitivas, que buscan extraviar a los hombres. Siempre iban acompañados de sus hijos, los Pseudologos, es decir, "las mentiras", y juntos se divertían haciendo rabiar a la noble pero dura Aleteia, la diosa de la verdad.

Se dice que la audaz Apate vivía en unas colinas adyacentes a la ciudad de Arnisos, en Creta. Si tomamos en cuenta que los griegos aborrecían visceralmente a los cretenses no es ilógico que su morada se alce en sus cercanías. Más aún, Apate tenía una fuerte predilección por los cretenses, embaucadores como ella misma, y disfrutaba muchísimo descansando sobre la falsa tumba de Zeus en aquella tierra.

Cierto día Hera se presentó imprevistamente en el reino de Apate. La esposa de Zeus estaba cansada de los amores clandestinos de su marido. Su última víctima había sido una muchacha hermosa llamada Semele, depositaria circunstancial de la semilla portentosa del Señor del Olimpo.

Utilizando la mejor herramienta para convencer a un dios de temperamento inestable, es decir, apelando a halagos y cortesías fraudulentas, Hera logró predisponer a Apate para que la ayude a vengarse de Zeus. No obstante, vengarse del Señor del Olimpo no es una tarea sencilla. No solo es inmortal e invulnerable, sino que está protegido por las Moiras, las diosas del destino.

A pesar de esto, Hera no iba a permitir que una nueva infidelidad quedase impune. Llena de rencor, le pidió a Apate que le preste su cinturón, donde guardaba todos los trucos, artimañas, artificios y embaucamientos que utilizaba contra la crédula humanidad.

En este caso, la propia Apate fue a su vez engañada por Hera, quien no le ofreció todos los detalles de su macabro plan. Le dijo, en cambio, que usaría el cinturón para persuadir a Zeus de que cese de buscar amantes entre las mujeres mortales y convertirlo así en un marido perfecto.

Ya en posesión de aquel pérfido cinturón, Hera se le apareció a Sémele bajo la forma de una de sus hermanas; y la persuadió de que le pidiera a Zeus que se mostrase ante ella en todo su esplendor.

La ingenua Semele, encendida por el orgullo de ser deseada por Zeus, le solicitó que aparezca en su forma natural, saldando así la promesa que él le había formulado de cumplirle cualquier capricho.

Triste pero incapaz de incumplir una promesa, Zeus se manifestó en toda su gloria, y Semele fue arrastrada al olvido y la desintegración por un fuego que ningún mortal puede contemplar sin perder la vida.

Conciente de que sus actos de infidelidad, pero sobre todo su descaro de prometer lo imposible, habían condenado a la desdichada Semele a la muerte; Zeus resolvió que el fruto de su amor clandestino no conocería el mismo destino de oprobio.

Antes de que las llamas imposibles abrasaran el cuerpo mortal de Semele, Zeus extrajo de su vientre al niño inocente que se nutría en la oscuridad uterina. Incapaz de confiarle su destino a otra mujer, Zeus colocó al niño en el interior de su muslo, donde terminó de gestarse sin sobresaltos.

Al cumplirse los nueve meses el muslo de Zeus se abrió, y de él nació un niño hermoso y querido por todos, salvo por Hera, al que bautizó Dionisos. El mundo lo conoció como "el dos veces nacido".

Para concluir la historia de este alumbramiento formidable hay que decir que Zeus nunca conoció la participación de Apate. La diosa del engaño le había exigido a Hera que su nombre jamás sea asociado a la tragedia. Hera cumplió y Zeus nunca lo supo. Hesíodo y Ovidio, en cambio, lo denunciaron oportunamente.

La persistencia del engaño en nuestros días sugiere que el viejo Zeus nunca toma en cuenta las denuncias de los sabios.



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